Archivo de la categoría: Lectio divina

Viernes 23 de febrero

Viernes 23 de febrero

San Policarpo, obispo y mártir

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»

Pistas: Para entrar en el Reino de los cielos no vale un cumplimiento externo o superficial. Para seguir de verdad a Jesús es necesario dar un paso más. Los mandamientos indican el mínimo: “no matarás”. Y Jesús la plenitud: amar al enemigo, orar por los que te persiguen, entregar la propia vida.

Por eso, el Evangelio de hoy nos enseña que es necesario recorrer el camino de la misericordia, del perdón, del amor al prójimo, para poder acercarse a Dios. El odio, el rencor, la envidia, la falta de perdón, son una mochila pesada que hace sufrir. Son pesos que te dejan anclado en el pasado y hacen difícil acercarse a Dios, que es misericordia y amor. Por ello, para vivir la fe, es necesario librarse de esa mochila, perdonar, amar, olvidar, y así poder seguir adelante. Sólo de este modo podrás llevar tu ofrenda al altar, podrás entrar en la presencia de Dios, serás libre en su amor.

Este camino nos lo propone la Palabra de Dios esta cuaresma. Puedes ahora examinar cómo va tu vida en este tema y rezar con ello. Mira a Dios, que es misericordioso y que te ama incondicionalmente. Y después mira tu interior, mira a tu prójimo, reza. Y si tienes que cambiar cosas en tu vida, pídele ayuda a Dios y decide cambiarlas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 22 de febrero

Jueves 22 de febrero

Cátedra de San Pedro, apóstol

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Pistas: Jesús pregunta a sus discípulos -que ya le siguen, son sus amigos y serán sus testigos- quién dice la gente que es Él. Y más importante: ¿quién decís vosotros que soy yo? Puedes hacerte estas mismas preguntas. Tú, que tal vez sigues a Jesús, crees en Él, intentas vivir como discípulo suyo, puedes preguntarte: ¿qué dice nuestra sociedad de Jesús? ¿quién es Jesús para ellos? Y, más importante: tú ¿quién dices que es Jesús? ¿quién es para ti?

La respuesta de Pedro nos enseña que para conocer verdaderamente a Jesús no basta una información histórica. Incluso no es suficiente estar con Él. Hace falta la fe. Hace falta la gracia de Dios, que Dios lo revele. Por eso hay que pedir a Dios fe y por eso conocer a Jesús realmente sólo es posible con una mirada de fe. Ésta no se opone a la razón. Es más, responde a lo que está escrito en nuestro corazón, pero lo trasciende.

Pedro encuentra su propia identidad en el encuentro con Jesús: “Tú eres Pedro”. Encontrarse con Jesús, acercarse al misterio de Dios, hará que descubras verdaderamente quién eres. Y hará que aparezca (tal vez ya lo ha hecho) un camino en tu vida. Y la respuesta a las preguntas: por qué y para qué. La existencia no es ver pasar los días sino encontrar un propósito. Y cuando Dios pide algo da la capacidad para hacerlo, como se la dio a Pedro.

Por último, Jesús funda su Iglesia, en la que Pedro tiene un papel importante. Recuerda que le negó, que tuvo dudas, que muchas veces no comprendía quién era Jesús. Pero confió en él para organizar la estructura y las comunidades en las que vivir la fe cuando Jesús ya no estuviese físicamente con ellos. Puedes también aprovechar este Evangelio para rezar por la Iglesia, a la que el poder del infierno no podrá derrotar, por el Papa (sucesor de Pedro) y la misión que Jesús le encargó.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 21 de febrero

Miércoles 21 de febrero

San Pedro Damiani, obispo y doctor de la iglesia

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

Pistas: Jonás es un personaje del Antiguo Testamento que aquí tiene un doble significado. Por un lado, el signo que será la resurrección Jesús: “Porque si tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre de la ballena, también tres días y tres noches estará este Hombre en el seno de la tierra” (Mt 12,40). Y el otro significado tiene que ver con la conversión a la que Jesús invita, como Jonás, que gracias a su predicación se convirtió la ciudad de Nínive. Ésta es una ciudad extranjera, y la cita de Jesús va en la línea de la apertura que Él quiere mostrar. Dios es compasivo y misericordioso con todo el que se acerca a Él. Es más, Jesús trasparenta el rostro misericordioso de Dios, como vamos a seguir viendo en esta cuaresma. Y el que se acerca a Él con fe, encuentra salvación.

