Archivo de la categoría: Lectio divina

Viernes 4 de octubre

Viernes, 4 de octubre
San Francisco de Asis

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 10, 13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús: ¡Ay de ti Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.
Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.

Pistas: Tiro y Sidón son ciudades portuarias puestas como modelo de paganismo. Jesús quiere constatar la dureza de corazón de aquellos que le rechazan.
Podemos pensar que nosotros somos aquellos a los que Jesús ha tratado como a privilegiados. Si otros hubieran oído hablar de Dios tanto como tú y como yo, si tuvieran las oportunidades que nosotros tenemos de conocer a Jesús… O tal vez pienses que ya no necesitas más, que lo sabes todo de Jesús y puedes “escalar al cielo”. El Evangelio de hoy es una invitación a acoger a Jesús sabiendo verle en el día a día, y para ello hace falta ser humilde.
En la última parte Jesús enseña que la actitud ante los discípulos enviados por Él a anunciar el Evangelio implica aceptarle o rechazarle. Por eso una fe sin Iglesia, sin que nadie venga en nombre de Jesús, es imposible. Y, por otra parte, si Jesús te envía tienes garantizada su fidelidad y podrás ser un medio para que otros le escuchen y acojan.
Si estás en algún ministerio en la Iglesia, si ayudas a otros a conocer a Jesús, si compartes tu fe, no dudes de que Jesús va contigo. Si no lo haces, puedes empezar hoy mismo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 3 de octubre

Jueves, 3 de octubre
San Francisco de Borja, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 10, 1-12
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les decía: La mies es abundante y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos.
No llevéis talega ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios».
Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos sabed que está cerca el Reino de Dios». Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.

Pistas: Primero, Jesús designa de entre sus discípulos a unos que envía de dos en dos. Van delante de Él, preparando el camino, anunciando el Reino. Lo importante es que va a ir Jesús. Van en comunidad.
La tarea es desbordante, como lo es hoy en el mundo y en la Iglesia. Mucha gente necesitada y ¿cuántos obreros? Por eso hay que pedir más fuerzas, más discípulos, más evangelizadores.
“Poneos en camino”. Hay que dar el paso, lanzarse, obedecer, atreverse. Pero no como un inconsciente o un ingenuo. La tarea será difícil, habrá lobos que quieran destrozar lo que se va a hacer. Por eso hay que ir preparado como discípulo de Jesús. Dios proveerá. No hay que llevar seguridades, sólo lo necesario.
No hay tiempo que perder cuando Jesús envía, porque es urgente lo que nos pide: llevar al mundo el Reino de Dios.
Desea y construye la paz, pero ésta no se puede imponer, es un don. Si la construyes, aunque estés rodeado de personas que la rechazan, tú la tendrás. No se trata de prosperar, por eso les manda permanecer en la misma casa.
Se realizarán los signos del Reino, curaciones y un nuevo tipo de relación entre las personas.
Tienes libertad para acoger o no. Jesús y sus discípulos sólo proponen, invitan… Pero la respuesta tiene consecuencias: la salvación o la condenación.
Muchas ideas aparecen en el Evangelio de hoy ¿Cuál te toca el corazón? ¿cuál te hace rezar? Escucha lo que Dios te quiere decir hoy y respóndele.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 2 de octubre

Miércoles, 2 de octubre
Santos Ángeles Custodios

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10
En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: -«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
-«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.»

Pistas: Si nos preguntan quién es el más grande en el Reino de los Cielos, lo más probable es que escogiéramos a Madre Teresa de Calcuta, al Papa Francisco, a ésta o aquella persona que nos parece que destaca por su fe, su entrega, su amor o su actividad. Pero Jesús nos da hoy una lección: llama a un niño cualquiera y lo pone en medio. No sabemos si es bueno o malo, si es agradable o refunfuñón… Pero sí sabemos que sin amor, sin dirección, sin cuidados, no acabará bien. Esto no significa que tengamos que volvernos infantiles. Nada de eso. Jesús siempre manda a sus discípulos que sean astutos, que estén vigilantes; pero también que sean humildes, sencillos, que amen a Dios y a las personas. Que se sientan necesitados de Dios, que se dejen guiar por Él.
Jesús va más allá. Y enseña que acoger al que no te puede dar nada a cambio es ser grande en su Reino. Ése es el camino, aprender a amar, sin esperar nada a cambio, sin intereses, sin dobles intenciones, Por eso todo lo contrario a ser discípulo de Jesús son actitudes como el orgullo de creerse superior, el afán de poder y posiciones, el juicio a los demás…
¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos? ¿cómo te comportas con los pequeños? ¿ves en ellos a Jesús? Porque el Padre no quiere que nadie se pierda. Y tu actitud con el prójimo va de la mano con tu actitud con Dios.
Por último, mírate también a ti mismo. ¿Te sientes pequeño, perdido? Jesús te dice que no temas, que aunque consideres que no cuentas o que no eres importante, lo más grande, el Reino, es para ti. Sólo tienes que descubrir el camino de dejarte amar por Dios y amar a los demás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 1 de octubre

