Archivo de la categoría: Lectio divina

Miércoles 22 de noviembre

Miércoles 22 de noviembre
Santa Cecilia, virgen y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 19, 11-28
En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro: Dijo, pues: Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: Negociad mientras vuelvo. Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras de él una embajada para informar: «No queremos que él sea nuestro rey».
Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y dijo: Señor, tu onza ha producido diez. Él le contestó: Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades. El segundo llegó y dijo: Tu onza, señor, ha producido cinco. A ése le dijo también: Pues toma tú el mando de cinco ciudades.
El otro llegó y dijo: Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras. El le contestó: Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.
Entonces dijo a los presentes: quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez. Le replicaron: Señor, si ya tiene diez onzas. Os digo: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia.
Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Pistas: El domingo leíamos una parábola parecida en el Evangelio de San Mateo. Hoy San Lucas nos pone claramente en la perspectiva del final de los tiempos. El Reino de Dios en plenitud. Como decimos en el credo, cuando venga a juzgar a vivos y muertos. Y aparece dentro de otra que habla sobre lo que les sucederá a los enemigos del Reino.
Mientras llega es el tiempo de negociar. Moverse, hacer que dé fruto. La onza son los dones de que el Señor nos da, los naturales y los sobrenaturales. ¿Qué hacemos con ellos? No se da el caso de que uno de los que negocia pierda, fracase. Porque los dones de Dios van a dar fruto sí o sí: cuando los pones en marcha, cuando colaboras con ellos con todo tu ser.
Pero si lo escondes, te acomodas, te acobardas, te dejas vencer por el pecado, entonces no pones a trabajar los dones que Dios te ha dado para que los uses en esta vida. Dios no pide imposibles. Pon a producir en el banco los tesoros que Dios ha puesto en tu ser. Acude a la Iglesia, en ella podrás –si no te acomodas- aprender el camino para que tu vida dé fruto. Pero, recuerda, nada de esto va a poder darse sin que tú pongas de tu parte. Dios nunca nos obliga a nada: ni a tener fe, ni a amar, ni a ser fieles… Sólo nos invita y nos da la fuerza para hacerlo. Y como actos verdaderamente humanos necesitan que pongas todo tu ser en ello.
Al que tiene se le dará. Como explicábamos el domingo, no es que Dios sea cruel, es que nosotros renunciamos a su gracia y sus dones y preferimos otro camino. Que finalmente es el del pecado.
Jesús vencerá plenamente. Con Él comienza el Reino, que ya está, Jesús ya es Rey. Pero antes tiene que ponerse en camino hacia Jerusalén donde le espera su pasión y muerte. Y nosotros, para alcanzar la plenitud, tenemos que seguir luchando, abriendo el corazón a Dios, acogiendo sus dones y trabajando para que den fruto. Jesús te ha invitado a no acomodarte, a entregarte, a ser fiel, a vivir en el amor, a ponerte en camino como Él… sabiendo que no falla y no te va a abandonar nunca aunque pases por dificultades.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 21 de noviembre

Martes 21 de noviembre
Presentación de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó en seguida, y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Pistas: Zaqueo era jefe de publicanos y rico. Su vida está dominada por: política, poder, influencia, dinero, traición a su pueblo (trabajaba para el Imperio invasor) pero también a sus propios jefes (parece que cobraba algo más en los impuestos que recaudaba y se quedaba con un porcentaje, nada ético). Pero en su vida irrumpe Jesús y todo cambia.
Zaqueo quiere verlo, pero Jesús toma la iniciativa, casi se autoinvita. Y Zaqueo le abre su casa. Cuántas veces buscamos a Jesús, queremos verlo, pero la gente, la situación, nos lo impiden… Pero, no tengas duda, Jesús se hará el encontradizo. Y si le abres tu casa, si le dejas entrar, todo cambiará.
A Zaqueo le señalan. Es un pecador y todo el mundo lo sabe. Critican a Jesús también. Pero Él ha venido a salvar a los pecadores. Ésta es una buena noticia: ¿Eres pecador? ¿te sientes indigno? ¿te has equivocado y te equivocas muchas veces? Jesús quiere entrar en tu casa. Conoces a pecadores, a personas peores que tú: ¿Quién eres para juzgarlas? ¿has pensado en rezar por ellas, en ayudarles a que Jesús pueda entrar en su casa?
La presencia de Jesús en su vida convierte a Zaqueo. Se llena de alegría. Y toma decisiones. Va a devolver más de lo que estaba estipulado por la ley. Porque el que se encuentra con Jesús decide apartarse del pecado e intentar arrancarlo para siempre de su vida. Y no quiere andar con medias tintas. Cuando esto sucede, Jesús salva. Porque eso es lo que Jesús quiere: “Buscar y salvar lo que estaba perdido”. Y eso es lo que tú y yo como Iglesia tenemos también que hacer. Primero encontrarnos con Jesús, y después ayudar al que está perdido a que pueda encontrarse con Él.
¿Y si ha llegado el momento de dar el paso hacia Jesús? Habrá impedimentos, pero cambia la perspectiva y lo verás pasar a tu lado. Él te verá, se alojará en tu casa y habrá alegría y salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 20 de noviembre

Lunes 20 de noviembre
XXXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 18, 35-43
En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: Pasa Jesús Nazareno. Entonces gritó: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? El dijo: Señor, que vea otra vez. Jesús le contestó: Recobra la vista, tu fe te ha curado. Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Pistas: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Éste fue el grito que cambió la vida del ciego del Evangelio. Antes veía, pero ahora está pidiendo al borde del camino, sobreviviendo de la compasión de los demás. En la sociedad judía era juzgado como alguien que por su pecado o el de su familia estaba ciego, como alguien que había merecido ser castigado por Dios. Intentan que se calle, pero Jesús le oye y les manda que se lo acerquen. Y cuando está en presencia de Jesús, todo cambia.
Así funciona el pecado: te hace vivir al borde del camino de la vida y ya no avanzas. Sobrevives con las limosnas, es decir, con las cosas con las que intentas llenar tu vida pero que no te satisfacen. A veces puedes pensar que eres feliz, que ya lo tienes todo o que si tuvieras aquello estarías mejor. Pero en el fondo te sientes perdido, como caminando en tinieblas. Necesitas que alguien te diga: Por ahí anda Jesús. Y dar el paso.
Habrá muchas fuerzas que te dirán: “Eso no es para ti”, “no vas a ser capaz”, “seguro que no puede ser algo tan bueno”… Algunas internas y otras externas. Sin embargo, Jesús te escucha. Ahora falta que te atrevas a llegar hasta Él. Quizás necesites ayuda. Esto es la Iglesia. Que te lleva hasta Jesús. Los sacramentos: la confesión, la eucaristía. La oración, la comunidad.
Y Jesús te pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti? Ya lo sabe, pero quiere que se lo digas. Quiere que elijas seguirle, que elijas ver, que elijas librarte del pecado y acoger su perdón y misericordia.
Al releer el Evangelio puedes pensar en las cegueras de tu vida, en tus pecados. ¿Te has detenido al borde del camino y sobrevives de limosnas? Llama a Jesús: “Ten compasión de mí”. Si necesitas confesarte o que recen por ti, acude a la Iglesia, te llevará a Jesús. Y después, cuando estés ante Él, sólo ten fe. Podrás ver, volverás a ver.
Recobró la vista y lo siguió. Haz como el ciego y no te quedes otra vez al borde del camino. Sigue con Jesús. Camina con Él y alaba a Dios. Porque Él es la luz, en Jesús hay garantía, hay salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

(Hoy, además una canción, si te apetece escucharla https://www.youtube.com/watch?v=ezQZsu5I1JA )

Domingo 19 de noviembre

Domingo 19 de noviembre
XXXIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
—Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
—Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo:
—Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y dijo:
—Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.
Su señor le dijo:
—Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo:
—Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.
El señor le respondió:
—Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: Dios te ha creado por amor. Te ha hecho a su imagen y semejanza y te ha dado dones. Realmente eres libre para elegir el camino que quieres en tu vida. Esconder los dones y dedicarte a tus asuntos, o ponerlos a trabajar y ser valiente. El Evangelio es para los que se atreven a amar, a vivir.
Si te lanzas, darás fruto. Si acoges esos dones y trabajas con ellos, se multiplicarán. Podemos pensar: ¿Y por qué Jesús no pondrá también el ejemplo de alguien que lo intenta y falla? Porque los dones de Dios no fallan, porque su gracia no defrauda. Si los aceptas y colaboras con ellos, verás los frutos, verás cómo tu vida cambia. Es regalo de Dios, pero a la vez tarea tuya.
El que entierra el don pierde hasta lo que cree tener. Si rechazas la gracia de Dios, el pecado te atrapará fácilmente, tu vida será gris y se alejará de una eternidad con Dios. Parece cruel quitarle lo que tiene y echarlo a las tinieblas, como cuenta el Evangelio. Pero en realidad es él quien ha elegido el camino. Ni si quiera ha hecho lo mínimo (ponerlo en el banco). Ha decidido que es difícil, que tiene otras cosas mejores que hacer, que con el conformismo es suficiente.
Al releer el Evangelio piensa en tu propia vida. ¿Eres consciente de todo lo que Dios te regala? ¿aceptas sus dones y trabajas para que den fruto? Los dones de Dios producen fruto, su gracia no falla. Puedes elegir el camino de la fidelidad y el esfuerzo o el de la pereza, la cobardía y el egoísmo.
Puede que tengas miedo, o dudas, pero hay solución a ello: reza, abre tu corazón a Dios, aprende a verte y ver el mundo con su mirada. Confía en su amor. Dios no falla. No te falla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 18 de noviembre

Sábado 18 de noviembre

La Dedicación de las Basílicas de los Santos Pedro y Pablo, apóstoles

(Recuerda: 1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios 4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 18, 18

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».
Y el Señor añadió: Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar.
Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

Pistas: ¿Encontrará esta fe en la tierra? ¿encuentra esa fe en ti y en mí?
La fe es un don y hay que pedirla. ¿Cómo es tu oración? Hay oraciones “egoístas”, las que hablan sólo de mis necesidades. Se parecen a listas de deseos. Hay oraciones impresionantes, muy bien hechas, que quizás esconden orgullo y arrogancia. Hay oraciones que esperan que Dios sea una varita mágica o que esperan conseguir cosas a cambio de nuestros sacrificios, nuestro tiempo, nuestro ser buenos… ¿Cómo es tu oración?
Fíjate en el texto de hoy. El juez tiene que hacer justicia y eso es lo que la viuda le pide. Que haga lo que tiene que hacer. Persevera pidiéndole eso y finalmente el juez actúa como tal. Ahora piensa en Dios. ¡Cómo va a darte Dios largas! Pero a veces parece que es así… Persevera. Dios no falta a su palabra. Él te hará justicia, te salvará, te dará su gracia y su amor. Con el mismo poder de la resurrección de Jesús que transforma todo.
La viuda pide justicia al juez. Entra en la presencia de Dios contemplando quién y cómo es Dios. Fíjate que diferencia hay entre estas dos oraciones: 1) Señor te pido por esto y aquello que necesito o me preocupa (en donde te miras a ti mismo y tus necesidades) y 2) Señor, te alabo porque eres grande y poderoso, porque tu amor es eterno y miras con misericordia a todos, eres el Dios de la historia…. Mírame, Señor, mira esta situación, te presento esto y aquello… En donde me estoy recordando a mí mismo que Dios tiene todo bajo control, que es más grande y poderoso que cualquier situación. La historia, mi vida, todo está en tus manos. Miro a Dios y a mi vida desde Él.
Para rezar no es necesario hacer cosas extraordinarias, pero te propongo unas pautas: Pide el Espíritu Santo, alaba y bendice, ponte en su presencia con humildad. Reconoce quién eres. La verdad de tu vida: un pobre y débil pecador; pero hijo de Dios, salvado y lleno del poder del Espíritu Santo. A continuación, confía en Dios, pídele lo que necesitas, porque la oración transforma las promesas de Dios en obras. Y, por último, ora con peticiones concretas. Porque “la gloria del Padre es que demos mucho fruto” Jn 15. Cuanto más oremos por algo, más clara es nuestra oración. Dios quiere que aclaremos nuestras necesidades y nuestros deseos.
Por tanto, persevera en la oración. Y, no dudes, tu vida cambiará, todo cambiará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 17 de noviembre

Viernes 17 de noviembre
Santa Isabel de Hungría, religiosa
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 17, 26-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Lo mismo sucedió en tiempos de -Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Ellos le preguntaron: ¿Dónde, Señor? Él contestó: Donde está el cadáver se reunirán los buitres.

Pistas: Jesús –el Hijo del Hombre- es el futuro. Él es el Reino que viene.
Dios comenzará a reinar. Esto es seguro. Da igual que no lo parezca. Tampoco parecía que nada iba a suceder en tiempos de Noé o de Lot. Pero el Reinado de Dios está llegando: es Jesús. Y con su muerte y resurrección inaugura un tiempo nuevo que culminará al final de la historia.
El Evangelio te dice que no mires atrás, que no pierdas tiempo. No te importe perder la vida siguiendo a Jesús, porque en Él encontrarás la vida, entrarás en el Reino de Dios. Se trata de una relación, de fidelidad a Él, y de amor.
Así que pregúntate: ¿Dónde quieres ir tú? ¿con Jesús, a su Reino, o lejos de Él, donde se pierde la vida? ¿dónde está tu corazón ahora? ¿caminas cerca de Jesús? ¿dónde te encontrará Jesús? ¿quizás comiendo carroña (egoísmos, mentiras, ídolos, pecado) o caminando con Él y viviendo en su amor?
Acércate a Jesús. Ahí tendrás vida. No hay temor cerca de Él. “Pierde” tu vida por Él, con Él, en Él y la ganarás en su amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 16 de noviembre

Jueves 16 de noviembre
Santa Margarita de Escocia. Santa Gertrudis, virgen

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios 4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 17, 20-25
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

Pistas: El Reino de Dios es Jesús.
Cuántas veces buscamos salvación, felicidad, plenitud, verdad… donde no vamos a encontrarlas. Buscamos en ídolos como el dinero, el placer, el poder, la fama… Pero ahí no está la plenitud. Otras veces queremos cosas espectaculares que nos hagan felices por arte de magia, sin esfuerzo, sin tener que cambiar nada, espiritualidades que nos den paz pero no nos comprometan. Hoy tenemos muchas ofertas que nos dicen: aquí está la verdad, te ayudaremos en tu futuro, tenemos lo que buscas…
Jesús da un mensaje distinto. No te vende nada, sólo te ama y da su vida por ti. Y si quieres encontrarte con Él tienes que hacerlo mirando en tu interior, dejando que tu corazón le encuentre. Y eso exigirá de ti que cambies, pero no por egoísmo, sino por amor.
Jesús padeció mucho. Fue rechazado, pero venció. Y fue constituido Señor y Salvador por su resurrección. Y si crees en Él, el mismo poder que le resucitó de entre los muertos te va a llenar a ti. Por el bautismo la imagen de Cristo moldea tu alma para que seas hijo de Dios y el Espíritu Santo el que te hace hijo de Dios y te configura con Cristo. El Reino de Dios es Jesús en ti, es la presencia del Espíritu Santo en ti, que te transforma porque eso hace el amor. Si comienzas esta búsqueda lo encontrarás. En el día a día, orando como estás haciendo ahora, dejando que la luz del Espíritu ilumine toda tu vida, tus ideas, tus alegrías y tristezas, todo lo que eres. Porque en ti está el Reino.
Contaba una vez un amigo su experiencia en una oración y decía: “Es como si tuviera el cielo dentro”, señalando a su pecho. “Un amor tan grande que pensé que si duraba más rato no lo iba a soportar. Y ya no creía porque me lo contaron, sino porque lo experimenté”.
El Reino de Dios está en ti, tal vez no lo sientas como lo percibió mi amigo, pero si lo buscas lo encontrarás. Porque Jesús siempre cumple sus promesas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 15 de noviembre

Miércoles 15 de noviembre
San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda: 1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios 4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 17, 11-19

En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes. Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

Pistas: Imagínate la escena. Jesús está caminando por un territorio fronterizo. Desde lejos un grupo de leprosos le pide ayuda (no les estaba permitido acercarse a la gente). Eran expulsados de los pueblos por miedo al contagio y vivían al margen de la sociedad. Pero Jesús les presta atención. En otras ocasiones se había acercado, les había tocado y curado. Pero hoy les manda ir a presentarse al sacerdote. Era necesario que cuando un leproso se curaba fuera a presentarse al sacerdote para que confirmase que estaba sano, tenía que llevar una ofrenda y realizar un rito de purificación. Y los diez quedaron sanados cuando iban de camino.
Sólo un extranjero volvió alabando a Dios y dándole las gracias a Jesús. Era un samaritano y, como ya sabes, no se llevan bien con los judíos. Y es aquí, a los pies de Jesús, donde queda salvado plenamente.
Tal vez este Evangelio te invite a reconocer lo que Dios hace en tu vida y a ser agradecido. A pedir y confiar. A aceptar los dones que Dios te da y acudir a Jesús reconociendo quién es. Da igual que te sientas un samaritano, un extranjero, alguien que no merece que le presten atención. Puede que pienses que con las lepras que hay en tu vida (tus pecados y debilidades) no eres de los de Jesús. Puede que te sientas lejos del pueblo (de la Iglesia) como aquellos leprosos. Da igual cómo estés. Llama a Jesús y pide su compasión, escucha su Palabra, obedécele, fíate de Él. Aunque te parezca que Jesús está lejos, Él te mirará a ti también. Te curará de tu lepra. Si dejas a Jesús entrar en tu vida encontrarás su salvación.
Déjate mirar por Él, porque su mirada es de amor y salvación. Cuéntale tu vida, tus cosas, tus problemas, tus miedos y así verá tu vida y tú la verás a su luz. Y, no olvides, da gracias, alaba a Dios, vuelve a Jesús cada día. “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 13 de noviembre

Lunes 13 de noviembre
San Leandro, obispo

(Recuerda: 1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios 4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 17, 1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar.
Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «lo siento», lo perdonarás.
Los apóstoles le pidieron al Señor: Auméntanos la fe.
El Señor contestó: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.

Pistas: Vivir como Jesús enseña es imposible sin fe. Pero la fe, sin vivir como discípulos suyos, tampoco es fe.
Las palabras de Jesús son exigentes. Cuando habla sobre los escándalos se refiere al testimonio, a la coherencia, a la verdad y al amor. Sobre todo a nuestra actitud con sus predilectos: los pequeños, los pobres, los sencillos. Critica constantemente a los fariseos y a las autoridades religiosas de su tiempo su falsedad y su mediocridad, que impide a otros entrar a la fe y desde fuera hacen pensar que todo es mentira. Escandalizar a un pequeño, a uno más débil en la fe o en lo humano, no es sólo pecar: es pecar conscientemente. Corromperse. Y esto es lo que realmente escandaliza, que alguien que tiene que vivir en el amor, que tiene que ser discípulo de Jesús, haga todo lo contrario. Pensemos en los actuales escándalos de la Iglesia: cuánto daño hacen y cómo tergiversan el mensaje de Jesús. Y lleva esta pregunta a tu propia vida: ¿en alguna ocasión tú eres motivo de escándalo para otros? Si es así, acude a la misericordia de Dios y no te acomodes. El pecado se perdona, pero la corrupción es la justificación del pecado, y eso es lo que escandaliza.
Jesús enseña que el camino es perdonar. El amor y la misericordia son lo único que puede cambiar realmente nuestro mundo. Y el perdón forma parte de esto. Me contó una vez un misionero que estuvo en un región de África donde hubo un limpieza étnica que su trabajo más bonito (y más duro) fue lograr, con luz del Evangelio, que aquellas personas fueran reconciliándose. Eran cristianos que habían matado cristianos. Pero el perdón trajo paz, prosperidad y alegría donde antes sólo había odio y sufrimiento. El perdón construye.
Todo esto es imposible sin la gracia de Dios, sin la fe, sin que Dios sostenga y nosotros colaboremos. En la última parte del Evangelio queda clara la doble dimensión, inseparable, de la fe: don -danos fe, Señor-, y tarea -“si tuvierais fe…”- . Es regalo y es esfuerzo, es trabajo, es poner los medios…. Si tienes fe verás cosas increíbles, sorprendentes y maravillosas. En tu propia vida y en el mundo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 12 de noviembre

Domingo 12 de noviembre
XXXII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda: 1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios 4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.» Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos.» Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco.»
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Y las necias se durmieron sin estar preparadas. Les pudo la pereza. Hicieron las cosas de cualquier modo. Se olvidaron del aceite y no les importó. Prefirieron dejarse vencer por el sueño que tener encendida la luz de sus lámparas.
Dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium que una de las tentaciones del evangelizador es la acedia (pereza, flojedad) paralizante. Y esto nos vale para la vivencia de fe de todos los cristianos. La mayor amenaza, dice el Papa, «es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad». Se desarrolla la psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como «el más preciado de los elixires del demonio».
Pero esto se puede vencer. ¿Cómo? Teniendo preparado el aceite para la lámpara. Ese aceite es la oración y los sacramentos, que mantienen viva la llama del Espíritu Santo. Es una vida como discípulo de Jesús que nos hace estar lejos de la oscuridad del pecado. Y si ésta nos empieza a vencer, nos anima a convertirnos de nuevo a Jesús. Esto se logra con la alegría de seguirle, descubriendo que nuestra vida puede ser plena en su amor.
Ten el aceite listo y la lámpara a punto. Porque Jesús viene a tu vida y podrás entrar con Él en su Reino eterno.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.