Archivo de la categoría: Lectio divina

Sábado 3 de junio

Sábado 03 de junio
Santos Carlos Luanga y Compañeros, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 21, 20-25

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se habla apoyado en su pecho y le habla preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

Pistas: “¿A ti qué?” Termina la Pascua… y la tentación que tenemos tantas veces es mirar a nuestro alrededor y olvidarnos de la verdad que hemos estado celebrando 50 días: Jesús ha vencido, está vivo y resucitado. Te ama, te perdona, te salva. Te da el Espíritu Santo y sus dones. Y en todo lo que Jesús ha vencido tú eres vencedor por la fe en Él. Así que: ¿A ti qué?
¿A ti qué? Tú sigue a Jesús. Te entran dudas: ¿Y esa situación? ¿y aquello otro? ¿y por qué este…? Y ¡tanto mal y pecado! ¡cuánta mentira y egoísmo! ¡cuánto sufrimiento!… Pero: y ¿a ti qué? Tú sigue a Jesús. Y si lo sigues, como hemos leído estas semanas, tendrás salvación, serás libre, tendrás vida, tendrás paz, harás obras como las de Jesús y mayores. Si le miras a Él, si le sigues a Él, traerás su Reino a tu vida y a este mundo. Si le sigues a Él, el mal cada vez tendrá menos espacio en ti, en tu familia, en tu comunidad, en la sociedad y en el mundo.
Cristo está resucitado. Él te ha dado una nueva perspectiva, ha ampliado tus horizontes, te ha enseñado a vivir de otra manera, te ha mostrado el camino. ¿Qué harás tú? ¿le seguirás?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 02 de junio

Viernes 02 de junio
Santos Marcelino y Pedro, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 21 ,15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

Pistas: «¡Sígueme!». Así termina la Pascua. Hoy y mañana, nos repiten los Evangelios: ¡Sígueme!
San Pedro negó a Jesús tres veces. Y hoy, Jesús resucitado, deja que Pedro le diga tres veces que le ama. Parece como si quisiera ayudar a Pedro a borrar las huellas del pecado ya perdonado por Jesús. Es muy bonito caer en la cuenta de que amor y misión van unidos. Pedro no es como un asalariado que hace el trabajo por compromiso o por necesidad. La misión nace y se sostiene en la relación personal con Jesús.
Hoy, al finalizar la Pascua, después de haberte asomado al misterio de Jesús resucitado y su alcance, significado e implicación; después de todos estos días en los que has orado acercándote a Jesús, Él te pregunta a ti personalmente: ¿Me amas? ¿me quieres? Y si escuchas en lo profundo de tu ser, te encomienda una misión. Hoy es un buen día para escuchar la voz de Jesús en lo profundo de tu corazón. Seguro que sabes lo que quiere de ti, seguro que lo intuyes. Eso que no te quitas de la cabeza, eso que sabes que te pide que le entregues, ese camino que se está abriendo ante ti, eso que las “casualidades” te van haciendo ver cada día. Y Jesús te dice: “¿Me amas? ¿me quieres?”. A pesar de que le hayas negado o te hayas equivocado. Y también te pide que te fíes de Él y sigas el camino que pone ante ti.
La pregunta de Jesús podríamos decir que tiene truco, porque Él mismo te va a dar la fuerza para amar y saberte amado. Él mismo te va a dar la fuerza para responder y seguirle, y para hacer lo que te pide. Esa fuerza es el Espíritu Santo y sus dones. Pídelo, Jesús lo prometió, y siempre, siempre, cumple lo que promete.
Jesús ha vencido a la muerte, al pecado y al mal. San Pedro, siguiendo a Jesús, acaba muriendo crucificado como su Maestro. Pero pone en marcha la Iglesia y trae al mundo el mayor regalo que le podemos hacer: vencer el mal con el poder de Jesús, hacer las cosas nuevas en Cristo, traer esperanza y amor. Hoy Jesús te invita a salir de tu pecado –como Pedro-, a superar tu pobreza. Te invita a vencer la mediocridad y la comodidad. Jesús te dice: Sígueme ¿me amas? ¡Sígueme!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 1 de junio

Jueves, 1 de Junio
San Justino, mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Pistas: Después del paréntesis de la fiesta de ayer, seguimos leyendo la oración de Jesús.
Jesús ora por los que crean por el testimonio de sus discípulos. Y pide el don de la unidad. Pero no de cualquier tipo. No una unidad que sea uniformidad o que anule, o que nazca de acordar unos mínimos o de imponer una manera de hacer las cosas. Sino como la del Padre y el Hijo, una unidad perfecta en una diversidad perfecta. Porque el Padre no es el Hijo ni el Hijo el Padre, pero ambos son un solo Dios. Ser uno en esta perspectiva es amar. Sólo el amor puede crear este vínculo. Sólo el Espíritu Santo (que es el amor de Dios, que es Dios amando) puede crear la unidad que Jesús pide. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tan unidos que son un solo Dios. Tan diversos que son tres personas. Y, entonces, viviendo en el amor, unidos, el mundo podrá creer.
Jesús quiere que contemplemos su gloria, es decir, que le veamos repleto en su humanidad de Espíritu Santo. Que contemplemos el misterio de la resurrección y nos encontremos con Él vivo. Glorificado nos introduce en la vida misma de Dios y nos da el Espíritu Santo y sus dones. Jesús quiere que los que creemos en Él nos podamos sumergir en su misterio y en el misterio de Dios. Y para ello intercede por nosotros porque Él es el camino hacia Dios.
Jesús reveló en su vida terrena quién es Dios, el nombre de Dios. Y sigue haciéndolo resucitado, para que el amor de Dios esté con nosotros. Y cuando Dios ama, viene al corazón del hombre, nos llena de Espíritu Santo y sus dones, nos transforma venciendo al pecado y a la muerte, haciéndonos libres, llenándonos de fe, esperanza y amor, concediéndonos los dones del Espíritu.
En esta oración Jesús te recuerda que Dios te ama y es justo. Asómate al misterio de Dios, pídele que todo esto se haga realidad en tu vida, y que venga sobre ti el Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 31 de mayo

Miércoles 31 de mayo
Visitación de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Pistas: Él ángel le ha dicho a María que va a ser la madre de Jesús y que su prima Isabel, ya anciana, está embarazada. Y ella se va “aprisa a la montaña”. Es bonito este detalle. Lo primero que uno hace cuando deja que Jesús entre en su vida es preocuparse por los demás, es salir de sí mismo. Y María va corriendo a ver a su prima Isabel para ayudarla, para alegrarse con ella, para felicitarla…
Estamos en vísperas de Pentecostés y el Evangelio de hoy nos ofrece un dato muy bonito. Isabel se llenó de Espíritu Santo cuando María llegó embarazada de Jesús. Dicho de otro modo, la presencia de Jesús trae el Espíritu Santo. Toda la vida de Jesús, desde su concepción hasta su muerte y resurrección está llena de Él y llena a los que le rodean. Hasta que finalmente promete ese mismo Espíritu y lo envía a los discípulos, a la Iglesia.
Isabel llena del Espíritu Santo reconoce a Jesús y confirma a María: “Lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. Dios siempre, siempre, cumple lo que promete. Y María alaba a Dios.
Al releer el Evangelio puedes fijarte en cada una de las frases que pronuncia María. Los primeros versículos se refieren a experiencias vividas por ella, y los otros a la acción de Dios. Probablemente una acción pasada en favor de Israel y que está indicando su actuación futura. María relee la historia de la salvación a partir de su experiencia personal, que le permite comprenderla de una nueva manera. Descubre que la misericordia y el poder de Dios durará para siempre. Porque Dios cuida de su pueblo, cumple sus promesas y es fiel a su alianza.
Este Evangelio es muy adecuado para rezar con él. Alaba tú también a Dios. Deja que ilumine tu vida, tus situaciones, porque Dios tiene preparado para ti lo mejor. Dichoso tú que has creído.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 30 de mayo

Martes 30 de mayo
VII semana de Pascua
San Fernando

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 17, 1-11a

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste.
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste.
Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra.
Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado.
Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Pistas: Jesús ora. A partir de hoy leeremos una larga oración de Jesús. Habla desde la perspectiva de la resurrección y casi parece que es Jesús resucitado el que habla. Vamos a ir desgranándola. Te aconsejo que cuando vuelvas a leer el Evangelio dejes que aquello que te toque el corazón resuene en ti, sin querer entenderlo todo ni profundizarlo todo.
La hora. En el Evangelio de Juan es el momento de la glorificación de Jesús. Pasa por la cruz y la condena a muerte. Jesús decide entregar la vida, nadie se la quita. Y la cruz es casi un trono, Jesús es exaltado en ella. Es la hora en que Jesús vence. Es la hora de la gloria.
La gloria es entrar en la plenitud de la vida divina. Jesús que cumple su misión y es glorificado por el poder del Espíritu Santo. El Padre le confirma resucitándolo y Jesús, en su humanidad lleno, repleto y rebosante del Espíritu Santo, es glorificado junto al Padre. Ahí nos quiere llevar a los suyos, a la gloria, a la vida divina, a estar llenos del Espíritu Santo y poder entrar en la presencia de Dios. No de una manera figurada sino verdadera. Esto es orar y adorar.
Jesús tiene poder y da vida eterna. Jesús revela a Dios. Es el único camino (como venimos viendo todos estos días) para acceder a Dios. Y no lo hace por su cuenta: “Antes que el mundo existiese”. Esta frase hace referencia a que Jesús es más que un hombre. Nos ayuda a entender que Jesús se hace igual a Dios. Es la Palabra hecha carne. Es el Hijo de Dios hecho hombre. Jesús revela el nombre de Dios: nos da a conocer que Dios es Padre.
Comunica a sus discípulos las palabras del Padre. Recibirlas, guardarlas y creer en Jesús es el camino para participar de la gloria de Dios.
Jesús, ruega por los suyos. Tú y yo somos de los suyos. Jesús ora por ti y por mí. Y quiere ser glorificado en nosotros, es decir, quiere que entremos la plenitud de Dios, que tengamos vida eterna. Estamos en el mundo, pero como nos decía el Evangelio de ayer, Jesús ha vencido al mundo, Jesús va delante, nos abre el camino para poder entrar en Dios y conocerle. Y este conocimiento nos hará estar llenos de Dios y de los dones del Espíritu Santo.
Sé que hay algunos aspectos que son complicados de entender. Pero lo más importante es que vayas asomándote en oración al misterio de Jesús que revela al Padre y que da vida eterna. Y poco a poco Dios te lo irá mostrando.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 29 de mayo

Lunes 29 de mayo
VII semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 29-33
En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.»
Les contestó Jesús: «¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.»

Pistas: Jesús va “contestando” las preguntas que se hace la comunidad a la que va dirigido el Evangelio de Juan. Por eso el Evangelista dice “ahora sí que hablas claro”. San Juan va desentrañando quién es Jesús, cuál es su misión, quién es el Padre, cuál es su relación con Jesús, quién es el Espíritu Santo… Los días anteriores hemos ido asomándonos a este misterio que sólo puede ser descubierto progresivamente en la oración, los sacramentos y la escucha de la Palabra de Dios.
Hoy termina el Evangelio diciendo: “En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: Yo he vencido al mundo”. Podemos tomar esta frase como un eco de la fiesta de ayer. Jesús glorificado a la diestra del Padre, vivo y resucitado. Es el vencedor que nos hace participes, según su promesa, de su victoria sobre la muerte, el mal y el pecado. El mismo Espíritu Santo que lo resucitó y llena a rebosar su humanidad y vendrá a hacernos a nosotros también vencedores. Porque Dios mismo viene a habitar en nosotros, somos templos del Espíritu Santo, nos transforma haciéndonos hombres y mujeres nuevos como Jesús. Libres de la esclavitud del pecado, libres de las mentiras y los engaños y seducciones del mundo con promesas de falsa felicidad.
El motivo de la valentía de los discípulos de Jesús no son las propias fuerzas o la propia bondad. La garantía de que venceremos no está en nuestras buenas obras, ni tiene que ver con nuestro esfuerzo. Somos vencedores porque participamos de la victoria de Jesús. Y Él ha vencido al mundo.
(Hoy os dejo una canción que casualmente estaba escuchando al escribir estas pistas y que tal vez os ayude a rezar. La podéis escuchar en el archivo que envío a continuación)

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 28 de mayo

Domingo 28 de mayo
VII domingo de Pascua
La Ascensión del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Pistas: “Yo estoy con vosotros”. El Señor asciende al cielo. Jesús va delante de nosotros. Nos abre el camino a la presencia de Dios. Desde el Padre comparte con nosotros la riqueza de Dios. Se convierte en el mediador de toda gracia. Por medio de la humanidad de Jesús, glorificado el Padre, envía el Espíritu Santo. En realidad, todo forma parte del mismo misterio: Jesús resucitado, está con el Padre y está con sus discípulos.
Vamos a fijarnos en algunos detalles del Evangelio de hoy: “Algunos vacilaban”. Como a nosotros, les cuesta creer, dudan ante el nuevo modo de presencia de Jesús… Pero Jesús les dice que tiene poder y que va a estar con ellos para siempre. Les capacitará con el Espíritu Santo. Les envía. Les manda salir y hacer discípulos. Evangelizar. Y que el que crea se bautice, es decir, que entre a formar parte de la Iglesia. Donde le enseñarán a vivir como discípulo, como Jesús les ha mandado.
Jesús desde el Padre nos da la vida divina, nos introduce en Dios. Jesús tiene poder y nos envía a evangelizar y hacer discípulos. Jesús nos da la Iglesia, la comunidad de los bautizados donde Él permanecerá por siempre. La pregunta es: ¿Te apuntas a lo que Jesús te pide? ¿te apuntas a ir, hacer discípulos y enseñar? Y la respuesta: Jesús no falla, Él estará siempre. Y como celebraremos el domingo que viene, nos da la fuerza y el poder del Espíritu Santo para que todo esto se pueda hacer realidad en tu vida y en la mía.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 27 de mayo

Sábado 27 de mayo
San Agustín de Canterbury, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 23b-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.
Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

Pistas: El Evangelio de San Juan nos repite de muchas maneras que en Jesús hay salvación y que Él revela a Dios. Jesús es la Palabra, la luz, el camino, la verdad, la vida, el Hijo, la vid a la que hay que estar unidos, es el Buen Pastor que da la vida por las ovejas, es el Pan de vida, enviará el Espíritu Santo…
El encuentro y la fe en Jesús abren las puertas del cielo. En el nombre de Jesús hay poder. Y Jesús promete que resucitado nos dará de la riqueza de Dios y nos revelará al Padre. No sólo como un revelación intelectual sino Dios mismo y su riqueza. Jesús resucitado, el Hijo hecho hombre que muere y resucita, está en Dios. Por eso, la puerta a la presencia de Dios está abierta y el «Padre mismo os quiere».
Se acabó el poder del pecado, del mal, de la muerte, de la tristeza. Si te encuentras con Jesús, si recibes y acoges el regalo de la fe, tendrás una alegría completa. Que nadie te podrá quitar.
Siguiendo las instrucciones de este Evangelio, reza a Jesús, pídele su Espíritu Santo que te lleve a conocerle, a creer en Él y amarle. Y la puerta del Padre estará abierta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 26 de mayo

Viernes 26 de mayo
San Felipe Neri, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 20-23a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada.»

Pistas: “Nadie os quitará vuestra alegría”.
Por un lado el mundo intentará quitar de en medio a Jesús y estará alegre porque creerá que ha vencido. No le importa todo el bien que Jesús hacía, ni quién podría ser, ni la verdad… Como decíamos ayer, eso mismo puede pasar en tu vida, en la sociedad o en la Iglesia. Puede parecer que el mal vence y que Dios no está. Pueden darse situaciones de tristeza y sufrimiento. Pero Jesús vuelve. Jesús se hace presente en medio de la comunidad y en el discípulo.
Por otro lado, este sufrimiento se parece al de un parto. El dolor, el sufrimiento, no son lo definitivo. Pero, a veces, como en una conversión, son el camino. Lo definitivo es que va a haber vida, que va a haber alegría y victoria. Lo definitivo es que Jesús va a estar ahí y que tu tristeza pasará.
¿Qué ocurre en tu propia vida, en la Iglesia o en el mundo? Si lo piensas detenidamente lo más importante es que vas a ver a Jesús. Puedes ponerle nombre a tus sufrimientos, tristezas y luchas… y mirar a Jesús resucitado y vencedor. Porque cuando Él está “nadie os quitará vuestra alegría”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 25 de mayo

Jueves 25 de mayo
San Beda el Venerable, presbítero y doctor
San Gregorio VII, papa
Santa María Magdalena de Pazzi, virgen

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.»
Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de «dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver», y eso de «me voy con el Padre»?» Y se preguntaban: «¿Qué significa ese «poco»? No entendemos lo que dice.»
Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver»? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»

Pistas: “El mundo estará alegre”. Cuando Jesús habla del mundo se refiere a los que no creen, a sus enemigos. Estarán alegres ante su muerte y la aparente victoria sobre Él. En cambio, los amigos de Jesús estarán tristes.
¿Cuántas veces en tu vida parece que vence el mal y que los malvados van a triunfar? ¿Cuántas veces parece que Dios no está?¿Cuántas veces no eres capaz de ver a Jesús? Y, sin embargo, “poco más tarde” le volverás a ver y tu tristeza “se convertirá en alegría”.
Ésta es la buena noticia de la Pascua: Jesús sigue presente en la comunidad, envía el Espíritu Santo. Jesús te hace partícipe de su victoria sobre la muerte, el mal y el pecado. El mundo estará alegre pensando que ha vencido, pero si ves a Jesús, si se hace presente, si pides y dejas actuar al Espiritu Santo, tu tristeza se convertirá en alegría. Verás en tu propia vida a Jesús y harás tuya su victoria sobre el mal, el pecado y la muerte.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.