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Miércoles 27 de septiembre

Miércoles 27 de septiembre
San Vicente de Paúl, prebítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 9, 1-6
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

Pistas: Fijémonos en lo que sucede. Jesús reúne a sus Apóstoles. Primero crea comunidad en torno a Él. Después les da poder y autoridad y los envía. Les pide que se fíen de Él, dándoles unas instrucciones concretas. Les envía. Y ellos se ponen en camino, hacen lo que Jesús les manda y el Reino es anunciado con palabras y signos.
Lo material (bastón, alforja, pan, dinero), las seguridades (la túnica de repuesto), prosperar (buscar otro sitio mejor para hospedarse), el éxito (te reciban o no), nada de esto es fundamental. La clave es obedecer lo que Jesús nos dice, porque Él capacita, da poder y autoridad. Él nos envía a ponernos en camino haciendo lo que manda.
Lo mismo que aquellos Doce, en la vida de los santos y en la tuya también, siempre que Jesús te pida algo, te dará la fuerza, la capacidad y la autoridad para hacerlo. Y si te fías de Él y aprendes a ser discípulo suyo anunciarás la Buena Nueva y el mal irá perdiendo terreno. Entonces, podrás ver las maravillas de la salvación en el mundo y en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 26 de septiembre

Martes 26 de septiembre
Santos Cosme y Damián, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 8, 19-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. Él les contestó: Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.

Pistas: Jesús nos dice hoy que para ser familia suya no bastan los lazos de sangre, ni siquiera querer estar en su presencia. Es necesario escuchar su Palabra y ponerla por obra. Eso es lo que nos hace estar en relación con Jesús. De este modo somos su familia, somos de los suyos.
El Evangelio de hoy podemos conectarlo con la parábola del sembrador que leíamos hace unos días. La semilla cayó en el camino, entre piedras, entre zarzas y en tierra buena. La del camino la comieron las aves, en las piedras no pudo echar raíz y se secó, y la que cayó en las zarzas fue ahogada al crecer éstas. Quitar piedras y zarzas, no quedarnos mirando desde el camino, para ser buena tierra en la que la Palabra pueda crecer y dar fruto. Éste el medio para poder ser discípulos de Jesús.
Cuando seguimos a Jesús y ponemos en práctica el modo de vida que Él enseña, nos convertimos en parte de su familia. Ya no nos conformamos con verlo desde fuera, sino que compartimos con Él todo lo que somos. Hoy Jesús te dice que, si tú quieres, eres parte de su familia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 25 de septiembre

Lunes 25 de septiembre
XXV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 8, 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.
A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.

Pistas: Andar en la luz y ser luz, o convertirse en tinieblas.
Recordemos que Jesús, en el Evangelio de San Juan, dice que Él es la luz del mundo. Y ser discípulo suyo significa llenarse de esa luz. Es la obra que el Espíritu Santo realiza en los discípulos de Jesús. Destruye las tinieblas del pecado y pone luz, verdad, libertad, alegría… Y esto se nota en la vida, no se puede esconder. Por eso ser cristiano trae consigo evangelizar, llevar la luz de Jesús a todos los hombres. Y si intentas ocultarlo o disimularlo tu luz se apagará. Entonces te preguntarás por qué tu fe vacila, por qué el pecado se hace fuerte, por qué estás triste y te sientes perdido.
Mira a Jesús, entra en la Iglesia, en la vida de oración y sacramentos, donde brilla la luz de Jesús y todo cambiará. Andarás en la luz y la luz de Jesús brillará en tu vida.
Acércate a Jesús y acoge su palabra y sus dones. Esto es gratis, pero no barato. La fe es un regalo, pero implica un estilo de vida. La luz de Jesús trae consigo convertirse en luz. La presencia del Espíritu Santo te hará dar los frutos del Espíritu. Y, por eso, si la acoges tendrás luz y cada vez más. Y si rechazas este regalo, cada vez te sentirás más sumergido en la oscuridad.
Nunca es tarde para acercarte a Jesús. Un poco de luz hace desaparecer la oscuridad. Pero Jesús es mucho más que un poco de luz. Es camino, verdad y vida. Déjale que ilumine tu existencia y podrás ver su luz brillar en ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 24 de septiembre

