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Viernes 28 de agosto

Viernes, 28 de agosto
San Agustín, Obispo y Doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis». Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos».
Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Hoy nos cuenta Jesús la parábola de las doncellas sensatas y las necias, que habla de estar vigilantes y preparados. Nos dice que no da igual tener una actitud u otra. Las necias podían haber ido a comprar aceite antes de dormirse y todo hubiera sido diferente.
Tal vez puedas entender el aceite como aquello que te permitirá tener encendida la luz: oración, sacramentos, vida interior, vivir como discípulo de Jesús… Esto te hará estar preparado. Pero si te duermes sin tener el aceite ¿qué puede suceder? Si consientes que tu vida se llene de oscuridad y dejas que el pecado y el mal entren en ella ¿qué puede suceder? Lee el Evangelio aplicándolo a tu vida. Jesús da muchas oportunidades, pero si te da igual dormir que tener aceite, si crees que es lo mismo vivir de un modo o de otro, cuando pase por tu vida y cuando llegue el momento final ¿qué puede suceder?
Por eso, ten preparado el corazón ¿Qué cosas necesitas cuidar para tener tu aceite preparado? ¿Cuáles te hacen estar dormido?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 27 de agosto

Jueves, 27 de agosto
Santa Mónica

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 24, 42-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.
¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes.
Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, como se merecen los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: Después del discurso a los fariseos y letrados, en el que les reprocha su hipocresía y su doble vida, Jesús habla a sus discípulos. Y lo hace con un mensaje que indica la urgencia de seguirle: “Estad en vela”, “estad preparados”. Es una invitación a vivir como discípulos suyos, sin dejar pasar el tiempo.
Fíjate cómo resalta Jesús la seriedad de nuestra libertad, de las decisiones que tomamos y de cómo vivamos. No es lo que aparentes ser, sino lo que eres realmente. Y por eso, ahora es el momento de vivir en plenitud. Porque cómo vivas tendrá consecuencias. Puede ser un camino de realización de tu vida o que desemboque en la frustración más absoluta: “Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Relee el Evangelio pensando en tu propia vida. Si la estás dejando pasar o si estás tomando las riendas de ella. Si te dejas llevar por lo pasajero o inviertes en lo eterno. Piensa en la seriedad de las palabras de Jesús de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 26 de agosto

Miércoles, 26 de agosto
Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, virgen

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: «si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas»! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!

Pistas: Los sepulcros blanqueados diríamos hoy que son la sociedad de la imagen, las apariencias y del “postureo”. En muchos sectores de la sociedad o incluso en nuestra propia vida lo importante no es la verdad, ni lo que se hace en lo privado, sino lo que se ve externamente.
Los escribas y fariseos se llenan la boca diciendo que son justos, pero terminarán condenando a muerte a Jesús porque les molesta lo que les dice y su ejemplo. Y harán lo que criticaban a sus antepasados.
También nosotros corremos el riesgo de vivir como ellos: sólo de apariencias, llenos de egoísmo e intereses, justificando nuestros pecados. Nuevamente no se trata de condenar la sociedad o a los que viven así, sino de mirar dentro, mirar a la propia vida y descubrir lo que hay en uno mismo de fariseo.
Pon la luz de Jesús. Ella te mostrará la verdad y su misericordia limpiará tu corazón. El Espíritu Santo te dará la fuerza para vivir como discípulo de Jesús alejando de ti la mentira y la hipocresía.
El Evangelio nos invita a no tener dos caras, sino a vivir en la verdad, en la luz, siguiendo a Jesús. Para no caer en aquello que criticamos, para poder tener paz, para llamarnos hijos de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 25 de agosto

Martes, 25 de agosto
Semana XXI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 23, 23-26
En aquel tiempo habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.

