Viernes 11 de agosto

Viernes 11 de agosto
Santa Clara virgen

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 16, 24-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del Hombre con majestad.

Pistas: Si has decidido que seguir a Jesús merece la pena, entonces tienes un trabajo por delante: concretar este Evangelio en tu vida.
En tu situación, ahora ¿qué quiere decir negarte a ti mismo? Ya sabes que no es algo que te anule o te haga despreciarte. Tiene que ver con ser libre para seguir a Jesús. Renunciar a aquello que dentro de ti te lleva lejos de Él, de su amor y de vivir como Él enseña. Negarse a uno mismo es vencerse, dejar que el amor y la verdad de Jesús triunfen en tu vida. Supone derrotar la comodidad, la mediocridad, las excusas… Equivale a decidir vivir llenos del Espíritu Santo, hacer las obras del Espíritu. Y, cuando te niegas a ti mismo, entonces eres más libre, más dueño de tu propia vida.
¿Qué significa cargar con tu cruz? ¿Cuál es? Ponle nombre o nombres. Ésa es la cruz que tienes que llevar, confiando en Dios. La podrás llevar si te niegas a ti mismo, como se explica antes. Piensa en Jesús cargando su cruz. No es una carga absurda, un sufrimiento vacío o una lucha infructuosa. Él nos enseña que el final de la cruz es la resurrección, la vida y la victoria sobre el mal, el pecado y la muerte. Cargar con la cruz es renunciar a la desconfianza, a la queja, a la desesperación.
Perder la vida por Jesús, para encontrarla. Porque éste es el único camino que da vida, el único que te lleva a la verdad. Si quieres ser tu propio salvador, te perderás. Pero si descubres el amor incondicional y misericordioso de Dios, que te hace comprender que Él mismo está en tu corazón, que te lleva a amar a los demás y amarte y conocerte a ti mismo, entonces te salvarás. Y tendrás paz, serás libre y estarás feliz. Por eso Jesús pregunta de qué te sirve ganar aparrntemente todo si arruinas tu vida, si no te llena, si no eres feliz, si no tienes paz y eres esclavo de las cosas o del poder, la posición, el éxito….
Todo esto se abre a la eternidad. No sólo es para este mundo, no es algo que termine con la muerte. Aquí puedes empezar a vivir el cielo que no se acabará.
Un amigo cura fue a celebrar la unción de enfermos con un moribundo y también la Eucaristía. En el momento de la paz, su saludo fue: “Hasta el cielo”. Esto es hermoso y esperanzador. Jesús hoy nos da las claves: Negarse a uno mismo, cargar con la cruz, con la paz de Dios en el corazón, que dura hasta la vida eterna.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 10 de agosto

Jueves 10 de agosto
San Lorenzo, diácono y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio san Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

Pistas: Para morir el grano de trigo tiene que aceptar cambiar. Si queda encerrado en sí mismo no podrá germinar y dar fruto. Por eso seguir a Jesús implica transformarse, convertirse. Supone morir a uno mismo para vivir. Sólo el que es capaz de no ponerse a sí mismo en el centro podrá dar fruto y tendrá vida.
Hoy Jesús nos invita a seguirle con todas las consecuencias. A estar dispuestos a vivir como discípulos suyos. Y ese camino conlleva renuncias a los propios deseos. Nunca significará despreciarse a uno mismo o hacerse daño. Jesús enseña que hay que amarse a uno mismo (“amar al prójimo como a ti mismo”). Pero el camino para hacerlo es vivir como discípulos suyos, poner por encima de nosotros y nuestras prioridades a Jesús, al proyecto de Dios. Y en ese sentido se entiende entregar la propia vida. ¿Qué hay más grande que eso?
Jesús te invita a encontrar el camino de la entrega, del amor, del servicio. Y eso implica morir como el grano de trigo ¿estás dispuesto a aceptar este cambio?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 9 de agosto

