Archivo de la categoría: Lectio divina

Martes 5 de febrero

Martes 5 de febrero
IV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 5, 21-43
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: ¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaron: Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado?» El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: No temas; basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: ¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar ─tenía doce años─. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Pistas: Puede ayudarte a rezar imaginarte la escena que se describe hoy. Jesús va con sus discípulos y se le acerca mucha gente. Aparece un jefe de la sinagoga, es decir, un judío destacado. Se le acerca para que Jesús interceda por su hija. Sabe los milagros que hace y le pide por su la niña, que está muy enferma. Por el camino, una mujer también muy enferma se acerca a Jesús y, al tocarlo, por la fe que tiene, queda curada. Esta mujer había gastado todo lo que tenía intentando curarse y nada había cambiado.
Pero después de encontrarse con Jesús, todo cambia para ambos. Porque cuando Jesús llega a la casa de Jairo y parece que ya nada hay que hacer, creen, y lo imposible se hace posible. Aquella niña que estaba muerta, se pone en pie y echa a andar. Y la mujer enferma pone asimismo toda su esperanza en Jesús. Cree en su poder, en que que sólo con tocarlo su mal se irá. Y así sucede.
La clave es la fe. La fe es la que alcanza el milagro. La fe mueve a las personas a buscar a Jesús y a Él a responder con poder. Parecen cosas imposibles, pero cuando Jesús aparece, todo cambia. Ambos acuden con humildad a Jesús: un jefe de la sinagoga (cuya actitud contrasta con la de otras autoridades judías) y una mujer que padece flujos de sangre (por tanto, impura en la mentalidad judía). La respuesta de Jesús es: no temas, cree, ten fe. Porque en Él hay salvación y vida. Porque Él puede cambiarlo todo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 4 de febrero

Lunes 4 de febrero
IV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 5, 1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago en la región de los Gerasenos.
Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en las tumbas, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.
Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: ¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes. Porque Jesús le estaba diciendo: Espíritu inmundo, sal de este hombre. Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? El respondió: Me llamo Legión, porque somos muchos. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: Déjanos ir y meternos en los cerdos. Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago.
Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en el campo. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país.
Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia. El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Pistas: Jesús sale de Israel. Allí se encuentra con un poseído. Fíjate cómo lo describe: habita en el lugar de los muertos (en el cementerio), se hace daño a sí mismo, es violento, le tienen miedo, nadie puede con él, no descansa (día y noche gritando y corriendo), está solo. Se parece más a un animal que a una persona.
Cuando ve a Jesús –que estaba mandando al espíritu inmundo salir de aquel hombre- no puede resistirse, tiene que someterse a su poder. Reflexiona sobre lo que significa esto para tu vida, para la Iglesia, para el mundo. Si Jesús está ¿quién tiene más poder que Él?
Hay otros detalles que pueden hacernos pensar. El demonio, el mal, tiene nombre. También en tu vida y en el mundo ¿Cuál es su nombre? Siempre intentará engañar, mentir, ocultar… pero si le llamas por su nombre podrás luchar contra él con el poder de Jesús.
La escena de los cerdos está llena de simbolismo. El cerdo era impuro para el judaísmo. El demonio sólo busca la muerte y la destrucción, el sufrimiento y el mal. Y eso causa a su alrededor. Va a ese animal impuro y se lanza al lago (en la Biblia simboliza el caos).
El hombre aparece “sentado, vestido y en su juicio”. Podemos decir que vuelve a ser humano. Qué bonito descubrir que la presencia de Jesús humaniza. Y qué responsabilidad encontrar caminos para volver a humanizar muchos aspectos de nuestra sociedad.
Los porquerizos prefieren a sus cerdos antes que a Jesús. Ven al endemoniado curado y restablecido, pero les da igual y le piden a Jesús que se vaya.
Dios tuvo misericordia de aquel hombre y él obedeció a Jesús, se dedicó a contar lo que Dios había hecho con él y gracias a su testimonio muchos creyeron.
Lee otra vez el Evangelio y quédate con alguna de las ideas que te sugiera. Escucha que te quiere decir hoy Dios en su Palabra y ora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 3 de febrero

Domingo 3 de febrero
IV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 4, 21-30
En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
—«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían:
—«¿No es éste el hijo de José?»
Y Jesús les dijo:
—«Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.» Y añadió:
—«Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Este Evangelio es continuación del que leímos el domingo anterior. En el que Jesús leía al profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor”. Y decía que aquella escritura se había cumplido en Él.
Hoy se aprecian dos posturas: por un lado, le aprueban y admiran. Por otro, dudan de Él. Sus prejuicios, lo que creen saber de Jesús, les impiden ir más allá. Éste es un buen punto para rezar hoy. En qué medida buscas a Jesús y te dejas sorprender por Él. Aquellos hombres querían que Jesús hiciera las cosas a su manera.
Pero todavía va más allá cuando Jesús universaliza la salvación. Los judíos son el pueblo elegido, pero Dios ofrece su salvación a todos. A la viuda de Sarepta y a Naamán el Sirio, dos extranjeros. Las dudas que esto ofrece, el cambio tan profundo que supone, se convierten en rechazo. No pueden soportar este giro tan radical que les enfrenta con lo que siempre han hecho hasta ahora.
Jesús salva, te ofrece hoy su salvación a ti. Y como los del Evangelio de hoy tienes que optar: admirarlo y asombrarse. O dudar y rechazarle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 2 de febrero

Sábado, 2 de febrero
Presentación del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
-«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:
-«Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Pistas: Hoy celebramos la fiesta de la presentación del Señor, tradicionalmente conocida como la fiesta de las candelas, por las procesiones que se hacen en este día. La Ley de Moisés mandaba que a los 40 días de nacido un niño fuera presentado en el templo. Hoy, 2 de febrero, se cumplen los 40 días, contando desde el 25 de diciembre.
También estaba estipulado que la mujer que había dado a luz fuera al templo a realizar una purificación. Ambos ritos consistían en ofrecer un animal pequeño en sacrificio. Y el Evangelio nos presenta la escena que sucede cuando van a cumplir con esto.
Se acercan dos ancianos, que son el testimonio de la tradición y la esperanza judía, personas de fe que señalan a Jesús: Simeón y Ana. Simeón, lleno del Espíritu Santo y movido por Él, ve a Jesús, a quien había estado esperando, y dice: Él es la luz y la gloria de su pueblo. Imagina a José y a María, qué sienten, qué piensan. Y a María le anuncia que el camino no será fácil. Y después, Ana, una anciana que llevaba años dedicando su vida a Dios, a la oración y al ayuno, alaba a Dios y habla del niño que viene a cumplir las promesas mesiánicas.
El Evangelio de hoy nos señala a Jesús como el esperado, “está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones”.
La pregunta es, una vez más, ¿quién es Jesús? La respuesta tiene grandes implicaciones para tu vida: es el Mesías esperado, es el Salvador, es la luz… ¿quién es Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 1 de febrero

Viernes 1 de febrero
III semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 4, 26-34
En aquel tiempo, decía Jesús a las turbas: El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.
Dijo también: ¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después, brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.
Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender.
Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Pistas: El Reino de Dios trae una fuerza en sí mismo que lo hace poder crecer cuando es sembrado. No depende de los esfuerzos, ni de los méritos, ni de las fuerzas humanas. Es verdad que hay que acoger la semilla, que hay que ser tierra buena (recuerda la parábola del sembrador). Pero, si se acoge el Reino de Dios, sin que se sepa cómo, ésta crecerá y producirá su fruto. Es una fecundidad gratuita.
Nosotros enseguida nos cansamos de esperar, queremos ver los frutos ya. Pensamos muchas veces: «Ahora que somos buenos, ahora que estamos haciendo las cosas de éste o de aquél modo…». Pero Jesús nos invita a contemplar la fuerza y el poder del Reino, de la salvación, de Dios. Dios nos la regala, es gratuita, pero transformadora.
Parece insignificante -como la semilla de mostaza-, pero brotará y crecerá. Y será tan grande que servirá de cobijo y protección. Y todo comienza en lo pequeño, en lo que parece sin importancia. En lo que llega sin hacer ruido, sin aspavientos, pero es capaz de cambiarte en lo profundo.
Y nuevamente la coletilla: a los discípulos se lo explicaba. Y es que esto sólo se puede entender yendo con Jesús, sólo caminando a su lado como haces cada día al orar con el Evangelio. Deja que ilumine tu vida hoy Jesús con estas parábolas. ¿Qué te quiere decir?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 31 de enero

