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Viernes 19 de enero

Viernes 19 de enero
II semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 3, 13-19

En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que quiso, y se fueron con él.
A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges ─Los Truenos─, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, que lo entregó.

Pistas: Jesús llama, elige y capacita a sus discípulos y apóstoles. Les llama a estar con Él. A algunos de modo especial. Les hace partícipes de su mismo poder.
Así comenzó la Iglesia y así ha sido desde entonces. Jesús llama, elige, da su Espíritu Santo (da la capacidad para ser discípulo y para la misión) y envía. Personas de toda clase y condición, incluso aquellos que al final acaban fallando, como Judas.
Hoy, al leer este Evangelio, puedes pensar en la historia que comenzó con ese puñado de hombres y mujeres que seguían a Jesús. Puedes pensar en la Iglesia de hoy, con sus luces y sus sombras. Reza por ella. Son ese grupo que sigue a Jesús, y en ella hay de todo, también cosas mejorables. Pero es la que continúa la obra de Cristo.
Puedes también pensar en tu propia vocación, si estás en búsqueda o ya la has encontrado, cómo la estás viviendo. Reflexiona sobre lo que te dice Jesús hoy a ti, a qué te llama o envía, cuál es tu lugar como discípulo suyo. Jesús llama, elige, capacita y envía. También hoy. También a ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 18 de enero

Jueves 18 de enero
II semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

Pistas: “Al enterarse de las cosas que hacía”. Todos buscan a Jesús por lo que les cuentan de Él. Los espíritus inmundos, el mal, no tiene más remedio que someterse. Los enfermos se curan cuando se acercan a Él. Las personas quedan liberadas de sus ataduras físicas o espirituales al conocer a Jesús.
Es verdad que de los cientos de personas que le siguen sólo algunos logran comprender quién es y permanecen con Él. Tal vez al principio se acerquen a Él por interés o por necesidad. Incluso por curiosidad. Pero lo que encuentran es algo mucho más grande.
Mañana leeremos que Jesús llama para que estén con Él. Y sus discípulos mismos quedan transformados, también tienen poder para expulsar demonios (luchar contra el mal), curar enfermos (dar respuesta al sufrimiento) y anunciar el Evangelio (que Jesús salva).
“Al enterarse de las cosas que hacía”. Tiene una doble perspectiva. Si necesitas lo que el Evangelio te anuncia, lo que la gente que tiene fe dice de Jesús, acércate a Él y descubre por ti mismo. Si ya tienes fe, si sientes que Jesús te ha llamado, si le sigues y ves sus maravillas, cuéntalo… La gente necesita escucharlo, necesita saberlo y poder ver lo que sucede cuando Jesús entra en escena. Y ésta es una de las tareas a las que Jesús te llama. No eres un simple espectador, formas parte de la historia de la salvación. ¡Cuéntalo!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 17 de enero

Miércoles 17 de enero
San Antonio, abad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 3, 1-6
En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: Levántate y ponte ahí en medio. Y a ellos les preguntó: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir? Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: Extiende el brazo. Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.
Pistas: Jesús intenta que puedan comprenderle. Les da la oportunidad para pensar y elegir. Pero a esos hombres ya no les importa la verdad. Sólo sus propios intereses. Sólo saben que Jesús les molesta, porque les interpela. Les hace cuestionarse su manera de vivir y no están dispuestos a consentir que las cosas cambien. Ellos han construido una religión a su medida en la que lo importante no es Dios. Por eso, quieren quitarlo de en medio y desacreditarlo. De hecho, su miedo y odio hacia Él hacen que enemigos como los fariseos y los herodianos se pongan de acuerdo contra Jesús.
Su religiosidad les impide descubrir a Jesús y conocer su voluntad. Es más, ellos, que aseguran creer en Dios y querer vivir religiosamente, lucharán contra el Hijo de Dios.
Los Evangelios de estos días nos hacen ir a la raíz de la vivencia religiosa. Es decir, acudir al encuentro con Jesús, al encuentro con Dios, que lleva a amar a los demás, a buscar el bien y la verdad por encima de cosas externas, de normas, de costumbres… Porque ser cristiano es encontrarse con Jesús y aprender su forma de entender la realidad y de actuar.
Y tú ¿cómo estás siguiendo a Jesús?
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Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 16 de enero

