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Martes 19 de diciembre

Martes 19 de diciembre
III semana de Adviento
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
Lectura del libro de los Jueces 13, 2-7. 24-25a

En aquellos días, había en Sorá un hombre de la tribu de Dan, llamado Manoj. Su mujer era estéril y no había tenido hijos.
El ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo:
—«Eres estéril y no has tenido hijos. Pero concebirás y darás a luz un hijo; ten cuidado de no beber vino ni licor, ni comer nada impuro, porque concebirás y darás a luz un hijo. No pasará la navaja por su cabeza, porque el niño estará consagrado a Dios desde antes de nacer. Él empezará a salvar a Israel de los filisteos.»
La mujer fue a decirle a su marido:
—«Me ha visitado un hombre de Dios que, por su aspecto terrible, parecía un mensajero divino; pero no le pregunté de dónde era, ni él me dijo su nombre. Sólo me dijo: "Concebirás y darás a luz un hijo: ten cuidado de no beber vino ni licor, ni comer nada impuro; porque el niño estará consagrado a Dios desde antes de nacer hasta el día de su muerte."»
La mujer de Manoj dio a luz un hijo y le puso de nombre Sansón.
El niño creció y el Señor lo bendijo.
Y el espíritu del Señor comenzó a agitarlo.

Pistas: Damos un salto atrás, al tiempo de los jueces. Tras el éxodo y asentarse en la tierra prometida, la situación de las tribus israelitas -muerto ya Josué- no fue siempre tranquila. Los filisteos molestaban mucho a las tribus del sur. Cuando el Pueblo de Dios atravesaba dificultades, el Señor suscitaba en medio de ellos personas guiadas por el espíritu.
Es curioso, Dios elige al que parece pequeño y débil para sus planes. Una mujer estéril (como los padres de Juan el Bautista), será madre de un hombre fuerte, que llevará al pueblo por caminos de salvación. Precisamente en medio de la debilidad es donde Dios elige mostrar su grandeza y revelar sus planes. Y tienen que fiarse de Dios, que muestra su voluntad de maneras insospechadas (un sueño, un ángel) y que después da pruebas de que su promesa es verdadera.
Puedes mirar la debilidad, la esterilidad que hay en algunas cosas de tu vida y caer en la cuenta de que Dios puede bendecirte en medio de esa situación. Es más, te bendice en esa situación. Porque Dios convierte en fecundo lo estéril, en fuerte lo débil. Porque sus caminos no son los de los hombres, son los de Dios, que se hace hombre para que el hombre pueda conocer a Dios.
Dios que elige, que llama, que guía… En este tiempo de Adviento escucha su voz, porque tal vez te llame, te elija, quiera guiarte a ti también. Prepara el camino al Señor.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 18 de diciembre

Lunes 18 de diciembre
III semana de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Jeremías 23, 5-8
«Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: "El-Señor-nuestra-justicia".
Por eso, mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que no se dirá: "Vive el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto", sino que se dirá: "Vive el Señor, que sacó a la raza de Israel del país del Norte y de los países adonde los expulsó, y los trajo para que habitaran en sus campos."»

Pistas: La fiesta de la Navidad está cada vez más cerca y para poder entender el misterio que en ella celebramos las lecturas nos van haciendo pensar: ¿Quién será ese niño?
Hoy leemos al profeta Jeremías. Escribe en un momento en el que la dinastía davídica está en plena decadencia: incapacidades, injusticias sociales, alianzas idolátricas, crímenes políticos, mala conducta personal… Y en medio de todo eso aparece un rayo de esperanza, la promesa del Señor: “Suscitaré a David un vástago…”. Que salvará al pueblo (a Judá, a Israel, al Norte y al Sur… a todos) y será llamado “el Señor nuestra justicia”. Aquí justicia debemos entenderla en su pleno significado, que incluye la presencia y la acción salvadoras de Dios. Isaías había dado un nombre parecido a su rey futuro: Emmanuel, «Dios con nosotros» (Is 7,14).
Y precisamente el Evangelio de la misa de este día nos hace mirar a José (hijo de David). Dios viene a salvar, como había prometido. Nos cuenta el Evangelio de Mateo que María y José estaban desposados, pero… “antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»”
Este tiempo de Adviento nos sitúa ante las promesas de Dios que se cumplen en Jesús. Pero no olvides que éstas son también para tu vida, para tu parroquia o comunidad… Jesús es el “Dios con nosotros”, “el Señor nuestra justicia”. El que viene a sacarnos del exilio (el pecado, la desesperanza, la tristeza…) para poder vivir en nuestro hogar (el amor, la justicia, la esperanza, la paz, la alegría…). Jesús viene a salvar. Prepárale el camino.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 17 de diciembre

Domingo 17 de diciembre
III domingo de Adviento “GAUDETE”

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 61, 1-2a. 10-11.
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros, la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos.

Pistas: Se acerca la Navidad. La Buena Noticia se hace realidad. A los que sufren trae consuelo y esperanza, trae el Evangelio. A los que tienen el corazón desgarrado los sanará, a los pecadores que tienen deudas con Dios trae perdón, a los que son prisioneros trae libertad.
Trae la gracia del Señor de un modo que el profeta Isaías no podía ni soñar. Porque viene Dios mismo a hacer realidad lo que ha prometido. En Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. El hombre lleno de Espíritu Santo. El que a través de su humanidad resucitado da el Espíritu Santo a los hombres y mujeres. La Gracia inmensa del Amor de Dios habita en el corazón de las personas.
Por eso, este tiempo de Adviento nos invita a la alegría. Con el Señor, con Dios. Que nos hace nuevos. Que nos hace bellos venciendo la maldad y fealdad del pecado, de la desesperación, de la tristeza.
Y así todo será nuevo, brotará justicia, alabanza, ante todos los pueblos. Porque esto es para todos. Un mundo nuevo. Una nueva realidad transformada por el Espíritu Santo. Y te necesita a ti y a mí. Tú eres el que está llamado a vivir todo esto y llevarlo a los demás. ¿Te atreves?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 16 de diciembre

Sábado 16 de diciembre
II semana de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Eclesiástico 48, 1-4. 9-11
Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido.
Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo
e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives.

Pistas: Nos cuenta el Evangelio de Mateo que los discípulos le preguntan a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?» Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.» Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan, el Bautista.
Elías es uno de los grandes personajes del Antiguo Testamento. Gracias a él y su grupo pervive la fe en Yahveh en una época muy difícil en la que el pueblo estaba perdiendo su identidad y asumiendo costumbres, ritos y creencias cananeas en el ídolo Baal. Elías predicó por primera vez el monoteísmo a ultranza. Luchó contra la idolatría. Y contra la mera obligatoriedad de cumplir unos ritos, algo propio de la religión cananea, un culto vacío.
Elías era un profeta poderoso. Anunció tres años de sequía y así fue. Retó a los sacerdotes de Baal a que el dios que hiciese bajar fuego del cielo sobre unos sacrificios de animales sería el verdadero. Ellos lo intentaron todo y nada sucedió. Elías mandó echar agua sobre la leña, oró a Dios y bajó fuego del cielo.
Jesús habla de Juan el Bautista con ese mismo celo, fuerza y pasión. Pero Juan le señala a Él: "El que viene detrás de mí, os bautizará en el Espíritu Santo y el fuego…" (Mateo 3,11). Y Jesús dirá: «He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que estuviera ya encendido…!» (Lc 12, 49). Y, en Pentecostés, "vieron aparecer unas lenguas, como de fuego…" (Hch 2,3).
La palabra, el fuego, la vida, arrebatado a los cielos, nos hace pensar en la resurrección de Jesús, la reconciliación entre los hombres y el restablecimiento del pueblo de Dios. Todo anunciado por Elías, y después por Juan Bautista. Y se cumple en Jesús de un modo asombroso… Todo en este Adviento te dice de mil maneras distintas: Acércate a Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios.

Relee la, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 15 de diciembre

Viernes 15 de diciembre
II semana de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 48, 17-19
Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, seria tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»

Pistas: Dios está comprometido en el destino de su pueblo. Le guía y le enseña. A pesar de que ha pecado y se ha alejado de Él, Dios no abandona a su pueblo. Si hubiera sido fiel podría haber recibido las promesas de Dios, no habría sufrido tanto. Pero aún así Dios les acompaña. Y de la experiencia del destierro podrán aprender y encontrar el camino del bien. Pero, para ello, tienen que volver a Él.
Jesús, en el Evangelio de Mateo que escuchamos en la misa de hoy, dice: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.». Les está pasando como en tiempos del profeta: ¿estarán atendiendo los mandatos de Dios? La Palabra de Dios hoy nos invita a no ser como los que permanecen indiferentes o juzgan según sus intereses. Nos llama a buscar la verdad, a buscar a Jesús. Y los hechos darán razón al camino que Él mostrará.
Estés como estés, pase lo que pase en tu vida y en el mundo, en medio de cualquier situación, si atiendes los mandatos del Señor –ser discípulos de Jesús, estar cerca de Él y vivir como Él enseña- las promesas del profeta se harán realidad en tu vida: encontrar el camino, tener paz, encontrar la justicia de Dios (su salvación), dar fruto, tener vida y tener un nombre ante Dios (es decir, conocerle). Recuerda que Dios está ahí para guiarte y enseñarte.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 14 de diciembre

Jueves 14 de diciembre
San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 41, 13-20
Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.»
No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio —oráculo del Señor—, tu redentor es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás;
harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará;
y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas;
en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estopa cipreses, y olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

Pistas: El profeta se dirige al pueblo de Israel en el destierro en Babilonia. Deportados, despreciados, explotados, en medio de un pueblo pagano, con tentaciones, perdidos, desanimados… Y tú ¿te sientes pequeño, insignificante? ¿parece que nada va a cambiar ni en tu vida ni en el mundo? ¿parece que da igual creer o no, ser fiel o no? ¿ves tu pobreza e indigencia? ¿estás sediento y buscas calmar tu sed en donde no brota el agua viva? ¿parece que caminas por el desierto?
La Palabra de Dios es para ti. “No temas”. Te dice el Señor: “No temas, yo mismo te auxilio”. Él te agarra para guiarte y sostenerte. Eres pequeño, débil, somos pocos… Pero Dios está contigo, tienes un redentor. No te abandonará. Te responderá. Hará brotar ríos en el desierto. No sólo eso. Habrá vida, un paraíso. Todo será nuevo.
Las promesas del Señor son para ti, son para su Iglesia, para su pueblo: promete estar contigo. Promete que triturarás los montes. Superarás las dificultades. Podrás alegrarte con tu Dios.
Dios cumple sus promesas. Pídeselo, para ti, para tu parroquia, para tu comunidad, para nuestro mundo ¿Cuántos se sienten necesitados o buscan sin saber que la respuesta es Jesús? ¿cuántos sedientos, pobres, perdidos…? Necesitan ver que la mano de Dios está con los que confían en Él. Para que “vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho”.

Una canción hoy que que te puede ayudar a rezar: https://www.youtube.com/watch?v=es34Nr2JovU

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 13 de diciembre

Miércoles 13 de diciembre
Santa Lucia virgen y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 40, 25-31
«¿A quién podéis compararme, que me asemeje?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello? El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno.
¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.

Pistas: El pueblo que está en el destierro, por este mismo motivo, desconfía de Dios. Y el profeta les recuerda: ¿Acaso no creó Él todo? ¿acaso Dios va a abandonar a su pueblo?
Dios es Dios, es eterno, es el creador, no se cansa, no se fatiga, es insondable… Pero, a la vez, da fuerza al débil y al que se cree incapaz. Los que aparentemente son fuertes y no necesitan ayuda (los muchachos, los jóvenes) se cansan, se fatigan, tropiezan, vacilan. Pero el que pone su confianza en el Señor, tiene otra visión de las cosas (“como las águilas”), corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.
Mira nuestra sociedad, mira tu vida ¿A quién te pareces más? ¿al pueblo derrotado, que desconfía, o al que es capaz de alzar la mirada hacia Dios? ¿al que pone su confianza en sus fuerzas y capacidades o al que sabe que en Dios tiene nuevas fuerzas, nueva visión, nuevos caminos?
En el Evangelio de Mateo dice Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.». Él es el cumplimiento pleno de las promesas de los profetas. Él es la respuesta, la solución, el camino… para el que está cansado, perdido, desesperado, el que se siente sin hogar, sin fuerzas.
La queja es una tentación. Nos lleva a desconfiar de Dios al ver tanto mal en el mundo o en nuestra vida. A sentirnos perdidos o excesivamente seguros en nuestras fuerzas o capacidades, que no pueden salvarnos ni darnos una solución. Por ello, la pregunta del profeta nos vale también a nosotros ¿Acaso no lo sabes? ¿Quién es la respuesta?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 12 de diciembre

Martes 12 de diciembre
Bienaventurada Virgen María de Guadalupe

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 40, 1-11
«Consolad, consolad a mi pueblo —dice vuestro Dios—; hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»
Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos —ha hablado la boca del Señor—.»
Dice una voz: «Grita.» Respondo: «¿Qué debo gritar?» «Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre.»
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.».

Pistas: El domingo leíamos este pasaje. Como decíamos en las pistas de ese día, el profeta lanza un mensaje de esperanza a los que están en el destierro. “Dios llega con poder” y todo cambiará.
Hoy te propongo un ejercicio. Lee el Evangelio del día que te envío a continuación. Fíjate en la enseñanza de Jesús. Y vuelve a leer con esa perspectiva al profeta Isaías. Haz oración con ello aplicándolo a tu vida y a tu situación concreta.
Hoy Jesús se presenta como el Buen Pastor que busca a la oveja perdida y descarriada. Que trae salvación no sólo al bueno, al que está en el redil. A ti y a mí cuando estamos perdidos. Pero también a ti y a mí cuando nos lamentamos porque nos parece que cumplimos y que con eso llega y miramos a los demás por encima del hombro considerándolos pecadores. Hasta nos asombra encontrarlos a nuestro lado en la Iglesia ¿Qué actitud tenemos? ¿quiénes somos nosotros para juzgar a los demás? ¿sabemos acaso lo que hay en su interior? Jesús es el Buen Pastor y no olvida ni a una de sus ovejas.
Evangelio según san Mateo 18, 12-14: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 11 de diciembre

Lunes 11 de diciembre
San Dámaso I, papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 35, 1-10
El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estopa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.»
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estopa; el páramo será un estanque, lo reseco, un manantial.
En el cubil donde se tumbaban los chacales brotarán cañas y juncos. Lo cruzará una calzada que llamarán Vía Sacra: no pasará por ella el impuro, y los inexpertos no se extraviarán.
No habrá por allí leones, ni se acercarán las bestias feroces; sino que caminarán los redimidos, y volverán por ella los rescatados del Señor.
Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Pistas: El profeta utiliza imágenes de alegría, de vida, de gloria y prosperidad, de belleza. Que los débiles y los vacilantes, que los cobardes, cambien de actitud. Habrá signos: los cojos, los ciegos, los mudos, se curarán. Lo seco tendrá vida. El inexperto encontrará el camino. Puedes leerlo despacio e imaginarte cada una de estas imágenes y pensar lo que pueden simbolizar para un pueblo que ha sido conquistado y vive en el destierro. Lo ha perdido todo. Y el profeta promete en nombre de Dios la salvación, el regreso, gozo, alegría, vida, salud… “Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará”.
El Evangelio que acompaña a esta lectura en la misa de hoy nos cuenta la curación de un paralítico al que unos hombres llevan ante Jesús, que estaba enseñando dentro de una casa. Quitan unas losetas del tejado y lo descuelgan. Jesús, al ver la fe que tienen, le dice al hombre: “Tus pecados te están perdonados” y después, ante las críticas de los fariseos, le dice: "Levántate y anda". Y queda curado. Lo que promete Isaías se cumple plenamente en Jesús.
Al rezar con este texto puedes pensar en cómo se cumplen en Cristo las palabras del profeta. Jesús da mucho más de lo que piden al paralítico cuya curación nos cuenta el Evangelio. No sólo le sana exteriormente, sino que cambia su corazón perdonando sus pecados. Algo que sólo Dios puede hacer: “Vuestro Dios… viene en persona y os salvará”.
Puedes dar un paso más. Mira a tu propia vida. ¿Cuántas veces es un desierto? ¿Cuántas veces necesitas lo que promete el profeta: alegría, gozo, vida, fuerza, valor, plenitud, salvación? Y la respuesta es siempre la misma: Jesús. Acércate a Él porque sus promesas son para ti. Prepara el camino, "sed fuertes, no temáis", llega el Salvador.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 10 de diciembre

Domingo 10 de diciembre
II domingo de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 40, 1-5. 9-11.
Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle: que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.
Una voz grita: En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos —ha hablado la boca del Señor—.
Súbete a lo alto de un monte, heraldo de Sión, alza con fuerza la voz, heraldo de Jerusalén, álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: aquí está vuestro Dios.
Mirad: Dios, el Señor, llega con fuerza, su brazo domina.
Mirad: le acompaña el salario, la recompensa le precede.
Como un pastor apacienta el rebaño, su mano los reúne.
Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres.

Pistas: Son los últimos años del destierro en Babilonia. El texto que hemos leído anuncia que se acaba. Pero el Señor no abandona a su pueblo, sino que revelará su gloria. Viene con fuerza y poder. Como un pastor que apacienta el rebaño.
Es un anuncio que invita a ponerse en marcha. Consolad, hablad al corazón, gritad que se acaba el sufrimiento. Preparad el camino, allanad las montañas y elevad los valles. Que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale… El pueblo de Dios había sido derrotado, pero ahora verán la fuerza y el poder de su Dios. Habían sido derrotados más por sus pecados (“por su crimen”) que por el poder de los enemigos (“de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados”). Pero Dios no los abandona, como hemos leído.
Cuando los discípulos de Jesús leyeron estas palabras del profeta Isaías vieron en ellas a Juan el Bautista. Él prepara el camino al Señor, grita en el desierto que se conviertan de su pecado y vuelvan al Señor porque viene a cumplir todo lo anunciado. Y después lo señala entre los hombres como el Mesías esperado.
En Jesús se cumple la promesa: Es el Buen Pastor que apacienta su rebaño. Llega con fuerza y poder (tal vez no como imaginaba el profeta, pero con una fuerza más poderosa y sorprendente: el poder del Espíritu Santo, la fuerza de la Resurrección). Jesús es el brazo de Dios. Es Dios mismo. En Él se cumple: “Aquí está vuestro Dios”.
Relee al profeta teniendo como perspectiva lo que hace Jesús y la misión de Juan el Bautista. Quizás te ayude a rezar quedarte con alguno de los imperativos: consolad y hablad al corazón del pueblo (¿necesita esto nuestra Iglesia y nuestra sociedad?). Preparad el camino (allanad, elevad…) porque el Señor se revelará a todos los hombres. Alza la voz y di que aquí está vuestro Dios (en medio del consumismo y de la banalización de la Navidad quizás haga también falta esto). Mirad: Dios llega, con fuerza, con salvación, como un pastor que cuida a su pueblo. Y que no lo abandonará.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración