Archivo de la categoría: Lectio divina

Jueves 15 de marzo

Jueves 15 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 5, 31-47
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?»

Pistas: ¿Quién es Jesús? Las obras que hace dan testimonio de Él. Juan el Bautista dio testimonio de Él. Las Escrituras dan testimonio de Él. Pero Jesús dice que todo esto da igual si “no queréis venir a mí para tener vida”.
Si prefieres tu propia gloria, o dar gloria a otros según tus intereses y egoísmos. Si prefieres tu luz y tu verdad, a la luz y verdad de Jesús. Si te apartas del amor para vivir en la búsqueda de placeres o en una religiosidad como la de los judíos a los que Jesús habla hoy. Si alguna de estas cosas sucede en tu vida, puede que tengas a Jesús, la luz, la vida, la salvación, la verdad, el camino hacia Dios, a tu lado y no te des cuenta. Puede que tengas delante la respuesta a lo que necesitas y buscas, y no la encuentres.
El Evangelio de hoy es una invitación al encuentro con Jesús. ¿Cuántas cosas en tu vida te hablan de Jesús y dan testimonio de Él? ¿cuántas veces buscas en otros sitios lo que sólo Jesús puede darte? Abre el corazón, pide fe y le encontrarás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 14 de marzo

Miércoles 14 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 5, 17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo:
«Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió.
Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.
Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Pistas: San Juan nos hace adentrarnos hoy en el misterio de Dios. Y asomarnos a la relación del Padre y el Hijo, y a la pregunta ¿quién es Jesús?
Jesús es el Hijo de Dios. Es una relación de amor, y Jesús se presenta a sí mismo tan íntimamente unido al Padre que se pone a su nivel. Las obras de Jesús son las del Padre. Jesús muestra quién es el Padre y nos lo enseña también por medio de sus obras.
La palabra de Jesús da vida. Creer en ella es tener vida. Creer en Jesús, en el Hijo, es creer en el Padre. Jesús tiene poder para dar vida, para juzgar, para salvar… Y por la fe en Él los que crean y hayan hecho el bien resucitarán a la vida. Y a los que no, les espera el juicio.
Encontramos muchos aspectos en los que reflexionar y rezar hoy: ¿quién es Jesús? ¿qué manifiestan las obras de Jesús? ¿y la palabra de Jesús? San Juan nos pone ante el final del camino, en donde ya nos espera Jesús: El juicio, la vida eterna, la resurrección, son elementos que conforman el anuncio de lo que vendrá. Y ante ello Jesús nos invita a estar en guardia, preparados. También la cuaresma es un tiempo para pararnos, para reflexionar, para elevar la guardia, para estar atentos. No es un tiempo que necesite o exija Dios, sino que lo necesitamos nosotros para ser conscientes de en qué situación se encuentra nuestra relación con Dios. Para analizar qué tenemos que cambiar, mejorar o fortalecer para estar más cerca de Él.
Nos acercamos a la semana santa. El día de Pascua estas palabras de Jesús alcanzarán pleno significado: el Padre actúa y Jesús seguirá actuando (y enviará el Espíritu Santo… pero ya profundizaremos en esto). Hoy puedes rezar con las preguntas: ¿quién es Jesús en tu vida? ¿necesitas salvación?¿ dónde la buscas?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 13 de marzo

Martes 13 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 5, 1-3. 5-16
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?»
El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.» Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.» Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.»
Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.»
Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»
Pero el que habla quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacia tales cosas en sábado.

Pistas: Fijémonos en algunos detalles del Evangelio de hoy. El hombre lleva 38 años enfermo, junto a una piscina en la que supuestamente se va a curar. Cuando Jesús le pregunta si quiere quedar sano no pide el milagro a Jesús, ni siquiera le responde que sí, sólo se lamenta de su situación. Está enfermo, pero también está estancado, lleva toda su vida aferrado a una superstición. Jesús hace este milagro por pura compasión, no se lo han pedido, pero ve a aquel hombre que sufre y se acerca a él. La reacción del hombre es curiosa, no se interesa por Jesús, ni le sigue, ni quiere conocerle.
El que se encuentra con Jesús encuentra salvación. Pero no vale con un “toque”, ni siquiera con un milagro. Tienes que conocer de verdad a Jesús. Algunos llegan por sus propios medios a Él. Pero muchos lo conocen a través de otros, por medio de quienes pueden entender quién es Él y por qué merece la pena abrirle tu corazón. Sea cual sea tu caso, no te quedes simplemente como un espectador ante Jesús. Da un paso hacia Él. Háblale, rézale y escucha lo que tiene que decirte.
También podemos mirar este Evangelio desde la perspectiva de los judíos. No les importa el paralítico. Toda una vida postrado y por fin se puede levantar. Y, sin embargo, toda su preocupación es que se salte una ley religiosa. Por la actitud de Jesús le atacan, incapaces de mirar más allá.
Los personajes de este Evangelio, sus reacciones, sus intereses… ¿te dicen algo? Deja que iluminen tu propia vida: Jesús, el paralítico, los judíos ¿Qué tienes en común con ellos? Jesús salva, acércate a Él y encontrarás salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Lunes 12 de marzo