Jueves 31 de enero
San Juan Bosco, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 4, 21-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: ¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír que oiga.
Les dijo también: Atención a lo que estáis oyendo: La medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

Pistas: En la noche, en una casa judía en tiempos de Jesús… ¿Alguien encenderá un candil para esconderlo? ¡Qué cosa más absurda! Y si alguien lo hace, otro lo sacará, porque si se enciende es para que alumbre. Y dice Jesús: el que quiera entender, que entienda.
Él es la luz del mundo. Y la luz no se enciende para esconderla, y aunque se esconda, brilla. Si la luz de Jesús entra en tu vida, no es para esconderla. Por eso, si permites que Jesús actúe en ti, si te encuentras con Él y le sigues, su luz resplandecerá en tu vida.
“La medida que uséis, la usarán con vosotros”. Jesús enseña muchas veces y de muchos modos la seriedad de nuestra relación con el prójimo: el amor al otro, al enemigo, al que persigue… es el amor sin medida como el suyo. No juzgar (la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio). Poner la otra mejilla. «Perdónanos como perdonamos», decimos en el Padre Nuestro.
“Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. Pero ¿por qué dice esto Jesús? Porque la salvación, la Gracia, es un regalo. Pero no es una baratija acoger el Espíritu Santo y sus dones. Implica dejar que Dios transforme el corazón y vivir como discípulo de Jesús. La Gracia de Dios crece en quien la acoge, porque su amor no tiene medida. Y el que la rechaza, se cierra al amor de Dios. Y finalmente lo perderá todo. Porque el que no quiere a Dios en su vida, podrá tener muchas cosas, pero no lo fundamental.
Dios no deja de ofrecerte su Gracia, porque su deseo es salvar a todos. Si tu medida para el amor, para la fe, para el prójimo, para Dios es tacaña, no dejarás que brille la luz en la oscuridad. Una llama puede parecer poco importante, pero es capaz de deshacer la oscuridad y las tinieblas.
La luz de Jesús está aquí y resplandece. Si la dejas entrar, cada día brillará más en ti e iluminará tu camino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 30 de enero

Miércoles 30 de enero
III semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 4, 1-20
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago.
Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca; se sentó y el gentío se quedó en la orilla.
Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar: Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó.
Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron y no dio grano.
El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno. Y añadió: El que tenga oídos para oír que oiga.
Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo: A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que «por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdone».
Y añadió: ¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso, al escucharla la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la Palabra, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la Palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la Palabra, y se queda estéril.
Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la Palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.

Pistas: Posiblemente hayas leído muchas veces esta parábola. Para rezar con ella puedes plantearte ¿qué tengo yo de cada terreno en mi vida? ¿estoy siendo tierra buena que acoge la Palabra? ¿doy fruto? ¿qué tipo de fruto doy? ¿le pido a Dios la fuerza de su Espíritu, los dones para arrancar zarzas, quitar piedras y no quedarme a la orilla del camino?
Hay un detalle muy bonito en la manera de proceder de Jesús. Siempre les habla del mismo modo: no da largas explicaciones teóricas, sino sugerentes parábolas de la vida cotidiana de los que le escuchan. No explica del todo, sino que invita a buscar: “El que tenga oídos para oír que oiga”.
Pero después, estando con Él, siendo sus discípulos, siendo de los suyos, todo se explica y se entiende. Sólo en presencia de Jesús se puede profundizar su palabra. En esta línea hay que entender el “A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio…”. Sólo los que reconocen a Jesús como Mesías, sólo los que se asomen a su misterio y crean en Él podrán comprender su Palabra y aceptarla. Podrán conocer los secretos del Reino y, así, transmitirlos a otros, como semilla que brota en tierra buena.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 29 de enero

