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Lunes 7 de septiembre

Lunes, 7 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 6-11
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: Levántate y ponte ahí en medio. Él se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir? Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: Extiende el brazo. Él lo hizo y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

Pistas: El sábado, el día que los judíos dedican a Dios, Jesús entra en la sinagoga para enseñar. Y los fariseos (los más religiosos y cumplidores) y letrados (los expertos en la ley) están vigilando qué hace.
Jesús se enfrenta a una religiosidad que en muchos aspectos ha perdido de vista lo esencial. Parece que muchos se han olvidado que toda la ley y los profetas se resumen en amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. No les importa el hombre enfermo, ni Aquél a quien honran el sábado y que convierte en sagrado ese día. Jesús les da la oportunidad de pensar e intenta ponerlos ante su contradicción.
A veces me planteo: ¿Qué sería más importante para muchos cristianos: la cofradía, la procesión, la tradición, un puesto en la parroquia, que esto «siempre se hizo así», la imagen que los demás tienen de mí, mi manera de entender la religión…? ¿o amar a Dios, amar al prójimo, vivir como discípulo de Jesús? ¿hacer el bien o el mal? ¿salvar a uno o dejarlo morir?
Se ponen furiosos porque Jesús les contraria, les hace pensar y cuestionarse su manera de vivir la religión. No sólo eso. Les obliga a revisar su estilo de vida. Es fácil pensar: qué malos son los fariseos que no ven que Jesús es un hombre bueno y le tienen envidia… Pero es más interesante que pensemos en qué nos parecemos a esos letrados y fariseos que no son capaces de ver más allá de si mismos, de sus tradiciones, de sus maneras de hacer las cosas…. Jesús enseña algo diferente: enseña a vivir en el amor.
Ser discípulo de Jesús hoy conlleva cumplir unas normas y unos mandamientos, unas tradiciones… pero todo esto no sirve de nada, ni tiene sentido, ni siquiera nos acerca a Dios si no lleva consigo un trabajo en lo profundo del corazón, si no dejamos que el amor de Dios, el Espíritu Santo, nos llene de tal modo que le dé sentido a todo. Sólo así nuestra religiosidad y nuestra vida corresponderán al amor que Dios nos tiene y que nos salva.
Jesús hoy también te mira a ti y te pregunta: ¿Qué quieres hacer, cómo quieres vivir?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 6 de septiembre

Domingo, 6 de septiembre
XXIII domingo del tiempo ordinario, ciclo a

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro además que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Pistas: Jesús enseña a vivir en el amor. Por eso, la vida de los que nos rodean nos tiene que importar. No sólo su bienestar material o físico, también el espiritual. Quizás nuestra sociedad se ha vuelto demasiado individualista y hemos ensalzado nuestro propio criterio como la norma. Que no se metan en mi vida y yo no me meto en la de los demás y así no busco complicaciones. Los demás me importan en tanto en cuanto me hacen feliz o son relevantes para mi vida. Incluso llegamos a ver normal utilizar a los demás para nuestro interés.
Lo que nos dice el Evangelio de hoy es todo lo contrario. Nos invita a estar pendientes de los demás, a amarlos, a preocuparnos por ellos y dejar que los demás se preocupen por nosotros. Es nuestra responsabilidad como hermanos en Cristo.
¿Cómo se concreta esto? En cuestiones como la corrección fraterna de la que nos habla este Evangelio de hoy ¿lo has hecho alguna vez? ¿has corregido, ayudado, a alguien que ves que está haciendo las cosas mal? ¿te has dejado corregir? Puedes reflexionar y rezar sobre esto.
Detrás debe estar la comunidad. No se trata de manipular o dirigir a los demás para que sigan nuestros criterios o intereses. La libertad de la persona es total para cambiar o no, y para aceptar o no las consecuencias de esa libertad. Por ello, no se trata de presionar o ser marionetas. Ser discípulos de Jesús es crecer y ayudar a crecer a los demás. Por eso, la comunidad es la garantía, en ella está Jesús, es la Iglesia. Y Jesús le da el poder para “atar y desatar”.
Por último, el Evangelio nos habla del poder de la oración comunitaria de intercesión. Es el poder de rezar unos por otros. Esto no hay otra manera de entenderlo más que poniéndolo en práctica con fe. Orar junto con otras personas nos ayuda en el día a día, en los problemas y situaciones cotidianas. «Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Y verás las maravillas de Dios y su poder.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 5 de septiembre

Sábado, 5 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 1-5
Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido? Jesús les replicó: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros. Y añadió: El Hijo del Hombre es señor del sábado.

Pistas: En tiempos de Jesús, en muchos sectores la práctica religiosa judía se había vuelto mero cumplimiento externo con muchísimas normas y tradiciones que cumplir. Jesús no invalida los mandamientos o las normas. Pero quiere que sus discípulos entiendan que de nada sirve cumplir externamente si no se va a lo profundo.
Los judíos tenían estipulados qué trabajos podían realizar en sábado y cuáles no, y hasta cuántos pasos podían dar… es su modo de dedicar un día al Señor. Y, en ocasiones, por ser fieles a lo externo dejaban al margen otras cosas más importantes. Y convertían, como nos puede pasar a nosotros, la religión en meras apariencias.
Este Evangelio puede servirnos para examinar nuestra religiosidad. Ser cristianos supone vivir como Jesús. No se trata de practicar con rigidez unas normas, sino de acoger el Espíritu Santo, estar llenos de Él, hacer sus obras y dejarnos guiar por Él. Y, así, seguir a Jesús en todo.
Los enemigos de Jesús intentan acusarle de no cumplir las tradiciones y normas. No quieren descubrir quién es y se conforman con vivir superficialmente. Pero Jesús enseña a vivir desde el corazón, desde el interior, y que eso se manifieste en nuestras acciones.
Examina hoy tu vida de fe y tu religiosidad. Se trata de conocer a Jesús y seguirle, de vivir como discípulo suyo. Dice un amigo mío que a veces andamos pendientes de las cosas de Dios y nos olvidamos del Dios de las cosas. Y es que puedes vivir religiosamente pero no enterarte de que Dios te ama, ni vivir en ese amor. Y, entonces ¿de qué sirve todo lo demás? Dios te transformará y te cambiará. Tú sólo tienes que abrir tu puerta y caminar a su lado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 4 de septiembre

Viernes, 4 de septiembre
XXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 5, 33-39
En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los letrados: Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio los tuyos, a comer y a beber.
Jesús les contestó: ¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán.
Y añadió esta comparación: Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque revientan los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos.
Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: «Esta bueno el añejo».

Pistas: Jesús no está apegado a los formalismos, a hacer las cosas porque “siempre se han hecho así”. Siempre va a lo profundo de las actitudes, de las tradiciones… Enseña en muchas ocasiones la importancia del ayuno. Pero hoy resalta la novedad de su presencia y su mensaje. Jesús no es cualquiera. Su presencia es motivo de fiesta… Y esta idea la irá desarrollando: no sólo creer en su palabra o en su mensaje es suficiente. Hay que creer en Él y seguirle para poder encontrar vida, entrar en el Reino y salvarse.
Parecen una contradicción los ejemplos que pone. Primero dice: lo nuevo es lo que vale, la novedad que trae tiene que ser aceptada rompiendo con lo anterior porque lo hará entrar en crisis. Y luego: lo añejo, lo viejo es bueno. Y es que en Jesús se da una tensión porque, como explica en muchas ocasiones, Él viene a llevar a plenitud lo que Dios ha revelado. Lo antiguo alcanza tal plenitud en Él, que tiene que ser reinterpretado desde su identidad, desde la novedad que Él trae. Pero fue el mismo Espíritu Santo el que progresivamente mostró a los hombres quién es Dios.
Para rezar con este Evangelio te invito a que pienses en las motivaciones de tu religiosidad y descubras que Jesús hace las cosas nuevas. Pero no con esnobismos ni con tradiciones vacías, sino con vida. Siguiéndole a Él, viviendo desde lo profundo, entenderás por qué Jesús cambia los modos de hacer las cosas y a la vez es absolutamente fiel al Padre.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 3 de septiembre

