Lunes 11 de diciembre

Lunes 11 de diciembre
San Dámaso I, papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 35, 1-10
El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estopa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.»
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estopa; el páramo será un estanque, lo reseco, un manantial.
En el cubil donde se tumbaban los chacales brotarán cañas y juncos. Lo cruzará una calzada que llamarán Vía Sacra: no pasará por ella el impuro, y los inexpertos no se extraviarán.
No habrá por allí leones, ni se acercarán las bestias feroces; sino que caminarán los redimidos, y volverán por ella los rescatados del Señor.
Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Pistas: El profeta utiliza imágenes de alegría, de vida, de gloria y prosperidad, de belleza. Que los débiles y los vacilantes, que los cobardes, cambien de actitud. Habrá signos: los cojos, los ciegos, los mudos, se curarán. Lo seco tendrá vida. El inexperto encontrará el camino. Puedes leerlo despacio e imaginarte cada una de estas imágenes y pensar lo que pueden simbolizar para un pueblo que ha sido conquistado y vive en el destierro. Lo ha perdido todo. Y el profeta promete en nombre de Dios la salvación, el regreso, gozo, alegría, vida, salud… “Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará”.
El Evangelio que acompaña a esta lectura en la misa de hoy nos cuenta la curación de un paralítico al que unos hombres llevan ante Jesús, que estaba enseñando dentro de una casa. Quitan unas losetas del tejado y lo descuelgan. Jesús, al ver la fe que tienen, le dice al hombre: “Tus pecados te están perdonados” y después, ante las críticas de los fariseos, le dice: "Levántate y anda". Y queda curado. Lo que promete Isaías se cumple plenamente en Jesús.
Al rezar con este texto puedes pensar en cómo se cumplen en Cristo las palabras del profeta. Jesús da mucho más de lo que piden al paralítico cuya curación nos cuenta el Evangelio. No sólo le sana exteriormente, sino que cambia su corazón perdonando sus pecados. Algo que sólo Dios puede hacer: “Vuestro Dios… viene en persona y os salvará”.
Puedes dar un paso más. Mira a tu propia vida. ¿Cuántas veces es un desierto? ¿Cuántas veces necesitas lo que promete el profeta: alegría, gozo, vida, fuerza, valor, plenitud, salvación? Y la respuesta es siempre la misma: Jesús. Acércate a Él porque sus promesas son para ti. Prepara el camino, "sed fuertes, no temáis", llega el Salvador.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 10 de diciembre

Domingo 10 de diciembre
II domingo de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 40, 1-5. 9-11.
Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle: que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.
Una voz grita: En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos —ha hablado la boca del Señor—.
Súbete a lo alto de un monte, heraldo de Sión, alza con fuerza la voz, heraldo de Jerusalén, álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: aquí está vuestro Dios.
Mirad: Dios, el Señor, llega con fuerza, su brazo domina.
Mirad: le acompaña el salario, la recompensa le precede.
Como un pastor apacienta el rebaño, su mano los reúne.
Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres.

Pistas: Son los últimos años del destierro en Babilonia. El texto que hemos leído anuncia que se acaba. Pero el Señor no abandona a su pueblo, sino que revelará su gloria. Viene con fuerza y poder. Como un pastor que apacienta el rebaño.
Es un anuncio que invita a ponerse en marcha. Consolad, hablad al corazón, gritad que se acaba el sufrimiento. Preparad el camino, allanad las montañas y elevad los valles. Que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale… El pueblo de Dios había sido derrotado, pero ahora verán la fuerza y el poder de su Dios. Habían sido derrotados más por sus pecados (“por su crimen”) que por el poder de los enemigos (“de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados”). Pero Dios no los abandona, como hemos leído.
Cuando los discípulos de Jesús leyeron estas palabras del profeta Isaías vieron en ellas a Juan el Bautista. Él prepara el camino al Señor, grita en el desierto que se conviertan de su pecado y vuelvan al Señor porque viene a cumplir todo lo anunciado. Y después lo señala entre los hombres como el Mesías esperado.
En Jesús se cumple la promesa: Es el Buen Pastor que apacienta su rebaño. Llega con fuerza y poder (tal vez no como imaginaba el profeta, pero con una fuerza más poderosa y sorprendente: el poder del Espíritu Santo, la fuerza de la Resurrección). Jesús es el brazo de Dios. Es Dios mismo. En Él se cumple: “Aquí está vuestro Dios”.
Relee al profeta teniendo como perspectiva lo que hace Jesús y la misión de Juan el Bautista. Quizás te ayude a rezar quedarte con alguno de los imperativos: consolad y hablad al corazón del pueblo (¿necesita esto nuestra Iglesia y nuestra sociedad?). Preparad el camino (allanad, elevad…) porque el Señor se revelará a todos los hombres. Alza la voz y di que aquí está vuestro Dios (en medio del consumismo y de la banalización de la Navidad quizás haga también falta esto). Mirad: Dios llega, con fuerza, con salvación, como un pastor que cuida a su pueblo. Y que no lo abandonará.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Sábado 9 de diciembre

