Archivo de la categoría: Lectio divina

Miércoles 6 de junio

Miércoles, 6 de junio
San Norberto, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 12, 18-27
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano» Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les respondió: Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: «Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob»? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.

Pistas: Uno de los retos más importantes de la fe cristiana es cómo entender la resurrección. Es más que un mero revivir, no es volver a la vida de ahora con sus circunstancias y limitaciones. Por eso les dice Jesús que no entienden la Escritura ni el poder de Dios. ¿Cómo imaginas tú la resurrección de la que habla nuestra fe? ¿qué ideas tienes sobre ella?
Dios es Dios de vivos, es el Dios de la vida, es el que vence la muerte en Jesús, concediéndole la plenitud del Espíritu, llevando a plenitud su humanidad. El cómo no sabemos explicarlo, pero lo que sucede es que la muerte es vencida por la plenitud de Dios. La reanimación de un cadáver sería un volver a recobrar la vida humana, mientras que en la resurrección se adquiere la vida divina, la vida del Espíritu, la vida Eterna. La resurrección de Cristo hace que su humanidad entre en el seno mismo de la comunión trinitaria. En Jesús, en su humanidad, con la resurrección se ha producido un cambio. Su carne (hombre entero en cuanto débil), su ser hombre queda transformado en una vida en la plenitud del Espíritu.
Es tan difícil hablar de la resurrección porque es un acontecimiento que está más allá de la historia, la trasciende. Por eso el lenguaje bíblico utiliza tantos términos para hablar de ella y ninguno de ellos puede expresar todo el contenido de ese acontecimiento: resurrección, exaltación, glorificación, triunfo, ascensión, estar sentado a la derecha del Padre.
Jesús resucitado es el hombre nuevo. Por medio de Él, por la fe, la humanidad puede encontrar respuesta a esa esperanza escrita en lo profundo de su ser que le lleva a soñar una vida plena y para siempre. La resurrección permite al hombre por medio de Jesús entrar en la plenitud de Dios. Cuando se descubre esta verdad la persona cambia, ya no puede vivir de cualquier manera. Es una verdad de salvación que convierte a la persona, una verdad que hay que celebrar (en los sacramentos). Tampoco puede callárselo. Tiene que compartirlo y evangelizar.
Todo esto no es más que rozar la superficie del misterio de la resurrección de Jesús. Sólo podrás comenzar a entender algo si te sumerges, con la ayuda del Espíritu Santo, en lo que significa para la historia, para la humanidad, para tu vida, para el mundo. Que el hombre está destinado a una plenitud en Dios por la eternidad. La teología a veces hay que hacerla de rodillas, adorando, contemplando y viviendo lo que se investiga. Deja que el Evangelio te hable una vez más y ora con él.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 5 de junio

Martes 5 de junio
San Bonifacio, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 12, 13-17
En aquel tiempo, mandaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?
Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: ¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea. Se lo trajeron. Y él les preguntó: ¿De quién es esta cara y esta inscripción? Le contestaron: Del César. Les replicó: Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios. Se quedaron admirados.

Pistas: Ya lo saben nuestras madres. Cuando vamos muy suaves, un poco pelotas, demasiado “cariñosos”… algo queremos. Jesús se enfrenta a las dobles intenciones y a la hipocresía. Quieren crear conflicto entre Él y los romanos. Buscan tener de qué acusarle para que lo quiten de en medio. Utilizan algo cierto: Jesús es sincero, no se fija en las apariencias y enseña el camino de Dios. Y buscan tenderle una trampa. En el fondo se desvelan a sí mismos, no les importa la verdad, ni saber quién es Jesús… sólo su propio interés. Y utilizan los recursos que tienen a su alcance para lograrlo. En el fondo son esclavos de la mentira en la que viven, del poder, los intereses, las influencias…
Jesús es libre. Intenta hacerles pensar: ¿qué importa verdaderamente? Dad a Dios lo que es de Dios. Ellos se quedaron admirados por su habilidad, por su forma de pensar, porque no conseguían pillarle. Pero la mayoría no reaccionarán.
Muchas veces se interpreta la frase: “Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios”, como la separación entre las cosas mundanas y la fe. Esto, bien entendido, es cierto. Pero Jesús avisa a sus discípulos que la fe tiene que abarcar todos los aspectos de la vida. De nada sirve decir que se tiene mucha fe o rezar mucho, si en las decisiones esa fe no influye, si se cometen injusticias o se colabora con un sistema injusto. Jesús invita a vivir en la verdad y a dejarse de dobles juegos. La verdad en la intención de los actos, la verdad en las decisiones, principios y actitudes.
Ahora deja que te hable a ti este Evangelio. Léelo pensando en tu situación y quédate con la frase que te haga pensar. Reza con ella respondiendo al Señor.