Lunes 12 de marzo
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide del Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo habla hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.»
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque hablan visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos hablan ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Cana de Galilea, donde habla convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.» El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño.» Jesús le contesta: «Anda, tu hijo está curado.»
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»
El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Pistas: Este Evangelio nos habla de la fe y los “signos” de Jesús. Muchos creían en Él por ellos. Pero el funcionario real del que nos habla hoy el Evangelio –un pagano y extranjero- cree en Jesús antes de ver el signo. Cree por su palabra. Confía en Él. A pesar de la primera respuesta de Jesús, él persevera en su petición y después cree en la palabra de Jesús.
¿Cuántas veces dudamos de Dios y no creemos en su palabra y en sus promesas? El Evangelio de hoy te invita a orar con perseverancia. Así, el verdadero milagro que leemos hoy es que sin ver ninguna señal el hombre cree en la palabra de Jesús y vuelve a casa. Y por el camino se confirma lo que Jesús le había dicho.
Quizás a veces necesites ponerte en camino para poder ver lo que Jesús te regala. Quedarte quieto es el mejor modo de no progresar en la fe. En cambio, una vida de oración, de profundizar en la relación con Dios, te hará reconocerle en el camino.
Otro detalle es la actividad de Jesús. Galilea, Samaría, Judea, con judíos y con gentiles (paganos). Él se acerca a ellos y pasa haciendo el bien a los que creen en Él. Algunos habían oído hablar de Él y por eso creen, otros conocían los signos de Jesús. Seguro que si lo piensas tú también has oído, te han contado, lo que la fe en Jesús hace en la vida de muchas personas hoy en día.
Entonces, si ya has oído hablar de Jesús, si sabes que ha cambiado la vida de muchas personas, puedes reflexionar lo siguiente: ¿esto era sólo para el hombre del Evangelio? ¿sólo para los pecadores a los que se acercaba Jesús? ¿sólo para la gente buena que le acompañaba? ¿o también es para ti?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 12 de marzo

Domingo 11 de marzo
IV domingo de cuaresma “Laetare”

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 3, 14-21.
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios

Pistas: Cuando el pueblo judío atravesaba el desierto camino de la tierra prometida, hubo una plaga de víboras y Moisés hizo un estandarte con una serpiente. El que la miraba quedaba curado de la mordedura. San Juan utiliza esta imagen para hablar de Jesús muerto en la cruz por los pecados. Para él la cruz es casi un trono en el que Jesús es elevado. Y el crucificado que resucitará es el que da vida eterna, el que salva, el Hijo de Dios, la luz del mundo.
A veces se puede pensar que a Dios le da igual que nos salvemos o nos condenemos. Esto no es cierto. Dios quiere que te salves, que tengas vida eterna, que vivas en la luz. Y para eso te envía a Jesús y te da el Espíritu Santo. San Juan escribe dando vueltas a la misma idea y avanzando un pequeño paso cada vez. Salvación y condena, luz y tinieblas. Creer en Jesús o no creer en Él.
Para rezar con este Evangelio puedes leerlo despacio, parándote en la frase que te llame la atención e iluminando tu vida con ella. Haz oración con lo que Dios te diga y puedes continuar leyendo. Da gracias a Dios por lo que significa la venida de Jesús, su muerte y resurrección. Puedes pedirle que te aumente la fe, que ponga su luz en tu vida o arrepentirte de las veces que vives en tinieblas.
Lee otra vez el Evangelio, reza con él pensando en cuestiones concretas y darás un paso hacia la luz.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 10 de marzo

