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Domingo 25 de marzo

Domingo 25 de marzo
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Pistas: Hoy os envío las pistas antes del Evangelio con el fin de situarnos ante uno de los momentos más destacados de los que vamos a rememorar en los próximos días.
En este día bendecimos ramos y palmas. Recordamos la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén. Allí lo aclaman como al Mesías, cortan ramas de los árboles y se las ponen por el camino. Y serán los mismos que pocos días después gritarán: ¡Crucifícale!.
Al comienzo de la Semana Santa la Iglesia nos propone leer la Pasión, para ponernos en el contexto, como una introducción a este tiempo. Y eso mismo te propongo yo. Léelo imaginándote la escena, situándote en ella. Puedes pensar qué sentirían los protagonistas, qué les motiva.
¿Por qué Jesús se entrega a la muerte? Para salvarnos, por amor, voluntariamente. Podría no hacerlo. Pero ahí está, comenzando su camino hacia el calvario, el sufrimiento y la muerte, sólo por amor a ti.
Párate y reza en aquello que te toque el corazón, o te haga pensar… Deja que ilumine tu vida y tus situaciones.

+—Todos vais a caer, como está escrito: herirá al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.
C. Pedro replicó:
S. Aunque todos caigan, yo no.
C. Jesús le contestó:
+—Te aseguro, que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres. C. Pero Pedro insistió:
S. Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
C. Y los demás decían lo mismo.
C. Fueron a una finca, que llaman Getsemaní y dijo a sus discípulos: +—Sentaos aquí mientras voy a orar.
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo: +—Me muero de tristeza: quedaos aquí velando.
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
+-¡Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. C. Volvió, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
+-Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió y les dijo:
+-Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los letrados y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles: S. -Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto. C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
S. —¡Maestro !
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo
+ —¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras. C. Y todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los letrados y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban testimonio contra él diciendo:
S. —Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.» C. Pero ni en esto concordaban los testimonios.
El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
S. —¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo preguntándole: S. —¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
C. Jesús contestó:
+ —Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo. C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:
S. —¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decidís?
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle, y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían: S. —Haz de profeta.
C. Y los criados le daban bofetadas.
Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo: S. —También tú andabas con Jesús el Nazareno.
C. El lo negó diciendo:
S. —Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó.
La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. —Este es uno de ellos.
C. Y él lo volvió a negar.
Al poco rato también los presentes dijeron a Pedro:
S. —Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S. —No conozco a ese hombre que decís.
C. Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.
Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia; y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
S. —¿Eres tú el rey de los judíos?
C. El respondió:
+ —Tú lo dices.
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
Pilato le preguntó de nuevo:
S. —¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado.
Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. —¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. —¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. —Crucifícalo.
C. Pilato les dijo:
S. —Pues ¿qué mal ha hecho?
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. —Crucifícalo.
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio —y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: S. —¡Salve, rey de los judíos!
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rulo, lo forzaron a llevar la cruz.
Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.» Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. —¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz. C. Los sumos sacerdotes, se burlaban también de él diciendo:
S. —A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos. C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Al llegar el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
+ -Eloí Eloí, lamá sabactani. (Que significa: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?) C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. —Mira, está llamando a Elías.
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo: S. —Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: S. —Realmente este hombre era Hijo de Dios.
[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas Maria Magdalena, Maria la madre de Santiago el Menor y de José y Salomé, que cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el Reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacia mucho tiempo que había muerto.
Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. Maria Magdalena y Maria, la madre de José, observaban dónde lo ponían.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 24 de marzo

Sábado 24 de marzo
V semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 11, 45-57
En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que habla hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.»
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.»
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?»
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Pistas: Jesús ha resucitado a su amigo Lázaro. Muchos creen en Él por este signo. Por otra parte, el enfrentamiento con las autoridades judías ha ido aumentando. Y hoy una mezcla de envidia y miedo les hacen poner en marcha los acontecimientos que acabarán con la muerte de Jesús.
Realmente no les importa la verdad, ni quién es Jesús, ni por qué es capaz de hacer esas cosas. Sólo tienen miedo a perder el control de la situación. Prefieren que las cosas sigan igual y mantener su poder. Se excusan en buscar el bien de los demás. Pero en el fondo tampoco creen en su Dios: el Dios de la alianza, el que no les ha abandonado nunca, que les sacó de Egipto… Sólo quieren hacer las cosas a su manera.
Tal vez algo parecido pasa a veces en tu vida. No dejas entrar a Dios, no te acercas a Jesús porque temes perder el aparente control que tienes…
Pero, volviendo al Evangelio, no saben que en realidad lo que va a suceder es tan grande que cambiará la historia. Y ellos, de un modo misterioso, cumplen la voluntad de Dios: “Os conviene que uno muera por el pueblo”, “también para reunir a los hijos de Dios dispersos”. La decisión está tomada. Jesús morirá.
Es curioso ver cómo el mal enreda las cosas. Un acontecimiento extraordinario, la resurrección de Lázaro, se convierte en el detonante y parece que todo estará orquestado para llevar a Jesús a la muerte. Pero todavía es más grande descubrir cómo el amor, el poder, la misericordia, la fuerza de Dios, es mayor que el mal y éste será vencido precisamente donde parece más fuerte.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Viernes 23 de marzo

Viernes 23 de marzo
Santo Toribio de Mogrovejo, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 10, 31-42

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»
Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.»
Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: «Yo os digo: Sois dioses»? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.»
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.» Y muchos creyeron en él allí.

Pistas: El Evangelio de ayer terminaba con Jesús diciendo: “Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo”. Los judíos no son capaces de asomarse al misterio que se revela en Jesús, pero tampoco quieren. Se cierran en banda. Más aún, quieren matarlo por blasfemo. Ni las obras ni las palabras de Jesús les convencen. Jesús se pone por encima de nosotros: “El Padre está en mí y yo en el Padre”. Realmente en el lenguaje de Jesús se ve que Él tiene conciencia de ser igual que Dios. Y esto les escandalizó.
Quizás en tu propia vida, en la sociedad en la que vivimos, también tenemos nuestros propios prejuicios y la figura de Jesús sigue escandalizándonos. Cuántas cosas buenas hace la Iglesia -que continúa la obra de Jesús- y cuántos también quieren hoy quedarse sólo con esas acciones pero rechazan la fe, a Dios y la moral. No admiten que en la Iglesia se encuentre a Dios y que ésta haga la obra de Dios en el mundo. Por supuesto, hay una diferencia. En Jesús no hay pecado, en los hombres que forman la Iglesia si y a veces oscurecen la identidad de ella. La Iglesia es santa en cuanto continúa la obra de Cristo con el poder del Espíritu Santo, pero está formada por hombres débiles y pecadores.
Puedes seguir orando haciéndote las preguntas: ¿Quién es Jesús? ¿qué nos enseña? y adorarle, alabarle, reconocerle como el Señor. También darte cuenta que no basta sólo con ser buenos y hacer buenas obras. Se trata también de encontrar la verdad (como en la palabra de Juan bautista). Se trata de encontrar a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 22 de marzo

Jueves 22 de marzo
V semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 51-59
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre.»
Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: «Quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre»? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?»
Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: «Es nuestro Dios», aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: «No lo conozco» seria, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría.»
Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?» Jesús les dijo: «Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo.»
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Pistas: Tras leer este Evangelio sólo hay tres opciones respecto a Jesús: O es el Hijo de Dios hecho hombre, o era un farsante, o un loco. Jesús dice que creer y guardar su palabra da vida. Que Él no habla de oídas, sino que viene de Dios, que su gloria se la da su Padre. Que conoce a Dios, porque existe desde siempre como Dios mismo. Es decir, porque Él mismo es Dios. “Antes… existo yo”. Acusarán a Jesús de hacerse igual a Dios y así es. Con estas palabras Jesús deja entrever su divinidad.
Cuando muera en la Cruz todo esto parecerán falsas promesas. Un endemoniado, un loco, un demente, un farsante, un revolucionario judío que se creía el Mesías, un fanático religioso… Pero cuando resucita, la pregunta es inevitable: ¿Quién es éste? Y el misterio es asombroso: verdadero Dios y verdadero hombre que revela al único Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Nos acercamos a la Semana Santa. Pronto acompañaremos a Jesús en sus últimos días y celebraremos la Pascua. Después tenemos cincuenta días por delante para seguir celebrando la resurrección de Jesús. Y al final Pentecostés, la promesa del Espíritu Santo que se cumple.
Un modo de rezar con esta lectura es asomarte al misterio de Jesús, y admirarle, darle gracias, adorarle, alabarle. Lo que los judíos no fueron capaces de descubrir tú puedes hacerlo con la luz de la Pascua y la presencia del Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 21 de marzo

Miércoles 21 de marzo
V semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 31-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.»
Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: «Seréis libres»?»
Jesús les contestó: «Os aseguro que quien comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre.» Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán.»
Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre.»
Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitutas; tenemos un solo padre: Dios.»
Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió.»

