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Martes 18 de agosto

Martes, 18 de agosto
XX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Creedme: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos.
Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos.
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.
Entonces le dijo Pedro: Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar?
Jesús les dijo: Creedme, cuando llegue la renovación, y el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos, para regir a las doce tribus de Israel.
El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.

Pistas: Las riquezas, lo material, el poder… se convierten en ídolos, en lo más importante de la vida de muchas personas y a veces en lo único que les mueve. Ocupan el lugar de Dios.
Para la mentalidad judía, la riqueza era signo de la bendición de Dios. Pero Jesús quiere enseñar otro camino. Ni siquiera sus propios discípulos son capaces de entenderlo. ¿Cuál será nuestro premio? le preguntan. Él no les engaña, les promete una gran recompensa. Pero el camino es no tener el corazón apegado a lo material, a las cosas, al poder, a lo que puede dar la riqueza. La clave es seguir a Jesús. Y ahí se encontrará la vida, la verdadera riqueza. Por ahí entrarás en el Reino de los Cielos.
Así se entiende la conclusión del Evangelio de hoy: «Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».
Mira tu vida a la luz del Evangelio ¿Qué lugar ocupan las riquezas y qué implican en tu vida? ¿Qué lugar ocupa Dios y qué supone en tu vida? Y recuerda que la clave es seguir a Jesús. ¡Acércate a Él en este tiempo de oración!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 17 de agosto

Lunes, 17 de agosto
XX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Él le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta? Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres así tendrás un tesoro en el cielo y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Pistas: El pasaje de hoy nos presenta dos maneras de seguir a Jesús: cumpliendo y siendo buenos o llegando hasta el final.
Este joven era rico, ése era su tesoro. El dinero y lo que ello comporta era muy importante para Él. Pero era bueno y cumplía los mandamientos. Sin embargo, no fue capaz de seguir el camino al que Jesús le invitaba. Pero sentía que le faltaba algo, por eso le pregunta a Jesús: “¿Qué me falta?”. Porque con el cumplimiento, con las normas, no le llegaba.
Esto les pasa a las personas de nuestro tiempo cuando les presentamos una fe de mínimos, o cuando nosotros mismos pensamos que es así, una fe sin exigencia, en la que todo vale, sin encuentro con Jesús y sin entrega, en la que lo único que importa es ser buenos –o parecerlo-.
El joven pregunta qué le falta y Jesús le enseña cuál es su ídolo, su apego. Y le invita a dejarlo y seguirle. Porque todo lo demás es pasajero.
No es fácil fiarse de Jesús plenamente. A veces es como lanzarse al vacío. Pero ése es el verdadero tesoro –para ahora y para la vida eterna-. Porque una vida sólo de bondad y cumplimiento desemboca en la tristeza si no se sigue a Jesús y si no descubres el camino que Él tiene para ti. Tal vez Jesús te haya preparado para ser empresario, profesor, trabajador, funcionario… cura, monja, padre o madre de familia…. Da igual. Lo importante es: ¿Qué te falta? ¿qué es lo que Jesús te está pidiendo que ”vendas” para poder seguirle? No sólo seas bueno, sigue a Jesús y encontrarás el tesoro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 16 de agosto

Domingo, 16 de agosto
XX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. El les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: Señor, socórreme. El le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Pistas: Da qué pensar este Evangelio. Parece que Jesús no puede tratar así a alguien ni tener una idea restrictiva de salvación. Entonces ¿de qué habla el Evangelio de hoy?
En primer lugar, de la fe y la perseverancia. Aquella mujer creía en Jesús por encima de todo. No duda de su poder para salvar a su hija. Y persevera. Consigue primero que los discípulos hablen con Jesús y se acerquen a pedirle que la atienda. Y, después, se presenta ante Jesús, se pone de rodillas y le pide. Y en el diálogo se mantiene firme en su fe. La constancia le ha abierto la puerta.
En segundo lugar, se pone en entredicho la idea de un Mesías político y nacionalista judío, de una salvación sólo para el pueblo judío mientras que los extranjeros son infieles y quedan fuera. La fe de la mujer es ejemplar y conmueve a Jesús. Y la acoge.
Este milagro de Jesús se les quedó grabado y cuando la comunidad de Mateo comenzó a aceptar a los paganos, este relato les servía para entender que para Jesús lo importante no es la procedencia, el sexo, la posición social… sino la fe.
Por eso este Evangelio puede hacerte mirar a tu propia fe y perseverancia. También tu postura en la Iglesia. El pan (la Eucaristía y lo que significa) no sólo es para los que están sentados a la mesa, sino para todos. Quizás Jesús necesite que tú y yo salgamos a buscar e invitar a los que necesitan encontrarse con Él.
Mujer, qué grande es tu fe. ¿Y la nuestra? El reto de esta semana es aprender a acercarte a Jesús con perseverancia, sea como sea, pase lo que pase.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Sábado 15 de agosto

