Martes 10 de noviembre

Martes, 10 de noviembre
San León Magno, Papa y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 7-10
En aquel tiempo, dijo el Señor: Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «Enseguida, ven y ponte a la mesa?» ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer».

Pistas: “Hemos hecho lo que teníamos que hacer”. ¿Cuántas veces nos comparamos con los demás pensando: “soy mejor que ellos”, cuando sólo hicimos lo que debíamos hacer? ¿cuántas veces nos enfadamos o nos sentimos mal porque no se nos reconoce cuando cumplimos con nuestro deber? Y, dentro de la Iglesia ¿cuántas veces esperas reconocimiento o admiración por ser como debes ser y hacer lo que debes hacer?
Jesús enseña a sus discípulos que la búsqueda de gloria y reconocimiento, hacer las cosas por interés, las dobles intenciones, la hipocresía… apartan de Dios, llevan a vivir en la mentira y a no amar al prójimo. Vivir como Jesús enseña implica entrar por la senda del amor y la gratuidad, la humildad y el servicio desinteresado. Significa recorrer el camino que recorrió Jesús. En realidad se trata de vivir como hijos de Dios, como discípulos de Jesús… y “hacer lo que tienes que hacer”.
No dejes que el orgullo, la vanagloria, la necesidad de aplauso o reconocimiento se cuelen en tu vida. Tampoco en tu vida de fe ni en tu comunidad eclesial. Porque acabarás viviendo en la hipocresía y el interés.
Jesús te invita a otro camino que sólo podrás recorrer con su gracia. Por eso, reza, llénate de su vida y de su fuerza. Llénate de su amor. Y vive como Él enseña.
Mira tu vida a la luz de este Evangelio. Y piensa qué gran regalo será si al final de la vida, con su Gracia, puedes decir: “soy un pobre siervo, he hecho lo que tenía que hacer”. Pero lo has hecho.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.