Archivo de la categoría: Lectio divina

Jueves 19 de noviembre

Jueves, 19 de noviembre
Semana XXXIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 19, 41-44
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida.

Pistas: Los Evangelios nos cuentan dos veces en las que Jesús llora: cuando muere su amigo Lázaro y al ver la ciudad a la que ama y comprender lo que le va a suceder. No llora por Él mismo, que va hacia su pasión. Ni porque lo rechacen o por lo que se le viene encima. Llora de pena, de tristeza, porque su Jerusalén no tiene remedio. Llora porque es la ciudad que ama, la gente que ama. Pero no quieren conocer el camino hacia la paz. No quieren escucharle, ni acogerle. No les importa ni quién es Jesús, ni la verdad que predica, ni la salvación que trae.
Y Jesús predice lo que va a suceder. Esta es una escena impresionante para imaginar y contemplar. ¿Qué sientes, qué te sugiere, qué te inspira ver a Jesús así?
Lo que ocurrirá no es un castigo. Sin embargo, refleja una realidad: el hombre cerrado en sus solas fuerzas camina hacia la destrucción. Rechazar consciente y libremente a Jesús es rechazar todo lo que merece la pena en la vida y encerrarse en un camino que lleva a la destrucción. Unos años después de la muerte y resurrección de Jesús, el templo será destruido por los romanos, 70 d. C., y Jerusalén en el 135. Fuera de Dios, en el rechazo a Jesús y en la confianza en la autosuficiencia ¿qué puede haber?
Y ¿tú? ¿lloras por el pueblo que amas? ¿lloras por esta sociedad que está lejos de Dios? ¿te duele, te importa que tantos se queden sin conocer a Jesús? ¿amas a tu pueblo? ¿o simplemente juzgas y te crees mejor que los demás?
Este Evangelio nos invita a comprender que el único camino para la salvación es Jesús. Puedes elegir recorrerlo o no. Y con esa misma libertad también sabes que Él no te va a obligar a nada que tú no quieras hacer, creer y practicar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 18 de noviembre

Miércoles, 18 de noviembre
Semana XXXIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 19, 11-28
En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro: Dijo, pues: Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: Negociad mientras vuelvo. Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras de él una embajada para informar: «No queremos que él sea nuestro rey».
Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y dijo: Señor, tu onza ha producido diez. Él le contestó: Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades. El segundo llegó y dijo: Tu onza, señor, ha producido cinco. A ése le dijo también: Pues toma tú el mando de cinco ciudades.
El otro llegó y dijo: Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras. El le contestó: Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.
Entonces dijo a los presentes: quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez. Le replicaron: Señor, si ya tiene diez onzas. Os digo: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia. Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Pistas: El domingo leíamos una parábola parecida en el Evangelio de San Mateo. Hoy San Lucas nos pone claramente en la perspectiva del final de los tiempos. El Reino de Dios en plenitud. Como decimos en el credo, cuando venga a juzgar a vivos y muertos. Y aparece dentro de otra que habla sobre lo que les sucederá a los enemigos del Reino.
Mientras llega es el tiempo de negociar. Moverse, hacer que dé fruto. La onza son los dones de que el Señor nos da, los naturales y los sobrenaturales. ¿Qué hacemos con ellos? No se da el caso de que uno de los que negocia pierda, fracase. Porque los dones de Dios van a dar fruto sí o sí: cuando los pones en marcha, cuando colaboras con ellos con todo tu ser.
Pero si lo escondes, te acomodas, te acobardas, te dejas vencer por el pecado, entonces no pones a trabajar los dones que Dios te ha dado para que los uses en esta vida. Dios no pide imposibles. Pon a producir en el banco los tesoros que Dios ha puesto en tu ser. Acude a la Iglesia, en ella podrás –si no te acomodas- aprender el camino para que tu vida dé fruto. Pero, recuerda, nada de esto va a poder darse sin que tú pongas de tu parte. Dios nunca nos obliga a nada: ni a tener fe, ni a amar, ni a ser fieles… Sólo nos invita y nos da la fuerza para hacerlo. Y como actos verdaderamente humanos necesitan que pongas todo tu ser en ello.
Al que tiene se le dará. Como explicábamos el domingo, no es que Dios sea cruel, es que nosotros renunciamos a su gracia y sus dones y preferimos otro camino. Que finalmente es el del pecado.
Jesús vencerá plenamente. Con Él comienza el Reino, que ya está, Jesús ya es Rey. Y nosotros, para alcanzar la plenitud, tenemos que seguir luchando, abriendo el corazón a Dios, acogiendo sus dones y trabajando para que den fruto. Jesús te ha invitado a no acomodarte, a entregarte, a ser fiel, a vivir en el amor… sabiendo que Él no falla y no te va a abandonar nunca aunque pases por dificultades.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 17 de noviembre