Pistas: Lo externo sin cambio interior no es más que una mentira disfrazada y no sirve para nada. El mero cumplimiento y la apariencia son hipocresía, ceguera y llevan a una autojustificación que no es compatible con seguir a Jesús.
Podríamos acercar más las palabras de Jesús a nuestros días poniendo ejemplos: el que paga la cofradía y va a las procesiones en Semana Santa pero su corazón está lejos de Dios y de todo lo que significa ser discípulo suyo. El que lleva a los hijos a hacer la comunión o a bautizar, pero no profundiza, ni vive la fe ni la transmite a sus hijos. El cura que tiene actitudes piadosas en su parroquia y cumple, pero es sólo fachada. O el que se preocupa de que la iglesia esté bonita o canta en el coro parroquial o es catequista o hace donativos… pero su corazón está lejos.
Piensa tú en tu propia situación ¿te podría decir a ti Jesús que eres un hipócrita? Desde la responsabilidad que tienes en la Iglesia, en tu comunidad, en tu familia o entre tus amigos… ¿Te fijas más en lo externo y en lo que los demás ven, que en dejarte transformar el corazón por Dios y vivir desde el interior? ¿Vives de las normas externas, pero te olvidas de amar y ser coherente con tu fe?
Deja que Jesús limpie tu interior. Fíjate que dice: “Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello”. Por eso, no permitas que lo superficial, las apariencias, lo exterior, la tradición… se conviertan en el centro de tu vida o te distraigan de lo verdaderamente importante. Vive desde el corazón. Vive en la verdad. Deja que tu corazón esté habitado por el Espíritu Santo y verás como todo se transforma. ¡Vive desde el corazón!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 24 de agosto

Lunes, 24 de agosto
San Bartolomé, Apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» Felipe le contestó: «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Pistas: Leemos hoy en la fiesta de San Bartolomé este pasaje del Evangelio de San Juan.
Un anuncio: hemos encontrado al Mesías. Una duda: ¿de Nazaret? Una invitación: “Ven y verás”. Y un encuentro que lo cambia todo.
Natanael (Bartolomé) descubre quién es Jesús cuando se encuentra y dialoga con Él. Es curioso cómo se desarrolla este diálogo. Primero Jesús le habla de quién es el propio Natanael (un israelita en quien no hay engaño). Cristo toma la iniciativa. Esto mismo sucede en el encuentro con Jesús que despierta la fe: hay un proceso en el que la persona descubre quién es, se conoce mejor a sí mismo.
Jesús es el Maestro, el Hijo de Dios, el Mesías prometido. Y termina repitiendo la invitación: “ven y verás”. “Has de ver cosas mayores”. Porque la fe es un proceso, un camino, una relación.
Este relato es también una pista para aprender evangelizar. Felipe cuenta lo que él ha descubierto, escucha lo que Natanael le dice, lo invita a que se encuentre con Jesús (no quiere convencerlo con argumentos y discusiones porque sabe que la verdad de quién es Jesús le convencerá). Y todo sucede en este encuentro. Si has encontrado a Jesús aquí tienes unas pistas para llevarlo a otros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 23 de agosto

Domingo, 23 de agosto
XXI domingo del tiempo ordinario, ciclo a.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?
Ellos contestaron:
—Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. El les preguntó:
—Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
—Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió:
—¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que esta en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Pistas: ¿Quién dice la gente que es Jesús? Y vosotros, y tú, ¿quién dices que es?
No es una cuestión para responder teóricamente, sino en diálogo con Jesús. Por eso, es mejor que te imagines a Jesús preguntándote ¿quién soy para ti? Que le respondas en oración ¿Quién es para ti? ¿Cómo influye en tu vida? ¿Qué lugar ocupa? De hecho, Pedro, responde desde la fe, Dios se lo ha revelado. Él es quién le ha permitido llegar a descubrir quién es Jesús realmente.
La fe tiene una doble perspectiva: Dios que se nos da a conocer, el don sobrenatural de la fe y la respuesta del hombre, que implica todo el ser (razón, sentimientos, voluntad…).
A la vez que Pedro descubre quién es Jesús, Él le hace descubrirse a sí mismo: eres Pedro, la roca; le da una tarea, una misión y le capacita para ella. Esto sucederá en tu vida si te fías de Jesús. Te encontrarás a ti mismo, encontrarás una misión, un camino, que dé sentido a tu vida y recibirás la fuerza para recorrerlo.
El de Pedro es el camino de ser roca para que la Iglesia de Jesús pueda crecer. La promesa de la llave y de atar y desatar, hace referencia a la autoridad que Pedro necesitará para guiar la Iglesia, que no le viene de su capacidad o de su fuerza, sino como don de Dios.
Por último, la promesa de Jesús es esperanzadora: “el poder del infierno no la derrotará”. Cuántas veces por las dificultades y persecuciones internas o por los pecados y mediocridad de los que formamos la Iglesia, parece que sí, que se va a derrumbar, que se va a acabar… Pero no es así, se mantiene, se sostiene, porque Jesús lo ha prometido.
El reto de esta semana es ponerte ante Jesús y escucharle decir: y tú ¿quién dices que soy? Para ti ¿quién soy? Y responderle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 22 de agosto

