Jueves 11 de mayo

Jueves 11 de mayo
IV semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 13, 16-20

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: «El que compartía mi pan me ha traicionado.» Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.
Os lo aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; y el que a mí me recibe al que me ha enviado.»

Introducción: A partir de hoy en las próximas tres semanas, excepto las fiestas, el evangelio del día está sacado de la larga conversación de Jesús con los discípulos durante la Última Cena (Jn de 13 a 17). En estos cinco capítulos que describen la despedida de Jesús encontramos tres hilos que tejen y componen el evangelio de Juan: la palabra de Jesús, la palabra de las comunidades y la palabra del evangelista que hizo la última redacción del Cuarto Evangelio. Y los tres hilos están de tal manera entrelazados que es difícil distinguir lo que es del uno y lo que es del otro, pero nos ayuda a entender quién es Jesús y es Palabra de Dios.

Pistas: En el Evangelio de hoy Jesús quiere dejar claro a los suyos que el camino que Él propone es el de la entrega y el servicio (“ahora que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica”) . Antes de entregar su vida en la cruz, Jesús realiza el gesto de lavarles los pies (como hacían los esclavos o los siervos cuando llegaba a casa el dueño o un invitado). Para que se les quede grabado que el Señor sirve y ama.
¿De qué modo estás tú siguiendo a Jesús? A veces sentimos que nuestra fe se vuelve tibia, que nos cuesta rezar y le echamos la culpa a Dios. Pero muchas veces la respuesta está en que nos hemos acomodado y nos hemos olvidado de llevar a la vida el Evangelio.
También en estas pocas líneas se nos muestra nuevamente que Jesús es quien revela a Dios y lo hace precisamente entregando su vida, nadie se la quita. Quiere que lo entiendan para que después puedan comprender quién es.
La última frase del Evangelio nos recuerda algo muy importante. Ser enviados por Jesús es llevarle a Él. Cuando acogemos a la Iglesia, a la que Jesús ha enviado, le acogemos a Él. No podemos vivir nuestra fe encerrados en nosotros mismos, fuera de la comunidad. Necesitamos la Iglesia para encontrar a Jesús y los demás nos necesitan a nosotros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Miércoles 10 de mayo

Miércoles 10 de mayo
San Juan de Ávila, presbítero y doctor de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 12, 44-50

En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.
Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre’

Pistas: Si pides el Espíritu Santo y escuchas la Palabra de Dios, ésta trae luz para tu vida. Hoy lee este Evangelio aplicándotelo a ti mismo.
Si crees en Jesús, si le “ves”, encontrarás a Dios y caminarás en la luz. Estarás lejos de las tinieblas (de la oscuridad, de la confusión, de lo que te hace daño, del miedo, de la muerte). Si escuchas su palabra, ésta sólo puede traer salvación. Y si la aceptas no habrá juicio. Encontrarás a Dios y tendrás vida eterna. Pero si la rechazas, te perderás la vida, la salvación, el poder entrar en relación con Dios. Por eso Jesús no viene a juzgar sino a salvar y ser luz para que veas, para que creas.
Cada día puedes transformar en oración lo que lees en la Palabra. Profundiza en lo que te dice a ti personalmente. Déjate llevar por lo que sientas en el corazón: da gracias, pide, busca, alaba, bendice… ora. Acércate al misterio de Jesús y encontrarás la vida que no se acaba.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 9 de mayo

Martes 9 de mayo
IV semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 10, 22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.»
Jesús les respondió: «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatara de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»

