Martes 21 de marzo

Martes 21 de marzo
III de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete voces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.»
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Pistas: ¿Cuánto tengo que amar? ¿cuánto tengo que perdonar? Y Jesús, como siempre, sabiendo cómo es el Amor del Padre, responde que no se le puede poner límites. Él mismo lo demuestra con su vida, lo demostrará con su muerte y derramará ese Amor de Dios sobre todo el que lo pida enviando el Espíritu Santo desde el Padre.
Con la parábola explica: ¿Cuánto te perdona Dios? ¿cuántas veces has sido infiel y pecador, y sigues siéndolo, y Dios te perdona, te salva y te levanta? No te echa en cara lo grande de tu deuda sino que te perdona. Dios te ofrece otra oportunidad.
En realidad, es otra manera de explicar el mandamiento del amor: Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a uno mismo. De lo contrario, será mentira tu fe, será mentira que te dejas perdonar por Dios y acabarás viviendo lejos de su amor. Dios ama, Dios es amor y misericordia. Éste es el criterio para saber si estás viviendo o no como discípulo suyo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 20 de marzo

Lunes 20 de marzo
San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Pistas: Este año se traslada la fiesta litúrgica de San José al lunes. Así que hoy encontramos a este hombre tan admirable, que tuvo la responsabilidad de cuidar, proteger y acompañar a María y a Jesús, al Hijo de Dios hecho hombre. ¿De quién aprendería Jesús a ser hombre? ¿quién educó a Jesús? ¿quién rezó con él?
Olvidaos de las estampas que pintan a San José como un señor mayor. Imaginaos un hombre, de carne y hueso, enamorado de una muchacha judía, con sus planes y proyectos. Un hombre justo, que ama a Dios también, que tiene fe y sentido de lo trascendente. Y en medio de sus sueños se ve sorprendido por los planes de Dios, que son distintos de los suyos. Por eso, podemos aprender mucho de San José, porque es impresionante su capacidad para fiarse de Dios y ser fiel a él.
Al releer el Evangelio y pensar en todo lo que San José vivió y cómo se fió de Dios, puedes mirar tu propia vida. ¿Cómo te estás fiando de Dios?
La iglesia nos invita también en este mes de marzo a rezar por las vocaciones sacerdotales, por los seminarios. Pide a San José que interceda por los seminaristas y los que trabajan con ellos para que sepan, como él, ser fieles a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 19 de marzo

Domingo 19 de marzo
III domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Juan 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida).
La Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contesto: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice: Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contesta: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice: Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Él le dice: Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta: No tengo marido.
Jesús le dice: Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice: Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice: Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adoraran al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice: Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo. Jesús le dice: Soy yo: el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?»
La mujer, entonces, dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será éste el Mesías? Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: Maestro, come. Él les dijo: Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis Los discípulos comentaban entre ellos: ¿Le habrá traído alguien de comer?:
Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio «Uno siembra y otro siega» Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