Sábado 10 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.»
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.»
Os digo que este bajo a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Pistas: Dos hombres, uno justo, cumplidor, “de los buenos”. Otro, un pecador público, un hombre señalado por los demás, “de los malos”. El primero no necesita salvación, ni busca a Dios. Sólo se busca a sí mismo y su propia gloria. El otro se sabe pecador, se sabe indigno y necesitado de Dios. El primero no va a encontrar a Dios, el otro sí. El primero no acepta la salvación de Dios, el otro sí. El primero se vanagloria y autojustifica, el otro reconoce todo lo que le hace falta y en lo que falla. Y tú ¿a cuál de los dos te pareces más?
Un detalle importante es que Jesús no dice que el fariseo fuera malo, no dice que fuese mentira que era mejor que los demás. Pero su actitud soberbia y prepotente le impide el encuentro con Dios. Sin embargo, la humildad nos permite vivir en la verdad, nos permite amar y aceptar ser amados, necesitar a Dios y entrar en su corazón misericordioso.
Es tiempo de cuaresma, tiempo de conversión, y hoy la Palabra de Dios te invita a presentarte ante Él con un corazón humilde.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 9 de marzo

Viernes 9 de marzo
Santa Francisca Romana, religiosa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que habla respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Pistas: Jesús enseña la revolución del amor. Quizás esta palabra, ‘amor’, esté un poco gastada en nuestros días. Llamamos amor a muchas cosas que puede que no merezcan ese nombre. Tal vez si piensas en tu propia vida encuentres algunas veces que has llamado o han llamado amor a cosas que se parecen más a egoísmo o a otro tipo de pasiones. Pero si miramos la vida de Jesús podemos entender mejor a qué se refiere cuando habla de amor.
Amar es no buscar el propio interés sino el del otro, es entregar la vida. Jesús orienta toda su existencia a conocer y cumplir la voluntad del Padre. Se siente profundamente amado por Él y le ama con todo su ser. Y con la fuerza del Espíritu Santo cumple la voluntad del Padre, de tal modo que este amor a Dios y ese amor de Dios se manifiesta en todas sus acciones y se concreta en el amor al prójimo.
La novedad que Jesús aporta es que el amor a Dios va unido al amor al prójimo, y que toda la religiosidad, toda la fe, está vacía si falta esto. Por eso la Iglesia en esta cuaresma te invita a rezar, a ayunar y hacer abstinencia, pero también a dar limosna, a mirar al prójimo. Te invita a acercarte a Dios y al prójimo.
Jesús propone este camino a sus discípulos. No valen medias tintas, amar con todo el ser, con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma. Es un camino de plenitud, porque así es el amor que Dios nos tiene y que nos invita a vivir.
Así que si quieres entrar en el reino de Dios éste es el único camino verdadero: encontrarse con el amor de Dios, entender que su amor no tiene límites y aprender a amar como Él nos ama.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 8 de marzo

Jueves, 8 de marzo
San Juan de Dios, religioso

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 11, 14-23
En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

Pistas: Jesús habla en muchas ocasiones del demonio, lo expulsa, lucha contra él. Quizás nos parezca que el demonio es una cosa del pasado. Pero el Evangelio enseña que hay que tener en cuenta su existencia. No para tener miedo o para obsesionarse, sino para saber que no podemos relajarnos en nuestra lucha contra el mal y el pecado. Y que donde está Jesús, el demonio, el mal y el pecado huyen.
Jesús es el fuerte que guarda la casa de tu vida y si Él está nada ni nadie podrá asaltarte ni vencerte. Pero las medias tintas no sirven con Él, sólo son un engaño a uno mismo y a Jesús. Termina diciendo “el que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama”. Un poco del mundo, un poco de Jesús… ¿Para unas cosas que mande Jesús, pero para otras dejo la puerta abierta a la tentación y al mal?… Cuidado, porque la tibieza debilita. Es un autoengaño revestido de aparente fortaleza y deja abierta la puerta al pecado, al sufrimiento y a hacer daño a otros.
Jesús expulsa a los demonios con el dedo de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo, y eso significa que el Reino de Dios ha llegado a tu vida. Que te ha salvado y que tu vida ha cambiado y tus obras son las del Espíritu. Así que, ármate del poder del Espíritu Santo, vive como discípulo de Jesús, y el diablo no tendrá poder en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 7 de marzo

Miércoles 7 de marzo
Santas Perpetua y Felicidad, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

