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Lunes 28 de agosto

Lunes 28 de agosto
San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 13-22
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: «Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga»! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: «Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga». ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo, jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.

Pistas: Eres referencia para los demás por tu fe o simplemente eres el que de vez en cuando va a misa y dice que reza. O practicas tu fe y no te atreves a decirlo. Si ocupas un puesto de responsabilidad en la Iglesia o en tu comunidad, si de algún modo eres referencia para otros, este Evangelio es un toque de atención contra la hipocresía (que permite llevar una vida mediocre, sin compromiso, falsa; y escandaliza a otros que por las contradicciones creen que es mentira), contra la utilización de la religión y lo sagrado para los propios intereses.
A veces estas cosas se nos cuelan, buscamos excusas para justificarlas y son un pecado muy grave que nos aparta de Dios. Nos impiden crecer, convierten en cotidiana la mentira, el egoísmo… Y hacen mucho daño a la Iglesia, porque impiden a otros ver a Dios.
Pero, no temas. Tienes la medicina contra esto: la verdad -llamar a las cosas por su nombre en tu vida- y acercarte a Jesús –aprender de Él, el único modelo, el único Maestro-, viviendo como discípulo suyo, cambiando el cumplimiento por amor, el conformismo por entrega. Así serás bienaventurado, no te atrapará la hipocresía y conocerás la verdadera felicidad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Domingo 27 de agosto

Domingo 27 de agosto
Semana XXI del tiempo ordinario, ciclo A

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Pistas: “Dichoso tú”. Dichoso tú si eres capaz de profesar tu fe.
Dos preguntas lanza hoy el Evangelio: ¿Quién dice la gente que es Jesús? Y para ti ¿quién es? Si tienes fe, dichoso tú porque Dios te la ha regalado. Si te sientes un poco frío, pídela. No vivas de oídas. Necesitas experimentarlo en tu corazón (en tu interior) que Jesús es quien dice ser. Que en Él hay verdad, vida y salvación. La fe es un don, pero al mismo tiempo hay que dar el paso de responder y decir quién es Jesús. Reza con esto. Dale gracias a Dios por la fe, o pídele, o las dos cosas, y confiesa con tu corazón y con tus labios que Jesús es el Señor de tu vida.
Una vez que Pedro reconoce que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, Jesús le da una misión y le capacita para llevarla a cabo. Le manda ser cimiento de la Iglesia y le da poder para ello. Esto mismo pasará en tu vida si te acercas a Jesús con fe. Te mostrará un camino y te dará fuerza para recorrerlo. Tal vez te parezca que te pide cosas imposibles, pero te dará la fuerza para hacerlas. Una fuerza interior que nada ni nadie podrá quitarte si permaneces unido al Señor. La fuerza del Espíritu Santo que, unido al tuyo, te capacitará para vivir como discípulo de Jesús y construir su Reino en tu vida y en el mundo. Te hará capaz de descubrir y cumplir su voluntad.
Si quieres, reza también con esto. Pídele al Señor conocer y seguir sus caminos, descubrir qué quiere de ti y saber que tienes la fuerza para hacerlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 26 de agosto

Sábado 26 de agosto
Semana XX del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23,1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Guías”, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

Pistas: La cátedra de Moisés es la autoridad para enseñar la ley de Dios. Los que la ocupan, la enseñan pero no la viven. Y Jesús quiere enseñar cómo han de vivir los puestos de autoridad sus discípulos.
Hoy el Evangelio puede servirnos para reflexionar sobre dos aspectos. Primero, cómo me comporto yo ante la autoridad. Podemos concluir de las palabras de Jesús, que aunque en la Iglesia algunas veces personas hipócritas, que anuncian una cosa y viven otra, ocupan puestos de responsabilidad, eso no debería servirnos de excusa. Jesús dice: «observad todo lo que os digan, pero no imitéis su conducta». Porque, para mal o para bien, no son las personas: es Cristo a quien seguimos. Ni al cura que me cae bien y es muy santo, ni a la persona a la que admiro por su fe, ni siquiera al Papa Francisco: sólo Cristo es quien salva. Existe un doble peligro: perdernos el regalo de la fe por personas que no están viviendo lo que anuncian, es decir, por el pecado de los demás. Y, por otro lado, la idolatría de las personas que nos fallarán y pecarán y se equivocarán como nosotros. Sólo Cristo salva.
Segundo aspecto: si tienes responsabilidad en la Iglesia (en tu parroquia, en tu comunidad, en tu familia, en tu grupo de amigos), el camino para ser grande, para ser maestro, para ser guía… es servir, poner a Jesús en el centro, descubrir que sólo Él es grande, sólo Él es el Maestro y sólo Él es el guía.
Puedes concretar todo esto en tu vida haciendo un examen de conciencia y preguntándote en qué te pareces a los fariseos y escribas que buscaban su propia gloria y en qué al ideal que propone Jesús: servir y ser humilde. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Fíate de Él, de su ejemplo y enseñanza. No de la institución, las personas, ni tú o yo. Sólo Él, sólo Cristo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

(Hoy os envío un enlace a una canción que igual os ayuda a rezar… https://www.youtube.com/watch?v=4VBWzviKXVY y aquí la podéis descargar https://www.dropbox.com/s/o0akne9bzzs8el4/Seth%20Condrey%20%20%20%C3%89l%20es%20Cristo%20%28He%20is%20Jesus%29%20%20%20North%20Point%20En%20Vivo%202017.mp3?dl=0 )

Viernes 25 de agosto

Viernes 25 de agosto
Semana XX del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Pistas: Amar a Dios con todo el corazón, alma y ser. Amar al prójimo como a uno mismo. San Agustín dirá: ‘Ama y haz lo que quieras’. Toda la ley y los profetas, todo lo que Dios ha ido revelando sobre cómo entender la realidad y vivir según su voluntad se resume en amar. Ésa es la clave.
Pero no es algo abstracto. Amar implica un estilo de vida, unas decisiones, unas renuncias… Implica elegir un camino.
Pregúntate ¿estoy amando a Dios? Piensa en cosas concretas: tu oración, los sacramentos, cuánto tiempo le dedicas a Dios, qué haces para que tu amor a Dios sea con todo el corazón, con toda el alma y con todo tu ser.
Pregúntate también ¿amo al prójimo? Piensa en las personas a las que te cuesta amar. No se trata sólo de sentimientos sino de una elección, de tu modo de actuar. Si creces en la fe, si amas a Dios, crecerás también en amor al prójimo y a ti mismo. Porque descubrir el amor incondicional de Dios te llevará a querer corresponderle. Y ya no te conformarás con amar a los demás de cualquier manera, porque Dios mismo te ha enseñado a amar.
Y aprenderás a mirarte a ti mismo como Dios te mira, a conocerte y aceptarte porque Dios te ha enseñado a amar. No podrás amar a Dios ni a los demás si no te amas a ti mismo. Por eso la fe restaura el corazón, sana las heridas. Por eso el amor cura a la persona y hace salir del pecado, del egoísmo, de la desesperación.
Éste es el camino que Jesús nos propone seguir: amar y ser amados. Es un don y es una tarea. Dios ama primero y te invita a entrar en esa dinámica de amor. Y en eso se sostiene toda la vida cristiana, en un amor incondicional e inmenso que lo llena todo porque viene de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 24 de agosto

Jueves 24 de agosto
San Bartolomé, Apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» Felipe le contestó: «Ven y verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?» Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre

Pistas: “Ven y verás”. Felipe fue y vio. E invita a otros a hacer lo mismo. Natanael (Bartolomé) fue y vio. De esto se trata la vida cristiana. Aunque te lo cuenten, aunque vivas tradiciones y cumplas, aunque tengas prejuicios, necesitas ir y ver. También da igual que se lo cuentes a otros, que le expliques teología a un amigo tuyo y le hables de todo lo que significa el cristianismo. Necesita ir y ver. Necesita encontrarse con Jesús, seguirle, aprender, conocer. Y eso será sólo el principio.
Reflexiona en qué momento estás tú. Necesitas dar el paso de acercarte a Jesús y dejar de vivir de oídas. O, tal vez, encuentras a personas en tu camino a las que quieres acercar a Jesús. El texto de hoy te muestra el camino. Y recuerda: “has de ver cosas mayores”. No te acomodes, sigue a Jesús. Porque ser discípulo es todo lo contrario de una vida rutinaria. Por eso, si ya lo has encontrado, necesitas seguir creciendo y aprendiendo cada día. “Ven y verás”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 23 de agosto