Pistas: El agua tiene un fuerte simbolismo en la conversación entre Jesús y esta mujer. Jesús rompe esquemas y supera prejuicios. Dice a la mujer: “Dame de beber”. Toma la iniciativa. Lo mismo ocurre en nuestra vida. Dios da el primer paso. Tenemos escrito en lo profundo de nuestro ser una sed de Él. Muchas veces parece que Dios nos pide, cuando en realidad es Él quien nos da. ¿Cuánta sed tenemos? Sed de felicidad, sed de plenitud, sed de paz, sed de verdad, sed de amor, sed de justicia, sed de encontrar nuestro camino… ¿Qué sed hay en ti?
Jesús te dice: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”. El don de Dios es el Espíritu Santo. El Don de los dones que Dios puede dar. Es Dios mismo dándose a los hombres en su interior. El fuego de Dios en el corazón. La certeza absoluta de que Dios está vivo y contigo. Y tendrás el poder y la fuerza que movió a Jesús. El Espíritu de Dios que sacia tu sed y crea algo nuevo en ti. Todo lo demás no te va a llenar, no va a colmar lo que buscas. Pero si te acercas a Jesús, entonces sí.
Jesús hace que la samaritana piense en su vida, en su moral y creencias. Le hace cuestionarse y poder descubrir quién es Él. Y poco a poco ella se da cuenta de que tiene delante al Mesías, que le invita a vivir en Espíritu y verdad. El encuentro con Jesús da de beber agua viva y empuja a la conversión de vida, abandonando el pecado y la mentira. Cuando te encuentras con Jesús se deja el cántaro vacío con el que se iba a buscar un agua que no saciaba. Ella, inmediatamente, va a contar lo que le sucedió. Y por su testimonio muchos comienzan a creer, y se acercan a Jesús, descubriendo que “él es de verdad el Salvador del mundo”.
Por último, Jesús, nos enseña cómo encontrarnos con las personas a las que queremos anunciarles la fe. Desde lo que ellos buscan, desde su sed. Desde la verdad. Ofreciéndoles lo único que puede darles vida: el encuentro con Jesús y el agua del Espíritu Santo. Esto es lo más grande que podemos ofrecer al mundo. Por eso Jesús dice: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 18 de marzo

Sábado 18 de marzo
San Cirilo de Jerusalén, obispo y doctor de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.» El padre le dijo: «Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: Al leer esta parábola hay algo dentro del corazón que se estremece, y nos remueve. La verdad escrita en nuestro corazón anhela lo que intenta explicarnos Jesús. Puedes encontrar en ella muchos caminos para dejar que Dios te hable.
El padre de la parábola es Dios, que te da sus bienes, te da la vida, te da tus talentos, todo lo que eres y lo que puedes llegar a ser. Si te pierdes, te espera. Si te vas lejos, te espera. Si vuelves, te abraza, te ama, te perdona, te hace fiesta, te da el anillo y las sandalias –vuelves a ser de la familia, aunque, en realidad, nunca dejaste de serlo-. Si eres el hijo mayor que vive amargado aunque esté en la casa, te invita a entrar de verdad, a amar de verdad, a alegrarte de lo que Él se alegra. Te dice que todo lo suyo es tuyo.
Jesús en esta parábola muestra que ser discípulos suyos, vivir como el Padre pide, no se trata de normas que son una carga pesada o de una moral impuesta desde fuera. Se trata de amor, de hogar, de familia… y, claro, eso implica un modo de vivir.
El hijo pequeño malgasta lo que tiene, desperdicia su vida, su tiempo y finalmente toca fondo. Recuerda la alegría del hogar, el amor del padre y vuelve. Piensa en qué te pareces a este hijo pequeño.
El hijo mayor se ha quedado. Pero parece que aunque trabaja, se esfuerza, es responsable… se siente vacío, siente que le falta algo, juzga a su hermano… Aunque está en el hogar no disfruta de ello. El hijo pequeño se dejó llevar por promesas falsas de felicidad y acabó casi destruido por el pecado. Pero el mayor lo tiene todo para ser feliz. Por eso ¿dónde estará su corazón para no poder serlo? Puedes pensar lo que tienes de hermano mayor.
Por último, Jesús nos dice: “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. El padre de esta parábola nos enseña el modo de querer, el amor infinito del Padre por sus hijos, el modo de ser Iglesia. ¿En qué te pareces a él?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 17 de marzo

Viernes 17 de marzo
San Patricio, obispo, conmemoración

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 21, 33-43. 45-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Pistas: Para entender mejor el Evangelio de hoy hay que situarlo en su contexto: los jefes de los sacerdotes y de los ancianos, y los fariseos, habían preguntado a Jesús con qué autoridad hacía las cosas. Ellos se consideraban los dueños de todo. Jesús les responde en tres momentos: 1) cuando ante su pregunta Él les responde con otra: les dirá con qué autoridad actúa si ellos toman postura ante las obras de Juan ¿son del Cielo o de la tierra? (Mt 21,24-27). 2) Cuenta la parábola de dos hijos (Mt 21,28-32). 3) Cuenta la parábola de la viña (Mt 21,33-46) que es el Evangelio de hoy.
La viña es Israel, el pueblo elegido. Dios lo ha bendecido y en su historia se ha revelado a ellos. Pero los que han cogido la viña –precisamente los que preguntan a Jesús por su autoridad- están manipulando para su propio interés la religión. Primero depreciaron a los profetas y a los que el Padre envió; ahora, al Hijo, al heredero, a Jesús, lo desprecian y lo rechazan. Lo quieren quitar del medio porque va contra sus intereses. Y dan su propia sentencia: Serán apartados y se les dará a otros la viña.
Jesús será despreciado por ellos e intentarán eliminarlo. Pone en evidencia la doble moral que practican y esto les escuece. Pero finalmente es constituido como la piedra angular, la que sostiene todo el edificio.
A los que cuidan y cuidamos la Iglesia se nos pide que demos fruto, que pongamos a Cristo en el centro. No sólo para los que tienen puestos de responsabilidad –a los que se les exigirá de acuerdo a ella-, sino para todos los bautizados, que tenemos la misión de vivir el Evangelio y anunciarlo, de cuidar la viña y hacer que dé fruto.

Os dejo un enlace por si queréis entender mejor los grupos que hay en la religión judía en tiempos de Jesús. https://www.dropbox.com/s/w9rf0jrx6jkz882/Grupos%20en%20la%20religi%C3%B3n%20jud%C3%ADa%20en%20tiempos%20de%20Jes%C3%BAs.pdf?dl=0

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 16 de Marzo

Jueves 16 de marzo
II de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Habla un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.
Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.» Pero Abrahán le contestó:
«Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.
Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»
El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»
El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.»
Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»

Pistas: En esta parábola vemos lo que sucede cuando el dinero se convierte en un ídolo que ocupa el lugar de Dios. No nos deja ni ver al que tenemos al lado. Nos ciega y nos encierra en el egoísmo. Cuando creemos que lo material o nuestros intereses o placeres son lo más importante en la vida, nuestra relación con los demás no es justa.
El rico sólo es capaz de ver a Lázaro cuando lo necesita. Primero en su propio interés y después en el de su familia. Pero no escuchan a los profetas ni a Moisés. No escuchan la Palabra de Dios.
Como dice el Papa Francisco en el mensaje para la cuaresma de este año 2017 respecto al verdadero problema del rico, «la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano”.
Merece la pena leer el Mensaje del Papa Francisco íntegro, que es un comentario a esta parábola. Os dejo el enlace

https://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/papa-francesco_20161018_messaggio-quaresima2017.html

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 15 de Marzo

Miércoles 15 de marzo
II de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 20, 17-28
En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»
Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?»
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda»
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos.»
Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»
Los otros diez, que lo hablan oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Pistas: Los Evangelios que vamos leyendo en el tiempo de cuaresma son muy ricos en caminos que pueden llevarte a reflexionar y rezar. Las pistas pretenden ayudarte a comenzar. Y desde ahí déjate llevar por la Palabra de Dios. Aquello que te ayude en tu situación personal, o que te lleve a rezar, a alabar, a adorar, a comunicarte con Dios…
Jesús va con sus discípulos a Jerusalén. Por el camino les anuncia su pasión, muerte y resurrección. Ellos no entienden nada. No se dan cuenta de que el camino de Jesús es el amor y la entrega, no el poder o el triunfo político. Buscan todavía glorias humanas. La madre de Santiago y Juan le pide a Jesús que “se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”. Y Jesús vuelve a explicarles cuál es el camino: no ser servido sino servir, no ser primeros sino entregar la vida.
En la cuaresma se nos ofrece la posibilidad de examinar con más detenimiento cómo vivimos nuestro ser discípulos de Jesús. Analiza en qué cosas te has acomodado o si se te han pegado criterios que nada tienen que ver con el Evangelio.
Es tiempo de purificación y de misericordia. De poner luz y quitar la tiniebla de la mediocridad, de la mundanidad y del pecado. Tiempo de poner a Jesús en el centro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 14 de Marzo

