Archivo de la categoría: Lectio divina

Lunes 5 de marzo

Lunes, 5 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 4, 24-30
En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Jesús había leído en la sinagoga este texto del profeta Isaías: «El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.» Y afirma que se cumple en Él. No termina de leer el pasaje que anuncia “un día de venganza de nuestro Dios” (Is 61,2).
Y aunque Jesús realiza signos que confirman la Palabra, no le creen. No son capaces de aceptar el Evangelio de Jesús. Dios ofrece su salvación a todos. Y su invitación es a vivir en el amor y la misericordia. Para hacerles reflexionar utiliza dos hechos muy conocidos del Antiguo Testamento en los que dos extranjeros reciben la ayuda de Dios. Y esto les enfada aún más. Encontramos de nuevo cómo la ideología, la cerrazón, la tradición, la política… se anteponen a la verdad. No les importa quién es Jesús o si su mensaje es verdad. No están dispuestos a dejar que Jesús rompa sus esquemas, su forma de vida o cambie su manera de pensar.
Para nosotros hoy sigue siendo válida la buena noticia de Jesús: Él trae la salvación de Dios a todos, especialmente a los más débiles, pobres o perdidos. Así que, si muchas veces te sientes pecador, indigno e incluso extranjero, si piensas que esto no es para ti, estás de enhorabuena. Porque precisamente para ti es el mensaje de Jesús. Y por el contrario, si estás acomodado, si el mensaje de Jesús no te remueve e interpela, si te crees merecedor de la salvación de Dios y mejor que los demás, necesitas pararte ante Jesús y ver la verdad de quién eres y de lo que Jesús te ofrece.
¿Quieres conocer de verdad a Jesús? Vence tus prejuicios, intereses y egoísmos y acércate a Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 4 de marzo

Domingo 4 de marzo
III domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 2, 13-25.
En aquel tiempo se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «el celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: ¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron:
Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre

Pistas: El templo es el lugar de la presencia de Dios. Y se ha convertido en todo lo contrario. En un acontecimiento sorprendente, Jesús expulsa a los vendedores y vuelca las mesas de los cambistas. El lugar de la presencia de Dios no es respetado y Jesús no mira para otro lado.
Da un paso más: Él mismo es la presencia de Dios. Él mismo es Dios. Lo demostrará con su resurrección. Y entonces sus discípulos podrán entender quién es y lo que hace.
Para rezar con este Evangelio puedes caer en la cuenta de que Jesús prometió habitar en los que creen en Él. Que el Espíritu Santo vendrá, y que Él y el Padre harán morada en el corazón del hombre. Tú eres el templo ¿Cómo está el templo de tu corazón? ¿Qué es lo que Jesús querría expulsar de Él?
El Evangelio de hoy termina diciendo que Jesús conoce el corazón de las personas. También el tuyo. Y sabe lo que hay dentro de ti. El mensaje que estamos leyendo esta cuaresma es que, por encima de todo, Jesús te ama y te perdona. Y te llama a la conversión.

Relee el Evangelio y reza con él. ¿Qué es lo que te está pidiendo la Palabra de Dios hoy?

Sábado 3 de marzo

Sábado 3 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo: «Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: Jesús acoge a pecadores y come con ellos. Y esto es causa de escándalo para la gente de su tiempo. Murmuran de Él. A lo que Jesús responde con la parábola que acabas de leer.
En esta historia hay tres personajes. Los dos hijos buscan la felicidad. Cada uno a su manera. El joven se va lejos, derrocha sus bienes, “disfruta de la vida”, y sólo logra insatisfacción y vacío. Se queda sin nada. Pasa hambre. Lo que el padre le dio lo pierde. Llega hasta un límite tal que quiere pedir perdón, volver a casa, pero sin esperanzas de ser quien era. El mayor se queda en casa del padre, pero tampoco es feliz. Parece que está amargado. Tiene cosas que reprochar al padre. Está en casa pero no siente que sea su casa. Y cuando su hermano vuelve le juzga y tal vez se sienta un poco resentido pensando en que el otro ha «vivido» pero él ha renunciado a muchas cosas. Y el padre de la parábola es amor y misericordia. Al hijo pequeño descarriado no solo no le echa nada en cara sino que le hace recuperar su dignidad de hijo. Le viste, le calza, le da un anillo, le hace una fiesta. Porque vuelve a estar en el hogar. Al hijo mayor intenta enseñarle a ser como él, que aprenda a amar y ser misericordioso, que descubra las riquezas que quiere compartir con él.
Imagínate qué sienten estos personajes, qué buscan. Ilumina tu propia vida con cada uno de ellos. En muchas ocasiones te parecerás a alguno de los hijos: El inconsciente que busca la felicidad donde no la puede encontrar y termina vacío y desesperado. El que cumple pero no es feliz y juzga, está en casa (en la Iglesia) pero no disfruta. En otros aspectos te sentirás llamado a acercarte al padre, a Dios y encontrar en Él lo que puede llenar tu vacío y tu búsqueda. A veces tendrás que ser imagen del Padre para otros, reflejar a Jesús, para que puedan encontrar el rostro misericordioso de Dios los que están perdidos buscando la felicidad donde no la pueden encontrar. Y que puedan sentir su abrazo, sin reproches, que puedan recobrar su dignidad.
El padre, los hijos pequeño y mayor, el hogar, saciarse, ser feliz, el perdón, el amor, la misericordia… Esta parábola da mucho juego y nos debe hacer replantearnos ciertas actitudes en las que podemos sentirnos reflejados. Deja hoy que la Palabra de Dios te hable, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 2 de marzo

