Lunes 23 de septiembre
San Pío de Pieltrecina, presbítero
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según San Lucas 8, 16-18.
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.
A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.
Pistas: ¿Qué sentido tiene encender una luz para esconderla? La luz está para alumbrar, para dar calor, para mostrar la verdad, para iluminar, para guiar… Jesús es la luz. Y Él está puesto para que se le vea. A eso ha venido. A eso viene también a tu vida, a tu familia, a tu parroquia, a tu comunidad… Jesús es la luz, y si te encuentras con Él traerá esa luz a tu situación. Por eso, si lo escondes, si no quieres ver ¿para qué sirve? Y esa luz no sólo es para ti, ya que tú podrás llevarla a otros si la acoges.
“Al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener”. ¿Qué quiere decir esta frase de Jesús? Una vez más tenemos que entender cómo explica Jesús el Reino, la salvación, la bienaventuranza (la felicidad), la fe, la esperanza, el amor… Todo esto es un don, un regalo. Lo recibe el que se atreve a aceptarlo y llevarlo a cabo en su vida. El que comprende que viene de Dios y se hace discípulo de Jesús.
El que ama con el amor de Dios cada vez tendrá más amor. El que acepta la salvación de Jesús, recibe el Espíritu Santo y sus dones, y éstos nunca se estancan, sino que crecen. El que cree, ama o tiene esperanza, si persevera en ese camino, cada vez recibirá más porque “al que tiene se le dará”. El que va dejando que la luz de Jesús ilumine su vida, cada vez verá mejor y más claro.
Pero, si no quieres acoger el regalo, si te cierras, si buscas por caminos equivocados que te hacen creer que tienes la salvación o que tienes aquello que necesitas, llegará un momento en que perderás hasta lo que crees tener. Porque si tu felicidad está puesta en tus riquezas, en tu fama, en tus habilidades, en las personas que te rodean, en tu salud, en el éxito… -piensa tú dónde la pones- cuando te falle eso, te quedarás sin lo que crees tener, en el más absoluto vacío, quizás al borde del abismo. Sin embargo, la promesa de Dios no falla, porque su salvación es un regalo que nadie ni nada te lo podrá quitar. Y crecerá día a día, si lo sigues acogiendo.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.