Sábado, 15 de agosto
Asunción de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Pistas: Este pasaje sucede después del “sí” de María al ángel. Y, embarazada de Jesús, lo primero que hace es ponerse en camino para ver a Isabel. La presencia de Jesús lleva a preocuparse por los demás, a servir a los demás, a salir de uno mismo. Lleva a la alegría, a la bendición, a las promesas cumplidas. Fíjate lo que dicen Isabel y María, cómo destila gratitud, alegría, esperanza…
La oración de María es una alabanza a Dios. Puedes aprender mucho sobre cómo rezar en esta oración. Se hace desde el alma, desde lo profundo del ser: “proclama mi alma”. Como las cosas importantes de la vida, implica a toda tu persona.
María alaba Dios y lo que Él hace. Alabar es reconocer quién es Dios y agradecerlo, reconocer la obra de Dios en tu vida y proclamarla. La oración de alabanza es por su naturaleza la forma más desinteresada de oración: es sólo mirada a Dios y a su obra. Descubrimos su grandeza, le cantamos por su misma realidad y ser divino. La experiencia de la Iglesia es que la oración de alabanza abre la puerta a otros modos de orar.
La oración de adoración añade la consideración del hombre en cuanto criatura e implica el reconocimiento de la propia pequeñez y de la grandeza de Dios.
La oración de acción de gracias: por la salvación, los bienes… (como hace María agradeciendo que Dios cumple sus promesas y su manera de actuar en la historia).
Y aunque en el texto de hoy no aparece, en tu oración personal muchas veces terminarás con oración de petición e intercesión: la petición mira al futuro y presenta toda situación ante el poder de Dios para que se realice su obra y venga su Reino.
Si comienzas al revés, es decir, pidiendo; probablemente tu oración sea desesperada, desconfiada, algo egoísta e interesada. Pero si primero piensas en Dios, reconoces su amor y le amas, te das cuenta de cómo es Dios, le alabas, le adoras. Y luego sí, ya en su presencia, presentas todo, con confianza como un hijo a su Padre, como un hermano que se dirige a su Hermano y Amigo, con la presencia del Amor de Dios, del Espíritu Santo en tu corazón… Por eso siempre te invito a que primero te pongas en presencia de Dios, es decir, a que pidas el Espíritu Santo y le alabes, y después leas la Palabra y ores con ella. Hazlo una vez más hoy y alaba, adora, da gracias, pide…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 14 de agosto

Viernes, 14 de agosto
XIX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 19, 3-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? El les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? El le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer ─no hablo de prostitución─ y se casa con otra comete adulterio.
Los discípulos le replicaron: Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

Pistas: El Evangelio de hoy recoge las enseñanzas de Jesús sobre el matrimonio y el celibato por el Reino de los Cielos.
Defiende que el camino más perfecto es que lo que Dios une, el hombre no lo separe. El matrimonio entre un hombre y una mujer une de tal modo que los que eran dos, son una sola carne. Pero pongámonos en el contexto de estas palabras. Un tiempo en el que la situación de la mujer era tal, que la que era repudiada por su marido tenía que volver a la casa paterna, deshonrada y deshonrando a su familia. Muchos rabinos defendían que un hombre podía repudiar a su mujer por cualquier motivo (por ejemplo, si no le gustaba cómo cocinaba), siendo ésta una manera de tener subyugada a la mujer. Ahora podemos entender mejor el alcance de la explicación que da Jesús.
Jesús, citando la escritura, explica el matrimonio como una institución para toda la vida. Y en las primeras comunidades cristianas la institución del matrimonio va devolviendo la dignidad a la mujer, porque manda al hombre amarla como Cristo ama su Iglesia.
Por último, Jesús señala que el celibato es un don (es decir, es gracia y tarea) y que es un camino válido. Probablemente Mateo recoge estas palabras de Jesús para confirmar a aquellos que habían elegido el celibato imitando a Jesús.
Puedes aprovechar este Evangelio para hacer un examen sobre tu vida matrimonial o, si eres célibe, sobre tu celibato. Dos opciones de vida que Jesús pone en valor desde su magisterio.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 13 de agosto