Otro ejemplo que pone Jesús es la «reina del sur» que va buscando sabiduría en tiempos de Salomón (sabiduría que Dios le concedió a este rey que pidió conocer su voluntad y saber gobernar a su pueblo, antes que una larga vida, riquezas o la vida de los enemigos). Jesús es la Sabiduría definitiva, el que revela a Dios de modo pleno, la Palabra de Dios hecha carne… Es el Camino, la Verdad y la Vida.

Y ahora mírate a ti mismo, mira a tu generación… Jesús es el signo también hoy. Si te acercas a Él podrás comprenderlo y encontrarás salvación. Es más, si te acercas a Él, tú también te convertirás en signo para otros porque la salvación de Dios actuará en ti. Y si las personas se encuentran con Él, nuestra sociedad se transformará.

La cuaresma, tiempo para cambiar, tiempo para acercarte a Jesús. ¿Qué está cambiando en ti en esta cuaresma?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 20 de febrero

Martes 20 de febrero

I semana de cuaresma

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende por

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.»

Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Pistas: Jesús enseña a sus discípulos a rezar el Padre Nuestro. Pero antes les explica que para dirigirse a Dios no sirven la palabrería, ni el encerrarse en ritos, formas… porque Dios es Padre, y por eso ama y conoce a sus hijos.

Hoy puedes rezar despacio el Padre Nuestro, parándote a pensar lo que significa cada una de sus expresiones. Llamar a Dios: Padre. Nuestro, no sólo mío, lo que habla de una visión de la sociedad y de las relaciones entre los hombres. Del cielo, que está por encima de nosotros, que es poderoso, porque el cielo habla de lo que nos trasciende. Tres peticiones relacionadas con Dios: su nombre, su reino y su voluntad. Tres con los hombres: el pan, el perdón y la fuerza para no caer en la tentación. Reza con cada una de ellas o párate en alguna que te haga pensar hoy de modo especial o que toque tu corazón por la situación que estés viviendo.

El Evangelio termina haciendo hincapié en la relación con el prójimo como condición para la relación con Dios. En este sentido la cuaresma continúa invitándonos a la conversión y a examinar cómo es nuestra relación con el prójimo. Cada vez que rezas el Padre Nuestro le dices a Dios que te perdone como tu perdonas… Y éste puede ser también un terreno para examinar y rezar. ¿Eres capaz de perdonar las ofensas, los agravios, lo que te hace daño? Piénsalo bien. Quizás sea un buen propósito para este tiempo.

Vuelve a leer el Evangelio, escucha lo que Dios te dice a través de él y ora.

Lunes 19 de febrero

Lunes 19 de febrero

I semana de cuaresma

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.»

Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»

Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.»

Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.»

Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?»

Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.»

Y éstos Irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Pistas: Jesús enseña a llamar a Dios Padre. Enseña que es compasivo y misericordioso. Deja claro que la salvación es para todos, y que especialmente ha venido para los que están más perdidos, para los pecadores, para los más débiles. Los acoge, perdona, llama.

Pero a la vez su mensaje es exigente y transformador. Si te encuentras con Jesús, si conoces a Dios, tu vida tiene que cambiar. Tu relación con el mundo y con el prójimo cambiará. Hasta tal punto esto es así que Jesús explica que lo que le hacemos a los demás es como si se lo hiciéramos a Él.

¿Y nuestra sociedad, nuestra cultura? Dejamos que miles de personas se mueran de hambre, explotamos los recursos de los países más pobres para poder llevar el estilo de vida que tenemos, cerramos nuestras fronteras a los que huyen del sufrimiento y de la guerra. Tenemos una doble moral: vendemos armas con las que se realizan las guerras y a la vez condenamos esas mismas guerras… y así podíamos seguir escribiendo.

El mensaje de Jesús es revolucionario. Invita a no vivir en el interés, el egoísmo, el poder… sino a mirar al que tenemos a nuestro lado como nuestro prójimo, sobre todo al que está sufriendo. Así que, si crees que tienes fe, hazte esta pregunta: ¿quién es mi prójimo y cómo lo trato? Jesús dice: “Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, conmigo lo hicisteis”.

Una fe sin obras es mentira. Recuerda la invitación de este tiempo de cuaresma a la limosna, que no sólo es lo material (que también), sino un estilo de vida: el de ser capaz de mirar al que tengo al lado y ver lo que necesita y yo puedo ofrecerle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 18 de febrero

Domingo 18 de febrero

I domingo de cuaresma

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 12-15.

En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia.

Pistas: En este primer domingo de cuaresma la liturgia nos presenta a Jesús, que va al desierto. Allí reza y lucha contra el demonio. Los otros Evangelios nos cuentan que ayunó durante esos cuarenta días. Fue antes de comenzar a predicar y llamar a sus discípulos. Parece una preparación. Puedes imaginarte esos cuarenta días, acercándose más al Padre, llenándose del Espíritu Santo, en su humanidad descubriendo la voluntad del Padre y entendiendo el camino que tiene que recorrer.