Pistas: La clave está en ser de las ovejas de Jesús (recuerda que esto no significa pertenecer a una masa sin personalidad sino la posibilidad de tener fe, de conocer a Jesús, de seguirle, ser de los suyos).
Los fariseos tenían un prejuicio sobre Jesús: no es el Mesías. No querían creer. Ven las obras de Jesús pero ellos siguen encerrados en su idea. Ni siquiera cuando los soldados que custodiaban el sepulcro cuentan que está vacío son capaces de reconocer su error y les sobornan para que mientan. Tienen otros intereses. Siguen a otro pastor.
Ser de Jesús, ser oveja suya, significa conocerle (no es saberse unas teorías, sino establecer una relación personal. Por eso dura toda la vida. Por eso en ella se crece, se aprende, se ama, se siente, se falla…). Ser de Jesús significa que el Padre te ha llamado, que Dios te ha dado el don de la fe, que eres de los suyos porque Él te ha elegido. No es algo que te ganes, es algo que Dios te regala. Pero al mismo tiempo implica un estilo de vida. Y tal vez signifique también romper con cosas de tu pasado. Ser de Jesús significa seguirle y recibir su vida, vida eterna. Y también que el mal no va a vencer en tu vida porque estás en manos de Dios, porque el Padre «supera a todos» y no va a permitirlo.
Deja que el Evangelio te hable. ¿Quieres ser de los de Jesús? Si tu fe está floja, pídesela. Si no reconoces sus obras a tu alrededor, pídele que te abra los ojos. Si te cuesta seguir a Jesús, pídele conocerle más y esfuérzate por hacerlo. Si necesitas más vida, si estás atravesando dificultades, recuerda que eres de Jesús, que eres de Dios. Y ten presente que “Nadie puede arrebatarte de su mano”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 8 de mayo

Lunes 8 de mayo
IV semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Pistas: Hoy continuamos leyendo el Evangelio del domingo. ¿Cómo se comporta Jesús? Es el Buen Pastor: defiende a los suyos; los conoce y deja que le conozcan; da la vida por ellos. No es un club cerrado sino para todos. Llama a todos para que en Él puedan encontrar vida. Se entrega por ellos para darles vida, voluntariamente y por fidelidad al Padre.
Este Evangelio nos ayuda a entender mejor qué significa seguir a Jesús y por qué seguirle es el camino seguro. Jesús no es alguien interesado. Él es el primero en amar. Da ejemplo, va delante, involucra todo su ser. Y todo lo hace voluntariamente.
Por otro lado, también nos enseña a ser pastores (en la medida de la vocación de cada uno). Todo cristiano está llamado a ayudar a los demás a acercarse a Jesús, a acompañar a aquellos que tiene bajo su responsabilidad o que de algún modo dependen de él. Todos por el bautismo somos sacerdotes llamados a imitar a Jesús. Los sacerdotes ordenados y los que tienen responsabilidad en acompañar grupos cristianos deben leer este Evangelio todavía con mayor atención preguntándose: ¿En qué me parezco a Jesús? y ¿en qué me estoy distanciando de Él?
Sólo con un corazón como el del Buen Pastor quedaremos libres de ser como esos asalariados a los que en el fondo no les importan los suyos. Sólo así podremos conocer a Jesús como Él nos conoce a nosotros y seguirle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 7 de mayo

Domingo 7 de mayo
IV domingo de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí sé salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

Pistas: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”. San Juan repite de muchas maneras que Jesús, la fe en Jesús, vivir en Jesús, es el único camino hacia la salvación. Fuera de Él no hay más que muerte y sufrimiento. Hoy, las imágenes del pastor y el pastoreo nos llevarán al centro del mensaje.
Cuando se escribe este Evangelio se pastoreaba de la siguiente manera: durante el día cada pastor llevaba su rebaño a sus pastos y por la noche a un redil común donde se turnaban o contrataban un guarda para proteger la puerta y defender al rebaño de ladrones y lobos. A la mañana siguiente cada pastor llamaba a sus ovejas y acudían las que conocían su voz, pero no el resto. Y los que intentaban robar el ganado se colaban por el muro porque en la puerta estaba el guardia.
Por eso dice Jesús: “Yo soy la puerta: quien entre por mí sé salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”. Lejos de Jesús no hay vida, sólo mentira y engaño, sólo hambre sin posibilidad de ser saciada. Lejos de Jesús el pecado nos promete la felicidad. Si el centro de tu vida es el materialismo, el placer, el éxito, la imagen, el poder, los propios deseos y caprichos… todo esto no entra por la puerta porque son mentiras que nos prometen lo que no nos pueden dar. Por eso el pecado siempre esclaviza (“roba”), hace sufrir (“hace estrago”) y lleva a la autodestrucción (“mata”). Como dicen los muchachos del Seminario menor: “Van a lo falso”. El pecado aparenta una cosa y es otra.
Seguir a Jesús es exigente. El rebaño no supone ser borregos sin personalidad. Jesús dice que habrá libertad en seguirle (podrán entrar y salir). Pero también te dice que, si eliges este camino, tendrás vida abundante y tu hambre (la necesidad de plenitud y sentido) será saciada en pastos. Para lograr esto el único camino es permitir que Jesús sea tu Pastor. Todo pasa por Jesús. Entrar por Él es el camino a la vida. ¿Quieres vivir?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 6 de mayo

