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Jueves 17 de diciembre

Jueves, 17 de diciembre
Feria mayor de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Comienzan las ferias mayores y abandonamos las primeras lecturas. Las ferias del 17 al 24 de diciembre, inclusive, tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad. Volvemos al Evangelio. Hoy comenzamos con uno que nos puede resultar extraño y difícil. Cuando lo leas intenta fijarte en los detalles.

Mateo 1, 1-17
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zara, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manases, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matan, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce.

Pistas: Está de moda entre mucha gente hacer una genealogía, buscar sus antepasados. Para los judíos era importante saber de dónde vienes, cultivaban saberlo.
Has leído una genealogía larga que se remonta a Abrahán (el patriarca, el padre de todos los hebreos), pasando por David (de cuya descendencia nacerá el Mesías, el Emmanuel) y terminando en José el esposo de María.
En Nochebuena celebraremos que el Hijo de Dios se hace hombre en una familia como la tuya y la mía. En ella hubo y hay de todo: gente buena como Abraham, reyes buenos como Josías, pero también hay idólatras, adúlteros y malvados. Hay de todo… Incluso muchos que no conocemos. Como la familia de cualquiera: creyentes, alejados, desconocidos, gente buena y mala, que dejan huella y que no. La encarnación del Hijo de Dios sucede en una familia como la de cualquiera. Y en esa historia el Hijo de Dios se hace hombre con todas las consecuencias.
Y después de repetir «engendró», un padre a un hijo y otro y otro, la historia se para en José, que es simplemente el esposo de María, pero no el que engendra a Jesús, puesto que no tiene más padre que Dios. La salvación viene de Dios. Los hombres no podemos autosalvarnos. Tenemos que hacer avanzar la historia, pero llegamos hasta un límite. San José es necesario, porque a través de él Dios cumple su promesa. Pero esta promesa supera lo que podíamos soñar y lograr por nuestras fuerzas.
Cuando la historia humana llega a José, Dios nos da una salvación que es más que lo que nosotros podemos engendrar. De una Virgen desposada con un hombre llamado José (descendiente de David) vendrá el Salvador que Dios envía. Él supera todo lo que el hombre pueda conseguir: es el Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios. Es verdad que es uno de los nuestros, de nuestra raza, hombre de verdad, no un disfraz, no una apariencia humana. Pero por encima de todos, porque es Dios. Y, así, la palabra se cumple en esa genealogía que acabas de leer y que posiblemente no te diga mucho pero que enseña mucho: es humanidad, es sorpresa, es cumplimiento, es real, es como cualquiera, pero es regalo de Dios. Es tan humano y a la vez tan extraordinario.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Por si te ayuda, te mandaré también cada día una antífona de las vísperas que hace referencia a quién es el Mesías que viene, puedes rezar con ella: Oh, Sabiduría del Altísimo, que lo ordenas todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la prudencia.

Miércoles 16 de diciembre

Miércoles, 16 de diciembre
III semana de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Isaías 45, 6b-8. 18. 21b-25
«Yo soy el Señor, y no hay otro: artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia; yo, el Señor, hago todo esto. Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria; ábrase la tierra, y brote la salvación, y con ella germine la justicia; yo, el Señor, lo he creado.» Así dice el Señor, creador del cielo —él es Dios—, él modeló la tierra, la fabricó y la afianzó; no la creó vacía, sino que la formó habitable: «Yo soy el Señor, y no hay otro. No hay otro Dios fuera de mí. Yo soy un Dios justo y salvador, y no hay ninguno más. Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra, pues yo soy Dios, y no hay otro. Yo juro por mi nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra irrevocable: «Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua»; dirán: “Sólo el Señor tiene la justicia y el poder.» A él vendrán avergonzados los que se enardecían contra él; con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.»

