Archivo de la categoría: Lectio divina

Viernes 5 de abril

Viernes, 5 de abril
San Vicente Ferrer, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30
En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas.
Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
—«¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene.» Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
—«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado.»
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Pistas: En los capítulos del 1 al 12 de San Juan hay dos hechos que van a la par: por un lado, Jesús va revelando quién es y llevando a cabo su misión. Por otro, los judíos van rechazándole hasta que es condenado a muerte. El de Juan es el Evangelio escrito más tardíamente, cuando el cristianismo ya se había separado completamente del judaísmo. En los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) vemos que cada vez se va poniendo más tensa la relación de Jesús con las autoridades judías. En Juan la oposición judía contra Jesús es mucho más sistemática y abrumadora. Ya desde el principio hay una especie de control oficial sobre la actividad de Jesús. Hay una clara persecución contra Él: lo buscan para matarlo, intentan apedrearlo, Jesús tiene que huir, esconderse… Como en el de hoy, no puede andar abiertamente.
Este Evangelio nos deja claro que la hora de Jesús se acerca. En Juan el tema de la “hora” es muy importante. Se puede incluso utilizar como criterio para estructurar el Evangelio y hablar de expectación de la hora (cc. 1-12) y llegada de la hora (cc. 13-20). La hora es el momento en que todo es consumado: la muerte y glorificación de Jesús. Jesús mismo entregará su vida. Él lo elige libremente. Por eso no pueden echarle mano. Porque “no había llegado su hora”.
Jesús afirma que procede del Padre y que no actúa por su cuenta, sino enviado por «el que es veraz». Rompe esquemas. Y al intentar que puedan descubrir quién es se encuentra con la cerrazón de muchos. Ayer leíamos todo lo que daba testimonio de Él, pero no son capaces de superar sus ideas preconcebidas sobre cómo debe ser el Mesías. No lo ven y lo tienen delante.
También a ti quiere revelarse Jesús y mostrarte quién es cada día de un modo más pleno. ¿Cuál es tu actitud? Aprovecha estos días para seguir asomándote al misterio de Jesús, superando las dificultades de las que nos habla el Evangelio. Jesús hará que sus discípulos puedan creer, le verán morir y le encontrarán resucitado, recibirán el Espíritu Santo. Tú, no te desanimes y sigue caminando con Él para poder descubrirle como el Hijo de Dios, como el que viene a salvar.
No ha llegado su hora aún, pero el final se acerca. La popularidad de Jesús crece y ciertos sectores creen que esto pone en riesgo su modo de vivir, su estatus. No ven quién es Jesús. Sólo están preocupados por ellos mismos. A veces nosotros no vemos más allá tampoco y sólo estamos preocupados por nosotros mismos. Pero Jesús sigue ahí, esperando, a que mires más allá, a que salgas de la rutina, a que le mires.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 4 de abril

Jueves 4 de abril
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Juan 5, 31-47
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
—«Si yo doy testimonio de mi mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mi.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?»

Pistas: ¿Quién es Jesús? Las obras que hace dan testimonio de Él. Juan el Bautista dio testimonio de Él. Las Escrituras dan testimonio de Él. Pero Jesús dice que todo esto da igual si “no queréis venir a mí para tener vida”.
Si prefieres tu propia gloria, o dar gloria a otros según tus intereses y egoísmos. Si prefieres tu luz y tu verdad, a la luz y verdad de Jesús. Si te apartas del amor para vivir en la búsqueda de placeres o en una religiosidad como la de los judíos a los que Jesús habla hoy. Si alguna de estas cosas sucede en tu vida, puede que tengas a Jesús, la luz, la vida, la salvación, la verdad, el camino hacia Dios, a tu lado y no te des cuenta. Puede que tengas delante la respuesta a lo que necesitas y buscas, y no la encuentres. Puede que estés dejando pasar una oportunidad de conocer a quien realmente es capaz de cambiar vidas.
El Evangelio de hoy es una invitación al encuentro con Jesús. ¿Cuántas cosas en tu vida te hablan de Jesús y dan testimonio de Él? ¿cuántas veces buscas en otros sitios lo que sólo Jesús puede darte? Abre el corazón, pide fe y le encontrarás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 3 de abril