Miércoles 9 de agosto
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, virgen y mártir, patrona de Europa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: No sabemos el día ni la hora en que el Reino de Dios alcanzará su plenitud. En teología se llama: la parusía, el final de los tiempos. Lo confesamos en el credo: el Reino que no tendrá fin, cuando Jesús venga a juzgar a vivos y muertos.
No estamos muy acostumbrados a pensar en esto, y eso que ni siquiera sabemos la hora de nuestra muerte. Por eso, esta parábola es una invitación a la vigilancia y a no vivir la vida dejándose llevar o posponiendo a mañana lo que podemos hacer hoy. Podemos decir que es un antídoto contra la comodidad y la mediocridad. Porque lo más fácil es pensar que da igual. Dejarnos llevar por las modas y por la cultura dominante. Podemos quejarnos y esperar a que otros nos solucionen la papeleta, no tomar partido. Pero si actuamos con dejadez puede que nos quedemos fuera del “banquete de bodas”, fuera del Reino.
Esta parábola no nos dice que Jesús dé una sola oportunidad, que no pase ni una. Dios es misericordioso y nos ama. La Palabra de Dios nos advierte que estemos vigilantes, que despertemos, que seamos precavidos, que no da igual vivir de un modo o de otro. Te dice que será tu vida completa la que tendrás que presentar ante Dios.
Pensemos ahora: ¿Estamos en vela o estamos dormidos? ¿Estamos dispuestos a entrar en la fiesta o preferimos dormir y quedarnos a la puerta? ¿Andamos por ahí buscando con qué encender nuestra lámpara para poder entrar o sabemos dónde encontrar el aceite y lo tenemos preparado? La oración, la Palabra, los sacramentos, la vida de discípulos, la Iglesia son el aceite para mantener encendida tu lampara. Así pues, no sabemos el día ni la hora. Por eso: ¡¡Despierta!!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 8 de agosto

Martes 8 de agosto
Santo Domingo De Guzmán, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 15, 1-2. 10-14

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y letrados de Jerusalén y le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos desprecian la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer? Y, llamando a la gente, les dijo: Escuchad y entended: No mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre.
Se acercaron los discípulos y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte? Respondió él: La planta que no haya plantado mi Padre del cielo, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.

Pistas: La imagen, las apariencias, el “qué dirán”, pesan mucho en nuestra sociedad y también en nuestra Iglesia. ¿Cuántas veces nos aferramos a tradiciones externas, a maneras de hacer las cosas, para no tener que mirar dentro de nosotros? Y nos escandalizamos y señalamos a otros cuando no cumplen. Nos preocupamos porque las cosas “no son como antes” aunque nuestro corazón esté vacío o hayamos dejado sitio al pecado en él. Nos importan las cosas, lo externo, pero no las personas. Y buscamos la manera de señalar a los demás para creernos mejores y estar tranquilos.
No son las apariencias ni las tradiciones, sino lo que hay en tu corazón lo que importa. Porque eso es lo que te mueve. Para qué mirar a los demás. Mejor mira dentro de ti: ¿qué encuentras?
Si eres guía de otros -en tu familia, entre tus amigos, en tu comunidad o en tu parroquia- deja que la Palabra de Dios te hable. Jesús es la luz y el Espíritu Santo hace brillar esa luz en tu corazón. Ahí es donde tienes que mirar y preguntarte ¿qué tengo dentro? ¿qué sale de ahí?
Si Jesús es tu guía, si el Espíritu Santo llena de la luz de Jesús tu corazón, no eres ciego. Caminarás y ayudarás a otros a caminar. Y harás las obras del Espíritu, porque de tu corazón saldrá lo que te llena, porque Jesús orienta tus pasos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 7 de agosto

Lunes 7 de agosto
San Sixto II, Papa y compañeros mártires
San Cayetano, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 14, 22-36

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame.
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto y cuantos la tocaron quedaron curados.

Pistas: Este pasaje lo sitúa San Mateo después de la multiplicación de los panes y los peces, un momento en el que los discípulos se habían enfrentado a sus dudas. Jesús les había asegurado que podría dar de comer a la multitud, pero ellos no fueron conscientes de ese poder hasta que su fe se fue acrecentando.
Hoy Jesús pone de nuevo a prueba la fe de sus más cercanos. Los discípulos le han escuchado, le han visto hacer milagros, pero tienen que creerse de verdad a Jesús. No pueden quedarse en una teoría, en una doctrina. Todo eso es importante, sí, pero más lo es tener la experiencia de la fe. Fiarse de Jesús y descubrir quién es. Ya no son los milagros que Jesús ha hecho, es la experiencia que tienen de Jesús. Y así también en tu vida tener a Jesús en el interior te lleva a que sea tu referente y llene tu vida, tus acciones, tu forma de ser. Cuando le dejas que entre en tu vida y la cambia, la inunda de principio a fin.
A veces nos ocurre que creemos que ya nos lo sabemos todo, que estamos preparados para seguir a Jesús, para enfrentarnos al mundo con la fe que creemos poseer. Pero entonces una tempestad, un problema, un reto, un traspiés nos hacen dudar. Como Pedro, le decimos: Allá vamos, Señor. Pero cambia el tiempo, llega una tormenta y nos echamos para atrás. «¡Qué poca fe!». ¿Por qué dudas, si Jesús va a estar siempre ahí? ¿por qué temes que Él te abandone?
Pedro caminó sobre las aguas. ¿Tres pasos, diez, cincuenta…? No lo sabemos. Pero seguro que fueron los más maravillosos de su vida hasta ese momento. Sin embargo, la fuerza del viento le hizo temer, dudar, tambalearse. Y aún así, Jesús no le dejó hundirse. ¿Y tú? ¿caminas hacia Jesús y a la primera de cambio abandonas? ¿no sabes que Jesús nunca te va a dejar caer?
Cuando afloran las dificultades es fácil dar un paso atrás, esconderse o tener miedo. Pero Jesús es la calma que amaina la tempestad. Si le has dicho sí, no te defraudará. Si le has dicho sí, tu vida ha cambiado, ya no eres el mismo. Si le has dicho sí, vive ya en ti, no temas. Ten fe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 6 de agosto