Viernes 2 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 21, 33-43. 45-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que habla

Pistas: El enfrentamiento entre Jesús y las autoridades religiosas y políticas judías va creciendo. En esta parábola les acusa de apropiarse lo que no es suyo (los labradores). Rechazan a los que el dueño de la viña (el Padre) había enviado, es decir, a los profetas. También rechazan al hijo, que es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Lo matarán. Pensarán que así vencen y que van a salirse con la suya. Han perdido la perspectiva, no les importa Dios, sólo la viña y sus intereses (los Evangelios de estos días nos insistían en este tema). Por sus propias palabras los podrían acusar cuando acaben con Jesús: “hará morir de mala muerte a esos malvados…”. Sin embargo, Jesús les dará hasta el final la oportunidad para cambiar de idea y reconocer quién es, aunque ellos no lo aceptan. Su mensaje los pone al descubierto y ven amenazado el poder que ejercen sobre el pueblo. Quieren cautivo al que viene a liberar.
Jesús resucitará. Creen que le vencen, que lo quitan del medio. Pero precisamente ahí, en su entrega por amor, en la cruz, en la muerte, en ser la piedra desechada, todo se hace nuevo. Porque Jesús resucitado es la piedra angular. Y todo tiene sentido porque Él está vivo, la muerte vencida, el mal derrotado.
Jesús hace nuevas las cosas. Hay que entender este cambio de perspectiva. Pero los judíos no fueron capaces de hacerlo y al final el cristianismo (que comenzó siendo una corriente dentro del judaísmo) tiene que convertirse en algo distinto. Nosotros tenemos que ser el pueblo que da fruto, que vive el Reino como Jesús lo anunció. Por eso este tiempo de cuaresma es tan importante para los cristianos. Porque nos tiene que hacer revisar nuestra vida personal y comunitaria. ¿Soy ese pueblo que da gloria a Dios, que acoge al Hijo, que da fruto a su tiempo…? ¿o soy los criados interesados, que abusan, que buscan su interés, que no les importa Dios ni la verdad?
Da igual lo que diga el mundo, da igual que Jesús sea rechazado, que le demos la espalda… Él es la piedra angular, el único que puede sostener y darle sentido a tu vida, a la Iglesia y al mundo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 1 de marzo

Jueves, 1 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.»
Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»
El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»
El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.»
Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»

Pistas: Queremos construir la sociedad del bienestar, a muchos se les llena la boca prometiendo que si se les sigue y apoya, la harán. Pero la realidad es que sólo unos pocos la disfrutan y que más bien parece una quimera que una realidad. Si somos sinceros, una pequeña parte de la humanidad vive bien o muy bien, mientras muchos sufren. El mundo actual se parece al de Lázaro y el rico. Los países ricos se aprovechan de los pobres, de sus habitantes, de sus recursos. Y cuando tienen problemas, cierran las fronteras.
Quizás no haya que ir a las fronteras, Miremos nuestra propia vida. En nuestra manera de pensar y actuar somos egoístas e individualistas, evitamos complicarnos la vida y no damos ni siquiera de lo que nos sobra al que lo necesita. Tal vez no por maldad, sino porque ni lo vemos ni nos importa.
Este Evangelio de hoy tiene que removernos. Puedes pensar: “Pobre Lázaro. El rico tiene merecido su destino”. Pero la pregunta relevante es: ¿La Iglesia, mi sociedad, mi propia vida se parecen a Jesús o al rico del Evangelio?
Y es un drama doble: el pobre sigue en su miseria. Y el rico piensa que lo tiene todo, llena su vida de muchas cosas, pero en el fondo no tiene nada. Nada de lo que verdaderamente importa. Está cerrado al prójimo, está cerrado a Dios y vive inmerso en sí mismo y en sus cosas de tal modo que ni ve al que tiene al lado. Es trágica la conclusión de la historia: “No escuchan… no harán caso ni aunque resucite un muerto”. No son capaces de ver lo que les habla de Dios… porque tienen todo “lleno”.
También puedes revisar cómo es tu relación con lo material, con lo mundano, con el tener, el placer y el poder. Una vez más, el mensaje de Jesús es una invitación a vivir en el amor, a encontrar a Dios y la verdadera vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 28 de febrero

