Archivo de la categoría: Lectio divina

Jueves 5 de abril

Jueves 5 de abril
Jueves de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 24, 35-48
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Pistas: No basta sólo el encuentro con Jesús. Ni siquiera basta sólo la Eucaristía, como leíamos ayer: les explicó la Escritura y les partió el Pan. Hace falta hablar de todo ello en la comunidad. Hace falta experimentar a Jesús en comunidad. Por eso es necesaria la Iglesia, en la que poder encontrarse con Jesús, en la que poder descubrir que es real, no es un fantasma, no es una ideología, no es un invento. Es una persona que se hace presente en la Eucaristía, en la comunidad, en la oración, en la Palabra, en el prójimo…
Jesús es real y está vivo. Por eso, les hace vivir esta experiencia a sus discípulos para que puedan ser testigos. Y por eso hoy quiere hacértela vivir a ti, y a su Iglesia. Experimentarlo, creerlo, contarlo, es vivir la fe, es tener una relación con Jesús, es comenzar a entender que su Reino comienza ya aquí.
De nada sirve saber muchas cosas de Jesús, muchas cosas de la fe, si Jesús no te “abre” el entendimiento. Necesitas el don del Espíritu Santo, y esto se recibe en la comunidad, en la Iglesia. Lo necesitas para poder creer y proclamar: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos”. Y tú, si lo experimentas, podrás ser testigo de ello. Podrás vivir y llevar a los demás la Buena Noticia de Jesús. Podrás ser verdaderamente discípulo de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 4 de abril

Miércoles 4 de abril
Miércoles de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les hablan dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Pistas: El domingo de resurrección dos discípulos se van. Puedes imaginarte la sensación de fracaso, decepción, tristeza, impotencia… Intentan entenderlo desde el punto de vista humano: conversan y discuten. En medio de eso, Jesús se hace presente. Van haciéndose preguntas, buscando respuestas y Jesús entra en escena.
Primero les escucha, camina con ellos, sin que se den cuenta. En la búsqueda de sentido, de verdad, de luz en la vida, Jesús va con nosotros, aunque no lo sepamos. Nos escucha.
Fíjate, ellos ya tienen pistas para descubrir lo que ha sucedido: algunos dijeron que le han visto, el sepulcro vacío… pero no creen. Puede que su idea de cómo deberían ser las cosas, de cómo debe actuar Dios, les impida descubrir lo que ha sucedido en Jesús.
Ahora que Jesús les ha escuchado, se pone a enseñarles con la Palabra de Dios. Esto vale para entender lo que sucede en la vida de Cristo, pero también para iluminar tu propia vida. Si rezas todos los días con el Evangelio irás descubriendo cómo poco a poco tu vida de fe crece y la luz de Dios está más presente en tu vida.
Es un proceso, un camino. Requiere tiempo, contar y escuchar. Cambiar de ideas. Conocer… Y en un momento hay que decirle a Jesús: “No te vayas. Quédate, quiero saber más, quiero estar contigo”. Porque no se trata sólo de ideas, sino de relación.
Y cuando parte el pan lo reconocen: la Eucaristía. Primero fue la Palabra y ahora el Pan. Y se les abren los ojos. Puedes pensar qué importancia tiene la Eucaristía en tu vida.
Pero Jesús desaparece. Les toca caminar en fe. Siempre es así. La fe no es una imposición, no es una obligación, es un camino de descubrimiento. Por eso después van corriendo a contárselo a otros que cuentan experiencias similares. Y poco a poco van llegando a la certeza de que es verdad: Jesús está vivo, ha resucitado.
Puedes releer el Evangelio dejando que ilumine tu vida, tu situación… como si fuera el camino de tu vida. Imagina con quién vas, qué te preocupa, de qué vas hablando. Y Jesús va contigo. Qué te diría y qué te está diciendo a través de su Palabra. Si quieres, dile que esté contigo, ora. Escucha lo que otros tienen que contar de Él.
También puedes aprender de Jesús: cómo acompaña a los que están en búsqueda. Si tienes esa responsabilidad, fíjate en este Evangelio y aprende. Y descubre que Jesús siempre está. De un modo u otro, Él está a tu lado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 3 de abril

Martes 3 de abril
Martes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 20, 11-18
En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.»»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Pistas: «¿Por qué lloras?». María llora por Jesús. Su Maestro, su Amigo, a quien quiere. Está atrapada en el sufrimiento y ni siquiera es capaz de, al ver el sepulcro vacío, entender lo que eso significa. Ni los ángeles le hacen pensar lo que pudo suceder. No entiende.
¿Cuántas veces nos pasa también a nosotros? ¿Cuántas veces nos quedamos encerrados en nuestro sufrimiento sin lograr ver los signos que nos hablan de resurrección, esperanza y vida? Hazte la pregunta: ¿Por qué lloras? ¿qué te hace sufrir?
Todo cambia cuando Jesús la llama por su nombre. No está muerto ni es un recuerdo. Está vivo. Ya no hay motivos para llorar. Y María tiene que aprender a ver de nuevo a Jesús, el que Resucitado vive para siempre. Tal vez por eso Jesús le dice: «Todavía no he subido al Padre». Porque ella necesita descubrir toda la profundidad de quién es Jesús. Por eso Jesús dice: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro».
En Semana santa nos hemos asomado al misterio de Jesús, que sólo se entiende desde lo que celebramos en Pascua. Te animo a que vayas recorriendo este tiempo nuevo como un camino de descubrimiento de Jesús. ¿Quién es? ¿Qué significa su resurrección? Y déjale que te llame por tu nombre. Porque de lo que se trata no es sólo de saber cosas de Jesús sino de establecer una relación con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 2 de abril

Lunes, 2 de abril
Lunes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 28, 8-15
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Pistas: Se repetirá en toda la Pascua: “No tengáis miedo”, “alegraos”, “id a decir, id a anunciar», «fueron y contaron”. El encuentro con el Resucitado vence los miedos. Miedo al futuro, miedo a los problemas del presente… ¿Cuáles son tus miedos? Piénsalo por un momento.
Cada vez que te acerques a Jesús, Él te dirá: “No tengas miedo”. Si dejas que el poder de Jesús resucitado, el poder del Espíritu Santo, actúe en tu vida, el miedo será vencido y aparecerán la esperanza y la fortaleza. Porque realmente Jesús ha vencido a la muerte. El mal no ha podido con Él. Y donde hay esperanza y vida, donde el amor de Dios vence, aparece una alegría que nadie podrá robar.
Sin embargo, desde el principio comienzan las luchas, las dificultades, las conspiraciones. Los que habían llevado a Jesús a la cruz no se arrepienten ni recapacitan. Están absolutamente ciegos, no son capaces de plantearse quién es Jesús. Sólo quieren acabar con Él. No les importa la verdad. Corrupción, sobornos, intereses… Llama la atención cómo todos son capaces de trabajar en la misma línea sin importarles la realidad o la verdad.
Fíjate qué mundos tan distintos: el de Jesús y sus discípulos, y el de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. Los primeros parecían muy perdidos, estaban absolutamente destrozados. Si lo piensas bien, estaban solos. Los judíos los odiaban por seguir a Jesús y querrán acabar con ellos; los romanos los tienen por los seguidores de un rebelde que se hacía llamar a sí mismo “rey”. Los judíos parece que controlan la situación, seguros de sí mismos, utilizando los recursos que tienen a su alcance para salirse con la suya. Pero los discípulos encontrarán alegría, esperanza, valor, verdad, vida, luz… y los otros sólo pecado, maldad, miedo.
Encontrarse con el Resucitado y encontrar la verdad o vivir en la mentira y los intereses. Ésta es la decisión que te plantea el Evangelio hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 1 de abril

Domingo 1 de abril
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 20, 1-9.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos

Pistas: Cristo ha resucitado. El sepulcro está vacío. Todavía no lo saben, todavía no se lo creen. Pero el lugar de la muerte ha quedado vacío. Van corriendo, se asoman, entran, ven. Y entonces creen, entienden la Escritura.
Cristo ha resucitado. Ésta es la noticia que la Iglesia te anuncia hoy y que celebraremos durante cincuenta días.
Puedes imaginar la escena que cuenta el Evangelio. El cambio que se da en María, en Pedro y Juan. Antes, muerte, ahora, vida. Antes, tristeza, oscuridad, duda, miedo. Ahora alegría, luz, fe, esperanza…
Y la luz de la resurrección es también para ti. Asómate al sepulcro vacío y descubre que realmente está vivo. Todo ha merecido la pena, todo cobra sentido ¡Celebremos la Pascua!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 31 de marzo

Sábado 31 de marzo
Vigilia Pascual en la Noche Santa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Pistas: Hasta la Vigilia Pascual el sábado santo es el tiempo del silencio, de la espera. Jesús ha muerto y parece que todo ha terminado. Tristes, desanimados, desesperados…. Antes de leer el Evangelio de la noche santa, piensa un poco en la situación que atravesaron los discípulos, los amigos de Jesús, María, su Madre. Todo ha sido por amor a Dios y a los hombres. No lo podrán comprender hasta que se encuentren con el resucitado y reciban el Espíritu Santo. Entonces descubrirán que en Jesús todo ha sido hecho nuevo.
Si tienes tiempo, te propongo que reces con el salmo del viernes santo antes de leer el Evangelio.

Salmo 30
A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú que eres justo, ponme a salvo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás.
Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos; me ven por la calle y escapan de mí. Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil.
Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

(Relee el Salmo y reza con alguna frase). A continuación o en otro rato lee el Evangelio.

Evangelio según San Mateo 28, 1-10
En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No, está aquí: HA RESUCITADO, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.» Mirad, os lo he anunciado.
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.

Pistas al Evangelio: Al amanecer del tercer día (el domingo) la oscuridad se convierte en luz, el silencio en estruendo, los guardias que custodian la puerta no pueden hacer nada, la muerte ha sido vencida. Jesús ya no está en el sepulcro, el lugar de la muerte está vacío: HA RESUCITADO. El anuncio de Jesús se cumple.
Imaginaos cómo va alguien al cementerio… Pero todo cambia. Las mujeres, llenas de alegría van corriendo a anunciar a los discípulos que era verdad, que ha resucitado. El mismo Jesús se presenta ante ellas. Fijaos en los verbos: alegraos, no tengáis miedo, id.
Es sorprendente también a quién se aparece Jesús primero. No a Pedro o a Juan, que permaneció al pie de la cruz. Sino a unas mujeres (que en tiempo de Jesús no pintaban nada en la sociedad). Ellas son las primeras en creer y anunciar que Jesús resucita.
Deja que este Evangelio ilumine tu vida. La cruz, la muerte, la tristeza, el miedo, el pecado, la injusticia, la oscuridad… ¡Jesús ha resucitado! y tú eres partícipe de esa victoria.
Como veremos en los próximos días, Jesús regala el Espíritu Santo, que continúa su obra y actúa en los que creen en Él. Y todo el poder de su resurrección, todo el poder de Dios actúa en el creyente y en la Iglesia.
Ilumina tu realidad con la luz del resucitado: tu familia, tu comunidad, tu trabajo, tu Iglesia, tus problemas. ¿Qué tendrás que hacer? ¿a quién se lo tendrás que contar? ¿te lo vas a callar?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 29 de marzo

Jueves 29 de marzo
Jueves Santo en la Cena del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 13, 1-15.
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: Señor, ¿lavarme los pies tú a mí? Jesús le replicó: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le contestó: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.
Simón Pedro le dijo: Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»).
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

