Archivo de la categoría: Lectio divina

Lunes 22 de febrero

Lunes 12 de febrero

VI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 8, 11-13

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Pistas: Pero ¿no ven? ¿qué más signos quieren? Curaciones, exorcismos, multiplicación de panes y peces, resucita muertos, habla con autoridad… Y le dicen que quieren “un signo del cielo”.

Tienen los ojos cerrados. Los fariseos, los que supone que deberían descubrir antes a Jesús porque son personas religiosas que conocen la Ley y quieren vivirla, le piden un signo. Están ciegos: los intereses, las tradiciones, la imagen, el poder… incluso la religión, se convierten en ídolos y les impiden ver la verdad. A quien ellos buscan, en quien ellos quieren creer, se revela en Jesús y su vida. Sus acciones y él mismo son el signo del cielo. Pero ni siquiera cuando después de morir en la cruz resucita, quieren creer.

La pregunta más importante es: Y tú ¿ves los signos de Dios, la presencia de Jesús en tu vida? ¿o también quieres que Dios haga las cosas a tu manera? Abre un poco los ojos, mira a tu alrededor y mira en tu corazón. Y si estás dispuesto a ver la verdad no tardarás en encontrar a Jesús. Encontrarás su luz en medio de todo. Y no necesitarás más signos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Hoy, una canción en inglés y español, igual os ayuda a rezar.

https://www.youtube.com/watch?v=K4P7kXwZT1M

https://www.youtube.com/watch?v=ujdHkIr6ouo

Domingo 11 de febrero

Domingo 11 de febrero
VI domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Pistas: La lepra en el pueblo judío era una condena. El que era declarado leproso tenía que abandonar la comunidad, vestir con harapos y cuando alguien se le acercase gritar: “impuro, impuro”, para que nadie entrara en contacto con él.
Pero Jesús cambia las cosas. Acepta que se acerque a Él aquel que ha sido desahuciado. No había prácticamente esperanza para un leproso. Y éste se acerca a Jesús con una confianza absoluta: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y Jesús no lo cura de lejos. Lo toca. Piensa en lo que significa eso para alguien que es declarado impuro y que no puede permitir que nadie se le acerque. Jesús le toca y dice: “Quiero, queda limpio”. E, inmediatamente, se curó.
En una lectura espiritual de la curación el pecado es como la lepra: te aparta de la comunidad, te hace impuro, impide que desarrolles en plenitud tus cualidades. Pero si te acercas a Jesús y pones en Él tu confianza, todo cambiará. Jesús no se queda al margen de tus problemas. Se acerca, te toca, te escucha. Pídele hoy que se fije en tus ‘lepras’.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 10 de febrero

Sábado 10 de febrero

Santa Escolástica, virgen

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 8, 1-10

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos. Le replicaron sus discípulos: ¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos? Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos contestaron: Siete. Mandó que la gente se sentara en el suelo: tomó los siete panes, pronunció la Acción de Gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces: Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Pistas: Jesús da de comer a una multitud con unos pocos panes y peces. Y además sobra.

Vamos a fijarnos en algunos aspectos. Jesús siente lástima de los que le siguen y necesitan alimento para continuar el camino. Sus discípulos dan lo poco que tienen a Jesús. Y Él obra el milagro. Era imposible que sucediera, que llegase para tanta gente. Y, sin embargo, cuando Jesús lo toma se multiplica y da para todos. Y no de un modo rácano, racionado o limitado, sino que “la gente comió hasta quedar satisfecha”.

Esto mismo lo puedes leer en clave espiritual. Los que están con Jesús necesitan alimento y fuerzas para su día a día. Y eso sale de lo que sus discípulos le entregan. También simboliza la Eucaristía el pan que nosotros presentamos y se transforma en alimento que sacia y fortalece.

Lo poco que puedes darle a Dios Él lo multiplicará hasta un nivel que no puedes ni imaginar. ¿Le ofrecerás a Jesús todo (aunque sea poco) lo que tienes? ¿Le dejarás que Él lo multiplique?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 9 de febrero

Viernes 9 de febrero

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis.

Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Pistas: Jesús está en la Decápolis, en tierra de paganos. Hoy le acercan un sordomudo, y no sólo no lo rechaza, sino que lo cura de un modo sorprendente. Es como si quisiera ir más allá. Le piden que le imponga las manos y podemos decir que Jesús entra en sus problemas: sus oídos y su lengua. Le toca, ora y el hombre queda sanado completamente: “Hablaba sin dificultad”.

Va quedando clara la apertura de la Buena Nueva a todos los hombres, sin distinción (al final del Evangelio será un pagano el que al pie de la cruz confiese: «Realmente este hombre es Hijo de Dios»).

Puedes fijarte en cómo hace las cosas Jesús. Si le pides que entre en tu vida, no hará las cosas a medias. No es un barniz superficial lo que Jesús hace. Si dejas que toque tu debilidad, Él te salvará. Quizás necesites apartarte un poco de la gente y dejar que Jesús te saque de la rutina, el ruido… para poder estar con Él. Tendrás que fiarte y creer en Él. Pero la recompensa será grande, porque todo cambiará. Serás libre de lo que te impedía conocer a Dios. Y entrarás en relación con Él y de un modo nuevo con los demás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 8 de febrero

Jueves 8 de febrero

San Jerónimo Emiliani

Santa Josefina Bahkita, virgen y mártir

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos. Pero ella replicó: Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños. Él le contestó: Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Pistas: Por encima de todo, destaca en este Evangelio la fe de la mujer. Vence todas las dificultades, encuentra a Jesús, supera su aparente indiferencia y cree en su palabra. No necesita que Jesús vaya con ella para garantizar el milagro, sino que cree en su palabra y su poder.

Contra toda esperanza, su oración es escuchada. Una extranjera, que según la mentalidad judía no merecía la salvación de Dios, ni que se fijara en ella. Los judíos tenían prohibido hablar con ella. Y, sin embargo, Dios escucha su oración ¡Qué lección sería para los discípulos la fe de aquella mujer! ¡Cuánto abriría su mente ver que Dios salva a todos! Incluso Jesús, como verdadero hombre, va perfeccionando su manera de comprender su propia identidad y su misión y seguir la voluntad del Padre.

Y ahora puedes mirar tu vida, tu fe. Aunque te sientas extranjero, aunque parezca que Dios no te contesta y algunos te digan que no es para ti la salvación… Si te acercas a Jesús con fe, encontrarás la salvación que sólo Él te puede ofrecer.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 7 de febrero

Miércoles 07 de febrero

V semana del tiempo ordinario

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 7, 14-23

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír que oiga.

Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la comparación. El les dijo: ¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina. (Con esto declaraba puros todos los alimentos) Y siguió: Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

Pistas: Las palabras de Jesús son plenamente actuales. ¿Cuánta apariencia y superficialidad hay en nuestro mundo? ¿cuánto amoldarse a lo que piensan los demás o llevar una doble vida? ¿cuánto consumir o vivir experiencias que sabemos que nos hacen daño, que llenan nuestro corazón de pecado y mentira, pero como es lo que todos hacen seguimos la rueda? Jesús nos invita hoy a mirar nuestro corazón y examinar qué hay en Él.

Como explica el Evangelio, para la religión judía había alimentos impuros. Jesús supera esa concepción. No quiere una religión meramente ritualista o de cumplimiento basada en cosas externas. A sus discípulos les propone que cambien su corazón. Les advierte para que estén atentos sobre lo que anida dentro de cada persona, porque puede ser destructivo. Y les invita a limpiar lo que «mancha al hombre».

San Pablo dirá que hay dos maneras de vivir: según la carne (entendido como inclinación al pecado y a lo mundano) o según el Espíritu, con la fuerza del Espíritu Santo. Y esto dará los frutos del Espíritu: una vida como la de Jesús, con un corazón nuevo.

¿Qué eliges? ¿una vida superficial, un corazón lleno de cosas que no sacian y llevan al pecado (como los que describe el Evangelio de hoy)? ¿o una vida en el Espíritu Santo, con un corazón lleno de Dios, de su amor y sus dones? Si quieres la segunda opción, reza. Esto hará posible que Dios te llene de su Espíritu.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 6 de febrero

Martes 6 de febrero

Santos Pablo Miki y compañeros mártires

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 7, 1-13

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos) (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas) Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores ? El les contestó: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. Y añadió: Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición.

Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte». En cambio vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: «Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.

Pistas: Una de las luchas de Jesús es contra la religiosidad meramente externa, contra el cumplimiento, la hipocresía. Contra la mentira que es utilizar la fe, la religión, como pretexto para otro tipo de intereses.

Hoy, con motivo de una discusión por cumplir o no una tradición, Jesús va a la raíz. Más que pensar: “¡Qué malos son esos letrados y fariseos! Y, ¡qué bueno es Jesús: vaya lección les da!”, hay una manera mejor de leer este Evangelio: mirarnos a nosotros mismos, a nuestra Iglesia y nuestra manera de vivir la fe. ¿Se parecerá algo a la de los letrados y fariseos que critica el Evangelio de hoy? ¿O intentamos vivir como discípulos de Jesús?

Son muy duras las palabras de Jesús, pero léelas pensando en ti mismo, en tu manera de vivir la fe, en la comunidad o parroquia que construyes… Si te acercas a Jesús, Él te mostrará la verdad de tu vivencia de la fe. No tengas miedo a llamar a las cosas por su nombre. Es la única manera de que las situaciones puedan cambiar. Y si hay mentira, interés, fariseísmo en tu vida o en tu vivencia cristiana; si lo hay en tu comunidad o en tu parroquia, pídele a Jesús que te ayude a convertirte y a vivir como Él. Jesús fue verdaderamente libre, entregado, fiel y defendió la verdad.

Entonces, pídele ser discípulo suyo y no de la tradición que se convierte en excusa para los propios intereses o debilidades.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 5 de febrero

Lunes, 5 de febrero

Santa Águeda, virgen y mártir

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 6, 53-56

En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos terminaron la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

Pistas: Este Evangelio sucede después de que Jesús se queda a orar a solas, mientras los discípulos se van en barca. Después Él los alcanza caminando sobre el agua.