Miércoles 28 de febrero
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 20, 17-28
En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»
Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?» Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda» Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos.» El les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»
Los otros diez, que lo hablan oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Pistas: Jesús prevé el desenlace de los acontecimientos y se lo anuncia a sus discípulos. La condena a muerte, el sufrimiento, la burla, los azotes, la crucifixión y la resurrección. Puedes imaginar esta situación y pensar: ¿cómo se sentirían los discípulos? ¿tendrían miedo? ¿dudarían de que Jesús fuera el Mesías?
Ahora fíjate en la reacción que tienen. Unos buscan puestos y honores. ¿Cómo se están imaginando el reino de Jesús? Siguen pensando en un reino terrenal y se enzarzan en una discusión sobre reconocimientos y poder. Y Jesús les da la clave para seguirle: El camino es el amor, la entrega de la vida, el servicio a los demás. Lo que Jesús les enseña no son teorías. Él mismo irá delante
Ahora piensa en tu propia vida. ¿En qué situación estás? ¿quizás como los zebedeos y los discípulos de Jesús, como los que buscan el poder y los puestos? ¿o como Jesús quiere: amando, sirviendo y dando la vida? ¿buscando que los demás te sirvan, persiguiendo tus propios intereses? ¿o sirviendo a los demás? Llévalo a lo concreto. No es fácil amar, servir y entregar la vida. Porque requiere esforzarse, requiere morir. Y la Iglesia que tú como cristiano construyes ¿cuál es? ¿la de los puestos, los reconocimientos? ¿o la del amor, el servicio y la entrega?
En la cuaresma acompañamos a Jesús hacia Jerusalén, donde contemplaremos el misterio de su pasión, muerte y resurrección en la semana santa. Y en este camino estamos llamados a convertirnos, a vivir como verdaderos discípulos de Jesús. Para ello debemos eliminar los engaños y mentiras que nos hacen vivir acomodados en nuestro pecado o ser mediocres en una vida de cumplimiento o mundana.
Ser cristiano no es cuestión de mínimos. Jesús te invita a seguirle y aprender de Él. ¿Estás dispuesto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 27 de febrero

Martes 27 de febrero
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Pistas: La hipocresía, la primacía de puestos y honores, la necesidad de reconocimiento, la prepotencia y la soberbia que critica Jesús en los escribas y fariseos nos dan unas claves para nuestra Iglesia y nuestra vivencia de la fe. Por un lado, corremos el riesgo de usar el pecado de algunos en la Iglesia o el mal ejemplo de algunos cristianos, como excusa para no creer. Esto sirve para justificarse y no buscar la verdad, no acercarse a Jesús, no convertirse. Por otro, si tú estás en la Iglesia, en tu familia o entre tus amigos eres de los que rezan y van a misa, te sirve de examen de conciencia: ¿cómo estás viviendo la fe? ¿dónde estás poniendo tu corazón? ¿qué está siendo lo central en tu vida?
Jesús nos indica el camino para no caer en esa vivencia religiosa: no te dediques a mirar lo que hacen los demás y a señalar sus pecados. Tú vive como discípulo de Jesús, no te excuses en que otros sean mediocres para serlo tú. No vayas de maestro, sólo Jesús es el Maestro, aprende de Él. En el momento en el que empieces a creerte mejor que los demás, enciende una luz roja y examina qué te está pasando. Sólo Jesús salva, sólo Jesús es la verdad. Podrás ayudar a otros a encontrar a Dios en la medida en la que abras a Él tu corazón y les ayudes a experimentar a Dios. Sin personalismos tuyos. Lo importante es Dios.
Continúa Jesús diciendo: servir y ser humildes. Servir tiene que ver con amar y vivir como discípulo de Jesús. Él quiso que esto se quedara tan grabado en el corazón de los discípulos que en la Última Cena hizo dos cosas: Anunciar su muerte, a la que se entrega voluntariamente para salvarnos, e instituir la Eucaristía. Y lavó los pies a sus discípulos para que comprendieran que no hay otro camino que el amor y el servicio.
La humildad tiene que ver con la verdad. Somos pobres pecadores que necesitamos la misericordia de Dios. Pero también sus hijos amados, que llenos del Espíritu Santo podemos hacer obras como las de Jesús o mayores. Todo es gracia de Dios, es regalo, es inmerecido, y todo requiere el cien por cien de tu esfuerzo. Porque lo que Dios da, lo da gratis, pero no barato. Examina tu vida a la luz de este Evangelio y reza con él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 26 de febrero

Lunes 26 de febrero
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 6, 36-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Pistas: Hace poco un amigo compró unas gafas azules y nos enzarzamos en una discusión: ¿eran azules o negras? Hasta que las comparamos con algo negro no hubo manera de convencernos: eran azules.
Un sacerdote antes de salir a la misa comprobó que el paño que usa para limpiar el cáliz estaba limpio y así le parecía. Pero, cuando salió y lo puso sobre el altar con el mantel blanco y más luz, se dio cuenta que no estaba limpio.
Este Evangelio nos plantea cuál es el modelo del discípulo de Jesús. Ser compasivos, no juzgar, no condenar, perdonar y dar. Todo esto, como lo hace el Padre. Como muestra Jesús que es el rostro del Padre.
Así que, si quieres ser discípulo de Jesús, no vale una religión de mínimos y cumplimiento. No vale una vida mediocre. La propuesta de Jesús es la vida en el Espíritu Santo. Sólo así podrás abrirte al amor transformador de Dios. ¿Cómo vas a permitir que Dios te ame, te salve, te perdone, se dé a ti y te dé todo lo que necesitas, si cierras tu corazón a vivir lo que Él te regala? Lo que Jesús propone es ser perfectos como el Padre es perfecto.
La medida de la gracia de Dios no es cualquier cosa. Siempre superará lo que esperas. Pero tienes que abrir la puerta y colaborar con ella. Es una medida generosa, colmada, remecida (como en una medida de legumbres, que al moverla caben más) y rebosante. Dios siempre te dará más. Y la clave es entrar en la dinámica de su amor. Amar, perdonar, no juzgar…. Practicando todo esto descubrirás que es posible y la gracia de Dios cada día crecerá en ti.
Pero si amas tacañamente, si juzgas, si no perdonas ¿cómo podrás acoger la gracia de Dios? La medida es el amor de Dios. ¿Quieres vivir en el amor?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 25 de febrero

Domingo 25 de febrero
II domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 1-9.
En aquel tiempo Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Pistas: Jesús se lleva a Pedro, Santiago y Juan a una montaña. Para los judíos es el lugar de teofanía, de manifestación de Dios. Y allí Jesús muestra a sus discípulos, a los que había anunciado su muerte, el resplandor de su divinidad. La luz de Jesús brilla. Se transfigura ante ellos. Jesús aparece como la plenitud de la revelación, conversa con Moisés (la ley) y Elías (los profetas), para hacer entender a sus discípulos que el Antiguo Testamento habla de Él, y que lo que se anunció se cumplirá. Y en medio de una nube –algo muy significativo también para los judíos-, se oye una voz: “Es mi Hijo amado, escuchadlo”.
Pero no basta con quedarse ahí. No basta disfrutar de la verdad que se descubre al acercarse a Jesús o de la paz que se puede encontrar en Él. Jesús se pone en marcha hacia Jerusalén, ahí entregará su vida. Morirá y parecerá el fin de todo. Pero después podrán comprender qué significa eso de “resucitar de entre los muertos”. Por fin comprenderán el alcance de lo vivido en ese monte y quién es aquél a quien siguieron.
La cuaresma nos hace mirar también hoy a Jesús: verdadero Dios, el Hijo, la Palabra hecha carne, la plenitud de la revelación de Dios. Nos hace mirarle para poder comprender el alcance de lo que sucede en la Pascua. Mira a Jesús en este día. Tiene algo que decirte hoy a ti. Acércate al que resucitó y vive para siempre.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 24 de febrero

Sábado 24 de febrero

I semana de cuaresma

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Pistas: Ayer decíamos que ser discípulo de Jesús, ser cristiano, no es una cuestión de mínimos y cumplimiento. La relación con Dios transforma, el amor de Dios cambia a la persona y la lleva a vivir en el amor. Esto es lo que Jesús enseñó y practicó.

Si dices que amas a Dios, que sigues a Jesús, pero tu estilo de vida es como el de quien no tiene fe. O si te amoldas al estilo y a los criterios del mundo… ¿Qué tipo de fe es la tuya?

Ser discípulo es un reto exigente porque es un camino de plenitud, no una propuesta mediocre que promete pero no satisface. Porque el reto es llenarse del Espíritu Santo y llevar una vida en el Espíritu. Es entender que el Espíritu te acompaña y guía cuando decides abrir tu vida a Dios. Es descubrir el camino que Dios tiene para ti y recorrerlo.

Por todo ello ¿te atreves a aceptar el reto de vivir en el amor?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

(Hoy os envío un enlace, los subtítulos tienen algún fallo pero tal vez te ayude a rezar https://www.youtube.com/watch?v=0O3xDmXmHU8 )