Martes 16 de enero
II semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 2, 23-28

Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido? Él les respondió: ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.
Y añadió: El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es señor también del sábado.
Pistas: Como ya sabes la religión judía tenía un gran número de normas y preceptos. Muchos de ellos referentes a qué trabajos y actividades se podían realizar en sábado y cuáles no. Esto fue una fuente de conflictos con Jesús. Él se niega a aceptar una religiosidad basada en el cumplimiento, en el que la norma y la letra ocupan el lugar de Dios y del hombre. Jesús vuelve a poner lo fundamental por encima de lo accesorio. Enseña a sus discípulos a vivir con la misma libertad, pero a la vez fidelidad y entrega, con que Él vive.
Este principio: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”, nos puede hacer pensar sobre qué tipo de religiosidad vivimos y transmitimos. ¿Dónde ponemos el acento? En tu vida cristiana y tu testimonio ¿el centro es Dios y el amor al prójimo o es un formalismo, una manera de hacer las cosas? Si tienes responsabilidad en algún campo eclesial ¿te das cuenta que todo se sustenta sobre el mandamiento de amar a Dios y al prójimo como uno mismo? ¿entiendes que sin esto lo demás está vacío?
Jesús establece una escala de valores que vamos descubriendo al caminar con Él cada día en su palabra, aprendiendo a vivir como discípulos suyos. La aprendes si cada día te llenas del Espíritu Santo, que te da un nuevo corazón y te enseña a vivir como hijo de Dios.
Por eso, Jesús no se conforma con unas normas ni las pone en el centro. Él es Señor de todo, el del Sábado, y quiere ser Señor de tu corazón y de tu vida. De tus decisiones y acciones. Si tú quieres, si tú le dejas… y eso te llevará a cumplir y a vivir con un determinado estilo de vida. Esta nueva vida nace de tu amor a Dios y al prójimo.
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Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 15 de enero

Lunes 15 de enero
II semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno.
Vinieron unos y le preguntaron a Jesús. Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no? Jesús les contestó: ¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.
Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán.
Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto ─lo nuevo de lo viejo─ y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.

Pistas: El ayuno es una práctica que Jesús aconseja en muchas ocasiones como una ayuda para acercarse y entregarse a Dios. También como un medio para fortalecerse espiritualmente. Pero Jesús no habla aquí de la validez o no del ayuno, sino de la novedad que Él mismo trae y también de no hacer las cosas por inercia o costumbre. Esta discusión sobre el ayuno está inserta en otras sobre el perdón de los pecados y sentarse a la mesa con pecadores. Y mañana y pasado leeremos respecto a la observancia del sábado.
Jesús no quiere que sus discípulos sean robots, autómatas o que vivan centrándolo todo en el cumplimiento. Siempre va a lo más profundo. Quiere que las elecciones de los suyos nazcan del amor y la libertad. Y por eso la novedad que trae requiere un cambio de mentalidad, un cambio en la manera de acogerle. En definitiva, un cambio de vida.
Piénsalo. Lo que Jesús enseña era incompatible con lo que estaba sucediendo en la religión judía, sobre todo entre la gran mayoría de las autoridades religiosas. También hoy, si quieres vivir como discípulo de Jesús pero sigues con las maneras de actuar del mundo; si quieres acoger la novedad de la salvación de Cristo pero no cambia nada en ti; si viene el Espíritu Santo pero seguimos con una religión anclada costumbres, normas y tradiciones por encima de la novedad de Jesús… ¿Sucederá algo? ¿o todo se romperá y se estropeará?
Algo nuevo quiere hacer Dios en tu vida, en el mundo, en la Iglesia… pero necesita que también las cosas vayan siendo nuevas en tu vida, que le dejes hablarte, que le escuches.,que actúes, que no te conformes con una religiosidad de barniz. Reza con este Evangelio y pregúntate cuáles son los odres nuevos y la tela nueva que necesita tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 14 de enero

Domingo 14 de enero
II domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 1, 35-42
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Pistas: “Hemos encontrado al Mesías”.

