Domingo, 8 de noviembre
Semana XXXII del tiempo ordinario, ciclo a
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: —El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
«¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!»
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas:
—«Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron:
—«Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.»
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
«Señor, señor, ábrenos.»
Pero él respondió:
«Os lo aseguro: no os conozco.»
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.
Pistas: Qué fácil es perder tensión cuando se pierde la perspectiva. Al principio del cristianismo pensaban que Jesús iba a volver enseguida, que la parusía, la venida de Jesús, iba a ser inmediata… pero la cosa se retrasa. Imagina cómo sonarían estas palabras en una de esas primeras comunidades en las que ya han pasado años y se dan cuenta que “nadie sabe el día ni la hora”. Frente al acomodarse, la pereza, la mediocridad, Jesús propone la vigilancia. Tener la lámpara encendida y el aceite listo para que no se apague.
Dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium que una de las tentaciones del discípulo evangelizador es la acedia (pereza, flojedad) paralizante. Y esto nos vale para la vivencia de fe de todos los cristianos, porque todos estamos llamados a vivir nuestra fe y a testimoniarla. La mayor amenaza, dice el Papa, «es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad». Se desarrolla la psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como «el más preciado de los elixires del demonio».
¿Cuál es el reto del Evangelio de hoy? Vivir cada día plenamente, pensando que nadie sabe el día ni la hora. ¿Ppor qué voy a dejar para mañana las cosas importantes? ¿Por qué voy a dejar para mañana encontrarme con Dios, crecer en la fe, confesarme, rezar más, afianzarme en mi fe? ¿Por qué voy a dejar para mañana pedir perdón o perdonar, amar más, ser misericordioso? ¿Por qué voy a dejar para mañana querer ser santo?
La lámpara está encendida con la luz del Espíritu Santo, el aceite es la oración, los sacramentos, la Palabra de Dios… es lo que mantiene viva la llama. ¿Cómo está la llama de tu lámpara? ¿cómo está el aceite en tu alcuza?
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.