Jueves, 13 de agosto
XIX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 21-19, 1
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El Señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Pistas: Pedro hace una pregunta para saber hasta dónde tiene que llegar: ¿Cuántas veces perdonar? O, lo que es lo mismo: ¿Con qué cumplo? ¿dónde está el límite?
A Jesús no le vale una vida de cumplimiento en sus discípulos. No quiere mediocridad y conformismo, ni una ley sin alma. Porque su invitación es a entrar en el amor de Dios, un amor sin límites. Por eso, Jesús llama a sus discípulos a usar la medida del amor y el perdón de Dios. No es cumplimiento, no es un mínimo, es una llamada a la plenitud.
En la parábola aparece el contraste entre la inmensa deuda que el señor perdona a su empleado y la insignificante que el empleado no es capaz de perdonar. Y desde ahí, desde la experiencia del amor de Dios, desde la experiencia del perdón gratuito e inmerecido, es desde donde se puede entender amar y perdonar al prójimo sin medida. Porque Dios te amó así primero, sin medida.
Y tú ¿necesitas ser perdonado? Acude, sin miedo, al Señor que perdona todas tus deudas, que limpia tu alma y te libera de las ataduras del pecado. Jesús ha vencido para darte su salvación y hacerte una criatura nueva. Es su mensaje revolucionario: Amaos unos a otros como yo os he amado… No de cualquier modo, sino cómo Él, hasta entregarte, hasta dar la vida.
¿Alguien te ha hecho daño? ¿quieres perdonar? Perdonar no es sólo un sentimiento, es también un acto de voluntad. Dicho de otro modo, para perdonar no necesitas sentir, necesitas decidir y elegir perdonar. Necesitas rechazar todo sentimiento malo que salga de ti y elegir perdonar. Esa es la manera. Y pide a Dios que llene tu corazón, tu voluntad y tus sentimientos, todo tu ser, de su Espíritu Santo. Porque poder perdonar como Jesús, amando a los enemigos, sólo es posible como don del Espíritu. El es quien hace nuevas las cosas, quien te da libertad, y te va dando la fuerza para actuar como discípulo de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 12 de agosto

Miércoles, 12 de agosto
XIX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Pistas: “cada uno que haga lo que le dé la gana”, “¿quién soy yo para meterme en la vida de nadie?”, “que me dejen en paz yo hago mi vida a mi manera”…
Pero según Jesús, nos tiene que importar lo que los hermanos (los de mi Iglesia, parroquia, comunidad, familia) hacen con su vida. Y, a los demás, lo que yo hago con la mía. Porque somos familia, porque Dios nos ama y nos llama a vivir en el amor y amarnos unos a otros. Forma parte de la vida cristiana ser capaz de corregir y ser corregido.
Esto no busca mostrar los defectos del otro, ni sentirnos mejores, ni echar en cara nada… lo que debe buscar es salvar al hermano. O, mejor dicho, que el otro se deje salvar por Dios. Por eso, cuando corrijas a alguien hazlo después de rezar, que sea el Espíritu Santo quien te ilumine y no una consecuencia de que tú estés enfadado ni porque quieras imponer tu visión de las cosas, sino porque quieres ayudar a tu hermano a que descubra la verdad de lo que está viviendo. Quizás esto nos suene extraño porque no estamos acostumbrados a hacerlo. Pero el Evangelio de hoy nos dice que si queremos ser Iglesia, tenemos que corregir y ser corregidos como hermanos, incluso por la comunidad si es necesario. Se trata de buscar por todos los medios que el que se ha perdido en la oscuridad del pecado pueda ver: primero tú solo, luego lleva un testigo, luego la comunidad, nos dice este Evangelio. Si no sabes que vas a oscuras, ¿cómo podrás salir de la oscuridad?
Si no corriges serás cómplice del mal y del pecado que ves a tu alrededor. Y, si lo haces, la responsabilidad no será tuya, ni de la comunidad. Si te dejas corregir, crecerás y podrás acoger la salvación de Jesús. Jesús da a la comunidad el poder de atar y desatar. Como anteriormente había hecho con Pedro. Las decisiones no serán arbitrarías sino con el mismo poder de Jesús.
Finalmente, recoge Mateo una frase de Jesús sobre la oración de petición o de intercesión. Y sobre su presencia en la comunidad unida en oración. Con estas dos frases te propongo un ejercicio: ponlas en práctica con fe y verás que la Palabra de Dios no falla. Con tu marido o tu mujer, con tus hijos, con tus amigos, con la gente de tu comunidad o parroquia… Cuando te cuenten un problema, cuando necesiten algo, reza con esa persona. Una de las experiencias bonitas que he tenido es precisamente terminar algunas conversaciones con un momento de oración, con palabras muy sencillas, recogiendo lo que hemos hablado. Prueba y verás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Martes 11 de agosto

Martes, 11 de agosto
Santa Clara

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos? El llamó a un niño, lo puso en medio, y dijo: Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos.
El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Pistas: Si no hubieras leído el Evangelio de hoy y te preguntase : «¿quién es el más importante en el Reino de los cielos?”… ¿qué contestarías?
La misma pregunta le hicieron a Jesús sus discípulos, preocupados del lugar que ocupaban ellos o en cómo lograr ser más importantes. Para responder, Jesús cogió a un niño y lo puso en medio. Hay que volver a ser como él no sólo para ser grande sino para poder entrar en el Reino. Humilde, pequeño, necesitado de Dios como un niño de sus padres. ¿Qué actitudes tienes que cambiar en tu vida para hacerte como Jesús pide hoy?
“Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños”. Cuidado en la Iglesia con despreciar a los sencillos, a los humildes y andar buscando honores y reconocimientos. Estos pequeños se asocian a los poderosos ángeles que ven el rostro de Dios. Y, finalmente, se refuerza la idea con la parábola de la oveja perdida.
En el fondo, todo esto nos habla de la imagen de Iglesia que tenemos: ¿la de los puestos y los honores, o la de la sencillez, la humildad y la acogida? ¿la que está estancada, la de “los buenos”, o la que va a buscar a quien está perdido y se alegra cuando vuelve?
Elige alguno de estos temas de los que te habla el Evangelio de hoy y reza dejando que el Espíritu Santo te haga como niño ante Dios.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 15,21-28. 
Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio».
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».
Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!».
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».
Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!».
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

Lunes 10 de agosto

Lunes, 10 de agosto
San Lorenzo, Diácono y mártir.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

Pistas: Para morir, el grano de trigo tiene que aceptar cambiar. Si queda encerrado en sí mismo no podrá germinar y dar fruto. Por eso seguir a Jesús implica transformarse, convertirse. Supone morir a uno mismo para vivir. Sólo el que es capaz de no ponerse a sí mismo en el centro podrá dar fruto y tendrá vida. Jesús propone un camino de amor y éste precisamente consiste en salir de uno mismo y entregarse al otro.
Hoy nos invita a seguirle con todas las consecuencias. A estar dispuestos a vivir como discípulos suyos. Y ese camino conlleva renuncias a los propios deseos. Nunca significará despreciarse a uno mismo o hacerse daño. Jesús enseña que hay que amarse a uno mismo (“amar al prójimo como a ti mismo”). Pero el camino para hacerlo es vivir como discípulos suyos, poner por encima de nosotros y nuestras prioridades a Jesús, al proyecto de Dios. Y en ese sentido se entiende entregar la propia vida. ¿Qué hay más grande que eso?
Jesús te invita a encontrar el camino de la entrega, del amor, del servicio. Y eso implica morir, como el grano de trigo ¿estás dispuesto a aceptar este cambio, a ser una persona nueva?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.