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Jueves 7 de septiembre

Jueves 7 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro y echad las redes para pescar.
Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Pistas: Pedro deja a Jesús entrar en sus cosas. Acaban de llegar de estar toda la noche faenando y no traen pesca. Pero, a pesar del cansancio, hacen lo que Jesús les pide. Dejan a Jesús subir a la barca y enseñar.
Después, siguen haciendo caso a lo que Jesús les pide y reman mar adentro a pescar. Y por la Palabra de Jesús, donde antes habían fracasado ahora triunfan. Donde no habían encontrado ni conseguido nada, ahora llenan la barca. Mucho más de lo que cabía esperar.
Y, finalmente, Pedro y sus amigos, dejándolo todo, siguen a Jesús respondiendo a su llamada. Descubren que existe un modo distinto de hacer las cosas, que lo que Jesús ofrece lo cambia todo.
Ahora ilumina tu vida con lo que nos enseña el Evangelio: obedecer a Jesús, escucharle, dejarle entrar en tus cosas. A pesar del cansancio o de la frustración. Por su Palabra y fiándote de Él tendrás mucho más de lo que puedas imaginar. Mucho más.
Por eso merece la pena dejar lo que sea necesario. No para seguir una ideología o por un espejismo, sino para seguir a Jesús y descubrir y hacer su voluntad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

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Miércoles 6 de septiembre

Miércoles 6 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. El, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera, se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: Tú eres el Hijo de Dios. Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado. Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Pistas: Nos narra el Evangelio de hoy lo que Jesús hace en su día a día: predicar, curar enfermos y expulsar demonios. Jesús anuncia así el Reino de Dios. Habla y actúa. Dedica sus fuerzas a luchar contra el mal y el sufrimiento; y a predicar anunciando el Reino.
Seguir a Jesús nos hará ser testigos de esto: primero en nuestra propia vida, como la suegra de Pedro. Pero también en la vida de los demás. Porque Jesús nos ha encomendado también a nosotros continuar la tarea que Él empezó. Y, como leíamos ayer, nosotros tenemos ese poder y autoridad.
Quizás, como la suegra de Pedro, necesitemos que Jesús nos sane. Todos sabéis lo que es tener fiebre, cómo le abandonan a uno las fuerzas. Eso mismo hace el pecado: nos debilita. Pero cuando Jesús nos libera de él, entonces podemos levantarnos y ponernos a servirle. Porque reconocemos su presencia, nos llenamos de su fuerza y actuamos con poder. Porque Jesús sana, libera y salva.
Así veremos cómo se hace presente su Reino y cómo el mal, el sufrimiento y el pecado son vencidos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 5 de septiembre

Martes 5 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, se puso a gritar a voces: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: El Santo de Dios. Jesús le intimó: ¡Cierra la boca y sal! El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño.
Todos comentaban estupefactos: ¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen. Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Pistas: La Palabra y la presencia de Jesús tienen poder y autoridad. Tanto, que hacen manifestarse al mal, lo incomodan. Y Jesús vence.
A los que escuchan su Palabra y se fijan en Jesús les hace preguntarse: ¿Quién será este hombre? ¿qué tendrá su Palabra? Tú que cada día te acercas a su Palabra, que cada día te pones en su presencia, déjate también sorprender. No hagas de ello algo rutinario. Cree y descubre el poder del Espíritu Santo que actúa en Jesús y a través de su Palabra. Un poder que tú tienes también en ti. Descubrirás que cerca de Jesús y escuchando su Palabra tendrás autoridad para luchar contra el mal, verás el poder de Jesús actuando en ti y también a través de ti.
La Palabra de Dios nos enseña que Jesús tiene poder y autoridad. Y promete que sus discípulos también lo tendrán. Para hacer presente el Reino de Dios y vencer al mal no hay armas ni violencia, sino la fuerza de la Palabra y el poder del Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 4 de septiembre

Lunes 4 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 4, 16-30
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.
Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: ¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Jesús lee la profecía de Isaías y anuncia su cumplimiento. En Jesús mismo se cumple: es el Ungido por el Espíritu, el enviado que anuncia la buena noticia, el que trae libertad, el que anuncia el año de gracia del Señor (en referencia al año jubilar del que habla el libro del Levítico: cuando se cancelaban las deudas y todas las posesiones retornaban a sus primitivos dueños, porque todo es de Dios y Él lo reparte entre sus elegidos).
Los que tienen los ojos fijos en Él se admiran… pero después empiezan los prejuicios: ¿No es el hijo de José? Por un lado, creen saber de dónde viene Jesús y que por ello y desde esa perspectiva pueden juzgarle. Por otro, su visión mundana y nacionalista judía del mesías les impide comprender que la profecía de Isaías no es sólo para ellos, es para todos. Jesús les expone dos ejemplos del Antiguo Testamento de extranjeros a los que Dios salva. No hay un pueblo elegido, sino la humanidad entera. Por último, no sólo desconfían de Jesús y le rechazan, sino que quieren matarlo, pasan a la violencia.
Este Evangelio nos presenta tres posturas ante Jesús: tener los ojos fijos en Él y escucharle, dejar que nuestros prejuicios e ideas nos alejen de Él y rechazarle, y, por último, expulsarlo de nuestra vida porque no se quiere aceptar su Palabra. Es decir, intentar acabar con Él.
Relee el Evangelio dejando que la Palabra de Dios resuene en tu interior ¿Qué quiere decirte hoy a ti? Su Palabra se cumple también para ti, hoy, ahora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 3 de septiembre

Domingo 3 de septiembre
XXII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele con tu oración)

Evangelio según San Mateo 16, 21-27
En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.
Entonces dijo a los discípulos: El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

Pistas: El domingo pasado leíamos cómo Pedro confesaba su fe en Jesús el Hijo de Dios, el Mesías. Seguramente deslumbrado por los milagros de Jesús, por su poder y su modo de predicar. Y hoy Jesús le dice una de las frases más duras del Evangelio. Pedro no entiende el mesianismo de Jesús, se imagina un camino triunfal, una victoria terrenal. Y en esa idea no tienen cabida para él ni el sufrimiento ni la muerte del maestro.
Jesús prepara a sus discípulos para que puedan interpretar lo que va a suceder. Y para que lleguen a comprender cómo quiere Él que vivan. Y que, misteriosamente, la salvación pasa por cargar con la cruz, por negarse a uno mismo (en el sentido que hemos explicado otras veces: reordenar las prioridades, poner a Dios en el centro), por perder la vida para ganarla. Y esto sólo se puede descubrir y vivir siguiendo a Jesús, que ha hecho nuevas las cosas con su muerte y resurrección.
Puedes preguntarte hoy qué camino y qué criterios sigues en tu vida: ¿piensas como los hombres o piensas como Dios? ¿te aferras a lo terrenal o pones tus esperanzas en el salvador? ¿eliges “ganar el mundo entero” o seguir a Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 2 de septiembre

Sábado 2 de septiembre
XXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados; y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor: como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: Eres un empleado negligente y holgazán, ¿con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas: allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: Puede parecer que falta misericordia en esta parábola, pero fíjate bien. Además de enseñarnos que la postura cómoda o cobarde no es el camino para seguir a Jesús, nos explica algo muy grande: los dones que Dios da, representados en las monedas de la parábola, siempre dan fruto si te pones a “negociar” con ellos. Es decir: Dios da su gracia y la gracia de Dios no falla. Dios da sus dones y los dones de Dios no fallan. Por eso, si tú pones todo de tu parte, vas a dar fruto.
Pero si te acomodas, te acobardas, te vuelves infiel, holgazán, negligente… entonces lo que podía dar fruto en tu vida no lo dará. El pecado tomará el control y necesitarás despertar e ir a buscar aceite para tu lámpara.
Piensa un momento ¿A qué se dedicaron unos y otros? En realidad, los que dieron fruto trabajaron para su señor, multiplicaron los dones que les concedió. El que no, se dedicó a sus cosas, fue perezoso y racaneó con lo que le fue otorgado. Tal vez el miedo fuese sólo una excusa. Ni siquiera hizo lo mínimo: “poner el dinero en el banco”.
Dios nunca te va a pedir cosas por encima de tus fuerzas. Y si parece que lo son, te dará la fuerza para hacerlas. Pero si metes en un hoyo, tapas, escondes, lo que Dios te da sin ni siquiera hacer lo mínimo, el plan de Dios para tu vida se frustrará. Por eso Jesús termina la parábola diciendo: allí será el llanto y el rechinar de dientes, la posibilidad real de decirle que no a Dios en esta vida y para la eternidad.
Si “negocias”, si pones en acción lo que Dios te da, no sólo darás el fruto que tú crees que puedes dar, sino mucho más. Así que revisa tu vida: en qué te pareces al que escondió el talento y en qué a los otros. Y, si encuentras cosas que cambiar, pídele a Dios ayuda y ¡adelante! Él está contigo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 1 de septiembre

Viernes 1 de septiembre
XXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis». Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos».
Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Leíamos este mismo Evangelio hace poco tiempo. Es una oportunidad para seguir descubriendo cómo la Palabra de Dios es siempre nueva, si se lee pidiendo la luz del Espíritu Santo y aplicándola a tu vida y a tus situaciones, dejando que Dios te hable a través de ella.
Hoy nos cuenta Jesús la parábola de las doncellas sensatas y las necias, que habla de estar vigilantes y preparados. Nos dice que no da igual tener una actitud u otra. Las necias podían haber ido a comprar aceite antes de dormirse y todo hubiera sido diferente.
Tal vez puedas entender el aceite como aquello que te permitirá tener encendida la luz: oración, sacramentos, vida interior, vivir como discípulo de Jesús… Esto te hará estar preparado. Pero si te duermes sin tener el aceite ¿qué puede suceder? Si consientes que tu vida se llene de oscuridad y dejas que el pecado y el mal entren en ella ¿qué puede suceder? Lee el Evangelio aplicándolo a tu vida. Jesús da muchas oportunidades, pero si te da igual dormir que tener aceite, si crees que es lo mismo vivir de un modo o de otro, cuando pase por tu vida y cuando llegue el momento final ¿qué puede suceder?
Por eso, ten preparado el corazón ¿Qué cosas necesitas cuidar para tener tu aceite preparado? ¿Cuáles te hacen estar dormido?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 31 de agosto

Jueves, 31 de agosto
XXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Mateo 24, 42-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.
¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así.
Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, como se merecen los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: Estos días leíamos las duras palabras que dirige Jesús a los fariseos. Hoy habla a sus discípulos advirtiéndoles sobre las consecuencias de vivir en la mediocridad o en la hipocresía. Los discípulos de Jesús han de estar vigilantes y no pueden vivir de cualquier modo.
Seguir a Jesús es exigente. Estar en vela significa no permitir que el mal se cuele en la vida como un ladrón y entre en casa, en lo nuestro. Se trata de llenar la vida del Espíritu Santo, de seguir a Jesús. Poniendo los medios para no ser llamados hipócritas.
Nuevamente la Palabra de Dios nos invita a examinar nuestra vida poniéndola a la luz de Jesús. Y, si estamos dormidos, nos llama a despertar y ponernos en vela, siguiendo a Jesús. Y, si estamos perdidos, si el pecado nos ha arrastrado y estamos administrando mal lo que Dios nos ha dado, nos enseña a volver a su misericordia y perdón. Y, así, empezar una vez más a vivir en su amor.
Jesús plantea la seriedad de nuestra libertad, con la que podemos elegir apartarnos de Dios y terminar frustrando el plan de salvación y amor que tiene para cada uno de nosotros, o ser conscientes de nuestra propia vida y vivir en la verdad. Dios te da el don del Espíritu Santo que te hace libre, que te da luz para vivir en la verdad y tú tienes que poner de tu parte, tienes que ofrecer todo tu esfuerzo y voluntad. Estar en vela, esforzarse… o ser hipócritas y canallas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Miércoles 30 de agosto

Miércoles 30 de agosto
XX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: «si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas»! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!

Pistas: Los sepulcros blanqueados diríamos hoy que son la sociedad de la imagen, las apariencias y del “postureo”. En muchos sectores de la sociedad o incluso en nuestra propia vida lo importante no es la verdad, ni lo que se hace en lo privado, sino lo que se ve externamente.
Los escribas y fariseos se llenan la boca diciendo que son justos, pero terminarán condenando a muerte a Jesús porque les molesta lo que les dice y su ejemplo. Y harán lo que criticaban a sus antepasados.
También nosotros corremos el riesgo de vivir como ellos: sólo de apariencias, llenos de egoísmo e intereses, justificando nuestros pecados. Nuevamente no se trata de condenar la sociedad o a los que viven así, sino de mirar dentro, mirar a la propia vida y descubrir lo que hay en uno mismo de fariseo.
Pon la luz de Jesús. Ella te mostrará la verdad y su misericordia limpiará tu corazón. El Espíritu Santo te dará la fuerza para vivir como discípulo de Jesús alejando de ti la mentira y la hipocresía.
El Evangelio nos invita a no tener dos caras, sino a vivir en la verdad, en la luz, siguiendo a Jesús. Para no caer en aquello que criticamos, para poder tener paz, para llamarnos hijos de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 29 de agosto

Martes 29 de agosto
Martirio de San Juan Bautista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según san Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?» La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.» Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Pistas: El mundo de Herodes no es el mundo de la verdad, del bien, de la justicia… Todos saben que no está bien lo que sucede, pero dicen y hacen lo que les permite mantener su posición, lo que les parece políticamente correcto. Todos, menos Juan Bautista. Defienden una afirmación y la contraria, tienen una actitud y la contraria a la vez: Herodes escucha con gusto a Juan el Bautista, pero le entrega su cabeza en una bandeja a su amante.
Cuánto se parece aquel mundo al nuestro. Cuántas veces personalmente o como sociedad, sabemos la verdad y preferimos hacer lo políticamente correcto. Buscamos el bien y lo queremos, pero acabamos sucumbiendo a la comodidad, al qué dirán, no nos atrevemos a ir a contracorriente ni a llamar a las cosas por su nombre. Y preferimos vivir en una mentira que arriesgarnos a luchar por cambiar nuestra vida y lo que nos rodea.
Lo cómodo en este Evangelio sería mirar a los políticos que lo hacen mal, a los líderes religiosos que lo hacen mal, a los medios de comunicación que manipulan, a la sociedad… y echar a ellos la culpa. Pero si nos quedamos ahí, acusando a otros de lo que sucede, no sirve para nada. Por eso, hay que dar un paso más: mirarte a ti mismo. ¿Qué hay en ti de Herodes, de Herodías o de su hija? ¿Cuántas veces eres capaz de pensar una cosa y hacer otra completamente incompatibles? ¿Cuántas veces prefieres no llamar a las cosas por su nombre para no tener que tomar postura y terminas dejándote llevar? ¿Cuántas veces te seduce el poder, el placer, la imagen, la posición?
Jesús -como hemos venido profundizando al leer el Evangelio- nos invita a vivir de un modo completamente distinto. Ser discípulos suyos puede significar muchas veces ir a contracorriente. Pero también significa vivir en la verdad, en el bien, en la libertad, en el verdadero amor, en la justicia. ¿Herodes o Jesús? ¿Mentira, engaño, intereses… o verdad, libertad, justicia?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.