Archivo de la categoría: Lectio divina

Jueves 27 de febrero

Jueves, 27 de febrero
Jueves después de ceniza

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?».

Pistas: Jesús no hace falsas promesas. El camino que Él propone no es el más fácil, pero sí es el que salva. Es el que hace ganar nada menos que la vida, el que conduce a la felicidad. Y no son sólo palabras. Jesús va delante. No oculta el sufrimiento y les anuncia lo que va a suceder. Y hasta que se encuentren con Él resucitado y reciban la fuerza del Espíritu Santo no podrán entender el alcance de estas palabras.
Jesús enseña que la salvación pasa por seguirle. Y esto tiene unas condiciones: hay que negarse a uno mismo. Si lo piensas bien, las cosas que merecen la pena siempre requieren esfuerzo. Para lograr lo que es verdaderamente importante en la vida uno necesita luchar, esforzarse, renunciar muchas veces a lo que le apetece por lo que realmente quiere hacer o alcanzar. Los padres que cuidan a sus hijos, el estudiante que se esfuerza, el trabajador que lucha por lograr sus objetivos, el que está enamorado y lucha por ese amor, el deportista… Negarse a uno mismo es buscar el bien y la verdad por encima del interés.
Seguir a Jesús implica también cargar con la cruz de cada día. No vivir instalado en la queja o en la desesperación, sino abrirse a la confianza en Dios que es Padre, que es Amor.
Nosotros ya sabemos el desenlace: Dios vence a la muerte, al mal y al pecado. Jesús ya lo hizo por nosotros y Él nos espera al final, en el triunfo definitivo.
Entregando la vida, perdiendo la vida por Él, es como se gana. Podemos poner muchos ejemplos: se gana la vida entregándola como misionero. Se gana la vida renunciando al camino fácil y buscando el bien de los demás por encima de los propios intereses. Se gana descubriendo el camino que Jesús tiene para ti, siguiéndole.
Y es que el mayor tesoro que puedes imaginar es ganar tu propia vida. Y para ello tienes que seguir a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.

Miércoles 26 de febrero

Miércoles, 26 de febrero
Miércoles de ceniza (comienza la Cuaresma)

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

Pistas: Te invito a que respondas a dos preguntas ¿Qué hacer esta Cuaresma? y ¿cómo hacerlo? Para muchos la Cuaresma es una tradición desfasada que consiste en no comer carne los viernes. Ya sabes que es mucho más: conversión, preparación, búsqueda, penitencia, combate contra el mal, oración, ayuno, limosna…
El Evangelio de hoy nos sitúa. ¿Qué hacer?: oración, limosna y ayuno como camino para encontrarnos con Dios y profundizar en nuestra relación con Él.
Practica la justicia, da limosna. Ayuda al que te necesita, también en lo material. No porque eres bueno, no para que te vean, sino porque es justo. Y porque te hace parecerte a Jesús. ¿Qué cristiano serías si cierras los ojos al que te necesita?
Reza. En tiempos de Jesús estaba de moda ser religioso, daba prestigio. ¿Qué está de moda hoy? Tal vez en el ambiente en el que te mueves algunos digan: “Fíjate, qué bueno es, y reza y va a misa”. Piensa en tus motivaciones. ¿Sales en una cofradía en Semana Santa? ¿Por qué? El Evangelio te dice: reza para encontrarte con Dios y eso dará fruto. La oración es un encuentro tuyo con Dios y establecer una relación de amistad con Él.
Ayuna. ¿Para qué? Jesús lo explica en otras ocasiones. Para decirle a Dios que es lo más importante en tu vida, para fortalecer el espíritu y tener poder para vencer el mal, para sentir hambre de Dios, para compartir con el hambriento. Qué bonito si lo que ahorres el día que haces ayuno se lo das a alguien que lo necesita.
La segunda lectura de la misa de hoy dice que es tiempo favorable y es día de salvación, y que no se deje caer en saco roto la gracia de Dios. Otra Cuaresma, otro regalo, otro tiempo favorable y de salvación. Todo está pensado para ayudarte a acercarte a Dios, conocerle, amarle, aprender a vivir como Él nos ha enseñado… ¿Lo dejarás caer en saco roto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 24 de febrero

Lunes, 24 de febrero
VII Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 9, 13-28
En aquel tiempo, cuando Jesús hubo bajado del monte, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos letrados discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.
Él les preguntó: ¿De qué discutís? Uno le contestó: Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.
Él les contestó: ¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Se lo llevaron.
El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? Contestó él: Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y el agua para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.
Jesús replicó: ¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe. Entonces el padre del muchacho gritó: Tengo fe, pero dudo, ayúdame.
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él. Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió.
El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? Él les respondió: Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.

Pistas: La presencia de Jesús lo transforma todo. Sus discípulos no fueron capaces de ayudar a aquel hombre que buscaba a Jesús y Él les recrimina su poca fe, porque si hubieran tenido fe…
Entonces ¿qué hacer para tener más fe? Porque “todo es posible al que tiene fe”. Primero, encontrar a Jesús. Acércate a Él, búscalo. Busca a Jesús en la oración, corre hacia Él y cuéntale tus cosas. Buscan a Jesús porque lo necesitan. Ésta es otra clave: ¿necesitas a Jesús en tu vida? Si no lo necesitas, no lo buscarás.
También hay un momento en que pide fe: Señor, creo, pero dudo, ayúdame. ¿Dudas? ¿a veces tu fe es tibia y tu confianza pequeña? Ora y pide. Grita al Señor. Porque la fe es un don.
Y, Jesús, enseña: ¿quieres ver los frutos de la fe? ¿quieres ver las maravillas de Dios en tu vida? Ora y ayuna. Porque los dones de Dios son también una tarea y traen consigo un estilo de vida. Ora y ayuna, dicho de otro modo, acércate a Dios y entra en su presencia, relaciónate con Él –ora- y dile que es lo más importante en tu vida, tanto que estás dispuesto a sentir hambre de Él –ayuna-. En otras ocasiones hemos explicado qué es el ayuno y para qué sirve. Se trata de decirle a Dios y a ti mismo el lugar que quieres que Dios ocupe en tu vida. No es un chantaje, ni hacer méritos, ni magia… es un acto de entrega y humildad, un modo de poner a Dios en el centro y ofrecerle tu vida entera, también tus deseos y necesidades.
Y la oración. La clave de la vida de fe. Sin ella la dimensión de la relación y la confianza en Dios es imposible. Ora poniéndote en presencia de Dios, alabándole por lo que es y por lo que hace, adorándole al entrar en su misterio, intercediendo cuando veas necesidades a tu alrededor o en ti y las lleves ante Él… “Todo es posible para el que tiene fe”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 24 de febrero

Domingo, 23 de febrero
VII Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 5, 38-48
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Sabéis que está mandado: «Ojo por ojo, diente por diente.» Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas. Habéis oído que se dijo:
—Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.
Yo, en cambio, os digo:
Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Pistas: ¿Jesús manda a sus discípulos ser tontos y débiles? ¿Puede mandar ser cobardes? Al contrario, propone el camino más difícil, el del amor, el de ser como El camino de elegir amar.
El amor no es sólo un sentimiento, también es una decisión, un acto de la libertad y de la razón. Yo puedo elegir amar al que me ofende, me hace daño, no se lo merece… puedo elegir desearle el bien, pedir por su conversión, no devolverle mal por mal, ayudarle, perdonarle… Porque en el fondo, si lo piensas bien, ¿quién sufre más, el que odia o el que es odiado? ¿el que no perdona y carga con ese peso o el que ha ofendido?
Las faltas de amor, aunque muchas veces parecen victorias, no son más que cargas y sufrimientos, ponen barreras para poder relacionarte con Dios, con los demás y contigo mismo. Jesús te dice hoy: sé perfecto como tu Padre celestial es perfecto. Vive en su amor, porque tú eres un hijo, una hija, de Dios. Tú eres amado, perdonado y elegido por Dios. Y tienes el poder y la fuerza del Espíritu Santo para vivir en camino de perfección como te pide el Evangelio.
Ama y sé libre. Ama y cambia el mundo. Elije amar cuando no lo sientas, decide amar al que no se lo merece, perdonar al que te ha ofendido, dar al que no te podrá devolver…. La invitación de Jesús es a una vida extraordinaria, si la aceptas verás cómo surge un mundo nuevo a tu alrededor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 22 de febrero

Sábado, 22 de febrero
Cátedra de San Pedro, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 16, 13-19
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Pistas: Jesús pregunta a sus discípulos -que ya le siguen, son sus amigos y serán sus testigos- quién dice la gente que es Él. Y más importante, quién dicen ellos que es.
Puedes hacerte estas mismas preguntas. Tú, que tal vez sigues a Jesús, crees en Él, intentas vivir como discípulo suyo, puedes preguntarte: ¿qué dice nuestra sociedad de Jesús? ¿quién es Jesús para ellos? Y, más importante, ¿quién es para ti?
La respuesta de Pedro nos enseña que para conocer verdaderamente a Jesús no basta una información teórica. Incluso no es suficiente estar con Él. Hace falta la fe. Hace falta la gracia de Dios, que Dios lo revele.
Pedro encuentra su propia identidad en el encuentro con Jesús: “Tú eres Pedro”. Encontrarse con Jesús, acercarse al misterio de Dios, hará que descubras verdaderamente quién eres. Y hará que aparezca (tal vez ya lo ha hecho) un camino en tu vida. Y la respuesta a las preguntas: por qué y para qué. La existencia no es ver pasar los días sino encontrar un propósito. Y cuando Dios pide algo da la capacidad para hacerlo, como se la dio a Pedro.
Jesús funda su Iglesia, en la que Pedro tiene un papel importante. Recuerda que le negó, que tuvo dudas, que muchas veces no comprendía quién era Jesús. Sin embargo, confió en él para organizar y acompañar a la Iglesia cuando Jesús ya no estuviese físicamente. Aprovecha este Evangelio para rezar por la Iglesia, a la que el poder del infierno no podrá derrotar, así como por el Papa (sucesor de Pedro) y la misión que Jesús le dio.

Relee el Evangelio escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 21 de febrero

Viernes, 21 de febrero
VI Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 8, 34-39
En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: el que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.
Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta época descreída y malvada, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles.
Y añadió: os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar el reino de Dios en toda su potencia.

Pistas: Ayer leíamos las palabras tan duras que Jesús dirigía a Pedro cuando éste le recriminaba el anuncio de su pasión: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”.
Hoy Jesús continúa hablando del camino que propone a sus discípulos. No es el de las glorias humanas, el del materialismo y la superficialidad, el de la magia o los atajos que tanto nos atraen. Tampoco el de quejarse, echar la culpa a las situaciones o a las personas de lo que está mal en tu propia vida. Ni el de buscar siempre satisfacer los propios deseos.
Jesús te invita a ir con Él. Ésa es su propuesta. ¿Qué tendrás que hacer? Negarte a ti mismo. Es decir, no hacer siempre lo que nos apetece, lo que se nos presenta como la mejor opción, sino buscar la verdad y lo que es verdaderamente bueno. Esto se entiende muy bien con ejemplos: el deportista tiene que negarse a sí mismo para esforzarse y entrenar, los padres para luchar por los hijos, los esposos para crecer en amor mutuo, el estudiante para no vaguear… Todo esto es negarse a uno mismo: salir del yo y mirar lo que nos rodea, encontrar a Dios y a los demás y, curiosamente, así encontrarse a uno mismo.
Cargar con la cruz es evitar caer en la queja, en la desesperación o en la desconfianza hacia Dios. Estamos en sus manos, aunque la situación no sea fácil, o sea dura o dolorosa, la cruz no es sino el camino a la resurrección.
Sólo en Jesús hay salvación. Sólo Él es el camino, la verdad y la vida. Por eso ¿de qué sirven las cosas de esta vida sin Jesús? ¿de qué sirven sin verdad, sin vida, sin encontrar el camino? ¿de qué sirven sin amor, sin paz, sin esperanza, sin fe?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 18 de febrero

Martes, 18 de febrero
VI Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 8, 14-21
En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les recomendó: Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes. Ellos comentaban: Lo dice porque no tenemos pan. Dándose cuenta, les dijo Jesús: ¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis? Ellos contestaron: Doce ¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil? Le respondieron: Siete. El les dijo: ¿Y no acabáis de entender?

Pistas: Jesús avisa a sus discípulos que no quiere que vivan en función de intereses, de triunfos humanos, para lo material o el poder. Ésa es la levadura de los fariseos y de Herodes. Y si se permite que entre, hace que todo cambie y que se estropee. Así sucede. Un poco de levadura fermenta toda la masa. Por eso Jesús es tan exigente: ¿en quién ponéis vuestra confianza, vuestra felicidad? ¿cuál es la verdad? ¿dónde la ponen los fariseos y los de Herodes? ¿y dónde la pone Jesús?
Jesús quiere que comprendan la diferencia entre el modo de hacer las cosas que Él tiene y el que propone el mundo (los de Herodes) o la religiosidad mal entendida (los fariseos). También tú tienes que elegir. La levadura de Jesús da un pan de vida, un pan que alimenta, que sobra, que es para todos… la de los fariseos y herodianos sólo destruye, divide.
Jesús te invita hoy a examinar qué levadura está presente en tu vida o en tu comunidad. Y los frutos de una y otra. Para finalmente tomar una decisión, por Jesús o por el mundo, las apariencias o una religiosidad equivocada y vacía.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 17 de febrero

Lunes, 17 de febrero
VI Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 8, 11-13
En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Pistas: Jesús ya está dando signos. La multiplicación de los panes, las curaciones, los exorcismos, su poder y autoridad… Pero da igual. Estos hombres no quieren ver. Es como poner una pintura ante el que tiene los ojos cerrados, o un manjar delante del que no va a probarlo. Le piden a Jesús un signo del cielo, porque quieren que Él haga las cosas a su manera, según su mentalidad. No se van a dejar cambiar ni sorprender por Jesús. Su idea de la religión y del Mesías les impide reconocer a Jesús como el auténtico mensaje. Signos tenían, pero no querían verlos.
Creen tener la interpretación correcta de la ley. Jesús no es así. No es una interpretación mejor (discutible con las demás). Jesús habla con autoridad. Ofrece una experiencia y un camino. Con Él se puede vivir y experimentar el Reino de Dios. Ofrece la felicidad de las bienaventuranzas y el amor del Padre. Esto no es ley, ni una doctrina que se pueda debatir. Es una experiencia y un encuentro.
Jesús no es un mercader de milagros, ni de magia. Es salvación. El Reino en la tierra es el milagro más grande.
Y por eso el Reino de Dios en tu vida será aceptar a Jesús. No demostrarlo con milagros. El que no acepta a Jesús, se cierra para ver signos. No habrá los milagros que tú quieres, sino algo mucho más grande: la experiencia y el encuentro con Jesús. Y entonces verás todos los signos de la presencia y acción de Dios que hay a tu alrededor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 15 de febrero

Sábado, 15 de febrero
Semana V del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 8, 1-10
Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos. Le replicaron sus discípulos: ¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos? Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos contestaron: Siete. Mandó que la gente se sentara en el suelo: tomó los siete panes, pronunció la Acción de Gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces: Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Pistas: Jesús siente lástima de los que le siguen y necesitan alimento para continuar el camino. Sus discípulos dan lo poco que tienen a Jesús. Y Él obra el milagro.
Era imposible que sucediera, que llegase tan poco para tanta gente. Y, sin embargo, cuando Jesús lo toma se multiplica y todos quedan alimentados. Y no de un modo rácano, racionado o limitado, sino que “la gente comió hasta quedar satisfecha”.
Vamos a leerlo ahora en clave espiritual. Los que están con Jesús necesitan alimento y fuerzas para su día a día. Y eso sale de lo que sus discípulos le entregan. También simboliza la Eucaristía el pan que nosotros presentamos y se transforma en alimento que sacia y fortalece.
Lo poco que puedes darle a Dios Él lo multiplicará hasta un nivel que no puedes ni imaginar. ¿Le ofrecerás a Jesús todo (aunque sea poco) lo que tienes? ¿Le dejarás que Él lo multiplique?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 14 de febrero

Viernes, 14 de febrero
Santos Cirilo, monje, y Metodio, obispo, patronos de Europa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: -«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos.
No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”»

Pistas: Jesús elige y envía. Han estado con Él y ahora van delante, de dos en dos (como Iglesia). No van en misión particular, sino para Jesús. Les da unas instrucciones concretas. Y tienen que hacer lo mismo que Él hace: curar y anunciar el Reino. Luchar contra el mal en todas sus manifestaciones y anunciar la salvación que Jesús trae (el Reino).
“Rogad al dueño de la mies que mande obreros a su mies”, dice Jesús, que sabe que la tarea es ingente.
El primer paso es estar con Jesús, conocerle, descubrir quién es. Y cuando Él envía: obedecerle, fiarse, lanzarse. Jesús necesita personas valientes que “como corderos en medio de lobos”, se atrevan a llevar paz, salvación, curación. A llevarle a Él y su Reino a los demás.
La misión asusta, parece irrealizable… No te preocupes, Dios cuida de ti porque “el obrero merece su salario”. Si vas en su nombre, sé humilde, no busques tus intereses, no te apoyes sólo en tus fuerzas. Y recuerda que anunciar a Jesús forma parte de ser discípulo suyo, no es tarea de curas y monjas, sino de todos los que tenemos fe.
“La mies es mucha”, los que necesitan a Jesús son muchos. Y tú… ¿te apuntas a ir?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.