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Martes 8 de agosto

Martes 8 de agosto
Santo Domingo De Guzmán, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 15, 1-2. 10-14

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y letrados de Jerusalén y le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos desprecian la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer? Y, llamando a la gente, les dijo: Escuchad y entended: No mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre.
Se acercaron los discípulos y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte? Respondió él: La planta que no haya plantado mi Padre del cielo, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.

Pistas: La imagen, las apariencias, el “qué dirán”, pesan mucho en nuestra sociedad y también en nuestra Iglesia. ¿Cuántas veces nos aferramos a tradiciones externas, a maneras de hacer las cosas, para no tener que mirar dentro de nosotros? Y nos escandalizamos y señalamos a otros cuando no cumplen. Nos preocupamos porque las cosas “no son como antes” aunque nuestro corazón esté vacío o hayamos dejado sitio al pecado en él. Nos importan las cosas, lo externo, pero no las personas. Y buscamos la manera de señalar a los demás para creernos mejores y estar tranquilos.
No son las apariencias ni las tradiciones, sino lo que hay en tu corazón lo que importa. Porque eso es lo que te mueve. Para qué mirar a los demás. Mejor mira dentro de ti: ¿qué encuentras?
Si eres guía de otros -en tu familia, entre tus amigos, en tu comunidad o en tu parroquia- deja que la Palabra de Dios te hable. Jesús es la luz y el Espíritu Santo hace brillar esa luz en tu corazón. Ahí es donde tienes que mirar y preguntarte ¿qué tengo dentro? ¿qué sale de ahí?
Si Jesús es tu guía, si el Espíritu Santo llena de la luz de Jesús tu corazón, no eres ciego. Caminarás y ayudarás a otros a caminar. Y harás las obras del Espíritu, porque de tu corazón saldrá lo que te llena, porque Jesús orienta tus pasos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 7 de agosto

Lunes 7 de agosto
San Sixto II, Papa y compañeros mártires
San Cayetano, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 14, 22-36

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame.
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto y cuantos la tocaron quedaron curados.

Pistas: Este pasaje lo sitúa San Mateo después de la multiplicación de los panes y los peces, un momento en el que los discípulos se habían enfrentado a sus dudas. Jesús les había asegurado que podría dar de comer a la multitud, pero ellos no fueron conscientes de ese poder hasta que su fe se fue acrecentando.
Hoy Jesús pone de nuevo a prueba la fe de sus más cercanos. Los discípulos le han escuchado, le han visto hacer milagros, pero tienen que creerse de verdad a Jesús. No pueden quedarse en una teoría, en una doctrina. Todo eso es importante, sí, pero más lo es tener la experiencia de la fe. Fiarse de Jesús y descubrir quién es. Ya no son los milagros que Jesús ha hecho, es la experiencia que tienen de Jesús. Y así también en tu vida tener a Jesús en el interior te lleva a que sea tu referente y llene tu vida, tus acciones, tu forma de ser. Cuando le dejas que entre en tu vida y la cambia, la inunda de principio a fin.
A veces nos ocurre que creemos que ya nos lo sabemos todo, que estamos preparados para seguir a Jesús, para enfrentarnos al mundo con la fe que creemos poseer. Pero entonces una tempestad, un problema, un reto, un traspiés nos hacen dudar. Como Pedro, le decimos: Allá vamos, Señor. Pero cambia el tiempo, llega una tormenta y nos echamos para atrás. «¡Qué poca fe!». ¿Por qué dudas, si Jesús va a estar siempre ahí? ¿por qué temes que Él te abandone?
Pedro caminó sobre las aguas. ¿Tres pasos, diez, cincuenta…? No lo sabemos. Pero seguro que fueron los más maravillosos de su vida hasta ese momento. Sin embargo, la fuerza del viento le hizo temer, dudar, tambalearse. Y aún así, Jesús no le dejó hundirse. ¿Y tú? ¿caminas hacia Jesús y a la primera de cambio abandonas? ¿no sabes que Jesús nunca te va a dejar caer?
Cuando afloran las dificultades es fácil dar un paso atrás, esconderse o tener miedo. Pero Jesús es la calma que amaina la tempestad. Si le has dicho sí, no te defraudará. Si le has dicho sí, tu vida ha cambiado, ya no eres el mismo. Si le has dicho sí, vive ya en ti, no temas. Ten fe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 6 de agosto

