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Miércoles 25 de marzo

Miércoles, 25 de marzo
La anunciación del Señor, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 1, 26-38
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó:
«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Pistas: Nueve meses antes de la Navidad la Iglesia celebra la fiesta de la Anunciación como un pequeño paréntesis en medio de la cuaresma.
Este relato de Lucas nos presenta un momento impactante de la historia de la humanidad en el que una mujer con su “sí” lo cambia todo. De ella nacerá el Hijo de Dios. La Virgen dará a luz un hijo por obra del Espíritu Santo. María es la elegida, la llena de Gracia, la Toda Santa, la Inmaculada. Y, sin embargo, aunque Dios tiene un plan para ella, aunque ha sido elegida, tiene que decir que sí y aceptarlo.
Aquí se nos presentan la gracia de Dios y la libertad del hombre para responder. La llamada y la respuesta. Y las consecuencias que esa respuesta tiene para la propia vida y para la de los demás. Tu sí a Dios también puede cambiar muchas cosas en la historia.
El Hijo de Dios se hará hombre. Nacerá de una mujer, de María, desposada con José (descendiente de David para que se cumplan las promesas del Antiguo Testamento). Se hace hombre en una familia humilde, en una situación histórica concreta. Si recuerdas la vida de José, María y Jesús, la encontrarás llena de dificultades, como la nuestra. Pero llena de la presencia del Espíritu Santo y del amor del Padre.
“Para Dios nada hay imposible”. Una virgen madre, una anciana estéril madre. Para Dios nada hay imposible, todo lo hace nuevo… y allí donde parece que no será posible la vida, la alegría, la salvación o la esperanza, el Dios de lo imposible trae su salvación del modo más sorprendente.
Y todo ello es posible por el «hágase» de la Virgen María, que no dudó: «Aquí está la esclava del Señor».

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 22 de marzo

Domingo, 22 de marzo
IV domingo de cuaresma, ciclo A

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 9, 1-41.
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? Jesús contestó: Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: ¿No es ése el que se sentaba a pedir? Unos decían: El mismo. Otros decían: No es él, pero se le parece. El respondía: Soy yo.
Y le preguntaban: ¿Y cómo se te han abierto los ojos? Él contestó: Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.
Le preguntaron: ¿Dónde está él? Contestó: No sé. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. (Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.) También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los fariseos comentaban: Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado. Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos? Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: Y tú ¿qué dices del que te ha abierto los ojos? Él contestó: Que es un profeta.
Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: ¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve? Sus padres contestaron: Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: Confíésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. Contestó él: Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.
Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos? Les contestó: Os le he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene.
Replicó él: Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento, si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder. Le replicaron: Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros? Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del hombre? Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Lo estás viendo: el que te está hablando ese es. El dijo: Creo, Señor. Y se postró ante él.
Dijo Jesús: Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos.
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: ¿También nosotros estamos ciegos? Jesús les contestó: Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.

Pistas: ¿Por qué suceden las cosas malas? ¿Quién pecó para que vengan desgracias? Jesús afirma que no es por el pecado nadie, sino para que se manifiesten las obras de Dios. Los judíos pensaban que la enfermedad y las desgracias eran consecuencia y castigo por el pecado. Jesús enseña que Dios está siempre al lado del que sufre, lucha contra el mal, el sufrimiento y la muerte… Pero, también está el misterio incomprensible de la Cruz como camino para la resurrección (a veces, a pesar de rezar a Dios, a pesar de saber que Dios está, aparece la Cruz y hay que recorrer ese camino). Podemos llevar esta idea a la situación que estamos viviendo y caer en la cuenta de que esta es una ocasión para que se manifieste la obra de Dios. ¿En qué se puede manifestar con tanto sufrimiento, tanta incertidumbre? Responded cada uno a esta pregunta. En mi vida ¿en qué se puede ver la obra de Dios? Tal vez ¿en que rece más?, ¿en que ame más?, ¿en que sepa construir unidad? o ¿en que busque la verdad y la justicia? ¿En qué se puede ver en esta situación tan difícil que atravesamos la acción de Dios?
Jesús, podía haber curado al ciego imponiéndole las manos o rezando por él, como había hecho en tantas otras ocasiones. Sin embargo, le cura de una manera extraña. Es como si quisiese que este hombre le conociera poco a poco.
No le pregunta si tiene fe, simplemente le llama, le ordena algo (de lo más extraño), el ciego obedece y queda curado. Después decide hacerse discípulo de aquel hombre que le ha salvado.
Y los fariseos, una vez más, son incapaces de comprender lo que Jesús hace. Al final les pregunta el ciego “¿también vosotros queréis ser discípulos suyos?”. Ni se alegran por el ciego, al que siguen considerando impuro, castigado por Dios. Ni están dispuestos a cambiar de idea sobre quién es Jesús. Prefieren sus ideas religiosas sobre el Dios que castiga, el sábado… El ciego lo ha comprendido: Dios está con Jesús. Ellos no quieren ver y por eso les sucede lo más triste que puede ocurrirle a alguien, se quedan encerrados en su mentira, incapaces de avanzar hacia la verdad. Creen que tienen futuro, pero en realidad se quedan en el pasado. Y cuando crean haber vencido a Jesús, por el camino más misterioso (el de la Cruz), Jesús les habrá vencido a ellos.
Si lees despacio este largo relato de Juan encontrarás muchos caminos para rezar, para iluminar tu vida y la situación presente. Párate en lo que Dios te inspire y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 21 de marzo

Sábado, 21 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.»
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.»
Os digo que este bajo a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Pistas: Para comprender mejor este Evangelio pensemos quiénes son los destinatarios de este mensaje. Aquellos que “teniéndose por justos se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás”.
Hoy podíamos pensar: “yo, ni robo ni mato, soy mejor que muchos”. O “yo voy a misa y rezo, soy mucho mejor que todos esos…”. O “estoy harto, nadie va a cambiar, yo sé mucho más que todos esos, yo tengo más fe, yo soy mejor”. Y a ti y a mí, que tenemos algo de esto, Jesús nos dedica hoy esta parábola.
Dos personajes. Un fariseo: alguien “bueno”, cumplidor, que hace lo que tiene que hacer, pero pagado de sí mismo, seguro de su bondad. Sus cumplimientos no le acercan a Dios ni a los demás, todo lo contrario. No busca encontrarse con Dios, sólo decirle lo bueno que es. Por tanto, ni le escucha, ni establece una relación con Él, ni puede dejarse amar o experimentar la misericordia de Dios, ni Dios puede darle luz para que cambie las cosas que hace mal… Tampoco es capaz de acercarse a los demás. Se siente por encima, mejor que ellos.
Por otro lado, tenemos al publicano. Piensa en alguien que traiciona a España, se aprovecha de los españoles (eso en el fondo eran los publicanos, trabajaban para el Imperio Romano invasor). Pero éste sí establece una relación con Dios ¿Por qué? Porque es capaz de ser humilde, es decir, de ver la verdad de sí mismo. Es un pecador. Sabe que no merece la compasión de Dios. Éste será enaltecido ¿Qué quiere decir esto? Que Dios lo va a levantar de la mentira en la que vive. Tendrá que cambiar de vida, claro… no queda justificado porque pueda seguir siendo un pecador. Si establece una relación con Dios su vida cambiará, seguirá pecando y cayendo, pero Dios lo levantará cada vez.
Ahora mira a tu vida ¿qué tienes de cada uno de los personajes de la parábola? ¿qué te está diciendo Dios en su Palabra?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Manuel

Viernes 20 de marzo

Viernes, 20 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 12, 28b-34
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que habla respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Pistas: En la religión judía había muchísimos preceptos y normas. ¿Cuál será el más importante? La respuesta de Jesús es clara: el que propone el camino del amor a Dios unido al amor al prójimo. No un camino de medias tintas, sino uno de plenitud.
En realidad esto ya lo enseñaba el Antiguo Testamento pero Jesús hace del amor su bandera, su estilo de vida y el de sus discípulos. Amar es no buscar el propio interés sino el del otro. Es entregar la vida.
Jesús orienta toda su existencia a conocer y cumplir la voluntad del Padre. Se siente profundamente amado por Él y le ama con todo su ser. Y con la fuerza del Espíritu Santo cumple la voluntad del Padre, de tal modo que este amor a Dios y ese amor de Dios se manifiesta en todas sus acciones y se concreta en el amor al prójimo.
La novedad que Jesús aporta es que toda la religiosidad, toda la fe, está vacía si falta esto. Por eso la Iglesia en esta cuaresma te invita a rezar, a ayunar y hacer abstinencia, pero también a dar limosna, a mirar al prójimo. Te invita a acercarte a Dios amando al prójimo.
Tal vez vienen tiempos en los que tendremos que demostrar esto de un modo más claro. Puedes releer el Evangelio y pensar ¿qué oportunidades estoy teniendo estos días para hacer realidad la propuesta de Jesús? ¿cómo puedes concretar la Palabra que Jesús te dirige hoy?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 19 de marzo

Jueves, 19 de marzo
Solemnidad de San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Pistas: Celebramos hoy la fiesta de este hombre tan admirable, que tuvo la responsabilidad de cuidar, proteger y acompañar a María y a Jesús, al Hijo de Dios hecho hombre. ¿De quién aprendió Jesús a ser hombre? ¿quién educó a Jesús? ¿quién rezó con él? Podemos imaginarnos la vida de Jesús con su familia y descubrir el alcance de la figura de San José.
Olvidaos de las estampas que conocemos de San José. Imaginaos a un hombre, de carne y hueso, enamorado de una muchacha judía, con sus planes y proyectos. Un hombre justo, que ama a Dios, que tiene fe y sentido de lo trascendente. Y en medio de sus sueños se ve sorprendido por los planes de Dios, que son distintos de las intenciones que él tenía.
Por eso, podemos aprender mucho de San José, porque es impresionante su capacidad para fiarse de Dios y ser fiel a él. ¿Cuánta fe y obediencia necesitaría San José para poder fiarse de Dios? ¿Cuánta confianza en María? ¿Cómo abriría su mente y su corazón para poder descubrir el plan de Dios?
Al releer el Evangelio y pensar en todo lo que San José vivió y cómo se fio de Dios, puedes mirar tu propia vida. ¿Cómo te estás fiando de Dios?
En estos tiempos complicados y extraños que nos está tocando vivir deja que a Palabra de Dios te hable. Apareció una esperanza en la vida de San José del modo que él menos esperaba. Pero aquel a quien él cuidó sería el que salvaría al pueblo de sus pecados.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 18 de marzo

Miércoles, 18 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»»

Pistas: San Agustín resumía los mandamientos diciendo “ama y haz lo que quieras”. Y podemos tener la tentación de engañarnos y pensar que esto es vivir sin normas, guiados por un amor egoísta y manipulado a nuestros propios intereses…
Amar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo, implica un determinado estilo de vida. Puedes preguntarte ¿qué tengo que hacer para amar a Dios y al prójimo como enseña Jesús? Así podrás comprender mejor el Evangelio de hoy. Cumplir y enseñar los mandamientos significa saber conducirse en la vida, que le quitas poder al pecado y dejas libre el Espíritu Santo. ¿Cómo vas a amar sino realizas las obras del amor? ¿cómo vas a ser fiel a Jesús si no vives como Él enseña?
Por eso, “ama y haz lo que quieras” significa también que si amas sabrás el camino para ser discípulo de Jesús, querrás lo que “tienes que” querer, amarás lo que el Amor de Dios, lo que el Espíritu Santo, te lleva a querer, que no es otra cosa que la voluntad de Dios.
Jesús vino a dar plenitud a la ley. No es una ley vacía, de cumplimiento superficial. Por eso, para entenderla y vivirla no basta ver una lista de normas. Lo que hace falta es encontrarse con Jesús.
Revisa en esta cuaresma cómo va tu fidelidad a Dios en lo concreto y disponte a cambiar lo que haga falta para vivir en su amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 16 de marzo

Lunes 16 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 4, 24-30
En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Eliseo era un gran profeta. No era médico, ni curandero. Naaman el sirio, era un general muy importante que había enfermado de lepra, oyó las cosas extraordinarias que hacía Eliseo y decidió buscar su ayuda. Pero hoy el acento no se pone en la curación, sino en que es un extranjero al que Dios escucha. Los judíos piensan que son el pueblo elegido y que sólo para ellos es la Salvación, pero Jesús quiere romperles su orgullo y su prepotencia.
Al final el pueblo rechazará el mensaje de Jesús. No quieren acoger la invitación a renovarse, a cambiar. Ellos están acomodados en sus normas y no quieren la novedad que trae Jesús: el perdón de Dios gratuito y la compasión con los pecadores.
En el final del Evangelio vemos como Jesús es conducido hasta un precipicio para matarlo. Y esta escena es muy simbólica. Quieren matarlo pero Jesús se abre paso. Finalmente lo matarán pero se abrirá paso de un modo insospechado, y entonces todo lo que Jesús enseñó alcanzará una nueva dimensión.
Sigue preparando tu corazón en esta cuaresma. Jesús también tiene un mensaje de salvación para ti ¿estás dispuesto a recibirlo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Domingo 15 de marzo

Domingo, 15 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 4, 5-42
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida).
La Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contesto: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice: Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contesta: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice: Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Él le dice: Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta: No tengo marido.
Jesús le dice: Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice: Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice: Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adoraran al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice: Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo. Jesús le dice: Soy yo: el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?»
La mujer, entonces, dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será éste el Mesías? Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: Maestro, come. Él les dijo: Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis Los discípulos comentaban entre ellos: ¿Le habrá traído alguien de comer?:
Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio «Uno siembra y otro siega» Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

Pistas: “Se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adoraran al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad”. Quizás este versículo hoy tenga una gran relevancia y pueda ayudarnos a rezar. ¿Dónde damos culto al Señor? Dáselo en tu corazón. Ése es el lugar que señala Jesús. Y hoy es un día especial para experimentar esto, rezando en tu casa, rezando con tu familia.
Nuestro interior se se llenará del agua viva que da Jesús. No sólo se llenará, sino que dice Jesús: “El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. Esta agua es el Espíritu Santo que Jesús dará y que te regalará algo nuevo, un nuevo corazón, una nueva vida, unos nuevos dones, un nuevo modo de amar y de vivir.
Fijémonos un momento en la mujer. No es la hora normal de ir a buscar agua. Las mujeres se encargaban de esto e iban a primera hora, pero ella iba cuando no había nadie en el pozo ¿Por qué? Porque las demás la rechazaban por pecadora. Y, sin embargo, Jesús mira más allá, le hace ver y comprender la necesidad que tiene. Jesús rompe esquemas y supera prejuicios. Dice a la mujer: “Dame de beber”. Toma la iniciativa.
Jesús le dice (y te dice hoy a ti): “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”. El don de Dios es el Espíritu Santo. El agua que puede quitar tu sed. El agua que puede darte la certeza absoluta de que Dios está vivo y está contigo. Creará algo nuevo en ti. Todo lo demás no te va a saciar, seguirás con sed. Pero si te acercas a Jesús, todo cambiará.
Jesús hace que la samaritana piense en su vida, en su moral y creencias. Le hace cuestionarse y poder descubrir quién es Él. Y poco a poco ella se da cuenta de que tiene delante al Mesías, que le invita a vivir en Espíritu y verdad. El encuentro con Jesús da de beber agua viva y empuja a la conversión de vida, abandonando el pecado y la mentira.
Cuando te encuentras con Jesús se deja el cántaro vacío con el que se iba a buscar un agua que no saciaba. Ella, inmediatamente, va a contar lo que le sucedió. Y por su testimonio muchos comienzan a creer, y se acercan a Jesús, descubriendo que “él es de verdad el Salvador del mundo”.
Por último, Jesús, nos enseña cómo encontrarnos con las personas a las que queremos anunciarles la fe. Desde lo que ellos buscan, desde su sed. Desde la verdad. Ofreciéndoles lo único que puede darles vida: el encuentro con Jesús y el agua del Espíritu Santo. Esto es lo más grande que podemos ofrecer al mundo. Por eso Jesús dice: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 14 de marzo

Sábado, 14 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo: «Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: Jesús acoge a pecadores y come con ellos. Y esto es causa de escándalo para la gente de su tiempo. Murmuran de Él. A lo que Jesús responde con la parábola que acabas de leer.
En esta historia hay tres personajes. Los dos hijos buscan la felicidad. Cada uno a su manera. El joven se va lejos, derrocha sus bienes, “disfruta de la vida”, y sólo logra insatisfacción y vacío. Se queda sin nada. Pasa hambre. Lo que el padre le dio lo pierde. Llega hasta un límite tal que quiere pedir perdón, volver a casa, pero sin esperanzas de ser quien era.
El mayor se queda en casa del padre, pero tampoco es feliz. Parece que está amargado. Tiene cosas que reprochar al padre. Está en casa pero no siente que sea su casa. Y cuando su hermano vuelve le juzga y se siente resentido pensando en que el otro ha «vivido» pero él ha renunciado a muchas cosas.
Y el padre de la parábola es amor y misericordia. Al hijo pequeño descarriado no solo no le echa nada en cara sino que le hace recuperar su dignidad de hijo. Le viste, le calza, le da un anillo, le hace una fiesta. Porque vuelve a estar en el hogar. Al hijo mayor intenta enseñarle a ser como él, que aprenda a amar y ser misericordioso, que descubra las riquezas que quiere compartir con él.
Imagínate qué sienten estos personajes, qué buscan. Ilumina tu propia vida con cada uno de ellos. En muchas ocasiones te parecerás a alguno de los hijos: El inconsciente que busca la felicidad donde no la puede encontrar y termina vacío y desesperado. El que cumple pero no es feliz y juzga, está en casa (en la Iglesia) pero no disfruta. En otros aspectos te sentirás llamado a acercarte al padre, a Dios y encontrar en Él lo que puede llenar tu vacío y tu búsqueda. A veces tendrás que ser imagen del Padre para otros, reflejar a Jesús, para que puedan encontrar el rostro misericordioso de Dios los que están perdidos buscando la felicidad donde no la pueden encontrar. Y que puedan sentir su abrazo, sin reproches, con el que pueden recobrar su dignidad.
El padre, los hijos pequeño y mayor, el hogar, saciarse, ser feliz, el perdón, el amor, la misericordia… Esta parábola da mucho juego y nos debe hacer replantearnos ciertas actitudes en las que podemos sentirnos reflejados. Deja hoy que la Palabra de Dios te hable, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 13 de marzo

Viernes, 13 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 21, 33-43. 45-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Pistas: El enfrentamiento entre Jesús y las autoridades religiosas y políticas judías va creciendo. En esta parábola les acusa de apropiarse lo que no es suyo (los labradores). Rechazan a los que el dueño de la viña (el Padre) había enviado, es decir, a los profetas. También rechazan al hijo, que es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Lo matarán. Pensarán que así vencen y que van a salirse con la suya.
Han perdido la perspectiva. No les importa Dios, sólo la viña y sus intereses (los Evangelios de estos días nos insistían en este tema). Por sus propias palabras los podrían acusar cuando acaben con Jesús: “hará morir de mala muerte a esos malvados…”. Sin embargo, Jesús les dará hasta el final la oportunidad para cambiar de idea y reconocer quién es, aunque ellos no lo aceptan. Su mensaje los pone al descubierto y ven amenazado el poder que ejercen sobre el pueblo.
Jesús resucitará. Creen que le vencen, que lo quitan del medio. Pero precisamente ahí, en su entrega por amor, en la cruz, en la muerte, en ser la piedra desechada, todo se hace nuevo. Porque Jesús resucitado es la piedra angular. Y todo tiene sentido porque Él está vivo, la muerte vencida, el mal derrotado.
Jesús hace nuevas las cosas. Hay que entender este cambio de perspectiva. Pero los judíos no fueron capaces de hacerlo y al final el cristianismo (que comenzó siendo una corriente dentro del judaísmo) tiene que convertirse en algo distinto.
Nosotros tenemos que ser el pueblo que da fruto, que vive el Reino como Jesús lo anunció. Por eso este tiempo de cuaresma es tan importante para los cristianos. Porque nos tiene que hacer revisar nuestra vida personal y comunitaria. ¿Soy ese pueblo que da gloria a Dios, que acoge al Hijo, que da fruto a su tiempo…? ¿o soy los criados interesados, que abusan, que buscan su interés, que no les importa Dios ni la verdad?
Da igual lo que diga el mundo, da igual que Jesús sea rechazado, que le demos la espalda… Él es la piedra angular, el único que puede sostener y darle sentido a tu vida, a la Iglesia y al mundo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.