Pistas: ¿Quién nos dice le profeta que es Dios? El creador de todo (no hay un dios bueno y uno malo, un dualismo). Dios es Dios, el único, no hay otro fuera de él. Poderoso, fuerte. Su voluntad es la salvación y la justicia. Por eso invita a los hombres de todos los confines de la tierra a volverse a Él para encontrar salvación.
“Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria; ábrase la tierra, y brote la salvación, y con ella germine la justicia”. Dios no quiere estar lejos. Y después de Jesús no lo estará nunca. Tan cerca de nosotros que se hizo hombre. Tan cerca que asumió nuestra carne, nuestra naturaleza. Por decirlo así: se hizo de nuestro mundo y toda la realidad tiene otro sentido. Toda la creación tiende a los cielos nuevos y la tierra nueva, a tener a Cristo por cabeza dirá San Pablo. Son hermosas estas figuras del profeta Isaías, más todavía iluminadas con la luz de Jesús y el Nuevo Testamento.
Hay una promesa de victoria en las palabras del profeta, muchos esperaban un reino terrenal, un Mesías rey humano. Jesús, superó todas las expectativas y cambió la perspectiva. La justicia de Dios es su salvación, su victoria pasa por nacer en un pesebre y morir en una cruz. Y ante ese niño, ante ese hombre juzgado injustamente, pero resucitado por el Padre y vencedor, se doblará toda rodilla.
Volvemos al “ya, pero todavía no” de nuestra fe que hemos explicado en tantas ocasiones al hablar del final de los tiempos. Cristo ha vencido ya, pero todavía en el tiempo no lo vivimos en plenitud. Si nos volvemos al Señor experimentaremos en nosotros su salvación. Esta es la invitación, construir su Reino ya, descubrir que la historia está en sus manos, que vino, viene y vendrá con su salvación.

Relee la lectura, deja que Dios te hable, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 15 de diciembre

Martes, 15 de diciembre
III semana de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Profecía de Sofonías 3, 1-2. 9-13
Así dice el Señor: «¡Ay de la ciudad rebelde, manchada y opresora! No obedeció ni escarmentó, no aceptaba la instrucción, no confiaba en el Señor, no se acercaba a su Dios. Entonces daré a los pueblos labios puros, para que invoquen todos el nombre del Señor, para que le sirvan unánimes. Desde más allá de los ríos de Etiopía, mis fieles dispersos me traerán ofrendas. Aquel día no te avergonzarás de las obras con que me ofendiste, porque arrancaré de tu interior tus soberbias bravatas, y no volverás a gloriarte sobre mi monte santo. Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»

Pistas: En el siglo VIII a.C. el profeta escribe estas palabras tan duras a Jerusalén. La ciudad que debería brillar, elegida por Dios, el centro de la vida religiosa judía, el Templo, lugar de la presencia de Dios. Sin embargo, esa ciudad es todo lo contrario de lo que cabría esperar.
La promesa es que Dios lo hará todo nuevo, la salvación se abrirá a todos los pueblos, y en Israel quedará un resto fiel, pobre y humilde, pero que confía en Dios. Fíjate las actitudes de las que habla el profeta.
En el Evangelio que acompaña esta lectura en la misa de hoy, Jesús cuenta la parábola del padre que tiene dos hijos y les manda a trabajar a su viña. Uno dice que sí, pero no va. Otro dice que no, pero al final va. Nos da una clave: Dios no se fija en las apariencias, sino en los hechos. Por eso, aunque hayas estado lejos, aunque te sientas solo, a contracorriente, aunque hayas dicho no… puedes ser del resto de Israel, de los que permanecen fieles. Puedes ser también de los que han estado lejos, pero son invitados a entrar en presencia de Dios.
La mejor enseñanza que podemos aprender de esta lectura es descubrir cuál es la puerta de entrada en la salvación: ser un pueblo pobre y humilde, que confía en el nombre del Señor. No en sus fuerzas, su soberbia, su orgullo, sus intereses.
El adviento te invita a ser ese resto que espera, que tiene esperanza, que sabe que su esperanza se verá colmada y, por tanto, espera con confianza, con alegría, con expectación, en oración. Estás a tiempo de ponerte en actitud de Adviento porque Jesús viene a salvar.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 14 de diciembre

Lunes, 14 de diciembre
Semana III de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Números 24, 2-7. 15-17a
En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos: «Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos;
oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: ¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel!
Como vegas dilatadas, como jardines junto al río,
como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y su reino descuella.»
Y entonó sus versos:
«Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso,
en éxtasis, con los ojos abiertos:
Lo veo, pero no es ahora,
lo contemplo, pero no será pronto:
Avanza la constelación de Jacob,
y sube el cetro de Israel.»

Pistas: Hoy es un poco complicada la lectura. Vamos a situarnos: justo antes de este relato se nos cuenta como Balaq, que es un rey enemigo de Israel, había hecho llamar a Balaán (un adivino) para que maldijera a las tribus israelitas que conducidas por Moisés querían cruzar su territorio para entrar en la tierra prometida. Pero este adivino entró en éxtasis y pronunció dos oráculos de salvación.
Imagínate el consuelo de aquellos hombres al oír el anuncio de una tierra fértil, llena de agua y de vida. Y un rey poderoso y triunfante.
“Avanza la constelación de Jacob, y sube el cetro de Israel”. ¿Qué estrella es ésa que sale? ¿Qué reinado proclama? En aquel tiempo parece que el de Saúl o el de David. ¿O quizá un Rey – Mesías- cuya estrella había de salir un día en Oriente?
Así se fue releyendo este texto y así lo entenderá también Mateo al narrarnos la visita de los Sabios de Oriente que visitan al niño Jesús.
Qué sorprendente es la Palabra de Dios. Jesús dará cumplimiento también a lo que has leído en este pasaje. El linaje de Jacob, de David, establecerá un nuevo reino, el Reino de Dios… pero de un modo inesperado, de un modo maravilloso, superando cualquier concepción mundana.
Si Jesús fuese un Rey al estilo de lo que se esperaba, no sería más que uno como muchos otros. Quizás un hombre bueno y justo. Pero no el Hijo de Dios. Y es que los deseos de los hombres muchas veces no coinciden con los de Dios. A veces el egoísmo o el miedo nos lleva a desear cosas que ni nos van a dar la felicidad ni van a ser buenas para nuestra vida o situación. Y aunque nos pueda generar frustración que no se cumplan nuestros deseos, finalmente en muchas ocasiones hemos de reconocer que fue un acierto que no se cumplieran.
Sigue profundizando en el misterio que se acerca. Cada vez queda menos, prepara el corazón al que cumple las promesas y trae la salvación.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 13 de diciembre

Domingo, 13 de diciembre
Semana III de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 61, 1-2a. 10-11.
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros, la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos.

Pistas: El profeta Isaías anuncia una buena noticia. Es un mensaje de salvación: se vendarán los corazones desgarrados, los cautivos serán amnistiados, los prisioneros, libres. El año de gracia del Señor, significa que las deudas con Dios quedan saldadas, que Dios viene a perdonar.
¿Cómo no desbordar de gozo ante estas ideas? Dios saca de la pobreza al hombre y le da un nuevo vestido para una nueva vida (como el novio y la novia tendrán). Y brotará la justicia del Señor (su salvación) y el hombre alabará a Dios (los himnos). Alabar es celebrar, festejar, reconocer a Dios.
El que hizo realidad estas promesas de un modo que ni el mismo Isaías podía imaginar fue Jesús. Pero ésta no es una historia del pasado. Es para ahora, para ti. Si tu corazón está desgarrado, si te sientes cautivo, si tus pecados te tienen lejos de Dios, hay una buena noticia para ti: Él viene a salvar, una vez más. Llama a la puerta de tu corazón. Y este adviento te invita a despertar, a convertirte, a llenarte de esperanza, a alegrarte porque viene a salvarte.
Y a la Iglesia la invita también a continuar la obra de Jesús, a señalarle como hizo el profeta Isaías, como hizo después Juan, como el único que puede salvar. La Iglesia está llamada a anunciar que viene el que salva, el que sana, el que libera, el que de nueva vida, el que trae justicia y motivos para alabar a Dios.
Tienes una oportunidad preciosa para llenar tu vida de esperanza y alegría, y contagiarla a tantos que la han perdido. Acércate a Jesús. Él salva.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 11 de diciembre

Viernes, 11 de diciembre
Semana II de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 48, 17-19
Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»

Pistas: Dios quiere el bien del hombre. Si le escuchásemos, las cosas serían distintas.
Jesús, mirando a Jerusalén, con lágrimas en los ojos dirá: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos”. Y predice la destrucción de Jerusalén, porque apartarse de Dios destruye al hombre. Curiosamente le deshumaniza. El verdadero encuentro con Dios, por el contrario, enseña el bien, hace al hombre y a la mujer más humanos. Y, si miramos a Jesús, todavía podemos comprender mejor esta lectura.
¿Cuál es el camino que conduce a la paz, que da prosperidad, que hace fecundo? ¿Cuál es el camino que hace perdurar? Seguir los mandatos del Señor. Ésa es la sabiduría: entender la realidad con la mirada de Dios.
Pero Jesús da un paso más. La verdadera sabiduría es Él. No son unos mandatos externos. Es el encuentro con Jesucristo, que revela a Dios y te da un nuevo corazón. La verdadera sabiduría es llenarse del Espíritu Santo que escribe los mandatos de los que habla el profeta en el corazón. Y entonces se aprende sabiduría, se tiene paz, hay fecundidad y prosperidad.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 10 de diciembre

Jueves, 10 de diciembre
Semana II de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 41, 13-20
Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.»
No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio —oráculo del Señor—, tu redentor es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estopa cipreses, y olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

Pistas: El profeta se dirige al pueblo de Israel en el destierro en Babilonia. Deportados, despreciados, explotados, en medio de un pueblo pagano, con tentaciones, perdidos, desanimados… Y tú ¿te sientes pequeño, insignificante? ¿parece que nada va a cambiar ni en tu vida ni en el mundo? ¿parece que da igual creer o no, ser fiel o no? ¿ves tu pobreza e indigencia? ¿estás sediento y buscas calmar tu sed en donde no brota el agua viva? ¿parece que caminas por el desierto?
Deja que resuene lo que hoy te dice la Palabra de Dios: “No temas”. Te dice el Señor: “No temas, yo mismo te auxilio”. Él te agarra para guiarte y sostenerte. Eres pequeño, débil, somos pocos… Pero Dios está contigo, tienes un redentor. No te abandonará. Te responderá. Hará brotar ríos en el desierto. No sólo eso. Habrá vida, un paraíso. Todo será nuevo.
Las promesas del Señor son para ti, son para su Iglesia, para su pueblo: promete estar contigo. Promete que triturarás los montes. Superarás las dificultades. Podrás alegrarte con tu Dios.
Dios cumple sus promesas. Pídeselo, para ti, para tu parroquia, para tu comunidad, para nuestro mundo ¿Cuántos se sienten necesitados o buscan sin saber que la respuesta es Jesús? ¿cuántos sedientos, pobres, perdidos…? Necesitan ver que la mano de Dios está con los que confían en Él. Para que “vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Este texto me ha recordado una canción por si te apetece escucharla https://www.youtube.com/watch?v=es34Nr2JovU y en inglés https://youtu.be/0B_lnQIITxU

Miércoles 9 de diciembre

Miércoles, 9 de diciembre
Semana II de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 40, 25-31
«¿A quién podéis compararme, que me asemeje?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello? El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno.
¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.

Pistas: El pueblo está en el destierro y por este mismo motivo desconfía de Dios. Y el profeta les recuerda: ¿Acaso no creó Él todo? ¿acaso Dios va a abandonar a su pueblo?
Dios es Dios, es eterno, es el creador, no se cansa, no se fatiga, es insondable… Pero, a la vez, da fuerza al débil y al que se cree incapaz. Los que aparentemente son fuertes y no necesitan ayuda (los muchachos, los jóvenes) se cansan, se fatigan, tropiezan, vacilan. Pero el que pone su confianza en el Señor, tiene otra visión de las cosas (“como las águilas”), corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.
Mira nuestra sociedad, mira tu vida ¿A quién te pareces más? ¿al pueblo derrotado, que desconfía, o al que es capaz de alzar la mirada hacia Dios? ¿al que pone su confianza en sus fuerzas y capacidades o al que sabe que en Dios tiene nuevas fuerzas, nueva visión, nuevos caminos?
En el Evangelio de Mateo dice Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». Él es el cumplimiento pleno de las promesas de los profetas. Él es la respuesta, la solución, el camino… para el que está cansado, perdido, desesperado. Para el que se siente sin hogar, sin fuerzas. Hay que aprender de Él, acoger su salvación, llenarse del Espíritu, cargar con el yugo del amor al prójimo. En definitiva, aprender de Jesús.
La queja es una tentación. Nos lleva a desconfiar de Dios al ver tanto mal en el mundo o en nuestra vida. Nos conduce a sentirnos perdidos o excesivamente seguros en nuestras fuerzas o capacidades, que no pueden salvarnos ni darnos una solución. Por ello, la pregunta del profeta nos vale también a nosotros hoy ¿Acaso no lo sabes? ¿Quién es la respuesta?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 7 de diciembre

Lunes, 7 de diciembre
San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 35, 1-10
El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estopa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.»
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estopa; el páramo será un estanque, lo reseco, un manantial.
En el cubil donde se tumbaban los chacales brotarán cañas y juncos. Lo cruzará una calzada que llamarán Vía Sacra: no pasará por ella el impuro, y los inexpertos no se extraviarán.
No habrá por allí leones, ni se acercarán las bestias feroces; sino que caminarán los redimidos, y volverán por ella los rescatados del Señor.
Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Pistas: El profeta utiliza imágenes de alegría, de vida, de gloria y prosperidad, de belleza. Que los débiles y los vacilantes, que los cobardes, cambien de actitud. Habrá signos: los cojos, los ciegos, los mudos, se curarán. Lo seco tendrá vida. El inexperto encontrará el camino. Puedes leerlo despacio e imaginarte cada una de estas imágenes y pensar lo que pueden simbolizar para un pueblo que ha sido conquistado y vive en el destierro. Cuando Isaías da este mensaje, el pueblo lo ha perdido todo. Y el profeta promete en nombre de Dios la salvación, el regreso, gozo, alegría, vida, salud… “Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará”.
El Evangelio que acompaña a esta lectura en la misa de hoy nos cuenta la curación de un paralítico al que unos hombres llevan ante Jesús, que estaba enseñando dentro de una casa. Quitan unas losetas del tejado y lo descuelgan. Jesús, al ver la fe que tienen, le dice al hombre: “Tus pecados te están perdonados” y después, ante las críticas de los fariseos, le ordena: «Levántate y anda». Y queda curado. Lo que promete Isaías se cumple plenamente en Jesús.
Jesús da mucho más al paralítico cuya curación nos cuenta el Evangelio. No sólo le sana exteriormente, sino que cambia su corazón perdonando sus pecados. ¿Puedes imaginar lo que es eso? Una vida nueva, levantarse del lugar en que el pecado te ha metido. Algo que sólo Dios puede hacer: “Vuestro Dios… viene en persona y os salvará”.
Puedes dar un paso más. Mira a tu propia vida. ¿Cuántas veces es un desierto? ¿Cuántas veces necesitas lo que promete el profeta: alegría, gozo, vida, fuerza, valor, plenitud, salvación? Y la respuesta es siempre la misma: Jesús. Acércate a Él porque sus promesas son para ti. Prepara el camino, «sed fuertes, no temáis», está llegando el Salvador.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 6 de diciembre

Domingo, 6 de diciembre
Semana II de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 40, 1-5. 9-11.
Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle: que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.
Una voz grita: En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos —ha hablado la boca del Señor—.
Súbete a lo alto de un monte, heraldo de Sión, alza con fuerza la voz, heraldo de Jerusalén, álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: aquí está vuestro Dios. Mirad: Dios, el Señor, llega con fuerza, su brazo domina.
Mirad: le acompaña el salario, la recompensa le precede.
Como un pastor apacienta el rebaño, su mano los reúne.
Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres.

Pistas: Son los últimos años del destierro en Babilonia. El texto que hemos leído anuncia que se acaba. El Señor no abandona a su pueblo, sino que revelará su gloria. Viene con fuerza y poder. Como un pastor que apacienta el rebaño.
Es un anuncio que invita a ponerse en marcha. Consolad, hablad al corazón, gritad que se acaba el sufrimiento. Preparad el camino, allanad las montañas y elevad los valles. Que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale… El pueblo de Dios había sido derrotado, pero ahora verán la fuerza y el poder de su Dios. Habían sido derrotados más por sus pecados (“por su crimen”) que por el poder de los enemigos (“de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados”). Pero Dios no los abandona, como hemos leído.
Cuando los discípulos de Jesús leyeron estas palabras del profeta Isaías vieron en ellas a Juan el Bautista. Él prepara el camino al Señor, grita en el desierto que se conviertan de su pecado y vuelvan al Señor que viene a cumplir todo lo anunciado. Y después lo señala entre los hombres como el Mesías esperado.
En Jesús se cumple la promesa: Es el Buen Pastor que apacienta su rebaño. Llega con fuerza y poder (tal vez no como imaginaba el profeta, pero con una fuerza más poderosa y sorprendente: el poder del Espíritu Santo, la fuerza de la Resurrección). Jesús es el brazo de Dios. Es Dios mismo. En Él se cumple: “Aquí está vuestro Dios”.
Relee al profeta teniendo como perspectiva lo que hace Jesús y la misión de Juan el Bautista. Imagina a Jesús realizando las palabras del profeta. Quizás te ayude a rezar quedarte con alguno de los imperativos: consolad y hablad al corazón del pueblo (¿necesita esto nuestra Iglesia y nuestra sociedad?). Preparad el camino (allanad, elevad…) porque el Señor se revelará a todos los hombres. Alza la voz y di que aquí está vuestro Dios (en medio del consumismo y de la banalización de la Navidad quizás haga también falta esto). Mirad: Dios llega, con fuerza, con salvación, como un pastor que cuida a su pueblo. Y que no lo abandonará.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.