Miércoles 3 de abril
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Juan 5, 17-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
—«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo:
—«Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió.
Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.
Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Pistas: Comenzamos en esta cuaresma a leer a San Juan, cuyo estilo es muy diferente al de los otros Evangelios. Tenemos que leerlo despacio e ir entresacando las ideas que va desarrollando. Su manera de avanzar es haciendo como una espiral… Se trata de asomarnos al misterio de ¿quién es Jesús?
-Jesús llama a Dios: “mi Padre”. Se hace igual a Él. En el lenguaje y actitud de Jesús hay un salto en el que se deduce que es Hijo de Dios en un sentido diferente al resto. -El Padre actúa con Él. Jesús no hace nada por su cuenta.
-El Padre le da poder para resucitar, para dar vida.
-Hay que honrar al Hijo, como se honra al Padre, porque Jesús es el Hijo de Dios. -La Palabra de Jesús da vida. Creer en ella da vida eterna.
-Jesús juzgará a los que resuciten.
Llegamos aquí a la resurrección de los muertos. A una resurrección de vida o una de juicio. Esto sólo se puede entender desde la resurrección del propio Jesús. No sólo el alma perdurará inmortal, sino que de algún modo (no debemos imaginarnos un cadáver revivido) todo lo que somos alcanzará su plenitud en Dios. También el cuerpo, la materia y la creación entera. Por eso el sepulcro vacío de Jesús ¿Qué sucedió allí? No lo sabemos, pero sí que aquel que estaba muerto se apareció vivo a sus discípulos como veremos en la Pascua. Jesús y el Nuevo Testamento enseñan que al final de la historia habrá una resurrección universal y un juicio que le corresponderá al propio Jesús.
Por último, vuelve Jesús hablar de su unión con el Padre y que Él siempre hace la voluntad del Padre.
¿Cuál es la mejor manera de acercarte a este Evangelio? Darte cuenta de que se trata de asomarte a un misterio, al misterio de Dios, del Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. La fe cristiana enseña que Jesús es el Hijo de Dios y san Juan va desarrollando en su Evangelio esta idea desde muchas perspectivas. Intenta contemplar, adorar, agradecer… y amar a Jesús que siendo el Hijo de Dios ha venido a mostrarnos cómo es Dios y a entregar su vida por ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 26 de marzo

Martes 26 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.»
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.»
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.»
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
«¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?»
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Pistas: ¿Cuál es la medida para un cristiano? La medida es Jesús, es su estilo de vida, el amor que Él mostró. Puedes preguntarte: ¿Cuál es la medida de mi amor, de mi perdón, de mi entrega, de mi fe…? Si soy discípulo de Jesús, la medida tiene que ser la suya.
Jesús enseña a recorrer el camino del amor. A descubrir un amor tan grande que es incondicional y absolutamente inmerecido. Tan grande que perdona lo que no podemos merecer que se nos perdone. Éste es el amor que Dios nos tiene y al que hoy Jesús llama a corresponder.
El perdón que Jesús invita a practicar es consecuencia del amor y misericordia que Dios tiene con nosotros. Si Dios te perdona ¿cómo no vas a perdonar tú?
La falta de perdón es como llenar una mochila pesada ¡Cuánto daño hace andar buscando culpables en lugar de amar y perdonar! ¡Cuánto daño hace mirar lo que los demás hacen mal y lo que nos deben o nos hacen sin mirarnos a nosotros mismos!
El de la parábola de hoy, por no perdonar acaba preso, sin libertad, sin familia, sin vida. Pero el que perdona vacía la mochila. El que perdona anda ligero, sin cargas. El que perdona se libra del peso de la culpa. El que perdona es libre.
Perdonar no es fácil. Exige un acto de voluntad y libertad. Pero es posible y liberador. Fíjate en el inmenso amor de Dios, que no se cansa de perdonar. Por eso Jesús hoy te invita a perdonar, para ser libre, para poder amar y para poder ser feliz. Para poder decir que has vivido plenamente.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida

Martes 2 de abril

Martes 2 de abril
Conmemoración de San Francisco de Paula, ermitaño

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Juan 5, 1-3. 5-16
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: —«¿Quieres quedar sano?»
El enfermo le contestó:
—«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.» Jesús le dice:
—«Levántate, toma tu camilla y echa a andar.»
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: —«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.»
Él les contestó:
—«El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.» Ellos le preguntaron:
—«¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
—«Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacia tales cosas en sábado.

Pistas: Un hombre lleva 38 años esperando un milagro en una piscina cercana al Templo. Según la creencia popular, cuando se movía el agua el primero que descendía a la piscina quedaba sanado de cualquier enfermedad. No debemos pensar que esta creencia fuera cierta, pero el paralítico al que sanó Jesús y los que estaban allí sí lo creían.
Jesús ve a este hombre que sufre y le ofrece salvación: “¿Quieres quedar sano?”. Y el encuentro con Jesús basta. Le manda coger su camilla y echar a andar. Ya no es una lotería o una lucha por los favores de Dios. Es Jesús, el único en quien hay salvación, y su autoridad es tal que este hombre no duda y es sanado. La presencia de Jesús sana y salva.
Los judíos lo encuentran llevando la camilla en sábado, el día del descanso, y se lo recriminan. Él ni siquiera sabe el nombre de quien lo sanó. Es curioso que aquellos que no se preocuparon por él cuando estaba enfermo y postrado, sí lo hagan ahora para atacar a Jesús. No les importa la persona, sólo la ley, la tradición y una religiosidad mal entendida. Tal vez esto nos pueda hacer pensar también en cómo vivimos nuestra fe y nuestra religiosidad.
El hombre curado vuelve a encontrarse con Jesús, que le advierte que necesita cambiar de vida. Que no vale con la sanación física. Esto también puede servirnos para pensar en nuestra manera de vivir la fe. Tal vez sea sólo un consuelo, un querer sentirnos bien… cogemos lo que nos interesa. Pero no basta. Es necesario cambiar.
Al leer este Evangelio nos puede quedar una sensación extraña: ¿Por qué decidió Jesús sanar a aquel paralítico? El enfermo ni sabía quién era Jesús, ni tampoco esperaba nada de Él. Además, una vez sanado, le tuvo que advertir que no siguiera viviendo de la misma manera. Parece que realmente no quería cambiar. Y su actitud ante los judíos sólo sirvió para causar problemas a Jesús. Entonces ¿por qué el Señor lo sanó? ¿qué vio en él?
La respuesta es el amor y la misericordia de Jesús. Por él, por ti, por mí… El mismo amor que le llevará a morir en la Cruz. Por todos los que han sido y serán. Incluso por los que no lo conocen.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 1 de abril

Lunes 1 de abril
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Juan 4, 43-54
En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.»
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque hablan visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Cana de Galilea, donde habla convertido el agua en vino.
Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo:
—«Como no veáis signos y prodigios, no creéis.»
El funcionario insiste:
—«Señor, baja antes de que se muera mi niño.»
Jesús le contesta:
—«Anda, tu hijo está curado.»
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: —«Hoy a la una lo dejó la fiebre.»
El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Pistas: Este Evangelio nos habla de la fe y los “signos” de Jesús. Muchos creían en Él por ellos. Pero el funcionario real del que nos habla hoy el Evangelio –un pagano y extranjero- cree en Jesús antes de ver el signo. Cree por su palabra. Confía en Él. A pesar de la primera respuesta de Jesús, él persevera en su petición y después cree en la palabra de Jesús.
¿Cuántas veces dudamos de Dios y no creemos en su palabra ni en sus promesas? El Evangelio de hoy te invita a orar perseverantemente. Así, el verdadero milagro es que sin ver ninguna señal el hombre cree en la palabra de Jesús y vuelve a casa. Y por el camino se confirma lo que Jesús le había dicho. Quizás a veces necesites ponerte en camino para poder ver lo que Jesús te regala, quizás a veces buscamos la inmediatez en la respuesta cuando lo que se precisa es un tiempo, una espera.
Otro detalle es la actividad de Jesús. Galilea, Samaría, Judea, con judíos y con gentiles (paganos). Él se acerca a ellos y pasa haciendo el bien a los que creen en Él. Algunos habían oído hablar de Él y por eso creen. Otros conocían los signos de Jesús. Seguro que si lo piensas tú también has oído, te han contado, lo que la fe en Jesús hace en la vida de muchas personas hoy en día. La pregunta es: ¿también es para ti? ¿o era sólo para el hombre del Evangelio? ¿sólo para los pecadores a los que se acercaba Jesús? ¿sólo para la gente buena que le acompañaba?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 31 de marzo

Domingo 31 de marzo
IV domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.»
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo:
«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo:
«Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados:
«Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó:
«Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.»
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:
«Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.» El padre le dijo:
«Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: La visión que Jesús tiene de Dios es revolucionaria. Muchos de sus contemporáneos no son capaces de entenderle. La parábola de hoy nos habla de amor incondicional, de misericordia, de hogar. El padre de la parábola es Dios y nosotros los hijos.
Es la historia de un amor absoluto. Todo lo del padre es de los hijos y cada uno lo gestiona como quiere. Lo único que el padre de la parábola hace es respetar la libertad de sus hijos y enseñarles el camino del amor.
El joven busca la felicidad lejos del padre, pero no la encuentra. Y necesita tocar fondo para pensar: “Nada de esto me ha llenado, estoy peor que nunca. Volveré…”. Y a su regreso encuentra más de lo que espera. Hay muchos detalles que hablan de cómo el padre le ama, le estaba esperando, no le echa nada en cara, le devuelve la dignidad, vuelve a estar en el hogar.
¿Qué significará este hogar del padre de la parábola? El Reino de Dios, la salvación, la vida del Espíritu, que se abre a la vida eterna. El Reino de Dios presente y pleno al final de la historia.
El mayor se esfuerza, cumple, está en el hogar. Diríamos que es bueno. Pero no es capaz de disfrutar, ni de entrar en la dinámica de amor del padre. Su amor, y por tanto su felicidad, todavía no es plena. Está resentido y todavía no se ha enterado de todo en lo que el padre le quiere hacer partícipe. Este Evangelio no nos dice lo que pasa con el hermano mayor ¿Entraría?
Toda la parábola es una invitación. ¿Estás lejos y perdido? ¿has tocado fondo? ¿nada te sacia? ¿no puedes más? Vuelve a casa, vuelve al hogar, acude a Dios… ¿Estás dentro, pero todavía no te sientes del todo en casa? ¿juzgas y no tienes paz? ¿te sientes injustamente tratado? ¿no eres capaz de amar como Jesús enseña? El Padre te dice hoy unas palabras similares al de la parábola, porque todo es tuyo, la salvación es para ti, la promesa del Espíritu Santo es para ti, la vida de Dios es para ti, la felicidad, la bienaventuranza, el Reino de Dios. Y tú ¿entrarás a la fiesta?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 30 de marzo

