Archivo de la categoría: Lectio divina

Jueves 4 de mayo

Jueves 04 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.
No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Pistas: Jesús es el camino hacia Dios. Pero este camino no lo recorremos sólo por nuestras fuerzas. Es Dios quien llama, quien atrae. Si le escuchas, aprendes. El Evangelio de hoy te anima a ir dando pequeños pasos o incluso vueltas alrededor del misterio de Jesús que revela a Dios. Jesús que se entrega. Jesús que se hace Pan, que da su carne. Por eso, no te agobies si te pierdes. Sólo lee despacio y deja que resuene en tu corazón la verdad que hay en las palabras de hoy. Tienes unas claves: Fe, vida, Pan-Eucaristía.
San Juan nos repite: Jesús revela al Padre, en Jesús hay vida. Creer en Él da vida eterna. No es una vida efímera, ni temporal, ni con fecha de caducidad. Da la vida de Dios. Jesús es el Pan de la vida. Es el alimento que da vida para siempre y en plenitud. Pero no es un alimento intelectual, moral, físico… sino uno en el que se da a sí mismo. Jesús mismo, el Hijo de Dios mismo, se da, se entrega hasta el extremo. Todo.
Descubrimos que en la Eucaristía se nos da Jesús: el Pan que da vida, el Pan que alimenta la fe. No son creencias, tradiciones, ritos… sino la fe en el Padre y en el Hijo, que dan vida. Y además la historia termina bien. “Serán todos discípulos de Dios”. ¡Jesús vence!
Terminaremos la Pascua comprendiendo que esto lo hace posible la presencia del Espíritu Santo. Él resucita a Jesús. Él convierte el pan que se ofrece en la Eucaristía en Pan de vida eterna: en Jesús vivo y resucitado. Él hace que Dios viva en cada uno de nosotros. Hace que nos parezcamos cada vez más a Jesús, que crezcamos en la fe, que podamos ser atraídos por el Padre, que escuchemos y aprendamos. Hace que sintamos el amor de Dios. Por eso pide el Espíritu Santo y relee el Evangelio dejando que Dios te hable.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 3 de mayo

Miércoles 3 de mayo
Santos Felipe y Santiago, apóstoles

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 14, 6-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras, Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

Pistas: ¿Quién es Jesús?
– Es el camino hacia el Padre. Si quieres conocer a Dios, el camino es Jesús. Conocerle a Él es conocer al Padre. Por medio de Jesús resucitado puedes acceder a Dios.
– Es el que puede mostrar la verdad, porque no habla por su cuenta. Y no sólo habla sino que hace obras que dan testimonio de quién es Él. En Jesús hay verdad. Jesús es la verdad.
– Está en el Padre y el Padre en Él. El Hijo está tan unido al Padre que son uno. El Hijo es Dios, por eso también da vida. No sólo es una fe que tiene en Jesús el camino y la verdad. Sino una fe que da vida. Que transforma. Que nos lleva a hacer obras como las de Jesús «y aún mayores». Por medio de Jesús resucitado recibes al Espíritu Santo, el don de los dones. Dios mismo dándose y dándote su vida.
Jesús es camino, verdad y vida. ¿Qué significa esto para ti? Si quieres encontrar y conocer mejor a Dios, Jesús es el camino. Si quieres encontrar la verdad, dejar de tener dudas, de dar tumbos, Jesús es la verdad.
Entonces ¿quieres vivir con plenitud? ¿quieres no sólo sobrevivir sino vivir? Jesús es la respuesta. Jesús es la vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 2 de mayo

Martes 2 de mayo
San Atanasio, obispo y doctor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 30-35

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo.»»
Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.»
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Pistas: San Juan quiere dejar claro que la fe en Jesús es el único camino para tener vida. Que sólo por medio de Él se puede alcanzar una vida plena. Jesús puede saciar el hambre y la sed que hay en el corazón del hombre. Le piden un signo para creer en Él y Jesús les dice que Él es el signo. Que Él es el Pan.
En la Eucaristía Jesús se hace presente en el Pan. Y, tambien, en este texto se hace referencia también a la necesidad de plenitud que hay escrita en lo profundo del ser de cada persona. Jesús es “el pan de Dios que baja del cielo y da vida al mundo”. El de Moisés sólo era de transición, “para salir del paso”. El de Jesús es otra cosa. Es el que da vida. Es el signo definitivo.
Si encuentras en ti sed y hambre, si necesitas más en tu vida, si hay un vacío en ti que no se llena, Jesús saciará tu hambre y tu sed. Dirígete a Él. Confía en Él. Jesús es quien dijo ser.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 1 de mayo

Lunes 1 de mayo
III semana de Pascua
San José Obrero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 54-58

