Archivo de la categoría: Lectio divina

Lunes 24 de abril

Lunes 24 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 3, 1-8
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.»
Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.»
Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?»
Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: «Tenéis que nacer de nuevo»; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.»

Pistas: Hoy nos acercamos a la conversación de Jesús con Nicodemo. Hay que nacer de nuevo. Hay que nacer “del agua y del Espíritu”. Se refiere al bautismo y a la efusión del Espíritu Santo. Esta conversación sólo tiene sentido desde la Resurrección de Jesús. Que renueva las cosas de tal modo que se parece a un nuevo nacimiento. El pecado tenía poder sobre el hombre, la muerte tenía poder sobre el hombre… Pero Jesús nos hace libres, capaces de hacer las obras del Espíritu.
El mismo Espíritu Santo que resucitó a Jesús, el mismo que le movió durante su vida y que Él ha prometido, será el que en el bautismo da una vida nueva. Jesús te invita a entrar en su Reino, te invita a nacer de nuevo, eso es la Pascua.
¿Y cuál es la novedad de la que habla Jesús? Él nos ofrece una vida nueva lejos de las tinieblas, de la mentira, del pecado y de la muerte… Éste es el camino que recorreremos en la Pascua. Jesús te da una vida nueva, pero para ello debes aprender a mirar desde los ojos de la fe, ésos que se alejan de las rutinas y los prejuicios y reconocen a Dios a su lado. Para ello necesitas pedir el Espíritu Santo que te dará vida. Se acabó el hombre viejo esclavo del pecado. Serás libre, el hombre nuevo nacido del Espíritu Santo y que hace las obras del Espíritu.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 23 de abril

Domingo 23 de abril
II domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Tomás, uno de los doce, llamado El Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor.
Pero él los contesto: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

Pistas: Jesús se aparece el domingo a la comunidad de los Apóstoles que están reunidos. Les da paz, les da el Espíritu Santo, les envía, les da autoridad para actuar en su Nombre, les manda ser testigos de su resurrección.
En la Iglesia, -representada en esta lectura por el grupo de los Once- es donde Jesús se hace presente. Tomás sólo cuando vuelve a la comunidad se encuentra con Jesús y despierta su fe. Aunque los otros apóstoles se lo cuenten, Tomás no es capaz de creer hasta que no lo ‘palpa’ en la asamblea de los hermanos en la fe.
Hoy nosotros somos de los que dice Jesús: “Dichosos los que crean sin haber visto”. Cuántas veces como a Tomás nos gustaría que Jesús se adaptase a nuestros criterios. La novedad de Jesús es tan absoluta, lo que sucedió en la resurrección es algo tan inexplicable, que rompe esquemas. Estos hombres son testigos de ello y nosotros podemos tener fe gracias a su testimonio. Pero Jesús también va a romper nuestros esquemas: Un muerto que vive para siempre, una cruz que es victoria…
Cada vez que las dudas de fe nos apartan de Dios, es en la comunidad, en la Iglesia, donde podrás volver a encontrar a Jesús. Por eso, el domingo es el Día del Señor, el día en que nos reunimos para celebrar la fe, para encontrarnos con Jesús resucitado, para llenarnos del Espíritu Santo, para ser enviados. Piensa hoy en tu parroquia o en tu comunidad y reza por ella. Piensa también qué tipo de comunidad estás construyendo, si Jesús es el centro de ella. Y si ni siquiera sabes muy bien cuál es o cómo está… quizás el Evangelio de hoy sea una invitación a que como Tomás puedas ir y encontrar en ella a Jesús.
Por otra parte, las apariciones del resucitado hacen a estos hombres testigos. Todo esto se nos cuenta para que “creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su Nombre”. El encuentro con Jesús lo transforma todo. Su resurrección nos regala una nueva e intensa vida en la que Jesús se hace presente por medio de la fe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 22 de abril

ábado 22 de abril
Octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 16, 9-15

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»

