Archivo del Autor: admin

Domingo 9 de agosto

Domingo, 9 de agosto
XIX tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 22-36
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame.
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.

Pistas: Hace muy poco que leíamos este relato. Recuerda que una manera de rezar con la Palabra de Dios es imaginarse la escena, meterse en ella. ¿Qué sentirá y pensará cada personaje?
Este pasaje sucede en un día lleno de emociones que termina muy tarde. Se habían enterado de la muerte de Juan Bautista, buscan un sitio para descansar, y en lugar de eso Jesús acaba curando a mucha gente y multiplica panes y peces para darles de comer. Jesús se retira a orar y sus discípulos navegan. Y de madrugada, como colofón, Jesús camina sobre el agua.
Puedes fijarte en los detalles. Los discípulos irían hablando de las cosas extraordinarias que hace Jesús, pero a ellos se les iba complicando el viaje. Confunden a Jesús con un fantasma, claro, ¿quién podría creer que Jesús fuese hacia ellos caminando sobre el agua? Y, sin embargo, es Él. A veces en la vida nos pasa lo mismo, navegamos y parece que Jesús no está, que no es real.
Pedro camina sobre el agua, se lanza, se fía de Jesús. Y durante un tiempo lo consigue, pero flaquea y se vuelve a hundir. Siempre me ha llamado la atención cómo un pescador que sabía nadar se asusta de hundirse, podía nadar hasta el barco pero ni eso le sale. Jesús se lo dirá, sin mi no podéis hacer nada. Y Pedro lo experimenta. Experimenta el poder de Jesús y al mismo tiempo la necesidad de Él.
¿Cuántas veces recordaría Pedro la frase de Jesús. “¿Por qué has dudado”? Pero Jesús no falla. Él salva, te echa mano cuando te hundes, te sube a la barca y el viento amaina. Si tu vida está en medio de una tormenta, llama a Jesús, que te suba a la barca. Y al final siempre amaina porque Jesús ha vencido al mal, al pecado y a la muerte. Al final habrá calma y te postrarás ante Jesús reconociendo quién es.
El reto para esta semana es fiarte de Jesús. ¿A dónde te está llamando? Atrévete como Pedro a dar el salto, verás cosas extraordinarias… y si flaqueas, no tengas miedo, Jesús, no dejará que te hundas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 8 de agosto

Sábado, 8 de agosto
Santo Domingo de Guzmán

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 17, 14-19
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: Señor, ten compasión de mi hijo que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.
Jesús contestó: ¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? Les contestó: Por vuestra poca fe.
Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.

Pistas: Si vuestra fe fuera como un grano de mostaza… nada os sería imposible. Pues qué poca fe tengo… porque tantas cosas se me hacen un mundo, imposibles. Tantos sufrimientos, tantos demonios que debería expulsar y no lo hago. Tantas veces que me parece que el mal gana la partida…
Pero la buena noticia es que esto tiene remedio. Llama a Jesús, Él lo puede todo. Y ten fe. Nada te será imposible. Podrás luchar contra el sufrimiento, el mal, el pecado… en el mundo y en tu vida. Llama a Jesús y con Él lo podrás todo. Y cuando vayas haciéndote cada vez más discípulo suyo, te darás cuenta de que nada será imposible para ti. Ten fe y quedarás lleno del poder del Espíritu Santo, como Jesús estuvo lleno. Y harás –como dice la Escritura- obras como las suyas.
No tengas miedo, ten fe. No dudes, ten fe. Jesús lo puede todo. Y si tienes poca fe, pídela. Y acógela, reza, camina, busca, y nada será imposible para ti. Porque nada hay imposible para Dios y Dios está de tu lado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 7 de agosto

Viernes, 7 de agosto
XVIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 16, 24-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del Hombre con majestad.

Pistas: Si has decidido que seguir a Jesús merece la pena, entonces tienes un trabajo por delante: concretar este Evangelio en tu vida.
En tu situación, ahora ¿qué quiere decir negarte a ti mismo? Ya sabes que no es algo que te anule o te haga despreciarte. Tiene que ver con ser libre para seguir a Jesús. Renunciar a aquello que dentro de ti te lleva lejos de Él, de su amor y de vivir como Él enseña. Negarse a uno mismo es vencerse, dejar que el amor y la verdad de Jesús triunfen en tu vida. Supone derrotar la comodidad, la mediocridad, las excusas… Equivale a decidir vivir llenos del Espíritu Santo, hacer las obras del Espíritu. Y, cuando te niegas a ti mismo, entonces eres más libre, más dueño de tu propia vida.
¿Qué significa cargar con tu cruz? ¿Cuál es? Ponle nombre o nombres. Piensa en Jesús cargando su cruz. No es una carga absurda, un sufrimiento vacío o una lucha infructuosa. Él nos enseña que el final de la cruz es la resurrección, la vida y la victoria sobre el mal, el pecado y la muerte. Cargar con la cruz es renunciar a la desconfianza, a la queja, a la desesperación.
El Papa Benedicto XVI explica que la cruz con la que hay que cargar es el mandamiento del amor. También es una bonita forma de verlo. Aprende a amar en cada situación, amar a Dios, amar al prójimo, vivir en el amor.
Perder la vida por Jesús, para encontrarla. Porque éste es el único camino que da vida, el único que te lleva a la verdad. Si quieres ser tu propio salvador, te perderás. Pero si descubres el amor incondicional y misericordioso de Dios, que te hace comprender que Él mismo está en tu corazón, que te lleva a amar a los demás y amarte y conocerte a ti mismo, entonces te salvarás. Y tendrás paz, serás libre y estarás feliz. Por eso Jesús pregunta de qué te sirve ganar cosas materiales si arruinas tu vida, si no te llenan, si no eres feliz, si no tienes paz y eres esclavo de ellas.
Todo esto se abre a la eternidad. No sólo es para este mundo, no es algo que termine con la muerte. Aquí puedes empezar a vivir el cielo que no se acabará.
Un amigo cura fue a celebrar la unción de enfermos con un moribundo y también la Eucaristía. En el momento de la paz, su saludo fue: “Hasta el cielo”. Esto es hermoso y esperanzador. Jesús hoy nos da las claves: Negarse a uno mismo, cargar con la cruz, con la paz de Dios en el corazón, que dura hasta la vida eterna.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 6 de agosto

Jueves, 6 de agosto
La transfiguración del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle. Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: Levantaos, no temáis. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Pistas: Un poco de luz ilumina la oscuridad más profunda. Y Jesús es la luz del mundo.
Poco antes de la pasión, Jesús se lleva a tres apóstoles a lo alto de la montaña. Allí donde en el Antiguo Testamento Dios se manifestó y se mostró. Allí donde los hombres nos sentimos más cerca de Dios, el mundo se hace más grande y el hombre más pequeño. Y, allí, en lo alto, Jesús se vuelve resplandeciente como el sol y blanco como la luz. ¡Qué mejor manera de mostrar la divinidad que la luz y la blancura! Esto, sin embargo, se volverá difícil de ver en la pasión con la oscuridad, la injusticia, el pecado, la muerte y la sangre. Jesús es la luz, es la verdad, es el camino. Pero todo esto lo entenderán mejor después de la resurrección.
Moisés y Elías. La ley y los profetas. Lo que Dios nos pide, sus mandamientos, su modo de ver las cosas. Y lo que Dios nos cuenta de sí mismo, cómo ilumina la realidad de los hombres y muestra su voluntad. Conversan con Jesús. Porque Él es la plenitud de la revelación, todo lo que Dios ha querido contarnos y decirnos ha alcanzado su cima en Jesús. No sólo eso. Dios mismo se hace hombre en Jesús. Dios mismo se nos da. El Hijo de Dios se hace carne, para que nuestra carne pueda entrar en Dios. Y tampoco se conforma con esto. Nos regala su presencia siempre poderosa y actuando en nuestro corazón: el Espíritu Santo. Por eso: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”. Porque en Él está la plenitud de la revelación.
Se está tan a gusto conociendo a Dios. Dándole vueltas desde lo que sabemos (para los apóstoles la ley y los profetas; para ti, tus ideas sobre Dios). Ellos estaban cómodos ahí, partiendo de lo conocido y viendo la luz de Jesús. Pero Él no les permite quedarse en la zona de confort. Tienen que profundizar y descubrir quién es realmente. Pero sólo podrán entenderlo después de su muerte y resurrección. Y con el poder del Espíritu Santo.
Y aquellos hombres que del Antiguo Testamento habían aprendido que no se puede ver a Dios ni escucharle sin morir, se asustan. ¡Qué grande, Jesús!: “Levantaos, no temáis”. Esto nos pasa a ti y a mí, cuando nuestra pequeñez, nuestra poca fe, nuestro pecado, quedan a la luz de Dios. Quizás te preguntes: ¿Qué soy yo ante Dios si no entiendo casi nada, dudo tantas veces, peco tantas veces? No voy a poder entenderlo, no voy a poder seguirle… ¿Y si todo es una imaginación mía?
Jesús les toca y les dice: “Levantaos, no temáis”. Jesús te toca y te dice: “Levántate, no temas”.
Y, después, hay que bajar de la montaña. Hay que meterse en el día a día, llevando a Jesús resucitado con la luz que ya no deja de brillar, con la luz del Espíritu Santo. Y contarles a todos que esto es verdad. Que su luz llena tu vida, que no es una fábula o una leyenda. Jesús resucitado es vida y da vida.
Ahora, relee el Evangelio, imagínate la escena, sube con los apóstoles ante Jesús, escucha la voz de Dios… Y deja que te llene de su Luz, deja que te llene del Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 5 de agosto