Y nuestra Cuaresma también es preparación a la fiesta más grande del cristianismo: la Pascua. En ella sucede el acontecimiento más grande de toda la historia: la muerte es vencida, el poder del Espíritu Santo resucita a Jesús y desde ese momento Él mismo da el Espíritu Santo a quienes se lo piden.

La Cuaresma es como ir al desierto, donde hay que quitar lo superfluo, esforzarse cada día para sobrevivir y no perder el tiempo con cosas triviales. Para nosotros éste es un tiempo de conversión. No sólo para arrepentirnos de nuestro pecado, sino para crecer espiritualmente, vencer las tentaciones y estar más cerca de Dios. Por eso también es un tiempo de lucha contra el demonio y el pecado, y contra todo aquello que nos lastra en nuestra relación con Dios. El ayuno y la oración nos ayudan en esto.

Y cuando uno se acerca a Dios, piensa en el prójimo. Por eso la Iglesia nos invita a ser generosos y mirar las necesidades de los demás: nos invita a dar limosna. Es como un entrenamiento, para que en lo cotidiano podamos seguir la voluntad de Dios.

Después de esos días en el desierto, Jesús comienza a proclamar el Evangelio de Dios, la Buena Noticia. Ha superado la prueba y ha experimentado la ayuda de Dios (los ángeles que le sirven) y la lucha contra el mal y el camino fácil (Satanás que le tienta). Jesús está listo para anunciar que es el momento: “Está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia”.

También es el momento en tu vida: Jesús está cerca, su Reino es posible, conviértete y cree esta Buena Noticia. Experiméntala. Y después, anúnciala a otros. Tienes una Cuaresma por delante ¿qué vas a hacer?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 17 de febrero

Sábado 17 de febrero

Sábado después de ceniza.

Los siente fundadores de la orden de los siervos de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?» Jesús les replicó: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

Pistas: ¿En tu vida hay cosas que deberían ser mejores? ¿Si miras dentro de ti encuentras cuestiones que hay que cambiar? ¿Sientes que te falta algo para ser feliz, que hay aspectos que deberían ser de otro modo? ¿Te sientes pecador?

Si la respuesta a alguna de las preguntas anteriores es afirmativa, el Evangelio de hoy tiene una buena noticia para ti: Jesús te llama. Y si le respondes entrará en tu casa, en tus cosas, se sentará contigo a la mesa (que en el lenguaje judío significa aceptar a alguien y estar en comunión con él, ya que los judíos no se sentaban a la mesa con pecadores o infieles). Jesús te hará de los suyos.

No importa quién hayas sido, lo que hayas hecho, cómo te sientas o cómo estés ahora. Jesús no ha venido a llamar a los que se tienen por justos sino a los pecadores.

Si ves que necesitas salvación, si la enfermedad del pecado está en tu vida o la ves en el mundo, no te rindas, porque Jesús ha venido a llamar a los pecadores y enfermos.

Por eso, esta cuaresma es un tiempo propicio para acercarte a Jesús. Estés como estés, su llamada es para ti. ¿Le invitarás a entrar en tu casa y a sentarse a tu mesa?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 16 de febrero

Viernes 16 de febrero

Viernes después de Ceniza

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 9, 14-15

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos?

Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.»

Pistas: El Evangelio de hoy nos habla sobre el ayuno. Esta práctica es común en diferentes religiones y generalmente es un medio para acercarse a Dios y dominar los propios deseos.

Vamos a acercarnos brevemente a la visión bíblica del ayuno. En el libro del Levítico se mandaba a los judíos dedicar un día al ayuno, El Día de la Expiación, en el que el pueblo pedía perdón a Dios por sus pecados. El Antiguo Testamento nos cuenta que también frecuentemente se ayunaba sin ningún mandamiento específico en tiempos de aflicción, colectiva o individualmente. También como una forma de penitencia o de arrepentimiento, para pedir perdón a Dios o ante un peligro inminente.

El Nuevo Testamento nos cuenta que Jesús ayunó en muchas ocasiones. Antes de comenzar su vida pública ayunó cuarenta días en el desierto. Enseña a sus discípulos a ayunar como un medio para vencer al demonio, y unido a la oración da fuerza y poder al que lo realiza. Pero Jesús no quiere que sea algo meramente ritual y obligatorio, sino un acto libre que lleve al hombre a entregarse más a Dios. Por eso, invita a sus discípulos a buscar el momento oportuno para ayunar.