Pistas: Comenzamos hoy el Triduo Pascual. Nos hará recorrer las últimas horas de Jesús antes de su muerte, hasta su resurrección.
Jueves Santo. Es el momento de la Última Cena. Dos ideas fundamentales surgen de ella: La institución de la Eucaristía (que nos la cuenta la segunda lectura de la misa) y el mandato del amor fraterno (el Evangelio que acabas de leer).
¿Cómo sería aquella cena? Sin duda, un momento especial, para los discípulos y para la historia de la humanidad. La Pascua judía se convierte en la Nueva Pascua. La Antigua Alianza en la Nueva Alianza. Imagina cómo se pueden sentir. En medio de la incertidumbre, las autoridades judías quieren acabar con Jesús y se reúnen con su Maestro y su Amigo. Es la fiesta más importante para los judíos, en la que celebran que Dios les liberó de la esclavitud de Egipto conduciéndoles hacia la tierra prometida, la libertad y la vida.
Jesús dice que va a entregarse para la salvación de todos los hombres y manda repetir estos signos en memorial suyo. Todo el poder y la fuerza de ese acontecimiento: muerte y resurrección, se hace presente y actúa en cada Eucaristía.
Y junto a esto, Jesús realiza un gesto: imagínalo. Era una tarea de los siervos o de los esclavos. Y el Maestro, el Señor, el que va a cambiar la historia, el Hijo de Dios hecho hombre, se ciñe una toalla y lava los pies a sus discípulos. Quiere que comprendan. Pedro le quiere ayudar porque no entiende ¿cómo se le quedaría grabada la actitud de Jesús?
Déjate amar por Jesús, déjate lavar por Él, deja que transforme tu vida. Que te enseñe lo que es amar, lo que es servir. El camino que conduce a la felicidad, a la salvación y a la vida. Ahora mira tu vida: ¿Lo entiendes o te resistes como Pedro? ¿lo vives y te dejas lavar o te apartas como Judas?
Jueves Santo. Jesús que se entrega y nos enseña el camino del amor y el servicio. Y te dice: “Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Un regalo que cambia los corazones.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 28 de marzo

Miércoles 28 de marzo
Miércoles Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó: «Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»» Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.» Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?» Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Pistas: Parece que Jesús está intentando hasta el final hacer pensar a Judas, dándole oportunidades para que se arrepienta, para que salga a la luz la verdad. Sigue siendo de los suyos, de sus Apóstoles, de sus discípulos. Pero ha decidido traicionarle y que otras cosas sean más importantes en su vida. Y aunque Jesús le dice claramente que lo sabe, esto no causa ninguna reacción en él. Le avisa de las consecuencias, pero Judas sigue adelante con sus intenciones. Disimula: “¿Soy yo acaso, Maestro?”. ¿Qué pensaría, qué sentiría, cuáles serían sus motivaciones?
Este Evangelio puede sugerirte muchos temas para reflexionar. Ningún grupo humano es perfecto. Ni siquiera el Hijo de Dios eligió un grupo “perfecto”. Uno de los suyos le traiciona. Pero aún así, la voluntad del Padre se cumplirá. Puedes pensar en tu vida, en tu comunidad, en el mundo, en la Iglesia. Hay Judas, hay personas que conspiran, que están equivocadas y buscan el mal… Pero en medio de eso vencerá el amor, vencerá Jesús, vencerá Dios.
Jesús lucha contra el mal, pero lo hace con la verdad y el amor. En ningún momento se pondrá al nivel de sus adversarios. Podría utilizar su poder e influencia. Sin embargo, continúa por el camino del amor, la verdad, la misericordia… No por el de las influencias, el poder, la manipulación o la venganza. Jesús se enfrenta al mal desde el bien.
Ahora lee el Evangelio otra vez y deja que hable a tu vida. Reza y contempla a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 27 de marzo

