Archivo de la categoría: Lectio divina

Miércoles 25 de abril

Miércoles 25 de abril
San Marcos, evangelista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 16, 15-20
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Pistas: Hacemos un paréntesis en la lectura del libro de los Hechos para celebrar la fiesta de San Marcos, Evangelista. Y leemos el final de su Evangelio.
Fíjate en los verbos: ‘Id’ y ‘proclamad’. Éstas son las directrices que da Jesús a sus Apóstoles. El mensaje del Evangelio traerá salvación a aquellos que lo acojan. Los mismos signos, el mismo poder que tenía Jesús, también acompañará a los que crean en Él.
Como venimos leyendo estos días, la promesa de Jesús se hizo realidad. Dios cumple lo que promete. Su palabra no falla. Y todo esto que anuncia Jesús se cumple en los primeros pasos de la Iglesia y sigue sucediendo hoy.
Ahora lee el Evangelio sabiendo que Jesús también te lo dirige a ti. ¿Qué te está pidiendo hoy con estas palabras? El Papa Francisco nos dice que seamos una Iglesia en salida. Y para responder a esta llamada: ¿qué tienes que hacer tú personalmente en tu propia vida? ¿qué está en tu mano cambiar en tu comunidad? El Evangelio decía: Id y proclamad. Es el mandato que tenemos. Y para ello no estaremos solos. El Señor confirmará la palabra y abrirá caminos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 24 de abril

Martes 24 de abril
San Fidel de Sigmaringa, presbítero y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 11, 19-26
En aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los helenistas, anunciándoles la Buena Noticia del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.
Llegó la noticia a la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor.
Más tarde, salió para Tarso, en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía. Durante un año fueron huéspedes de aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos.

Pistas: El Evangelio se va extendiendo. Al predicar la palabra, al anunciar la Buena Noticia de Jesús, muchos creen en Él.
Fíjate cómo el libro de los Hechos siempre nos enseña que la gracia de Dios va delante. La Palabra, la Buena Noticia, es eficaz, da fruto al ser anunciada. Los evangelizadores son personas que viven la fe: “El Señor está con ellos”. Esto es una constante en los que anuncian el Evangelio según el libro de los Hechos: vivir la fe, estar llenos de Espíritu Santo. Y entonces Dios abre caminos y la fe se convierte en algo contagioso.
La Iglesia acompaña a los que se van haciendo cristianos. Hoy además la lectura nos cuenta en qué lugar se comienza a usar el término ‘cristiano’ para hacer referencia a los que acogen la buena nueva de Jesucristo. Antioquía es la primera en usar esta denominación. El número de cristianos aumenta tan considerablemente que es necesario usar un nuevo término para referirse a ellos. Ya no son una corriente dentro del judaísmo. Y la fe crece y se fortalece en la comunidad.
Puedes aprovechar la lectura de estos pasajes del libro de los Hechos para pensar en cómo es tu vida eclesial. ¿Qué puedes hacer para que hoy suceda como en aquellos primeros pasos de la Iglesia y nuestras comunidades sean vivas y tengan una fe contagiosa? Tal vez necesites que, como aquellos cristianos a los que Saulo (Pablo) y Bernabé acompañaron, te acompañen también a ti en la fe. Busca a quien pueda hacerlo, afianza tu fe, crece en ella.
La Iglesia de hoy es la misma de entonces. Tú y yo la formamos. ¿La mano de Dios está con nosotros? ¿somos personas llenas de Espíritu Santo? Si tienes dudas respecto a las respuestas piensa en qué podemos hacer, cada uno desde nuestras responsabilidades, por potenciar el mayor tesoro de la Iglesia: el mensaje que Jesús nos dejó.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 23 de abril

