Archivo de la categoría: Lectio divina

Miércoles 27 de marzo

Miércoles 27 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

Pistas: San Agustín resumía los mandamientos diciendo: “ama y haz lo que quieras”. Éste es el mensaje de Jesús que venimos viendo en los Evangelios: entrar en la dinámica de amor de Dios. Descubrir su misericordia. Pero podemos tener la tentación de engañarnos y pensar que eso significa vivir sin normas, guiados por un amor egoísta y manipulado por nuestros propios intereses.
Por eso hay que entender de qué tipo de amor hablamos. Amar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo implica un determinado estilo de vida. Implica vivir de acuerdo a una “Ley”. Pregúntate qué tienes que hacer para vivir este amor como enseña Jesús. Y así comprenderás el Evangelio de hoy.
Cumplir y enseñar los mandamientos significa saber conducirse en la vida, restar poder al pecado y multiplicar la acción del Espíritu Santo. Una vida en el Espíritu con las obras del Espíritu. Porque, piénsalo: ¿Cómo vas a amar si no realizas las obras del amor? ¿cómo vas a ser fiel a Jesús si no vives como Él enseña?
Por eso, el “ama y haz lo que quieras” de San Agustín supone que, si amas, sabrás el camino para ser discípulo de Jesús. Querrás lo que “tienes que” querer. Amarás lo que el Amor de Dios y el Espíritu Santo te lleva a querer: la voluntad de Dios. Y por eso a un determinado estilo de vida.
Revisa en esta cuaresma cómo va tu fidelidad a Dios en lo concreto. Haz un buen examen de conciencia y si lo necesitas busca un sacerdote, pídele perdón a Dios y deja que su amor te lleve a vivir como exige la fe en Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 26 de marzo

Martes 26 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.»
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.»
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.»
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
«¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?»
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Pistas: ¿Cuál es la medida para un cristiano? La medida es Jesús, es su estilo de vida, el amor que Él mostró. Puedes preguntarte: ¿Cuál es la medida de mi amor, de mi perdón, de mi entrega, de mi fe…? Si soy discípulo de Jesús, la medida tiene que ser la suya.
Jesús enseña a recorrer el camino del amor. A descubrir un amor tan grande que es incondicional y absolutamente inmerecido. Tan grande que perdona lo que no podemos merecer que se nos perdone. Éste es el amor que Dios nos tiene y al que hoy Jesús llama a corresponder.
El perdón que Jesús invita a practicar es consecuencia del amor y misericordia que Dios tiene con nosotros. Si Dios te perdona ¿cómo no vas a perdonar tú?
La falta de perdón es como llenar una mochila pesada ¡Cuánto daño hace andar buscando culpables en lugar de amar y perdonar! ¡Cuánto daño hace mirar lo que los demás hacen mal y lo que nos deben o nos hacen sin mirarnos a nosotros mismos!
El de la parábola de hoy, por no perdonar acaba preso, sin libertad, sin familia, sin vida. Pero el que perdona vacía la mochila. El que perdona anda ligero, sin cargas. El que perdona se libra del peso de la culpa. El que perdona es libre.
Perdonar no es fácil. Exige un acto de voluntad y libertad. Pero es posible y liberador. Fíjate en el inmenso amor de Dios, que no se cansa de perdonar. Por eso Jesús hoy te invita a perdonar, para ser libre, para poder amar y para poder ser feliz. Para poder decir que has vivido plenamente.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Lunes 25 de marzo

Lunes 25 de marzo
La Anunciación del Señor, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Lucas 1, 26-38
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
-«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
-«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel:
-«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
-«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó:
-«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Pistas: Nueve meses antes de la Navidad la Iglesia nos presenta la fiesta de la Anunciación como un pequeño paréntesis en medio de la cuaresma.
María es elegida, es la llena de Gracia, la Toda Santa, la Inmaculada. Y, sin embargo, aunque Dios tiene un plan para ella, la Virgen María tiene que decir que sí. Aceptarlo. Aquí se nos presentan la gracia de Dios y la libertad del hombre para responder. Vocación y respuesta. El plan de Dios y la colaboración del hombre con Él. Puedes aprovechar para pensar en tu propia vocación y en tu propio camino de fe.
El Hijo de Dios se hará hombre. Nacerá de una mujer, de María, desposada con José. Se hace hombre en una familia humilde. Puedes también reflexionar sobre el misterio de la Encarnación.
Las promesas de Dios por los profetas se cumplirán en Jesús, descendiente de David. Será el Mesías. Porque «para Dios nada hay imposible». Y la revelación, el mostrarse de Dios a los hombres, alcanzará su plenitud en Jesús. Todo lo que Dios ha querido contarnos de sí mismo ha venido por medio de Cristo. Es más, Dios mismo se nos ha dado en Cristo y en el Espíritu Santo que recibimos en nuestro bautismo.
Y todo ello es posible por el «hágase» de la Virgen María, que no dudó: «Aquí está la esclava del Señor».

