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Domingo 3 de diciembre

Este domingo comienza el tiempo de Adviento y vamos a aprovechar esta ocasión para acercarnos a las primeras lecturas de la misa. Al Antiguo Testamento. Las lecturas del tiempo de Adviento tienen una peculiaridad, son elegidas en muchas ocasiones, de tal modo que el Evangelio muestra el cumplimiento de lo anunciado por la primera lectura. Jesús viene, cumple y lleva a plenitud las promesas de Dios.

Domingo 03 de diciembre
I domingo de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 63, 16b-17; 64, 1. 3b-8.
Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es «nuestro redentor».
Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!
Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él.
Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos.
Estabas airado y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas y seremos salvos.
Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.
No te excedas en la ira, Señor, no recuerdes siempre nuestra culpa: mira que somos tu pueblo.

Pistas: Esta lectura es una oración. Primero recuerda cómo es Dios: “Eres nuestro padre”, “nuestro redentor”, “el alfarero”. Es el Dios que ama a su pueblo. Pueblo que ha pecado y se ha apartado de Él. Que padece sus propias equivocaciones. Y que a pesar de haber experimentado su amor, han visto su salvación, pero no han sido fieles. Como tú y yo. ¿Cuántas veces fracasamos y nos apartamos de sus caminos? ¿Cuántas veces nuestra justicia es como un paño manchado? ¿Cuántas veces sientes que tu vida se marchita o que tus culpas, tus errores, tus pecados… te arrastran como el viento?
Se dan cuenta de que todo esto es por no invocar Su Nombre ni aferrarse a Él. Y por eso su oración es: “Somos tu pueblo”, "obra de tus manos", "somos arcilla y tú el alfarero", "aparta nuestras culpas", "sálvanos".
“Ojalá rasgases el cielo y bajases”. Esto ¡ya ha sucedido! En Jesús. En el Espíritu Santo que habita en nosotros. Todo lo que el profeta Isaías dice de Dios se ve más claramente a través de Jesús y Él lleva estas palabras a otro nivel. Realmente se ha rasgado el cielo, Jesús ha llegado para hacer nuevas las cosas, ya no está oculto el rostro de Dios, porque Jesús lo revela plenamente. El poder de nuestras culpas ha sido vencido, con la muerte y resurrección de Jesús, con el poder y presencia del Espíritu Santo.
Por otra parte, el Evangelio de hoy nos invita a velar, a estar vigilantes y despiertos. Si necesitas a Dios, si tu Iglesia necesita a Dios, no esperes ¡Despierta! Invoca su nombre, ora, en Él hay salvación. Espera y confía en Dios, haz tuyas las palabras del profeta y ora con ellas. Aférrate a Dios, invócalo y verás las cosas cambiar.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 2 de diciembre

Sábado 2 de diciembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

Pistas: La mente se embota cuando no somos capaces de discernir entre el bien y el mal, entre lo conveniente y lo que nos hace daño, y nos convierte en un tipo de personas que no queremos ser. Y esto no sucede de la noche a la mañana. Por eso, hay que estar despiertos para verlo venir.
Piensa en los momentos en los que te has acabado dejando llevar y tu actitud desembocó en el pecado o en el mal, haciéndote sufrir, convirtiéndote en alguien malo o mediocre. Siempre han empezado poco a poco. Con pequeñas concesiones que no parecían malas. Digamos que se deja de buscar lo mejor para conformarse con lo que no es malo… Y poco a poco, sin que se enciendan luces rojas, comienza a embotarse la mente. Comienzas a perder tu identidad de discípulo de Jesús, a vivir como los que no tienen fe. A poner excusas para tu pecado y mediocridad. Es como andar en tinieblas, no distingues lo bueno de lo malo, no sabes qué dirección tomar.
Jesús avisa hoy a sus discípulos: estad despiertos, pedid fuerzas para escapar del mal, del pecado, y poder estar en pie.
¡Qué imagen tan bonita! Poder estar en pie ante Jesús, dejando que te mire con amor, sin que tú sientas vergüenza. Cuando uno se ha equivocado no quiere alzar la mirada, no se siente digno. Pero si eres discípulo de Jesús tienes que estar en pie, vigilante, dispuesto, fiel. Y el camino es el de siempre: pasar tiempo con Jesús, rezar, convertirse día a día viviendo en la verdad.
Entonces ¿qué eliges? ¿estar embotado o despierto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 1 de diciembre

