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Lunes 8 de enero

Lunes, 8 de enero
I semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia.
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban
echando el copo en el lago.
Jesús les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca
repasando las redes.
Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.
Pistas: En las próximas semanas vamos a leer el Evangelio de San Marcos. Juan ha sido arrestado ya y Jesús anuncia que “se ha cumplido el plazo”. Es el tiempo de que se cumplan las promesas. Por eso “está cerca el Reino de Dios” que, como iremos descubriendo, se identifica con Jesús mismo y su misión. Ante esa realidad que se hace presente hay que optar: “convertíos y creed la Buena Noticia”.
Y Jesús busca unos hombres a los que llama para que estén con Él. Pero no sólo por eso, sino también para que puedan ser sus testigos y continuar su misión.
La Palabra de Dios es siempre nueva. Y con la luz del Espíritu te habla al corazón. Las palabras de hoy son para ti también. Así que lee el Evangelio, fíjate en cómo Simón, Andrés, Santiago, Juan… ponen a Jesús en el centro de sus vidas. Y, ahora, deja que este Evangelio te hable y ora con él.
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Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 7 de enero

Domingo 7 de enero
Bautismo del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 1, 7-11

En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»

Pistas:

Se acaba la Navidad con la fiesta del Bautismo del Señor. En este acontecimiento sitúan los Evangelios el comienzo de la vida pública de Jesús que iremos recorriendo con el Evangelio de cada día.
Como hemos venido repitiendo, Jesús es aquel a quien Juan el bautista anunciaba, el que cumple las promesas del Antiguo Testamento. Jesús es el Mesías, que significa ungido. Y esto queda claro el día en que hace que Juan le bautice. Jesús es el hombre lleno del Espíritu. Como si el Padre quisiera confirmar a Jesús y su misión, como si quisiera que no hubiese duda de quién es, el Evangelio de hoy nos cuenta dos signos: el Espíritu que desciende sobre Jesús y la voz del cielo que anuncia: “mi Hijo amado, mi predilecto”.
Al leer el Evangelio seguiremos viendo cómo Jesús revela a Dios guiado por el Espíritu. Sus decisiones, su misión, su fuerza, su poder y sus milagros nacen de la presencia del Espíritu Santo. Ya sabes cómo termina la asombrosa historia de Jesús: muere en la Cruz. Pero el mismo Espíritu Santo por el que fue engendrado y que le movió en su vida, lo resucita.
Jesús había prometido el Espíritu a sus discípulos. Y cuando su humanidad resucitada está repleta y asumida plenamente en la vida de Dios -por su muerte y resurrección-, Jesús se convierte en fuente, en donador del Espíritu. Y no sólo el Hijo se ha hecho hombre, sino que el Espíritu Santo habitará para siempre en el corazón de aquellos que lo acogen, en la Iglesia, en el mundo, por medio de Jesús.
La luz de Jesús no será algo externo que se contempla como quien ve un espectáculo. El Espíritu enciende esa luz en tu interior. Y entonces todo es nuevo. Dios no ya no está lejos, es el Dios-con-nosotros y es el Dios en nosotros (el Espíritu Santo). ¡Qué grande el regalo de Dios, que no es otro que Dios mismo! Y, si lo quieres, estará en tu vida.
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Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 6 de enero

Sábado 6 de enero
Epifanía del Señor, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 2, 1-12.
Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.»
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Pistas:

Pistas: Epifanía significa manifestación. El Hijo de Dios se hace hombre y su luz comienza a brillar para aquellos que le buscan. Y se manifiesta a los hombres. Lucas nos cuenta que unos pastores van a adorarle y Mateo nos habla de los Magos de oriente. No sólo en el pueblo judío esperaban un Rey que trajese paz y prosperidad al mundo. Muchos de los pueblos que rodeaban a los judíos buscaban en la astrología respuestas. Mateo aprovecha esto para su relato. Viene el Rey y ¿quién lo reconoce?
Es el mundo al revés. Unos extranjeros preguntan por el Rey que esperaban y anhelaban los judíos porque quieren verlo. Un rey judío, Herodes, puesto por los Romanos; y los sumos sacerdotes y expertos en la ley se sobresaltan ante el anuncio de su nacimiento. Los extranjeros encuentran el camino para llegar a Jesús. Le adoran y le llevan sus regalos. Los de casa no sólo no son capaces de encontrarlo, sino que quieren matarlo. Como decía San Juan: la luz vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron.
Puedes pensar qué movía a unos y otros. Qué buscaban los Magos de oriente y qué Herodes y las autoridades religiosas. La verdad, la justicia, el bien ¿dónde estaban entre sus prioridades?
Ha nacido el Rey, ha venido la Luz del mundo, y tú ¿qué buscas, qué ocupa tu corazón? ¿sigues la estrella que te guía hacia su luz o te quedas encerrado en tus intereses y egoísmos?

Su luz es para ti. Acércate una vez más. Busca a Jesús, reza, adora, llévale tus ofrendas, tus preocupaciones, tus miedos, tus alegrías… “Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 5 de enero

Viernes 5 de enero
II semana de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 1, 43-51

En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme.»
Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
Felipe le contestó: «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Pistas:
“Sígueme”, Jesús llama. Da igual que estés en el camino o te hayas apartado a un lado. Jesús te ve y te llama.
“Ven y verás”. Es el que esperábamos, es el Mesías. Los que conocen a Jesús invitan a otros a estar con Él: “Ven y verás”.
“¿De qué me conoces?” Jesús conoce lo más íntimo de tu ser y te ama incondicionalmente. Lo que no has contado a nadie (¿qué estaría haciendo Natanael –Bartolomé- debajo de la higuera?). Lo que ni siquiera tú entiendes. Porque Jesús es verdad, es luz, es camino.
Y Jesús te llama a ti, te invita a estar con Él y ser su discípulo. Es asombroso lo que promete. Y es para ti. “Has de ver cosas mayores”. El hombre en quien se cumplen las promesas de Dios, como estamos celebrando en este tiempo de Navidad. Es el Hijo de Dios hecho hombre y lleno de Espíritu Santo. Tiene poder para hacer todo nuevo en tu vida y en el mundo. Te mostrará la verdad, te dará esperanza, fuerzas para cambiar, vida plena…
Deja que resuene en ti la Palabra de Dios de este día y respóndele. Acércate a Jesús, porque Él ya está cerca, es el Dios-con-nosotros. “Ven y verás”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 4 de enero

Jueves 4 de enero
II semana de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo: «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedo mirando y le dijo: «Tu eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Pistas: Este Evangelio es como un resumen de la Navidad: “Hemos encontrado al Mesías”. Ahí está lo que la humanidad esperaba.
Juan le señala: es “el Cordero de Dios”, el Esperado, el Prometido. Después descubrirán que es mucho más que un hombre, es la Palabra, el Hijo, que se hace hombre.
Y Jesús no les da un discurso o una catequesis a aquellos que le siguen. Sino que les invita a vivir, a compartir su vida: “venid y lo veréis”. Recuerda todo lo que estos días Navidad nos ha presentado la liturgia: luz, vida, alegría, esperanza, Jesús es Dios con nosotros. Pero no te limites a vivir de oídas, sigue a Jesús y descubrirás que hay otro modo de vivir.
Los discípulos de Juan descubren en Jesús la respuesta. En el fondo, todos buscamos eso mismo: esperanza, sentido, plenitud. Mira tu corazón, piensa en el momento más feliz de tu vida, en el que te has sentido más amado, en el que has estado más a gusto contigo mismo. O en el que has tenido más fe, cuando más sentido tenían las cosas y todo encajaba. ¿Te conformas con esos momentos o quieres más? Jesús nos enseña que estamos hechos para ser más plenos, más felices.
Jesús te invita, te llama, te mira (como a Pedro). ¿Te atreves a seguir a Jesús? “Ven y verás”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 3 de enero

Miércoles 3 de enero

Santísimo Nombre de Jesús

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 1, 29-34

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.

Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo."

Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

Pistas: ¿Quién es Jesús? Es el que quita el pecado del mundo, en Él hay salvación. Jesús vencerá al pecado, al mal y a la muerte. Como nos recuerdan estos días, nada volverá a ser igual después de Él. Es el que existe desde antes (como explica Juan en el capítulo 1 de su Evangelio. Es la Palabra que existe desde siempre y que en Jesús se encarna, se hace hombre –lo leíamos el día de Navidad-). Es el Mesías que el Antiguo Testamento anunció y Juan el Bautista señala. Es el que está lleno de Espíritu Santo y bautizará con Espíritu Santo. Es el Hijo de Dios.

Hoy celebramos la fiesta del Santísimo Nombre de Jesús. Es el nombre que le pusieron, como le había dicho el ángel a María, porque salvará al pueblo de sus pecados. Y Jesús dice que en su nombre hay poder, que lo que pidamos en su nombre Dios nos lo dará.

Es Navidad, tiempo de acercarse a Jesús. ¿Quién es Jesús? En su nombre hay poder. Acércate a Él y adórale, alábale, pídele… En Él hay salvación.

Una canción que puede ayudarte a rezar: https://www.youtube.com/watch?v=nQWFzMvCfLE y en español https://www.youtube.com/watch?v=ZoKsBeoEW18

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 2 de enero

Martes 2 de enero
Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 1, 19-28

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»
El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»
Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»
Él dijo: «No lo soy.»
«¿Eres tú el Profeta??»
Respondió: «No.»
Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»
Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.» Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Pistas: Volvemos a tomar perspectiva para seguir acercándonos a Jesús en este tiempo de Navidad. Hoy parece que hayamos vuelto al Adviento con Juan Bautista. ¿Quién es Jesús? ¿Quién es Éste cuyo nacimiento estamos celebrando estos días? Juan prepara el camino a Jesús, invita a la conversión y lo señalará después entre los hombres.
El Mesías, el Esperado, el Prometido. Como hemos recordado estos días, es el Hijo de Dios hecho hombre. Puedes rezar con esto: es Jesús, el que está en medio de nosotros, el que tiene poder… Te has ido preparando para saber quién es, para reconocerlo. Contempla el misterio de Jesús.
Hoy es la Iglesia la que nos dice quién es Jesús. También puede servirte esta lectura para pensar cómo es tu vida cristiana. O, si tienes responsabilidad en una comunidad o parroquia, preguntarte: ¿qué preocupación hay en ella para señalar al que está en medio de los que buscan pero no le conocen?. A los cristianos y a la Iglesia también nos preguntan: ¿qué decís de vosotros mismos? Y, personalmente ¿qué haces tú? ¿señalas a Jesús con tus palabras y con tu vida? Y tu comunidad o parroquia ¿qué hace? Jesús está en medio de ellos y no le conocen. No conocen a la razón de su existencia, a la luz de su vida, al que salva y da plenitud.
Es tiempo para acercarse a la luz de Jesús, llenarse de su presencia y poder decirle al mundo dónde está lo que buscan y necesitan.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 1 de enero

Lunes, 1 de enero
Solemnidad de Santa María Madre de Dios

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 2,16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Pistas: En este primer día del año la Iglesia nos invita a mirar a María, la madre de Jesús. Es la llena de Gracia, llena del Espíritu Santo y al mismo tiempo la que conserva y medita los misterios de Jesús, la que aprende a reconocer quién es ese Niño. Es la Virgen en cuyo seno el Hijo de Dios se ha hecho hombre. Y por eso podemos llamarla Madre de Dios, porque Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios. ¡Lo humano y lo divino tan cerca! Y Dios no está lejos. Dios ya no estará nunca lejos porque se ha hecho uno de nosotros, ha llamado mamá y papá, ha aprendido, ha reído, llorado, luchado, ha amado con corazón humano.
Dios ya no está lejos. No está lejos de tus preocupaciones, no está lejos de tus propósitos y tus proyectos. Jesús es “Dios-con-nosotros”, el que salva al pueblo de sus pecados, el Prometido en el Antiguo Testamento. No está lejos, de hecho, ahora mismo, está en tu corazón, en tu oración. Porque se ha hecho hombre y todo lo humano le importa. No sólo eso, tenemos abierto el camino a Dios por medio de Jesús.
Ya nada es igual. ¿Aprendemos a reconocer, conservar y meditar en nuestro corazón todo lo que nos muestra la presencia de Dios en nuestra vida? Él no está lejos. Acércate a Jesús en este día, alábale, adórale, preséntale tus proyectos, tus propósitos, tus miedos, tus ilusiones, a las personas que quieres, y mírale a Él. Eso nos enseña María, Madre de Dios, en este primer día del año.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 31 de diciembre

Domingo 31 de diciembre
Sagrada Familia Jesús, José y María, fiesta

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 2, 22-40.

Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor (de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor») y para entregar la oblación (como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones»).
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu Santo, fue al templo.
Cuando entraban con el Niño Jesús sus padres (para cumplir con él lo previsto por la ley), Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel.
José y María, la madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: Mira: Este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma.
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana: de jovencita había vivido siete años casada, y llevaba ochenta y cuatro de viuda; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Pistas: Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. Y volvemos a leer, pero ahora seguido, los Evangelios que habíamos leído los dos días anteriores. Hoy puedes orar poniéndote en el lugar de cada uno de los personajes.
José y María van descubriendo poco a poco quién es Jesús. Cuidarán de Él y, como nos cuenta el Evangelio, finalmente le verán crecer en sabiduría y lleno de la gracia de Dios. Puedes pensar en cómo ellos tuvieron que aprender a poner a Jesús en su vida. Ese mismo camino nos invita el Evangelio a recorrer a cada uno de nosotros y nuestras familias.
También puedes ponerte en el lugar de Simeón y Ana. La esperanza que se ve cumplida para ellos. Cómo en Jesús encuentran la respuesta a aquello que estaban buscando.
Y, por último, puedes contemplar a Jesús y adorar al Hijo de Dios que se ha hecho hombre. Es el Salvador, la luz, la gloria. Pondrá al descubierto las intenciones de los hombres, es el que cumple las promesas de Dios.
La Sagrada familia no tuvo una vida fácil. Tuvieron que huir, fueron perseguidos, sólo disponían de lo esencial para vivir y sufrieron el rechazo de muchos en su entorno. Pero no desesperaron porque se fiaron de Dios.

Relee el Evangelio escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 30 de diciembre

Sábado 30 de diciembre
Día VI dentro de la octava de la Natividad del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Pistas: Hoy leemos la continuación del Evangelio de ayer. Después del anciano Simeón, se acerca Ana a ver a Jesús. Una mujer que había dedicado toda su vida al Señor, con ayunos y oraciones. Y en cuanto ve a Jesús lo reconoce, da gracias a Dios y habla de Él a los que necesitan esperanza.
¿En qué se diferencia ese niño de los demás? ¿Cómo es capaz de reconocerlo? Lucas no nos lo explica, pero sí nos cuenta que es una mujer de oración, que se ha entregado a servir a Dios. Y ésta es la clave: sólo en una vida de oración podemos reconocer en medio de lo cotidiano a Jesús. En medio de la rutina, las alegrías y las tristezas, en medio de las dificultades, encontraremos al que viene a liberar y a salvar.
Y del corazón de Ana brota gratitud y la necesidad de contárselo a los que lo necesitan. Tú también lo has encontrado. Lo estás encontrando cada día al rezar como estás haciendo ahora. Cuanto más tiempo y mejor estés con el Señor en la oración, más consciente vas a ser de su presencia en lo cotidiano. Vas a percibir que Él está a tu lado, con más intensidad y fruto, en los sacramentos (Eucaristía, Confesión…). Y, además, como Ana, sentirás la necesidad de decirle a otros que la respuesta a lo que buscan, el que trae su liberación y su salvación, es Jesús.
El Evangelio termina haciéndonos caer en la cuenta de la humanidad auténtica y verdadera del Hijo de Dios que se ha hecho niño. Fue“ creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba”. Es un hombre de verdad, no es apariencia ni un disfraz. Es un niño que aprende, que crece, que necesita la gracia de Dios, la gracia del Espíritu Santo… Y así nos enseña también a nosotros en nuestra humanidad que el camino para encontrar a Dios no es inalcanzable. Sólo requiere que pongas de tu parte, que crezcas, aprendas, te formes, reces y, entonces, podrás reconocerlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.