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 24 de marzo

Domingo 24 de marzo
III domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva la oración a tu vida)

Evangelio según san Lucas 13, 1-9
En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»
Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?»
Pero el viñador contestó: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas».»

Pistas: Urge convertirse y dar fruto. Los judíos le cuentan a Jesús la muerte de unos galileos en el lugar de los sacrificios mientras hacían su ofrenda. Para ellos una muerte así era signo del castigo divino por su pecado. Jesús quiere abrirles los ojos. No se trata de quién es culpable y quién no, sino de cómo vives tú. Si no te conviertes, no acabarás bien.
Si vamos a la parábola de la higuera, el sentido y la finalidad de la higuera es dar higos, es dar fruto, es ser lo que es. Igual que la del hombre es ser feliz y pleno, llevar una vida en la que encuentre a Dios y busque su voluntad, en la que traiga su Reino. A esto nos invita la cuaresma: a convertirnos del pecado y vivir en el Espíritu, a salir de la pereza y la comodidad, y entrar en el Reino de Dios dando los frutos que Dios quiere de nosotros.
La cuaresma es tiempo de gracia. El Señor te da otra oportunidad para que podes lo que sobra en tu vida (te apartes del pecado, te confieses), te alimentes de lo que puede fortalecer tu espíritu (con la oración, la limosna y el ayuno) y así des fruto.
No sabemos cuándo vamos a ser cortados. Nadie sabe el momento de su muerte, por eso es urgente convertirse ¿para qué perder tiempo en cosas que no satisfacen, ni hacen feliz, ni cumplen la voluntad de Dios?
¿De qué tienes que convertirte? ¿qué frutos te está pidiendo el Señor y no das? Él es misericordioso, tienes otra oportunidad para dejarte podar, dejarte cambiar, crecer y dar fruto. Aprovéchala.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 23 de marzo

Sábado 23 de marzo
Santo Toribio de Mogrovejo, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva la oración a tu vida)

Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.»
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo:
«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo:
«Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados:
«Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó:
«Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.»
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:
«Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.» El padre le dijo:
«Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: Esta parábola es muy conocida y está llena de gran simbolismo. Pero también encierra una dificultad que como humanos nos lastra. Y, sin embargo, lo que Jesús nos muestra es cómo es la misericordia de Dios. Y lo hace con un ejemplo. Fíjate en los personajes:
-El padre que ama a sus hijos y respeta su libertad. Perdona al que se ha equivocado e invita a vivir en el amor. Abraza, acoge, se alegra y celebra.
-Un hogar en el que todo lo del padre es de los hijos y da a cada uno lo suyo. Un hogar en el que el padre ama y perdona.
-Un hijo pequeño que busca la felicidad en los placeres y las cosas mundanas, pero no lo encuentra y acaba vacío, desesperado, perdido… El recuerdo del padre y del hogar le hace volver.
-Otro hijo mayor que está en casa, pero no disfruta plenamente de lo que tiene, no se siente en el hogar. Cumple, pero no es feliz. Le parece que el otro hermano eligió mejor (no se da cuenta de cómo acaba su hermano).
Hay muchos detalles. El hijo menor termina trabajando de cuidador de cerdos, un trabajo de los más bajos que puede imaginar un judío. No espera volver a pertenecer plenamente a la familia, sólo a dejar de sufrir y pasar necesidad.
El padre está esperando al hijo. Éste no tiene que buscarlo. En cuanto llega le da el mejor traje para vestirle (le devuelve la dignidad), le pone el anillo (ya está otra vez en casa), le calza, mata el ternero cebado (el que se reserva para la fiesta) porque ha vuelto a la vida.
La historia del hermano mayor no sabemos cómo termina, si entró o no, si fue capaz de amar como el padre y disfrutar o no. Jesús deja abierta esa puerta…
Ahora imagínate la historia, qué te dice a ti hoy ¿En qué situación te encuentras? ¿con cuál de los personajes te identificas más? ¿cuál de los detalles te hace pensar? Déjate llevar por lo que te sugiera la Palabra de Dios y ora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 22 de marzo