Lunes 4 de junio

Lunes, 4 de junio
IX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 12, 1-12
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los letrados y a los senadores:
Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado: a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, los apalearon o los mataron.
Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: Este es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia. Y agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Acabará con los labradores y arrendará la viña a otros.
¿No habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?
Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y se marcharon.

Pistas: Dios eligió a su pueblo, se dio a conocer a ellos, les mostró su poder, les cuidó actuando en medio de ellos… Hizo una alianza con ellos, pero los que quedaron encargados de cuidar al pueblo elegido se apropiaron de lo que no era suyo. Las autoridades religiosas y políticas, en vez de servir a Dios y a los demás, se servían a sí mismos y a sus intereses. Los profetas rechazados por luchas de poder, infidelidades a Dios, legalismo externo pero sin verdadera conversión… Y así hasta Jesús, hasta el Hijo de Dios hecho hombre, que también será rechazado.
Son palabras duras de Jesús que ponen a sumos sacerdotes, letrados y senadores frente a sus miserias y contradicciones. Pero, lo sabes, Jesús muestra siempre la verdad. Si aceptas a Jesús, que es la verdad, Él te mostrará la verdad de tu vida. Y entonces tendrás dos caminos: buscar excusas y justificaciones, apartarte de Él para que su luz no te moleste. O decidir cambiar. Intentar matarlo: «Dios no existe». O aceptarlo y dejar que esto te interpele y cambie.
Sea como sea, Jesús saldrá vencedor, será la piedra angular de la viña que es la Iglesia. El pueblo elegido rechaza a Jesús. Sólo unos pocos lo acabarán aceptando. Pero cuando parece que todo terminará mal… Jesús resucitado es el camino a Dios, el que da el Espíritu Santo, el que estará con sus discípulos hasta el fin del mundo.
Puedes también aprovechar este Evangelio para pensar en la viña que tú tienes encomendada: tu familia, tus amigos, tu comunidad, tu parroquia… Cuanto mayor sea tu responsabilidad, más luz puede arrojar el Evangelio de hoy en tu vida. ¿Acoges a Jesús, llevas a Jesús a los demás, buscas su interés? O, por el contrario, ¿te has acomodado, vives en la mentira, te aprovechas, te justificas?
El camino de vivir en la verdad es el que te propone hoy el Evangelio. El del amor y el servicio, frente a la mentira y el interés, frente a la mediocridad y las excusas ¿Cuál quieres para tu vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 3 de junio

Domingo 3 de junio
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.
Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Pistas: Estamos en la Última Cena de Jesús. En la que instituye la Eucaristía. Puedes imaginar la escena, el grupo de sus discípulos más cercanos, en la cena Pascual judía, con todo lo que significaba para ellos: la liberación de la esclavitud de Egipto, el cordero que sacrificaron para marcar sus puertas al paso del ángel que exterminó a los primogénitos de Egipto, la alianza, el ser pueblo de Dios. Y, en medio de ese contexto, Jesús hace la Nueva Alianza, que es su vida entregada por amor. Y en el Pan y el Vino promete quedarse: este Pan soy yo, es mi carne; este vino, soy yo, es mi sangre. Ésta es la alianza para siempre (hasta el reino de Dios, hasta el cielo, hasta la eternidad). Es el mayor acto de amor posible, un amor hasta la eternidad, un amor que da la vida.
Fue y es por ti, para que puedas entrar en comunión con Él. Esto es la Eucaristía. Todo el poder salvador de lo que sucedió en Jesús, de su muerte y resurrección. No sólo eso, sino su presencia real y verdadera, su presencia salvadora en el Pan y el Vino.
Cuando parece el final, se abre el comienzo de todo. Jesús no se va, se queda en la Eucaristía. Jesús presente por ti y para ti.
Aprovecha este día para acercarte al sacramento de la Eucaristía y poder adorar a Jesús. Relee el Evangelio y deja que te sumerja en el misterio de amor que es la entrega de Jesús. En el misterio de amor que es la Eucaristía.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 2 de junio

