Archivo de la categoría: Lectio divina

Domingo 8 de abril

Domingo, 8 de abril
III Domingo de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 24, 35-48
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Pistas: La resurrección trasciende la historia y la experiencia física, pero las incluye. El sepulcro está vacío. Sucede al tercer día. Le pueden ver, tocar… Los encuentros con el resucitado que nos narran los Evangelios quieren hacernos comprender que verdaderamente es Jesús. Y verdaderamente resucitado. No es una proyección de la comunidad o una manera de decir que pervive en las enseñanzas y en el recuerdo de los discípulos. El resucitado es el mismo que nació de María, que pasó por el mundo lleno de Espíritu Santo, predicando y realizando milagros y signos. El mismo que muere en la cruz y es sepultado. El mismo hombre resucitado. Se presenta delante de sus discípulos y les manda que comprendan que está vivo, y que es el mismo que vivió con ellos.
Ni podemos entender la resurrección de Jesús como un mero revivir con un cuerpo como el nuestro corruptible, ni como un símbolo o producto del ambiente que vivió la comunidad… sino como la plenitud de la vida que Jesús prometió que se cumple en Él y en los que crean en Él.
Ahora, imagínate la escena. Jesús se ha aparecido a unos y a otros, en lugares distintos, atraviesa puertas cerradas, aparece y desaparece, les cuesta reconocerlo… ¿Cómo no tener dudas? Y Jesús no quiere que las tengan. ¿Cómo poder entender un cuerpo glorioso, resucitado, lleno de gloria y del resplandor del Espíritu Santo? Y Jesús quiere que crean en Él. Quiere que puedan ser sus discípulos y vivir las promesas que les ha hecho. Es más, quiere que sean sus testigos y anuncien lo que han visto y experimentado. Y que compartan con todos los hombres la salvación que Él ha regalado.
Fíjate: la resurrección es la confirmación de todo lo que Jesús dijo e hizo. El sello divino que ratifica la vida de Cristo. En la cruz es vencido el pecado, nuestros pecados, y en la resurrección Jesús abre el camino del cielo, la vida de Dios. Los frutos de su resurrección son para todos los que crean en Él.
Sigue recorriendo el camino de la Pascua, adentrándote en el misterio de Jesús resucitado y sobre todo encontrándote con Él en oración. Es tiempo para experimentar, para alegrarse, para compartir y para ser testigos. Es tiempo de celebrar su victoria.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 14 de abril

Sábado 14 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 6, 1-7
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Pistas: La Iglesia va tomando forma para responder a las necesidades que van apareciendo. Los Apóstoles buscan colaboradores entre los discípulos (“hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría”) y “oran por ellos imponiéndoles las manos” (como hacemos hoy en las ordenaciones).
Caridad, oración y predicación. Todo lo que Jesús hacía y les enseñó. Y cada cual va respondiendo según la misión que le encomiendan. Puedes aprovechar esta lectura para rezar por la Iglesia, para pensar en tu propia vocación, cómo estás viviendo lo que Dios te pide o te ha pedido.
Y la Palabra de Dios da fruto. Muchos se convierten y se agregan a la Iglesia que está naciendo. También puedes pensar qué necesita nuestro mundo, por qué hoy muchos no quieren saber nada del mensaje de la fe o les deja indiferentes.
La lectura del libro de los Hechos nos acerca a los primeros pasos de la Iglesia y, por tanto, de la evangelización. Esto puede dar luz a tu manera de entender y vivir la Iglesia, y también de verte a ti dentro de ella.
La Iglesia necesita una estructura para organizarse. Cada uno tiene un papel en ella. Busca el tuyo y comprométete en la tarea, porque ser cristiano es ser Iglesia también. Reza con esta lectura ¿qué te dice Dios hoy?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 13 de abril

Viernes, 13 de abril
San Martín I, papa y mártir
San Hermenegildo, mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 5, 34-42
En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a aquellos hombres y dijo: «Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. No hace mucho salió un tal Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, dispersaron a todos sus secuaces, y todo acabó en nada. Más tarde, cuando el censo, salió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y dispersaron a todos sus secuaces.
En el caso presente, mi consejo es éste: No os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se dispersarán; pero, si es cosa de Dios, no lograréis dispersarlos, y os expondríais a luchar contra Dios.»
Le dieron la razón y llamaron a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando el Evangelio de Jesucristo.

