Archivo de la categoría: Lectio divina

Miércoles 16 de enero

Miércoles 16 de enero
I semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta.
Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca.
Él les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Pistas: Jesús se pone en marcha con los discípulos y comienza su tarea: predica, cura a los enfermos y expulsa los demonios.
Vamos a fijarnos en algunos detalles. Quédate con el que te llame la atención o con el que ilumine tu situación personal, y reza con él.
La suegra de Simón está enferma. Jesús se acerca, la coge de la mano y ella se recupera. Y se pone a servirles. Qué bonita la reacción de esta mujer. Y cuando Jesús nos cura a nosotros ¿qué hacemos? ¿nos levantamos y le servimos a Él y a los que nos necesitan? ¿o seguimos a nuestras cosas?
Muchos buscan a Jesús y Él los atiende. Siempre atiende a los que le necesitan. Esto tiene una doble implicación: si necesitas a Jesús, no tengas miedo. Acude a Él, lo encontrarás. Y si “representas” a Jesús en la Iglesia, tienes que ser como Él. El que te necesite tiene que encontrarte.
Escuché algo muy bonito sobre la entrega hace poco: el pan de la Eucaristía se parte, los cristianos tenemos que ser pan partido, entregar nuestra vida al que lo necesite. Partirnos, rompernos en este sentido por los demás, cada cual desde su misión. Pero también es pan entero, en cada pedazo de pan está la Eucaristía completa. Un tiempo y una vida entregados, pero plenos, con una entrega de verdad, completa en cada momento. Y Jesús actúa así.
Jesús ora y ora sin cesar, saca tiempo para hacerlo… ¿cuántas veces en la rutina no lo hacemos? ¿cuántas veces encontramos mil excusas para andar a lo nuestro y olvidarnos de Dios?
Y cuando ha triunfado y todos le buscan, Jesús no busca la gloria humana. Tiene claro que la voluntad de Dios es llevar el Evangelio a más lugares y continúa, no se acomoda. Una tentación también frecuente en la Iglesia es el siempre se ha hecho así, aquí estoy cómodo, esto funciona… y Jesús nos enseña a movernos y continuar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 15 de enero

Martes 15 de enero
I semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 21-28
Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: El Santo de Dios. Jesús lo increpó: Cállate y sal de él.
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte salió.
Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Pistas: Jesús tiene autoridad. Su enseñanza tiene autoridad, no son sólo palabras, por eso tiene poder sobre el demonio. Jesús no sólo anuncia la salvación, no sólo anuncia el Reino de Dios, sino que lo realiza. Su Palabra es eficaz, hace lo que dice.
Lo más grande de todo esto es que Jesús, tras su resurrección, nos regala participar de ese mismo poder y autoridad. La fuerza del Espíritu Santo que movió a Jesús, la tenemos desde el día de nuestro bautismo. Por eso podemos llenarnos del Espíritu Santo y tenemos autoridad para traer el Reino de Dios a nuestro mundo.
La Iglesia, los discípulos de Jesús, no sólo anuncian la salvación, sino que tienen poder para realizar lo mismo que Jesús hizo. No sólo es una Buena Noticia, es una Buena Noticia que se puede realizar. Y por eso estamos llamados a transformar el mundo. No sólo a diagnosticar lo que ocurre a nuestro alrededor.
Jesús trae algo nuevo. Es el Santo de Dios, el que tiene poder para cambiar todo. Está resucitado y vivo. Y tú tienes la fuerza del Espíritu Santo, tienes a Jesús a tu lado ¿Podemos los cristianos conformarnos con un mundo en el que el mal vence? ¿podemos conformarnos si nuestra vida no cambia las cosas? ¿podemos esperar a que sean otros los que actúen mientras nos quedamos de brazos cruzados?
Acércate a Jesús, pide el Espíritu Santo y te pasará como a los del Evangelio: “Todos se preguntaron estupefactos: ¿qué es esto?”

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 14 de enero

Lunes 14 de enero
I semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 14-20
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia.
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes.
Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Pistas: En las próximas semanas vamos a leer el Evangelio de San Marcos. Juan ha sido arrestado ya y Jesús anuncia que “se ha cumplido el plazo”. Es el tiempo de que se cumplan las promesas. Por eso “está cerca el Reino de Dios” que, como iremos descubriendo, se identifica con Jesús mismo y su misión. Ante esa realidad que se hace presente hay que optar: “Convertíos y creed la Buena Noticia”. Es un anuncio y una invitación.
Y Jesús busca unos hombres a los que llama para que estén con Él. Pero no sólo por eso, sino también para que puedan ser sus testigos y continuar su misión. Los llama en lo cotidiano y ellos deciden seguirle.
La Palabra de Dios es siempre nueva. Y con la luz del Espíritu te habla al corazón. Las palabras de hoy son para ti también. Así que lee el Evangelio, fíjate en cómo Simón, Andrés, Santiago, Juan… ponen a Jesús en el centro de sus vidas y le siguen. La misma invitación se renueva hoy para ti: ¿Qué te dice a ti hoy Dios en su Palabra?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 13 de enero

Domingo 13 de enero
Bautismo del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 3, 15-16. 21-22
En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

Pistas: Juan el Bautista tenía un grupo grande de seguidores. Su predicación, autoridad y actividad hace que muchos se pregunten si no sería él el Mesías.
Pero Juan da paso a otro más grande. Su bautismo solo sirve de signo del deseo de conversión y purificación. Pero Jesús traerá algo completamente diferente. Jesús es el que puede más. En su humanidad es el hombre lleno del Espíritu Santo. Cristo significa ungido. El ungido por el Espíritu para anunciar la Buena Noticia y traer la salvación y la liberación a los hombres. Y resucitado se convertirá en el que da el Espíritu Santo. Juan sólo puede invitar a la conversión. Jesús la hace posible porque regalará el Espíritu Santo.
Jesús es el Hijo, el amado, el predilecto. Hace unos días celebrábamos la epifanía del Señor –la manifestación de Jesús-. Unos hombres que representan la humanidad, siguiendo una estrella, habían encontrado y adorado al Hijo de Dios hecho hombre. Hoy también se manifiesta Jesús ante los suyos como el Hijo, el Mesías esperado… Recorrerá un largo camino hasta que comprendan quién es Él y en qué sentido Jesús es el Mesías. Lo iremos recorriendo con Él en este tiempo que comienza mañana en la liturgia: el tiempo ordinario.
Acércate una vez más al misterio de Jesús a través del Evangelio. Piensa en cada personaje ¿qué aprendes de Juan? ¿quién es Jesús? ¿cómo es tu relación con Él? Puedes también pensar en tu propio bautismo, porque también tú has sido bautizado con Espíritu Santo y fuego… ¿Cómo vives tu bautismo? Puedes pedir que el fuego Espíritu Santo esté encendido en ti, en tu parroquia o comunidad. Que su llama no se apague.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Sábado 12 de enero

Sábado 12 de enero
II semana de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 3, 22-30
En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba.
También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.
Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron:
—«Oye, rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él.» Contestó Juan:
—«Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: «Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él.» El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.»

Pistas: Jesús, después de ser bautizado por Juan, también bautiza. El texto deja claro que Juan había dado testimonio de Jesús diciendo que Él es el Cristo, el Mesías. Y parece que hay tensiones entre los discípulos de uno y de otro. Tal vez también en las primeras comunidades cristianas. Parece que cada vez más personas siguen a Jesús, y Juan da argumentos para seguir descubriendo quién es Jesús.
La fuerza, el poder, las acciones de Jesús vienen del cielo. Juan pone de ejemplo el matrimonio. Él sólo es el amigo del esposo, pero Cristo es el que importa. Y el final es sorprendente: “Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar”.
Vamos a dar un salto hasta nuestros días: Cristo es el centro y la Iglesia la que le señala, le muestra, le hace presente… Como Juan, debería ser la que da testimonio y le señala. Jesús tiene que crecer siempre, que ser el importante. Si estás involucrado en la pastoral piensa si está siendo así: ¿es Jesús el centro? ¿está creciendo Él y lo demás sólo sirve para señalarle y ayudar? ¿qué tipo de Iglesia estás construyendo?
Y en tu corazón ¿está creciendo Él o hay otras cosas ocupando ese sitio? ¿qué tiene que crecer en tu vida y qué tiene que menguar para poder acoger a Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 11 de enero

Viernes 11 de enero
II semana de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 5, 12-16
Una vez, estando Jesús en un pueblo, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús cayó rostro a tierra y le suplicó: —«Señor, si quieres puedes limpiarme.» Y Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: —«Quiero, queda limpio.» Y enseguida le dejó la lepra. Jesús le recomendó que no lo dijera a nadie, y añadió: —«Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste.»
Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a despoblado para orar.

Pistas: En tiempos de Jesús un leproso tenía que vivir fuera de la comunidad, era considerado impuro y era expulsado, y cualquiera que entrase en contacto con él también quedaba impuro a nivel religioso y civil.
Así que este hombre se acerca a Jesús, tiene el valor de hacerlo. Está expulsado del pueblo, de la sociedad. Su fe es grande, se postra rostro a tierra, no se atreve más que a decir: «Si quieres…». Pero Jesús se acerca, le toca y le dice: “Quiero, queda limpio”. Imagínate la escena ¿Qué sentiría aquel hombre? ¿qué pensarían los que lo veían? Enfermo y apestado… Y ahora sano y restituido en su dignidad. Y Jesús le toca. No le hace ascos. Ni a él, ni a nada que pueda manchar ni mancharte. Ésta es una perspectiva para rezar con el Evangelio ¿En qué me parezco al leproso al que Jesús cura?
También puedes pensar en la Iglesia, en tu parroquia o comunidad ¿Cómo actúa con el que necesita misericordia? ¿qué hace con los impuros y expulsados de nuestro tiempo? Se acerca y los toca o desde lejos los mira. Jesús sana al leproso y lo devuelve a la comunidad, quiere que conste que ha sido curado ¿Y nuestra Iglesia qué hace? Y, Jesús, se retira a orar… una vez más.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 10 de enero

Jueves 10 de enero
II semana de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 4, 14-22a
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Pistas: Continuamos respondiendo a la pregunta ¿quién es Jesús? Es el que cumple la Escritura.
El ungido. Lleno del Espíritu Santo, se convertirá tras su resurrección en el que da el Espíritu Santo.
El enviado a anunciar el Evangelio, que resultará ser Él mismo. Ésa es la Buena Noticia: lo que Jesús hace, lo que dice, lo que enseña. Pero, sobre todo, Él mismo. El que salva a los pobres, el que trae libertad a los cautivos y oprimidos.
Ése es Jesús. El que salva, el Hijo de Dios hecho hombre, el Mesías… ¿Qué te dice hoy a ti en su Palabra? Acércate a Él porque sus promesas son para ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 9 de enero

Miércoles 9 de enero
San Eulogio de Córdoba, presbítero y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 6, 45-52
Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.
Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra.
Viendo el trabajo con que remaban, porque tenían viento contrario, a eso de la madrugada, va hacia ellos andando sobre el lago, e hizo ademán de pasar de largo.
Ellos, viéndolo andar sobre el lago, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque al verlo se habían sobresaltado.
Pero él les dirige enseguida la palabra y les dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.» Entró en la barca con ellos, y amainó el viento.
Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque eran torpes para entender.

Pistas: ¡Qué aventura seguir a Jesús! ¿Pero quién es este hombre? Da de comer a una multitud con unos pocos panes y peces. Ahora domina los elementos. ¿Quién es?
Los discípulos lo irán descubriendo poco a poco… y sólo lo comprenderán plenamente cuando Cristo muera y resucite. Ésta es la clave para poder entender quién es Jesús. Y descubrirlo en fe.
Fíjate en los detalles de este Evangelio, y el que te toque el corazón y te haga pensar úsalo para rezar. Jesús acaba de hacer algo extraordinario, pero no se va a celebrarlo, se retira a orar. No hace de ello un triunfo ni lo usa para afianzar su influencia o poder entre sus seguidores.
Jesús fortalece la fe en medio de las dificultades. No entienden lo que pasa. Ni siquiera lo reconocen. Pero Jesús les ayuda: “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo”.
Fue Jesús el que tomó la iniciativa, les vio remar con viento contrario… Jesús ve tus dificultades, tus luchas, tus esfuerzos…. y se acerca, aunque a veces no seas capaz de reconocerlo.
Y finalmente Jesús sube a la barca y la tempestad amaina. Quizás si hay tormenta en tu vida es que necesitas crecer en la fe, quizás necesitas dejarlo entrar en tu vida, en tu parroquia, en tus dificultades. Lee el Evangelio despacio pensando en tu vida, deja que te ilumine y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 8 de enero

Martes, 8 de enero
II semana de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 6, 34-44
En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.» Él les replicó: «Dadles vosotros de comer.»
Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?» Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.»
Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces.»
Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta.
Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.
Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

Pistas: Justo antes de este pasaje, Marcos presenta el banquete en el que Herodes manda cortar la cabeza a Juan Bautista. Podemos decir que ése es un banquete de muerte, mientras que el de Jesús es de vida.
Aunque su intención primera era retirarse a descansar con sus discípulos, cuando ve la multitud Jesús se pone a enseñarles con calma. Es el Buen Pastor. Pero los discípulos comienzan a preocuparse: se hace tarde y no hay de comer.
La respuesta de Jesús es: “Dadles vosotros de comer”. Los discípulos habían buscado que la solución fuera: que busquen de comer. Jesús se la lanza a ellos: dadles vosotros. No tienen dinero, así que miran lo que tienen y es tan poco… Pero está Jesús y todo cambia.
En mi vida, en mi parroquia, en mi comunidad… es tan poco lo que tengo. Hay tanta necesidad… Pero ¿está Jesús? ¿estás con Él? Dale lo que te pide, lo poco que tengas… la solución no está fuera. Mira lo que te pide, búscalo y ofréceselo. Llegará y sobrará para que también otros puedan ser saciados.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 7 de enero

Lunes 7 de enero
San Raimundo de Peñafort, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 4, 12-17. 23-25
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que hablan arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.» Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
—«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.
Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba.
Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania.

Pistas: Jesús será un viajero incansable. Anunciará el Reino de Dios con signos y palabras, e invitará a los hombres a convertirse. Y no lo hace en las grandes ciudades ni en las más fieles a la religión.
En esto se resume su vida: Llama a sus apóstoles para que estén con Él y puedan ser testigos suyos (como hemos leído en días anteriores) y después predica sobre el Reino de Dios. Y realiza milagros, que son signos del Reino. El último es su muerte y resurrección.
Jesús es la luz que brilla en medio de las tinieblas. Es una constante: Jesús lucha contra la tiniebla. Traduce tiniebla por maldad, pecado, sufrimiento, pobreza, mentira, demonio, muerte…. Esa lucha la realiza siendo luz. Jesús predica el Evangelio, la Buena Noticia, revelando al Padre y enseñando que la Buena Nueva es Él mismo. Y cuando su palabra se acoge con fe, Jesús, con la fuerza del Espíritu Santo, actúa y el mal tiene que huir, la tiniebla desparece.
Los cristianos estamos llamados a ser luz. Si sientes que en tu vida falta luz, significa que falta Jesús y la fuerza del Espíritu Santo. Puedes buscar excusas, echar la culpa a otros, pero en realidad falta Jesús. Él es la luz. Si le dejas entrar en tu vida, disipará las tinieblas. Es verdad que verás tu pecado, tus flaquezas. Y que tendrás que cambiar de vida. Pero también que verás su poder.
Da igual de dónde vengas, da igual cómo estés. Si vas hacia Jesús, si le pides fe, si tienes fe, se cumplirá la Palabra: «El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.