Pistas: Jesús presenta hoy dos opciones. Por un lado: creer en su palabra, vivir en la verdad y ser libres. Por otro: no creer en Jesús, no conocer la verdad, ser esclavos.
Jesús da testimonio del Padre. Creer en Él es tener acceso a Dios, convertirse en hijos de Dios. No valen posiciones sociales, ni tradiciones. Los del Evangelio de hoy se sienten muy seguros: “Somos linaje de Abrahán”. Quizás nosotros podríamos decir: “Soy el catequista”, “soy de tal o cual grupo”, “soy el más religioso de mi casa, de mis amigos…”. Pero la clave es ¿creo en Jesús y me mantengo en su palabra? Porque todo lo demás son falsas promesas de verdad y libertad. Son falsas seguridades.
Jesús hace una afirmación muy dura: “Vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre”, que no es Abrahán sino el que les lleva a vivir en el pecado. Puedes pensar en tus seguridades, en tus orgullos y soberbias, que te hacen esclavo, y revisar si eres fiel a Jesús y su palabra, si crees en Él e intentas permanecer en Él. Porque éste es el camino de la vida, de la verdad y de la libertad.
También estos días los Evangelios nos acercan al misterio de la naturaleza de Jesús: ¿Quién es este hombre? Puedes aprovechar para adentrarte en oración en la figura de Jesús: ¿Quién es Jesús? ¿Qué encuentro en Él? ¿Puede dar un sentido a mi vida? ¿Qué tengo que hacer o cambiar para seguirle? Reza, busca y encontrarás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Martes 20 de marzo

Martes 20 de marzo
V semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.» Y los judíos comentaban:
«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: «Donde yo voy no podéis venir vosotros»?» Y él continuaba:
«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.» Ellos le decían:
«¿Quién eres tú?»
Jesús les contestó:
«Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.» Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.» Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Pistas: Jesús anuncia su muerte en la Cruz. Juan la presenta más como un trono y una glorificación que como un terrible instrumento de tortura. Jesús es el Yo soy (en el Antiguo Testamento, uno de los nombres de Dios), el testigo de la verdad, el Hijo, el que hace siempre la voluntad del Padre. En la Cruz será levantado pero no podrán reconocerlo por sus pecados.
Es dramático lo que refleja el Evangelio de hoy: Jesús será acusado y traicionado, lo crucificarán. Ya en aquel momento podían sorprenderse de cómo afronta Jesús la Cruz, pero no quieren ver. Después podrán escuchar que resucita, que la tumba queda vacía, pero no serán capaces de creer en Él.
Jesús dice que esto es por los pecados de los hombres y porque son del mundo. Por eso la Iglesia te invita en esta cuaresma a que seas menos del mundo (que cuides tu espíritu, que luches contra la tentación, contra el egoísmo…) y a que te arrepientas y te conviertas de tus pecados. No sólo eso. Te ha invitado a rezar más, a dar limosna, a ayunar…a cuidar el bien y luchar contra el mal.
Y si crees en Jesús todo cambiará. Le buscarás y le encontrarás. Mirarás la cruz y descubrirás en ella el poder de Dios que hace las cosas nuevas, que acepta el sacrificio de amor y obediencia de Jesús. Ahí la muerte es vencida, el pecado derrotado. Encontrarás en Jesús el camino a Dios, podrás descubrir la verdad.
Deja que el Evangelio de hoy te interpele. Y si hay mundo y pecado en ti, si no eres capaz de reconocer a Jesús, si te da miedo la cruz, si juzgas y condenas a otros como hacen los judíos en el Evangelio de hoy con Jesús, arrepiéntete y acércate a Jesús con humildad, Él hará también todo nuevo en tu corazón.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 19 de marzo

Lunes 19 de marzo
San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Pistas: El Evangelio comienza con el final de la genealogía de José, del linaje de David, de cuya descendencia nacerá el Mesías según las promesas del Antiguo Testamento. José, esposo de la Virgen, de la cual nació Jesús, siendo ésta Virgen. Porque lo que sucede en Jesús es tan grande que supera todo lo que podemos imaginar, esperar o soñar. Jesús es más que un descendiente de David. Es el Hijo de Dios.
Pero fijémonos en este día de San José en la figura del esposo de la Virgen María y el padre adoptivo de Jesús. Era un hombre justo, enamorado de María y bueno. Fue un hombre que se dejó sorprender por Dios y fue capaz de descubrir la voluntad de Dios, y con ella cambiar sus planes y proyectos. También lo tuvo que hacer María. Para ellos descubrir y aceptar el plan de Dios significa, por un lado, que algo sorprendente y extraordinario va a suceder en sus vidas. Por otro, que van a tener que cambiar sus planes y proyectos, y fiarse de que Dios les guía.
Ahora piensa en tu vida. Dios también quiere guiarte. Cumplirá sus promesas de salvación y plenitud para ti. Pero hay que recorrer un camino de confianza y apertura a su voluntad y a su luz para tus decisiones.
Si te sientes estancado, tal vez necesites dejar que Dios rompa tus esquemas. Si hay dificultades y contrariedades en tu vida, pídele ser justo como San José, y que te muestre el camino. Lo hará, sea como sea, mostrará su sueño para tu vida. Por último, fíate… José podía haber pensado que no era real lo que sucedía: demasiado increíble, demasiado raro, imposible… Y sin embargo fue posible y cambió la historia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 18 de marzo

Domingo 18 de marzo
V domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 12, 20-33.
En aquel tiempo entre los que habían venido a celebrar la Fiesta había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: Señor, quisiéramos ver a Jesús.
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre.
Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará.
Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Pistas: Se acercan unos que dicen a los discípulos: “quisiéramos ver a Jesús” y en el Evangelio hoy esto parece una tarea difícil. La respuesta de Jesús parece que tiene poco que ver con las inquietudes de aquellos que se acercaban buscándole. Pero nos muestran el camino para poder encontrarse con Jesús y que Él mismo recorrió: el del amor, la humildad, la fidelidad, la obediencia, el servicio. Y sólo recorriendo ese mismo camino se puede descubrir verdaderamente quién es Jesús y conocerle.
¿Cuántas veces quisiéramos ver a Jesús sin tener que pasar por “Andrés” y “Felipe”, es decir, por la Iglesia? ¿Cuántas veces nos gustaría un camino triunfante, sin cruces, cediendo a los propios deseos? ¿Cuántas veces ponemos por encima el egoísmo o el interés en lugar de buscar el verdadero bien, la verdad, la auténtica libertad, la fidelidad a Dios aunque sea por un camino difícil de entender?
“Ahora el Príncipe de este mundo va ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacía mí”. Jesús vence al diablo, al mal, al pecado, a la mentira, a la injusticia, al sufrimiento. Todo ello lo consigue muriendo en una cruz. Y esto cambia la historia. Es algo asombroso lo que sucede. Y es la mejor manera de entender el grano de trigo que cae en tierra y muere, y el ser capaz de negarse a uno mismo.
En la cruz el diablo cree que vence, pero en realidad es vencido. Jesús no es un necio que se entrega a la muerte, ni un fanático religioso… Se entrega porque ama. Lo matan porque le odian y no le entienden o le tienen miedo. Y en medio de esto se cumple el plan de Dios.
Seguir a Jesús y comprender la cruz como camino de salvación es lo que el evangelio de hoy te propone. No dice que vaya a ser fácil, pero sí que dará fruto, que encontrarás vida, que conocerás verdaderamente a Jesús, siguiéndole, porque Él va delante. ¿Llevas cruces? Él llevó la cruz. ¿Necesitas entregarte más, quieres más amor en tu vida? Jesús fue delante enseñándote el camino. ¿Te atreves a seguirle? Toma tu cruz y ve con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 17 de marzo

Sábado 17 de marzo
San Patricio, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 7, 40-53
En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que hablan oído los discursos de Jesús, decían: «Éste es de verdad el profeta.» Otros decían: «Este es el Mesías.» Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?» Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?» Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.» Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.»
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.» Y se volvieron cada uno a su casa.