Lunes 23 de abril
San Jorge, mártir
San Adalberto, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 11, 1-18
En aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles hablan recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los partidarios de la circuncisión le reprocharon: «Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos.»
Pedro entonces se puso a exponerles los hechos por su orden: «Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: Algo que bajaba, una especie de toldo grande, cogido de los cuatro picos, que se descolgaba del cielo hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos, fieras, reptiles y pájaros. Luego oí una voz que me decía: «Anda, Pedro, mata y come.» Yo respondí: «Ni pensarlo, Señor; jamás ha entrado en mi boca nada profano o impuro.» La voz del cielo habló de nuevo: «Lo que Dios ha declarado puro, no lo llames tú profano.» Esto se repitió tres veces, y de un tirón lo subieron todo al cielo.
En aquel preciso momento se presentaron, en la casa donde estábamos, tres hombres que venían de Cesarea con un recado para mí. El Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin más. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: «Manda recado a Jafa e invita a Simón Pedro a que venga; lo que te diga te traerá la salvación a ti y a tu familia.»
En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que habia bajado sobre nosotros al principio; me acordé de lo que había dicho el Señor: «Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.» Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?»
Con esto se calmaron y alabaron a Dios diciendo: «También a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida.»

Pistas: La salvación y el mensaje de Jesús ¿es para los judíos o es para todos? Y el Espíritu Santo guía a la Iglesia en la respuesta. Jesús ha venido a salvar a todo hombre. Se lo había dicho, pero no acaban de entenderlo. Aparecen bandos, partidos, prejuicios. A Pedro le sucede como le ocurrió a Jesús: le echan en cara que no haga distinciones a la hora de transmitir la buena noticia. Hay grupos que se siguen considerando por encima de los demás, mejores que otros, con más derechos, más dignos. Justo lo contrario de lo que predicó Jesús. Ahora le toca a los discípulos entender qué supone enfrentarse a este cambio de mentalidad haciendo comprender a otros que Jesús es acogida, integración, puertas abiertas a quien le deje entrar en su vida, sea del grupo que sea, sea del pueblo que sea. Pedro tiene que cambiar su modo de pensar. Y todos tienen que dejarse sorprender por Dios. Y el Espíritu va por delante abriendo caminos.
Al leer estos días el libro de los Hechos de los Apóstoles, te invito a que mires cómo estás siendo Iglesia, desde la responsabilidad que te toque, y descubrir las claves que guiaron a los primeros cristianos.
Hoy vemos que la comunidad y la oración son puntales en estos primeros pasos de la Iglesia. Hay tensiones, pero se resuelven en la comunidad. Se resuelven en la Iglesia que Jesús ha instituido jerárquica. Y le preguntan a Pedro. Hay dudas, pero el Espíritu la va guiando como Jesús había prometido.
En estos tiempos en que es urgente evangelizar, la Iglesia (el Papa con sus indicaciones, tu comunidad concreta), la oración, dejarnos mover por el Espíritu, o más bien, ver por donde se está moviendo el Espíritu, nos hará descubrir los caminos que Dios quiere abrir en el mundo. Y a ti te hará descubrir los caminos que Dios está abriendo en tu realidad.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 22 de abril

Domingo, 22 de abril
Domingo IV de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 10, 11-18
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Pistas: Jesús usa la imagen del pastoreo para ayudar a entender quién es Él. Ya sabes que San Juan va dando pequeños pasos, como si estuviera apretando un tornillo, para mirar la misma realidad desde diferentes perspectivas y poder profundizar en ella.
Jesús es Buen Pastor, da la vida por sus ovejas, le importan, las conoce y ellas le conocen (hay una relación, no es solamente un contrato o un acuerdo. Se parece más a una amistad, a una alianza). Además, entrega su vida porque quiere, con libertad, por todos. Y después habrá un solo rebaño, un solo Pastor. No hay castas o estamentos privilegiados. Así que Jesús actúa por amor, con libertad, con poder, con autoridad, por obediencia al Padre.
Puedes pensar qué actitudes movían a Jesús y cómo es su corazón de Buen Pastor. Dale gracias o contempla su amor y adórale. Cae en la cuenta que fue por ti y por mí. Nosotros somos de los que Él ha llamado porque le importamos.
Y después de mirar a Jesús, si quieres, piensa en tu respuesta. ¿Conoces su voz? A Él le importas. Tanto, que no se queda al margen. Te envía el Espíritu Santo, camina a tu lado como tu hermano, tu amigo, tu Dios. ¿Qué tienes que hacer, qué necesitas para poder seguir a Jesús, para conocerle y dejar que te conozca? Reza con este Evangelio.
Jesús es el Buen Pastor que dio su vida por ti. Y resucitado y glorioso sigue estando a tu lado y te ama.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 22 de abril