Martes 29 de enero
III semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 3, 31-35
En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús, y desde fuera lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dijo: Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.
Les contestó: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y paseando la mirada por el corro, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Pistas: Jesús establece un nuevo tipo de relación con sus discípulos. El que cumple la voluntad de Dios entra a formar parte de su familia. No es servidumbre, no es obligación, no es dependencia (en el mal sentido). Es ser familia de Jesús.
Para entender mejor este Evangelio hay que comprender el cambio social que se estaba dando en tiempos de Jesús en la idea de familia. Desde el antiguo Israel, la familia era más amplia que los meros lazos de sangre. Podemos decir que era el clan: cuantos más miembros, más riqueza, más protección y seguridad, y por tanto más posibilidades de un futuro próspero. Pero en época de Jesús está en crisis esta idea. Los impuestos romanos, los del templo, había que acoger y pagar el sustento de los soldados en las propias familias… Así que muchas familias tenían bastante con sobrevivir y cada uno iba un poco a lo suyo.
Jesús quiere crear una familia. Basada en el amor a Dios y, por tanto, según su mensaje, en el amor al prójimo. Cumplir la voluntad de Dios es tener fe y vivir de acuerdo a ella. Así que la palabra de Dios hoy te propone un camino: el de ser discípulo, el de ser familia, ser comunidad. ¿Te atreves a ser de la familia de Jesús? ¿te atreves a construir Iglesia? ¿te atreves a ampliar horizontes, a cambiar las cosas? Entonces eres su hermano, y su hermana y su madre. Entonces, eres su familia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 28 de febrero

Lunes 28 de enero
Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 3, 22-30
En aquel tiempo, unos letrados de Jerusalén decían: Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.
El los invitó a acercarse y les puso estas comparaciones: ¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil, no puede subsistir; una familia dividida, no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.
Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre. Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Pistas: Jesús es el hombre ungido por el Espíritu Santo, lleno del Espíritu Santo. Todo lo que hace está movido por la fuerza y el poder del Espíritu.
Los enemigos de Jesús no ven más allá del miedo que le tienen porque, desde que está Jesús, todo para ellos es tan diferente que no son capaces de procesarlo. Hace peligrar sus tradiciones y su modo de vivir la religión. El enfrentamiento con ellos llega a tal punto que le acusan de estar poseído o de que la fuerza del demonio actúa en Él. Jesús intenta hacerles pensar. Y dice palabras muy duras: “Todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre”.
¿Cómo podemos entender esto? El Espíritu es el Don de los dones, es Dios mismo habitando en los corazones de los hombres, es el que actúa concediendo los dones y la fuerza de Dios, es el Amor de Dios. Por tanto, rechazar el Espíritu Santo es rechazar el amor de Dios, es rechazar ser guiado por Dios. Si rechazas el Espíritu, es decir, si te niegas a abrirle la puerta, a dejarle entrar ¿vas a poder ser amado y perdonado? ¿vas a poder conocer a Dios?
Jesús promete enviar el Espíritu Santo después de resucitar y cumplió esa promesa. Este Evangelio es una buena ocasión para que pidas que esa promesa se cumpla en tu vida. Para tener la llama del Espíritu Santo viva en tu corazón.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 27 de enero

Domingo 27 de enero
III domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 1-4; 4, 14-21
Excelentísimo Teófilo:
Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: —«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Pistas: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.
¿Quién es Jesús? Es el que cumple las Escrituras. Es el que está ungido por el Espíritu (recuerda el Bautismo de Jesús). Y por eso trae la Buena Noticia (el Evangelio). Trae libertad. Realiza el año de gracia. En el libro del Levítico era el año jubilar en el que se cancelaban las deudas y todas las posesiones retornaban a sus antiguos dueños. Y se cumple con Jesús, el Mesías que trae la liberación a los cautivos y oprimidos. Que te devuelve tu libertad, sea cual sea tu esclavitud personal.
Ahora, lleva la Palabra de Dios a tu vida ¿Necesitas salvación? ¿necesitas libertad? ¿necesitas escuchar una Buena Noticia? ¿necesitas que se cancelen las deudas de tus pecados, de tus miserias y mediocridades?
En Jesús se cumple la Escritura. Es el que está ungido para salvar. Ha cumplido la Palabra de Dios con creces. Vivo y resucitado es el camino hacia Dios, el que da el Espíritu Santo. Es el que salva.
Te invito a que fijes tus ojos en Él y escuches cómo te dice que las promesas de Dios para tu vida, las promesas de Dios para la humanidad, son verdad y se cumplen en Él. Y, siguiéndole, quedarás restaurado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.