Domingo 6 de agosto
Transfiguración del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomo consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle. Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: Levantaos, no temáis. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie a visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Pistas: Un poco de luz ilumina la oscuridad más profunda. Y Jesús es la luz del mundo.
Poco antes de la pasión, Jesús se lleva a tres apóstoles a lo alto de la montaña. Allí donde en el Antiguo Testamento Dios se manifestó y se mostró. Allí donde los hombres nos sentimos más cerca de Dios, el mundo se hace más grande y el hombre más pequeño. Y, allí, en lo alto, Jesús se vuelve resplandeciente como el sol y blanco como la luz. ¡Qué mejor manera de mostrar la divinidad que la luz y la blancura! Esto, sin embargo, se volverá difícil de ver en la pasión con la oscuridad, la injusticia, el pecado, la muerte y la sangre. Jesús es la luz, es la verdad, es el camino. Pero todo esto lo entenderán mejor después de la resurrección.
Moisés y Elías. La ley y los profetas. Lo que Dios nos pide, sus mandamientos, su modo de ver las cosas. Y lo que Dios nos cuenta de sí mismo, cómo ilumina la realidad de los hombres y muestra su voluntad. Conversan con Jesús. Porque Él es la plenitud de la revelación, todo lo que Dios ha querido contarnos y decirnos ha alcanzado su cima en Jesús. No sólo eso. Dios mismo se hace hombre en Jesús. Dios mismo se nos da. Dios se hace carne, para que nuestra carne pueda entrar en Dios. Y tampoco se conforma con esto. Nos regala su presencia siempre poderosa y actuando en nuestro corazón: el Espíritu Santo. Por eso: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”. Porque en Él está la plenitud de la revelación.
Se está tan a gusto conociendo a Dios. Dándole vueltas desde lo que sabemos (para los apóstoles la ley y los profetas; para ti, tus ideas sobre Dios). Ellos estaban cómodos ahí, partiendo de lo conocido y viendo la luz de Jesús. Pero Dios no les permite quedarse en la zona de confort. Tienen que profundizar, tienen que descubrir quién es Jesús realmente. Pero sólo podrán entenderlo después de la muerte y resurrección de Jesús. Sólo podrán entenderlo y contarlo con la presencia de Jesús Resucitado y el poder del Espíritu Santo.
Y aquellos hombres que del Antiguo Testamento habían aprendido que no se puede ver a Dios ni escucharle sin morir, se asustan. ¡Qué grande, Jesús!: “Levantaos, no temáis”. Esto nos pasa a ti y a mí, cuando nuestra pequeñez, nuestra poca fe, nuestro pecado, quedan a la luz de Dios. Quizás te preguntes: ¿Qué soy yo ante Dios, si no entiendo casi nada, dudo tantas veces, peco tantas veces? No voy a poder entenderlo, no voy a poder seguirle… ¿Y si todo es una imaginación mía?
Jesús les toca y les dice: “Levantaos, no temáis”. Jesús te toca y te dice: “Levántate, no temas”.
Y, después, hay que bajar de la montaña. Hay que meterse en el día a día, llevando a Jesús resucitado con la luz que ya no deja de brillar, con la luz del Espíritu Santo. Y contarles a todos que esto es verdad. Que su luz llena tu vida, que no es una fábula o una leyenda. Jesús resucitado es vida y da vida.
Ahora, relee el Evangelio, imagínate la escena, sube con los apóstoles ante Jesús, escucha la voz de Dios… Y deja que te llene de su Luz, deja que te llene del Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 5 de agosto

Sábado 5 de agosto
La dedicación de la Basílica de Santa María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 14, 1-12

En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.
El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.
El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre.
Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pistas: Herodes representa la inmoralidad, la corrupción, la injusticia, la superstición. Juan el Bautista simboliza la verdad, la honestidad. Y por eso, cuando Herodes oye hablar de Jesús, que tiene autoridad, como Juan, queda confundido.
El Evangelio de hoy nos pone sobre la mesa muchas cuestiones que hacen daño, a uno mismo o a los demás: poder, placer, injusticia, orgullo… Así sigue nuestro mundo en muchos aspectos, y en ocasiones estas cosas se cuelan también en nuestra vida. Si acoges a Jesús tendrás que cambiar. De lo contrario te sucederá como a Herodes y quedarás atrapado lejos de la verdad. Pregúntate qué está moviendo tu vida. Y si cuestiones como el poder, el orgullo, el placer… te hacen alejarte de Jesús.
Por otra parte, el Evangelio de hoy nos muestra también las consecuencias de vivir como Jesús o como Juan. A la gente embriagada de poder, injusticia… no les importa la verdad, no se dejan interpelar por ella y les molesta que se ponga de manifiesto. Por eso, si tú decides vivir como discípulo de Jesús, muchos te despreciarán, te criticarán… Desde luego no es éste el camino fácil. Pero con Jesús sabemos que es el camino de la salvación, de la luz, de la verdad y de la vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 4 de agosto

Viernes 4 de agosto
San Juan María Vianney, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 54-58

En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Pistas: Piensan que saben quién es Jesús y desconfían de Él. Parece una descripción de muchas personas de nuestra sociedad, e incluso de nosotros mismos en ocasiones. Vivimos instalados en nuestros prejuicios sobre Jesús o sobre la Iglesia o las personas que nos hablan de Él, y por ello no nos acercamos a Jesús, no creemos en Él, no podemos tener fe.
En ocasiones también podemos quedar atrapados en un relativismo en el que no existe la verdad: yo tengo mi verdad y los demás tienen la suya, y todas son legítimas y válidas, decimos. Pero lo que ocurre es que se confunde la libertad de pensamiento y de creencias, con la verdad.
¿Vas a dejar que los prejuicios, el relativismo, las modas o el qué dirán te impidan acercarte a Jesús?
Para que la fe se despierte en nuestro corazón es necesario morir al orgullo de creerse en la posesión de la verdad. Y dejar que Jesús, que es la Verdad, nos sorprenda, nos enseñe. Es necesario el encuentro con Él, vivo, a través de la oración, los sacramentos y la Palabra de Dios.
Entonces, al creer, podremos ver las maravillas de Dios en nuestra vida. Por difícil que sea, por lejos que nos sintamos, por perdidos que nos parezca estar, si te acercas a Jesús y te encuentras con Él, si dejas que te regale la fe, tendrás tu milagro. Dios no falla, Él es fiel.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Solemnidad de la Transfiguración del Señor

Evangelio según San Mateo 17,1-9. 
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo».
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo».
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Jueves 3 de agosto

Jueves 3 de agosto
XVII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 47-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y a los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto? Ellos le contestaron: Sí. Él les dijo: Ya veis, un letrado que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Pistas: Volvemos a meditar este Evangelio que leímos hace pocos días. Nos recuerda que la Iglesia no es la comunidad de los perfectos, en ella hay gente de “toda clase”. No pierdas energías y fuerzas juzgando a los que van contigo. Pero esto no significa que dé todo igual. El final depende de cómo hayas vivido. Así que lo más importante es que mires tu propia vida.
¿Cuántas veces juzgamos a los demás aunque el problema lo tenemos nosotros? ¿Cuántas veces criticamos las situaciones, las personas, la institución… cuando los que tenemos que cambiar somos cada uno personalmente? En ocasiones parece que da igual, que a los malos les va bien y a los buenos no. Es fácil caer en el ¿para qué esforzarse? Pero nosotros sabemos que Jesús no defrauda.
Todos estos días Jesús nos habla del Reino, ayudándonos a comprenderlo. A descubrir cuál es el camino que quiere para sus discípulos. Y hoy nos dice que cuando aprendamos seremos capaces de ser luz para otros, de ayudarles a conocer a Jesús y su enseñanza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.