Sábado, 21 de abril
San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 9, 31-42
En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.
Pedro recorría el país y bajó a ver a los santos que residían en Lida. Encontró allí a un cierto Eneas, un paralítico que desde hacía ocho años no se levantaba de la camilla. Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te da la salud; levántate y haz la cama.» Se levantó inmediatamente. Lo vieron todos los vecinos de Lida y de Sarón, y se convirtieron al Señor.
Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela. Tabita hacia infinidad de obras buenas y de limosnas. Por entonces cayó enferma y murió. La lavaron y la pusieron en la sala de arriba. Lida está cerca de Jafa. Al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a rogarle que fuera a Jafa sin tardar. Pedro se fue con ellos. Al llegar a Jafa, lo llevaron a la sala de arriba, y se le presentaron las viudas, mostrándole con lágrimas los vestidos y mantos que hacia Gacela cuando vivía. Pedro mandó salir fuera a todos. Se arrodilló, se puso a rezar y, dirigiéndose a la muerta, dijo: «Tabita, levántate.» Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él la cogió de la mano, la levantó y, llamando a los santos y a las viudas, se la presentó viva. Esto se supo por todo Jafa, y muchos creyeron en el Señor.

Pistas: El relato comienza con un sumario que nos cuenta cómo va la Iglesia, y nos hace avanzar diez años. Después de la persecución que habíamos leído y comprobar cómo el testimonio de los discípulos sale fuera de Jerusalén, la Iglesia va progresando y extendiéndose. Pedro se dedica a evangelizar y acompañar a la Iglesia naciente. Y el libro de los Hechos nos cuenta hoy dos milagros.
Como siempre en la Biblia, el milagro físico va acompañado de la conversión y el testimonio. La Iglesia continúa la misión de Cristo. El Reino que Él vino a inaugurar continúa en su Iglesia por la acción del Espíritu Santo. Jesús no sólo dio autoridad y poder a los discípulos para dar testimonio y predicar, sino que también les dio el poder de orar por los demás. Como decíamos hace poco, tal vez pienses que estas cosas sólo pasaron al principio de la Iglesia y que ahora ya no suceden. Pero, no es así. Yo soy testigo de cómo la oración por personas enfermas las sana, cómo Dios da paz, alegría y esperanza a alguien que se está muriendo. Si te atreves a orar por los demás o por un enfermo al que visitas, podrás ser instrumento de la bendición de Dios y ver sus maravillas.
Es sencillo. No hay que usar una fórmula. Sólo hablar desde el corazón y dejar que el Espíritu Santo ore en ti. Eso fue lo que hizo Pedro. Oró a Dios con confianza, seguro que de cumple sus promesas, y pudo ver la acción de Dios.
Si te animas a orar por alguien, puedes hacerlo solo o con otras personas y seguir este esquema: Señor (o Padre, o Jesús) te doy gracias por la vida de…, te doy gracias por su situación, por … Te presento su vida, sus circunstancias, su… y bendícelo, bendice su vida, llénalo del Espíritu Santo, te pido por… (y pides a Dios por la situación que esté atravesando), bendice … La oración siempre es escuchada. Quizás el fruto no se vea instantáneamente o por el camino que uno piensa. Pero cree que la oración siempre es escuchada.
Unos últimos apuntes sobre orar por los demás. Esto forma parte de ser cristiano. No tiene que ver con lo santo y bueno que eres, sino con tu obediencia y fidelidad a Cristo. Nace de la fe en Jesucristo y en la Palabra de Dios. Tiene como característica el respeto a la persona y su dignidad (se hace con delicadeza, privacidad, confidencialidad). Se hace desde el amor a las personas, el amor que nos da el Espíritu Santo. Y no es algo extraño, ni un rito o una especie de magia, sino recuperar lo que hacían las primeras comunidades cristianas, cuando se reunían para rezar. Y lo hacían así, unos por otros, desde el corazón, dejando que Dios se exprese a través de ti para llegar a los demás.
Como te puse más arriba, si te atreves, permitirás que Dios actúe a través de ti y podrás ser testigo de las maravillas de Dios.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 20 de abril

