Lunes 21 de agosto

Lunes 21 de agosto
San Pío X, papa.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 16-22

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Él le preguntó:¿Cuáles? Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta? Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres así tendrás un tesoro en el cielo y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Pistas: El pasaje de hoy nos presenta dos maneras de seguir a Jesús: cumpliendo y siendo buenos o llegando hasta el final.
Este joven era rico, ése era su tesoro. El dinero y lo que ello da era muy importante para Él. Pero era bueno y cumplía los mandamientos. Sin embargo, no fue capaz de seguir el camino al que Jesús le invitaba. Pero sentía que le faltaba algo, por eso le pregunta a Jesús: “¿Qué me falta?”. Porque con el cumplimiento, con las normas, no le llegaba.
Esto les pasa a las personas de nuestro tiempo cuando les presentamos una fe de mínimos, sin exigencia, en la que todo vale, sin encuentro con Jesús y sin entrega, en la que lo único que importa es ser buenos –o parecerlo-.
El joven pregunta qué le falta y Jesús le enseña cuál es su ídolo, su apego. Y le invita a dejarlo y seguirle. Porque todo lo demás es pasajero.
No es fácil fiarse de Jesús plenamente. A veces es como lanzarse al vacío. Pero ése es el verdadero tesoro –para ahora y para la vida eterna-. Porque una vida sólo de bondad y cumplimiento desemboca en la tristeza si no se sigue a Jesús y si no descubres el camino que Él tiene para ti. Tal vez Jesús te haya preparado para ser empresario, cura, monja, padre o madre de familia…. Da igual. Lo importante es: ¿Qué te falta? ¿qué es lo que Jesús te está pidiendo que ”vendas” para poder seguirle? No sólo seas bueno, sigue a Jesús y encontrarás el tesoro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 20 de agosto

Domingo 20 de agosto
XX semana del tiempo ordinario. Ciclo A

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas
descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: Señor, socórreme. Él le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Pistas: Da qué pensar este Evangelio. Parece que Jesús no puede tratar así a alguien ni tener una idea restrictiva de salvación. Entonces ¿de qué habla el Evangelio de hoy? En primer lugar, de la fe y la perseverancia. Aquella mujer creía en
Jesús por encima de todo. No duda del poder de Jesús para salvar a su hija. Y persevera. Consigue primero que los discípulos hablen con Jesús, quizás no por compasión, pero se acercan a pedirle que la atienda. Y, después, se presenta ante Jesús, se pone de rodillas y le pide. Y en el diálogo se mantiene firme en su fe. La constancia le ha abierto la puerta.
En segundo lugar, se pone en entredicho la idea de un Mesías político y nacionalista judío, una salvación sólo para el pueblo judío mientras que los extranjeros son infieles y quedan fuera. La fe de la mujer es ejemplar y conmueve a Jesús. Y la acoge.
Este milagro de Jesús se les quedó grabado y cuando la comunidad de Mateo comenzó a aceptar a los paganos, este relato les servía para entender que para Jesús lo importante no es la procedencia, el sexo, la posición social… sino la fe.
Por eso este Evangelio puede hacerte mirar a tu propia fe y perseverancia. También tu postura en la Iglesia. El pan (la Eucaristía y lo que significa) no sólo es para los que están sentados a la mesa, sino para todos. Quizás Jesús necesite que tú y yo salgamos a buscar e invitar a los que necesitan encontrarse con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 19 de agosto

Sábado 19 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 13-15
En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos les regañaban.
Jesús dijo: Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los Cielos. Les impuso las manos y se marchó de allí.

Pistas: ¿Cómo acoger el Reino de los cielos? Como un niño: pequeños, necesitados, curiosos, sencillos, con capacidad de asombro, confiados, dicen lo que piensan… así son los niños. No se trata de infantilizarse para acoger la fe, sino de tener sus actitudes.
A veces pensamos que se trata de programar grandes planes y proyectos, de mucho esfuerzo y trabajo personal (que son necesarios). Pero de nada servirán sin una actitud como la de un niño ante Jesús. El niño sólo quiere estar con quien le quiere, al lado de la persona con la que está a gusto, acoge lo que le dan, si necesita algo lo pide y sabe que los que le quieren no le fallarán.
¿Cuál es tu actitud ante Jesús? ¿en qué necesitas hacerte como un niño? Las actitudes que nos enseña el Evangelio de hoy son: estar con Jesús y dejarnos bendecir y amar por Él (a pesar de que otros puedan intentar que no le conozcamos). Nos pide un corazón sencillo capaz de priorizar lo verdaderamente importante.
Por último, también puede hacernos reflexionar esta escena sobre cómo tratamos a los que intentan acercarse a Jesús y los creemos más pequeños o inferiores a nosotros. “No se lo impidáis”. Jesús espera de nosotros también que le acerquemos a otros para que puedan descubrirle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Viernes 18 de agosto

Viernes 18 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 3-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? El les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? El le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer ─no hablo de prostitución─ y se casa con otra comete adulterio.
Los discípulos le replicaron: Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

Pistas: El Evangelio de hoy recoge las enseñanzas de Jesús sobre el matrimonio y el celibato por el Reino de los Cielos.
Defiende Jesús que el camino más perfecto es que lo que Dios une, el hombre no lo separe. El matrimonio entre un hombre y una mujer une de tal modo que los que eran dos, son una sola carne. Pero pongámonos en el contexto de estas palabras. Un tiempo en el que la situación de la mujer era tal, que la que era repudiada por su marido tenía que volver a la casa paterna, deshonrada y deshonrando a su familia. Muchos rabinos defendían que un hombre podía repudiar a su mujer por cualquier motivo (por ejemplo, si no le gustaba cómo cocinaba), siendo ésta una manera de tener subyugada a la mujer. Ahora podemos entender mejor el alcance de la explicación que da Jesús.
La enseñanza de Jesús, citando la escritura, explica el matrimonio como una institución para toda la vida. Y en las primeras comunidades cristianas la institución del matrimonio va devolviendo la dignidad a la mujer, porque manda al hombre amarla como Cristo ama su Iglesia.
Por último, Jesús señala que el celibato es un don (es decir, es gracia y tarea) y que es un camino válido. Probablemente Mateo recoge estas palabras de Jesús para confirmar a aquellos que habían elegido el celibato imitando a Jesús.
Puedes aprovechar este Evangelio para hacer un examen sobre tu vida matrimonial o, si eres célibe, sobre tu celibato. Dos opciones de vida que Jesús propone.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 17 de agosto

Jueves 17 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 18, 21-19, 1
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El Señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Pistas: Pedro hace una pregunta para saber hasta dónde tiene que llegar: ¿Cuántas veces perdonar? Viene a preguntar: ¿Con qué cumplo? ¿dónde está el límite? A Jesús no le vale una vida de cumplimiento en sus discípulos, no quiere mediocridad y conformismo, ni una ley sin alma. Porque su invitación es a entrar en el amor de Dios, un amor sin límites. Por eso, Jesús llama a sus discípulos a usar la medida del amor y el perdón de Dios.
Esto es imposible sin el Espíritu Santo que transforma el corazón, mostrando la inmensidad del amor y la misericordia de Dios. Haciendo que el corazón pecador y pobre del hombre quede sanado y transformado. Siendo así capaz de amar y perdonar de corazón. En la parábola aparece el contraste entre la inmensa deuda que el señor perdona a su empleado y la insignificante que el empleado no es capaz de perdonar.
Mira a tu vida ¿necesitas ser perdonado? Acude, sin miedo, al Señor que perdona todas tus deudas, que limpia tu alma y te libera de las ataduras del rencor. Jesús ha vencido al pecado, al mal y a la muerte para darte su salvación y hacerte una criatura nueva. Es su mensaje revolucionario: Amaos unos a otros como yo os he amado… No seas esclavo del pecado y tus errores, sino fíjate en Jesús, que amó hasta el extremo y perdonó siempre.
¿Alguien te ha hecho daño? ¿quieres perdonar? Perdonar no es sólo un sentimiento, es también un acto de voluntad. Rechaza todo sentimiento malo que salga de ti y toda falta de perdón. Y pide a Dios que llene tu corazón, tu voluntad y tus sentimientos, todo tu ser, de su Espíritu Santo. Es quien hace nuevas las cosas, te da libertad, y te va haciendo actuar como discípulo de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 16 de agosto

Miércoles 16 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Pistas: La corrección fraterna: ¿Cómo corregir al hermano que peca? Lo primero que debemos pensar es que, según Jesús, nos tiene que importar lo que los hermanos (los de mi Iglesia, parroquia, comunidad, familia) hacen con su vida. Y, a los demás, lo que yo hago con la mía. Así que, forma parte de la vida cristiana ser capaz de corregir y ser corregido.
Esto no busca mostrar los defectos del otro, ni sentirnos mejores, ni echar en cara nada… lo que debe buscar es salvar al hermano. Por eso, cuando corrijas a alguien hazlo después de rezar, que sea Jesús quien te ilumine y no una consecuencia de que tú estés enfadado ni porque quieras imponer tu visión de las cosas, sino porque quieres mostrarle la verdad de lo que está viviendo. Quizás esto nos suene extraño porque no estamos acostumbrados a hacerlo. Pero el Evangelio de hoy nos dice que si queremos ser Iglesia, tenemos que corregir y ser corregidos como hermanos, incluso por la comunidad si es necesario. Se trata de buscar por todos los medios que el que se ha perdido en la oscuridad del pecado pueda ver: primero tú solo, luego lleva un testigo, luego la comunidad, nos dice este Evangelio.
Si no corriges serás cómplice del mal y del pecado que ves a tu alrededor. Y, si lo haces, la responsabilidad no será tuya, ni de la comunidad. Si te dejas corregir, crecerás y podrás acoger la salvación de Jesús. Jesús da a la comunidad el poder de atar y desatar. Como anteriormente había hecho con Pedro. Las decisiones no serán arbitrarías sino con el mismo poder de Jesús.
Finalmente, recoge Mateo una frase de Jesús sobre la oración de petición o de intercesión. Y sobre su presencia en la comunidad unida en oración. Con estas dos frases te propongo un ejercicio: ponlas en práctica con fe y verás que la Palabra de Dios no falla. Con tu marido o tu mujer, con tus hijos, con tus amigos… Cuando te cuenten un problema, cuando necesiten algo, reza con esa persona. Una de las experiencias bonitas que he tenido es precisamente terminar algunas conversaciones con un momento de oración, con palabras muy sencillas, recogiendo lo que hemos hablado. Prueba y verás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 15 de agosto

Martes 15 de agosto
Asunción de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Pistas: Después del anuncio del ángel, María se pone en camino para ver a su prima Isabel. Lee el pasaje poniéndote en la piel de cada una. Isabel, una anciana estéril a la que Dios ha concedido ser madre (ella será la de Juan Bautista). Experimenta el encuentro con Jesús antes de su nacimiento. Queda llena del Espíritu Santo. Puedes imaginarte ese encuentro y qué sintió para decir esas palabras.
Y María. Su prima Isabel confirma lo que el ángel le anunció. La declara bienaventurada por su fe porque el Señor cumplirá su palabra. Y de la boca de María sale una alabanza a Dios. Primero, por lo que ha hecho en ella. A continuación, por lo que Dios hace en su pueblo. Lee cada frase despacio, pensándola y haciéndola tuya.
María alaba a Dios que nos salva, porque ya viene Jesucristo. Ella es el ejemplo perfecto de aquello a lo que estamos llamados y destinados los cristianos. Es el ejemplo perfecto de redimida, de discípula, de creyente. Es la llena de gracia, la inmaculada (que no tiene pecado). Y, como celebramos hoy, la que ha sido ascendida en cuerpo y alma al cielo. Ya está en la plenitud de la salvación.
Pero no olvides: es María, la muchacha de Nazaret, la de carne y hueso, como tú y como yo. Es la que con su decisión cambiará la Historia. Ella nos señala el camino de su Hijo, nos hace mirar a Dios y alabarle en este día. Ella nos dice que nuestro sitio es el cielo, que comienza ya aquí, diciendo sí y poniéndonos en camino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 14 de agosto

Lunes 14 de agosto
San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 17, 21-26
En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos la Galilea, les dijo Jesús: Al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día. Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Contestó: Sí. Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños? Contestó: A los extraños.
Jesús le dijo: Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.

Pistas: Aunque nos hemos saltado unos cuantos capítulos, ayer leíamos la confesión de los discípulos de Jesús: Realmente eres Hijo de Dios. Y hoy Jesús anuncia su muerte y resurrección. No engaña a sus discípulos. Ve que no puede terminar bien y les prepara. Éste es el segundo anuncio que Jesús hace de su muerte. En el primero Pedro reacciona diciendo que es imposible, que eso no puede pasarle a Él (porque no pueden entender un Mesías que no sea triunfante al modo humano) y recibe una contestación muy dura de Jesús. En este segundo anuncio Mateo nos dice que se entristecen. Van asumiendo qué va a ocurrir pero lamentan no poder cambiar el curso de los acontecimientos.
A continuación, Mateo nos cuenta un acontecimiento curioso. El impuesto de las dos dracmas era para el Templo. Los judíos hacen esta pregunta a Pedro para saber la posición de Jesús al respecto. Además, en esta época Roma no cobraba impuestos a los ciudadanos romanos; los ingresos del gobierno se obtenían mediante los tributos que pagaban los aliados, las provincias y los reinos que dependían de ellos.
Para Jesús lo material no tiene demasiada importancia. A Él le importa que su mensaje transforme el interior de las personas y desde ahí lo demás cambiará. Su postura en este tema es que ellos están exentos de ese pago. Pero también que para Él son más importantes otras cosas como mantener la paz y dar ejemplo. Y el “milagro”, la “casualidad” del pez y la moneda, hace pensar que no va a faltar el modo de cumplir con los deberes.
Fiarse de Jesús nos llevará a cosas sorprendentes. Nos llevará a mirar más allá de nuestros derechos, al bien de los demás. Nos abrirá los ojos a una perspectiva distinta de la vida. Y, si seguimos a Jesús, descubriremos que Él nunca falla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 13 de agosto

Domingo 13 de agosto
XIX domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 14, 22-33

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!
Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. El le dijo: Ven.
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame.
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.

Pistas: La barca sacudida por las olas. Y Jesús está lejos. En medio de la noche se acerca caminando sobre las aguas. Pero, al verle, se asustan y creen que es un fantasma.
La barca es tu vida, es la Iglesia, es tu comunidad, es tu parroquia. Y, a veces, las dificultades hacen difícil el camino. Y Jesús parece que está lejos. Sólo ves fantasmas. Y si lo ves a lo lejos piensas que no es Él. Te asustas y te sientes perdido.
Pero, escucha y Jesús te dirá: Ánimo, soy yo, no tengáis miedo. Y ahora, en tu barca, Jesús te dice, Jesús nos dice: Ánimo, soy yo, no tengáis miedo. Y cuando Jesús sube a la barca, amaina el viento. Cruzarás la tempestad, navegarás hacía dónde Él te quiera llevar y hará crecer tu fe.
Y conforme crezca tu fe, podrás ir donde Jesús te llame. Como Pedro. Que se fió de Jesús y comprobó cómo lo imposible era posible. Por unos instantes experimentó cómo Jesús cambia las cosas, las transforma, les da un sentido nuevo, nos ofrece una vida plena. Pero, si dudas y te hundes de nuevo: llámale. Él extenderá su mano y te levantará. No te dejará solo y abatido. Él está contigo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 12 de agosto

Sábado 12 de agosto
Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 17, 14-19

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: Señor, ten compasión de mi hijo que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua.
Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo. Jesús contestó: ¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? Les contestó: Por vuestra poca fe.
Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.

Pistas: Si vuestra fe fuera como un grano de mostaza… nada os sería imposible. Pues qué poca fe tengo… porque tantas cosas se me hacen un mundo, imposibles. Tantos sufrimientos, tantos demonios que debería expulsar y no lo hago. Tantas veces que me parece que el mal gana la partida…
Pero la buena noticia es que esto tiene remedio. Llama a Jesús, Él lo puede todo. Y ten fe. Nada te será imposible. Podrás luchar contra el sufrimiento, el mal, el pecado… en el mundo y en tu vida. Llama a Jesús y con Él lo podrás todo. Y cuando tu corazón sea suyo, cuando vayas haciéndote cada vez más discípulo suyo, te darás cuenta de que nada será imposible para ti. Ten fe y quedarás lleno del poder del Espíritu Santo, como Jesús estuvo lleno. Y harás –como dice la Escritura- obras como las suyas.
No tengas miedo, ten fe. No dudes, ten fe. Jesús lo puede todo. Y si tienes poca fe, pídela. Y acógela, reza, camina, busca, y nada será imposible para ti. Porque nada hay imposible para Dios y Dios está de tu lado. Dios está contigo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.