Archivo de la categoría: Lectio divina

Jueves 13 de febrero

Jueves, 13 de febrero
Semana V del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos. Pero ella replicó: Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños. Él le contestó: Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Pistas: ¡Qué grande la fe de esta mujer! Vence todas las dificultades, encuentra a Jesús, supera su aparente indiferencia y cree en su palabra. No necesita que Jesús vaya con ella para garantizar el milagro, sino que cree en su palabra y su poder.
Contra toda esperanza, su oración es escuchada. Una extranjera, que según la mentalidad judía no merecía la salvación de Dios, ni que se fijara en ella. Los judíos tenían además prohibido hablar con ella. Y, sin embargo, Dios escucha su oración ¡Qué lección sería esto para los discípulos!! ¡Cuánto abriría su mente ver que Dios salva a todos! Incluso Jesús, como hombre, va perfeccionando su manera de que le puedan entender y a la vez seguir la voluntad del Padre.
Y ahora puedes mirar tu vida, tu fe. Aunque te sientas extranjero, aunque parezca que Dios no te contesta o algunos te digan que no es para ti la salvación… Si te acercas a Jesús con fe, encontrarás la salvación que sólo Él te puede ofrecer.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Miércoles 12 de febrero

Miércoles, 12 de febrero
Semana V del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 7, 14-23
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír que oiga.
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la comparación. El les dijo: ¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina. (Con esto declaraba puros todos los alimentos) Y siguió: Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

Pistas: Jesús supera la concepción de alimentos impuros que había en la religión judía. No propone una religión meramente ritualista o de cumplimiento de mínimos basada en cosas externas. A sus discípulos les propone que cambien su corazón. Les advierte para que estén atentos sobre lo que anida dentro de cada persona, porque puede ser destructivo. Y les invita a limpiar lo que «mancha al hombre».
Las palabras de Jesús son plenamente actuales. ¿Cuánta apariencia y superficialidad hay en nuestro mundo? ¿cuánto amoldarse a lo que piensan los demás o llevar una doble vida? ¿cuánto consumir o vivir experiencias que sabemos que nos hacen daño, que llenan nuestro corazón de pecado y mentira, pero como es lo que todos hacen seguimos la rueda? Jesús nos invita hoy a mirar nuestro corazón y examinar qué hay en Él.
San Pablo dirá que hay dos maneras de vivir: según la carne (la inclinación al pecado y a lo mundano) o según el Espíritu, con la fuerza del Espíritu Santo. Y esto dará los frutos del Espíritu: una vida como la de Jesús, con un corazón nuevo.
Así pues se te plantea una elección. ¿Una vida superficial, un corazón lleno de cosas que no sacian y llevan al pecado (como los que describe el Evangelio de hoy)? ¿o una vida en el Espíritu Santo, con un corazón lleno de Dios, de su amor y sus dones?
Sólo es posible con la Gracia de Dios, sólo es posible si abres tu corazón a Jesús y a la acción del Espíritu Santo. Una vida de fe y oración que llene el corazón de bien, de verdad, de amor, de vida, de los dones del Espíritu o por el contrario un corazón como el que describe Jesús en el Evangelio de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 11 de febrero

Martes, 11 de febrero
B. Virgen María de Lourdes

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 7, 1-13
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos) (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas) Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?
Él les contestó: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.
Y añadió: Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte». En cambio vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: «Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.

Pistas: Jesús les dice a personas muy religiosas de su tiempo que honran a Dios con los labios pero su corazón está lejos, que el culto que dan a Dios está vacío porque su doctrina son sólo preceptos humanos. La conclusión es terrible: “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”.
Lucha contra una manera de entender la religiosidad que, en el mejor de los casos, es un mero cumplimiento externo de normas, y otras veces, una justificación para intereses particulares o sentimientos de superioridad. Por eso les pide que miren al corazón y se pregunten cuál es el mandamiento de Dios, cuál es la esencia.
Este Evangelio nos pregunta por nuestra religiosidad. ¿Cuáles son y para qué me sirven las tradiciones que sigo? ¿Cómo es mi religiosidad? ¿Cómo es la comunidad, la Iglesia, que construyo? Jesús pide un corazón que esté cerca de Él, un culto que no esté vacío, una doctrina que busque a Dios y no intereses humanos. Y eso se refleja en mi relación con el prójimo y en mi manera de afrontar las decisiones en todos los ámbitos de la vida.
“Y como éstas hacéis muchas”. Éste es el camino de la corrupción. Cuando el pecado, el error, la mentira, dejan de parecer graves y se justifican. Y eso impide acercarse a Dios. Y hace entrar en un círculo vicioso, muchas veces revestido de apariencias (apariencia de religiosidad o de bondad o de honestidad…).
Jesús no se mordió la lengua ni dejó de denunciar todo lo que aparta al hombre de Dios. Y a ti te llama también a un camino de verdad y vida. Cerca de Él y con la fuerza del Espíritu Santo es posible.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 10 de febrero

Lunes, 10 de febrero
Santa Escolástica, virgen

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 6, 53-56
En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos terminaron la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

Pistas: Jesús se había acercado a sus discípulos caminando sobre el agua, tras mandarles partir en la barca y quedarse Él a solas rezando.
Cuando desembarcan, la noticia de su llegada se extiende rápido. Jesús atrae. Lo buscan. Muchos porque lo necesitan. Jesús sana y el que le toca queda sanado. La reacción es entusiasta: “En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto”.
Aparecen reflejados dos factores: uno, la atracción que Jesús provoca. Y otro, la necesidad, la búsqueda, podríamos decir hasta el inconformismo o insatisfacción del hombre que siempre quiere más: más vida, más alegría, que busca plenitud y salvación. Y en Jesús la encuentra.
Podemos dar un salto al presente y pensar en lo que nos rodea: ¿cuántos le necesitan pero no saben que es la respuesta? Jesús se hace presente. Pero piénsalo bien ¿cuántos hoy necesitan que nosotros, los que hemos reconocido a Jesús, vayamos a recorrer nuestra tierra y a llevar a Él a los que están enfermos? ¿cuántas veces nuestra fe es tan pequeña que pensamos que algunas personas son casos perdidos, cuando en el fondo sólo necesitan tocar el manto de Jesús?
Jesús no se cansa, busca a las personas. Pero necesita que lo reconozcan, que lo anuncien, que hagan que otros puedan encontrarse con Él. Esto es la Iglesia, así han de vivir los discípulos de Jesús. Hoy, al rezar, puedes pensar en si estás llevando a otros a Jesús. Y, si no es así, en cómo puedes comenzar a hacerlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 9 de febrero

Domingo, 9 de febrero
V Domingo del tiempo ordinario, ciclo A

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Pistas: Hoy el Evangelio nos habla de identidad. ¿Qué somos los discípulos de Jesús? Sal y luz. No se trata de algo postizo sino del ser más profundo, de la esencia.
Un poco de sal lo cambia todo, se nota aunque no se vea. La luz brilla por sí misma, ésa es su identidad y su ser. No tiene más que “ser lo que es”. Por eso la identidad va unida a las obras. Si la sal no sala, si la luz no brilla ¿pueden merecer ese nombre? Y Jesús dice a sus discípulos que hay que dar fruto para gloria de Dios. No vale un cristianismo cobarde, escondido o de invernadero.
Los cristianos no estamos llamados a vivir nuestra fe de modo privado o mediocre. No somos un bote de sal que no se usa y por tanto queda encerrada en sí misma, ni una luz que se esconde. Jesús quiere que transformemos el mundo con nuestra presencia (como lo transformó Él).
Puede ser muy elocuente la imagen de la luz en el candelero, puesta para alumbrar toda la casa. ¿Quién es la luz del mundo? Es Jesús. Ponlo en el centro de tu corazón para que alumbre toda tu casa, en el centro de tu familia, de tu parroquia, de tu comunidad, de tu trabajo, de tus amistades. Y así, tú que lo llevas contigo podrás ser también luz por su Gracia, por su presencia en medio de ti. Tu parroquia, tu comunidad, tu familia… se convertirán en pequeñas luces que irán transformando este mundo.
Una última reflexión. Cuando alguien pretende vivir negando su identidad, negando lo que es, vivirá en un continuo sufrimiento, acabará triste, amargado, frustrado… Si un cristiano no vive como lo que es, su cristianismo se volverá algo triste, gris, sin atractivo, sin verdad, sin luz… Por eso, tantos cristianos acaban diciendo que son cristianos no practicantes o que creen a su manera.
Ser sal y ser luz ¿cómo es tu vida de discípulo? ¿qué frutos das? ¿qué estás dispuesto a cambiar para dar fruto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 7 de febrero