Miércoles 23 de agosto
Semana XX tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú en vida porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Pistas: Ayer Pedro preguntaba a Jesús cuál sería la recompensa que tendrían ellos por haberlo dejado todo y seguirle. Hoy la parábola nos enseña que la justicia del Reino son la misericordia y la salvación inmerecidas. Y ésa es la recompensa. Si entras en el Reino, si vas a la viña ¿cuál es el “salario»?
En la parábola de hoy el propietario contrata jornaleros para su viña y ajusta un jornal con los primeros y luego llama a los que están desocupados en la plaza. Es interesante pensar ¿qué estarían haciendo los que estaban por la plaza? Andarían a sus cosas, a su aire… porque él ya había pasado por allí contratando. Pero finalmente responden a la llamada y van.
Esta parábola habla de la misericordia de Dios que invita a entrar en su Reino sin tener en cuenta el pasado. Porque así es el amor: no lleva cuentas del pasado. Así que, si quieres seguir a Jesús, ponte a tiro, vete a la plaza (vete a la Iglesia, acércate a Jesús). Escucha su voz y síguele, aunque durante mucho tiempo no lo hayas hecho. No es el Dios injusto que trata igual a los buenos y a los malos. Es el Dios misericordioso que ama y salva a los que van a su viña, a los que entran en su Reino. Esto nos tiene que llevar a construir una Iglesia en la que no existen cristianos de primera y de segunda.
Si llevas mucho tiempo trabajando en la viña, esta parábola también te puede enseñar algo. El cansancio, el esfuerzo, la lucha, el sufrimiento… habrán formado parte de tu tarea y vas a tener la misma recompensa que otros que quizás no han luchado, ni trabajado ni se han esforzado como tú. Pero el Reino del que Jesús habla es el de la gratuidad, el del amor y la misericordia. Y entrar en él significa descubrir esta dinámica (como en la parábola del hijo pródigo ocurre con el hijo mayor… tanto tiempo en casa y con su corazón tan lejos del padre). Porque el amor y la salvación de Dios no se puede medir. En realidad, la recompensa no es un puesto más o menos importante en la iglesia o en el cielo, la recompensa es Dios mismo que te ama y te salva, y todo lo que esto significa.
Relee el Evangelio y descubre qué es lo que el Señor quiere decirte hoy a ti, en tu situación concreta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 22 de agosto

Martes 22 de agosto
Bienaventurada Virgen María, Reina.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Creedme: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos.
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.
Entonces le dijo Pedro: Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar? Jesús les dijo: Creedme, cuando llegue la renovación, y el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que
me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos, para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.

Pistas: En el mundo judío los bienes y las riquezas son signo de la bendición de Dios. Al justo le va bien en la vida según la mentalidad judía y por eso a los discípulos les deja asombrados la afirmación de Jesús. Si recuerdas, ayer leíamos el encuentro de Jesús con el joven rico. Parece que los discípulos no entendían demasiado bien por dónde iba Jesús.
La pregunta es: ¿Dónde tiene el rico puesto su corazón? ¿en las riquezas y lo que éstas le proporcionan? La pregunta para ti es: ¿Dónde tienes tú puesto tu corazón? Si tienes dudas de si algo ocupa el lugar de Dios, imagina que te pide que renuncies a eso o que lo pierdes ¿serías capaz de seguir viviendo con paz y alegría? o ¿serías capaz de renunciar a ello por un bien mayor?
La salvación no está en las cosas, en lo material, ni en aquello que te parece imprescindible. Sólo Dios salva, sólo Él lo puede todo.
Jesús dice que “muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros”. Porque las cosas, el poder, la riqueza, la posición o la imagen (y también eso que quizás estás descubriendo que ocupa tu corazón) y que hace que el mundo te considere de los primeros, no son lo que te hará el primero según el mensaje de Jesús. Ni lo que te dará una vida plena, aunque así te lo prometa.
Dejarlo todo por Jesús, por su proyecto en tu vida, fiarte de Él y seguirle te dará mucho más de lo que puedas imaginar. Eso debe ser la Iglesia, la comunidad. Esto que comienza aquí y ahora (el Reino de los Cielos en el que entras al seguir a Jesús) culmina en la vida eterna. Nadie ni nada podrán ofrecerte más.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 21 de agosto

Lunes 21 de agosto
San Pío X, papa.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 16-22