Domingo 6 de agosto
Transfiguración del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomo consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle. Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: Levantaos, no temáis. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie a visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Pistas: Un poco de luz ilumina la oscuridad más profunda. Y Jesús es la luz del mundo.
Poco antes de la pasión, Jesús se lleva a tres apóstoles a lo alto de la montaña. Allí donde en el Antiguo Testamento Dios se manifestó y se mostró. Allí donde los hombres nos sentimos más cerca de Dios, el mundo se hace más grande y el hombre más pequeño. Y, allí, en lo alto, Jesús se vuelve resplandeciente como el sol y blanco como la luz. ¡Qué mejor manera de mostrar la divinidad que la luz y la blancura! Esto, sin embargo, se volverá difícil de ver en la pasión con la oscuridad, la injusticia, el pecado, la muerte y la sangre. Jesús es la luz, es la verdad, es el camino. Pero todo esto lo entenderán mejor después de la resurrección.
Moisés y Elías. La ley y los profetas. Lo que Dios nos pide, sus mandamientos, su modo de ver las cosas. Y lo que Dios nos cuenta de sí mismo, cómo ilumina la realidad de los hombres y muestra su voluntad. Conversan con Jesús. Porque Él es la plenitud de la revelación, todo lo que Dios ha querido contarnos y decirnos ha alcanzado su cima en Jesús. No sólo eso. Dios mismo se hace hombre en Jesús. Dios mismo se nos da. Dios se hace carne, para que nuestra carne pueda entrar en Dios. Y tampoco se conforma con esto. Nos regala su presencia siempre poderosa y actuando en nuestro corazón: el Espíritu Santo. Por eso: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”. Porque en Él está la plenitud de la revelación.
Se está tan a gusto conociendo a Dios. Dándole vueltas desde lo que sabemos (para los apóstoles la ley y los profetas; para ti, tus ideas sobre Dios). Ellos estaban cómodos ahí, partiendo de lo conocido y viendo la luz de Jesús. Pero Dios no les permite quedarse en la zona de confort. Tienen que profundizar, tienen que descubrir quién es Jesús realmente. Pero sólo podrán entenderlo después de la muerte y resurrección de Jesús. Sólo podrán entenderlo y contarlo con la presencia de Jesús Resucitado y el poder del Espíritu Santo.
Y aquellos hombres que del Antiguo Testamento habían aprendido que no se puede ver a Dios ni escucharle sin morir, se asustan. ¡Qué grande, Jesús!: “Levantaos, no temáis”. Esto nos pasa a ti y a mí, cuando nuestra pequeñez, nuestra poca fe, nuestro pecado, quedan a la luz de Dios. Quizás te preguntes: ¿Qué soy yo ante Dios, si no entiendo casi nada, dudo tantas veces, peco tantas veces? No voy a poder entenderlo, no voy a poder seguirle… ¿Y si todo es una imaginación mía?
Jesús les toca y les dice: “Levantaos, no temáis”. Jesús te toca y te dice: “Levántate, no temas”.
Y, después, hay que bajar de la montaña. Hay que meterse en el día a día, llevando a Jesús resucitado con la luz que ya no deja de brillar, con la luz del Espíritu Santo. Y contarles a todos que esto es verdad. Que su luz llena tu vida, que no es una fábula o una leyenda. Jesús resucitado es vida y da vida.
Ahora, relee el Evangelio, imagínate la escena, sube con los apóstoles ante Jesús, escucha la voz de Dios… Y deja que te llene de su Luz, deja que te llene del Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 5 de agosto

Sábado 5 de agosto
La dedicación de la Basílica de Santa María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 14, 1-12