Viernes, 7 de febrero
IV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: Juan Bautista ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en él. Otros decían: Es Elías. Otros: Es un profeta como los antiguos. Herodes, al oírlo, decía: Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.
El rey le dijo a la joven: Pídeme lo que quieras, que te lo doy. Y le juró: Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.
Ella salió a preguntarle a su madre: ¿Qué le pido? La madre le contestó: La cabeza de Juan el Bautista. Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. En seguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Pistas: Parece que el mundo no ha cambiado mucho en 2.000 años. Corrupción, inmoralidad, abuso de poder, violencia, cobardía, injusticia… Hoy sigue brillando el bien en muchos, pero también suceden cosas horribles que se revisten de honorabilidad y de normalidad, cuando no pueden serlo de ninguna manera.
¿Quién es Jesús? Resuena como pregunta en el Evangelio de hoy. Y al hilo de ello nos habla de Juan, un hombre de Dios, valiente, que vive lo que proclama. Decir la verdad le lleva a la cárcel y finalmente a la muerte.
No es fácil el camino de la fidelidad a Dios. “Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto”. Pero, aún así, pesó más el poder y la imagen que el bien y la verdad.
Podemos decir que Herodes era una persona tibia. Por un lado, le gustaba la verdad que escuchaba de Juan, lo admiraba y lo respetaba. Pero, por otro lado, no quería cambiar de vida. No estaba dispuesto a asumir lo que significaba explorar el camino que le proponía Juan Bautista. Supondría cambios que no estaba dispuesto a aceptar, y al final esto le lleva a no ser libre, a cometer injusticias, a ser malvado.
Puedes pensar en tu propia vida, si consientes el pecado al final te pasará factura. Juan señalaba a Jesús, decía que el importante era Él. Gritaba que hay que preparar el camino para recibirlo. Advierte que es necesario un cambio de actitud porque Jesús vendrá a renovar y a renovarte. Su mensaje es una invitación a la conversión porque Jesús está cerca.
Como en tiempos de Herodes la gente dice muchas cosas sobre Dios, sobre la fe, sobre Jesús… No vivas de oídas, de lo que dice este o aquel, de leyendas o supersticiones, porque esto no lleva a ningún sitio. Si quieres conocer a Jesús, acércate a Él y encuéntrate con Él.
Vuelve a leer este Evangelio, quédate con lo que te haga pensar o te toque el corazón, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 6 de febrero

Jueves, 6 de febrero
San Pablo Miki y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 6, 7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Pistas: Los discípulos de Jesús han visto lo que Él hace. El Evangelio de hoy nos cuenta que no sólo van a seguir siendo testigos sino que van a poder hacer lo que Jesús mismo realizaba.
Les envía con autoridad (la misma que Jesús tiene), con poder, con capacidad para hacer lo que les pide. Van a expulsar demonios, a curar enfermos, a predicar la conversión.
Y para este viaje no quiere que lleven muchas seguridades. Sólo lo necesario. Tampoco que busquen prosperar, la gloria, el triunfo (cambiar de casa). Sólo que siembren, que anuncien, que lleven la salvación al que quiera acogerla.
Hoy Jesús sigue llamando, dando autoridad (capacitando) y enviando. Tú estás caminando con Él, quieres ser su discípulo. Y en algún momento Jesús te enviará. Te dará autoridad y capacidad para hacer lo que te pide. Pero también te pedirá que te fíes, que seas fiel y no te dejes seducir por otras cosas (cambiar de casa o buscar éxito humano), ni te acomodes. Relee el Evangelio y escucha atentamente ¿qué te está pidiendo Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 5 de febrero

Miércoles, 5 de febrero
Santa Águeda, virgen y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 6, 1-6
En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él. Jesús les decía: No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Pistas: Cuando se cree saber todo, cuando ya no hay capacidad para sorprenderse o para confiar, cuando piensas “qué me van a enseñar a mí”, lo más probable es quedarse estancando, sin poder ir más allá y sin posibilidad de que aparezca la fe. Sin embargo, si te haces preguntas, si observas, si buscas, si sientes la necesidad que hay en lo profundo de tu ser de respuestas, de felicidad, de vida, de amor, de plenitud… puede que te encuentres con Jesús.
En el Evangelio de hoy la gente ha escuchado y visto lo que Jesús dice y hace. Se asombran de su sabiduría y sus milagros, de las cosas que hace. Pero muchos creen saber quién es Jesús, desconfían, tal vez piensen que hay intereses ocultos. Hoy dicen: “lo de la Iglesia es cosa del pasado”, “yo ya sé de qué van los curas y sus historias”, “los que van a misa son los peores”… Y, al final, se quedan sin hacerse la pregunta: ¿Quién es Jesús? Y sin iniciar el camino para descubrirlo. Se conforman con la imagen pobre o deformada que pueden haber recibido y no intentan ir más allá.
Hace poco leía el siguiente razonamiento: Jesús dijo de sí mismo ser el Hijo de Dios. Si es un mentiroso o un loco y realmente no es el Hijo de Dios y te lo pierdes, no pasa nada. Pero, si Jesús es quien dice ser, si conocerle a Él es encontrar a Dios. Si encontrarle a Él es tener vida, verdad, salvación, fe, esperanza, amor, eternidad… Si resulta que Jesús es Dios y no lo descubres ¿no te pierdes algo muy grande? ¿no te pierdes lo más grande?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 4 de febrero

Martes, 4 de febrero
IV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 5, 21-43
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: ¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaron: Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado?» El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: No temas; basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: ¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar ─tenía doce años─. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Pistas: Jesús va con sus discípulos y se le acerca mucha gente. En medio aparece un jefe de la sinagoga, es decir, un judío destacado. Se le acerca para interceder por su hija. Sabe los milagros que Jesús hace y le pide por su la niña, que está muy enferma. Por el camino, una mujer también muy enferma se acerca a Jesús, y al tocarlo, por la fe que tiene, queda curada. Esta mujer había gastado todo lo que tenía intentando curarse y nada había cambiado.
Pero después de encontrarse con Jesús, todo cambia para ambos. Porque cuando Jesús llega a la casa de Jairo y parece que ya nada hay que hacer, creen y lo imposible se hace posible. Aquella niña que estaba muerta, se pone en pie y echa a andar. Y la mujer enferma cree en su poder, en que que sólo con tocarlo su mal se irá. Y así sucede.
La clave es la fe. Es la que alcanza el milagro. La fe mueve a las personas a buscar a Jesús y a Él a responder con poder. Parecen cosas imposibles, pero cuando Jesús aparece, todo cambia. Ambos acuden con humildad a Jesús: un jefe de la sinagoga (cuya actitud contrasta con la de otras autoridades judías) y una mujer que padece flujos de sangre (por tanto, impura en la mentalidad judía). La respuesta de Jesús es: no temas, cree, ten fe. Porque en Él hay salvación y vida. Jesús no tira la toalla. No lo hagas tú.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración.y llévalo a tu vida.

Lunes 3 de febrero

Lunes, 3 de febrero
San Blas, Obispo y mártir; San Óscar, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 5, 1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago en la región de los Gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en las tumbas, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: ¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes. Porque Jesús le estaba diciendo: Espíritu inmundo, sal de este hombre. Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? El respondió: Me llamo Legión, porque somos muchos. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: Déjanos ir y meternos en los cerdos. El se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en el campo. Y la gente fue a ver qué había pasado.
Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país.
Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia. El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Pistas: Este pasaje es complicado de entender, pero encierra muchas enseñanzas. El demonio no resiste la presencia de Jesús y tiene que obedecer su Palabra. Jesús lucha contra el mal y el sufrimiento siempre. Viene a liberar y salvar.
El endemoniado del Evangelio vive en el lugar de la muerte, entre sepulcros. Se hiere a sí mismo. No puede estar con nadie y nadie puede dominarlo. Ni es dueño de su propia vida, ni es libre. Si piensas en la realidad del mal y el pecado en el mundo, o en tu propia vida ¿se parece algo a esto que describe el Evangelio? El pecado trae muerte, sufrimiento, falta de libertad, impide que la persona se realice, y la aísla y separa de los demás. Cuando dejas que el pecado te domine, ya no puedes ser libre, ni siquiera dejas que los demás te puedan ayudar.
Pero todo cambia ante la presencia de Jesús. El demonio, el mal, queda en evidencia. Y da la cara. Eso pasa también cuando llega el mensaje del Evangelio, cuando las personas se encuentran con Jesús: el pecado y el mal aparecen con claridad ante los ojos de los que tienen fe. Porque el pecado y el mal siempre traen oscuridad, mentira, tristeza, miedo… Jesús con su luz hace ver la verdad y el mal tiene que dar la cara. Por eso, si te encuentras con Jesús, su luz te mostrará lo que va mal en tu vida y en el mundo. Por eso también, muchas veces, las personas que forman parte de estructuras injustas luchan contra la fe cristiana porque les deja en evidencia. Y, por todo esto, un cristiano y una comunidad cristiana no pueden quedarse de brazos cruzados ante la injusticia, el pecado y el mal. Y si viven su fe, el demonio, el mal, se tiene que retratar ante la presencia de Jesús y del Espíritu Santo.
Para los judíos del cerdo es un animal impuro. El mal, el demonio, nunca hace bien a nadie ni a nada. Terminan destruyéndose, lanzándose por el acantilado. Porque sus promesas son mentiras. Su manera de actuar es dañar y destruir. En este mundo nuestro un tanto ambiguo, en el que a veces nos gusta encender una vela a Dios y otra al diablo, el Evangelio de hoy no deja lugar a dudas: el demonio nunca trae nada bueno.
A los gerasenos no les importa el endemoniado que está libre, tranquilo, cuerdo y vestido después de encontrarse con Jesús. Sólo lo que ha sucedido con sus animales. Ponen por delante de las personas otros intereses. Esto también puede servirte para reflexionar.
Por último, el hombre liberado quiere seguir a Jesús. Pero Él le envía a dar testimonio. ¡Cuánto mal había en la vida de este hombre! Pero después de encontrarse con Jesús fue a su casa y anunció la misericordia que Dios tuvo con él: “empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban”. Porque esto es lo que sucede cuando Jesús entra en escena. Las personas son liberadas y Jesús salva e invita a dar testimonio.
¿Quieres esto en tu vida, en tu familia, en tu sociedad? ¿Quieres ser liberado de lo que te ata, de lo que te hace daño, de lo que te lleva a la destrucción? Acércate a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.