En la vida de la Iglesia siempre ha tenido importancia esta práctica. El miércoles leíamos que es uno de los tres consejos que nos da la Palabra de Dios para este tiempo: oración, limosna y ayuno. Entonces, ayunar ¿para qué? Para acercarte más a Dios, para decirle que es más importante que el propio sustento, que los deseos o apetencias. Para sentir incluso físicamente hambre de Dios, para comprender mejor a los pobres, para compartir lo que ayunamos con ellos.

Piensa el mejor modo en que puedes hacerlo. Estamos en un tiempo propicio para ello. La Iglesia aconseja abstenerse de carne los viernes de cuaresma. Los santos nos enseñan que es un camino que da mucho fruto. ¿Te animas a probarlo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 15 de febrero

Jueves 15 de febrero

Jueves después de Ceniza

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, s er desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»

Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?».

Pistas: Jesús no hace falsas promesas. El camino que Él propone no es el más fácil, pero sí es el que salva. Es el que hace ganar nada menos que la vida, el que conduce a la felicidad. Y no son sólo palabras. Jesús va delante. No oculta el sufrimiento y les anuncia lo que va a suceder. Y hasta que se encuentren con Él resucitado y reciban la fuerza del Espíritu Santo no podrán entender el alcance de estas palabras.

Jesús enseña que la salvación pasa por seguirle. Y esto tiene unas condiciones: hay que negarse a uno mismo. Si lo piensas bien, las cosas que merecen la pena siempre requieren esfuerzo. Para lograr lo que es verdaderamente importante en la vida uno necesita luchar, esforzarse, renunciar muchas veces a lo que le apetece por lo que realmente quiere hacer o alcanzar. Los padres que cuidan a sus hijos, el estudiante que se esfuerza, el trabajador que lucha por lograr sus objetivos, el que está enamorado y lucha por ese amor, el deportista… Negarse a uno mismo es buscar el bien y la verdad por encima del interés.

Seguir a Jesús implica también cargar con la cruz de cada día. No vivir instalado en la queja o en la desesperación, sino abrirse a la confianza en Dios que es Padre, que es Amor. Nosotros ya sabemos el desenlace: Dios vence a la muerte, al mal y al pecado. Jesús ya lo hizo por nosotros y Él nos espera al final, en el triunfo definitivo.

Entregando la vida, perdiendo la vida por Él, es como se gana. Podemos poner muchos ejemplos: se gana la vida entregándola como misionero. Se gana la vida renunciando al camino fácil y buscando el bien de los demás por encima de los propios intereses. Se gana descubriendo el camino que Jesús tiene para ti, siguiéndole. Porque así encontrarás el mayor tesoro que puedes imaginar: ganarás tu propia vida siguiendo a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 14 de febrero

Miércoles 14 de febrero
Miércoles de Ceniza

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»
Pistas: Comenzamos la Cuaresma. Tiempo para cambiar y para dejar que Dios nos cambie. El Evangelio que se lee en la misa de este día nos da tres consejos para trabajar nuestra vida espiritual y dejar que Dios nos convierta: oración, limosna y ayuno. Y además nos propone un estilo: no para que nos vean -podríamos añadir también-, no porque toca hacerlo. Ora, ayuna y da limosna para acercarte al Padre y parecerte a Él. Ora, da limosna y ayuna porque esto cambiará tu vida, hará presente la gracia de Dios en tu vida y en el mundo.
El fruto de estas tres prácticas –limosna, oración y ayuno- es un regalo de Dios. Incluso la fuerza para hacerlas. Pero la decisión, el esfuerzo personal, depende de ti. Todo es gracia de Dios, pero Dios no hará nada si tú no pones el cien por cien de tus fuerzas, tus capacidades y tu deseo. Por eso, la Cuaresma que hoy comenzamos es una oportunidad para ser mejores discípulos de Jesús, para regresar de los malos caminos, del pecado, de la mentira, de la oscuridad… y poder conocer y amar más a Dios, y vivir como Jesús enseña. Y por eso las lecturas de este tiempo y la liturgia nos repetirán una y otra vez: “Convertíos”.
La segunda lectura de la misa de hoy dice que no hay que dejar caer en saco roto la gracia de Dios, porque ahora es tiempo favorable, ahora es tiempo de salvación. Tal vez pienses: “otra cuaresma… nada cambié en la anterior ¿por qué esta va a ser distinta?”. Fíate de la Palabra de Dios que te invita a entrar en esta Cuaresma. Ahora te ofrece una nueva oportunidad. ¿Qué vas a hacer?
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Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.