Cuando desembarcan, la noticia de su llegada se extiende rápido. Jesús atrae. Lo buscan. Muchos porque lo necesitan. Jesús sana y el que le toca queda sanado. La reacción es entusiasta: “En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto”.

Aparecen reflejados dos factores: uno, ya lo hemos dicho, la atracción que Jesús provoca. Y otro, la necesidad, la búsqueda, podríamos decir hasta el inconformismo o insatisfacción del hombre que siempre quiere más: más vida, más alegría, que busca plenitud y salvación. Y en Jesús la encuentra.

¿Cuántos hoy necesitan que nosotros, los que hemos reconocido a Jesús, vayamos a recorrer nuestra tierra y a llevar a Él a los que están enfermos? ¿Cuántas veces nuestra fe es tan pequeña que pensamos que algunas personas son casos perdidos pero en el fondo sólo necesitan tocar el manto de Jesús?

Jesús no se cansa, busca a los hombres. Pero necesita que lo reconozcan, que lo anuncien, que hagan que otros puedan encontrarse con Él. Hoy, al rezar, puedes pensar en si estás llevando a otros a Jesús. Y, si no es así, en cómo puedes comenzar a hacerlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 4 de febrero

Domingo 4 de febrero
V domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Pistas: En el Evangelio de hoy aparece recogida la actividad diaria de Jesús: curar enfermos, expulsar demonios, vencer al mal y al sufrimiento. Estar con el Padre (orar). E incansablemente seguir la voluntad del Padre sin buscar nada más: “Para eso he salido”. Y sus discípulos son testigos de ello. El Evangelio te permite una vez más contemplar quién es Jesús, acercarte al misterio del Hijo de Dios hecho hombre y adorarle.
Vamos a fijarnos en otros aspectos. Cuando Jesús se acerca hay salvación. Toma de la mano y levanta. También libera de la fiebre del pecado, que nos postra, que nos hace estar débiles… Jesús te toma de la mano y te levanta. Y fíjate en que la suegra de Simón se puso a servirles. No se quedó descansando, sino que se puso a servir. Reconoció a Jesús y entendió que tenía una tarea que hacer.
Cura a los enfermos, echa a los demonios y los calla. No quiere que nada estorbe su misión de anunciar el Reino. Quiere que las personas puedan escuchar su predicación y experimentar la Buena Nueva. Y que no se imaginen un tipo de Mesías que Él no es. Que no se centren en lo terrenal, sino que puedan mirar más allá.
En medio de esta actividad es una constante que Jesús se retira a orar. Y ¿tú? En medio de tanta actividad ¿oras? Jesús es verdadero hombre, ora al Padre, está lleno del Espíritu Santo y en su humanidad conoce la voluntad del Padre, se llena de su fuerza, descubre cada vez más profundamente su propia identidad como Hijo de Dios.
No podemos imaginar cómo sería ese tiempo que Jesús dedicaba a orar, pero podemos aprender a imitarle, y asomarnos también al diálogo que Dios quiere establecer con nosotros en la oración. En él podremos conocer cómo es Dios, asomarnos al misterio de la Trinidad. Y el amor de Dios convertirá nuestro corazón duro en uno semejante al de Jesús. Nos llenaremos del Espíritu Santo y sus dones.
Conociendo a Dios podrás vivir como discípulo suyo. No sólo por unas ideas, sino por la inmensidad de su amor hacia ti.
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Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 3 de febrero

Sábado 3 de febrero

San Blas, obispo y mártir. San Oscar, obispo

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 6, 30-34

En aquel tiempo, los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

Pistas: Jesús se reúne de nuevo con sus amigos, sus discípulos y sus colaboradores, tras enviarlos. Le cuentan lo que han hecho. Y Él se los lleva a un sitio tranquilo para descansar. Casi parece un retiro espiritual. Pueden descansar, contarse sus cosas y estar con Jesús.

Pero entonces sus planes cambian, porque la gente busca a Jesús. Él sintió “lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”. Quizás tú seas de los que el Señor ya ha enviado, de sus amigos y colaboradores. Es importante tener momentos para estar con Él, descansar, reencontrarte con Él. Pero el Evangelio de hoy nos enseña que eso, sin la caridad, sin la compasión hacia los que buscan y necesitan a Jesús ¿servirá para algo? ¿será auténtico? Si la misión o el ser discípulo se convierte solo en buscar momentos o experiencias espirituales y la tarea se convierte en una carga ¿no nos habremos olvidado de cómo es el corazón de Jesús? Existe el riesgo de convertir la vida espiritual e incluso la misión en un invernadero o en un refugio.

Jesús siente lástima (no es algo meramente intelectual o de cumplimiento del deber), ama y ve la necesidad y “con calma” se acerca a los que le necesitan. Ser discípulo misionero implica vivir y sentir como Jesús. Estar con el Señor, tener su corazón, amar y llevarle a los demás que le buscan.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración