Archivo de la categoría: Lectio divina

Martes 14 de abril, octava de Pascua

Martes, 14 de abril
Martes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 20, 11-18
En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.»»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Pistas: «¿Por qué lloras?». María llora por Jesús. Su Maestro, su Amigo, a quien ama. Está atrapada en el sufrimiento y ni siquiera es capaz de, al ver el sepulcro vacío, entender lo que eso significa. Ni los ángeles le hacen pensar lo que pudo suceder. No entiende.
¿Cuántas veces nos pasa también a nosotros? ¿Cuántas veces nos quedamos encerrados en nuestro sufrimiento sin lograr ver los signos que nos hablan de resurrección, esperanza y vida? Hazte la pregunta: ¿Por qué lloras? ¿qué te hace sufrir?
Incluso habla con Jesús, pero no le reconoce. Y todo cambia cuando Jesús la llama por su nombre. No está muerto ni es un recuerdo. Está vivo. Ya no hay motivos para llorar. Y María tiene que aprender a mirar de nuevo a Jesús, el que Resucitado vive para siempre. Tal vez por eso Jesús le dice: «Todavía no he subido al Padre». Porque ella necesita descubrir toda la profundidad de quién es Jesús. Igual que nosotros, más allá de nuestras ideas preconcebidas, más allá de lo que nos imaginamos o lo que nos han enseñado. Por eso Jesús dice: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro».
No vale conocer sólo de oídas. Se trata de un encuentro y por eso la fe no es un conjunto de razonamientos, ni teorías, ni estilos de vida (esto va incluido). Es sobre todo un encuentro, una experiencia interpersonal. Jesús está vivo y te ama. Jesús te conoce y quiere que le conozcas y descubras quién es verdaderamente.
Finalmente, María se convierte en apóstol (testigo): “He visto al Señor y ha dicho esto”. No sólo está el sepulcro vacío, no sólo vio unos ángeles… encontró a Jesús y eso lo cambió todo. Ya no hay llanto, ni tristeza, ni incertidumbre. Ha visto a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 13 de abril octava de Pascua

Lunes, 13 de abril
Lunes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 28, 8-15
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Pistas: Las mujeres. En la Pasión de Jesús fueron las que permanecieron (junto con Juan) al pie de la Cruz. Fueron las fuertes, las valientes. Y, sin embargo, en la religión y en la sociedad judía ocupaban un segundo plano.
Jesús trata a todos por igual. Elige a María Magdalena y a otra María para ser las primeras que se convertirán en testigos del acontecimiento más importante de la historia: la muerte ha sido vencida. Son las primeras, son apóstoles (testigos) de la resurrección.
Y ya desde el principio comienzan las dificultades. Del mismo modo que antes de la Cruz los judíos no querían ver la verdad, ni conocer quién es Jesús, ni estaban dispuestos a cambiar sus ideas religiosas o culturales, tampoco lo harán ahora. La verdad no importa. Importa salirse con la suya. No se arrepienten ni recapacitan. Están absolutamente ciegos, no son capaces de plantearse quién es Jesús. Sólo quieren acabar con Él. No les importa la verdad. Corrupción, sobornos, intereses… Llama la atención cómo todos son capaces de trabajar en la misma línea sin importarles la realidad o la verdad.
Qué mundos tan distintos: el de Jesús y sus discípulos, y el de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. Los primeros parecían muy perdidos, estaban absolutamente destrozados. Si lo piensas bien, estaban solos. Los judíos los odiaban por seguir a Jesús y querrán acabar con ellos; los romanos los tienen por los seguidores de un rebelde que se hacía llamar a sí mismo “rey”. Los judíos parece que controlan la situación, seguros de sí mismos, utilizando los recursos que tienen a su alcance para salirse con la suya. Pero los discípulos encontrarán alegría, esperanza, valor, verdad, vida, luz… y los otros sólo pecado, maldad, miedo.
Encontrarse con el Resucitado y encontrar la verdad o vivir en la mentira y los intereses. Ésta es la decisión que te plantea el Evangelio hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Domingo 12 de abril Domingo de Pascua

Domingo 12 de abril
Domingo de Pascua

¡Feliz Pascua amigos!

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 20, 1-9.
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos

Pistas: Están agotados, tristes, destrozados y ¿ahora qué? ¿encima roban el cuerpo de Jesús? Pero al asomarse al sepulcro y verlo vacío comprenden ¿quién iba a quitar las vendas a un muerto para robarlo? ¿quién doblaría el sudario? Vieron y creyeron.
Escucha la noticia: Jesús está vivo, ha resucitado, ha vencido a la muerte. Y asómate al sepulcro vacío…
El Jueves Santo, la Última Cena, el mandamiento del amor fraterno, tienen sentido porque ha resucitado. La Cruz, su entrega por amor a los hombres y fidelidad a Dios, tienen sentido porque ha resucitado. Sus promesas y sus palabras son verdaderas porque ha resucitado. Su victoria, su divinidad, la Iglesia, los sacramentos, la comunidad… son verdaderas porque ha resucitado.
Asómate al sepulcro vacío y mira la victoria del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte, de Dios sobre el diablo, el pecado y la mentira. Y te toca hacer una elección: apuntarte a seguir a Jesús, a encontrarte con Él resucitado y lleno de poder, o quedarte en el sepulcro, en la muerte, en el sufrimiento y el sinsentido.
Como descubriremos estos días el camino de la fe en el Resucitado se recorre en comunidad. Unos y otros cuentan sus experiencias de encuentro con Jesús resucitado, la venida del Espíritu Santo hará todo nuevo, les dará fuerzas y valor. Pero la base de todo, el principio de todo, está aquí: el sepulcro vacío, Jesús resucitado, vivo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Sábado 11 de abril Sábado Santo

Sábado, 11 de abril
Sábado Santo

En este día la Iglesia espera, Jesús ha muerto, la fe se mantiene en María su Madre que espera en el Dios de lo imposible… Día de silencio y de oración. Hoy no hay misa hasta la Vigilia Pascual, el único día en el año. Te invito a que reces con el final del relato de la Pasión del Evangelio de San Juan.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Del Evangelio según San Juan
…E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Pistas: El Salvador del mundo está muerto. Parece que todo lo que había dicho y hecho no era más que un espejismo. ¿Quién seguirá esperando y creyendo en un pobre desgraciado que muere en una cruz, abandonado por sus discípulos y traicionado?
En la última hora los apóstoles que esperaban el Mesías triunfante, los que buscaban puestos y honores y el establecimiento de un Reino terreno, huyen, fallan, traicionan… No habían entendido nada.
Sólo un muchacho (Juan) y la Virgen y unas mujeres siguen firmes al pie de la cruz. Allí entrega su vida el Mesías que sufre, carga con la cruz, calla, ama, confía en Dios y perdona. Ése es el rostro de Dios que se manifiesta en Cristo, el del amor hasta el extremo.
Es la hora del silencio y de la aparente victoria de las tinieblas. Es la hora de la espera. Es el momento de mirar a María, a la Madre. ¿El Dios que hace cosas imposibles les abandonará ahora? ¿todo lo que su Hijo hizo y prometió quedará en el pasado? ¿cómo rezaría María? ¿qué sentiría en su corazón en esas horas de espera?
En esta aparente victoria del mal vemos reflejadas nuestras luchas y derrotas… Nuestras dudas y miedos parece que se confirman. ¿Cuántas veces hemos pensado que no vale la pena? ¿cuántas nos hemos entregado a una teoría, aferrado a una esperanza sin sentido? ¿Dios nos deja? ¿se va? ¿mi pecado será más fuerte? ¿el mal y el sufrimiento tendrán la última palabra?
Espera con María, acércate hoy al misterio de Jesús muerto y sepultado, piensa en qué significa eso para tu vida y reza esperando que el Dios de lo imposible hará (ha hecho) algo nuevo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 10 de abril

Viernes, 10 de abril
Viernes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

En el Antiguo Testamento encontramos el libro de los Salmos, oraciones que los judíos se acababan aprendiendo de memoria, para distintas circunstancias de la vida. Jesús en la cruz rezó salmos, uno de ellos, con el que te invito a rezar hoy a ti, se leerá en el oficio de este viernes.

Salmo 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.
Pero yo confío en ti, señor, te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

Pistas: Este salmo es la oración de un hombre desesperado, acorralado, desechado, perseguido. Pero que confía en Dios.
Esta oración alcanza un nuevo significado si imaginamos a Jesús rezándola colgado de la Cruz. La frase que nos cuentan los Evangelios es: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. ¿Puedes imaginarte a Jesús orando así? Inténtalo.
También puedes hacer tuyas las palabras de este salmo, pensar en tus dificultades, en tus luchas, en tus fracasos… ¿Qué aspectos de tu vida puedes reflejar en este salmo?
Termina con una invitación: sed fuerte y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor. Porque la oración es escuchada, porque aunque haya cruz, espera en el Señor y no quedarás defraudado.

Relee el Salmo, escucha lo que Dios te dice, hazlo oración y llévalo a tu vida

Jueves 9 de abril, jueves santo

Jueves, 9 de abril
Jueves Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 13, 1-15.
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: Señor ¿lavarme los pies tú a mí? Jesús le replicó: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le contestó: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.
Simón Pedro le dijo: Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»).
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

Pistas: Comenzamos hoy el Triduo Pascual. Nos hará recorrer las últimas horas de Jesús antes de su muerte, hasta su resurrección.
Jueves Santo es el momento de la Última Cena. Dos ideas fundamentales surgen de ella: La institución de la Eucaristía (que nos la cuenta la segunda lectura de la misa) y el mandato del amor fraterno (el Evangelio que acabas de leer).
¿Cómo sería aquella cena? Sin duda, un momento especial, para los discípulos y para la historia de la humanidad. La Pascua judía se convierte en la Nueva Pascua. La Antigua Alianza en la Nueva Alianza. Imagina cómo se pueden sentir. En medio de la incertidumbre, las autoridades judías quieren acabar con Jesús y se reúnen con su Maestro y su Amigo. Es la fiesta más importante para los judíos, en la que celebran que Dios les liberó de la esclavitud de Egipto conduciéndoles hacia la tierra prometida, la libertad y la vida.
Jesús dice que va a entregarse para la salvación de todos los hombres y manda repetir estos signos en memorial suyo. Todo el poder y la fuerza de ese acontecimiento: muerte y resurrección, se hace presente y actúa en cada Eucaristía.
Y junto a esto, Jesús realiza un gesto: imagínalo. Era una tarea de los siervos o de los esclavos. Y el Maestro, el Señor, el que va a cambiar la historia, el Hijo de Dios hecho hombre, se ciñe una toalla y lava los pies a sus discípulos. Quiere que comprendan. Pedro le quiere ayudar porque no entiende ¡cómo se le quedaría grabada la actitud de Jesús!
Déjate amar por Jesús, déjate lavar por Él, deja que transforme tu vida. Que te enseñe lo que es amar, lo que es servir. El camino que conduce a la felicidad, a la salvación y a la vida. Ahora mira tu vida: ¿Lo entiendes o te resistes como Pedro? ¿lo vives y te dejas lavar o te apartas como Judas?
Jueves Santo. Jesús que se entrega y nos enseña el camino del amor y el servicio. Y te dice: “Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Un legado que cambia los corazones.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 8 de abril. Miércoles Santo

Miércoles, 8 de abril
Miércoles Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 26, 14-25
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó: «Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»» Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.» Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?» Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Pistas: Parece que Jesús está intentando hasta el final hacer pensar a Judas, dándole oportunidades para que se arrepienta, para que salga a la luz la verdad. Sigue siendo de los suyos, de sus Apóstoles, de sus discípulos. Pero ha decidido traicionarle y que otras cosas sean más importantes en su vida. Y aunque Jesús le dice claramente que lo sabe, esto no causa ninguna reacción en él. Le avisa de las consecuencias, pero Judas sigue adelante con sus intenciones. Disimula: “¿Soy yo acaso, Maestro?”. ¿Qué pensaría, qué sentiría, cuáles serían sus motivaciones? Este Evangelio puede sugerirte muchos temas para reflexionar.
Ningún grupo humano es perfecto. Ni siquiera el Hijo de Dios eligió un grupo “perfecto”. Uno de los suyos le traiciona. Pero aún así, la voluntad del Padre se cumplirá.
Puedes pensar en tu vida, en tu comunidad, en el mundo, en la Iglesia. Hay Judas, hay personas que conspiran, que están equivocadas y buscan el mal… Pero en medio de eso vencerá el amor, vencerá Jesús, vencerá Dios.
Jesús lucha contra el mal con la verdad y el amor. En ningún momento se pondrá al nivel de sus adversarios. Podría utilizar su poder e influencia. Sin embargo, continúa por el camino del amor, la verdad, la misericordia… No por el de las influencias, el poder, la manipulación o la venganza. Jesús se enfrenta al mal desde el bien.
Ahora lee el Evangelio otra vez y deja que hable a tu vida. Reza y contempla a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo tu vida.

Martes 7 de abril, martes santo

Martes, 7 de abril
Martes santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?»
Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.» Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer, hazlo enseguida.»
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: «Donde yo voy, vosotros no podéis ir.»» Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió: «A donde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.»
Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.» Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Pistas: Una de las peores experiencias de la vida es que alguien a quien quieres, un amigo, un familiar, te falle o te traicione. Jesús va a experimentar esto: la incomprensión, la traición y el abandono de los suyos. La pasión de Jesús tiene también este aspecto de traición y soledad. Su propio pueblo le da la espalda, aquellos a los que tantas veces había ayudado, sus discípulos huyen asustados, a los romanos no les importa que sea inocente… Y Jesús está solo. Un puñado de mujeres, su madre y el discípulo más joven son los únicos que estarán a su lado.
El contexto de la escena es la Última Cena. Judas y Pedro, ambos, fallarán a Jesús. Pero sus motivaciones y sus reacciones son completamente diferentes. Judas, nos cuenta san Juan que se ha dejado corromper. Era un ladrón, sabemos que traiciona a Jesús por una bolsa de monedas y después no es capaz de superar el sentimiento de culpa y termina suicidándose. Pedro se siente muy seguro de sí mismo, pero después será cobarde y débil, no será capaz de estar junto a Jesús. Llorará amargamente sus negaciones, se arrepentirá, acogerá el perdón de Jesús y dará su vida por Él.
Todos tenemos algo de Judas (de dejarnos corromper, de consentir el mal y el pecado en nuestra vida, de sentirnos atraídos por el camino fácil) y algo de Pedro (orgullosos y seguros de nosotros mismos, pero en el fondo cobardes y débiles). Puedes rezar dejando que esta escena ilumine tu vida y tus actitudes. Pero que la oración te haga caer en la cuenta de que, aunque te equivoques, siempre puedes volver con Jesús. Por muy fuerte y grande que sea tu pecado y tu error Jesús siempre te preguntará, como leeremos en Pascua que le preguntó a Pedro: ¿Me amas?. De eso se trata, de amar a Jesús a pesar de todo, de vencer todo aquello que nos aleja de Él, de dejar que transforme nuestra vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 6 de abril- lunes santo

Lunes, 6 de abril
Lunes santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 12,1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien habla resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, autentico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugo con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?»
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.
Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Pistas: Jesús va con sus amigos. Son días duros, porque saben que los sumos sacerdotes quieren acabar con Él. Hay dos actitudes contrapuestas: el amor desinteresado, agradecido, de Marta, Lázaro y María. Y la actitud de Judas. Los primeros le abren su casa, comparten con Él lo que tienen, le dan lo mejor que poseen y le dan su amor. A pesar de que ser amigo de Jesús podía traerles complicaciones con los judíos.
Da qué pensar ver la actitud de Judas. Por un lado seguía con Jesús, pero por otro su corazón estaba lejos. Se había dejado seducir por el dinero y no era fiel. Siempre funciona así. Los grandes pecados no se improvisan. Comienzan como pequeñas concesiones y este hombre terminará traicionando a su Maestro (por el que lo había dejado todo) por un puñado de monedas y, desesperado, ahorcándose. Estaba con Jesús, pero en algún momento había comenzado a llevar una doble vida y se había ido alejando de Él.
La vida, la cena, el perfume, la amistad… Puedes imaginarte la escena. Las duras palabras de Jesús: “Lo tenía guardado para el día de mi sepultura”, dejando claro el camino que se abre ante Él. Puedes pensar si recibes a Jesús en tu casa, si le das lo mejor que tienes, si le amas, si te arriesgas dejando que esté en tu vida… O si el interés se ha colado en tu relación con Él.
Y por último llegan los judíos, tienen curiosidad: ¿Será verdad que Lázaro ha resucitado? ¿será verdad que Jesús está por aquí? ¿no sabe que le buscan?
Los sumos sacerdotes ya tienen clara su decisión: acabar con Jesús y sus seguidores. Y seguirán adelante con su plan. Como hemos ido viendo, no les importa quién es Jesús, ni les importa la verdad. Sólo quieren lograr sus fines humanos.
Estos días leeremos el desenlace y el modo sorprendente en que Jesús sale vencedor. Será el momento para reflexionar sobre muchos aspectos, pero en el Evangelio de hoy ya comprobamos que Jesús recorre un camino duro. Sabe que su destino es la muerte. Sabe quiénes le van a traicionar. Y, a pesar de ello, Él hace una apuesta por el amor mientras a su alrededor todo es una confabulación del mal. Jesús escribe con amor también sus últimos días y esto nos tiene que decir algo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 5 de abril

Domingo, 5 de abril
V Semana de Cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 21, 1-11
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:
—Id a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto. Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta:
«Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila.»
Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:
—¡Viva el Hijo de David!
—¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
—¡Viva el Altísimo!
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: —¿Quién es éste?
La gente que venía con él decía:
—Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea.

Pistas: Esta es la entrada de la semana santa. La más contradictoria. Jesús es recibido con alegría, gratitud, reconocimiento. Imagina la sensación de triunfo de sus discípulos. El miedo que habían sentido (recordad las lecturas de estos días en los que el enfrentamiento con los judíos había llegado a su cumbre) se transformaría en esperanza.
Pero sólo es una ilusión. Los mismos que ahora le aclaman serán los que griten crucifícale.
¿Cómo es el mesianismo de Jesús? Muy lejos del triunfante, político, militar revolucionario que esperaban muchos. Imaginaos la escena. Montado sobre un borrico, cumpliendo las promesas del Antiguo Testamento.
Jesús realmente triunfará, será el Rey esperado, el Mesías, el Salvador, pero su camino pasa por la Cruz.
En la misa de hoy también se lee el Evangelio de la Pasión, como una introducción a toda la Semana Santa. Si tienes tiempo léelo y deja que la historia de la pasión y muerte de Jesús te toquen el corazón.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.