Pistas: La novedad que trae Jesús puede hacer que sus discípulos quieran romper absolutamente con todo lo anterior. Pero Dios a través de la historia del pueblo judío fue revelándose, mostrando cómo y quién es, de una manera progresiva como refleja el Antiguo Testamento. Hasta que finalmente en Jesús esa revelación de Dios llega a su plenitud. Jesús dará cumplimiento y plenitud a lo que Dios ha ido mostrando a los hombres a lo largo de la historia.
Las palabras del Evangelio de hoy son importantes para las primeras comunidades cristianas a las que van dirigidas. Existía el peligro de querer renunciar a toda la herencia del Antiguo Testamento olvidando que el Dios de la historia del pueblo judío es el mismo al que Jesús llama Padre. Pero todo lo anunciado se cumple de un modo sorprendente: Jesús es Dios, el Hijo de Dios hecho hombre; y el Espíritu Santo que Jesús promete es Dios. Todo apuntado en el Antiguo Testamento pero plenamente revelado en Jesús. En su vida, muerte y resurrección, y en la venida del Espíritu Santo.
El Antiguo Testamento (la Ley y los Profetas) sigue teniendo plena validez, es Palabra de Dios, que hay que leer a la luz de Jesús, a la luz del Nuevo Testamento. Es Palabra de Dios y por eso nosotros leemos así el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Respecto a la Ley. Jesús nos dice en otras ocasiones que la fe no es encerrarse en un conjunto de normas que lo absorban todo. Porque eso es una vivencia vacía que muchas veces sólo busca guardar una imagen o forma de actuar. Pero lo que hoy nos recalca es que las normas son necesarias y válidas, que no podemos saltárnoslas alegremente. Jesús aunó las normas y la vivencia. Él no vivió de espaldas a la práctica judía y cumplió con los preceptos, aunque superó muchas tradiciones y formas de hacer. Y, por encima de todo, la novedad que Jesús trae, revoluciona: la importancia del perdón y del amor. La novedad del cristianismo es, debe ser, esto. Porque ¿quién prefiere vivir al margen del amor y del perdón?
Puedes rezar hoy pensando qué importancia tiene para ti la Palabra de Dios. Si tal vez coges solo lo que te interesa, si ocupa un lugar importante en tu vida y la vives. Y si la enseñas a los demás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 6 de marzo

Martes 6 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Pistas: Jesús te propone buscar la plenitud y no conformarte con menos. Pero Pedro, igual que hacemos nosotros también muchas veces en la vida, busca encontrar unos mínimos con los que cumplir y poder quedar satisfecho e incluso juzgar a los que no lo hacen. ¿Cuántas veces hay que perdonar? ¿Cuántas veces tengo que hacer las cosas bien, aunque los demás las hagan mal o no las merezcan? ¿Cuántas veces tengo que amar al que no me ama? ¿Si lo hago un número de veces, seré mejor que los demás?
El estilo de vida de Jesús es el reto. Ser como Él, amar como Él, vivir como Él. Y por eso un cristiano no puede aceptar una vida mediocre (necesita convertirse cada día de sus pecados) porque quiere vivir en el amor y seguir a Jesús. Ni puede conformarse con una sociedad injusta, ni con una Iglesia o una comunidad de mero cumplimiento. Tiene que luchar –como lo haría Jesús- porque su propia vida y lo que le rodea cambie con la fuerza del Espíritu Santo que habita en ti.
Jesús trata el tema del perdón en el Evangelio que has leído. Pregúntate: ¿hay faltas de perdón en tu vida? ¿guardo rencor en mi corazón hacia alguien? Tal vez hay personas que no merecen que las perdones. Pero no se trata de eso sino de descubrir lo que hace Dios contigo, que te ama y perdona incondicionalmente y siempre (aunque para poder descubrirlo, sentirlo y vivir en ese amor no se puede actuar de cualquier manera). Si Dios te ama de este modo ¿qué debes hacer con los demás? No se trata de perdonar de boquilla, sino “de corazón”. Esto no quiere decir sentirlo, quiere decir elegirlo, optar por vivir siempre en el amor y el perdón. Quiere decir que en lo profundo de tu ser, allí donde se toman las decisiones (aunque a veces haya que luchar contra lo que puedas sentir) tú eliges amar y perdonar siempre y a todos.
Con la fuerza del Espíritu Santo ¿eliges cumplir y buscar mínimos o eliges la vida en el Espíritu: amar y perdonar?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

(Culpa y responsabilidad… y perdón: Will Smith https://www.youtube.com/watch?v=UpZ9j4PfkXE )