En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga.
La gente decía admirada: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Pistas: La liturgia nos presenta hoy este Evangelio al celebrar la fiesta de San José obrero. La gente no es capaz de ver más allá del hijo del carpintero. Desconfían de Él. Conocen a su familia (sus hermanas y hermanos quiere decir sus parientes). No saben la historia de María y de José. Ese hombre valiente que se fía de Dios y se fía de María. Que lucha por su familia, aunque sus proyectos y sus planes cambien. Que es capaz de descubrir la voluntad de Dios y gracias a eso se convierte en el hombre que enseña al Hijo de Dios a ser hombre. Que le cuida y le protege.
San José obrero acerca a nuestra vida cotidiana la llamada a la santidad. ¿Cuánto has luchado y luchas por tu familia? ¿cuánto has visto luchar a tus padres por ti? A Dios no le es ajeno tu esfuerzo. O si estás atravesando dificultades, tu sufrimiento. Es el Dios de la esperanza, el que vence al mal y al pecado, el que hace nuevas las cosas. Y también el que sabe qué es ser hombre, luchar, amar y seguir a pesar de las dificultades.
Hoy el Evangelio te invita a dejarte sorprender por Jesús. A vencer prejuicios. Te invita a que como San José, pongas a Jesús en tu vida, en tu centro. Y la fe te permitirá ver las maravillas de Dios en ti y en la de los tuyos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 30 de abril

Domingo 30 de abril
III domingo de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les hablan dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Pistas: ¿Puedes imaginar la conversación de los dos discípulos? Los recuerdos de lo vivido con Jesús. La decepción, el fracaso, la injusticia, la tristeza… Van caminando con su frustración. Y Jesús les pregunta y les escucha. Ellos le explican lo que sucedió y cómo lo entienden. Aunque ya les han anunciado algunos signos de la resurrección, ellos todavía no creen. Necesitan encontrarse con Jesús.
Esto nos ayuda a darnos cuenta de algo muy importante. Aunque te ofrezcan pruebas de que Jesús resucitó o te lo digan personas acreditadas o te consideres buen cristiano, si no sales al encuentro con el resucitado, si Jesús no te abre los ojos y el entendimiento, todo se reducirá a palabras, habladurías, rumores…
¿Por qué todo cambia cuando está Jesús? Les explica las Escrituras y parte con ellos el Pan y así lo reconocen. Y ¿qué hacen los discípulos? Viven una Eucaristía en la que Jesús les explica la Palabra y parte para ellos el Pan. ¿Te suena esto? Es lo que hacemos en cada misa. Y así entran en una relación personal con Él
¿Quieres que tu fe sea viva? Pues habla con Jesús. Cuéntale tus cosas. Deja que su Palabra resuene en tu corazón. Y reza. Celebra conscientemente la Eucaristía.
Y cuando por fin creen van a la comunidad, a la Iglesia, a los otros a contar lo que les ha pasado. Mutuamente confirman su fe. Descubren que es verdad. Es Jesús resucitado. Está vivo. No pueden guardarse para ellos solos la noticia. Y primero en la propia comunidad y más tarde con la fuerza del Espíritu Santo a todo el mundo se convierten en testigos de Jesús resucitado. Se lanzan a anunciar que en Jesús hay salvación. Que ha vencido al pecado y a la muerte. Y por la resurrección ha sido constituido Señor.
¿Cuántas veces es Jesús quien camina a tu lado y no lo reconoces? Míralo desde la fe. Está ahí, contigo, a tu lado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 29 de abril

Sábado 29 de abril
Santa Catalina de Siena, virgen y doctora, patrona de Europa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 11, 25-27

En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Pistas: Ayer leíamos el Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces. Cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños, comieron con cinco panes y dos peces. A Dios le gusta hacer las cosas “al revés”. Lo que es insuficiente, sobra. Los últimos serán los primeros. Las bienaventuranzas. Una Virgen, Madre. La derrota de la cruz y de la muerte, convertidas en vida y salvación. Y las cosas del Reino reveladas, no a los sabios y entendidos, sino a los sencillos.
Éste es el camino del Evangelio. Y es el camino de Jesús. Encontrarse con Él. Conocer al Hijo. No por nuestras fuerzas, nuestros méritos, nuestra bondad… sino porque Jesús nos lo quiere revelar. Esto es lo que Él quiere. Que tú y yo, pequeños, pecadores, débiles, seamos suficientemente sencillos para ponernos ante Él y dejar que nos revele al Padre y nos conceda entrar en su Reino.
La revelación de Dios se nos da no por nuestros logros personales, no porque seamos buenos o listos, sino porque así lo ha querido el Padre. Hoy es un buen día para darle gracias y alabarle. Porque en Jesús encontrarás verdad y vida. Encontarás a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 28 de abril