Domingo 24 de septiembre
XXIV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer, y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Pistas: No hace mucho tiempo que leíamos esta parábola que nos habla en primer lugar de la misericordia de Dios, de su amor, de cómo debe tratar la Iglesia a los que van llegando.
Hoy vamos a verla desde dos perspectivas. Por un lado, los últimos a los que llama el viñador para contratarlos. Habían estado a sus asuntos, por eso nadie los había contratado. Porque si se hubieran acercado antes al propietario los habría contratado. Entran tarde en el Reino. Así que si te sientes perdido, si crees que estás lejos de Dios, si piensas que eres muy pecador o tu fe está débil, si has estado a otras cosas: No tengas miedo. Sólo vete a la plaza, es decir, acércate a la Iglesia, acércate a Jesús y entra con Él. Porque es bueno. Y aunque seas de los últimos, no serás de los últimos en el corazón de Dios. Y aunque pienses que puede ser tarde, responde a su llamada.
La otra perspectiva es la de los que están desde el principio. Creen que tienen más derechos, que ellos ponen las condiciones. Quizás esto pasa cuando nos acomodamos en la Iglesia y buscamos honores y reconocimientos. Si os acordáis de la parábola del hijo pródigo, éstos se parecen al hermano mayor. Tal vez tu servicio en la Iglesia, tu fe, se haya convertido en una carga y te sientas un poco amargado. Aquí no se trata de ganar méritos, ni de una fe sin dificultades, sin tener que “aguantar el peso del día y el bochorno”. La fe es un camino hacia la plenitud con momentos complicados. Alcanzar el objetivo requiere esfuerzos, pero siempre merece la pena. Por eso entrar en el Reino supone convertirnos en discípulos de Jesús, entender y vivir la realidad, las relaciones con los demás, la relación con Dios, como Él la vivió.
Al releer el Evangelio piensa qué quiere decirte a ti. Cuál de las perspectivas te interpela. Y acude a Dios misericordioso que te llama, que te espera, que te acoge.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 22 de septiembre

Viernes 22 de septiembre
XXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Lucas 8, 1-3

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

Pistas: Jesús realiza su misión de anunciar el la Buena Noticia y con Él van sus discípulos. Aprenden y son partícipes de su misión. Y serán, con la fuerza del Espíritu Santo y la presencia de Jesús resucitado, los que continúen su obra.
Lo revolucionario es la presencia en el grupo de mujeres que siguen a Jesús y son por ello también discípulos, en igualdad de condiciones. Jesús confiere una dignidad y un papel nuevos a la mujer, no sólo porque le otorga el derecho a conocer las «buenas noticias del reino de Dios», sino también la participación en el ministerio. Pongámonos en la situación de un momento de la historia en el que algunos rabinos dudaban incluso de la capacidad de la mujer para aprender la Torah (la ley judía) y en el que la autonomía social de la mujer era muy escasa. Pero en los evangelios el cambio es radical: las mujeres son las primeras que llevan a los apóstoles la noticia de la resurrección.
Jesús va con sus discípulos que le siguen, aprenden de Él, son salvados por Él ¿Quieres ser discípulo suyo? ¿te preguntas qué hay que hacer? Síguele, aprende de Él, deja que te llene del Espíritu Santo, que te revele al Padre, que te enseñe su modo de hacer las cosas ¿Quieres ser de los suyos?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 22 de septiembre