Sábado, 22 de agosto
Bienaventurada Virgen María Reina

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 23,1-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Guías”, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

Pistas: La cátedra de Moisés es la autoridad para enseñar la ley de Dios. Los que la ocupan, la enseñan pero no la viven. Y Jesús quiere enseñar cómo han de vivir los puestos de autoridad sus discípulos.
Hoy el Evangelio puede servirnos para reflexionar sobre dos aspectos. Primero, cómo me comporto yo ante la autoridad. Podemos concluir de las palabras de Jesús, que aunque en la Iglesia algunas veces personas hipócritas, que anuncian una cosa y viven otra, ocupan puestos de responsabilidad, eso no debería servirnos de excusa. Jesús dice: «observad todo lo que os digan, pero no imitéis su conducta». Porque, para mal o para bien, no son las personas: es Cristo a quien seguimos. Ni al cura que me cae bien y es muy santo, ni a la persona a la que admiro por su fe, ni siquiera al Papa Francisco: sólo Cristo es quien salva. Existe un doble peligro: perdernos el regalo de la fe por personas que no están viviendo lo que anuncian, es decir, por el pecado de los demás. Y, por otro lado, la idolatría de las personas que nos fallarán y pecarán y se equivocarán como nosotros. Sólo Cristo salva.
Segundo aspecto: si tienes responsabilidad en la Iglesia (en tu parroquia, en tu comunidad, en tu familia, en tu grupo de amigos), el camino para ser grande, para ser maestro, para ser guía… es servir, poner a Jesús en el centro, descubrir que sólo Él es grande, sólo Él es el Maestro y sólo Él es el guía.
Puedes concretar todo esto en tu vida haciendo un examen de conciencia y preguntándote en qué te pareces a los fariseos y escribas que buscaban su propia gloria y en qué al ideal que propone Jesús: servir y ser humilde. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Fíate de Él, de su ejemplo y enseñanza. No de la institución, las personas, ni tú o yo. Sólo Él, sólo Cristo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 21 de agosto

Viernes, 21 de agosto
San Pío X, Papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Pistas: Amar a Dios con todo el corazón, alma y ser. Amar al prójimo como a uno mismo. San Agustín dirá: ama y haz lo que quieras. Toda la ley y los profetas, todo lo que Dios ha ido revelando sobre cómo entender la realidad su la mirada de Dios se resume en amar.
Ésa es la clave, pero no es algo abstracto. Amar implica un estilo de vida, unas decisiones, unas renuncias… elegir un camino.
¿Y yo? ¿estoy amando a Dios? Piensa en cosas concretas: tu oración, los sacramentos, cuánto tiempo le dedicas, qué haces para que tu amor a Dios sea con todo el corazón, con toda el alma y con todo tu ser.
Pregúntate también: ¿amo al prójimo? Piensa en las personas que te cuesta amar. No se trata sólo de sentimientos sino de una elección, de tu modo de actuar. Si creces en la fe, si amas a Dios, crecerás también en amor al prójimo y a ti mismo. Porque descubrir el amor incondicional de Dios te llevará a querer corresponderle. Y ya no te conformarás con amar a los demás de cualquier manera, porque Dios mismo te ha enseñado a amar.
Aprenderás a mirarte como Dios te mira, a conocerte y aceptarte porque Dios te ha enseñado a amar. No podrás amar a Dios ni a los demás si no te amas a ti mismo. Por eso la fe restaura el corazón, sana las heridas, por eso el amor cura a la persona y la hace salir del pecado, del egoísmo, de la desesperación.
Éste es el camino que Jesús nos propone seguir: amar y ser amados. Es un don, y es una tarea. Dios ama primero y te invita a entrar en esa dinámica de amor. Y en eso se sostiene toda la vida cristiana.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 20 de agosto

Jueves, 20 de agosto
San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda.
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Pistas: Jesús intenta por todos los medios que comprendan su mensaje. ¿Para quién es el Reino? Para todos. Pero los primeros invitados lo han rechazado.
La parábola se dirige a los sumos sacerdotes y senadores del pueblo. Es decir, las autoridades religiosas de su tiempo. Está todo a punto para el banquete, pero prefieren sus asuntos, sus negocios e incluso les molesta ser invitados. No sólo rechazan la invitación sino que luchan contra ella (por eso no ha de extrañarte que esto siga pasando con los que invitan al Reino). Intenta que se sientan interpelados y se den cuenta. La conclusión de Jesús es dura: no se lo merecen.
Todos son invitados, da igual de dónde vengan y cómo sean. Pero aquí hay una clave: en el Reino no se puede estar de cualquier modo. Porque en este banquete todo se hace nuevo. No importa que hayas sido malo o bueno, importa que vayas y te vistas como hay que vestirse.
Jesús explica muchas veces que el Reino es gratis, que el amor de Dios es inmerecido, pero transforma y cambia las cosas, tiene consecuencias, convierte… Por eso, si entras en el Reino tienes que cambiar. Más bien tienes que aceptar que Dios te cambie y te ayude a cambiar.
Si estás leyendo esto es porque has entrado en el Reino, te sientes llamado por Jesús y quieres seguirle. Orar con la Palabra de Dios, dejar que te transforme y te guíe es ponerte nuevas vestiduras para el Reino. Iluminar tu vida con esta Palabra permite que tu vida sea transformada. Así pues, persevera, ponte la vestidura de fiesta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 19 de agosto

Miércoles, 19 de agosto
XX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú en vida porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Pistas: Ayer Pedro preguntaba a Jesús cuál sería la recompensa que tendrían ellos por haberlo dejado todo y seguirle. Hoy la parábola nos enseña que la justicia del Reino es la misericordia y la salvación. Y ésa es la recompensa. Si entras en el Reino, si vas a la viña ¿cuál es el “salario»?
En la parábola de hoy el propietario contrata jornaleros para su viña y ajusta un jornal con los primeros y luego llama a los que están desocupados en la plaza. Es interesante pensar ¿qué estarían haciendo los que estaban por la plaza? Andarían a sus cosas, a su aire… porque él ya había pasado por allí contratando. Pero finalmente responden a la llamada y van.
Esta parábola habla de la misericordia de Dios que invita a entrar en su Reino sin tener en cuenta el pasado. Porque así es el amor: no lleva cuentas del pasado. Así que, si quieres seguir a Jesús, ponte a tiro, vete a la plaza (vete a la Iglesia, acércate a Jesús). Escucha su voz y síguele, aunque durante mucho tiempo no lo hayas hecho. No es el Dios injusto que trata igual a los buenos y a los malos. Es el Dios misericordioso que ama y salva a los que van a su viña, a los que entran en su Reino. Esto nos tiene que llevar a construir una Iglesia en la que no existen cristianos de primera y de segunda.
Si llevas mucho tiempo trabajando en la viña, esta parábola también te puede enseñar algo. El cansancio, el esfuerzo, la lucha, el sufrimiento… habrán formado parte de tu tarea y vas a tener la misma recompensa que otros que quizás no han luchado, ni trabajado ni se han esforzado como tú. Pero el Reino del que Jesús habla es el de la gratuidad, el del amor y la misericordia. Y entrar en él significa descubrir esta dinámica (como en la parábola del hijo pródigo ocurre con el hijo mayor… tanto tiempo en casa y con su corazón tan lejos del padre).
Relee el Evangelio y descubre qué es lo que el Señor quiere decirte hoy a ti, en tu situación concreta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele en tu oración y llévalo a tu vida.