Sábado 2 de junio
Santos Marcelino y Pedro, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 11, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén, y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores, y le preguntaron: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?
Jesús les replicó: Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contestadme.
Se pusieron a deliberar: Si decimos que es de Dios, dirá: «¿Y por qué no le habéis creído? » Pero como digamos que es de los hombres. (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta) Y respondieron a Jesús: No sabemos. Jesús les replicó: Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.

Pistas: ¿No han cambiado nada las cosas en tantos siglos? Dan ganas de hacerles preguntas de este estilo a muchos políticos, recurrir a la hemeroteca y mostrarles que dicen una cosa y a continuación la contraria… Pero no sólo ellos ¿Cuántas veces nosotros preferimos no tomar partido, andar por la vida como quien surfea una ola? ¿poner una vela a Dios y otra al diablo?
Con Jesús no valen medias tintas. Si no quieres ver la verdad de tu vida y del mundo, entonces el mal, el pecado, la mentira, el demonio… ganarán la partida. Porque Jesús es la verdad. ¿Quieres conocerle? Llama a las cosas por su nombre, en tu vida, en el mundo, en tu parroquia o comunidad, en tu familia, en tus amistades, en tus negocios… ¿Quieres conocer la verdad de quién es Jesús, descubrir la autoridad de su enseñanza? No busques excusas, no vivas de intereses.
La autoridad de Jesús le viene de ser el Hijo de Dios y el hombre lleno de Espíritu Santo. La pregunta de las autoridades judías se debe a que había expulsado a los vendedores y cambistas del templo. La visión de Jesús sobre la fe en Dios y su vivencia es radicalmente opuesta a intereses, negocios… Él quiere que cambien los corazones.
Si en el templo que es tu corazón has dejado entrar lo que no debe estar, tendrás que dejar que Jesús lo eche fuera. Y cuando esto suceda encontrarás una paz, una alegría, una libertad que no habías podido experimentar antes. Si eres capaz de dejar a un lado todo lo que tergiversa tu relación con Dios, si dejas al Espíritu Santo mover tu vida, su luz cambiará las cosas en ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 1 de junio

Viernes 1 de junio
San Justino, mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 11, 11-26
Después que la muchedumbre lo hubo aclamado, entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo, y, como era ya tarde, se marchó a Betania con los Doce.
Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: Nunca jamás coma nadie de ti. Los discípulos lo oyeron.
Llegaron a Jerusalén, entró en el templo, se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía diciendo: ¿No está escrito: Mi casa se llama Casa de Oración para todos los pueblos? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos. Se enteraron los sumos sacerdotes y los letrados, y como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad.
A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
Jesús contestó: Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: «Quítate de ahí y tírate al mar», no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.

Pistas: Es muy sorprendente este Evangelio. Marcos enmarca el relato del enfrentamiento de Jesús con los que comerciaban en el templo dentro de la higuera que se seca. El templo es como esa higuera, no da el fruto que tiene que dar. Tiene hojas, apariencia, pero no alimenta. El fruto es la oración y la fe. El fruto es la conversión y el perdón. Por eso instruye a sus discípulos sobre ello.
Puedes aprovechar este relato para pensar en tu comunidad, en la Iglesia que tú formas: ¿cómo es? ¿da fruto? ¿o es sólo apariencia? ¿alimenta, da fe, enseña a orar?
La fe lo cambia todo. Hace que se pueda dar fruto. La oración tiene poder y tiene consecuencias en la vida. La oración puede cambiar las cosas porque la relación con Dios cambia las cosas. Pero no es una rutina. Es una conversación, es un modo de relacionarte con Dios, de alabarle. Por ello, revisa hoy en qué punto está tu vida de oración, cuánto tiempo y de qué calidad dedicas a rezar. Y te invito a que un día más te acerques en oración, dejes que ésta transforme tu vida y te llene del Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 31 de mayo