Primero, Juan el Bautista, que lo señala entre los hombres: “Éste es el Cordero de Dios”. Es el que buscaban y esperaban. Ellos le siguen. Imagino que pensarían: ¿será verdad? ¿será el Mesías? En el fondo es la historia de un encuentro con el Mesías. ¿Quién es, qué hace? “Venid y lo veréis”. No nos cuenta que pasó en ese día que estuvieron con Él, pero después de ese tiempo están convencidos de que han encontrado al Mesías.
En realidad, el único camino para saber si de verdad Jesús es quien nos dicen que es, ¡el único!, es encontrarte personalmente con Él. Y descubrir quién es, cómo vive, que está vivo y es real. Y, además, tiene una mirada para ti y una palabra para tu vida. Una misión, un sentido, un camino.
Y después no te quedará más remedio que contárselo a otros: mira, eso que buscas –aunque muchos quizás ni siquiera sepan que buscan a Dios-, eso que necesitas, mejor dicho: aquel a quien buscas y necesitas, lo he encontrado.

“Rabí, ¿dónde vives? Venid y lo veréis”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 13 de enero

Sábado 13 de enero
San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Se levantó y lo siguió.
Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: ¡De modo que come con recaudadores y pecadores! Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores.

Pistas: Jesús le dice: “Sígueme” a un cobrador de impuestos, un hombre que trabajaba para el Imperio Romano invasor. No era una persona “recomendable” para alguien que quisiera ser bien visto entre las autoridades religiosas judías. Pero Jesús ve más allá. Ve el corazón, ve a la persona y llama.
Él siempre ve más allá y se sienta a la mesa también con “gente de mala fama”. No le importa que le juzguen. Realmente uno no se sienta a la mesa con cualquiera, y menos en la cultura judía, en la que compartir la mesa implicaba algo más que estar en el mismo espacio. Ellos consideraban que si se entraba en casa de un gentil, de un pagano, se contraía impureza. Es el refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”, llevado al extremo. Pero Jesús no juzga por apariencias, ni por intereses o puestos… sólo llama e invita a estar con Él, a conocerle y seguirle.
“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Si te crees perfecto, si piensas que no necesitas salvación, que todo va bien, difícilmente podrás encontrarte con Jesús. Pero si, al contrario, te sientes un poco perdido, o indigno, si piensas que no te mereces que Dios te salve, si reconoces que te equivocas, que pecas… estás de enhorabuena: Dios ha venido a salvarte.
¿Cómo conseguir la salvación que ofrece Jesús? Sólo hace falta una cosa, acercarse a Él, estar atento por si pasa a tu lado… ¿Te llamará a ti?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 11 de enero

Jueves 11 de enero
I semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme. Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: quiero: queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.
Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Pistas: Vamos a acercarnos al Evangelio de hoy desde una doble perspectiva. ¿Cuáles son los sentimientos de Jesús? Siente compasión, no tiene asco del leproso (para la religión judía quien padecía esta enfermedad era considerado impuro y no se le podía tocar). Pero Jesús se acerca y le toca. E, inmediatamente, el leproso queda limpio. Jesús sana y salva a aquel hombre. Y para que conste le manda ir al sacerdote (que verificaba si un leproso estaba curado o no) y realizar un ritual de purificación.
Como hemos dicho, se puede hacer una lectura espiritual de las curaciones de Jesús. ¿Qué lepras hay en tu vida? ¿y en el mundo? ¿qué debemos hacer los discípulos de Jesús ante esas realidades?
Jesús no busca fama, ni honores o reconocimientos. Más bien, todo lo contrario: quiere poder seguir anunciando el Reino de Dios, la Buena Nueva, sin que le busquen como a un sanador o sólo por los milagros. Por eso leeremos muchas veces en el Evangelio de Marcos que Jesús manda a los que cura que no lo cuenten, porque no quiere que se confunda su manera de ser Mesías.
La otra perspectiva es la del leproso. Se encuentra con Jesús y le suplica ayuda. Su situación es terrible: apartado de la sociedad, sin futuro, sin esperanza… y se acerca a Jesús: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y su situación cambia completamente tras este encuentro. Tiene futuro, puede volver a la sociedad, hay esperanza… ¡Cómo va a quedarse callado si Jesús le ha dado una nueva oportunidad! Si tú te has encontrado con Jesús, tu vida ya ha cambiado. Y, entonces, ¿cómo callar que Jesús salva?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 10 de enero

Miércoles 10 de enero
I semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca. Él les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Pistas: Jesús vence al sufrimiento (la enfermedad), al mal (el demonio), enseña la Buena Noticia, como leíamos ayer, con autoridad y poder. Y el Evangelio nos va a repetir esto una y otra vez, porque estos son los signos del Reino de Dios que trae Jesús.
Hay detalles muy bonitos en este Evangelio. La suegra de Pedro es curada y se pone a servirles. Ya sabes que las curaciones en la Biblia pueden entenderse también desde una perspectiva espiritual. La enfermedad del pecado nos postra, nos aparta de cumplir con nuestro deber y, cuando somos sanados, tenemos nuevas fuerzas. Por eso, “se puso a servirles”, nos da una clave para luchar contra el pecado: hay que cambiar, dar fruto. Cuando Jesús nos libera y nos salva, no podemos seguir postrados, sino ponernos a servir a los demás.
Otro detalle muy bonito, que es una constante en la vida de Jesús, es su relación con el Padre. Jesús ora constantemente, se levanta de madrugada a orar. Porque, como explicábamos ayer, la autoridad de Jesús nace de quién es y de la presencia del Espíritu Santo. Y esto sólo se descubre y se alimenta en la oración.
Por último, no se conforma Jesús con disfrutar del “éxito” donde todo el mundo le busca. Sino que va a buscar al que todavía no le conoce, porque para eso ha venido. Esto podemos leerlo en clave pastoral. Si tienes responsabilidad en la Iglesia puedes orar con esta actitud de Jesús y dejar que su luz ilumine tu vida pastoral.
Reee el Evangelio y en aquello que Dios te hable, detente, escucha lo que te dice, respóndele, pídele, aprende lo que quiere enseñarte y ora.

Martes 9 de enero

Martes 9 de enero
San Eulogio de Córdoba, presbítero y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 21-28
Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: El Santo de Dios. Jesús lo increpó: Cállate y sal de él. El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte salió.
Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
Pistas: No es lo mismo hablar de teorías que hablar de vida, contar lo que se aprende que contar lo que se experimenta. Jesús no habla de teorías. Enseña con autoridad y actúa con poder. Éstos nacen de quién es Él y del poder del Espíritu Santo que actúa en Él. Su Palabra tiene una fuerza distinta cuando enseña y además ante ella el mal huye.
Y tú ¿quién eres? ¿sólo podemos ser como los letrados o nos podemos parecer a Jesús? Eres hijo de Dios por el bautismo. Jesús resucitado te ha abierto la puerta para que puedas ser y vivir como hijo de Dios, y por tanto tienes autoridad para no hablar de oídas o de teorías. El Espíritu Santo habita en ti. Así que, si no tenemos autoridad, si somos como los letrados que saben cosas de Dios pero en el fondo no le conocen, no lo experimentan, no se lo acaban de creer, si el mal nos vence, significa que tenemos que redescubrir quiénes somos. Tenemos que recuperar nuestra identidad como hijos que Dios, discípulos de Cristo, con la fuerza y el poder del Espíritu Santo.
Por medio de Cristo eres hijo y recibes el Espíritu Santo. Y ante esto hay que optar: saberse la teoría y quedarse anclado ahí o vivir, experimentar y ser discípulos de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.