Pistas: Nicodemo pregunta a los fariseos y sumos sacerdotes: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?». Pero a ellos no les importa eso. Ya tienen claro lo que piensan de Jesús y buscan la manera de confirmar sus ideas, no de encontrar la verdad.
La gente al oír y ver a Jesús, por sus palabras y sus signos, y por su propio estilo de vida, creían en Él. Pero cuando los prejuicios religiosos y los intereses entran por medio todo se oscurece. La Ley y los Profetas anuncian a Jesús, en Él se cumple de un modo absolutamente sorprendente y extraordinario las promesas y esperanzas del Antiguo Testamento, y alcanza su plenitud la revelación de Dios. Pero estos hombres expertos en la ley prefieren su religiosidad a entrar en lo profundo de la Palabra de Dios y descubrir en ella el camino hacia Jesús. Algunos si lo logran, y los Evangelios y el Nuevo Testamento está repleto de referencias al Antiguo Testamento que iluminan la figura de Jesús y muestran cómo en Él se cumplen y alcanzan plenitud.
Puedes llevar a tu propia vida lo que cuenta este Evangelio. “La gente que no entiende la Ley”, los que saben que necesitan más verdad, más luz en su vida, son capaces de reconocer a Jesús. En cambio, los que se quedan encerrados en las tradiciones, los intereses o la religiosidad no son capaces de reconocer y acoger a Jesús. ¿Puede estar pasándote esto a ti? ¿o si tienes responsabilidad en la Iglesia? ¿o a tu comunidad?
A veces sucede en la vida de fe que nos estancamos, que la fe se enfría. Uno de los motivos puede ser una falsa, deformada o equivocada imagen de Dios. Y es necesaria la humildad de Nicodemo, que era un experto en la Ley pero se acercó a Jesús a pesar de que hacía tambalear sus esquemas. Jesús hace las cosas nuevas, también en tu vida, pero tienes que querer acogerle y dejar a un lado tus prejuicios. Si quieres encontrarte con Dios, Él es el único camino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 16 de marzo

Viernes 16 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30
En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene.»
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado.»
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Pistas: El Evangelio de San Juan transmite muy claramente la idea de que Jesús se entrega voluntariamente a la muerte y que esta muerte es redentora, es salvadora. Todo encaja en el plan de salvación de Dios. Aunque la cruz sea un misterio y en muchos sentidos un escándalo, a través de ella Jesús vencerá al pecado, al mal, al demonio y a la muerte. Y aunque no podamos entenderlo ni verlo, en muchas ocasiones este mundo va hacia la plenitud. Los hombres tienen sus planes y el mal cree que vencerá. Pero, al final, sólo lograrán hacer la voluntad de Dios. Y cuando parece que el mal es más fuerte, Dios sale victorioso. Como sucede en le cruz y en la muerte de Jesús.
San Juan habla de la hora de Jesús refiriéndose al momento de su muerte y mostrando que esto no escapa al plan de Dios. Es necesario que se cumpla lo previsto para que Jesús sea glorificado. Cada momento de la pasión se explicará definitivamente con el triunfo sobre la muerte.
También se enfrenta Jesús hoy a la idea de Mesías que tenían muchos judíos de su tiempo. No son capaces de reconocer a Jesús y, por tanto, de encontrarse con Dios. Sus prejuicios, su idea de cómo deben ser las cosas, les impide reconocer la verdad que se revela en Jesús. Es más, prefieren vivir en la oscuridad que acercarse a la verdad de Jesús y a Dios.
Puedes rezar con estas dos ideas: la historia, la del mundo y la tuya propia, está en manos de Dios. Pase lo que pase, de un modo que no podemos entender. Y tus ideas preconcebidas quizás estén enfriando tu fe o apartándote de Dios. Jesús da testimonio de la verdad. Así pues, acércate a Jesús tal como eres y deja que te muestre la verdad, aunque te contraríe y tenga que hacerte cambiar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.