Jueves 31 de mayo
Visitación de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Pistas: El ángel había dicho a María que su prima Isabel, una anciana, estaba embarazada. Así que María va a verla. Tal vez para comprobar que las palabras del ángel eran ciertas o para ayudar a su prima. El relato del encuentro de las dos mujeres está lleno de simbolismo en el relato de Lucas. Fijémonos en algunos detalles.
El Espíritu Santo llena a Isabel. Jesús trae la plenitud del Espíritu Santo. Encontrarse con Jesús implica llenarse del Espíritu. No deja indiferente. E Isabel (y Juan el Bautista en su seno) reconocen al Señor, a Jesús. El Espíritu hace alabar a Dios, reconocer la verdad, ser profetas. Isabel confirma lo que el ángel había dicho a María.
María lleva a Jesús y su sola presencia hace que la gracia de Dios actúe. Y si nosotros llevamos a Jesús ¿no sucederá lo mismo? ¿no te sucede algo parecido cuando te encuentras con una persona “llena de Dios”? Contaba un niño de un sacerdote: “Tiene algo raro, es como si te quisiera abrazar cuando te habla. Cree mucho”.
Bendición, dicha, alegría, cumplimiento de las promesas… y todo sin que tengas que hacer cosas extraordinarias: “¿quién soy yo para que…?” Porque así es la gracia de Dios. Y hace responder: Juan salta en el seno de su madre, Isabel habla a voz en grito, María alaba a Dios…
La Virgen responde con una oración que la Iglesia reza en vísperas cada tarde, el Magnificat. Es una alabanza a Dios por lo que ha hecho en ella y por lo que hace en medio de su pueblo. Léela despacio y hazla tuya, pensando en las bendiciones que Dios te ha regalado, pensando en el alcance de lo que sucede en María –el Hijo de Dios se hace hombre para salvarnos-, pensando en acontecimientos concretos de la historia de la salvación, de la Iglesia y de tu propia vida.
Alaba y bendice a Dios con María. Y si alguna frase te llama la atención, párate, repítela, piénsala, dirígete a Dios con tus propias palabras.
Vuelve a leer el Evangelio ¿qué te dice la Palabra? ¿dejas que Dios actúe dentro de ti? ¿eres vehículo para llevar su Palabra a otros? Y reza con ello.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 30 de mayo

Miércoles 30 de mayo
San Fernando

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 10, 32-45
En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban y los que seguían iban asustados.
El tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los letrados, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.
Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir. Les preguntó: ¿Qué queréis que haga por vosotros? Contestaron: Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Jesús replicó: No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? Contestaron: Lo somos. Jesús les dijo: El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado. Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.

Pistas: Se acerca la muerte de Jesús, sus discípulos se asustan. Muchas veces, cuando las situaciones son complicadas, sacan lo mejor de nosotros. Pero en este caso sucede al revés. Se ponen a discutir de puestos, de honores… es como si no hubieran entendido nada de lo que Jesús les ha enseñado.
Él los reúne y les vuelve a enseñar que no quiere que sean como los poderosos del mundo que basan su poder en la tiranía y la opresión. ¿Quieres ser grande? hazte servidor de todos. ¿Quieres ser el primero? hazte esclavo de todos. Aprende a servir.
Piensa en tu vida, en cosas concretas. ¿Sirves o buscas que te sirvan? ¿eres humilde y amas a los demás? ¿o, más bien, intentas quedar por encima, salirte con la tuya, que reconozcan lo bueno que eres…?
Jesús entrega su vida. Ése es el modelo. Puedes hoy darle gracias por su amor y entrega. Él, siendo Dios, siendo el único hombre que ha merecido que le sirvan porque no hizo más que el bien a todos, se hizo el último, hasta el extremo de entregar la propia vida por amor a todos. Hasta el extremo de pedir el perdón para sus enemigos desde la cruz.
¿Quieres ser grande? Adora a Jesús, síguele, despréndete de todo lo que te hace buscar un camino equivocado y elige el de amar y servir, el de entregar la vida. Y así encontrarás la verdadera vida y serás verdaderamente importante.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 29 de mayo

Martes 29 de mayo
Santa Joaquina Vedruna, religiosa
Santa Rita de Casia, religiosa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 10, 28-31
En aquel tiempo, Pedro se puso a decirle a Jesús: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
Jesús dijo: Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones─, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.

Pistas: Jesús continúa insistiendo en un planteamiento que parece el mundo al revés. Ser el último para ser el primero. Dejar para tener. Y esto es así. La experiencia de tantos santos a lo largo de la historia, la experiencia del que vive realmente lo que es la Iglesia, nos demuestra la verdad de las palabras de Jesús.
Entregarse, darlo todo por seguir a Jesús (cada uno en la vocación en la que haya sido llamado) es el camino para ser verdaderamente rico. Si has seguido el camino del sacerdocio o de la vida consagrada, o si eres padre de familia, o si eres un joven que busca su lugar… date cuenta que Jesús propone un camino de entrega (nos lo decía el Evangelio de ayer). Si le sigues, recibirás la verdadera riqueza que nadie te va a poder quitar.
Piensa en tu caso concreto qué necesitas dejar para seguir mejor a Jesús. Y dale gracias por todo lo que ya has recibido. Piensa en qué tienes que dejar de querer ser el primero y a cambio dónde puedes encontrar el camino del amor y el servicio sin pretender un reconocimiento.
La Iglesia es, debe ser, una gran familia, y cuando se vive realmente como enseñó Jesús, vayas donde vayas, si hay Iglesia, tendrás familia, tendrás un hermano, un padre, una madre. Al hilo de esto puedes pensar si eres tú esa Iglesia. ¿Construyes la familia de la Iglesia? ¿o vives tu fe de un modo individualista, buscando sólo tu propio interés?
Deja que el Evangelio de hoy ilumine tu vida. Es palabra de vida eterna y es para ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 28 de mayo

Lunes 28 de mayo
VIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 10, 17-27
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre. El replicó: Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres ─así tendrás un tesoro en el cielo─, y luego sígueme.
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios! Los discípulos se extrañaron de estas palabras.
Jesús añadió: Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.
Ellos se espantaron y comentaban: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.

Pistas: Hoy encontramos a un hombre bueno que no es capaz de seguir a Jesús. Cumple los mandamientos desde niño. Vive en la ley, en cumplir, quiere ser bueno. Y Jesús le indica lo que le falta: ser capaz de poner a Dios y a los demás por delante del propio interés y de las propias seguridades, fuerzas y recursos. Jesús no le dice que renuncie al dinero, sino que le pide que no ponga en él su corazón. Y el rico no es capaz. Aunque Jesús le ha mirado con cariño porque ve que es bueno, que quiere ser mejor, no es capaz de entrar en relación con Jesús, no es capaz de seguirle y explorar con Él el camino hacia el Reino de Dios.
Le será difícil al que pone su confianza en el dinero entrar en el Reino de Dios. Porque el Reino es fiarse de Jesús, es poner en Él tus seguridades. No en tus propias fuerzas, en tus propios recursos y capacidades. Se trata de seguirle en el camino de amor que Él propone. Y ten claro que sólo podrás recorrer ese camino si vas con Él, si te haces su amigo (en la oración, en los sacramentos, en la vida comunitaria), si lo entiendes como algo más que ser bueno, que cumplir, que seguir normas y tradiciones.
Hablamos de encontrarnos con una persona, con Jesús. Y descubrir que es imposible para el hombre ganarse la salvación. Pero Dios lo puede todo. Todas las riquezas, todo el poder, toda la seguridad que puedas tener de que te vas a salvar no sirven para nada. Dios te lo regala, pero tienes que poner en Él tu confianza y seguirle con todas las consecuencias.
Mira tu vida ahora y deja que te hable el Evangelio. Puedes preguntarle a Jesús: ¿Maestro, qué he de hacer? Deja que ilumine tu día a día, tu estilo de vida, tus prioridades y reza. Permite que te diga: Sígueme. Que te llame a su Reino. Y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.