Martes, 17 de noviembre
Santa Isabel de Hungría, religiosa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 19, 1-10
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó en seguida, y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Pistas: Zaqueo era jefe de publicanos y rico. Su vida está dominada por: política, poder, influencia, dinero, traición a su pueblo (trabajaba para el Imperio invasor) y también a sus propios jefes (se quedaba con un porcentaje, nada ético, de los impuestos que recaudaba con el objeto de enriquecerse). Pero en su vida irrumpe Jesús y todo cambia.
Zaqueo quiere verlo, pero Jesús toma la iniciativa, casi se autoinvita. Y Zaqueo le abre su casa. Cuántas veces buscamos a Jesús, queremos verlo, pero la gente, la situación, nos lo impiden… Jesús se hará el encontradizo. Y si le abres tu casa, si le dejas entrar, todo cambiará.
Se sube a una higuera, son poco de fiar esos árboles. Pero, él quiere ver a Jesús. No le preocupa lo que piensen de él, no se avergüenza. Quiere verle.
A Zaqueo le señalan. Es un pecador y todo el mundo lo sabe. Critican a Jesús también. Pero Él ha venido a salvar a los pecadores. Ésta es una buena noticia: ¿Eres pecador? ¿te sientes indigno? ¿te has equivocado y te equivocas muchas veces? Jesús quiere entrar en tu casa. Conoces a pecadores, a personas peores que tú: ¿Quién eres para juzgarlas? ¿has pensado en rezar por ellas, en ayudarles a que Jesús pueda entrar en su casa?
La presencia de Jesús en su vida convierte a Zaqueo. Se llena de alegría. Y toma decisiones. Va a devolver más de lo que estaba estipulado por la ley. Porque el que se encuentra con Jesús decide apartarse del pecado e intentar arrancarlo para siempre de su vida. Y no quiere andar con medias tintas. Cuando esto sucede, Jesús salva. Porque eso es lo que Jesús quiere: “Buscar y salvar lo que estaba perdido”. Y eso es lo que tú y yo como Iglesia tenemos también que hacer. Primero encontrarnos con Jesús, y después ayudar al que está perdido a que pueda encontrarse con Él.
Piensa hoy si quizás ha llegado el momento de que des el paso de encontrarte verdaderamente con Jesús. Habrá impedimentos, pero cambia la perspectiva y lo verás pasar a tu lado. Y, sin duda, Él te verá y se alojará en tu casa.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 16 de noviembre

Lunes, 16 de noviembre
Semana XXXIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 18, 35-43
En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: Pasa Jesús Nazareno. Entonces gritó: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? El dijo: Señor, que vea otra vez. Jesús le contestó: Recobra la vista, tu fe te ha curado. Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Pistas: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Éste fue el grito que cambió la vida del ciego del Evangelio. Antes veía, pero ahora está pidiendo al borde del camino, sobreviviendo de la compasión de los demás. En la sociedad judía era juzgado como alguien que por su pecado o el de su familia estaba ciego, como alguien que había merecido ser castigado por Dios. Intentan que se calle, pero Jesús le oye y les manda que se lo acerquen. Y cuando está en presencia de Jesús, todo cambia.
Así funciona el pecado: te hace vivir al borde del camino de la vida y ya no avanzas. Sobrevives con las limosnas, es decir, con cosas con las que intentas llenar tu vida pero que no te satisfacen. A veces puedes pensar que eres feliz, que ya lo tienes todo o que si tuvieras aquello estarías mejor. Pero en el fondo te sientes perdido, caminando en tinieblas. Necesitas que alguien te diga: Por ahí anda Jesús. Y dar el paso.
Habrá muchas fuerzas que te dirán: “Eso no es para ti”, “no vas a ser capaz”, “seguro que no puede ser algo tan bueno”, “cuidado, es una secta”… De fuera y de dentro de ti habrá voces que te digan: “cállate”. Sin embargo, Jesús te escucha. Ahora falta que te atrevas a llegar hasta Él. Quizás necesites ayuda. Esto es la Iglesia. Que te lleva hasta Jesús. Los sacramentos: la confesión, la eucaristía. La oración, la comunidad, la Palabra de Dios…
Y Jesús te pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti? Ya lo sabe, pero quiere que se lo digas. Quiere que elijas seguirle, que elijas ver, que elijas librarte del pecado y acoger su perdón y misericordia.
Al releer el Evangelio puedes pensar en las cegueras de tu vida, en tus pecados. ¿Te has detenido al borde del camino y sobrevives de limosnas? Llama a Jesús: “Ten compasión de mí”. Si necesitas confesarte o que recen por ti, acude a la Iglesia, te llevará a Jesús. Y después, cuando estés ante Él, sólo ten fe. Podrás ver, volverás a ver.
Recobró la vista y lo siguió. Haz como el ciego y no te quedes otra vez al borde del camino. Sigue con Jesús. Camina con Él y alaba a Dios. Porque Él es la luz. En Jesús hay garantía, hay salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 15 de noviembre

Domingo, 15 de noviembre
Semana XXXIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y dijo: Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: Siempre que leo este Evangelio me hago la siguiente pregunta: ¿y si hubieran fracasado en sus negocios? ¿qué hubiese hecho el señor?
Los talentos son los dones de Dios, son los dones sobrenaturales, que se apoyan en nuestra naturaleza -es verdad-, pero que son un regalo de Dios. Los más importantes son la fe, la esperanza, el amor, los dones del Espíritu… A cada uno Dios le ha dado diferentes según su capacidad, sus cualidades y no le pide más. Dios nunca pide imposibles, es verdad que, a veces, uno no sabe lo resistente, capaz y fuerte que puede ser hasta que le toca vivir ciertas situaciones. Pero lo importante es que Dios no te va a pedir cuentas más allá de tu capacidad, es decir, más allá de los “talentos” que te ha dado y de la ayuda de su Gracia.
Ahora viene la respuesta a la pregunta que dejé colgando antes, si hubiera fracasado alguno… es que Dios no fracasa, sus dones no fracasan, su salvación no fracasa. Sí o sí va a dar fruto si lo acoges y trabajas. Puede que tropieces, que te equivoques, incluso que alguna temporada tengas que meter en el banco tus talentos (caminar fiándote de Dios, sin ver frutos, cumplir porque sabes que es lo que hay que hacer, para esto te ayudará la Iglesia y los hermanos). Pero no fracasarás. En realidad, el mayor don es el Espíritu Santo, que habita en ti, y lo transforma todo con su amor ¿cómo va a fracasar Dios? Sólo si le rechazas, sólo si te cierras a su amor y su acción.
Así que este Evangelio es una invitación a vencer la pereza, el egoísmo, la mediocridad. Es una invitación a dejarte amar y a que tú también ames. ¿A qué se dedicó el que enterró su talento? Pues a sus asuntos, con sus historias. En realidad le importó bien poco lo que su señor pensase al llegar, no se esforzó lo más mínimo.
Son terribles las últimas palabras: arrojad a este inútil afuera, a las tinieblas. La salvación es un regalo, así fue para los dos que sí negociaron, pero no fue una baratija que no merece la pena. Implicó su vida, su esfuerzo, su tiempo. La salvación es un regalo también para ti, pero acogerla te transformará.
El reto para esta semana es mirar tu vida y preguntarte ¿cómo acojo el don de Dios? Ponte en marcha, eres de los suyos, su obra en ti no puede fracasar si te lanzas con su Gracia adelante.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 12 de noviembre

Jueves, 12 de noviembre
San Josafat, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 20-25
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

Pistas: Vaya giro que dan las cosas. De una religiosidad que busca el reino terreno, el Mesías liberador político, el triunfo de una religión y un pueblo a “el reino de Dios está dentro de vosotros”. Si llevamos esto a nuestra vida ¡cuánto tiempo perdemos buscando soluciones mágicas aquí o allí!, fiándonos de este o aquel visionario que prometen tener la receta de la felicidad o del éxito.
Jesús te dice: el reino de Dios, la verdadera y plena felicidad, la vida de Dios, la realización de todo deseo, está dentro de ti. Ahí empieza todo. Porque en ti habita el Espíritu Santo, porque Jesús prometió que Él y el Padre habitarían en aquellos que creyesen en Él. Dios, su poder, su amor, su fuerza, no están lejos.
Que nadie te engañe. Si no te enseñan a encontrarte con Dios en el interior, si te manipulan con anuncios espectaculares de paraísos terrenales, si te prometen felicidades a base de romperte por dentro o de entregarte a lo material o por un camino parcial… no es cristiano ni te va a hacer feliz. Porque Jesús restaura, sana, limpia, purifica, pero nunca destruye. A veces la conversión puede doler, puede ser necesario cambiar cosas en el interior (costumbres, hábitos, ideas, rutinas…), pero después siempre serás más libre, más feliz, más tú mismo, más capaz de amar y amarte.
“El reino de Dios está en vosotros”. Búscale ahí, en tu interior. He escuchado hace poco la historia de un hombre moribundo que había tenido experiencia de Dios y durante su vida fue un cristiano tibio. Decía a un amigo cura: “he sentido el cielo aquí dentro”, señalándose al pecho. “Ellos no lo entienden, pero qué bueno es Dios”.
Dios no está lejos, su reino no está lejos, empieza en tu interior y sólo desde ahí se podrá transformar lo exterior.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 11 de noviembre

Miércoles, 11 de noviembre
San Martín de Tours, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 11-19
En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes. Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

Pistas: Imagínate la escena. Jesús está caminando por un territorio fronterizo entre Samaría y Galilea. Desde lejos, porque no pueden acercarse a la gente ni permitir que se les acerquen, un grupo de leprosos le piden ayuda. Eran expulsados de los pueblos por miedo al contagio y vivían al margen de la sociedad. Esta época que nos ha tocado vivir nos ayuda a entender el miedo al contagio. En aquel tiempo muy pocos se salvaban de esta enfermedad. Son despreciados, marginados, como apestados.
Pero Jesús los mira. En otras ocasiones se había acercado, les había tocado y curado. Pero hoy les manda ir a presentarse al sacerdote. Cuando un leproso se curaba iba a presentarse al sacerdote para que confirmase que estaba sano, presentar una ofrenda y realizar un rito de purificación. Y los diez quedaron sanos cuando iban de camino.
Sólo un extranjero volvió alabando a Dios y dándole las gracias a Jesús. Era un samaritano que, como ya sabes, no se llevan bien con los judíos. Y es aquí, con Jesús, donde queda salvado plenamente.
Tal vez este evangelio te invite a reconocer lo que Dios hace en tu vida y te anime a ser agradecido. Invita a pedir y confiar. A aceptar los dones que Dios te da y a acudir a Jesús agradecido cada vez. Da igual que te sientas un samaritano, un extranjero. Puede que pienses que con las lepras que hay en tu vida (tus pecados y debilidades) ya no eres de los de Jesús. Puede que te sientas lejos del pueblo (lejos de la Iglesia) como aquellos leprosos. Da igual cómo estés. Llama a Jesús y pide su compasión, escucha su Palabra, obedécele, fíate de Él. Da igual que te parezca que Jesús está lejos porque Él te mirará a ti también. Te curará de tu lepra. Sea por el camino que sea si dejas a Jesús entrar en tu vida encontrarás su salvación.
Déjate mirar por Él, porque su mirada es de amor y salvación. Cuéntale tu vida, tus cosas, tus problemas, tus miedos y así verá tu vida y tú la verás su luz. Y, no olvides, da gracias, alaba a Dios, vuelve a Jesús cada día. Aléjate un momento de tus cosas y vete a Él para que te pueda decir: “levántate, vete, tu fe te ha salvado”.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 10 de noviembre

Martes, 10 de noviembre
San León Magno, Papa y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 7-10
En aquel tiempo, dijo el Señor: Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «Enseguida, ven y ponte a la mesa?» ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer».

Pistas: “Hemos hecho lo que teníamos que hacer”. ¿Cuántas veces nos comparamos con los demás pensando: “soy mejor que ellos”, cuando sólo hicimos lo que debíamos hacer? ¿cuántas veces nos enfadamos o nos sentimos mal porque no se nos reconoce cuando cumplimos con nuestro deber? Y, dentro de la Iglesia ¿cuántas veces esperas reconocimiento o admiración por ser como debes ser y hacer lo que debes hacer?
Jesús enseña a sus discípulos que la búsqueda de gloria y reconocimiento, hacer las cosas por interés, las dobles intenciones, la hipocresía… apartan de Dios, llevan a vivir en la mentira y a no amar al prójimo. Vivir como Jesús enseña implica entrar por la senda del amor y la gratuidad, la humildad y el servicio desinteresado. Significa recorrer el camino que recorrió Jesús. En realidad se trata de vivir como hijos de Dios, como discípulos de Jesús… y “hacer lo que tienes que hacer”.
No dejes que el orgullo, la vanagloria, la necesidad de aplauso o reconocimiento se cuelen en tu vida. Tampoco en tu vida de fe ni en tu comunidad eclesial. Porque acabarás viviendo en la hipocresía y el interés.
Jesús te invita a otro camino que sólo podrás recorrer con su gracia. Por eso, reza, llénate de su vida y de su fuerza. Llénate de su amor. Y vive como Él enseña.
Mira tu vida a la luz de este Evangelio. Y piensa qué gran regalo será si al final de la vida, con su Gracia, puedes decir: “soy un pobre siervo, he hecho lo que tenía que hacer”. Pero lo has hecho.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 9 de noviembre

Lunes, 9 de noviembre
Dedicación de la Basílica de Letrán

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Pistas: En la religión judía el templo es el lugar de la presencia de Dios. El culto consistía en sacrificios de animales y el templo tenía su propia moneda. Todo aquello tenía su parte de negocio. Jesús, al verlo, realiza un signo: purifica el templo porque ha de ser lugar de oración. Jesús supera la religiosidad basada en sacrificios. Se trata de acoger la salvación, de cambiar de vida, de vivir como hijos de Dios.
Por eso, va más allá. ¿Y qué autoridad tiene Cristo para hacer eso? Toda, porque Él será el nuevo templo, el nuevo y definitivo sacrificio en la Cruz. Los discípulos lo comprenderán después de su muerte y resurrección.
Jesús es el lugar de encuentro con Dios. Es más, Dios por medio de Jesús resucitado enviará el Espíritu Santo y habita en nosotros. El lugar de encuentro con Dios es Jesús, y Jesús por el Espíritu Santo habita en ti.
Ahora relee este Evangelio ¿has convertido tu corazón (templo del Espíritu, lugar de presencia de Jesús, de encuentro con Él) en un mercado? ¿Qué deberías echar de tu vida para encontrarte con Jesús, para experimentarlo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 8 de noviembre

Domingo, 8 de noviembre
Semana XXXII del tiempo ordinario, ciclo a

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: —El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
«¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!»
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas:
—«Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron:
—«Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.»
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
«Señor, señor, ábrenos.»
Pero él respondió:
«Os lo aseguro: no os conozco.»
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Qué fácil es perder tensión cuando se pierde la perspectiva. Al principio del cristianismo pensaban que Jesús iba a volver enseguida, que la parusía, la venida de Jesús, iba a ser inmediata… pero la cosa se retrasa. Imagina cómo sonarían estas palabras en una de esas primeras comunidades en las que ya han pasado años y se dan cuenta que “nadie sabe el día ni la hora”. Frente al acomodarse, la pereza, la mediocridad, Jesús propone la vigilancia. Tener la lámpara encendida y el aceite listo para que no se apague.
Dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium que una de las tentaciones del discípulo evangelizador es la acedia (pereza, flojedad) paralizante. Y esto nos vale para la vivencia de fe de todos los cristianos, porque todos estamos llamados a vivir nuestra fe y a testimoniarla. La mayor amenaza, dice el Papa, «es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad». Se desarrolla la psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como «el más preciado de los elixires del demonio».
¿Cuál es el reto del Evangelio de hoy? Vivir cada día plenamente, pensando que nadie sabe el día ni la hora. ¿Ppor qué voy a dejar para mañana las cosas importantes? ¿Por qué voy a dejar para mañana encontrarme con Dios, crecer en la fe, confesarme, rezar más, afianzarme en mi fe? ¿Por qué voy a dejar para mañana pedir perdón o perdonar, amar más, ser misericordioso? ¿Por qué voy a dejar para mañana querer ser santo?
La lámpara está encendida con la luz del Espíritu Santo, el aceite es la oración, los sacramentos, la Palabra de Dios… es lo que mantiene viva la llama. ¿Cómo está la llama de tu lámpara? ¿cómo está el aceite en tu alcuza?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.