Pistas: Me decía un amigo que éste es el Evangelio de “a la de tres”. Primero se aparece a María Magdalena, ella da testimonio; pero no la creen. Después a otros dos, que también dan testimonio; tampoco les creen. Y, por último, a los Once. “Les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón”. Hasta la tercera no va a la vencida. Jesús mismo aparece en medio de ellos cuando estaban a la mesa.
Hasta que no aparece Jesús, hasta que ellos no le experimentan, no creen. El testimonio de otros puede dar motivos para creer, pero al final necesitas encontrarte con Jesús. Por eso es tan importante la oración y los sacramentos si quieres tener una fe viva. Por otro lado, Jesús no se cansa ni se rinde hasta que son capaces de reconocerlo. Tampoco contigo se cansará de darte pistas de su presencia, si lo necesitas. Tu corazón duro y tu incredulidad no le harán irse, al contrario. Y cuando experimentes que Jesús está vivo tendrás el mayor regalo.
Finalmente, la misión: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”. Es una noticia tan importante que no se puede guardar para uno mismo. Y como ya te habrás dado cuenta, siempre que alguien se encuentra con Jesús siente la urgencia de contarlo a los demás. Forma parte de la fe cristiana dar testimonio de que Jesús está vivo, anunciando el Evangelio a todos. Si quieres crecer en la fe necesitas evangelizar (vivir como Jesús enseña y anunciarlo). Es el mandato que nos deja Jesús: anunciar y proclamar el Evangelio. Y en tu caso ¿qué lugar ocupa esto en tu vida? ¿cómo llevas a cabo esa tarea que te ha puesto Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 21 de abril

Viernes 21 de abril
Octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.
Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No.»
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»
Ninguno de los discípulos se abrevia a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Pistas: “Me voy a pescar”. Pedro, al que Jesús había hecho pescador de hombres, vuelve al pasado, a pescar peces. Pero es infructuoso. Agotados, tras toda la noche intentándolo, no han cogido nada.
Todo cambia cuando aparece Jesús. Le escuchan y le obedecen. Todavía no saben que es Él. Echan las redes donde ese desconocido les manda. Y, entonces, se dan cuenta: ´”Es el Señor”. Él ha cambiado las cosas. El fracaso de la cruz se ha convertido en triunfo. La tristeza y la desesperación, en gozo y esperanza. La noche ha pasado y llega la mañana, y con la mañana la luz de Jesús. Y donde no había frutos, comienzan a aparecer.
Es muy bonito el detalle que viene a continuación. Jesús les tiene encendidas unas brasas con pescado y pan. Pero también les pide de los suyos, que habían pescado gracias a Él. En realidad, todo es gracias a Jesús. Él les tiene preparado el alimento y les manda alimentarse. Les enseña que no tienen que volver a lo de antes, que se fíen de Él. Jesús ha hecho todo nuevo. No van a quedar sin fuerzas, no van a estar perdidos.
Jesús quiere que se abran a la novedad de la Resurrección. ¿Cuántas veces tenemos la tentación de quedarnos anclados en el pasado? Volvemos a la zona de confort, a lo fácil, a lo que nos había dado resultado antes porque además es lo conocido, la rutina…
Pero Jesús te propone un camino nuevo: entrar en la senda de la gratuidad y la fidelidad. Dios no falla, ha resucitado a Jesús, ha vencido. Te ofrece participar de esa victoria. Pero tienes que dejar las redes y seguirle. ¿Lo harás?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 20 de abril

Jueves 20 de abril
Octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Pistas: Jesús se presenta en medio de sus discípulos cuando están dando testimonio de lo sucedido. Necesitan entender que es el mismo Jesús que vivió con ellos, que murió en la cruz y que fue sepultado. No es un fantasma o un espíritu. Jesús resucitado es el mismo, pero no lo mismo. No es un cadáver que ha revivido sino Jesús glorificado, elevado, por Dios.
¿Por qué sucede todo esto? ¿Por qué Jesús les dice que le den de comer? La clave está al final de este Evangelio. Estos hombres tienen que ser testigos de lo que ha sucedido. Es Jesús, realmente, no una mera apariencia, un recuerdo, una sombra o un fantasma. Es el hombre Jesús resucitado.
La fe cristiana no se basa en unas revelaciones particulares a personas conectadas con Dios, o en una reflexión o ideología. El fundamento de la fe es la experiencia de encuentro con el resucitado, que sirve de clave para entender la Escritura y la vida misma de Jesús. Que les llevará a experimentar la vida nueva que trae Jesús resucitado y –como iremos viendo en la Pascua- el Don de los dones, el Espíritu Santo.
El tiempo de Pascua te invita a establecer una relación viva con Jesús. El testimonio que la Palabra de Dios y la Iglesia nos dan de Cristo se convierte en experiencia de encuentro con Jesús. Como dice el Evangelio de hoy, estaban escuchando a aquellos que habían reconocido a Jesús resucitado y entonces “se presenta en medio de ellos”. Tal vez te cueste reconocerlo, tal vez te cueste entender, pero su paz y su luz, su testimonio en ti, te harán comprender que ¡Jesús está vivo!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 19 de abril

