Archivo de la categoría: Lectio divina

Miércoles 16 de Mayo

Miércoles 16 de mayo
VII semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 20, 28-38
En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: «Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre.
Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra de gracia, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos. A nadie le he pedido dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han ganado lo necesario para mí y mis compañeros. Siempre os he enseñado que es nuestro deber trabajar para socorrer a los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor Jesús: «Hay más dicha en dar que en recibir.»»
Cuando terminó de hablar, se pusieron todos de rodillas, y rezó. Se echaron a llorar y, abrazando a Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba era lo que había dicho, que no volverían a verlo. Y lo acompañaron hasta el barco.

Pistas: Es una escena emocionante. Pablo se despide de aquellos hombres con los que había trabajado codo con codo para comenzar la Iglesia en Éfeso. Son los últimos consejos que da a los que él deja al frente de la comunidad.
Primero les manda que cuiden de sí mismos. Esto es muy importante, porque nadie da lo que no tiene. Si estás sirviendo en la Iglesia pero no estás viviendo lo que animas a otros a vivir, acabarás teniendo una crisis. O simplemente te acomodarás y todo tu esfuerzo no servirá para nada O acabarás yendo por el camino que no quieres. Así que, ten cuidado de ti. Vive tu fe, sé feliz. Como decíamos ayer: corre la carrera, es decir, vive.
Y cuidar del rebaño que les ha sido encomendado. No les esconde las dificultades que vendrán. Unas de fuera y otras de dentro. Les manda estar alerta y seguir su ejemplo: dedicar tiempo y esfuerzo, no tener intereses ocultos. “Hay más dicha en dar que en recibir”.
Y, una vez más, todo esto va rodeado de oración y de amor fraterno. Y así se lo demuestran.
Aprovecha esta lectura si tienes una responsabilidad en la Iglesia, o si eres padre o madre de familia, o si entre tus amigos eres la referencia cristiana, para revisarte. ¿Te estás cuidando? ¿Estás cuidando a los que tienes encomendados? ¿Qué puedes aprender de los consejos de Pablo? ¿Qué tienes que cambiar para poder experimentar lo que te cuenta la lectura de hoy?

Relee la Lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 15 de mayo

Martes, 15 de mayo
San Isidro Labrador

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 20, 17-27
En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo:
«Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos.
Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que os he predicado y enseñado en público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús. Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu.
No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios.
He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada; os he anunciado enteramente el plan de Dios.»

Pistas: Hace poco escuchaba en un Via Lucis: “La verdad no la tiene nadie. La verdad es verdad. El que la encuentra no puede menos que acogerla. No tenemos la verdad. Ella nos tiene a nosotros. Y nos ilumina y nos hace libres”.
Pablo vivió así. Encontró a Jesús –“camino, verdad y vida”-, se llenó del Espíritu Santo, experimentó la fuerza, la luz y libertad de vivir en la gracia. Y lo hizo a pesar de todas las dificultades que pudieran venir.
Comprende tan claramente lo que significa seguir a Jesús y lo vive con tal intensidad que dice: “A mí no me importa la vida”. Ya no le importa lo que le importaba antes, ni los valores del mundo… sólo seguir el camino que Jesús le abrió. Se deja guiar por el Espíritu Santo y siente tan claramente que la vida es Jesús, que llegará a decir: “Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”. Por eso le importa vivir como Jesús quiere que viva y hacer lo que Jesús le pide: “Ser testigo del Evangelio” –y date cuenta de que uno sólo puede ser testigo de lo que experimenta-. Le importa vivir en la gracia de Dios.
La lectura de hoy te propone un encuentro: el encuentro con Jesús. Y un camino: el camino de la gracia. ¿Para qué? Para ser libre, para tener motivos para la carrera de la vida, para que tu existencia tenga sentido más allá de esta tierra de paso, para que encuentres la plenitud que no tiene límites.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 14 de mayo

Lunes 14 de mayo
San Matías, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 1, 15-17. 20-26
Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo (había reunidas unas ciento veinte personas): «Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús. Era uno de nuestro grupo y compartía el mismo ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: “Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella”, y también: “Que su cargo lo ocupe otro.” Hace falta, por tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba, hasta el día de su ascensión.»
Propusieron dos nombres: José, apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezaron así: «Señor, tú penetras el corazón de todos; muéstranos a cual de los dos has elegido para que, en este ministerio apostólico, ocupe el puesto que dejó Judas para marcharse al suyo propio.» Echaron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.

Pistas: Acabas de leer cómo se produjo la elección de Matías, el Apóstol que sustituye a Judas. Vamos a fijarnos en algunos detalles de esta lectura.
La primera Iglesia busca en la Palabra de Dios la guía para afrontar las situaciones que les sobrevienen y actúan en consecuencia, dejándose llevar por lo que Dios les dice a través de su Palabra. La comunidad reunida ante el vacío dejado por Judas se plantea: ¿cómo actuar? ¿qué hacer? Y precisamente en la Palabra encuentran la necesidad de cubrir ese puesto.
Puedes también aprovechar este texto para pensar en tu propia vida: ¿dónde buscas las respuestas? ¿solamente en tus razonamientos o en la Palabra de Dios y en la comunidad?
Los Apóstoles son testigos de lo que sucedió en Jesús desde el principio de su vida pública. Porque Jesús no es una leyenda, un personaje ficticio… Al contrario. Es su amigo, su Maestro, su Señor. Lo han visto con sus ojos y escuchado con sus oídos. Han experimentado la duda ante el Resucitado y la alegría de reconocerle. Han visto cómo Jesús cumple sus promesas y reciben el Espíritu Santo. Ellos son garantía de fidelidad a Jesús y a su mensaje, con capacidad para testificar su relación con Él y contar quién era, quién es y qué ha hecho para salvar a los hombres.
Oran a Dios con absoluta confianza y quieren ser tan cautos en la decisión que buscan una manera de tomarla que no se base en criterios humanos. Es como si quisieran recalcar que la decisión de ser testigos, la llamada, no es un logro personal, ni una decisión meramente humana o mundana, sino una respuesta a la llamada de Dios. Es Dios quien ha elegido, da la capacidad y envía.
Tú eres necesario también en el mandato evangelizador de Jesús. Los apóstoles lo fueron al principio y a ellos les sucedieron otros. Y todos con el mismo objetivo. Así que pregúntate: ¿me está llamando Jesús a anunciar la Buena Noticia? y lleva el mensaje de salvación allí donde el Señor te llame.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 13 de mayo

Domingo 13 de mayo
La Ascensión del Señor, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Conclusión del santo evangelio según san Marcos 16, 15-20
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:
—«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.
A los que crean, les acampanarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Pistas: Se acerca el final de la Pascua y llega la fiesta de la Ascensión del Señor.
“Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios”. ¿Qué significa esto? Piensa en el alcance de esa afirmación. Jesús, el hombre ungido por el Espíritu Santo, el Mesías, ahora resucitado, es el hombre repleto de Espíritu Santo, el que está en la vida divina. Ya no sólo Dios se ha acercado al hombre sino que el hombre ha accedido a Dios. El cielo está abierto por mediación de Jesús. Tenemos acceso a la vida de Dios, a sus dones. Podemos recibir el Espíritu Santo.
Por eso Jesús envía a sus apóstoles: “Id y proclamad el Evangelio”. Y les da poder para hacer lo que les pide. Porque tiene autoridad para hacerlo. Porque lo que Él hizo sus Apóstoles podrán hacerlo. Lo que Él comenzó su Iglesia lo continuará.
Y fue así: obedecieron y el Señor acompañaba con señales. Y así sigue siendo en la Iglesia. Bautizarse es el signo que nos distingue como cristianos, es el mejor regalo que podemos recibir: entrar en la comunidad de quienes creen, confían en Jesús y saben que la salvación proviene de Él y nos la ofrece si le abrimos nuestra vida.
Esta fiesta de la ascensión nos invita a mirar a la vida divina que Jesús consiguió para el mundo, para la Iglesia, para ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 12 de mayo

Sábado 12 de mayo
Santo Nereo y Aquiles, mártires
San Pancracio, mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 18, 23-28
Pasado algún tiempo en Antioquía, emprendió Pablo otro viaje y recorrió Galacia y Frigia, animando a los discípulos.
Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en la Escritura. Lo hablan instruido en el camino del Señor, y era muy entusiasta; aunque no conocía más que el bautismo de Juan, exponía la vida de Jesús con mucha exactitud.
Apolo se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Su presencia, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.

Pistas: Este camino nuevo del que venimos hablando estos días no es el de un solo hombre. No es el de Pablo, ni el de Apolo, ni el de Pedro. Es el camino que inauguró Jesús y que la acción del Espíritu Santo continúa. Él va sumando personas y va construyendo la Iglesia.
Pablo lo explicará después diciendo que es un solo cuerpo (la iglesia) con distintos miembros (cada cristiano), distintos carismas y Cristo como cabeza. Y esto es un gran regalo porque en la Iglesia cabemos todos. Es más, cada uno somos una pieza que puesta en su lugar ayudará a que las demás encajen (como las teselas de un mosaico). Por eso es tan importante encontrar una comunidad en la que crecer, hermanos con los que rezar y aprender. Y que cada cual descubra en qué podemos servir mejor, a qué nos llama Dios.
“Su presencia, con la ayuda de la gracia”. Estar movidos por la gracia de Dios, estar llenos del Espíritu Santo, estar donde Dios nos quiere y así poder dar fruto, sí. Pero hay que estar. Esto es lo que la Palabra de Dios nos enseña siempre: es gracia de Dios, es un regalo porque sin Él no podemos nada. Pero es un regalo que implica, que mueve, que cambia…
Ésta es la Iglesia de Jesús y tú formas parte de ella. A ti, que reconoces en Jesús al Mesías ¿qué te dice hoy el Señor con su Palabra?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 11 de mayo

Viernes 11 de mayo
VI semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 18, 9-18
Estando Pablo en Corinto, una noche le dijo el Señor en una visión: «No temas, sigue hablando y no te calles, que yo estoy contigo, y nadie se atreverá a hacerte daño; muchos de esta ciudad son pueblo mío.» Pablo se quedó allí un año y medio, explicándoles la palabra de Dios.
Pero, siendo Gallón procónsul de Acaya, los judíos se abalanzaron en masa contra Pablo, lo condujeron al tribunal y lo acusaron: «Éste induce a la gente a dar a Dios un culto contrario a la Ley.»
Iba Pablo a tomar la palabra, cuando Gallón dijo a los judíos: «Judíos, si se tratara de un crimen o de un delito grave, sería razón escucharos con paciencia; pero, si discutís de palabras, de nombres y de vuestra ley, arreglaos vosotros. Yo no quiero meterme a juez de esos asuntos.» Y ordenó despejar el tribunal.
Entonces agarraron a Sóstenes, jefe de la sinagoga, y le dieron una paliza delante del tribunal. Gallón no hizo caso.
Pablo se quedó allí algún tiempo; luego se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria con Priscila y Aquila. En Cencreas se afeitó la cabeza, porque había hecho un voto.

Pistas: El mensaje de la resurrección: “No temas” es el mismo que el Señor repite en su Iglesia. Si el Señor está, si su Espíritu actúa, no hay nada que temer.
El libro de los Hechos sigue avanzando y Pablo se queda año y medio en Corinto enseñando a los nuevos cristianos. Aparecen dificultades y hay persecuciones de aquellos que no quieren permitir el nuevo camino. Pero la gracia de Dios sigue actuando.
¡Cuánto debemos a esos primeros cristianos que fueron capaces de fiarse de Dios! Arriesgaron todo lo que eran y lo que tenían porque se encontraron con Jesús, se llenaron del Espíritu Santo y siguieron los caminos que les inspiraba.
El libro de los Hechos hace pensar en la propia vida de discípulos y en la Iglesia. En cómo el mensaje se fue expandiendo a pesar de las dificultades y a quienes lo acogieron les cambió la vida y se llenaron de una alegría nueva que no habían experimentado antes. Al releer la lectura piensa en cómo te dejas guiar por el Espíritu, qué puedes hacer en la Iglesia para que tú y muchos otros puedan recorrer el camino de Jesús.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 10 de mayo

Jueves 10 de mayo
San Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 18, 1-8
En aquellos días, Pablo dejó Atenas y se fue a Corinto. Allí encontró a un tal Aquila, judío natural del Ponto, y a su mujer Priscila; habían llegado hacía poco de Italia, porque Claudio había decretado que todos los judíos abandonasen Roma.
Se juntó con ellos y, como ejercía el mismo oficio, se quedó a trabajar en su casa; eran tejedores de lona. Todos los sábados discutía en la sinagoga, esforzándose por convencer a judíos y griegos. Cuando Silas y Timoteo bajaron de Macedonia, Pablo se dedicó enteramente a predicar, sosteniendo ante los judíos que Jesús es el Mesías.
Como ellos se oponían y respondían con insultos, Pablo se sacudió la ropa y les dijo: «Vosotros sois responsables de lo que os ocurra, yo no tengo culpa. En adelante me voy con los gentiles.»
Se marchó de allí y se fue a casa de Ticio Justo, hombre temeroso de Dios, que vivía al lado de la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia; también otros muchos corintios que escuchaban creían y se bautizaban.

Pistas: Corinto, una ciudad con puerto y con gran actividad comercial, mezcla de culturas, de razas… es el siguiente destino de Pablo. Primero va a los judíos, a los suyos, va a la sinagoga y discute con ellos “esforzándose por convencer a judíos y griegos”.
Pablo hace lo que sea necesario y conveniente para anunciar el Evangelio. Compagina su labor evangelizadora con trabajar para ganarse su sustento, pero después se dedica por entero a evangelizar. Se amolda a las circunstancias. A veces parece que para vivir el Evangelio y anunciarlo necesitamos la comunidad perfecta, la situación perfecta… y ésta nunca aparecerá. La tenemos que intentar construir nosotros o, mejor dicho, llenarnos del Espíritu Santo para que Él pueda construirla.
Los judíos le rechazan y él persevera anunciando con valentía. Pero finalmente hace lo que Jesús enseñó. Se sacude el polvo de sus vestiduras y sigue adelante. El mensaje del Evangelio se propone, no se impone. Uno es libre y responsable de esa libertad.
Sabemos por la Carta a los Corintios que aquí se establecerá una comunidad floreciente y el libro de los Hechos nos cuenta sus primeros pasos. En la historia, las personas, las circunstancias, Dios escribe su historia, porque es la suya. También ahora, en donde tú estés, Dios está escribiendo su historia. Por ello, tenlo presente en tus actuaciones, en tu forma de presentar a Dios a los demás, en tu forma de trabajar en tu parroquia, comunidad o grupo, en tu forma de ser. Y reza, cree y entra en su salvación.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Miércoles 9 de mayo

Miércoles 9 de mayo
VI semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 17, 15. 22 — 18, 1
En aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con Pablo cuanto antes.
Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque, paseándome por ahí y fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: «Al Dios desconocido.»
Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene, él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres, ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo. De un solo hombre sacó todo el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios.
Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: «Somos estirpe suya.»
Por tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre designado por él; y ha dado a todos la prueba de esto, resucitándolo de entre los muertos.»
Al oír «resurrección de muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron: «De esto te oiremos hablar en otra ocasión.»
Pablo se marchó del grupo. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más. Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

Pistas: Pablo elabora un discurso partiendo de la cultura y del pensamiento griego, que disponía de una mitología muy arraigada. Y en la ciudad de Atenas se dirige a sus ciudadanos.
Por un lado, este texto nos hace reflexionar sobre algo interesante: en toda cultura, en la naturaleza misma del hombre, hay un impulso de búsqueda, una insatisfacción, que lleva a querer encontrar a Dios. La propuesta del Evangelio, la fe, no es algo externo o sobrepuesto, accesorio, sino que encaja con lo que el hombre tiene escrito en su corazón. “El dios desconocido” que Pablo utiliza para anunciar a Jesús es un ejemplo de esa búsqueda… ¿Cuántas personas a tu alrededor buscan a Dios sin saberlo? ¿Cuántas por caminos equivocados intentan encontrar la verdad y no la encuentran?
Por otro lado, aquello no salió bien. Es ejemplar cómo Pablo consigue que le escuchen y presenta el mensaje de Jesús de un modo significativo para los atenienses. Pero no tiene el éxito que tuvo por ejemplo el discurso de Pedro el día de Pentecostés, cuando tres mil hombres se convirtieron. No nos ha llegado ninguna noticia de que hubiese una comunidad importante en Atenas. Unos pocos (de los que nos dicen sus nombres, y eso significa que eran personas conocidas en el momento en que se escribió el libro de los Hechos) aceptaron el mensaje. Los demás, cuando les habla de la resurrección, núcleo de la fe cristiana, se lo toman a chiste. No son capaces ni siquiera de intentar entenderlo, de preguntarse si es posible, si puede ser verdad. ¿Puede ser que analizarlo todo desde el punto de vista humano, creer tener las respuestas, les impidiese dar ese paso? ¿Que su orgullo les cerrase a la fe?
Quizás la pregunta más importante que podemos hacernos con este texto, para reflexionar y rezar con él, sea: ¿Qué nos enseña esta lectura para nuestra sociedad? ¿se parece a la de Atenas? ¿hacemos como Pablo al presentar el Evangelio? En realidad no fue un absoluto fracaso, no se cerraron completamente. Pablo sembró en un escenario hostil, pero también es cierto que nunca es una tarea vacía y que ellos dejaron la puerta abierta: “En otra ocasión te oiremos hablar de eso”. Porque se trata de buscar caminos, de dejarse guiar por el Espíritu Santo. Ilumina tu vida y tu tarea evangelizadora con este texto y reza.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 7 de mayo

Lunes 07 de mayo
VI semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16, 11-15

En aquellos días, zarpamos de Troas rumbo a Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis y de allí para Filipos, colonia romana, capital del distrito de Macedonia. Allí nos detuvimos unos días.
El sábado salimos de la ciudad y fuimos por la orilla del río a un sitio donde pensábamos que se reunían para orar; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que hablan acudido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo.
Se bautizó con toda su familia y nos invitó: «Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa.» Y nos obligó a aceptar.

Pistas: Pablo está en tierra pagana, en Filipos (ahí creará una comunidad a la que dirigirá la carta a los Filipenses).
Un día, paseando por donde sospechaban que podía haber conversos judíos o judíos en la diáspora, encuentran a una mujer llamada Lidia (de Tiatira una ciudad de la actual Turquía). El Señor, quien actúa, es el que toca el corazón de esa mujer. Ésta es una bonita lección de esta lectura ¿Qué diría Pablo para que suscitara en esta mujer el deseo de hacerse discípula de Jesús? Ella escucha y Dios actúa. Porque no basta con estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Tienes que abrirte a Dios, dejar de lado tus barreras y permitir que Él obre en ti. Y, una vez que le dejas entrar en tu vida ¿lo guardas sólo para ti? ¿hablas de Dios a los demás? ¿cuentas lo que Dios hace en tu vida? ¿buscas encontrarte con personas que tienen fe?
Esta mujer se convirtió y con ella toda su familia. Y la familia se hace más grande: «Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa». Una doble lectura tiene esto. Por un lado, a Lidia le cambia la vida, sus miras se hacen más grandes. Por otro, respecto a los que le anunciaron el mensaje, Lidia pudo pensar: ¿Esto es auténtico? Si así lo crees, ven a mi casa, acepta mi compañía porque yo ya soy de los discípulos del Señor. Una nueva familia.
Dios toma la iniciativa siempre, y aquellos que son capaces de dejarse guiar, de compartir, de escuchar, se encuentran con Él y se convierten. Pero ahí no acaba todo. Se dedican a bendecir a otras personas (a Lidia, a su familia, al propio Pablo y sus acompañantes).
El libro de los Hechos sigue mostrándonos el camino de la Iglesia, sorprendente, persona a persona, por mil medios, de mil maneras… Pero siempre con la actuación del Espíritu Santo, siempre creando comunidad, siempre llevando a Jesús. Y ¿hoy? ¿qué te dice el Señor a ti? ¿estás dispuesto a dejarle actuar en tu vida?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oració

Domingo 6 de mayo

Domingo 6 de mayo
VI Domingo de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 15, 9-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado par a que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Pistas: Hoy San Juan nos pone frente a dos pilares de nuestra fe: el amor y la alegría. Jesús se dirige a sus discípulos y en cada frase va ayudándoles a entender cómo es y cómo debe ser su relación con Él. Jesús dice que el que le acepta no es ya un ser amargado, triste o taciturno, sino que conoce la esencia de la ilusión, de la esperanza, de la felicidad.
El modelo del amor es el que el Padre y Él tienen. Y Jesús invita a vivir en el amor. De nada sirve ser una persona religiosa sin entrar en el amor de Dios y al prójimo. Se trata de mantener una relación. Ésta es la clave: permanecer en Jesús, permanecer en su amor.
Jesús quiere que estés lleno de alegría. Quiere que seas feliz. Y explica que el camino para lograr eso es permanecer en el amor. Párate a pensar un momento: ¿qué significa, qué implica, qué consecuencias tiene para la vida del que quiera ser discípulo de Jesús esta llamada? Él mismo lo explica: cumplir los mandamientos, amar como Jesús ha amado, dar la vida. No vale vivir de cualquier modo.
Y Jesús va delante: entrega su vida. Las palabras de Jesús adquieren un significado nuevo y pleno cuando resucita. Ha entregado su vida por ellos y por ti. Y lo único que pide a cambio es que seas amigo suyo, que le conozcas, que ames y te dejes amar. Te ofrece poder entrar en la vida de Dios. Esto significa poder conocerle.
Y esto es gratis. Te ha elegido porque ha querido. Te ha regalado la fe. Estás ahora rezando con su Palabra porque Él te ha llamado. Y te ha destinado a dar fruto, y un fruto que dure. Es decir, ser discípulo no es un barniz superficial, sino algo que transforma tu vida y que se nota. Por eso, si respondes a la llamada de Jesús, tu vida dará fruto. Esto está garantizado porque Jesús cumple sus promesas. Y la única condición es que permanezcas en Él y vivas en el amor.
Además, no te dejará desamparado: “De modo que lo que pidáis al Padre, en mi nombre os lo dé”. Jesús va delante. No es una imposición ni una servidumbre, ni algo que vaya contra el hombre. Todo lo contrario: amor, plenitud, alegría, amistad, elección, dar fruto… Esto te ofrece Jesús ¿qué le vas a responder?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.