Jueves 21 de septiembre
San Mateo, apóstol y evangelista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Pistas: Juzgar, clasificar en buenos y malos, teniendo como criterio si encajan o no en nuestra manera de hacer y entender las cosas, sigue siendo una fuerte tentación en nuestra Iglesia y en la vida de cada uno de nosotros. Pero Jesús nos enseña a mirar siempre más allá.
Si te sientes pecador, si te sientes lejos de Dios, incluso si como los publicanos eres juzgado y mal mirado: No temas. Jesús se va a sentar a comer contigo. Y sus discípulos deberíamos hacer lo mismo.
Si ocupas un puesto de responsabilidad en la Iglesia o, simplemente, los demás saben que eres creyente, recuerda lo que dice Jesús en el Evangelio de hoy: No clasifiques a las personas ¿Cuántas veces bajo la apariencia de hacer lo correcto en realidad estamos juzgando, apartando a la gente de Jesús? ¿cuántas oportunidades perdernos de sentarnos en la mesa con aquellos a los que Jesús llama?
“Misericordia quiero y no sacrificios”. Podríamos traducir hoy esta frase que Jesús dice a los fariseos de este modo: misericordia quiero y no religiosidad superficial, ni apariencias. Misericordia quiero y no estructuras, modos… Como enseña siempre Jesús hay que elegir entre vivir desde el corazón y en su amor, o en el juicio, la superficialidad, la apariencia y la mentira.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Miércoles 20 de septiembre

Miércoles, 20 de septiembre
Santos Andrés Kim Taegon, presbítero, Pablo Chong Hasang, y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 7, 31-35
En aquel tiempo, dijo el Señor: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis» Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores». Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.

Pistas: Ser discípulo de la sabiduría significa ver la verdad más allá de los modos, más allá de los prejuicios. Es poder conocer los planes salvíficos de Dios. La sabiduría nos llevará a ser verdaderamente libres, a conocer con más profundidad la realidad de nuestro mundo, de nuestra propia vida y de Dios. Juan el Bautista preparó el camino a Jesús, que reveló plenamente quién es Dios. No sólo como ideas sino como vida, como relación. Tanto que se entregó por nosotros, nos dio el Espíritu y nos abrió de par en par la puerta del cielo.
No siempre es fácil enfrentarse a la verdad venciendo los prejuicios, los propios intereses o los miedos. Darle la razón a otro, aunque sea Otro con mayúsculas, aunque sea Dios, implica vencerse a uno mismo, cambiar. Por eso, esta lectura puede ayudarte a pensar a quién te pareces: a los niños de la parábola o a los que se encuentran con la sabiduría y se vuelven sus discípulos.
Pero Jesús también nos dice que elegir el camino de la sabiduría nos impedirá estar acomodados o vivir en una mentira. Y aunque tengas que luchar, adaptarte a una forma distinta de pensar y actuar -como los ojos cuando pasan de la oscuridad a la luz o alguien que está enfermo y sana y se levanta- encontrarás vida, libertad, alegría, verdad, luz… Encontrarás a Dios y te encontrarás a ti mismo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 19 de septiembre

Martes 19 de septiembre
San Jenaro, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: No llores. Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Pistas: La narración de este milagro está contada con una gran belleza por Lucas. Si sigues la lectura y dejas volar la imaginación puedes ponerte en el lugar de los personajes y te ayudará a escuchar lo que la Palabra de Dios quiere decirte hoy.
Por un lado, Jesús con sus discípulos y un gran gentío. Por otro, la viuda, los familiares, vecinos y, según la costumbre judía, seguramente, plañideras y músicos. Y en medio de todo esto está Jesús. Siente lástima y se acerca. Entonces se hace silencio. Se paran. No sana desde lejos, sino que toca al muerto. Con su palabra lo resucita. No monta un gran espectáculo ni hace ritos raros. Y se lo entrega a su madre. La gente, sobrecogida, da gloria a Dios.
Este pasaje nos ayuda a conocer mejor a Jesús: compasivo, que ve al que sufre y actúa. Que se acerca al dolor y toca a la persona, salvándola. Jesús poderoso, cuya palabra es eficaz. Jesús, que devuelve la vida, que da esperanza, que cambia las cosas. Por un lado, lamentos y lloros que no logran nada. Por otro, una palabra poderosa que trae salvación.
Reza con lo que te inspire la lectura de este pasaje. Pide, da gracias, contempla a Jesús. Párate un momento en este día para que Jesús pueda acercarse a ti, ver tus problemas, las dificultades a las que te enfrentas. Haz silencio para escuchar su voz. Y, ahora, escucha lo que tiene que decirte. Como siempre que Jesús se hace presente, podrás ver las maravillas de Dios en tu propia vida como las vio la viuda de Naín. Habla con Jesús. Él te escucha.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 18 de septiembre

Lunes 18 de septiembre
XXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 7, 1-10
En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga. Jesús se fue con ellos.
No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve, y va; al otro: «ven», y viene; y a mi criado: «haz esto», y lo hace.
Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe. Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Pistas: No soy digno de que entres bajo mi techo.
El centurión pensaba que Jesús ni siquiera iba a escucharle, por eso envía primero a judíos influyentes y después a sus amigos para que hablen con Él. Al principio duda de que Jesús le vaya a atender, pero cuando se da cuenta que va hacia su casa demuestra una fe admirable. No quiere incomodar a Jesús, que según la religión judía quedaría impuro legalmente al entrar en casa de un gentil. Y decide ahorrarle eso. Pero en lo que no duda es en que Jesús tiene poder para curar al enfermo.
El centurión no necesita la presencia física de Jesús –seguro que este relato ayudó mucho a la primera comunidad cristiana, en la que Jesús no está físicamente, a comprender quién es Él y el poder de su Palabra y de la fe-. Había oído hablar de Jesús y creía en el testimonio que había escuchado. Y, por eso, con sólo su palabra tenía la certeza de que se cumpliría. Primero pensaba que él no era digno, pero cuando Jesús se acercaba a su casa confió plenamente en su poder.
Indignidad, duda, miedo a que no sea para nosotros, miedo de ser rechazados… nos alejan de Jesús, de Dios y de su poder. Pero si crees en el testimonio que de Jesús te da la Iglesia, si dejas que la Iglesia te acerque a Jesús (como lo amigos del centurión), si descubres el poder que hay en su palabra, si tienes fe, entonces podrás ver sus maravillas y entrará su salvación en tu casa.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 17 de septiembre

Domingo 17 de septiembre
XXIV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y agarrándolo lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

Pistas: Vivir desde el corazón o vivir en el cumplimiento.
Pedro intenta saber hasta dónde tiene que llegar, cuál es el límite para cumplir. Y Jesús le dice que no hay límite. El perdón nace del amor y de la compasión. Y es que el amor de verdad aspira a ser cada vez mayor, perdona, comprende… (lee si quieres 1 Cor 13, 1-13 https://www.bibliacatolica.com.br/es/la-biblia-de-jerusalen/i-corintios/13/ ).
No podemos imaginarnos la grandeza y el alcance del amor y la misericordia que Dios tiene con nosotros. Dios es amor. Como en la parábola, el amor y perdón de Dios nos libera de ser esclavos por nuestras deudas (nuestros pecados), nos da una nueva vida, nos deja recuperar nuestras relaciones y no le debemos nada porque nos perdona completamente.
Dios es Dios y no podemos imaginarlo desde nuestros esquemas, no podemos entenderlo ni encerrarlo en nuestra mente. Aunque lo intentemos comparar con el amor que los padres sienten por sus hijos, el que sientes por la persona a la que quieres más que a tu propia vida, el amor que no depende de lo que la persona amada haga sino que brota de lo profundo del corazón, todo esto sólo es una sombra del amor de Dios. No podemos conformarnos con preguntarnos cuánto tenemos que amar, cuánto más grande es el amor de Dios que el mio, cuántas veces hay que perdonar, hasta dónde se debe llegar… Porque se trata de profundizar día a día en el amor y la misericordia que Dios nos tiene. De entrar en relación con el Amor que lo transforma todo. Y ver cómo en ti va apareciendo una nueva forma de amar, de perdonar (la forma del que vive lleno del Espíritu Santo), la que tiene Jesús contigo y con cada persona.
No puedes hacer nada para que Dios te quiera más o menos. Dios te ama. Pero sólo te enterarás, sólo sentirás ese amor, sólo se irá la oscuridad, la duda, el miedo, la tristeza de tu vida, si te dejas envolver por ese amor. Si dejas que el Espíritu Santo inunde tu corazón podrás percibir ese Amor, crecer en Él, conocer a Dios, vivir como discípulo de Jesús y que toda esa grandeza se manifieste en tus acciones y relaciones. Por eso el Evangelio de hoy te dice que tienes que perdonar siempre. ¿Cómo quieres vivir entonces? ¿en el amor o en el cumplimiento?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.