Archivo de la categoría: Lectio divina

Martes 04 de abril

Martes 04 de abril
V de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 21-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.»
Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?»
Y él continuaba: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.» Ellos le decían: «¿Quién eres tú?»
Jesús les contestó: «Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.»
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.» Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Pistas: San Juan continúa presentando nuevos aspectos del misterio de Jesús: “¿Quién eres tú?” preguntan los judíos.
Jesús contrapone, por un lado, el mundo y el pecado al que están apegados los judíos porque no quieren comprender quién es y esto les conducirá a la muerte. Y, por otro, la vida y la verdad que encuentra el que se acerca a Él. Jesús es vida. Jesús es el camino hacia Dios “Donde yo voy no podéis venir vosotros”. El pecado en el que quedan encerrados no les deja acceder “allá arriba” porque sin acoger a Jesús no pueden descubrir al Padre ni recibir el Espíritu Santo.
Como no le aceptan están en la muerte. No comprenden ni quieren comprender. Pero cuando Jesús (el Hijo del hombre) sea levantado en la Cruz entonces sabrán que Jesús es el “Yo soy”. En el Antiguo testamento Dios se revela como el Yo soy. En la cruz, Jesús se revelará como el Hijo que hace la voluntad del Padre, y ahí es glorificado como Señor, como Yo soy. Jesús es Dios.
Estas palabras que dirigió Jesús a los judíos, San Juan nos dice que consiguieron cambiar muchos corazones. No cayeron en saco roto. «Cuando les exponía esto, muchos creyeron en Él». Hoy, al releer el Evangelio puedes pensar en tus actitudes hacia Jesús y dejar que las palabras de San Juan te ayuden a acercarte a su misterio. Hoy, abre tu corazón para que se conmueva como les sucedió a muchos de los que le escucharon.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 03 de abril

Lunes 03 de abril
V de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 1-11
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adulteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.»
Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

Pistas: Recuerda que un modo de orar con la Palabra de Dios es situarse en la escena e imaginarla, ponerse en el lugar de los personajes, descubrir qué nos puede enseñar para nuestra vida.
Hoy encontramos la diferencia entre una religiosidad legalista y farisaica, en la que lo que importa son las apariencias, y el mensaje de Jesús. Por un lado, la ley sin misericordia, que lleva al juicio, a la violencia, a la condena y a la muerte. Y, por otro lado, el amor misericordioso de Jesús que perdona, que salva y que invita a cambiar de vida.
El cambio de perspectiva es absoluto. Unos pecadores acusan a una mujer, pecadora como ellos (Jesús les dice: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra… se fueron escabullendo uno a uno”). No buscan cumplir la ley de Moisés sino encontrar argumentos contra Jesús. Pero Él no cambia su actitud ni a pesar del peligro inminente que corre su vida. Jesús viene a perdonar, a amar y a salvar: “¿Dónde están tus acusadores? ¿ninguno te ha condenado?… tampoco yo”. Le da nueva vida. Le ofrece otra oportunidad. El que no tiene pecado no juzga sino que muestra misericordia.
La misericordia no está reñida con la verdad ni con la exigencia, más bien al contrario. Jesús no la condena, pero le dice que tiene que cambiar de vida: “En adelante no peques más”.
Al releer el Evangelio piensa en qué te pareces a los que acusan a la mujer; en qué a la mujer que ha pecado y se ve desamparada, acusada, ridiculizada, humillada… En qué a Jesús que trae vida y salvación, en lugar de muerte y condena. Y pídele al Señor encontrar siempre su amor misericordioso y vivir en él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 2 de abril

Domingo 2 de abril
V de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 11, 1-45.

En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. (María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera: el enfermo era su hermano Lázaro). Las hermanas le mandaron recado a Jesús, diciendo: Señor, tu amigo está enfermo.
Jesús, al oírlo, dijo: Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo entonces dice a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea. Los discípulos le replican: Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí? Jesús contestó: ¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto añadió: Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo. Entonces le dijeron sus discípulos: Señor, si duerme, se salvará.
(Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.)
Entonces Jesús les replicó claramente: Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.
Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: Vamos también nosotros, y muramos con él.
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.
Marta respondió: Sé que resucitará en la resurrección del último día.
Jesús le dice: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?
Ella le contestó: Sí, Señor: yo creo que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: El Maestro está ahí, y te llama.
Apenas lo oyó, se levantó y salió a donde estaba él: porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y muy conmovido preguntó: ¿Dónde lo habéis enterrado? Le contestaron: Señor, ven a verlo.
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: ¡Cómo lo quería!
Pero algunos dijeron: Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?
Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba. (Era una cavidad cubierta con una losa.) Dijo Jesús: Quitad la losa.
Marta, la hermana del muerto, le dijo: Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tu me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tu me has enviado. Y dicho esto, gritó con voz potente: Lázaro, ven afuera.
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: Desatadlo y dejadlo andar.
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Pistas: Hoy se nos cuenta con mucho detalle la resurrección de Lázaro. El Evangelio de San Juan narra siete milagros a los que él llama signos. Éste es el último. Jesús y sus discípulos prevén el desenlace, saben que quieren matarle –Tomás dice: “Vamos también nosotros y muramos con él”-. Van a matar a Jesús porque muchos creen en Él. Se acerca el gran signo de Jesús, llega la hora: Su muerte y glorificación. Todo ello anticipado por la resurrección de Lázaro.
Lázaro ha muerto. La casa está llena de judíos que vienen a consolar, no pueden hacer más. Cuando llega Jesús la cosa cambia. ¡Él viene a traer vida! Jesús, incluso amenazado, llega para vencer a la muerte.
La salvación que Jesús trae no es sólo futura. Marta ya creía en la resurrección al final de los tiempos. Pero Jesús quiere que comprendan que la vida que Él trae comienza ya. La fe en Jesús renueva la vida ahora, vence al mal ya, vence a la muerte ya. Aunque también tiene la perspectiva de la plenitud al final de la historia. Marta da el paso de la fe: «Sí, Señor. Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que debe venir al mundo». Y para que crean los demás Jesús da gracias al Padre porque siempre le escucha.
Jesús hombre, humano, igual a nosotros en todo menos en el pecado: Jesús se conmueve, llora, al ver sufrir a sus amigos. Cuánto amor en este relato de hoy: Jesús ama a sus amigos, sus discípulos van con Él y están dispuestos a morir con Él.
Hay que quitar la piedra. Aunque huela mal. Dejar a Jesús que actúe. Y Jesús grita: “Lázaro, sal fuera”. Tienen que desatarlo, quitarle el sudario, para que pueda caminar y ver. Es el paso de la muerte a la vida. Y es Jesús quien trae esa vida.
Piensa en tu vida y en tu comunidad (como la de Marta, María y Lázaro, en la que Jesús gustaba hospedarse), y ver lo que sucede cuando dejas que Jesús se acerque y crees en Él. Dios hoy te dice que siempre te escucha. Háblale. Está ahí siempre esperando. Siempre escuchando.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 01 de abril

Sábado 01 de abril
IV de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que hablan oído los discursos de Jesús, decían: «Éste es de verdad el profeta.» Otros decían: «Este es el Mesías.» Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?» Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?» Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.» Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.»
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.» Y se volvieron cada uno a su casa.

Pistas: A Jesús le tienen ganas los sumos sacerdotes y los fariseos, quieren prenderlo y quitarlo de en medio. La Escritura y la Ley que de ella se desprende la conocen perfectamente y debería servirles para comprender mejor quién es Jesús. Pero, no es así, se creen superiores, ni siquiera quieren indagar en quién es realmente Jesús. Lo que hacen es acomodar la letra a sus intereses. Mientras, las acciones y palabras de Jesús les dejan en evidencia, desestabilizan su modo de vivir y la estructura que con tanto esfuerzo mantenían… Seguir a Jesús significaría cambiar y por eso quieren eliminarlo.
Jesús no deja a nadie indiferente. Y la clave está ahí. Porque si profundizas, si te acercas a la verdad, la luz de Jesús iluminará todo, como le sucederá a Nicodemo. Pero si te quedas anclado en los prejuicios, en la crítica o en la comodidad no llegarás a saber nunca quién es Jesús. Te sucederá como a los fariseos que “se volvieron cada uno a su casa”. Volverás a tus cosas lleno de amargura, de soberbia, pensando que tienes la verdad indiscutible.
Nicodemo es un fariseo que se había acercado a hablar con Jesús por los signos que le vio realizar. Él sí se atrevió, aunque a escondidas, por miedo. Jesús le había dicho que hay que nacer de nuevo, del agua y del Espíritu. Que Él da testimonio de lo que conoce, porque es el Padre el que le envió, y que si cree en Él encontrará verdad, vida y salvación. Porque Jesús es la luz del mundo. Nicodemo dio el paso, comenzó a hacerse preguntas, y ello le llevó a ser discípulo de Jesús y a poder conocerlo desde la fe.
Hoy tienes dos caminos ante ti: Nicodemo y la gente que se cuestiona quién es Jesús. O el resto de fariseos y sumos sacerdotes que se quedan en sus prejuicios, sus intereses y su comodidad. ¿Cuál eliges?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 31 de marzo

Viernes 31 de marzo
IV de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30
En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas.
Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene.»
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado.»
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Pistas: En los capítulos del 1 al 12 de San Juan hay dos hechos que van a la par: por un lado, Jesús va revelando quién es y llevando a cabo su misión. Por otro, los judíos van rechazándole hasta que es condenado a muerte. El de Juan es el Evangelio escrito más tardíamente, cuando el cristianismo ya se había separado completamente del judaísmo. En los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) vemos que cada vez se va poniendo más tensa la relación de Jesús con las autoridades judías. En Juan la oposición judía contra Jesús es mucho más sistemática y abrumadora. Ya desde el principio hay una especie de control oficial sobre la actividad de Jesús. Hay una clara persecución contra Él: lo buscan para matarlo, intentan apedrearlo, Jesús tiene que huir, esconderse… Como en el de hoy, no puede andar abiertamente.
Este Evangelio nos deja claro que la hora de Jesús se acerca. En Juan el tema de la “hora” es muy importante. Se puede incluso utilizar como criterio para estructurar el Evangelio y hablar de expectación de la hora (cc. 1-12) y llegada de la hora (cc. 13-20). La hora es el momento en que todo es consumado: la muerte y glorificación de Jesús. Jesús mismo entregará su vida. Por eso no pueden echarle mano. Porque “no había llegado su hora”.
Jesús afirma que procede del Padre y que no actúa por su cuenta, sino enviado por «el que es veraz». Rompe esquemas. Y al intentar que puedan descubrir quién es se topa con la cerrazón en el corazón de las gentes. Ayer leíamos todo lo que daba testimonio de Él, pero no son capaces de superar sus ideas preconcebidas sobre cómo debe ser el Mesías. No lo ven y lo tienen delante.
También a ti quiere revelarse Jesús y mostrarte quién es cada día de un modo más pleno. ¿Qué actitud tienes con Él? ¿Qué significa en tu vida? No te desanimes y sigue caminando con Él para descubrirle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 30 de marzo

Jueves 30 de marzo
IV de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 5, 31-47
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?»

Pistas: ¿Quién da testimonio de Jesús? Sus obras que son las del Padre que le ha enviado, el mismo Padre da testimonio de Él, las Escrituras, Moisés que lo anunció y Juan el Bautista que dio testimonio de la luz que no se apaga. Pero los judíos tienen el corazón cerrado y aún con Jesús presente prefieren teorizar antes que reconocerle. El cambio de mentalidad que les propone no entra en sus esquemas. Y les dirige palabras muy duras: “Os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros”, “su palabra no habita en vosotros, porque al que Él envió no le creéis”, “aceptáis la gloria unos de otros”… Todas estas acusaciones pueden servirnos para hacer examen de conciencia: ¿Qué hay de fariseo en mi vida? ¿me engaño a mí mismo, me justifico para no tener que cambiar? ¿vivo en la mentira? ¿busco glorias humanas? ¿el amor de Dios habita en mí? ¿se manifiesta ese amor en mi relación con Dios y con los demás? ¿busco a Jesús o unas ideas y teorías?
Sólo en Jesús hay vida y salvación. Sólo a través de Él se puede encontrar la verdad y llegar a Dios. ¿Quieres tener vida? Acude a Jesús. Él es la luz que no se apaga. Al acercarte es posible que veas tu pecado, tu pobreza y debilidad, y tengas que enfrentarte a ellos. No te asustes, no temas, porque Jesús vino a salvar y perdonar, a dar vida nueva al que está perdido.
La cuaresma es dejarse amar, dejar que el amor de Dios esté en ti y te transforme. Que el Espíritu Santo habite en ti. Como siempre, esto es gratis, es regalo, no se compra ni se pueden hacer méritos para obligar a Dios a dártelo; pero requiere tu esfuerzo, tu acogida, todo tu ser y todo lo que haces. Si te encuentras con Jesús, si te acercas a Él, tu fe dejará de ser una tradición o una filosofía y pasará a ser un modo de vivir. No será algo externo sino profundo. No será una obligación sino algo tan necesario como respirar. Será Vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 29 de marzo

Miércoles 29 de marzo
IV de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 5, 17-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
Jesús tomó la palabra y les dijo: «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió.
Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.
Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Pistas: El enfrentamiento entre Jesús y los judíos va creciendo. Hemos ido leyendo los primeros conflictos con el sábado y la ley. Hoy el Evangelio hace referencia a la relación entre Jesús y el Padre. Comienza respondiendo a la acusación de curar en sábado: “Mi Padre sigue actuando y yo también actúo”. No ha cesado de amar al hombre desde que lo creó. Y continúa mostrando de dónde le viene su autoridad. Al decir: “Mi Padre” se hace igual a Dios y por eso los judíos “tienen más ganas de matarlo”.
San Juan nos ayuda a entender esta relación entre Jesús y el Padre. Jesús hace lo que el Padre manda, cumple su voluntad, porque le envió. A Jesús le ha confiado el juicio que será de vida eterna si se escucha su palabra y se le honra como al Padre. Porque creer en Jesús otorga vida eterna. Jesús mismo es el camino, sin Él no hay salvación ni se puede acceder al Padre. Toda la predicación y acción de Jesús tiene como finalidad comunicar vida, la vida de Dios, la vida eterna, la salvación. La misma que el Padre comunica. Y esto se verá en su resurrección.
“Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio”. Jesús nos recuerda hoy que somos libres, que nuestros actos y decisiones cuentan, y que depende de ti aceptarlo en tu vida o no. Hacer el bien es estar con Jesús y obrar como Él enseña. Dicho de otro modo, vivir como discípulos suyos. Hacer el mal es rechazar a Jesús (o quedarte en las apariencias pero no en el corazón y las obras), elegir el pecado y decir no a la vida eterna. Sólo en Jesús hay vida y verdad. Sólo Él es el camino hacia el Padre.
De tu relación con Jesús depende que tengas vida, que puedas tener vida eterna, que puedas “ver”, conocer al Padre. Por eso hoy te invito a que al releer el Evangelio reces a Jesús para que te indique el camino al Padre, el que te puede llenar de vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 28 de marzo

Martes 28 de marzo
IV de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
Evangelio según san Juan 5, 1-3. 5-16
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?»
El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.» Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.»
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.»
Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.»
Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»
Pero el que habla quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacia tales cosas en sábado.

Pistas: Un hombre lleva 38 años esperando un milagro en una piscina cercana al Templo. Según la creencia popular, cuando se movía el agua el primero que descendía a la piscina quedaba sanado de cualquier enfermedad. No debemos pensar que esta creencia fuera cierta, pero el paralítico al que sanó Jesús lo creía. Y todos los que estaban allí en una situación parecida.
Jesús, que quiere que la religión y la fe sean auténticas, ve a este hombre que sufre y le ofrece salvación: “¿Quieres quedar sano?”. Y el encuentro con Jesús basta. Le manda coger su camilla y echar a andar. Ya no es una lotería o una lucha por los favores de Dios. Es Jesús, el único en quien hay salvación, y su autoridad es tal que este hombre no duda y es sanado.
Los judíos lo encuentran llevando la camilla en sábado, el día del descanso, y se lo recriminan. Él ni siquiera sabe el nombre de quien lo sanó. Es curioso que aquellos que no se preocuparon por él cuando estaba enfermo y postrado, sí lo hagan ahora para atacar a Jesús. No les importa la persona, sólo la ley, la tradición y la religiosidad llevada a un extremo totalmente artificial.
El hombre curado vuelve a encontrarse con Jesús, que le advierte que necesita cambiar de vida. Que no vale con la sanación física. ¿Y nosotros? Cuando rezamos y nos sentimos bien parece que Dios está cerca. Pero ¿y si cambia la situación?
Al leer este Evangelio nos puede quedar una sensación extraña: ¿Por qué decidió Jesús sanar a aquel paralítico? El enfermo ni sabía quién era Jesús, ni tampoco esperaba nada de Él. Además, una vez sanado, le tuvo que advertir que no siguiera viviendo de la misma manera. Parece que realmente no quería cambiar. Y su actitud ante los judíos sólo sirvió para causar problemas a Jesús. Entonces ¿por qué el Señor lo sanó? ¿qué vio en él? La respuesta sirve para todos los casos y todos los tiempos: el Señor es misericordioso y compasivo. La misma razón por la que fue a la cruz para morir por todos y cada uno de nosotros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 27 de marzo

Lunes 27 de marzo
IV de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 4, 43-54
En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo habla hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.»
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque hablan visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos hablan ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Cana de Galilea, donde habla convertido el agua en vino.
Habla un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.» El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño.» Jesús le contesta: «Anda, tu hijo está curado.»
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»
El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Pistas: Jesús viene de Samaría (tierra de herejes para los judíos). En el capítulo 3 nos cuenta Juan la conversación de Jesús con una mujer samaritana a la que le revela que Él es el Mesías y gracias a ella muchos creen en Jesús. Ahora entra en Galilea, donde un pagano, un funcionario real que había oído hablar de Él, se le acerca para pedirle un milagro. Jesús no lo rechaza porque ve su fe, a pesar de darle una contestación dura al principio. El signo que realiza aumenta la fe de este hombre. Y así creen él y toda su familia.
El mundo de hoy necesita que los que creemos tengamos una fe ardiente, una fe que haga que se produzcan signos. Que donde hay enfermedad y sufrimiento aparezca la luz de Jesús y Él pueda regalar su salvación. Donde hay indiferencia y mediocridad los cristianos pongamos pasión y ganas de luchar por un mundo mejor. La fe es don, es regalo y es tarea, es libre, es un acto humano, necesita tu entendimiento, tu libertad, tu emoción, tu intención de acogerla. Por eso hay que pedirla a Dios y hay que trabajarla. Es don y tarea.
¿Cómo está tu vida de fe? Ora pidiendo una fe ardiente que abra la puerta a la acción de Dios en tu vida, en los tuyos y en el mundo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 26 de marzo

Domingo 26 de marzo
IV domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Juan 9, 1-41.
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? Jesús contestó: Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y volvió con vista.
Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: ¿No es ése el que se sentaba a pedir? Unos decían: El mismo. Otros decían: No es él, pero se le parece. El respondía: Soy yo.
Y le preguntaban: ¿Y cómo se te han abierto los ojos? Él contestó: Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. Le preguntaron: ¿Dónde está él? Contestó: No sé.
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. (Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.) También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los fariseos comentaban: Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado. Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos? Y estaban divididos.
Y volvieron a preguntarle al ciego: Y tú ¿qué dices del que te ha abierto los ojos? Él contestó: Que es un profeta. Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: ¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve? Sus padres contestaron: Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: Confíésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. Contestó él: Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo. Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos? Les contestó: Os le he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene.
Replicó él: Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento, si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder. Le replicaron: Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros? Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del hombre? Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Lo estás viendo: el que te está hablando ese es. El dijo: Creo, Señor. Y se postró ante él.
Dijo Jesús: Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos. Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: ¿También nosotros estamos ciegos? Jesús les contestó: Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.

Pistas: Jesús es luz y verdad. En Jesús hay luz y salvación. Por eso el que se acerca a Él deja de estar ciego.
En este pasaje del Evangelio de San Juan un ciego es curado por Jesús. Lo primero en que podemos fijarnos es precisamente esto: El que no veía, ve. El que desde su nacimiento estaba marcado, se encuentra con Jesús y su vida cambia completamente. Necesita ser tocado por Jesús y lavarse para comenzar a ver. Y recorre un largo camino hasta que finalmente puede comprender.
“¿Quién pecó?”. Los judíos pensaban que la enfermedad física era consecuencia del pecado propio o de los antepasados, Jesús explica que no es así. Las contrariedades, las enfermedades, la cruz, son para que “se manifieste la gloria de Dios”. Que de la cruz saca vida, de la muerte de Jesús resurrección y salvación. Hoy Jesús te invita a dejar que toque tus ojos, que sane tu ceguera, la ceguera del pecado o del sufrimiento sin sentido. Porque Jesús es la luz, si dejas que te toque quedarás sanado.
El ciego empieza a ver. Testimonia lo que le ha sucedido. Pero no es hasta el final del relato cuando comprende el alcance de lo que le ha sucedido. Comienza a ver y, finalmente, cuando se encuentra con Jesús y reconoce quién es, se postra y adora. Primero es capaz de comprender lo humano: me curó y veo. Pero después ve que Jesús es más: sólo a Dios se puede adorar. Hay verdad en el Evangelio, en el mensaje de Jesús, pero sólo se puede acceder plenamente a él cuando se descubre que es algo más que meramente humano, es Dios mismo que se revela. No sólo es que veas, es que Jesús es la luz que te permite ver.
Este relato nos habla de luz y verdad frente a ceguera, prejuicio, orgullo y soberbia. La luz de Jesús, su sabiduría, frente a una religiosidad que nace de normas externas, que justifica un estilo de vida pero no busca la verdad. Por eso uno que no ve, termina viendo; y los que no ven y creen ver, quedan ciegos. Nuevamente, el problema no está en el testimonio de Jesús o del ciego. Ellos no quieren ver, no quieren creer ni descubrir la verdad. Le dicen al ciego: “¿Nos vas a dar tú lecciones?”.
Hoy el Evangelio nos deja dos mensajes importantes: nadie puede argumentar en contra de un hecho evidente: el que no veía antes, después sí. Y, por otra parte, el mensaje de Jesús, de la salvación, debes contarlo, hacerlo llegar a otros, anunciarlo como discípulo que eres. Al releer el Evangelio pregúntate: ¿es Jesús mi luz? ¿puedo ver? ¿me postro y le adoro? ¿cómo es mi religiosidad? ¿se lo transmito a otros? Jesús es luz y salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.