En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.
El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.
El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre.
Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pistas: Herodes representa la inmoralidad, la corrupción, la injusticia, la superstición. Juan el Bautista simboliza la verdad, la honestidad. Y por eso, cuando Herodes oye hablar de Jesús, que tiene autoridad, como Juan, queda confundido.
El Evangelio de hoy nos pone sobre la mesa muchas cuestiones que hacen daño, a uno mismo o a los demás: poder, placer, injusticia, orgullo… Así sigue nuestro mundo en muchos aspectos, y en ocasiones estas cosas se cuelan también en nuestra vida. Si acoges a Jesús tendrás que cambiar. De lo contrario te sucederá como a Herodes y quedarás atrapado lejos de la verdad. Pregúntate qué está moviendo tu vida. Y si cuestiones como el poder, el orgullo, el placer… te hacen alejarte de Jesús.
Por otra parte, el Evangelio de hoy nos muestra también las consecuencias de vivir como Jesús o como Juan. A la gente embriagada de poder, injusticia… no les importa la verdad, no se dejan interpelar por ella y les molesta que se ponga de manifiesto. Por eso, si tú decides vivir como discípulo de Jesús, muchos te despreciarán, te criticarán… Desde luego no es éste el camino fácil. Pero con Jesús sabemos que es el camino de la salvación, de la luz, de la verdad y de la vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 4 de agosto

Viernes 4 de agosto
San Juan María Vianney, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 54-58

En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Pistas: Piensan que saben quién es Jesús y desconfían de Él. Parece una descripción de muchas personas de nuestra sociedad, e incluso de nosotros mismos en ocasiones. Vivimos instalados en nuestros prejuicios sobre Jesús o sobre la Iglesia o las personas que nos hablan de Él, y por ello no nos acercamos a Jesús, no creemos en Él, no podemos tener fe.
En ocasiones también podemos quedar atrapados en un relativismo en el que no existe la verdad: yo tengo mi verdad y los demás tienen la suya, y todas son legítimas y válidas, decimos. Pero lo que ocurre es que se confunde la libertad de pensamiento y de creencias, con la verdad.
¿Vas a dejar que los prejuicios, el relativismo, las modas o el qué dirán te impidan acercarte a Jesús?
Para que la fe se despierte en nuestro corazón es necesario morir al orgullo de creerse en la posesión de la verdad. Y dejar que Jesús, que es la Verdad, nos sorprenda, nos enseñe. Es necesario el encuentro con Él, vivo, a través de la oración, los sacramentos y la Palabra de Dios.
Entonces, al creer, podremos ver las maravillas de Dios en nuestra vida. Por difícil que sea, por lejos que nos sintamos, por perdidos que nos parezca estar, si te acercas a Jesús y te encuentras con Él, si dejas que te regale la fe, tendrás tu milagro. Dios no falla, Él es fiel.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Solemnidad de la Transfiguración del Señor

Evangelio según San Mateo 17,1-9. 
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo».
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo».
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Jueves 3 de agosto

Jueves 3 de agosto
XVII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 47-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y a los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto? Ellos le contestaron: Sí. Él les dijo: Ya veis, un letrado que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Pistas: Volvemos a meditar este Evangelio que leímos hace pocos días. Nos recuerda que la Iglesia no es la comunidad de los perfectos, en ella hay gente de “toda clase”. No pierdas energías y fuerzas juzgando a los que van contigo. Pero esto no significa que dé todo igual. El final depende de cómo hayas vivido. Así que lo más importante es que mires tu propia vida.
¿Cuántas veces juzgamos a los demás aunque el problema lo tenemos nosotros? ¿Cuántas veces criticamos las situaciones, las personas, la institución… cuando los que tenemos que cambiar somos cada uno personalmente? En ocasiones parece que da igual, que a los malos les va bien y a los buenos no. Es fácil caer en el ¿para qué esforzarse? Pero nosotros sabemos que Jesús no defrauda.
Todos estos días Jesús nos habla del Reino, ayudándonos a comprenderlo. A descubrir cuál es el camino que quiere para sus discípulos. Y hoy nos dice que cuando aprendamos seremos capaces de ser luz para otros, de ayudarles a conocer a Jesús y su enseñanza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 2 de agosto

Miércoles 02 de agosto
San Eusebio de Verceli, obispo
San Pedro Julián Eymard, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 44-45

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo:
el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

Pistas: El Reino es un tesoro. Es algo de tanto valor que merece la pena renunciar a otras cosas para conseguirlo. Merece la pena dar todo lo que uno tiene para obtenerlo.
Hay dos opciones ante este Evangelio. Si ya has encontrado el tesoro, si ya has descubierto la perla… ¿ha cambiado a tu vida? ¿se ha convertido en lo más valioso? Si todavía no lo has encontrado, no temas. Lo encontrarás. Busca a Jesús, acércate a Él, que es el camino, la verdad y la vida. Aquí te puedes preguntar: ¿lo estoy buscando? ¿me acerco a Jesús?
A veces creemos haberlo encontrado pero como no se corresponde con la idea que teníamos preferimos seguir con nuestras cosas antes que renunciar y cambiar. Otras veces creemos haberlo hallado en cuestiones que nos confunden o engañan. Y nos sentimos decepcionados. Pero no te desanimes, sigue buscando. El tesoro del Reino es para ti y si perseveras Dios te lo mostrará, porque quiere compartirlo contigo, que eres discípulo y amigo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Martes 01 de agosto

Martes 01 de agosto
San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa.
Los discípulos se le acercaron a decirle: Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.
El les contestó: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Pistas: Los amigos de Jesús pueden hacer esto: preguntarle, escucharle. Esto es la oración y el grado de intimidad que Jesús quiere tener con sus discípulos. Se ha ido a su casa y allí, deja que sus discípulos le pregunten y estén con Él. Es lo que estas pistas intentan ofrecerte cada día: la oportunidad de estar con Jesús, preguntarle, escucharle, que te explique…
La parábola de la cizaña señala que el juicio lo hará el Hijo del hombre, lo hará Dios, al final de la historia. Él separará a los justos de los corruptores y malvados (la buena semilla, de la cizaña). No te toca a ti ahora mirar la planta y decir: éste es bueno, éste es malo. Mírate a ti mismo y pregúntate: ¿Mi vida da fruto de buena semilla o de cizaña? (esto no va de la vida de mi vecino, sino de la mía).
Esta parábola nos hace caer en la cuenta de que también en la Iglesia siempre habrá cizaña mezclada con la buena semilla. Si esperas a la Iglesia perfecta, a la comunidad perfecta… nunca harás nada. Nunca crecerás, nunca darás fruto y la cizaña te envolverá. Y nos hace pensar también en la seriedad de la libertad que Dios nos ha concedido. Puedes ser buena semilla o cizaña. Por eso, no da igual vivir de un modo o de otro. Es una llamada a la conversión, a hacer crecer la luz en tu vida (para brillar como el sol).
“El que tenga oídos, que oiga”. Tienes la Palabra de Dios que te anuncia la verdad… Pero no servirá de nada si no oyes, si no escuchas, si no trabajas para ser ciudadano del Reino. ¿Qué vas a hacer?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 31 de julio

Lunes 31 de julio
San Ignacio de Loyola, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 31-35

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca

Pistas: … Y nosotros con nuestros planes a lo grande. Cuando de lo que se trata es del pequeño grano de mostaza, que para germinar necesita ser sembrado y morir. Y de la parte de levadura que se tiene que mezclar con la masa, que tiene que ser “contagiosa”. De lo que se trata es de lo pequeño de tu vida, de tu Iglesia. En lo pobre que puedes ofrecer, pero que Dios bendice con la capacidad para dar vida (la semilla) y de “contagiar” y transformar la realidad (la levadura). Y los pájaros pueden anidar, y toda la masa se transforma. Y otros pueden venir a buscar cobijo en la Iglesia y la sociedad es transformada.
Pero nosotros quizás sigamos con nuestros planes a lo grande… ¿Qué es lo pequeño que tienes que entregar a Dios? ¿Tus 10, 15, 20, 30 minutos de oración? ¿atreverte a decir que eres cristiano y mostrar tu fe donde sabes que te van a criticar? ¿renunciar a ese pecado que tienes agarrado a tu vida y que se ha vuelto habitual? ¿Qué es lo pequeño que le tienes que entregar a Dios?
Y, como vamos viendo al leer el Evangelio día a día, lo imposible se hace posible y de lo pequeño sale algo extraordinario. Tú y yo construimos –por la gracia de Dios y con la fuerza del Espíritu Santo- la Iglesia de Jesús. Pero no en nuestros planes a lo grande, sino en lo pequeño del día a día, en nuestra entrega diaria, en nuestro amor cotidiano. Y el Dios de lo imposible de eso pequeño sacará algo gigantesco, extraordinario, asombroso. Y hará su obra en tu vida, en la Iglesia y en el mundo.
Tú eres el grano de mostaza y la levadura ¿qué es lo pequeño que le quieres entregar a Dios?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.