Martes 14 de marzo
II de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.
Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Pistas: Podemos hacer dos lecturas de este Evangelio traduciéndolo a nuestro tiempo actual. Por un lado, a veces usamos los errores, pecados y defectos de algunos miembros de la Iglesia para excusarnos por nuestra falta de fe o nuestra fe tibia. No es más que eso: excusas. Así podemos no tomarnos en serio nuestra relación con Dios o nuestra moral. Pero la Iglesia es más que los pecados de los que la forman. En ella encontramos a Jesús y la gracia del Espíritu Santo. En ella está la verdad de lo que Jesús vino a revelar y la fuerza para vivir como discípulo suyo. Porque Jesús hace lo que dice.
Por otro lado, si tienes responsabilidad en la Iglesia o delante de tus amigos y familia eres el que reza, el que va a misa, el que ora con el móvil… ¡Ten cuidado! El Evangelio de hoy te avisa: no te vuelvas un fariseo. No hagas las cosas para que te vean. No juzgues a los demás ni busques glorias humanas.
El camino, si recuerdas, nos lo marcaba el Evangelio de ayer (puedes releerlo). Si quieres ser grande, sirve. Si quieres estar en lo alto, sé humilde. Si quieres ser fiel a Jesús, vive desde el corazón, desde el interior, vive con autenticidad como Él enseña. Vive en el amor. Y así serás grande.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 13 de. Marzo

Lunes 13 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Pistas: Cada frase de este Evangelio habla por sí misma. Todo el mensaje de hoy gira en torno a dos ideas. Por un lado, cómo es el Padre y cómo se comporta con nosotros. Por otro, tratar al prójimo como queremos que nos traten a nosotros. Por un lado, cómo es el amor de Dios. Por otro, cómo es el nuestro.
Por eso, como Dios es compasivo contigo, tú tienes que serlo con los demás. Cómo tú quieres que no te juzguen ni te condenen, quieres que te perdonen cuando te equivocas, que sean generosos contigo, tienes que ser así con los demás.
Jesús, como siempre, va más allá y nos invita a usar una medida “generosa, colmada, remecida, rebosante”, a superar la medida. Como hace Dios con nosotros, como Jesús en su entrega y su amor, como el Espíritu Santo llenando nuestra vida.
Porque Dios ama sin medida, incondicionalmente. Y te invita a arrancar de tu vida el pecado y a entrar en su rebosante amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 12 de Marzo

Domingo 12 de marzo
II domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomo consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: Levantaos, no temáis. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Pistas: Este texto tiene una fuerte carga simbólica. La luz, el blanco, señalan la divinidad de Jesús. Moisés y Elías representan la revelación de Dios en el Antiguo Testamento: la Ley y los profetas. Conversan con Jesús, es decir, hay continuidad entre lo viejo y lo nuevo. La montaña, la nube, les recuerdan a los apóstoles teofanías –manifestaciones de Dios- en las que Dios ha hablado a su pueblo. La voz del cielo que les da la clave: Jesús es el Hijo, hay que escucharle.
Y ésta es también la clave para nuestra cuaresma: escuchar a Jesús, ver su gloria, poder estar con Él en el lugar en que Dios habla (en la oración), y bajar después al mundo, a nuestra vida. Sólo en Jesús encontrarás el camino hacia Dios. Sólo en Él podrás encontrar verdad y vida. Sólo aprendiendo a vivir como discípulo suyo serás verdaderamente libre.
Si te asustas y crees que todo esto te supera, no temas. Si crees que esto no es para ti, no desistas. Jesús se acercará, te tocará, te levantará e irá contigo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.