Jueves, 3 de septiembre
San Gregorio Magno, Papa y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Pistas: Llegas cansado y frustrado después de estar todo el día intentando pescar y Jesús se pone a enseñar en tu barca. Y, después, te dice: “rema mar adentro y echad las redes para pescar”. Cualquiera pensaría: buf… qué pocas ganas. Imagino a Pedro: éste de hablar sabe, pero de pesca, si nosotros no lo hemos logrado en toda la noche, buenas ganas tengo yo ahora de ir mar adentro…
Pero se fía de la palabra de Jesús (hace un par de días nos contaba el Evangelio que el demonio no resistía la palabra de Jesús, que ésta tiene autoridad). Y obedece. Y entonces sucede el milagro.
No sólo es una pesca normal, es extraordinaria, sobreabundante. Jesús no hace las cosas a medias. Y le ofrece a Simón una nueva vida: ahora serás pescador de hombres. Pedro (Simón) dejó entrar a Jesús en sus cosas, en su vida, en su cansancio, en medio de la situación en la que estaba. No esperó al momento ideal, a las circunstancias adecuadas. Cuando Jesús quiso subir a la barca, subió, cuando le mandó remar mar adentro, remó.
Ahora ilumina tu vida con lo que nos enseña el Evangelio: obedecer a Jesús, escucharle, dejarle entrar en tus cosas. A pesar del cansancio o de la frustración. Por su Palabra y fiándote de Él tendrás mucho más de lo que puedas imaginar. Mucho más.
Por eso merece la pena dejar lo que sea necesario. No para seguir una ideología o por un espejismo, sino para seguir a Jesús y descubrir y hacer su voluntad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 2 de septiembre

Miércoles, 2 de septiembre
XXII Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. El, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera, se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: Tú eres el Hijo de Dios. Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado. Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Pistas: El lunes rezábamos con el pasaje en que Jesús afirmaba que se cumplía en Él la profecía de Isaías que había leído en la sinagoga: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor”. Ayer Jesús expulsaba un demonio con la autoridad de su palabra y hoy nos cuenta San Lucas cómo cura a la suegra de Simón, y a todos los enfermos que le llevaban, y anuncia la buena nueva del Reino de Dios. Se hace realidad el anuncio del profeta. Jesús cumple las promesas de Dios.
Libertad, salvación, salud, vida… Jesús trae todo esto y lo trae para todos, como nos dice el Evangelio de hoy.
También nos cuenta la curación de la suegra de Pedro. Hay un detalle que puede hacernos pensar, cuando Jesús la cura, ella se levanta y se pone a servirles. Seguro que has experimentado lo que es tener fiebre, cómo le abandonan las fuerzas a uno. Eso mismo hace el pecado: nos debilita. Pero cuando Jesús nos libera de él, entonces podemos levantarnos y servirle. Porque reconocemos su presencia, nos llenamos de su fuerza y actuamos con poder. Porque Jesús sana, libera y salva.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 31 de agosto

Lunes, 31 de agosto
XXII Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 4, 16-30
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.
Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: ¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Jesús lee la profecía de Isaías y anuncia su cumplimiento. En Jesús mismo se cumple: es el Ungido por el Espíritu, el enviado que anuncia la buena noticia, el que trae libertad, el que anuncia el año de gracia del Señor (en referencia al año jubilar del que habla el libro del Levítico, cuando se cancelaban las deudas y todas las posesiones retornaban a sus primitivos dueños, porque todo es de Dios y Él lo reparte entre sus elegidos).
Los que tienen los ojos fijos en Él se admiran… pero después empiezan los prejuicios: ¿No es el hijo de José? Por un lado, creen saber de dónde viene Jesús y que por ello y desde esa perspectiva pueden juzgarle. Por otro, su visión mundana y nacionalista judía del mesías les impide comprender que la profecía de Isaías no es sólo para ellos, es para todos. Jesús les expone dos ejemplos del Antiguo Testamento de extranjeros a los que Dios salva. No hay un pueblo elegido, sino la humanidad entera. Pero no sólo desconfían de Jesús y le rechazan, sino que quieren matarlo.
Este Evangelio nos presenta tres posturas ante Jesús: tener los ojos fijos en Él y escucharle, dejar que nuestros prejuicios e ideas nos alejen de Él y rechazarle, y, por último, expulsarlo de nuestra vida porque no se quiere aceptar su Palabra. Es decir, intentar acabar con Él.
Relee el Evangelio dejando que la Palabra de Dios resuene en tu interior ¿Qué quiere decirte hoy a ti? Su Palabra se cumple también para ti, hoy, ahora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 30 de agosto

Domingo, 30 de agosto
XXII domingo del tiempo ordinario, ciclo A

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 16, 21-27
En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
—¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.
Jesús se volvió y dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.
Entonces dijo a los discípulos: El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

Pistas: Poco antes de lo que nos narra el relato de hoy, Jesús había preguntado a sus discípulos ¿vosotros quién decís que soy yo? Y Pedro había respondido: “El Mesías, el hijo de Dios vivo”. Jesús le llama la roca sobre la que edificará su Iglesia. Y acto seguido, este jarro de agua fría. El camino de Jesús pasa por la cruz, por el desprecio y la muerte. Pasa por entregar la vida hasta el extremo.
Muchas veces en nuestra manera de imaginar la acción de Dios, el Reino, cómo debería ser el Mesías, nos pasa como a Pedro: no queremos cruz, ni sufrimiento, ni dificultades. Nos parece incompatible con un Dios que nos ame y que esté a nuestro favor. Nos parece incompatible con el enviado, el Mesías. “Pero Jesús, esto no puede pasarte a ti. El camino debe ser de triunfo, de éxito. Si Dios está contigo, si eres el Mesías ¿cómo va a permitir Dios eso?”. Y así pensamos como los hombres, no como Dios.
El camino que Jesús recorrerá y propone es negarse a uno mismo, y elegir el amor y la entrega de la vida. El camino es seguir a Jesús y renunciar a lo fácil: frente al odio el amor, frente al rencor el perdón, frente al egoísmo la generosidad, frente a la duda la fe…Y si vienen cruces no renegar de Dios, sino cogerlas y seguirle.
Lo fácil es amoldarse al mundo, dejarse llevar por la corriente y las ideas imperantes. Lo difícil, abrazar la cruz y con ella caminar.
Y dice Jesús: si pierdes la vida la ganarás, si la entregas la ganarás porque ése es el camino de la resurrección y la vida, es el camino del Espíritu, de la verdad, de la libertad… y pasa por la cruz.
Pero este no es el final. El final es que Jesús ha vencido, que hay un cielo, una vida eterna para los que hemos decidido seguirle, aunque como Pedro a veces caigamos, neguemos y nos equivoquemos, si sigues con Jesús, el final será la vida que no termina, el cielo.
El reto para esta semana es que te preguntes ¿de qué me sirve ganar el mundo entero si malogro, estropeo, pierdo, la vida? ¿en qué estás poniendo tu corazón, tus esfuerzos, tu tiempo, tu energía? Y si quieres, cada vez que veas algo que implique cargar con la cruz, negarte a ti mismo, respondas: Jesús, te elijo a ti, elijo seguirte a ti, elijo tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 29 de agosto

Sábado, 29 de agosto
Martirio de San Juan Bautista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: -«Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»
Y le juró:
-«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella salió a preguntarle a su madre:
-«¿Qué le pido?»
La madre le contestó:
-«La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: -«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Pistas: El mundo de Herodes no es el mundo de la verdad, del bien, de la justicia… Todos saben que no está bien lo que sucede, pero dicen y hacen lo que les permite mantener su posición, lo que les parece políticamente correcto y mejor responde a sus intereses. Todos, menos Juan Bautista.
Defienden una afirmación y la contraria. Herodes escucha con gusto a Juan el Bautista, pero le entrega su cabeza en una bandeja a su amante.
Cuánto se parece aquel mundo al nuestro. Cuántas veces personalmente, o como sociedad, sabemos la verdad y preferimos hacer lo políticamente correcto. Buscamos el bien y lo queremos, pero acabamos sucumbiendo a la comodidad, al qué dirán, no nos atrevemos a ir contracorriente ni a llamar a las cosas por su nombre. Y preferimos vivir en una mentira que arriesgarnos a luchar por cambiar nuestra vida y lo que nos rodea.
Lo cómodo en este Evangelio sería mirar a los políticos que lo hacen mal, a los líderes religiosos que lo hacen mal, a los medios de comunicación que manipulan, a la sociedad y la cultura imperante… y echar a ellos la culpa. Pero si nos quedamos ahí, acusando a otros de lo que sucede, no sirve de nada. Hay que dar un paso más: ¡mírate a ti mismo! ¿Qué hay en ti de Herodes, de Herodías o de su hija? ¿Cuántas veces eres capaz de pensar una cosa y hacer otra completamente incompatibles? ¿Cuántas veces prefieres no llamar a las cosas por su nombre para no tener que tomar postura y terminas dejándote llevar? ¿Cuántas veces te seduce el poder, el placer, la imagen, la posición?
Jesús -como hemos venido profundizando al leer el Evangelio- nos invita a vivir de un modo completamente distinto. Ser discípulos suyos puede significar muchas veces ir contracorriente. Pero también significa vivir en la verdad, en el bien, en la libertad, en el verdadero amor, en la justicia. ¿Herodes o Jesús? ¿Mentira, engaño, intereses… o verdad, libertad, justicia?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 16,21-27. 
Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá».
Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.