Viernes 22 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva la oración a tu vida)

Evangelio según san Mateo 21, 33-43. 45-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.
Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Pistas: El enfrentamiento entre Jesús y las autoridades religiosas y políticas judías va creciendo. En esta parábola les acusa de apropiarse de lo que no es suyo. (Los labradores) rechazan a los que el dueño de la viña (el Padre) había enviado, es decir, a los profetas. También rechazan al hijo, que es Jesús. Lo matarán. Pensarán que así vencen y que van a salirse con la suya y repartirse el botín.
En realidad han perdido la perspectiva. No les importa Dios. Sólo la viña y sus ganancias. Por sus propias palabras los podrían acusar cuando acaben con Jesús: “Hará morir de mala muerte a esos malvados…”. Sin embargo, Jesús les dará hasta el final la oportunidad para cambiar de camino y reconocer quién es. Aunque ellos no lo aceptan. Su mensaje los pone al descubierto y ven amenazado el poder que ejercen sobre el pueblo. Quieren cautivo al que viene a liberar. Pero no podrán.
Jesús resucitará. Creen que le vencen, que lo quitan del medio. Pero precisamente ahí, en su entrega por amor, en la cruz, en la muerte, en ser la piedra desechada, todo se hace nuevo. Porque Jesús resucitado es la piedra angular. Y todo tiene sentido porque Él está vivo, la muerte es vencida y el mal derrotado.
Jesús hace nuevas las cosas. Hay que entender este cambio de perspectiva. Pero los judíos no fueron capaces de hacerlo y al final el cristianismo (que comenzó siendo una corriente dentro del judaísmo) tiene que convertirse en algo distinto. Nosotros tenemos que ser el pueblo que da fruto, que vive el Reino como Jesús lo anunció. Por eso este tiempo de cuaresma es tan importante para los cristianos. Porque nos tiene que hacer revisar nuestra vida personal y comunitaria. ¿Soy ese pueblo que da gloria a Dios, que acoge al Hijo, que da fruto a su tiempo…? ¿o soy los criados interesados, que abusan, que buscan su interés, que no les importa Dios ni la verdad?
Da igual lo que diga el mundo, da igual que Jesús sea rechazado, que le demos la espalda… Él es la piedra angular, el único que puede sostener y darle sentido a tu vida, a la Iglesia y al mundo. Y vencerá.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 21 de marzo

Jueves 21 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración)

Evangelio según san Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Habla un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.»
Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.
Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»
El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»
El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.»
Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»

Pistas: Es cuestión de perspectiva. Si yo miro la realidad desde mi vida acomodada quizás ni siquiera vea al que sufre. Lo puedo tener a la puerta de casa y resultar invisible para mi. Para los que somos afortunados de tener más de lo que necesitamos este Evangelio es un toque de atención. ¿Qué pobres tienes sufriendo a tu lado? ¿qué tipo de Iglesia somos? ¿nos preocupamos por lo que sucede a nuestro alrededor? ¿qué tipo de sociedad estamos creando?
Podemos hacer una crítica muy profunda de cómo está funcionando el mundo. Los países ricos explotamos a los pobres para tener mejores móviles, mejor tecnología, utilizamos sus recursos y nos desentendemos de sus necesidades. Sólo interesa el mayor y más rápido beneficio. Y la moral, el amor al prójimo o mirar al lado y ver lo que sucede no tiene hueco en nuestro estado del bienestar. Éste es el mundo que estamos construyendo. De usar y tirar. El que buscando el bienestar acaba destruyendo sociedad, generando injusticia y pobreza, y haciendo sufrir a las personas.
Jesús invita a los que le escuchan a que reflexionen. Tienen la Palabra de Dios que avisa de las consecuencias de una vida egoísta y entregada sólo a lo inmediato y placentero. Hay cielo y hay infierno, y los actos tienen consecuencias. Pero esto hay que querer descubrirlo. Jesús ha muerto y resucitado para que podamos descubrir esto, pero sólo con la fuerza del Espíritu Santo, sólo con el regalo de la fe se podrá. Siempre se podrán encontrar excusas, pero el único camino de plenitud y que desemboca en la vida eterna es ser discípulos de Jesús y aprender su estilo de vida. Todo lo demás sólo puede acabar en la frustración y el vacío, ya aquí en esta vida y como posibilidad real del mayor fracaso en el infierno.
Porque hemos sido creados para el amor, para la felicidad y la salvación que Jesús nos ofrece, Él nos abre el camino para vivir de otro modo. Tú eliges cerrar los ojos o mirar, ver y cambiar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 20 de marzo