Miércoles 19 de abril
Octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les hablan dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Pistas: Seguimos leyendo los encuentros con Jesús resucitado. Hoy se trata de dos discípulos que vuelven a su vida de antes decepcionados tras la muerte de Jesús en la Cruz. También habían tenido indicios para creer que Jesús habría resucitado: el testimonio de las mujeres que encontraron el sepulcro vacío, y de los discípulos. “Pero a Él no lo vieron”, así que piensan que son habladurías.
El encuentro de hoy tiene dos momentos: primero Jesús les acompaña, les escucha y les explica la Escritura. Después parte con ellos el Pan. Es un contexto eucarístico. Este relato ayuda a entender a la primera comunidad lo que sucede en la Eucaristía. Palabra y comida compartida. Jesús nos revela a Dios y se nos da, se entrega. No sólo es algo intelectual, es una experiencia de fe.
También puedes fijarte en cómo actúa Jesús. Va con ellos, aunque no lo reconozcan. Les escucha. Les enseña. Les abre los ojos para que crean. ¿Cómo te acompaña a ti Jesús? Siempre, cuando lo tienes más claro y cuando no, siempre va contigo. Esto nos ayuda también a saber cómo acompañar a otros en el camino de la fe. Jesús no entra dándoles la solución o la respuesta, sino que les escucha, les acompaña, les ayuda… Va a su mismo ritmo, hasta que sus ojos se abren y creen.
Al final, vuelven a la comunidad. Pensaron que todo había sido un fracaso y se marchaban. El encuentro con Jesús les lleva a la Iglesia. Porque la fe no se puede vivir ni celebrar en soledad. Dan testimonio y escuchan el testimonio de otros. Mutuamente se confirman en la fe. Esto es lo que ha de suceder en la Iglesia y para lo que nuestra fe nos reúne en comunidad.
Muy rico este Evangelio de hoy. Cuando lo vuelvas a leer sigue el camino que el Espíritu ponga en tu corazón y ora con lo que Dios te inspire.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 18 de abril

Martes 18 de abril
Octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 20, 11-18

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.»»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Pistas: La fe es la historia de un encuentro. Del encuentro con Jesús. Da igual que esté a tu lado. Hasta que no escuchas su voz y te vuelves. Hasta que no te llama por tu nombre y tú “descubres” el suyo. No importa que sepas que Dios existe, que Jesús ha resucitado, incluso que le ames. No importa saber de memoria el catecismo… Si no se convierte en una relación viva no tendrás una fe auténtica y mientras vivirás en la tristeza y mirando al sepulcro.
María no mira a Jesús. Mira al pasado. Quizás estés así en tu vida. Has oído hablar de Jesús, crees en Él o le amas; pero, el pasado, el pecado, el miedo, te hacen mirar hacia donde Él no está. Así tu fe está apagada. Escuchar su voz y volverte a Él es el único camino. En la oración, en la Palabra y en los sacramentos; mirando a Jesús, encontrarás la verdad. Los ángeles, el sepulcro vacío, le habían dado motivos para creer a María, pero no había sido capaz de dar el gran paso. La Iglesia te anuncia a Jesús pero necesitas encontrarlo tú personalmente.
Al releer el Evangelio piensa en qué momento de tu fe estás. Jesús se acercará a tu vida, a tus sufrimientos, a tus preocupaciones, y te preguntará, te escuchará. Si estás buscando, mírale, escucha su Palabra, reza… y tu fe será viva. Verás y reconocerás a Jesús a tu lado.
Si ya lo has encontrado, escucha lo que te pide. El encuentro con el Señor siempre implica la transformación del interior, y la misión. Hoy nos dice Jesús: “Anda, ve a mis hermanos y diles…”. No vale una fe acomodada: ¡Qué bien que ha resucitado! ¡Qué bien que Dios me ayuda!… porque si encuentras el amor de Dios eso te llevará a comunicarlo, si encuentras a Jesús vivo y resucitado irás a contarlo. Y tu vida no podrá ser la misma.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 17 de abril

Lunes 17 de abril
Octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 28, 8-15