Sábado 9 de diciembre
San Juan Diego Cuauhtlatoatzin

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 30, 19-21. 23-26
Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, porque se apiadará de ti al oír tu gemido: apenas te oiga, te responderá. Aunque el Señor te dé el pan medido y el agua tasada, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro. Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: "Éste es el camino, camina por él."
Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano de la cosecha del campo será rico y sustancioso; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con bieldo y horquilla.
En todo monte elevado, en toda colina alta, habrá ríos y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres. La luz de la Cándida será como la luz del Ardiente, y la luz del Ardiente será siete veces mayor, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe.»

Pistas: El ejército asirio es una amenaza y los habitantes de Jerusalén lo ven acercarse. Las noticias llegan diciendo que a su paso arrasan las ciudades y las conquistan. Acaban con los más débiles y a los más fuertes los deportan. La esperanza que refleja el profeta se dirige a un pueblo desanimado y en crisis. Dios sostendrá a su pueblo, aunque haya dificultades. Promete estar cercano: “Apenas te oiga, te responderá”. No se esconderá. Guiará a su pueblo. Si se desvía, le mostrará el camino.
El profeta se permite soñar: habrá prosperidad y abundancia. Y, finalmente, todo será más brillante y luminoso (la luna –la Cándida- y el sol –el Ardiente- brillarán más), se acabará la oscuridad cuando el Señor vende la herida de su pueblo.
Jesús, nos cuenta el Evangelio de la misa de hoy, enseña, anuncia el reino, cura enfermedades y dolencias, y siente compasión de la muchedumbre porque andan “como ovejas que no tienen pastor”. Es el que hace realidad las palabras de esperanza del profeta Isaías. Es el Buen Pastor, el que cura y venda las heridas de su pueblo, el Maestro que enseña y guía.
Pero Jesús no hace esto solo, sino que capacita a sus discípulos para continuar su obra (“llamando a sus doce discípulos les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”). No es sólo algo puntual que sucedió hace algo más de dos mil años. Igual que envió a sus discípulos diciéndoles "lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”, también envía hoy a su Iglesia.
Nos ha dado su Espíritu Santo para que sea nuestro Maestro. Para que nos guíe y, cuando nos equivoquemos, nos indique el camino. El Espíritu nos da la capacidad para vivir como Jesús ha enseñado. Trae luz, prosperidad, verdad, salvación…. a este mundo nuestro que está en tantas ocasiones desanimado y en crisis. Y para hacer esto te llama también a ti y te capacita para que puedas continuar la tarea, y para que a través de ti también lo hagan otros.
Reza con las palabras de esperanza del profeta, mirando a Jesús, mirando tu vida y al mundo. Y recuerda que las promesas de Dios son para ti también, para nuestro tiempo y para nuestro mundo.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Viernes 8 de diciembre

Viernes 8 de diciembre
Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, patrona de España

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

Pistas: En la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María volvemos al Evangelio. Seguro que lo has leído o escuchado muchas veces. Has oído homilías sobre él. Has ido a vigilias en las que se lee y se medita. Pero si te acercas una vez más a este texto en oración, Dios dará luz a tu vida a través de él.
Puedes leer hoy el Evangelio poniéndote en la piel de los personajes. ¿Qué hacen? ¿qué dicen? ¿qué puede sentir María? ¿cómo reacciona?
Vamos a fijarnos en algunos detalles. La alegría que nace de la presencia de Dios. María es Bienaventurada por ser la Inmaculada (la que no tiene mancha de pecado) o, lo que es lo mismo, la llena de gracia, la toda santa, la que está tan llena del Espíritu Santo que no hay sitio para el pecado en ella (sí para la tentación, para las luchas y dificultades, para ser verdaderamente mujer. Nunca olvides eso al pensar en la Virgen María). La alegría es lo primero que el ángel le pide, porque Dios está con ella. Y lo mismo sucederá en tu vida. Cuanto más dejes a Dios estar, más alegría y bienaventuranza habrá. Pero esto es raro. No es fácil ¿Yo? ¿Para mí? “No temas”.
No tengas miedo. Dios hará su obra. No dudes. Dios actúa, Dios salva por caminos que no te puedes ni imaginar. Como la Virgen María. ¿Qué podría entender o imaginarse ella en aquel momento? Dios le muestra su plan a través del ángel Gabriel. También en tu vida Dios te muestra su voluntad para ti –a veces de un modo más claro, otras caminando y esperando- a través de situaciones, de personas, a través de la Iglesia, a través de su palabra… Y tienes que discernirlo, que seguir buscando: ¿cómo será eso…?
Deja actuar al Espíritu Santo en tu vida. Y cuando Él viene, todo es nuevo, sorprendente. Lo imposible se hace posible: la Virgen es Madre, la estéril concibe un hijo, Dios se hace hombre, la muerte será vencida, la cruz será salvación…. Y en tu vida, si entra Jesús, si entra el Espíritu Santo ¿qué sucederá?… Porque “para Dios nada hay imposible”. María dijo: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el resto lo conoces… Y tú, ¿qué vas a responder?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 7 de diciembre

Jueves 7 de diciembre
San Ambrosio, obispo y doctor de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del libro de Isaías 26, 1-6
Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá: «Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti.
Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.»

Pistas: Aquel día, el de la salvación, habrá una ciudad fuerte en la que entrará un pueblo justo que es leal y fiel, que confía en Dios. Para el que están las puertas abiertas. El Señor es la Roca perpetua en quien hay que confiar. Es firme, seguro, no se tambalea. Y en esa ciudad el Señor humilla a los que están en la altura, y los que la pisan son los humildes y los pobres.
Nuevamente el Evangelio de la misa de hoy nos da una clave de interpretación de las palabras de profeta. Jesús dice que para entrar en el Reino de los Cielos, en la salvación, en la ciudad de la que habla el profeta, no basta con creer de palabra y decir: “Señor, Señor”. Es necesario buscar y cumplir la voluntad de Dios. No basta con apariencias o con meras palabras. Es necesario poner en práctica lo que Jesús enseña. Porque Él es la Roca. Y para que lo entiendan les cuenta la parábola del hombre sabio que edifica su casa sobre roca (así son los que cumplen su palabra) y los necios que lo hacen sobre arena.
En realidad, Jesús es la puerta de entrada a esa ciudad. Jesús es la Roca firme, en quien se puede confiar. Él te invita a ti hoy a hacer realidad en tu vida las promesas del profeta: hay una ciudad fuerte, la puerta está abierta (es Jesús) ¿eres el pueblo fiel? ¿eres el pobre y el humilde que va a poder entrar? ¿eres el que confía en el Señor? Acércate a Jesús, reza, ábrele tu corazón. Esta promesa es para ti, que te fías de su Palabra, y Él es la Roca.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 6 de diciembre

Miércoles 6 de diciembre
San Nicolás, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 25, 6-10a

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. —Lo ha dicho el Señor—. Aquel
día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.

Pistas: El Señor preparará un festín. Arrancará el velo que impide recibir la salvación. Aniquilará a la muerte para siempre. Enjugará lágrimas y alejará la culpa. Él mismo en persona. “Aquí está nuestro Dios”. Vendrá a salvar, cumplirá las esperanzas, traerá gozo.
Este festín nos lo presenta el Evangelio de hoy en la multiplicación de los panes y los peces que Jesús realiza después de haber estado curando enfermos, cojos, ciegos y mudos. A través de Jesús Dios se revela, salva y trae gozo. Muchos le siguen. Unos, para que les cure. Otros, agradecidos. Y tres días después –nos cuenta el Evangelio- como no tienen qué comer, siente compasión. Pregunta a sus discípulos: “¿Cuántos panes tenéis?” y con lo poco que tienen da de comer a una multitud, “y comieron todos hasta saciarse”.
Pero yendo un paso más allá este “festín de manjares suculentos” es la Eucaristía, de la que esa multiplicación es signo. En la Eucaristía Jesús se entrega. En ella se actualiza (se hace presente todo el poder de) su muerte y resurrección, su victoria sobre la muerte. Participar de este banquete es recibir la salvación y anticipar el cielo. Dios mismo, en persona, el Esperado, se hace presente en la Eucaristía.
Y, si te acercas a Jesús, las palabras del profeta se harán realidad en tu vida: se arrancará el velo y podrás ver la salvación de Dios en tu vida y en el mundo. Podrás disfrutar de la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte. Él traerá alegría, enjugará tus lágrimas, te restaurará. Esto hacemos en la Eucaristía: celebrar y gozar porque Dios salva.
Vamos viendo que Dios cumple lo que promete, que su Palabra no falla y ésta es también para ti y para tu vida. Así que haz tuya esta lectura, léela mirando tu vida, tu fe, la Iglesia… y reza con ella, da gracias, alaba y pide a Dios.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 5 de diciembre

Martes 5 de diciembre
I semana de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 11, 1-10
Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.
Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios.
La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea.
La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey.
El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Pistas: Jesé es el padre del rey David del que descendieron los reyes de Judá. La lectura describe cómo es el rey ideal de ese linaje. El espíritu es la ruah, el aliento de vida. Estará lleno de los dones de Dios, conocimiento, sabiduría, poder… Y con él llegará el reinado de Dios. Un nuevo orden de las cosas.
Nuevamente los símbolos e imágenes que usa el profeta son para imaginarlos, para soñar: un mundo justo con un juez justo donde se protege al desamparado. Juzga la palabra de su boca y con el aliento de sus labios (no con violencia ni imposición). Un mundo en paz, un paraíso (como el que describe el libro del Génesis). En el que todos podrán conocer al Señor (“está lleno el país de la ciencia del Señor”). Y, finalmente, esto será para todos, no sólo para los judíos, porque el renuevo del tronco de Jesé “se erguirá como enseña de los pueblos”.
El Evangelio de la misa de hoy dice que Jesús es quien revela a Dios, quien muestra a Dios, el que ve al Hijo ve al Padre. Es Jesús quien hace presente de un modo completamente asombroso todo lo que el profeta Isaías anuncia. Y a sus discípulos les dice: "¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron".
Vuelve a leer la lectura, pensando en Jesús. Él está lleno del Espíritu Santo, y a través de Él todos podemos llenarnos del Espíritu y sus dones (todos conoceremos a Dios). Si los hombres viviéramos como Jesús enseña ¿no sería el mundo parecido a lo que anuncia el profeta? Jesús lucha contra la mediocridad y las apariencias. Y, finalmente, se alza como enseña de los pueblos, en su muerte y resurrección. ¿Quieres construir un mundo como el que anuncia el profeta? El camino es Jesús. Reza, camina con Él.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 4 de diciembre

Lunes 4 de diciembre
San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 2, 1-5
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:
Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos.
Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.»
Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.

Pistas: los profetas hablan muchas veces de un modo simbólico o a través de sueños o visiones. Por eso una manera aproximarse al texto es imaginarlo, como un sueño, una visión, una película… intentar visualizarlo.
El monte Sión, en Jerusalén, es presentado por el profeta como la casa de Dios, el lugar de la ley. En hebreo la Torah, que en la Biblia es el estilo de vida que Dios revela a su pueblo. Acercarse al monte Sión será encontrar la verdadera sabiduría, para caminar por sus sendas, encontrar la luz del Señor. Será algo firme. Enseñará el camino hacia la paz.
Ese es Jesús que en el Evangelio de la misa de hoy dice tras curar al siervo del centurión romano: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.»
Es Jesús, el que cumple esta visión del profeta Isaías. Y los gentiles, los extranjeros, tú y yo nos podemos acercar a Cristo y caminar a la luz del Señor. No es la sabiduría del mundo, el poder de los hombres, los logros de la humanidad (puedes ponerle nombres: dinero, fama, poder, Trump, Putin, los lobbys…). El monte Sión, se eleva por encima. Jesús, la salvación de Dios, se eleva por encima de todo lo demás. Si marchas por sus sendas, si caminas a su luz, encontrarás el estilo de vida que Dios quiere para los hombres, encontrarás verdad, conocerás a Dios porque Jesús es la Palabra del Señor.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 3 de diciembre

Este domingo comienza el tiempo de Adviento y vamos a aprovechar esta ocasión para acercarnos a las primeras lecturas de la misa. Al Antiguo Testamento. Las lecturas del tiempo de Adviento tienen una peculiaridad, son elegidas en muchas ocasiones, de tal modo que el Evangelio muestra el cumplimiento de lo anunciado por la primera lectura. Jesús viene, cumple y lleva a plenitud las promesas de Dios.

Domingo 03 de diciembre
I domingo de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 63, 16b-17; 64, 1. 3b-8.
Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es «nuestro redentor».
Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!
Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él.
Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos.
Estabas airado y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas y seremos salvos.
Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.
No te excedas en la ira, Señor, no recuerdes siempre nuestra culpa: mira que somos tu pueblo.

Pistas: Esta lectura es una oración. Primero recuerda cómo es Dios: “Eres nuestro padre”, “nuestro redentor”, “el alfarero”. Es el Dios que ama a su pueblo. Pueblo que ha pecado y se ha apartado de Él. Que padece sus propias equivocaciones. Y que a pesar de haber experimentado su amor, han visto su salvación, pero no han sido fieles. Como tú y yo. ¿Cuántas veces fracasamos y nos apartamos de sus caminos? ¿Cuántas veces nuestra justicia es como un paño manchado? ¿Cuántas veces sientes que tu vida se marchita o que tus culpas, tus errores, tus pecados… te arrastran como el viento?
Se dan cuenta de que todo esto es por no invocar Su Nombre ni aferrarse a Él. Y por eso su oración es: “Somos tu pueblo”, "obra de tus manos", "somos arcilla y tú el alfarero", "aparta nuestras culpas", "sálvanos".
“Ojalá rasgases el cielo y bajases”. Esto ¡ya ha sucedido! En Jesús. En el Espíritu Santo que habita en nosotros. Todo lo que el profeta Isaías dice de Dios se ve más claramente a través de Jesús y Él lleva estas palabras a otro nivel. Realmente se ha rasgado el cielo, Jesús ha llegado para hacer nuevas las cosas, ya no está oculto el rostro de Dios, porque Jesús lo revela plenamente. El poder de nuestras culpas ha sido vencido, con la muerte y resurrección de Jesús, con el poder y presencia del Espíritu Santo.
Por otra parte, el Evangelio de hoy nos invita a velar, a estar vigilantes y despiertos. Si necesitas a Dios, si tu Iglesia necesita a Dios, no esperes ¡Despierta! Invoca su nombre, ora, en Él hay salvación. Espera y confía en Dios, haz tuyas las palabras del profeta y ora con ellas. Aférrate a Dios, invócalo y verás las cosas cambiar.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 2 de diciembre

Sábado 2 de diciembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

Pistas: La mente se embota cuando no somos capaces de discernir entre el bien y el mal, entre lo conveniente y lo que nos hace daño, y nos convierte en un tipo de personas que no queremos ser. Y esto no sucede de la noche a la mañana. Por eso, hay que estar despiertos para verlo venir.
Piensa en los momentos en los que te has acabado dejando llevar y tu actitud desembocó en el pecado o en el mal, haciéndote sufrir, convirtiéndote en alguien malo o mediocre. Siempre han empezado poco a poco. Con pequeñas concesiones que no parecían malas. Digamos que se deja de buscar lo mejor para conformarse con lo que no es malo… Y poco a poco, sin que se enciendan luces rojas, comienza a embotarse la mente. Comienzas a perder tu identidad de discípulo de Jesús, a vivir como los que no tienen fe. A poner excusas para tu pecado y mediocridad. Es como andar en tinieblas, no distingues lo bueno de lo malo, no sabes qué dirección tomar.
Jesús avisa hoy a sus discípulos: estad despiertos, pedid fuerzas para escapar del mal, del pecado, y poder estar en pie.
¡Qué imagen tan bonita! Poder estar en pie ante Jesús, dejando que te mire con amor, sin que tú sientas vergüenza. Cuando uno se ha equivocado no quiere alzar la mirada, no se siente digno. Pero si eres discípulo de Jesús tienes que estar en pie, vigilante, dispuesto, fiel. Y el camino es el de siempre: pasar tiempo con Jesús, rezar, convertirse día a día viviendo en la verdad.
Entonces ¿qué eliges? ¿estar embotado o despierto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.