Sábado 06 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.» Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Pistas: “¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna». No son capaces de entenderle. Les escandaliza la novedad de Jesús y su lenguaje, como les escandalizará la cruz. Jesús quiere habitar en los que creen en Él. Entrega su carne y su sangre para que tengan vida, para que vivan por Él. Da la vida del Espíritu. Esto es un don, sólo se puede creer en Jesús si el Padre nos atrae, es decir, con la fuerza del Espíritu Santo. Y, por otra parte, es una elección. Supone querer estar con Él, escuchar sus palabras que “son espíritu y vida”. Porque la fe es un acto plenamente humano y por eso hace falta que implique tu inteligencia, tu voluntad, tus emociones, todo tu ser.
Estos días la Palabra de Dios te invita a acercarte a Jesús. ¿Qué actitud tienes ante Él? Cuando no entiendes, cuando las cosas se ponen difíciles ¿eres Pedro o eres de los que se marchan? Si perseveras con Jesús no será un camino llano: te equivocarás, pecarás, fallarás, dudarás… Pero al final todo merecerá la pena porque creerás y sabrás quién es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 5 de mayo

Viernes 5 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.» Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaúm.

Pistas: El Evangelio que acabas de leer sólo se puede entender a la luz de la muerte y resurrección de Jesús. Tiene como trasfondo la experiencia de los discípulos al reconocer y experimentar a Jesús resucitado en contextos eucarísticos. Cuando parten el pan se les abren los ojos. Y cada domingo, al repetir la Cena del Señor, se hace presente Jesús.
Lo que Jesús ha venido a revelar no son sólo unas ideas sobre Dios, una teoría, un modo de vida… Él ha venido a comunicarnos la vida de Dios, a habitar en nosotros, a darse a nosotros, a darnos vida para siempre. Se hace uno con nosotros hasta el punto de que la sangre que derrama en la cruz, la entrega de su vida, su muerte y resurrección, es el acto de amor del cual se hace memorial en la Eucaristía. Jesús se hace alimento para nosotros. Lee despacio el texto y comprobarás cómo en cada frase San Juan va dando una vuelta de tuerca.
Jesús dice que hay que comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna y resucitar, para que habite en nosotros, para vivir por Jesús (al igual que Él hace la voluntad del Padre, si Jesús habita en ti tienes que vivir por Él). “No es como el de vuestros padres”, es algo nuevo que durará para siempre, que transforma, que da vida de verdad.
Jesús es la vida, es el Pan de vida, es algo nuevo, sorprendente, asombroso. Deja que Jesús rompa tus esquemas y habitará en ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 4 de mayo

Jueves 04 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.
No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Pistas: Jesús es el camino hacia Dios. Pero este camino no lo recorremos sólo por nuestras fuerzas. Es Dios quien llama, quien atrae. Si le escuchas, aprendes. El Evangelio de hoy te anima a ir dando pequeños pasos o incluso vueltas alrededor del misterio de Jesús que revela a Dios. Jesús que se entrega. Jesús que se hace Pan, que da su carne. Por eso, no te agobies si te pierdes. Sólo lee despacio y deja que resuene en tu corazón la verdad que hay en las palabras de hoy. Tienes unas claves: Fe, vida, Pan-Eucaristía.
San Juan nos repite: Jesús revela al Padre, en Jesús hay vida. Creer en Él da vida eterna. No es una vida efímera, ni temporal, ni con fecha de caducidad. Da la vida de Dios. Jesús es el Pan de la vida. Es el alimento que da vida para siempre y en plenitud. Pero no es un alimento intelectual, moral, físico… sino uno en el que se da a sí mismo. Jesús mismo, el Hijo de Dios mismo, se da, se entrega hasta el extremo. Todo.
Descubrimos que en la Eucaristía se nos da Jesús: el Pan que da vida, el Pan que alimenta la fe. No son creencias, tradiciones, ritos… sino la fe en el Padre y en el Hijo, que dan vida. Y además la historia termina bien. “Serán todos discípulos de Dios”. ¡Jesús vence!
Terminaremos la Pascua comprendiendo que esto lo hace posible la presencia del Espíritu Santo. Él resucita a Jesús. Él convierte el pan que se ofrece en la Eucaristía en Pan de vida eterna: en Jesús vivo y resucitado. Él hace que Dios viva en cada uno de nosotros. Hace que nos parezcamos cada vez más a Jesús, que crezcamos en la fe, que podamos ser atraídos por el Padre, que escuchemos y aprendamos. Hace que sintamos el amor de Dios. Por eso pide el Espíritu Santo y relee el Evangelio dejando que Dios te hable.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 3 de mayo

Miércoles 3 de mayo
Santos Felipe y Santiago, apóstoles

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 14, 6-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras, Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

Pistas: ¿Quién es Jesús?
– Es el camino hacia el Padre. Si quieres conocer a Dios, el camino es Jesús. Conocerle a Él es conocer al Padre. Por medio de Jesús resucitado puedes acceder a Dios.
– Es el que puede mostrar la verdad, porque no habla por su cuenta. Y no sólo habla sino que hace obras que dan testimonio de quién es Él. En Jesús hay verdad. Jesús es la verdad.
– Está en el Padre y el Padre en Él. El Hijo está tan unido al Padre que son uno. El Hijo es Dios, por eso también da vida. No sólo es una fe que tiene en Jesús el camino y la verdad. Sino una fe que da vida. Que transforma. Que nos lleva a hacer obras como las de Jesús «y aún mayores». Por medio de Jesús resucitado recibes al Espíritu Santo, el don de los dones. Dios mismo dándose y dándote su vida.
Jesús es camino, verdad y vida. ¿Qué significa esto para ti? Si quieres encontrar y conocer mejor a Dios, Jesús es el camino. Si quieres encontrar la verdad, dejar de tener dudas, de dar tumbos, Jesús es la verdad.
Entonces ¿quieres vivir con plenitud? ¿quieres no sólo sobrevivir sino vivir? Jesús es la respuesta. Jesús es la vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 2 de mayo

Martes 2 de mayo
San Atanasio, obispo y doctor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 30-35

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo.»»
Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.»
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Pistas: San Juan quiere dejar claro que la fe en Jesús es el único camino para tener vida. Que sólo por medio de Él se puede alcanzar una vida plena. Jesús puede saciar el hambre y la sed que hay en el corazón del hombre. Le piden un signo para creer en Él y Jesús les dice que Él es el signo. Que Él es el Pan.
En la Eucaristía Jesús se hace presente en el Pan. Y, tambien, en este texto se hace referencia también a la necesidad de plenitud que hay escrita en lo profundo del ser de cada persona. Jesús es “el pan de Dios que baja del cielo y da vida al mundo”. El de Moisés sólo era de transición, “para salir del paso”. El de Jesús es otra cosa. Es el que da vida. Es el signo definitivo.
Si encuentras en ti sed y hambre, si necesitas más en tu vida, si hay un vacío en ti que no se llena, Jesús saciará tu hambre y tu sed. Dirígete a Él. Confía en Él. Jesús es quien dijo ser.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.