Viernes 20 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 9, 1-20
En aquellos días, Saulo seguía echando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor. Fue a ver al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse presos a Jerusalén a todos los que seguían el nuevo camino, hombres y mujeres.
En el viaje, cerca ya de Damasco, de repente, una luz celeste lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Preguntó el: «¿Quién eres, Señor?»
Respondió la voz: «Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que tienes que hacer.»
Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión: «Ananías.» Respondió él: «Aquí estoy, Señor.»
El Señor le dijo: «Ve a la calle Mayor, a casa de Judas, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, y ha visto a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista.»
Ananías contestó: «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre.»
El Señor le dijo: «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los israelitas. Yo le enseñaré lo que tiene que sufrir por mi nombre.»
Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y te llenes de Espíritu Santo.»
Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y lo bautizaron. Comió, y le volvieron las fuerzas.
Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios.

Pistas: Ésta es la historia de personas que buscan la verdad, que están abiertos a descubrirla y que se fían de Dios. Es la historia de la Iglesia, la conversión, la fidelidad a Dios, la evangelización.
Saulo, Pablo, San Pablo ¡Vaya camino que hace este hombre! De perseguidor, a evangelizador. De odiar, a amar. No fue fácil. Se quedó ciego y estuvo tres días sin comer ni beber. Tuvo que aceptar que Ananías rezase por él. Tuvo que aceptar su error y cambiar. Y por fin pudo ver.
Se puede entender de un modo simbólico lo que le pasa a Saulo. Está ciego, no come ni bebe, está sin fuerzas porque vive lejos del Dios verdadero, porque lucha por una mentira y persigue a Jesús. Tras el encuentro con Jesús no cambian las cosas mágicamente. Para poder cambiar lo tienen que llevar de la mano, necesita que recen por él y, por fin, puede ver y comer (la comunidad y la Eucaristía). Después de esto le vuelven las fuerzas y se dedica a evangelizar.
Ananías tiene que vencer los prejuicios. Se fía de Dios. Y gracias a su obediencia, una de las personas más influyentes e importantes del cristianismo pudo ver, pudo llenarse del Espíritu Santo y fue confirmado en la fe en Jesús.
Impresiona el elemento sobrenatural de este relato. Quizás puedas pensar que estas cosas solo sucedieron al principio de la historia de la Iglesia, pero que ahora ya no. Esto es falso. Tal vez somos menos valientes para contar estas cosas o nuestra fe está más dormida. Pero muchísimas veces he escuchado historias en las que se percibe la acción de Dios y cómo guía a las personas que están dispuestas a escucharle. Dios sigue haciendo cosas extraordinarias.
Al releer la lectura piensa: ¿Y si soy yo Saulo o Ananías? Y si quieres haz un acto de fe, pide el Espíritu Santo. No se trata de ponerse a hacer cosas, sino de encontrarse, de experimentar, de relacionarse con Jesús, llenarse del Espíritu Santo, descubrir el amor del Padre. Como le sucedió a Pablo. Pero como ves en este relato el encuentro va unido a descubrir el camino de Dios para tu vida. Pídele, si quieres, que te muestre su voluntad en cada instante. Te hablará de un modo que le puedas entender. Pondrá sentimientos, ideas, caminos ante ti. Y podrás ver las maravillas de Dios en tu vida.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 19 de abril

Jueves 19 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 8, 26-40
En aquellos días, el ángel del Señor le dijo a Felipe: «Ponte en camino hacia el Sur, por la carretera de Jerusalén a Gaza, que cruza el desierto.»
Se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que habla ido en peregrinación a Jerusalén. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo el profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y pégate a la carroza.»
Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?» Contestó: «¿Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?»
Invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de los vivos.»
El eunuco le preguntó a Felipe: «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?»
Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús. En el viaje llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?»
Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su viaje lleno de alegría.
Felipe fue a parar a Azoto y fue evangelizando los poblados hasta que llegó a Cesarea.