Martes 27 de marzo
Martes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?»
Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.» Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer, hazlo enseguida.»
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: «Donde yo voy, vosotros no podéis ir.»» Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió: «A donde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.»
Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.» Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Pistas: Una de las peores experiencias de la vida es que alguien a quien quieres, un amigo, un familiar, te falle o te traicione. Jesús va a experimentar esto: la incomprensión, la traición y el abandono de los suyos. La pasión de Jesús tiene también este aspecto de traición y soledad. Su propio pueblo le da la espalda, aquellos a los que tantas veces había ayudado, sus discípulos huyen asustados, a los romanos no les importa que sea inocente… Y Jesús está solo. Un puñado de mujeres, su madre y el discípulo más joven son los únicos que estarán a su lado.
El contexto de la escena es la Última Cena. Judas y Pedro, ambos, fallarán a Jesús. Pero sus motivaciones y sus reacciones son completamente diferentes. Judas, nos cuenta san Juan que se ha dejado corromper. Era un ladrón, sabemos que traiciona a Jesús por una bolsa de monedas y después no es capaz de superar el sentimiento de culpa y termina suicidándose. Pedro se siente muy seguro de sí mismo, pero después será cobarde y débil, no será capaz de estar junto a Jesús. Llorará amargamente sus negaciones, se arrepentirá, acogerá el perdón de Jesús y dará su vida por Él.
Todos tenemos algo de Judas (de dejarnos corromper, de consentir el mal y el pecado en nuestra vida, de sentirnos atraídos por el camino fácil) y algo de Pedro (orgullosos y seguros de nosotros mismos, pero en el fondo cobardes y débiles). Puedes rezar dejando que esta escena ilumine tu vida y tus actitudes. Pero que la oración te haga caer en la cuenta de que aunque te equivoques siempre puedes volver con Jesús. Por muy fuerte y grande que sea tu pecado y tu error Jesús siempre te preguntará, como leeremos en Pascua que le preguntó a Pedro: ¿Me amas?. De eso se trata, de amar a Jesús a pesar de todo, de vencer todo aquello que nos aleja de Él, de dejar que transforme nuestra vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunas 26 de marzo

Lunes 26 de marzo
Lunes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 12,1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien habla resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.
Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Pistas: Jesús va con sus amigos. Son días duros, porque saben que los sumos sacerdotes quieren acabar con Él. Hay dos actitudes contrapuestas: el amor desinteresado, agradecido, de Marta, Lázaro y María. Y la actitud de Judas. Los primeros le abren su casa, comparten con Él lo que tienen, le dan lo mejor que poseen y le dan su amor. A pesar de que ser amigo de Jesús podía traerles complicaciones con los judíos.
Da qué pensar ver la actitud de Judas. Por un lado seguía con Jesús, pero por otro su corazón estaba lejos. Se había dejado seducir por el dinero y no era fiel. Siempre funciona así. Los grandes pecados no se improvisan. Comienzan como pequeñas concesiones y este hombre terminará traicionando a su Maestro (por el que lo había dejado todo) por un puñado de monedas y, desesperado, ahorcándose. Estaba con Jesús, pero en algún momento había comenzado a llevar una doble vida y se había ido alejando de Él.
La vida, la cena, el perfume, la amistad… Puedes imaginarte la escena. Las duras palabras de Jesús: “Lo tenía guardado para el día de mi sepultura”, dejando claro el camino que se abre ante Él. Puedes pensar si recibes a Jesús en tu casa, si le das lo mejor que tienes, si le amas, si te arriesgas dejando que esté en tu vida… O si el interés se ha colado en tu relación con Él.
Y por último llegan los judíos, tienen curiosidad: ¿Será verdad que Lázaro ha resucitado? ¿será verdad que Jesús está por aquí? ¿no sabe que le buscan?
Los sumos sacerdotes ya tienen clara su decisión: acabar con Jesús y sus seguidores. Y seguirán adelante con su plan. Como hemos ido viendo, no les importa quién es Jesús, ni les importa la verdad. Sólo quieren lograr sus fines humanos.
Estos días leeremos el desenlace y el modo sorprendente en que Jesús sale vencedor. Será el momento para reflexionar sobre muchos aspectos, pero en el Evangelio de hoy ya comprobamos que Jesús recorre un camino duro. Sabe que su destino es la muerte. Sabe quiénes le van a traicionar. Y, a pesar de ello, Él hace una apuesta por el amor mientras a su alrededor todo es una confabulación del mal. Jesús escribe con amor también sus últimos días y esto nos tiene que decir algo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.