Viernes 1 de diciembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 29-33
En aquel tiempo, puso Jesús una comparación a sus discípulos: Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que la primavera está cerca. Pues cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación, todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

Pistas: La presencia del Reino de Dios es tan evidente como las realidades que podemos ver y tocar. Sólo hay que aprender a mirar con los ojos de la fe. Porque el Reino de Dios es Jesús y su salvación que continúa actuando en el mundo por el Espíritu Santo.
El reinado de Dios ya está sucediendo. La muerte y resurrección de Cristo lo cambió todo. De tal modo que, en medio de las calamidades, de las cruces, de los sufrimientos, suceda lo que suceda en el mundo y en tu vida, Dios está reinando. Jesús ha hecho nuevas las cosas, el Espíritu Santo lo hace todo nuevo. Y tú estás invitado a aprender a mirar de un modo distinto para entrar en el Reino.
Si estás cerca de Jesús podrás reconocer los brotes del Reino en tu vida y en el mundo. Son una señal para ti, que sabes mirar, porque las cosas del mundo cambian -no son firmes ni seguras-, pero la Palabra no pasa y no falla. El mundo pasará, pero no lo que Jesús ha hecho ni la salvación que nos llega a través de Él.
El Reino es siempre actual. Ésta es la generación del Reino, es para nuestra generación, la nueva Jerusalén, la que Cristo ha ganado con su victoria. No sólo para los que vieron caer a Jerusalén. En esta generación hay gente que está viendo cómo Dios construye su Reino en medio de los avatares, sufrimientos, calamidades, pecados… En el fondo se trata de aprender a mirar desde la fe, la esperanza y el amor cómo Dios forma su Reino en mi corazón, en la Iglesia y en el mundo.
¿Cómo? Reza, pide a Dios que puedas ver su acción en ti y en lo que te rodea, da gracias, porque este Reino se hace presente en ti estando cerca de Jesús y con la fuerza del Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 30 de noviembre

Jueves 30 de noviembre
San Andrés, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 4, 18-22

En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Pistas: Jesús llama para que estén con Él: “Venid y seguidme”. Si estás dedicando tu tiempo a leer estas pistas y rezar con el Evangelio es porque, de algún modo, tú también has escuchado esta llamada: "Ven y sígueme". No basta sólo con saber cosas de Jesús –por eso, para ser cristiano, no es suficiente con conocer el Evangelio o saber mucha teología-, es necesario estar con Jesús. Conocerle y entrar en relación con Él.
Para poder seguirle hay que dejar algunas cosas. A veces en la vida de fe nos estancamos porque nos empeñamos en seguir cargando con “las redes” o con “la barca”. Pero si te fijas en el Evangelio: “Inmediatamente” dejaron lo que estaban haciendo y le siguieron. Y así fueron libres para seguirle. Piensa si en tu vida hay "redes" que tienes que dejar atrás para poder avanzar con Jesús.
Y Jesús también te enseñará una vocación, un camino para servirle. A estos les promete que serán "pescadores de hombres". Si escuchas en tu corazón, si lees los signos que Dios va poniendo en tu vida, descubrirás también lo que te pide a ti. Como los discípulos del Evangelio, necesitarás estar con Él, aprender, amarle, confiar en Él, creer, ver cosas extraordinarias… Y después trabajar con Él en aquello que te pida.
Pero, nada de esto será posible si no escuchas y obedeces la voz de Jesús que te dice: “Ven y sígueme”. Y ¿qué hay que hacer para seguir a Jesús? Rezar, dejarse amar por Él y aprender a ser y vivir como discípulo suyo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 29 de noviembre