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Él le preguntó:¿Cuáles? Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta? Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres así tendrás un tesoro en el cielo y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Pistas: El pasaje de hoy nos presenta dos maneras de seguir a Jesús: cumpliendo y siendo buenos o llegando hasta el final.
Este joven era rico, ése era su tesoro. El dinero y lo que ello da era muy importante para Él. Pero era bueno y cumplía los mandamientos. Sin embargo, no fue capaz de seguir el camino al que Jesús le invitaba. Pero sentía que le faltaba algo, por eso le pregunta a Jesús: “¿Qué me falta?”. Porque con el cumplimiento, con las normas, no le llegaba.
Esto les pasa a las personas de nuestro tiempo cuando les presentamos una fe de mínimos, sin exigencia, en la que todo vale, sin encuentro con Jesús y sin entrega, en la que lo único que importa es ser buenos –o parecerlo-.
El joven pregunta qué le falta y Jesús le enseña cuál es su ídolo, su apego. Y le invita a dejarlo y seguirle. Porque todo lo demás es pasajero.
No es fácil fiarse de Jesús plenamente. A veces es como lanzarse al vacío. Pero ése es el verdadero tesoro –para ahora y para la vida eterna-. Porque una vida sólo de bondad y cumplimiento desemboca en la tristeza si no se sigue a Jesús y si no descubres el camino que Él tiene para ti. Tal vez Jesús te haya preparado para ser empresario, cura, monja, padre o madre de familia…. Da igual. Lo importante es: ¿Qué te falta? ¿qué es lo que Jesús te está pidiendo que ”vendas” para poder seguirle? No sólo seas bueno, sigue a Jesús y encontrarás el tesoro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 20 de agosto

Domingo 20 de agosto
XX semana del tiempo ordinario. Ciclo A

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas
descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: Señor, socórreme. Él le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Pistas: Da qué pensar este Evangelio. Parece que Jesús no puede tratar así a alguien ni tener una idea restrictiva de salvación. Entonces ¿de qué habla el Evangelio de hoy? En primer lugar, de la fe y la perseverancia. Aquella mujer creía en
Jesús por encima de todo. No duda del poder de Jesús para salvar a su hija. Y persevera. Consigue primero que los discípulos hablen con Jesús, quizás no por compasión, pero se acercan a pedirle que la atienda. Y, después, se presenta ante Jesús, se pone de rodillas y le pide. Y en el diálogo se mantiene firme en su fe. La constancia le ha abierto la puerta.
En segundo lugar, se pone en entredicho la idea de un Mesías político y nacionalista judío, una salvación sólo para el pueblo judío mientras que los extranjeros son infieles y quedan fuera. La fe de la mujer es ejemplar y conmueve a Jesús. Y la acoge.
Este milagro de Jesús se les quedó grabado y cuando la comunidad de Mateo comenzó a aceptar a los paganos, este relato les servía para entender que para Jesús lo importante no es la procedencia, el sexo, la posición social… sino la fe.
Por eso este Evangelio puede hacerte mirar a tu propia fe y perseverancia. También tu postura en la Iglesia. El pan (la Eucaristía y lo que significa) no sólo es para los que están sentados a la mesa, sino para todos. Quizás Jesús necesite que tú y yo salgamos a buscar e invitar a los que necesitan encontrarse con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 19 de agosto

Sábado 19 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 13-15
En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos les regañaban.
Jesús dijo: Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los Cielos. Les impuso las manos y se marchó de allí.

Pistas: ¿Cómo acoger el Reino de los cielos? Como un niño: pequeños, necesitados, curiosos, sencillos, con capacidad de asombro, confiados, dicen lo que piensan… así son los niños. No se trata de infantilizarse para acoger la fe, sino de tener sus actitudes.
A veces pensamos que se trata de programar grandes planes y proyectos, de mucho esfuerzo y trabajo personal (que son necesarios). Pero de nada servirán sin una actitud como la de un niño ante Jesús. El niño sólo quiere estar con quien le quiere, al lado de la persona con la que está a gusto, acoge lo que le dan, si necesita algo lo pide y sabe que los que le quieren no le fallarán.
¿Cuál es tu actitud ante Jesús? ¿en qué necesitas hacerte como un niño? Las actitudes que nos enseña el Evangelio de hoy son: estar con Jesús y dejarnos bendecir y amar por Él (a pesar de que otros puedan intentar que no le conozcamos). Nos pide un corazón sencillo capaz de priorizar lo verdaderamente importante.
Por último, también puede hacernos reflexionar esta escena sobre cómo tratamos a los que intentan acercarse a Jesús y los creemos más pequeños o inferiores a nosotros. “No se lo impidáis”. Jesús espera de nosotros también que le acerquemos a otros para que puedan descubrirle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración