Archivo de la categoría: Lectio divina

Domingo 8 de julio

Domingo, 8 de julio
XIV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 6, 1-6
En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.» No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Pistas: “Se extrañó de su falta de fe”. Creían que conocían a Jesús y esto les impedía descubrir quién es realmente. Ni los milagros, ni la sabiduría, ni su manera de hablar y actuar podían conducirles a descubrir la verdad. Se escandalizaban.
Tal vez eso mismo le pase a nuestra sociedad. Incluso puede que te pase a ti. Creen saber quién es Jesús, pero sólo ven sus prejuicios. No ven la Iglesia que continúa la obra de Jesús, sólo la debilidad de los que la formamos. Y ponen esto, o lo que no entienden, como excusa para no profundizar.
Dejarse asombrar, estar dispuesto a cambiar de manera de pensar, descubrir que hay más de lo que parece a simple vista… son condiciones para que se pueda despertar la fe en nosotros y para poder conocer a Jesús y establecer una relación con Él.
Relee el Evangelio y piensa qué ideas preconcebidas tienes de Jesús o de la Iglesia en la que puedes encontrarle. Reflexiona sobre lo que te impide acercarte a Él… Tal vez debas atreverte a profundizar, a buscar la verdad, a cambiar tu manera de pensar y de vivir. ¿Quién es Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Sábado 7 de julio

Sábado 7 de julio
XIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 9, 14-17
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercaron a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.

Pistas: Jesús enseña un estilo de vida que implica unas normas, una manera de hacer las cosas. Pero al mismo tiempo quiere que sus discípulos descubran que se trata de estar con Él, de seguirle a Él, de descubrir que va a hacer las cosas nuevas.
Jesús entra a lo profundo de la ley, a la plenitud de lo que Dios ha ido revelando a su pueblo. Ya sabes que los judíos habían ido convirtiendo la fe en algo basado en el cumplimiento externo de normas, ritos y tradiciones… Y Jesús no quiere eso para sus discípulos. Por eso no se enzarza en discusiones sino que va a la raíz. Y con los dos ejemplos que pone quiere explicarlo.
La novedad es tal que la fe en Jesús traerá un corazón nuevo para poder ser acogida. Las tradiciones solas no valen, hacer las cosas porque toca no vale. Jesús quiere que descubran que Él ha venido a hacer las cosas nuevas. El vino nuevo (el Espíritu Santo) necesita odres nuevos (un nuevo corazón que su misma presencia te regala).
Si en tu vida de fe se ha metido la rutina, si te dedicas a mirar más lo que hacen los demás que tu propia vivencia de la fe, entonces necesitas redescubrir el mensaje que Jesús da hoy. Necesitas dejar que el Espíritu Santo haga las cosas nuevas en ti, necesitas dejarte sorprender por Dios. Y entonces podrás descubrir cada día la novedad de la fe en Jesús, los dones y el poder de Dios en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 5 de julio

Jueves 5 de julio
San Antonio María Zaccaría, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 9, 1-8
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad.
Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados.
Algunos de los letrados se dijeron: Este blasfema. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados dijo dirigiéndose al paralítico: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Pistas: Mateo quiere mostrarnos quién es Jesús: somete al demonio (leíamos ayer), perdona los pecados y cura a los enfermos. Dios está con Él. Es más, Jesús, al perdonar pecados, se hace semejante a Dios –por eso dicen que blasfema-. Es el Hijo de Dios.
Vamos a fijarnos en algunos detalles. “Viendo la fe que tenían”. Jesús actúa no por la fe del paralítico, sino por la de sus acompañantes. Nos recuerda el poder de la oración de intercesión. El poder que hay en llevar a los demás, sus problemas, su vida, sus necesidades, delante de Jesús. Y al hacer esto, permiten y provocan que Jesús actúe.
Jesús perdona sus pecados ¿Qué sentiría aquel hombre? Los amigos no se van decepcionados, siguen allí con Jesús. ¿Experimentaría el perdón de Dios? Éste es el don más grande que podemos recibir: la Gracia de Dios que perdona el pecado, que da “ánimo”, que levanta al hombre. Puedes imaginarte la escena: unos dudando, otros esperando y confiando. Unos juzgando y otros amando.
Y aquí Jesús quiere mostrar quién es, quiere que puedan comprender que realmente es el Mesías. Y lo cura. Lo sana externamente e interiormente. Y le manda coger su camilla (ya no necesita que sus amigos la lleven por él, tiene fuerzas, tal vez para llevar también las camillas de otros…).
¿Con cuál de los personajes del Evangelio de hoy te sientes más identificado? Quizás te sientas paralizado y necesites que otros te acerquen a Jesús. O tal vez ha llegado el momento de llevar a otros ante Jesús para que puedan encontrarse con Él y ser salvados. O es posible que te cueste reconocer la acción de Jesús en el mundo… Nuevamente el Evangelio te dice: Acércate a Jesús, acerca a los demás a Jesús, y verás y experimentarás cosas extraordinarias.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 4 de julio

Miércoles, 4 de julio
Santa Isabel de Portugal

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 8, 28-34
En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: ¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo? Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: Si nos echas, mándanos a la piara. Jesús les dijo: Id. Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

Pistas: Es sorprendente el relato de hoy. Jesús desembarca con sus discípulos. Y dos endemoniados salen a su encuentro. Pero el demonio no puede resistir a su poder. Ante su presencia no puede hacer nada. Y ésta es la primera enseñanza: ante Jesús el demonio no puede hacer otra cosa más que huir. Es Jesús quien vence al mal y al pecado. Así que si hay mal en tu vida o a tu alrededor, si el demonio parece que actúa de un modo tal que sus consecuencias se notan (como con los endemoniados del Evangelio, a los que tenían tanto miedo que no se atrevía nadie a pasar por allí), acércate a Jesús y el demonio no tendrá más remedio que huir.
Los hombres que se dejan dominar por el demonio están vivos pero es como si estuvieran muertos (por eso están en el cementerio). Están atrapados por la violencia, alejados de la sociedad. Y los demás no quieren acercarse. La presencia del demonio conduce a la destrucción. Los cerdos (recuerda que para un judío son animales impuros) terminan por influencia de esos demonios arrojándose al mar. Nada bueno puede salir del demonio. Dicho de otra manera: nada bueno puede salir del mal (aunque las tentaciones siempre nos presentan lo malo como bueno o como camino para lograr algo que nos va a hacer felices).
Jesús salva, vence al demonio que busca nuestra destrucción. Vence al mal y al pecado.
Si quieres que el mundo sea mejor, si quieres vencer el mal en tu vida, acércate a Cristo. Él tiene poder para cambiar las cosas, aunque ese cambio a veces pueda ser por caminos misteriosos… como el de los cerdos que saltan por el acantilado. Si estás dispuesto a fiarte de Jesús, si quieres que sea Él la luz y guía de tu vida, el mal está vencido.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 2 de julio

Lunes 2 de julio
XIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 8, 18-22
En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla. Se le acercó un letrado y le dijo: Maestro, te seguiré adonde vayas. Jesús le respondió: Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.
Otro que era discípulo, le dijo: Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Jesús le replicó: Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos.

Pistas: Seguir a Jesús implica elegir un camino como el suyo, implica decidir vivir como su discípulo. Y esto trae un estilo de vida. Jesús no engaña a nadie. Él va delante y enseña qué es importante y qué no, qué actitudes cuidar y cuáles rechazar. Seguir a Jesús significa elegir el camino de las bienaventuranzas, el de la vida en el Espíritu Santo. Y esto es arriesgarse, poner la confianza sólo en Dios, no en otro tipo de seguridades.
Parece rara la respuesta que Jesús da al discípulo. Podemos entenderla como una invitación a no mirar al pasado. A dejar la muerte para seguir a Jesús, que es la vida. Tú no te quedes mirando atrás. Mira adelante, sigue a Jesús. Si quieres ser discípulo suyo, ése es el camino.
Puedes pensar en tu propia vida. Date cuenta de que si no caminas en la verdad tu vida de fe se estancará, probablemente entre en crisis. Porque Jesús quiere que le sigamos siendo conscientes del camino que vamos a recorrer. No con falsas promesas, cristianismos superficiales, de cumplimiento o más parecidos a un chantaje a Dios (si rezo me das, si soy bueno voy a tener suerte, ni no consigo esto o las cosas me van mal no creo en Dios…).
Si quieres seguir a Jesús, despójate de lo que te impide avanzar, porque Él lo hizo antes. Si quieres seguir a Jesús, no mires al pasado, no añores la muerte a la que lleva el pecado, “deja que los muertos entierren a sus muertos”. Sigue a Jesús y encontrarás vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Perdonar q estoy de campa jjjj 🙏🙏🙏

Domingo 1 de julio

Domingo 1 de julio
XIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 5, 21-43
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
«Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría.
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»»
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta está dormida.»
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate>>.
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones.
Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Pistas: Si te encuentras con Jesús y tienes fe ¿qué puede suceder? Algunos se acercan a Él por necesidad, para pedir ayuda para ellos o para otros. Han intentado por muchos caminos encontrar la solución y no la han encontrado. Pero en Jesús está la solución. No todos lo entienden, pero los que descubren la salvación que trae Jesús hacen todo lo posible por acercarse a Él. Lo necesitan en sus vidas, les basta una palabra suya, se sienten reconfortados cuando descubren cómo Él es capaz de cambiar las cosas.
Te invito a un ejercicio. Lee el Evangelio de hoy fijándote en los detalles, dejando que Dios te hable a través de ellos. Jesús es la vida, es la paz, es la salvación, es la respuesta… Había muchos que seguro que necesitaban a Jesús, pero no se acercaron a Él. A veces lo encontrarás en medio de la muchedumbre, otras veces necesitarás que se vayan los que sólo hacen ruido. Pero Él siempre se acercará si le abres la puerta, si le llamas, si tú decides que quieres que forme parte de tu vida. ¿Qué tengo que hacer’? ¿Sera difícil?… “No temas, basta que tengas fe”

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 30 de junio

Sábado 30 de junio
Santos Protomártires de la Santa Iglesia Romana

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 8, 5-17
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó diciéndole: Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho. Él le contestó: Voy yo a curarlo. Pero el centurión le replicó: Señor, ¿quién soy yo para que entres bajo mi techo? Basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes: y le digo a uno «ve», y va; al otro, «ven», y viene; a mi criado, «haz esto», y lo hace. Cuando Jesús lo oyó quedó admirado y dijo a los que le seguían: Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos; en cambio a los ciudadanos del Reino los echarán afuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Y al centurión le dijo: Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído. Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles.
Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él con su palabra expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos.
Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».

Pistas: “Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades”. El Reino de Dios es lo opuesto al mal, al sufrimiento, al pecado, a la debilidad… Y Jesús logra traer el Reino yendo delante, luchando y venciendo al pecado, al mal, al sufrimiento, al sin sentido y a la muerte. Venciendo con su obediencia y con la fuerza y el poder del Espíritu Santo que actúa en Él y por Él.
¿Cuál es la llave que permite entrar al Reino? Es la fe (como la del centurión). Es la cercanía con el mismo Jesús (la cogió de la mano). Es la Palabra (que tiene poder: con su palabra expulsó espíritus y curó enfermos).
Fíjate en la fe del centurión. Puede ayudarte comparar tu actitud con la suya. Un extranjero, un pagano, pero se encuentra con Jesús y cree en Él. No necesita un espectáculo, ni que Jesús haga las cosas a la manera del Centurión… porque cree en su poder. Uno de fuera (de los que no saben nada de Dios), pero se encuentra con Jesús y cree en Él.
A veces, los que creemos convertimos la fe en una costumbre que no abre la puerta a dejar actuar al poder de Dios. Porque precisamente la fe es dejarte sorprender, no tenerlo todo atado, sino dejar a Dios que actúe en tu vida.
Puedes preguntarte ¿qué te enseña el centurión? y ¿qué sucederá si te fías de Jesús?
Y, recuerda: la cercanía y la Palabra de Jesús tienen poder. Si le dejas entrar en tu vida, verás sus maravillas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 29 de junio

Viernes 29 de junio
Santos Pedro y Pablo, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 16, 13-19
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Pistas: Puedes aprovechar este Evangelio para hacerte tú la pregunta: ¿Quién es Jesús? Lo que dice la gente, lo que dice tu comunidad… ¿y qué dices tú? La Iglesia te dice que es el Mesías, el Hijo de Dios, el que está resucitado y vivo, el que prometió y mandó el Espíritu Santo. Pero ¿y tú? ¿y para ti?
Si tu fe está fría, si necesitas descubrir quién es Jesús, no sólo lo conseguirás por un esfuerzo personal tuyo, sino que es un don, Dios te lo revela y por eso necesitas la oración, la Palabra en la que encontrarte con Él… porque es el Padre quien revela a Jesús.
Y después de encontrarte con Él y conocerle, después de saber y experimentar quién es, también a ti, como a Pedro, te dará una misión y te capacitará para ella. Conocer a Jesús es descubrir quién eres tú. Y encontrar un camino, una misión, un objetivo. No te manda sin herramientas, te da lo que necesitas para recorrer el camino que te pide.
A Pedro le encomienda acompañar la Iglesia, ser roca firme sobre la que asentarla. Le da una promesa (el infierno no la derrotará). Y el poder para hacerlo: las llaves y atar y desatar.
Tienes muchas cosas con las que puedes rezar. ¿Quién es Jesús? ¿cómo conocerle mejor? Darle gracias por la fe que te permite tener una relación personal con Él. Adentrarte en el encuentro con Él adorándole, contemplándole. O también puedes mirar la Iglesia que Jesús instituyó no sobre las nubes sino con hombres de carne y hueso. Pero con su poder y la fuerza y los dones del Espíritu. Puedes rezar por la Iglesia, por el Papa y por todos los que se hacen la pregunta ¿quien es Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 28 de junio

Jueves 28 de junio
San Ireneo, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 7, 21-29
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros? Yo entonces les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente. Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los letrados.

Pistas: El Evangelio de hoy nos enseña algo muy importante para no equivocarnos, engañarnos o desanimarnos en nuestro camino de fe.
No vale una fe de costumbres o apariencias, que acaba siendo superficial (como un barniz barato). Ni siquiera tener fe es hacer muchas cosas para Dios. Fíjate lo que dice el Evangelio: han profetizado en su nombre, echado demonios y hasta hecho milagros… Han hecho cosas para Dios (piensan que Dios ha estado con ellos), y seguro que han hecho cosas buenas. Pero Jesús no quiere sólo eso, no quiere sólo que seas externamente religioso, que reces y cumplas tradiciones, que hagas cosas buenas. Lo importante es que consigas establecer una relación con Dios y descubras su voluntad como fruto de la presencia de su Espíritu Santo en tu corazón. Lo importante es que esto te transforme. Entonces tu vida no estará cimentada sobre cosas pasajeras, sobre tus proyectos (aunque sean buenos), sobre tus méritos, o sobre tus seguridades.
Porque todo lo anterior, por muy cierto que parezca, es como la arena. Cuando vienen dificultades, la casa se tambalea. Si cimentas tu vida en una relación con Dios y en descubrir y cumplir su voluntad desde dentro, no aparentemente, no para autosatisfacerte sino por amor, por gratitud, por la misma fuerza de Dios que está dentro de ti, entonces tu vida será una casa construida sobre cimientos firmes. Porque Dios no se equivoca, no falla en sus promesas. Y te invita a fiarte de Él, a perseverar en tu relación con Él, y ponerle a Él en el centro de tu vida.
Piensa en tu vida: ¿Cuando dices ‘Señor, Señor’… sobre qué estás cimentando tu fe? ¿haces muchas cosas para Dios pero en el fondo te olvidas de Él? ¿hay mucha arena o hay roca firme? Jesús es la roca, vivir como discípulo suyo es cumplir la voluntad del Padre. Y éste es un camino de amor y de fidelidad, no de apariencias, palabras vacías o solamente buenas acciones. Es la vida en el Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 27 de junio

Miércoles 27 de junio
San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 7, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.

Pistas: La fe no es un barniz externo que poner a la vida. La propuesta de Jesús es que la fe transforme el corazón. Es más que eso: es una promesa. Si recibes el Espíritu Santo, te dará un nuevo corazón y podrás hacer las obras del Espíritu. No las del mundo o las del pecado, sino que darás buen fruto.
Estas palabras de Jesús ayudan a no dejarse embaucar, a no vivir un cristianismo falso o superficial. Te alertan además sobre los que prometen resultados fáciles sin esfuerzo personal o los que buscan su propio beneficio usando la buena fe de las personas. Piensa que si no da los frutos que dio Jesús, algo está fallando.
Así que revisa los frutos que das, los que da tu comunidad o tu parroquia. ¿Cómo son? Sé sincero, porque así podrás abrir tu vida al Espíritu Santo, que es el único que puede cambiar tu corazón y convertirte en buen árbol, que dé buenos frutos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.