Miércoles 29 de noviembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21, 12-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Pistas: Seguir a Jesús es exigente. Requiere compromiso y un estilo de vida determinado. Las visiones edulcoradas del cristianismo son, en el mejor de los casos, un sucedáneo que no satisface ni conduce a encontrar lo que Jesús promete. Por eso Jesús habla claramente de lo que implica ser discípulos suyos. Generalmente, las cosas que merecen la pena en la vida exigen esfuerzo y sacrificio. Y en la fe también.
No engaña a nadie. Anuncia persecuciones, odios y hasta que habrá quienes perderán la vida por su causa. En nuestros días ser cristianos sigue implicando, para muchos, entregar la vida. Su testimonio es una llamada de atención a todos los que creemos en Jesús. Pero yo, que lo tengo relativamente fácil, ¿cómo vivo mi fe? ¿qué testimonio y qué compromiso tengo con mi fe? Los cristianos que entregan su vida nos interpelan para que vivamos más auténticamente. Para que demos testimonio. Para que perseveremos en nuestra entrega, en nuestra lucha por ser fieles.
La promesa de Jesús es la salvación. Él mismo ha pasado por la cruz, por la muerte, por la traición… Pero venció. Y su victoria nos enseña que al final, por mucha injusticia y mal que haya, el poder de Dios vencerá.
Mira a tu propia vida, tus luchas, las dificultades que tienes… Hoy el Evangelio te recuerda que Dios no falla.

(En esta página https://www.puertasabiertas.org/ puedes leer sobre la situación de los cristianos perseguidos en el mundo)

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 27 de noviembre

Lunes 27 de noviembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 1-4

En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el cepillo del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

Pistas: Este Evangelio pone a examen nuestra autenticidad en la vivencia del Evangelio. ¿Hasta dónde llega tu compromiso con Jesús? ¿Eres discípulo de Jesús con todo tu ser y con todo lo que tienes? ¿O te limitas a darle lo que te sobra?
El Evangelio de ayer nos recordaba que amar a Dios, creer en Él, implica amarle en los hermanos. Y el amor auténtico no da de lo que sobra, se entrega en plenitud. Da sin esperar nada a cambio.
La fe auténtica no puede comprometer sólo el tiempo que tienes libre, porque si no, es otra cosa, quizás un hobby o pasatiempo. No sólo los curas y las monjas, o la gente más “de Iglesia”, están obligados a dejarse la piel por ser fieles a Jesús, viviendo la fe, preocupándose y trabajando por los demás. Todos estamos llamados a, como la viuda del Evangelio, entregar todo, poner toda nuestra vida, lo que somos y tenemos. Cada uno en el camino que Dios nos ha puesto. Pero ser discípulo de Jesús tiene que implicar la vida entera. Si sólo das las sobras ¿qué amor, qué fe tienes? Si sólo acudes a la Iglesia cuando necesitas algo ¿qué fe tienes?
Somos ricos. Ricos en lo material, ricos en los dones que Dios nos ha dado, ricos en tantas cosas… Todo eso es para Dios. Pero, también somos pobres en muchas cosas, como la viuda del Evangelio, y eso también es para el Señor. Nuevamente el Evangelio te invita a elegir: aparentar, cumplir, dar de lo que te sobra o entregar la vida, amar y vivir de verdad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 26 de noviembre

Domingo, 26 de noviembre
Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre y todos los ángeles con él se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.
El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:
—Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.
Entonces los justos le contestarán:
—Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?
Y el rey les dirá:
—Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Y entonces dirá a los de su izquierda:
—Apartaos de mí, malditos; id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces también éstos contestarán:
—Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te asistimos?
Y él replicará:
—Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.
Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna.

Pistas: Según Jesús la pregunta que nos hará para alcanzar la eternidad será: ¿has amado? ¿has vivido en el amor? ¿cómo has tratado a tu hermano? ¿cómo me has tratado a Mí en tu hermano? Si perdemos esto de vista, todo será una gran mentira. Podremos creer que somos buenos, que cumplimos… pero no servirá de nada porque estaremos lejos de Dios, nuestra fe se enfriará y se convertirá en ritos, costumbres y formas vacíos.
La salvación pasa por Jesús. Si le amo, si le acojo y creo en Él. Ésta es su manera de ser el Rey del universo: amando y estando en el corazón de los humildes. Dice Jesús: “Cada vez que lo hiciste con uno de éstos, los humildes…”. Cuando se acerca su muerte, en uno de los momentos más intensos y significativos, Jesús reúne a sus amigos para celebrar la cena de Pascua e instituye la Eucaristía. Cuando toma el pan y el vino muestra el valor de lo que va a suceder: para la salvación de todos los hombres, para vencer al pecado, al mal y a la muerte. Por un camino asombroso, nuevo, diferente, que constituye su enseñanza principal, y es que Dios es amor y salvación. Y, por otra parte, lavando los pies a sus discípulos, para que no se les olvide nunca que el amor, el servicio, la entrega al otro, es parte esencial de su vida.
Podemos leer este Evangelio desde dos perspectivas. Primero, en tu propia vida. Sólo viviendo en el amor se puede comprender en plenitud el alcance de lo que nos ha regalado Jesús. Si amas, tienes a Dios en tu corazón; si no amas, necesitas rezar más, examinar tus prioridades, confesarte, ver la verdad de tu vida. Si amas, le dices que sí a Dios y tu vida se abre a la eternidad con Él. De lo contrario, te encierras en ti mismo, vas dejando que el pecado domine tu vida, el egoísmo, el placer, el tener, el poder… irán seduciéndote poco a poco.
Otra perspectiva con la que podemos leer el Evangelio es en clave eclesial. Tu comunidad, tu parroquia, tu grupo de oración… ¿Cómo está viviendo lo que nos dice hoy Jesús? ¿tuvo hambre, sed, fue forastero, estuvo desnudo, enfermo, en la cárcel… y andábamos pendientes de otras cosas? Dios te ama, derrama su amor en tu corazón y te invita a construir tu vida y la Iglesia sobre ese amor. Y esto desembocará en la frustración eterna, si lo rechazas. O en la vida eterna, si aceptas este camino.

(El Papa Francisco estableció hace unos días la I Jornada mundial de los pobres. En las siguientes direcciones web puedes encontrar más información sobre la situación en España y en el mundo: www.caritas.es www.manosunidas.org o el informe de la ONU sobre el desarrollo sostenible www.unstats.org/sdgs/files/report/2017/TheSustainableDevelopmentGcalsReport2017_Spanish.pdf
Podrás comprobar cuánto queda por hacer. Pueden parecer objetivos que se escapan de nuestro alcance, pero es un camino que pasa por cada uno de nosotros, y sólo si acogemos lo que nos propone el Evangelio las cosas podrán ir cambiando)

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 25 de noviembre

Sábado 25 de noviembre
Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 20, 27-40
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les contestó: En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos.
Intervinieron unos letrados: Bien dicho, Maestro. Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Pistas: Es Dios de vivos. Si miras en lo profundo de tu corazón ¿qué encuentras? Inconformismo, ganas de más, insatisfacción. Quieres más felicidad, más sentido a tu vida. Aunque estés bien, siempre falta algo. Y si te quedas parado y te conformas, poco a poco la tristeza va apareciendo en tu vida. Buscamos más, queremos más… Y queremos vivir para siempre. Casi no entendemos que se pueda dejar de existir.
Pero, por otra parte, no somos capaces de imaginar cómo será la vida eterna, qué habrá después. Jesús nos da pistas sobre el cómo y el qué. Él irá delante, resucitaremos como Él, estaremos por la eternidad junto a Dios, seremos los mismos pero no lo mismo, no existiremos del mismo modo. Será un lugar de comunión con Dios y entre nosotros, la creación entera será librada del mal, del sufrimiento, del pecado. Nos garantiza que va a prepararnos sitio y estaremos con Él. Y no son palabras, sino que su muerte y resurrección son el acontecimiento que cambia todo y hace nuevas las cosas.
Celebremos que nuestra fe tiene sentido, porque Dios es Dios de vivos. Dios es vida en todo el alcance de esa Palabra. La vida que da el Espíritu Santo, la vida que encuentras en Jesús que es el camino a Dios, la vida libre de la esclavitud del pecado, la vida llena de amor, bienaventurada en cualquier situación, vida que vence a la cruz y desemboca en la eternidad. ¿Quieres vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.bee

Viernes 24 de noviembre

Viernes 24 de noviembre
Santos Andrés Dung-Lac, presbítero y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 19, 45-48
En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: Escrito está: «Mi casa es casa de oración»; pero vosotros la habéis convertido en una «cueva de bandidos». Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

Pistas: El templo es el lugar de la presencia de Dios. El enfrentamiento de Jesús con las autoridades religiosas y con muchas prácticas religiosas de su tiempo va en aumento. San Lucas sitúa cerca del desenlace de la vida de Jesús este acontecimiento que iba directamente contra los negocios e intereses de muchos de sus enemigos. La autoridad de Jesús parece grande, porque aunque quieren acabar con Él todavía no se atreven, ni encuentran el modo de hacerlo, porque el pueblo está pendiente de su enseñanza. Aunque esto no va a durar porque en pocos días gritarán: ¡¡Crucifícalo!!
Piensa en el templo como Iglesia. No el edificio físico, sino la Iglesia comunidad, la Iglesia Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo. Piensa en la Iglesia que estás construyendo tú. En tu responsabilidad. De poco sirve que señales las de otros. Mira la tuya. ¿Serías de los que Jesús echa del templo? ¿o estás construyendo y transmitiendo una Iglesia viva, en la que las personas puedan encontrarse con Dios y con su amor, en un lugar de oración? Precisamente la Iglesia es encuentro, experiencia, diálogo con Dios y una experiencia personal y comunitaria. Porque la fe no se puede vivir en soledad. La fe crece y se afianza en la oración personal y con los hermanos en la comunidad.
El templo es también tu corazón, tu vida. Y puedes hacerte la misma pregunta: ¿Es casa de oración o la tengo llena de ruidos, de intereses, de ladrones que me roban la felicidad? Como venimos aprendiendo en el mensaje de Jesús, el Reino empieza dentro de ti, ése es el lugar en que Dios quiere habitar. Y en lo pequeño, en tu propia vida, en lo cotidiano, es donde empieza todo. Déjale sacar lo que estorba, lo que no tiene que estar ahí. Y así tu corazón será un lugar de encuentro con Dios en el que puedas experimentar su gran amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 23 de noviembre

Jueves 23 de noviembre
San Clemente I, papa y mártir. San Columbano, abad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 19, 41-44
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida.

Pistas: Los Evangelios nos cuentan dos ocasiones en las que Jesús llora: cuando muere su amigo Lázaro y al ver la ciudad a la que ama y comprender lo que le va a suceder. Jesús no llora por Él mismo, que va hacia su pasión. No llora porque lo rechacen ni por lo que se le viene encima. Llora de pena, de tristeza, porque no tiene remedio. Llora porque es la ciudad que ama, la gente que ama. Pero no quieren conocer el camino hacia la paz. No quieren escucharle, ni acogerle. No les importa ni quién es Jesús, ni la verdad que predica, ni la salvación que trae. Y Jesús predice lo que va a suceder.
Y lo que ocurrirá no es un castigo. Sin embargo, refleja una realidad: el hombre cerrado en sus solas fuerzas camina hacia la destrucción. Rechazar consciente y libremente a Jesús es rechazar todo lo que merece la pena en la vida y encerrarse en un camino que lleva a la destrucción. Unos años después de la muerte y resurrección de Jesús, el templo será destruido por los romanos (70 d. C.) y Jerusalén en el 135. Fuera de Dios, en el rechazo a Jesús y en la confianza en la autosuficiencia ¿qué puede haber?
Y ¿tú? ¿lloras por el pueblo que amas? ¿lloras por esta sociedad que está lejos de Dios? ¿te duele, te importa que tantos se queden sin conocer a Jesús? ¿amas? ¿o simplemente juzgas y te crees mejor que los demás?
Este Evangelio nos invita a comprender que el único camino para la salvación es Jesús. Puedes elegir recorrerlo o no. Y con esa misma libertad también sabes que Él no te va a obligar a nada que tú no quieras hacer, creer y practicar. Sólo te invita a vivir en el amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.