Pistas: “Si es cosa de Dios…”. Por los frutos se conocerá de quién vienen las cosas. Éste es un criterio de discernimiento muy claro para la vida. Nos sirve tanto para nuestras decisiones personales como si tienes responsabilidades profesionales o pastorales. Hay que estar dispuesto a descubrir la verdad, a que Dios cambie nuestros planteamientos y posicionamientos. Aunque no coincida con nuestros planteamientos iniciales.
La reacción de los judíos es contradictoria: le dan la razón, pero azotan a los apóstoles. Estos perseveran en el camino de obediencia y fidelidad a Dios que veíamos ayer. Cumplen con el mandato de Jesús y siguen anunciando el Evangelio. No dudan ni un momento. Tal vez podrían pensar que si Dios estaba con ellos cómo era posible que les sobreviniesen tantas dificultades. Pero tienen reciente en su memoria el camino de la cruz y la manera misteriosa en la que Dios se abre camino en la historia.
Buscar la voluntad de Dios y descubrir su camino en nuestra vida y nuestro mundo con la luz del Espíritu Santo y el resplandor de la verdad, es lo que te propone la lectura de hoy.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 12 de abril

Jueves 12 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 5, 27-33

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles a presencia del Sanedrín, y el sumo sacerdote les interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»
Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos.

Pistas: Los Apóstoles obedecen a Jesús y continúan el camino que Él les marcó. ¿Cómo se van a callar si el que vieron morir en la cruz está vivo? ¿cómo se van a callar la verdad que trae salvación y vida a los hombres? ¿cómo no van a anunciar que Jesús es el que salva y que todo lo que dijo es verdad?
Y, además, tienen el poder del Espíritu Santo para hacerlo. No sólo dan un testimonio humano, sino que cuentan con la fuerza y la guía de Dios. El Espíritu Santo no sólo les ha movido al principio, el día de Pentecostés, dándoles valor, sino que dejarse llevar por Él, lanzarse, trabajar, caminar, perseverar, ser fieles, hace que Dios les llene más. Por eso dicen: “El Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen”.
Ellos son testigos. No hablan de una teoría, ni de una ideología, sino de vida, de una persona, de verdad, de luz, de victoria sobre la muerte. Las dificultades no cesan: les detienen, les interrogan, les prohíben… La situación no mejora; al contrario. Pero el Espíritu Santo sigue abriendo camino al Evangelio, a través de esos hombres perseguidos y acosados, pero que tienen a Dios en su corazón y le obedecen. Ya no ven las cosas desde el punto de vista meramente humano, sino que han entendido cuál es su misión y que Dios no falla.
Ilumina tu vida, tu comunidad, tu situación y pregúntate: ¿qué me quiere decir hoy Dios?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 11 de abril

Miércoles 11 de abril
San Estanislao, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 5, 17-26
En aquellos días, el sumo sacerdote y los de su partido -la secta de los saduceos—, llenos de envidia, mandaron prender a los apóstoles y meterlos en la cárcel común. Pero, por la noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de la celda y los sacó fuera, diciéndoles: «Id al templo y explicadle allí al pueblo íntegramente este modo de vida.»
Entonces ellos entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Llegó entre tanto el sumo sacerdote con los de su partido, convocaron el Sanedrín y el pleno de los ancianos israelitas, y mandaron por los presos a la cárcel. Fueron los guardias, pero no los encontraron en la celda, y volvieron a informar: «Hemos encontrado la cárcel cerrada, con las barras echadas, y a los centinelas guardando las puertas; pero, al abrir, no encontramos a nadie dentro.»
El comisario del templo y los sumos sacerdotes no atinaban a explicarse qué habla pasado con los presos. Uno se presentó, avisando: «Los hombres que metisteis en la cárcel están ahí en el templo y siguen enseñando al pueblo.»
El comisario salió con los guardias y se los trajo, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo los apedrease.