Viernes 28 de abril
II semana de Pascua
San Pedro Chanel, presbítero y mártir. San Luis María Grignion de Montfort, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?» Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?» Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo.»
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.»
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que habla hecho, decía: «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.»
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Pistas: Jesús da de comer a una multitud con cinco panes y dos peces. “Ya sabía lo que iba a hacer”, pero un muchacho le da lo que tiene y eso sirve para muchos. Dios tiene un plan de salvación, pero necesita nuestra colaboración. De lo que no es suficiente, Jesús logra que llegue y sobre.
En esta lectura podemos encontrar una doble enseñanza. Sobre la Iglesia y sobre la Eucaristía. Los discípulos son la Iglesia, que al escuchar a Jesús y fiarse de Él permiten que pueda saciar a aquellos que se le acercan. Felipe veía la necesidad de saciar a la muchedumbre. Pero es muy probable que ni se planteara solucionarla. Hoy también Jesús nos interpela a los que escuchamos su voz señalando las necesidades y los sufrimientos de las personas. Si escuchas a Jesús y miras a tu alrededor podrás ver con su mirada y descubrirás qué necesitan y qué necesita Jesús de ti. Lo que propone nos puede parecer que está por encima de nuestras fuerzas, cualidades y capacidades. Pero Jesús capacita. Sólo necesita que nos impliquemos.
Andrés y el muchacho descubren el camino: dar a Jesús lo que tienen. Son un poco “locos”, pero Jesús es sorprendente si te fías de Él. Y ellos lo saben. Muchas veces podemos pensar que las soluciones son grandes planes, grandes recursos, programaciones, proyectos, etc. Y, aunque todo eso es necesario, la solución es Jesús, que bendice tus pocas fuerzas, que bendice la Iglesia que con humildad le ofrece lo que tiene y lo que es.
La multiplicación de los panes simboliza también la Eucaristía. Sobran “doce canastas con los pedazos de los cinco panes” (por eso no dice nada de los peces). Doce como las doce tribus de Israel. Jesús pondrá en marcha la Nueva Jerusalén, la Iglesia. Y la Eucaristía es su alimento. Un alimento que sobreabunda, pero necesita que pongamos lo que tenemos. Sobra para repartir al que lo necesite, no sólo para la comunidad. De la Eucaristía tenemos que salir tan llenos de amor, tan llenos de Dios, que lo compartamos con los demás.

¿Qué pregunta te está haciendo Jesús a ti? ¿A qué realidad de tu entorno te envía Jesús? ¿Qué Iglesia estás construyendo? ¿Cómo estás viviendo la Eucaristía?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 27 de abril

Jueves 27 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Pistas: ¿Quién es Jesús? En cada frase de este Evangelio san Juan nos ayuda a acercarnos a Jesús en varias pinceladas. Si lo piensas bien, es como conocer a una persona. Cada día que compartes con alguien vas descubriendo rasgos de su personalidad que vistos en conjunto te ayudan a conocer quién es y cómo es. Pero si intentas hacer una definición precisa y exacta te vas a dejar cosas fuera. Así, con más razón, pasa con Jesús, pasa con Dios. Vamos a ir desgranando lo que dice el Evangelio de hoy:
-Es el Hijo de Dios hecho hombre. Es “el que viene de lo alto” y está por encima de todos. Su testimonio no es el de cualquiera –como lo ratifica la resurrección-.
-“Habla de lo que ha visto y oído”. Jesús es el Hijo de Dios y revela al Padre. Es el Testigo Fiel de la verdad. Aceptar su testimonio y creer en Él es estar en la verdad y poseer la vida eterna.
-Jesús da el Espíritu sin medida. Ésta es la experiencia de los discípulos después de su resurrección. Al fiarse de Jesús y seguirle no les van a faltar las dificultades que desembocan finalmente en el martirio en muchos casos. Pero tampoco les falta el Espíritu que por medio de Jesús Dios da sin medida, lo prometió y lo cumple.
-Creer es recibir el Espíritu y poseer la vida eterna. Para el que no crea “la ira de Dios pesa sobre él”. ¿Qué es la ira de Dios? Pues no dejarnos amar por Él, estar lejos de su amor, no permitir que Jesús nos salve… El sinsentido, la desesperación y la frustración hacen que se vea a un dios en el que no merece la pena creer. San Juan hoy te dice que sólo accediendo a Dios por Jesús se puede descubrir su verdadero rostro.
Continúa en este camino de oración leyendo su palabra que te ayuda a conocerle. En Jesús hay verdad y vida. Déjate sorprender por la novedad constante que es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 26 de abril