Martes, 1 de octubre
Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 9, 51-56.
Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo y acabe con ellos? Él se volvió y les regañó, y dijo: No sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos. Y se marcharon a otra aldea.

Pistas: Jesús decide ir a Jerusalén a entregar la vida. Nadie le obliga, Él sabe lo que hace.
En el camino se presentan dificultades. Rechazan a Jesús porque va Jerusalén. Esto sucederá muchas veces en tu vida. Cuando decidas buscar la voluntad de Dios tendrás dificultades y ante ellas encontrarás dos respuestas, la de Santiago y Juan, o la de Jesús. La del rechazo y la condena, o la del perdón y la salvación (que sólo Jesús y la presencia del Espíritu Santo pueden dar).
Mira tu vida, tu comunidad, tu parroquia ¿actúas como Santiago y Juan ante las dificultades o caminas con Jesús como discípulo suyo? ¿de qué espíritu eres? Lo importante es que Jesús se dirige a cumplir la voluntad del Padre y así va caminando con sus discípulos.
Un ejemplo: Jesús va delante. Una decisión: ir a Jerusalén. Y una actitud ante las dificultades: llevar la salvación a todos los que quieran acogerla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 30 de septiembre

Lunes 30 de septiembre
San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 9, 46-50
En aquel tiempo los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.
Juan tomó la palabra y dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.
Jesús le respondió: No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro.

Pistas: Jesús acaba de anunciar a sus discípulos que va a padecer mucho, morir y resucitar. Y ellos se ponen a discutir de los puestos. Todavía les falta mucho camino para comprender a Jesús. Esta vez Él se adelanta a la pregunta de sus discípulos, toma a un niño y lo pone en medio. “El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado”. Ser grande significa acoger al pequeño, y esto implica acoger a Jesús y al Padre. Implica tener un corazón abierto al otro, al que es pequeño y no puede darme nada a cambio. Difícilmente podrá hacer esto el que busca puestos y reconocimientos, el que planifica cómo actuar para lograr su objetivo.
¿Quién es importante para Jesús? El que ama, porque sólo así podrá hacer realidad la acogida que Él pide.
Por si no había quedado claro: “el más pequeño de vosotros es el más importante”. ¿Cuántas veces funcionamos al revés? El importante es el que tiene dinero, poder, fama, el que puede hacer algo por nosotros… Sin embargo, al pequeño, el que no nos puede devolver nada, el que nos necesita… lo vemos como una carga y no lo queremos en nuestra vida. Sólo aprendiendo a amar como Jesús amó, sólo experimentando el amor incondicional de Dios, se puede tener la actitud que pide hoy Jesús en el Evangelio: hacerse pequeño, no vivir del qué dirán, para así amar y acoger a todos.
A continuación, Juan le cuenta a Jesús que quisieron impedir a uno que echaba demonios en su nombre, hacerlo. Jesús le enseña: está a favor nuestro, no se lo impidas. ¿Cuántas veces creemos que nuestro grupo eclesial, nuestro movimiento, nuestra parroquia, son mejores? Si los demás no hacen las cosas como nosotros, no nos gustan. Este hombre actuaba con el poder del nombre de Jesús. Había entendido que Jesús podía vencer al mal y estaba actuando. Y si en vez de tratar de destruir al que no comprendemos nos acercamos a él… ¿no será ese el camino que Jesús nos pidió al decir que fuésemos uno?
Amar, acoger, estar unidos para ser importantes, para ser grandes, para ser discípulos de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 29 de septiembre

Domingo 29 de septiembre
XXVI domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
—«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.
Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó:
«Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.» Pero Abrahán le contestó:
«Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.
Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.» El rico insistió:
«Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.» Abrahán le dice:
«Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»
El rico contestó:
«No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.» Abrahán le dijo:
«Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.»»

Pistas: Es muy elocuente esta parábola. Un rico que banquetea, un pobre que muere de hambre a su puerta. Y el desenlace de la vida de ambos.
Miremos nuestra “sociedad del bienestar”. Estamos enfrascados en alcanzarla. Pero ¿para quién? Para nuestro mundo occidental. Y no nos importa que los pobres se mueran en sus países o a la puerta de los nuestros. O, sin ir tan lejos, aquí a nuestro lado, que me vaya bien a mí y a los míos, el resto no me importa. Del mismo modo, en la lectura, el rico actuaba como si no estuviera Lázaro. Él iba a lo suyo.
¿No hacemos eso nosotros también? Sólo nos van a pedir cuentas de lo que estaba en nuestra mano, pero nos las van a pedir. Ésta es la otra idea de la parábola: las decisiones que tomamos, el uso que hacemos de nuestra libertad, tiene unas consecuencias. Y son para nuestro mundo, para nuestra sociedad y para nuestra vida. Si siempre vivo mirándome a mí mismo y cerrándome al prójimo, y Jesús ha enseñado que en el amor al prójimo me juego mi relación con Dios, le estoy diciendo que no a Dios y a su amor. Estoy cerrándome las puertas de la salvación, las puertas del cielo. Porque si yo descubro que hay más que lo que puedo ver y tocar, si descubro que hay un Dios que me ama, si entro en el estilo de vida de Jesús… mi vida tiene que cambiar.
Aquí estamos a tiempo de ver la realidad, de luchar por cambiar lo que está en nuestra mano, de transformar la sociedad a través del amor y la misericordia (sin ingenuidades), con el estilo de vida de Jesús. Después, nos enseña también esta parábola, no hay marcha atrás –“nos separa un abismo”-, porque ya habremos tomado decisiones.
Otra idea que puede hacernos pensar es: si uno no quiere ver, aunque resucite un muerto y venga a contarnos la verdad, no creerá. Jesús ha resucitado y la Iglesia da testimonio de Él y transmite su mensaje, pero si no quieres ver, si no quieres oír, tal vez vivas feliz como Epulón con sus banquetes, pensando que lo tienes todo y en realidad no tienes nada. ¿Quieres ver, quieres creer? Acércate a Jesús y vive como discípulo suyo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 27 de septiembre

Viernes 27 de septiembre
San Vicente de Paúl, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio Según San Lucas 9, 18-22
Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos contestaron: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro tomó la palabra y dijo: El Mesías de Dios. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y añadió: El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pistas: Quizás ésta sea la clave: ¿Quién es Jesús? La gente dice cosas… Tú puedes vivir de oídas. La Palabra de Dios te da una respuesta, pero se queda corta si no la conviertes en experiencia. Si no descubres que Jesús está realmente vivo a tu lado y en tu vida.
En este pasaje que acabas de leer Jesús no quiere que sus discípulos se dejen llevar por lo que dice la gente ni que se confundan con un mesianismo triunfante y con tintes políticos. Quiere poder seguir enseñando quién es Dios, trayendo el Reino de Dios, mostrándolo con su vida. Quiere que le conozcan realmente.
Y, entonces, les anuncia el camino de la entrega. Su muerte y resurrección. Es el Mesías, sí, pero no al modo que los hombres podemos pensarlo o imaginarlo… sino por un camino incomprensible: el de la muerte, el desprecio, la ejecución. Pero ahí aparecerá la victoria de la resurrección y la garantía de que todo el mensaje de Jesús es verdadero.
¿Quién es Jesús? ¿El que dicen los demás, el que te imaginas tú? Jesús es el que muere y resucita por ti. El que quiere encontrarse contigo para que le conozcas y descubras el amor del Padre y te llenes del Espíritu Santo. ¿Quién es Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 26 de septiembre

Jueves 26 de septiembre
Santos Cosme y Damián, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 9, 7-9
En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Herodes se decía: A Juan lo mandé decapitar yo.
¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas? Y tenía ganas de verlo.

Pistas: ¿Se puede vivir de supersticiones, habladurías o de lo que otros dicen o piensan? Hay que vivir, hay que experimentar, hay que encontrarse cara a cara con Jesús. Si no, no sabrás a qué atenerte.
Este camino lo tienes que recorrer tú si quieres descubrir la verdad. No te conformes con lo que cuentan otros: busca, duda, reza, lucha… y descubrirás si es verdad y cuál es su sentido.
Si tienes responsabilidad en la Iglesia o en tu comunidad estarás preocupado por tanta gente que vive de oídas, alejada, sin entender y a veces sin querer descubrir más allá de lo que les cuentan. Tienen una imagen de lo negativo de la Iglesia y de los que la formamos. Pero. por otro lado, lo que dice el Evangelio, el bien que hacen tantas personas de fe, el testimonio de muchos… parecen indicar algo. Pero no saben a qué atenerse. Y, al final, hasta que no se encuentren con Jesús, hasta que ellos mismos no experimenten la realidad de la presencia de Jesús y el poder del Espíritu Santo, permanecerán en la incertidumbre, en el pasotismo, en la duda y lejos de la salvación de Jesús.
Vivir en la indeterminación o encontrar sentido y respuestas. ¿Quieres ver a Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 24 de septiembre