Pistas: Los que habían sido enemigos de Jesús y habían querido acabar con Él (las autoridades judías y sus grupos de poder), continúan luchando contra sus discípulos y contra su mensaje. No les importan los acontecimientos extraordinarios que acompañan la actividad y la predicación de los Apóstoles y de los discípulos. Sólo quieren silenciarlos. Les mueve la envidia y el miedo.
El mal, el demonio, siguen intentando acabar con el plan de Dios. Pero éste no se puede parar y sigue adelante. El Evangelio se abre camino. Un nuevo modo de vida se va abriendo camino. Nada puede detenerlo.
¡Cuántas veces parece que el mal vence! En el mundo, en la Iglesia, en la sociedad. ¡Cuántas veces parece que la verdad va a quedar encerrada y silenciada!. Pero Dios seguirá abriendo caminos. Es cierto que hacen falta personas valientes, que a pesar de las dificultades perseveren. El Espíritu les daba fuerza y valor a los apóstoles, y ellos permanecían fieles y ponían todo su ser en ello. Obedecían a Dios, a pesar de las consecuencias que eso pudiera tener en sus vidas.
¿Necesitas tú o tu comunidad, parroquia, Iglesia, más Espíritu Santo? ¿Sientes que la verdad está encerrada, que Dios no actúa? Tal vez necesites creer más y seguir los caminos que abra ante ti. El camino no estará libre de dificultades, pero Jesús ha vencido y el mismo Espíritu que le movió en su vida, que le dio fuerzas y le resucitó, estará contigo. Dios te ha llamado a una misión y te dará las fuerzas para llevarla a cabo.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 10 de abril

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta los primeros pasos de la Iglesia. ¿Qué sucede después de la resurrección de Jesús? ¿Cómo comienzan a organizarse y vivir las primeras comunidades cristianas? Vamos a acercarnos a las primeras lecturas durante estos días y a rezar con ellas.

Martes 10 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 4, 32-37

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía.
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.
José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa Consolado, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.

Pistas: ¿Cuál es el fruto de la presencia del Resucitado y de la acción del Espíritu Santo? Nace la comunidad, hombres que tienen un mismo corazón, porque el que los mueve es el mismo Espíritu. Un mismo pensar y un mismo sentir.
Dan testimonio de la resurrección de Jesús. Lo cuentan a otros. No es una comunidad cerrada en sí misma sino que busca compartir su experiencia y comunicar la luz de la verdad que han conocido. Es una comunidad que vive en el amor, vive el mensaje del Resucitado. La vivencia de su fe es fuerte: Jesús es el centro de sus vidas y así lo transmiten a otros.
También en lo material. Es una realidad auténtica, porque el amor verdadero se concreta. Es el modelo de comunidad, el ideal. Todos los que la forman actúan como se espera de alguien que sigue a Jesús: los creyentes, los apóstoles, los que se convierten.
Deja que este texto ilumine tu vida. ¿Cómo actúas tú que eres creyente? ¿cómo es tu comunidad? Deja que el Espíritu Santo te mueva ¿qué puedes hacer para que realmente la Iglesia sea la comunidad de los creyentes en Jesús?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 9 de abril

Lunes, 9 de abril
Anunciación del Señor. Solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Pistas: Hacemos hoy un paréntesis en la Pascua con la fiesta de la Anunciación o de la Encarnación. Y volvemos a rezar con este Evangelio de San Lucas, que nos hace asomarnos al misterio de la Virgen Madre, del Dios-con-nosotros, del Hijo de Dios que se hace hombre.
Hay muchos temas que te puede sugerir este texto para ayudarte a rezar: cómo Dios no hace las cosas sin nosotros –María responde: “hágase en mí según tu palabra”´-. Es el Dios de la alegría, el que trae salvación, el que hace posible lo imposible, el que ahuyenta el temor.
Es asombroso, sorprendente, impresionante, lo que nos cuenta este relato. El Hijo de Dios se hará hombre en el seno de una mujer. Y se lo anuncia como si le pidiera “permiso”.
Mira ahora tu vida. Si Dios te está llamando a algo, siempre te dirá: no temas. Te hará ver el camino que quiere para ti. Te hará descubrir que para Él nada es imposible. Y si le dices: “sí”, verás en tu vida y en la de los que te rodean las maravillas de Dios.
Lee otra vez despacio el Evangelio, deja que te hable al corazón, que ilumine tu vida. Y si algo te llama la atención, piénsalo, reza un rato con ello, alaba a Dios. O pídele, dale gracias…
Además, hoy celebramos la Jornada por la vida. La Iglesia nos invita a concienciarnos en esta jornada del don que es la vida humana. Cada vida es única e irrepetible. Para Dios cada persona es valiosa y digna. Por eso, hoy puedes rezar también por las personas que Dios pone en tu vida: por tus familiares y amigos. Pero también por los que están todavía por nacer, para que en este mundo encuentren un lugar de protección y crecimiento en lo físico y en la fe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 8 de abril

Domingo 8 de abril
II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Pistas: “¡Señor mío y Dios mío!”.
El relato que has leído sitúa las apariciones del Resucitado en el primer día de la semana, en el domingo. Es el día de la Eucaristía, Y Jesús en persona aparece en la comunidad reunida. Tomás no está y no es capaz de creer hasta que, al siguiente domingo, se reúne con los otros discípulos.
Frente el miedo, Jesús trae paz. Frente a la tristeza, alegría. Están encerrados pero Él les envía, les da el Espíritu Santo y el poder para hacer lo que les pide. Jesús hace todo nuevo. Su presencia transforma las cosas.
Tomás se parece a nosotros: si no veo, si no toco… da igual que me lo cuenten. Da igual ver las cosas que Dios hace en la vida de otras personas. Da igual lo hermoso que es el mensaje de Jesús. Hasta que no te encuentres con Él, nada cambiará. Pero cuando experimentes que está cerca de ti -en tu corazón, en el hermano, en la comunidad, en la Eucaristía-, cuando experimentes que está vivo, serás dichoso y podrás proclamar: “¡Señor mío y Dios mío!”.
Tienes muchos temas para pensar y rezar en este Evangelio: El domingo, la Eucaristía, la comunidad, la fe, el encuentro con Jesús, el testimonio de aquellos que le vieron morir y le encontraron resucitado.
Y todo esto, para que puedas creer en Jesús, para que puedas descubrir quién es: el Mesías –el que Dios había prometido-, el Hijo de Dios –Dios y hombre-. Y aquel en cuyo nombre hay vida para los que creen en Él. Relee el Evangelio y reza con él.

Sábado 7 de abril

Sábado 7 de abril
Sábado de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 16, 9-15
Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»

Pistas: El Evangelio de hoy parece un resumen de los que hemos ido leyendo durante esta semana. Pone el acento en la dificultad para creer en el testimonio de aquellos que vieron y experimentaron que Jesús había resucitado y está vivo, sin tener la experiencia personal de encuentro con Él.
Les parece algo tan increíble… No se acuerdan que Jesús lo prometió. No les sirve el testimonio, tienen que experimentarlo. Quizás esto te pase a ti, o a personas a las que les hablas de Jesús. Es necesario encontrarse con Él en persona. La oración, la comunidad, la Palabra que lees cada día y con la que rezas, los sacramentos (la Eucaristía) son el camino para encontrarse con Jesús –como has ido viendo estos días-.
Y ese encuentro con Él no deja indiferente al que lo experimenta. María, los dos de Emaús, los Apóstoles, todos sienten la llamada de Jesús a salir: “id y proclamad”. Si quieres crecer en tu vida de fe, esto también es algo que tienes que hacer: encontrarte con Jesús, experimentar su salvación. Y descubrir cómo te dice a ti: ve y anuncia. Y, por supuesto, tener el valor de hacerlo. Jesús está vivo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 6 de abril

Viernes 6 de abril
Viernes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.
Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No.»
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»
Ninguno de los discípulos se abrevia a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Pistas: Es muy simbólico este Evangelio. Los Apóstoles vuelven a su antigua vida de pescadores. Es como si quisieran regresar a sus seguridades, donde ellos sienten que dominan la situación. Van sin Jesús y no pescan nada. Pero cuando Jesús aparece, cuando le obedecen y escuchan su voz, todo cambia. El esfuerzo sin Jesús no da fruto, no sirve de nada. Pero cuando Él está, cuando se sigue su voz, da fruto y abundante.
Tal vez fueron a pescar porque lo necesitaban. Pero seguir a Jesús, obedecerle, aunque parezca una locura, siempre es un camino de plenitud y siempre hay más de lo que uno pueda esperar. He escuchado muchas veces historias increíbles –pero reales- y también lo he vivido en primera persona, cómo Dios siempre provee. Si te fías de Él, siempre, aunque no sea por el camino que tú esperas, aunque tengas que pasar por la cruz, pero siempre, siempre, triunfa el amor. Y siempre sentirás la mano protectora de Jesús.
No sólo hicieron una pesca normal. Eran tantos que la red parecía que se iba a romper. Y Jesús les esperaba con el alimento. Sin Jesús todo era cansancio, esfuerzo, buscar en vano. Con Jesús todo cambia, si te fías de Él, si le dejas actuar en tu vida.

Lee otra vez el Evangelio. Puedes imaginar la escena, lo que sentiría cada uno de los personajes. También puedes dejar que alguna idea ilumine algo que estás viviendo. Y después reza, pide, da gracias, contempla, adora…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.