Miércoles 26 de abril
II semana de Pascua
San Isidoro, obispo y doctor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Pistas: Una tentación de la sociedad en la que vivimos es, por un lado, convertirse en una sociedad “light” en la que todo vale. Sin compromisos firmes. Sin verdad. Sin más criterio que lo que a mí me interesa o me apetece. Sin grandes ideales más allá del fin de semana, algún viaje, fiesta, hobbies… Por otro lado, el triunfo de las apariencias. Aparentar lo que está de moda, aunque no me guste. Tener una buena imagen, muchos seguidores en las redes sociales, un buen postureo… En realidad, parece que el centro de la vida es uno mismo, sus intereses y deseos, y lo que aparenta ante los demás. Pero todo esto ¿nos hace mejores? ¿más felices? ¿más auténticos? ¿más libres? ¿más solidarios? ¿hace un mundo mejor?
El Evangelio de hoy dice: sois sal y luz. No dice: tenéis que aparentar serlo. No es necesaria una buena puesta en escena o presentar un cristianismo edulcorado adaptado a las modas del momento para que pueda acogerse sin conflictos. No se pueden aceptar las mentiras que muchas veces se presentan como lo normal: el consumismo –que aparentemente nos va a hacer felices- pero que lleva a una fe interesada y a una vida egoísta. O la búsqueda del placer a toda costa que nos lleva a relativizar el bien y la verdad en función de mis propios intereses.
Sois la sal y sois la luz. La sal está. No se ve, pero se nota. La luz tampoco se puede ver en sí misma, pero sin ella… El Evangelio nos dice que no perdamos nuestra identidad, porque si no ¿para qué serviremos?
Ser sal y ser luz para que el mundo crea. Dicho de otro modo: vivir como discípulos de Jesús, con fidelidad, con autenticidad. Sin mediocridad ni haciendo equilibrios para acomodarse a los criterios que no se pueden asumir desde la fe cristiana. Vivir como discípulos, no dando lecciones como si fuéramos perfectos y los demás malvados y pecadores –porque tú y yo también lo somos- sino viviendo la libertad de ser hijos de Dios, salvados del pecado, amados por Dios e invitados a una vida nueva.
Y entonces, cuando seamos sal y luz, cuando seamos discípulos, cuando descubramos la gratuidad y el compromiso de la fe en Jesús, cuando como leíamos ayer nazcamos de nuevo viviendo nuestro bautismo y llenos del Espíritu Santo, se verán nuestras buenas obras y otros creerán.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 25 de abril

Martes 25 de abril
II semana de Pascua
San Marcos, evangelista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Pistas: Hoy en la fiesta de San Marcos leemos la conclusión de su Evangelio. Jesús envía a sus Apóstoles. Les manda ir, salir y proclamar a todos el Evangelio. Les dice que les acompañarán signos. Y la misión es que los que escuchen se bauticen y crean.
Marcos deja claro que a partir de ahora el modo de presencia de Jesús va a ser diferente. Eso significa la ascensión de Jesús al cielo. Sentado a la derecha del Padre, lleno de poder, cumplirá la promesa de enviar el Espíritu Santo. Y pronto los discípulos reciben la fuerza para cumplir el mandato del Señor. No deja sola a la Iglesia, que ya ha aprendido que Jesús se hace presente en la Eucaristía y en la comunidad que se reúne en su Nombre.
Y ¿qué significa todo esto para nosotros? Si eres cristiano tienes que anunciar el Evangelio y además Jesús te garantiza que te acompañarán signos, lucharás contra el mal y vencerás. Este mandato de Jesús no se reserva a los Apóstoles y sus sucesores, los obispos, con sus colaboradores, los sacerdotes. Ni a los consagrados de un modo especial. Al leer el Nuevo Testamento y estudiar los primeros pasos del cristianismo descubrimos que forma parte esencial de la fe en Jesús compartirla y anunciarla a todos. Y que todos los miembros de cada comunidad que nacía tenían esta misión y en ella se implicaban. Es más, al proclamarla se afianza la propia fe y permitimos a Dios que actúe pudiendo ser testigos de su poder y de la verdad de lo que creemos.
Como venimos viendo, el encuentro con Jesús despierta la fe, la presencia del Espíritu Santo da la fuerza y los dones para vivir como discípulo y anunciar el Evangelio. No puedes vivir tu fe de una manera interesada, oculta o acomodada (porque la perderás). No puedes guardártela para ti, tienes que compartirla. Dios se encargará de confirmar tu palabra con signos (como nos dice el Evangelio). Y entonces verás las maravillas de Dios en tu vida y en la de los que te rodean.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.