Pistas: «El viento sopla por donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquél que es nacido del Espíritu” (Jn 3,8). Así mismo es Felipe en este pasaje. Alguna vez he escuchado o vivido experiencias similares cuando se sale en misión, que parece que hay “coincidencias”, estás en el lugar adecuado en el momento adecuado, “algo” te mueve a hablar con una persona o a contar una experiencia…
Así es Dios. ¡Qué casualidad aquel hombre leyendo al profeta Isaías! Y Felipe pasando por allí en aquel momento. ¡Qué locura fiarse de una inspiración! Y gracias a eso aquel etíope encontró a Jesús. Felipe cambia el lugar en el que estaba predicando la verdad de Jesús porque el ángel le anuncia una nueva misión aparentemente sin sentido: ir a un camino desierto hacia Gaza. Pero no dudó. Y allí se encuentra con el etíope, que nos puede parecer algo exótico, pero este pueblo visitaba el Templo de Jerusalén desde los tiempos de la reina de Saba. El etíope estaba en visita religiosa y llevaba ofrendas al Templo. Justo en el momento en el que se acerca Felipe estaba leyendo un pasaje de Isaías en donde se habla proféticamente del Mesías. El etíope no entiende a quién se refiere porque no conocía a Jesús. Y así Felipe tiene la oportunidad de descubrirle lo sucedido y cómo Jesús cumple las Escrituras.
El etíope no sólo acepta el mensaje de Felipe, sino que allí mismo se bautiza y se convierte en seguidor de Jesús. De este modo, el Evangelio continúa expandiéndose, cada vez más lejos, cada vez a más personas y pueblos.
Y tú ¿te fias de Dios, como hizo Felipe? Pues ora, llénate del Espíritu Santo, entra en el misterio de Jesús resucitado que cumple su promesa y se convierte en Camino, Verdad y Vida. Experimenta su amor. Y atrévete.
Ya sabes, relee el pasaje preguntándote: Señor ¿qué me quieres decir hoy en mi circunstancia concreta con tu palabra?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Miércoles 18 de abril

Miércoles 18 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 8, 1b-8
Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo se ensañaba con la Iglesia; penetraba en las casas y arrastraba a la cárcel a hombres y mujeres. Al ir de un lugar para otro, los prófugos iban difundiendo el Evangelio.
Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Pistas: Quieren acabar con el nuevo camino que ha traído Jesús. Pero esta violencia sólo logra que se extienda más la fe. Ya no sólo es Jerusalén la que escucha el mensaje de la resurrección de Jesús y el anuncio del Evangelio. Judea y Samaría, y más tarde todo el mundo conocido, lo escuchará.
Cuando la fe se vive es contagiosa. Aunque haya dificultades, el poder del Espíritu Santo actúa. Esta experiencia se repite tan a menudo en la historia de la Iglesia que Tertuliano (un padre de la Iglesia) dirá: «La sangre de los mártires es semilla de cristianos».
La lectura termina hablando de alegría. Allí donde entra la luz de Jesús, todo cambia. El mal, el sufrimiento, el pecado… son vencidos.
Puedes orar hoy pidiéndole a Jesús que te llene de su Espíritu para hacerte portador de alegría. Si lo piensas bien ¿cuánto necesita nuestro mundo poder experimentar esto? ¿cuánto necesita poder experimentar a Dios en medio de las injusticias, dificultades, persecuciones en muchos casos, indiferencia, mentiras…?
Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Martes 17 de abril

Martes 17 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 7, 51-8, 1a
En aquellos días, Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas: «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado.»
Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, expiró.
Saulo aprobaba la ejecución.