Sábado 30 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:
—«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.»
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.»
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Pistas: Hay un detalle en este Evangelio que puede dar que pensar. Jesús no dice que el fariseo fuera un mentiroso, no dice que fuera malo. Tal vez si hacía todo aquello que decía. Pero había algo que no veía y le impedía acoger la salvación de Dios. La soberbia y el orgullo hacen que la persona se quede encerrada en su prepotencia y autosuficiencia sin poder encontrar a Dios.
Así que en esta parábola de Jesús hay dos hombres. Uno justo, cumplidor, “de los buenos”. Otro, un pecador público, un hombre señalado por los demás, “de los malos”. El primero no necesita salvación, en el fondo se busca a sí mismo y su propia gloria. El otro se sabe pecador, se sabe indigno y necesitado de Dios. El primero no va a encontrar a Dios. El otro sí. El primero no acepta la salvación de Dios. El otro sí. El primero se vanagloria y autojustifica. El otro reconoce todo lo que le hace falta y en lo que falla. Y tú ¿a cuál de los dos te pareces más?
Jesús pone el acento en que la actitud soberbia y prepotente del fariseo le impide el encuentro con Dios. Sin embargo, la humildad permite vivir en la verdad. Permite amar y aceptar ser amados, necesitar a Dios y entrar en su corazón misericordioso. Aunque seas de los buenos (de los que se creen buenos) necesitas a Dios, porque necesitas ser amado, necesitas su salvación y misericordia. Necesitas que Dios engrandezca tu corazón para que puedas llegar a la plenitud que anhelas, y si no quedarás encerrado en tu propia pobreza y limitación, por muy rico y grande que creas ser.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 29 de marzo

Viernes 29 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Marcos 12, 28b-34
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús: «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Pistas: La religión judía tenía muchos preceptos y normas que había que cumplir. Nuestra sociedad, que quiere defender una libertad absoluta, muchas veces cae en la contradicción de querer hacernos vivir a todos del mismo modo. Todos estamos metidos en la rueda del consumo y la apariencia… Pero ¿qué es lo más importante? ¿qué es lo primero que deberíamos hacer?
Jesús nos da la respuesta. Puedes examinar tu vida a la luz del Evangelio de hoy: ¿cómo está tu amor a Dios? ¿le escuchas? ¿es tu único Señor? ¿le amas con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser? ¿y al prójimo? ¿y a ti mismo?
Éste es el camino para entrar en el Reino de Dios que Jesús vino a traer. Y como vamos descubriendo en la Palabra de Dios, el amor que Dios nos tiene, el amor a Dios y el amor al prójimo van unidos. Si quieres amar, llénate del amor de Dios. Pide el Espíritu Santo. Si quieres tener fe y vivir como discípulo, ama y lleva a tu vida lo que esto implica. ¿Qué debe ser lo principal en tu vida? Relee el Evangelio y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 28 de marzo

Jueves 28 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Lucas 11, 14-23
En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: —«Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo:
—«Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

Pistas: Jesús realiza signos de la presencia del Reino, expulsa demonios, cura enfermos. Quizás éste sea el primer aspecto en el que podemos fijarnos: ¿sigue habiendo estos signos del Reino en nuestra Iglesia? Tal vez deberíamos dar un paso en fe y pedirle a Dios que esos signos sigan viéndose en nuestras vidas.
Jesús no deja indiferente a nadie: unos se admiran y otros le rechazan. Otro, además, le piden un signo. Él les explica: es el poder de Dios el que actúa en Él. El dedo de Dios (el Espíritu Santo) muestra que el Reino de Dios ha llegado porque el demonio es vencido, porque Jesús viene a salvar. Los que se encontraron con Jesús pudieron ver signos cotidianamente y, sin embargo, muchos no quisieron asumirlo. No quisieron aceptar la propuesta de Jesús, ni la revolución interior a la que invita a cada persona,
También nos habla del interior del hombre. Jesús y el Espíritu Santo que actúa en Él son el hombre fuerte que vence. Por eso no hay nada que temer si Él defiende tu corazón. Por eso, la clave de la vida del cristiano es llenar el corazón de Dios, llenarse del Espíritu Santo, orar cada día.
El final del Evangelio nos deja claro que el camino es seguir a Jesús. Todo lo demás no crea unidad, no sirve, no edifica, no realiza la obra de Dios. Jesús salva, y su salvación es para ti. Hoy y aquí.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.