Martes 24 de septiembre
Bienaventurada Virgen María de la Merced

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 8, 19-21
En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. Él les contestó: Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.

Pistas: Escuchar y poner por obra la Palabra de Dios te hace familia de Jesús. Éste es el tipo de relación que Jesús ha venido a construir. No la de un amo y sus siervos, ni la de un líder y sus seguidores. Sino la de una familia auténtica.
Por tanto, ser discípulo de Jesús no sólo es seguirle, cumplir, conocerle… Es establecer una relación con Él. Si vives como discípulo de Jesús, serás de los suyos, de los de su casa, de su familia.
Así es el Dios cristiano. El que se acerca tanto a nosotros que nos hace entrar en su vida y nos la regala. El padre de la parábola del hijo pródigo que cuando vuelves después de tus errores te recibe en casa de nuevo. Y, si ya estás en casa –como el hermano mayor- te dice: “todo lo mío es tuyo”. Construir este tipo de relación es el camino que vas recorriendo día a día al rezar con la Palabra de Dios.
La familia de Jesús son “los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra”. ¿Quieres ser de los suyos? ¿quieres que Dios no esté lejos sino que sea Padre, hermano, amigo, tan interior a ti como lo es el Espíritu Santo? Aprovecha este evangelio para hacerte las siguientes preguntas: ¿iluminas tus circunstancias, tus decisiones, tus relaciones con la Palabra de Dios? ¿qué tienes que cambiar, en qué tienes que avanzar para que tu fidelidad sea cada vez mayor?
Recuerda que Jesús te da la fuerza para hacer lo que te pide y el Espíritu Santo hace posible que se haga realidad lo que la Palabra de Dios anuncia. Por eso, no tengas miedo y avanza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 23 de septiembre

Lunes 23 de septiembre
San Pío de Pieltrecina, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 8, 16-18.
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.
A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.

Pistas: ¿Qué sentido tiene encender una luz para esconderla? La luz está para alumbrar, para dar calor, para mostrar la verdad, para iluminar, para guiar… Jesús es la luz. Y Él está puesto para que se le vea. A eso ha venido. A eso viene también a tu vida, a tu familia, a tu parroquia, a tu comunidad… Jesús es la luz, y si te encuentras con Él traerá esa luz a tu situación. Por eso, si lo escondes, si no quieres ver ¿para qué sirve? Y esa luz no sólo es para ti, ya que tú podrás llevarla a otros si la acoges.
“Al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener”. ¿Qué quiere decir esta frase de Jesús? Una vez más tenemos que entender cómo explica Jesús el Reino, la salvación, la bienaventuranza (la felicidad), la fe, la esperanza, el amor… Todo esto es un don, un regalo. Lo recibe el que se atreve a aceptarlo y llevarlo a cabo en su vida. El que comprende que viene de Dios y se hace discípulo de Jesús.
El que ama con el amor de Dios cada vez tendrá más amor. El que acepta la salvación de Jesús, recibe el Espíritu Santo y sus dones, y éstos nunca se estancan, sino que crecen. El que cree, ama o tiene esperanza, si persevera en ese camino, cada vez recibirá más porque “al que tiene se le dará”. El que va dejando que la luz de Jesús ilumine su vida, cada vez verá mejor y más claro.
Pero, si no quieres acoger el regalo, si te cierras, si buscas por caminos equivocados que te hacen creer que tienes la salvación o que tienes aquello que necesitas, llegará un momento en que perderás hasta lo que crees tener. Porque si tu felicidad está puesta en tus riquezas, en tu fama, en tus habilidades, en las personas que te rodean, en tu salud, en el éxito… -piensa tú dónde la pones- cuando te falle eso, te quedarás sin lo que crees tener, en el más absoluto vacío, quizás al borde del abismo. Sin embargo, la promesa de Dios no falla, porque su salvación es un regalo que nadie ni nada te lo podrá quitar. Y crecerá día a día, si lo sigues acogiendo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.