Miércoles, 5 de agosto
Dedicación de la Basílica de Santa María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: No sabemos el día ni la hora en que el Reino de Dios alcanzará su plenitud. En teología se llama la parusía, el final de los tiempos. Lo confesamos en el credo: el Reino que no tendrá fin, cuando Jesús venga a juzgar a vivos y muertos.
No estamos muy acostumbrados a pensar en esto, y eso que ni siquiera sabemos la hora de nuestra muerte. Por eso, esta parábola es una invitación a la vigilancia y a no vivir la vida dejándose llevar o posponiendo a mañana lo que podemos hacer hoy. Podemos decir que es un antídoto contra la comodidad y la mediocridad. Porque lo más fácil es pensar que da igual. Dejarnos llevar por las modas y por la cultura dominante. Podemos quejarnos y esperar a que otros nos solucionen la papeleta, no tomar partido. Pero si actuamos con dejadez puede que nos quedemos fuera del “banquete de bodas”, fuera del Reino.
Esta parábola no nos dice que Jesús dé una sola oportunidad, que no pase ni una. Dios es misericordioso y nos ama. La Palabra de Dios nos advierte que estemos vigilantes, que despertemos, que seamos precavidos, que no da igual vivir de un modo o de otro. Te dice que será tu vida completa la que tendrás que presentar ante Dios.
Pensemos ahora: ¿Estamos en vela o estamos dormidos? ¿Estamos dispuestos a entrar en la fiesta o preferimos dormir y quedarnos a la puerta? ¿Andamos por ahí buscando con qué encender nuestra lámpara para poder entrar o sabemos dónde encontrar el aceite y lo tenemos preparado? Dios te señala hoy a la oración, la Palabra, los sacramentos, la vida de discípulos, la Iglesia, como esas áreas en las que siempre está esperándonos. Así pues, no sabemos el día ni la hora. Por eso: ¡¡Despierta!!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes, 4 de agosto San Juan María Vianney, presbítero

Martes, 4 de agosto
San Juan María Vianney, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 15, 1-2. 10-14
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y letrados de Jerusalén y le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos desprecian la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer? Y, llamando a la gente, les dijo: Escuchad y entended: No mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre.
Se acercaron los discípulos y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte? Respondió él: La planta que no haya plantado mi Padre del cielo, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.

Pistas: La imagen, las apariencias, el “qué dirán”, pesan mucho en nuestra sociedad y también en nuestra Iglesia. ¿Cuántas veces nos aferramos a tradiciones externas, a maneras de hacer las cosas, para no tener que mirar dentro de nosotros y hacer cambios? Y nos escandalizamos y señalamos a otros cuando no cumplen. Nos preocupamos porque las cosas “no son como antes” aunque nuestro corazón esté vacío o hayamos dejado sitio al pecado en él. Nos importan las cosas, lo externo, pero no las personas. Y buscamos la manera de señalar a los demás para creernos mejores y estar tranquilos, para acallar nuestras conciencias.
No son las apariencias ni las tradiciones, sino lo que hay en tu corazón lo que importa. Porque eso es lo que te mueve. Para qué mirar a los demás. Mejor mira dentro de ti: ¿qué encuentras?
Si eres guía de otros -en tu familia, entre tus amigos, en tu comunidad o en tu parroquia- deja que la Palabra de Dios te hable. Jesús es la luz y el Espíritu Santo hace brillar esa luz en tu corazón. Ahí es donde tienes que mirar y preguntarte ¿qué tengo dentro? ¿qué sale de ahí?
Si Jesús es tu guía, si el Espíritu Santo llena de la luz de Jesús tu corazón, no eres ciego. Caminarás y ayudarás a otros a caminar. Y harás las obras del Espíritu, porque de tu corazón saldrá lo que te llena, porque Jesús orienta tus pasos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XIX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 14,22-33. 
En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.
A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman».
Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».
En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios».

Lunes 3 de agosto

Lunes, 3 de agosto
Semana XVIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 22-36
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame.
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto y cuantos la tocaron quedaron curados.

Pistas: Este pasaje lo sitúa San Mateo después de la multiplicación de los panes y los peces, un momento en el que los discípulos se habían enfrentado a sus dudas. Jesús les había asegurado que podría dar de comer a la multitud, y lo vieron con sus propios ojos. Un día lleno de emociones, la noticia de la muerte de Juan el Bautista, el asombroso milagro de Jesús… Y, Jesús, les dice que se marchen.
Va a poner a prueba la fe de sus más cercanos. Los discípulos le han escuchado, le han visto hacer milagros, pero todavía necesitan purificar su fe y crecer en ella. No pueden quedarse en una teoría, en una doctrina o en algo que han visto. Todo eso es importante, sí, pero más lo es tener la experiencia de la fe. Fiarse de Jesús y descubrir quién es. Ya no son los milagros que Jesús ha hecho, es la experiencia que tienen de Él.
A veces creemos que ya nos lo sabemos todo, que estamos preparados para seguir a Jesús, para enfrentarnos al mundo con la fe que suponemos poseer. Pero entonces una tempestad, un problema, un reto, un traspiés nos hacen dudar. Como Pedro, le decimos: Allá vamos, Señor. Pero cambia el tiempo, llega una tormenta y nos echamos para atrás. «¡Qué poca fe!». ¿Por qué dudas, si Jesús va a estar siempre ahí? ¿por qué temes que Él te abandone?
Pedro caminó sobre las aguas. ¿Tres pasos, diez, cincuenta…? No lo sabemos. Pero seguro que fueron los más maravillosos y asombrosos de su vida hasta ese momento. Sin embargo, la fuerza del viento le hizo temer, dudar, tambalearse. Y, aún así, Jesús no le dejó hundirse.
¿Y tú? ¿caminas hacia Jesús y a la primera de cambio abandonas? ¿no sabes que Jesús nunca te va a dejar caer?
Cuando afloran las dificultades es fácil dar un paso atrás, esconderse o tener miedo. Pero Jesús es la calma que amaina la tempestad. Si le has dicho sí, no te defraudará. Si le has dicho sí, tu vida ha cambiado, ya no eres el mismo. Si le has dicho sí, vive ya en ti, no temas. Ten fe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 2 de agosto

Domingo, 2 de agosto
XVIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.
Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó: No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le replicaron: Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.
Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Pistas: “Dadles vosotros de comer”.
Jesús predica con el ejemplo. Estaba triste porque su primo y amigo, Juan Bautista, había muerto y quiere alejarse un rato de la gente. Pero al llegar ve una multitud que lo espera. Jesús los mira, siente lástima de los que sufren y los cura. En vez de pensar en sí mismo, mira alrededor.
Los discípulos ven las necesidades de la gente y acuden a Jesús. Al igual que ellos, nosotros también podríamos decir: Jesús, mira, cuántos pobres; cuánto sufrimiento e injusticia; Jesús, mira la Iglesia, los jóvenes no se acercan; Jesús, mira mi trabajo, mis amigos, mi barrio, mi ciudad, mi parroquia, mi colegio… Jesús, solucióname el problema.
Y Jesús les sorprende: “Dadles vosotros de comer”. Ayuda al pobre y al que sufre, lucha por la justicia, sé Iglesia y transforma la Iglesia, habla de Él a los jóvenes, cambia tu parroquia, tu trabajo, tu colegio… ¿cómo? Entregando a Jesús lo que tienes y haciendo lo que Él dice.
Es bonito lo que sucede: Rezan a Jesús (hablan con Él) y Jesús les viene a decir: ¿Por qué no hacéis algo vosotros? Ni ellos sin Jesús, ni Jesús sin los discípulos.
Claro que siempre podemos encontrar una excusa. Por ejemplo, la de los discípulos: Pero, Jesús, que sólo tenemos cinco panes y dos peces… Jesús, que yo no sé hablar, que mi fe es pequeña, qué voy a poder hacer yo por los pobres o por la justicia, cómo voy a cambiar yo la Iglesia, qué voy a hacer yo…
Y Jesús responde: Traed los panes y los peces. A ti te dice: ¿Estás dispuesto? ¿quieres darme lo tuyo? ¿quieres que actúe en ti y a través de ti?… Ellos sólo tenían eso, y era para ellos. Pero dan todo lo que tienen.
Y entonces ocurre el milagro: Confían en Jesús, en su palabra y lo poco que le dan produce tanto fruto que quedan satisfechos cinco mil hombres, sin contar mujeres ni niños.
¿Y si le das tus panes y tus peces a Jesús? ¿Qué sucederá si empiezas a rezar y le dices: mira, pasa esto… vale, aquí estoy, qué hago? ¿qué pasará si te decides a responder a la interpelación de Jesús de que hagas algo tú?
El reto para esta semana es poner en práctica lo que enseña el Evangelio de hoy: Observa lo que ocurre a tu alrededor, acude a Jesús (reza), y si estás dispuesto, dale de lo tuyo, haz lo que te pida. Y, entonces, verás milagros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 1 de agosto

Sábado, 1 de agosto
San Alfonso María de Ligorio, Obispo y doctor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él. Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista. El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pistas: Lo poco que ha cambiado el mundo en tantos siglos: corrupción, inmoralidad, injusticia, lujuria, conspiraciones, superstición, afán de quedar bien… Todo esto está presente en el relato del Evangelio de hoy.
Herodes se entristece por matar a Juan Bautista, pero lo hace de todos modos, porque le importa más quedar bien ante su público o satisfacer ciertos deseos, que la vida de una persona.
Así funciona siempre el pecado. Promete felicidad y trae tristeza. Da satisfacciones momentáneas, pero hace esclavos. Y cuanto más se avanza por ese camino, más atrapados quedamos, como en una telaraña.
Herodes acaba haciendo lo que no quiere. Le atrae Juan Bautista porque descubre en él verdad, pero no es capaz de dar el paso de exponer su vida a esa verdad que Juan enseña. Prefiere vivir esclavo de su poder, de sus vicios, de su riqueza y posición. Mata a Juan y cuando oye hablar de Jesús, no es capaz de acercarse a Él. El remordimiento no le ayuda a salir de su situación y se vuelve supersticioso (los Poderes actúan en Jesús, es Juan resucitado…).
Las parábolas que leíamos hace unos días nos decían que, al final, el camino que hayamos elegido tendrá consecuencias. Las trae ya durante la vida, pero aquí todavía hay oportunidad de elegir otro camino. Con el Evangelio de hoy te puedes preguntar qué camino estás eligiendo y te recuerda que el único que trae verdad, libertad, justicia, felicidad… es Jesús y vivir como Él enseña. Su amor y misericordia es más grande que cualquier situación. Por eso, si le abres tu corazón y le dejas entrar en tu vida y en tus decisiones, todo será nuevo, todo cambiará.
No seas Herodes, elige ser discípulo, conocer a Jesús, equivocarte, pero al lado de Jesús. Deja que te levante, que te guíe y que te salve el único que puede hacerlo: Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.