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos.» Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Pistas: El mal nunca se rinde. La injusticia cometida con Jesús, el error y pecado de los sumos sacerdotes y autoridades al acusarlo y lograr que se le condenara a muerte, se va a convertir en una huida hacia delante. Les da igual la verdad. ¿Resucitó o no resucitó? No les importa. Siguen igual: sobornan, mienten, engañan… Quieren que Jesús y su mensaje desaparezcan.
El mal nunca se rinde. Esto sucederá también en tu vida. Jesús ha vencido y te hace partícipe de esa victoria por medio del Espíritu Santo. Con su fuerza y su poder, con los sacramentos y la oración, con su Gracia y tu deseo de vivir como discípulo suyo, has vencido. Con Jesús has vencido. El pecado y la muerte no van a poder contigo, pero lo van a intentar. A cada victoria seguirá una tentación. A cada milagro de Dios en tu vida, posiblemente una «tormenta». Por eso, leeremos esta frase muchas veces en la Pascua: “No tengáis miedo”.
Jesús dijo una vez a sus discípulos: tenéis que ser “astutos como serpientes y sencillos como palomas”. Creer en Jesús no significa que vayan a desaparecer las cruces, las dificultades, las tentaciones, las injusticias o los sufrimientos de tu vida. Eso es magia y Dios no hace magia. Ésa es la concepción de un Dios a nuestra medida que cumpla nuestros caprichos.
Creer en Jesús significa que tú participas de la victoria de su resurrección. Significa que el amor de Dios es más fuerte y más grande que todo lo que te pueda suceder. Y significa que cuando Dios actúa y salva, el mal lucha para destruir lo que Dios hace. Pero, no tengas miedo, Jesús ha vencido, Jesús está vivo, Jesús ha resucitado: la cruz, la muerte, el mal y el pecado han sido vencidos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 15 de abril

Domingo 15 de abril
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 20, 1-9.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Pistas: “HA RESUCITADO”.
Hemos comenzado el tiempo pascual. A partir de ahora los Evangelios nos irán relatando las apariciones de Jesús resucitado y cómo se va afianzando la fe de sus discípulos.

Hoy encuentran el sepulcro vacío. Uno de los signos de la Resurrección. El lugar de la muerte está vacío. La piedra que lo cerraba está movida. La muerte ha sido vencida. Todavía les queda mucho camino por recorrer para comprender el alcance de la resurrección de Jesús. Pero hoy creen y entienden la Escritura y la palabra de Jesús que anunciaba que esto iba a suceder.
Es curioso el detalle: corren los dos apóstoles, Pedro y Juan (“a quien quería Jesús”). El más joven llega primero, pero deja que entre Pedro, a quien el Señor había puesto al frente del grupo de los Apóstoles. Ambos son testigos y anunciarán a los demás lo que han visto.
Hoy es un día gozoso. La Iglesia te invita a mirar a Jesús vivo y resucitado. A darte cuenta que la muerte no tiene poder. Tampoco la muerte que trae el pecado. El sepulcro vacío y la piedra movida: la muerte no tiene poder. También los sepulcros de tu corazón, las consecuencias del pecado, quedarán vacíos si te acercas a Jesús. Si dejas que el poder de su resurrección te dé vida.
San Pablo dirá que hay que morir al pecado, al hombre viejo, para resucitar con Cristo. Jesús es vida, Jesús está vivo, Él ha hecho nuevas las cosas. Por su resurrección, viviremos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 15 de abril

Sábado 15 de abril
Sábado Santo de la Sepultura del Señor.

Introducción y pistas: Hoy es el día del silencio. Recordamos la espera de los discípulos del Señor, de su Madre, de sus amigos. ¿Realmente habrá abandonado el Padre a Jesús? Jesús está en el sepulcro, muerto. ¿Aquí termina la esperanza? ¿Se acaba todo?
Pero en la madrugada del sábado a las mujeres se les revela lo más grande: la resurrección de Jesús. En esta noche la Iglesia explota en júbilo y celebra la Vigilia Pascual con los símbolos de la luz y del agua. Porque ha vencido Jesús. ¡Está vivo!
¡Cristo ha resucitado! La muerte, el pecado, la injusticia… han sido superados. ¡Cristo ha resucitado! Todo lo que Jesús dijo e hizo es cierto. Él es quien decía ser. ¡Cristo ha resucitado! Pasó la hora de las tinieblas, del silencio y del miedo: “Alegraos”, “no tengáis miedo”, “id a anunciarlo”: “Ha resucitado”. Es su victoria, pero es para ti y para mí, para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 28, 1-10
En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado.
No, está aquí: HA RESUCITADO, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.» Mirad, os lo he anunciado.
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo: No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.