Miércoles 20 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración)

Evangelio según san Mateo 20, 17-28
En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»
Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?»
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda’>
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos.»
El les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Pistas: “No será así entre vosotros”. Jesús anuncia su muerte. Y la reacción de la comunidad que está creando es la contraria a todo lo que Él les ha enseñado. Se preocupan por los puestos, los honores, los privilegios y discuten entre ellos.
“No será así entre vosotros” ¿Qué camino elegís? ¿el de los tiranos y los opresores? ¿o el del servicio y la entrega? Esto no es una teoría bonita, es la consecuencia de seguir a Jesús, que obedece al Padre hasta entregar la vida por amor y fidelidad a Él.
¿Qué iglesia construyes? ¿qué tipo de cristianismo vives? El camino es hacerse el servidor de todos, entregar la vida por los demás. ¿Qué mirada se encuentra alguien nuevo y diferente cuando llega a tu parroquia o a tu grupo? o tú, si quieres seguir a Jesús ¿cómo vives la fe?
Jesús va delante. Él nos enseña el camino del amor y la entrega. Pasa muchas veces por la cruz, la muerte, la injusticia y las dificultades, pero siempre termina en la victoria de la resurrección. Y lo que parecía que no puede tener solución, se convierte en victoria.
“No será así entre vosotros”. Jesús marca la diferencia, y si quieres ser discípulo suyo te invita a ir a contracorriente para ganar la verdadera vida, ser grande, hacer que merezca la pena.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 19 de marzo

Martes 19 de marzo
San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Pistas: El Evangelio de hoy nos habla de San José. El esposo de María, la madre de Jesús. Por medio de José se cumple la promesa de que el Mesías procede del linaje del rey David. Pero la nueva realidad que surge es tan grande que Jesús nace virginalmente de María, la esposa de José. Es algo tan grande que los hombres no podemos obtenerlo por nuestros propios medios. Dios nos lo da. Jesús se hace hombre en el seno de la Virgen María. Pero nace en una familia. Piensa hoy: ¿qué tipo de familia fue la de Jesús? ¿qué dificultades atravesó –exiliados, perseguidos…-?
La figura de San José tiene muchos aspectos con los que puedes orar. ¿Qué camino tendría que recorrer este hombre para acoger el plan de Dios? ¿Cómo sería su fe? ¿Qué amor tan grande a Dios y a María tuvo que tener?
José es el ejemplo de una persona que se fía y busca el plan de Dios aunque sea por caminos insospechados. Él protege y cuida a Jesús y a María. Piensa en el papel que este hombre ha tenido en la historia de la salvación. Todas las contrariedades y dificultades que tuvo que superar. Y cómo su fe le salva y le hace un sitio imprescindible en la historia.
La fe y el amor. Son dos conceptos con los que puedes rezar este día. ¿Qué te dice este Evangelio a ti? ¿qué te enseña la figura de José? ¿te fías del plan de Dios para tu vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 18 de marzo

Lunes 18 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva la oración a tu vida)

Evangelio según san Lucas 6, 36-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Pistas: ¿Cómo quiere Jesús que sus discípulos se comporten con los demás? Tal vez te ayude comparar con las propuestas que hay a nuestro alrededor. ¿Cómo propone nuestra cultura que tratemos a los demás? ¿Cómo nos tratamos unos a otros? ¿Cuál es tu medida para esto?
Jesús nos invita a vivir en el amor, a amar como Él ama, a amar como Dios nos ama. Y esto implica aprender a mirar a los que nos rodean. ¿Cuántos no merecen nuestro amor, ni siquiera que les tratemos bien? Pero Jesús dice que el camino es usar la medida que Dios usa con nosotros. ¿Qué medida usas tú?
Examina tu amor hoy a la luz de la Palabra de Dios. Si quieres ser discípulo de Jesús, si quieres crecer, si quieres rezar de verdad, tu corazón se tiene que transformar para que puedas vivir lo que te dice hoy el Evangelio. ¿De qué medida está hecha tu fe?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.