Pistas: Encontramos dos actitudes en la lectura de hoy. Esteban, lleno de Espíritu Santo, actuaba con el poder de Dios, realizaba milagros y signos como hacía Jesús. Está “conectado” con Dios. Ve la gloria de Dios. Y en medio de una situación en la que lo más lógico sería tener miedo y callarse, él declara la verdad. Cuando lo están matando pide a Jesús que lo reciba y que no les tenga en cuenta ese pecado. Muere como murió Jesús. En una vida entregada a Dios es capaz de ser fiel a Jesús hasta el final, vence las dificultades, da testimonio, no tiene miedo.
Por otro lado están los que se resisten al Espíritu Santo. Les dirige unas palabras muy duras. La Escritura (la Ley y los profetas) les anunciaban a Cristo, pero lo rechazan. Ellos se llenan de ira, mientras Esteban puede ver la gloria de Dios. Ellos se dejan llevar por el odio, él por la misericordia y el amor, incluso a los enemigos. Unos actúan sin escrúpulos, mundanamente, y no quieren escuchar porque ello les haría pensar en la verdad que les anuncia, sin embargo el Espíritu Santo llena a Esteban.
También aparece Saulo, Pablo, cuya conversión leeremos en los próximos días. De momento odia profundamente a la Iglesia naciente, a los discípulos de Jesús, y quiere acabar con ellos.
Puedes iluminar la realidad de la Iglesia del siglo XXI con este texto y también tu propia vida de discípulo de Jesús. ¿Qué le falta para ser como Esteban? ¿es consciente de que el poder del Espíritu Santo actúa en ella y puede y debe continuar la obra de Jesús con poder? ¿cómo actúa ante las dificultades? ¿se calla? ¿se esconde?
Esteban hace realidad la Bienaventuranza de Jesús: “Dichosos vosotros cuando os maldigan, os persigan y os calumnien por mi causa. Estad alegres porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues bien sabéis que así trataron a los profetas que hubo antes que vosotros”. (Mt 5, 11-12)

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 16 de abril

Lunes, 16 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 6, 8-15
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Indujeron a unos que asegurasen: «Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.»
Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, agarraron a Esteban por sorpresa y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían: «Este individuo no para de hablar contra el templo y la Ley. Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá el templo y cambiará las tradiciones que recibimos de Moisés.»
Todos los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel.

Pistas: Hace unos días leíamos cómo los Apóstoles eligieron a unos hombres para el servicio de los pobres. Esteban es uno de estos siete. Dios actúa a través de Esteban, hace grandes prodigios y signos. Y le tienen envidia. La historia se repite, como hicieron con Jesús harán también con Esteban. Falsos testimonios, conspiraciones…
La historia de la Iglesia, la historia de la humanidad, está llena de situaciones como ésta. Dios está con Esteban, la verdad quiere resplandecer («su rostro les pareció el de un ángel»). Pero se resisten y no sólo permanecen indiferentes, sino que luchan contra él.
Puedes mirar tu propia vida y preguntarte si estás siendo como Esteban, valiente en tu seguimiento a Jesús. Si estás dejando al Espíritu Santo actuar con poder en tu vida. Si llevas el mensaje de Jesús a otros superando el qué dirán. Puedes también pensar cómo es tu actitud hacia otras personas. Tal vez pueda estarse colando en tu vida la envidia, la soberbia, o la falta de visión como tenían los que iban contra Esteban, muchos de ellos quizás pensando que hacían lo correcto.
Fiarse de Dios, seguir su camino, no implica que las cosas vayan a ser fáciles. Pero verás las maravillas de Dios y serás instrumento para que los demás puedan experimentar su salvación y encontrarse con Él. Podrás experimentar la realidad de las bienaventuranzas de Jesús, serás dichoso, y verás el poder de Dios en tu vida y en el mundo.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.