Archivo de la categoría: Lectio divina

Jueves 7 de mayo

Jueves, 7 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 13, 16-20
Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: «El que compartía mi pan me ha traicionado.» Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.
Os lo aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; y el que a mí me recibe al que me ha enviado.»

Introducción: A partir de hoy en las próximas tres semanas, excepto las fiestas, el evangelio del día está sacado de la larga conversación de Jesús con los discípulos durante la Última Cena (Jn de 13 a 17). En estos cinco capítulos que describen la despedida de Jesús encontramos tres hilos que tejen y componen el evangelio de Juan y es importante comprender esto para entenderlos mejor: la palabra de Jesús, la palabra de las comunidades y la palabra del evangelista que hizo la última redacción del Cuarto Evangelio. Y los tres hilos están de tal manera entrelazados que es difícil distinguir lo que es del uno y lo que es del otro, pero nos ayuda a entender quién es Jesús y es Palabra de Dios.

Pistas: Hoy Jesús quiere dejar claro a los suyos que el camino que Él propone es el de la entrega y el servicio (“ahora que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica”). Antes de entregar su vida en la cruz, Jesús realiza el gesto de lavarles los pies (como hacían los esclavos o los siervos cuando llegaba a casa el dueño o un invitado). Para que se les quede grabado que el Señor sirve y ama.
¿De qué modo estás tú siguiendo a Jesús? A veces sentimos que nuestra fe se vuelve tibia, que nos cuesta rezar y le echamos la culpa a Dios. Pero muchas veces la respuesta está en que nos hemos acomodado y nos hemos olvidado de llevar el Evangelio a la vida. Nos puede llegar muy profundo lo que dice pero nosotros seguimos a lo nuestro, como si nada.
También se nos muestra nuevamente que Jesús es quien revela a Dios y lo hace precisamente entregando su vida. Nadie se la quita. Quiere que lo entiendan para que después puedan comprender quién es.
La última frase del Evangelio nos recuerda algo muy importante. Ser enviados por Jesús es llevarle a Él. Cuando acogemos a la Iglesia, a la que Jesús ha enviado, le acogemos a Él. No podemos vivir nuestra fe encerrados en nosotros mismos, fuera de la comunidad. Necesitamos la Iglesia para encontrar a Jesús y los demás nos necesitan a nosotros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 6 de mayo

Miércoles, 6 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 12, 44-50
En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.
Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre

Pistas: Creer en Jesús es entrar en la luz y no quedar en las tinieblas. Y la luz no puede hacer otra cosa que iluminar. Por eso, Jesús ha venido a traer luz, ha venido a salvar, a traer vida. El que lo acepta se salva y ¿el que no?
Jesús dice que Él no viene a condenar. ¡Qué bonito esto! A Dios no le da igual una opción u otra, que te salves o te condenes. La balanza está cargada hacia la salvación, porque eso es lo que Dios quiere, que te salves, que creas, que acojas la palabra que anuncia Jesús y que da luz y da vida. Él habla las palabras de Dios, no viene por su cuenta, por eso tienen tanto valor.
Pero, al mismo tiempo, no creer, no acoger, no aceptar, trae su propia condena. Piénsalo un momento: si no acoges la luz ¿cómo quedas? En la oscuridad, no hay otra opción. Si rechazas la oferta de salvación de Jesús ¿dónde quedas?
Sigue invitándonos la Palabra de Dios a acercarnos a Jesús. Hoy te dice que acojas la palabra y creas en Jesús. Sigue este camino que vas recorriendo día a día al rezar con el Evangelio y pon la luz de Jesús en tu situación concreta, Él ha venido a ser luz y salvación para ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 4 de mayo

Lunes, 4 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 10, 11-18
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Pistas: Jesús es el Buen Pastor: defiende a los suyos; los conoce y deja que le conozcan; da la vida por ellos. Ser su discípulo no es un club cerrado sino que Jesús lo ofrece a todos. Llama a todos para que en Él puedan encontrar vida. Se entrega por ellos para darles vida, voluntariamente y por fidelidad al Padre. Pero hace un pueblo: los que deciden seguirle.
Este Evangelio nos ayuda a entender mejor qué significa seguir a Jesús y por qué seguirle es el camino adecuado. Jesús no es alguien interesado. Él es el primero en amar. Da ejemplo, va delante, involucra todo su ser. Y todo lo hace voluntariamente.
Jesús ama hasta dar la vida. Su propuesta es una relación en la que Él ha ido delante mostrando el camino.
También nos enseña a ser pastores (en la medida de la vocación de cada uno). Todo cristiano está llamado a ayudar a los demás a acercarse a Jesús, a acompañar a aquellos que tiene bajo su responsabilidad o que de algún modo dependen de él. Todos por el bautismo somos sacerdotes llamados a imitar a Jesús.
Los sacerdotes ordenados, los que tienen responsabilidad en acompañar grupos cristianos, los padres de familia, los que tienen alguna responsabilidad en este sentido, deben leer este Evangelio todavía con mayor atención preguntándose: ¿En qué me parezco a Jesús? y ¿en qué me estoy distanciando de Él?
Sólo con un corazón como el suyo quedaremos libres de ser como esos asalariados a los que en el fondo no les importan los suyos. Sólo así le podremos conocer y amar como Él nos conoce y ama a nosotros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 3 de mayo

Domingo, 3 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
—«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
—«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Pistas: Jesús, utiliza la imagen del Pastor, para mostrarnos cómo es su relación con la comunidad de los discípulos. Primero, Jesús entra por la puerta; el dueño entra por la puerta, somos su pueblo. Sus ovejas le conocen. Ésta es una clave importante, porque a un extraño no le seguirán, ya que no conocen su voz. Entonces ¿cómo vamos a seguir a Jesús si no lo conocemos? ¿cómo van a seguirle otros si no se lo anunciamos? “Va llamando por el nombre a las ovejas”. Aunque Jesús habla de rebaño, no es una masa sin voluntad la que le sigue. Llama a cada uno por su nombre, personalmente a ti y a mí. Requiere la respuesta personal.
Camina delante. Cuando Jesús dice: ama al prójimo como a ti mismo, lo hace el primero. Cuando dice oremos, ora el primero. Cuando dice que hay cielo, va Él delante; cuando promete el Espíritu Santo, Él está lleno del Espíritu Santo. Ama a los enemigos, en la cruz perdona a los que lo están crucificando; etc.
Nuevamente Jesús nos repite que sólo en Él encontraremos salvación y alimento. Ha venido para que tengas vida –no una vida mediocre–, para que tengas vida en abundancia. Fuera de él no hay más que muerte, estrago, mentira.
Conocer a Jesús, escuchar su voz, seguirle, entrar por la puerta que es Él mismo, para tener vida y tenerla en abundancia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo tu vida.

Sábado 2 de mayo

Sábado, 2 de mayo
Semana III de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 60-69
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.»
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Pistas: “¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna».
No son capaces de entenderle. Les escandaliza la novedad de Jesús y su lenguaje, como les escandalizará la cruz. Jesús quiere habitar en los que creen en Él, pero ¿cómo se puede entender eso antes de su muerte y resurrección? Es más ¿cómo se puede asumir que Jesús se entrega para que entremos en comunión con Él y con el Padre? Entrega su carne y su sangre para que los que creen en Él tengan vida, para que vivan por Él.
Da la vida del Espíritu. Esto es un don. Por eso Jesús dice que sólo se puede creer en Jesús si el Padre nos atrae. Es decir, con la fuerza del Espíritu Santo. Y, por otra parte, es una elección. Supone querer estar con Él, escuchar sus palabras que “son espíritu y vida”. Porque la fe es un acto plenamente humano y por eso hace falta que implique tu inteligencia, tu voluntad, tus emociones, todo tu ser.
Estos días la Palabra de Dios te invita a acercarte a Jesús. Puedes preguntarte qué actitud tienes ante Él. Qué sucede cuando no entiendes, cuando las cosas se ponen difíciles ¿eres Pedro o eres de los que se marchan? Si perseveras con Jesús no será un camino llano: te equivocarás, pecarás, fallarás, dudarás… Pero al final todo merecerá la pena porque creerás y sabrás quién es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 1 de mayo

Viernes, 1 de mayo
San José Obrero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 54-58
En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Pistas: La liturgia nos presenta hoy este Evangelio al celebrar la fiesta de San José obrero. La gente no es capaz de ver más allá del hijo del carpintero. Desconfían de Él. Dicen que conocen a su familia (sus hermanas y hermanos quiere decir sus parientes) pero no saben la historia de María y de José. Ése hombre valiente que se fía de Dios y de María. Que lucha por su familia, aunque sus proyectos y sus planes cambien. Que es capaz de descubrir la voluntad de Dios y gracias a eso se convierte en el hombre que enseña al Hijo de Dios a ser hombre. Que le cuida y le protege. Un hombre de fe, que ama a Dios y ama a su esposa y a su familia.
San José obrero acerca a nuestra vida cotidiana la llamada a la santidad. ¿Cuánto has luchado y luchas por tu familia? ¿cuánto has visto luchar a tus padres por ti? ¿Cuántas incertidumbres hay ahora mismo en tu vida? San José sabe mucho de incertidumbres. El Hijo de Dios creció en una familia llena de luchas y dificultades.
A Dios no les ajena nuestra existencia. Es el Dios de la esperanza, el que vence al mal y al pecado, el que hace nuevas las cosas. Y también el que sabe qué es ser hombre, luchar, amar y seguir a pesar de las dificultades.
Hoy el Evangelio nos habla de cómo comprender a Jesús, de recorrer el mismo camino que recorrió San José, fiarse de Dios, dejarse sorprender… Y la fe te abrirá los ojos y te permitirá ver las maravillas de Dios en ti y en la de los tuyos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 30 de abril

Jueves, 30 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 52-59
En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.» Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaúm.

Pistas: El Evangelio que acabas de leer sólo se puede entender a la luz de la muerte y resurrección de Jesús. Tiene como trasfondo la experiencia de los discípulos al reconocer y experimentar a Jesús resucitado en contextos eucarísticos. Cuando parten el pan se les abren los ojos. Y cada domingo, al repetir la Cena del Señor, se hace presente Jesús.
Lo que Jesús ha venido a revelar no son sólo unas ideas sobre Dios, una teoría, un modo de vida… Él ha venido a comunicarnos la vida de Dios, a habitar en nosotros, a darse a nosotros, a darnos vida para siempre. Se hace uno con nosotros hasta el punto de que la sangre que derrama en la cruz, la entrega de su vida, es el acto de amor del cual se hace memorial en la Eucaristía. Jesús se hace alimento para nosotros.
Lee despacio el texto y comprobarás cómo en cada frase San Juan va dando una vuelta de tuerca.
Jesús dice que hay que comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna y resucitar, para que habite en nosotros, para vivir por Jesús (al igual que Él hace la voluntad del Padre, si Jesús habita en ti tienes que vivir por Él). “No es como el de vuestros padres”, es algo nuevo que durará para siempre, que transforma, que da vida de verdad.
Jesús es la vida, es el Pan de vida, es algo nuevo, sorprendente, asombroso. Deja que Jesús rompa tus esquemas y habite en ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Martes 28 de abril

Martes, 28 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 30-35

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo.»»
Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.»
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Pistas: San Juan quiere dejar claro que la fe en Jesús es el único camino para tener vida. Que sólo por medio de Él se puede alcanzar una vida plena. Jesús puede saciar el hambre y la sed que hay en el corazón del hombre. Le piden un signo para creer en Él y Jesús les dice que Él es el signo. Que Él es el Pan.
Por una parte, en la Eucaristía Jesús se hace presente en el Pan. Y, por otra, en este texto se hace referencia también a la necesidad de plenitud que hay escrita en lo profundo del ser de cada persona. Jesús es “el pan de Dios que baja del cielo y da vida al mundo”. El de Moisés sólo era de transición, “para salir del paso”. El de Jesús es otra cosa. Es el que da vida. Es el signo definitivo.
Si encuentras en ti sed y hambre, si necesitas más en tu vida, si hay un vacío en ti que no se llena, Jesús saciará tu hambre y tu sed. Dirígete a Él. Confía en Él. Jesús es quien dijo ser y puede transformar todo en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 27 de abril

Lunes, 27 de abril
Lunes, III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 22-29
Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago.
Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»
Jesús les contestó: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.»
Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»
Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.»

Pistas: Me buscáis porque comisteis hasta saciaros.
Al día siguiente de la multiplicación de los panes y los peces, buscan a Jesús. Le preguntan: ¿Cuándo has venido hasta aquí? Jesús no responde a su curiosidad, sino que va a lo profundo: “me buscáis porque…”. Pienso que nos sucede a todos que, a veces, buscamos a Jesús por interés: Señor, que apruebe este examen, que tenga suerte en este trabajo, que tenga salud, que todo me vaya bien… Y queremos que Dios sea una varita mágica en nuestras manos que nos arregle las cosas.
Y Jesús va a lo profundo: no busquéis lo inmediato, lo material, lo que es transitorio. “Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna”. Ese es el alimento que Jesús ofrece. Comienza aquí pero no termina aquí; se vive ya aquí pero alcanzará su plenitud en la eternidad. Además, ese alimento lo da Jesús (el Hijo del Hombre es un título que Jesús se aplica a sí mismo. Hace referencia a su humanidad y a su origen divino, Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre).
La obra que Dios quiere es que creamos en Jesús. Esto será nuestro alimento, nos dará vida y vida eterna. La fe nos indica el camino por el que llevar nuestros esfuerzos. Nos guía para no perder el tiempo, para una vida plena. La fe en Jesús es la clave. Por eso San Juan insiste una y otra vez en que sólo en el encuentro con Jesús, sólo a través de Jesús y de la fe en Él, podemos llegar a Dios y ser felices.
Y como sabes la fe es un don y una tarea, la más importante “¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere? … La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado”. Pídesela a Jesús y esfuérzate por vivirla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 26 de abril

Domingo, 26 de abril
Domingo III de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les hablan dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Pistas: Aquel mismo día, el día en que Jesús había resucitado -después del viernes terrible de la pasión de Jesús y del sábado lleno de tristeza-, el domingo se ponen en camino. Imagínalos. ¿Cómo estaría el corazón de aquellos dos discípulos? Y en medio de sus dudas, de su conversación y su búsqueda, Jesús se hace presente. Al principio no son capaces de reconocerlo. Jesús les escucha, les acompaña.
Qué bonito aprender de Jesús. Si quieres acompañar a alguien en la fe, escúchale, camina a su lado, respétale, háblale de la verdad con la Palabra de Dios.
Aquellos dos discípulos esperaban en Jesús, habían oído el anuncio de la resurrección, vieron el sepulcro vacío, pero no eran capaces de creer que Jesús está vivo ¿Por qué? Porque ellos no lo habían encontrado. Y la fe tiene un momento de chispazo (lo que sucede al final del Evangelio), pero también tiene otro de camino, de proceso. Porque incluso después de aquel encuentro con Jesús que lo cambia todo, vuelven a Jerusalén (a la comunidad) y allí comparten su fe, y tendrán que seguir caminando.
Palabra y “partir el pan”. Sé cuánto echáis de menos muchos de vosotros partir el Pan. Quizás este tiempo en que sentimos hambre de Eucaristía, hambre de comunidad y de sacramentos, nos pueda ayudar para valorar más este regalo de Jesús. No es una presencia de recuerdo o metafórica, es real, al partir el Pan, Jesús está ahí y todo el poder de su resurrección, toda la luz de Jesús se hace presente.
Aquí tienes un evangelio para caminar con Jesús, contarle y escucharle. ¿Cuántas cosas esperábamos que fuesen de otra manera? ¿cuántos planes frustrados? ¿cuánta incertidumbre y caminos nuevos nos esperan? Pero, si camina Jesús contigo, si tú caminas con Jesús, arderá tu corazón en el camino que recorres y podrás reconocerlo, no sólo al partir el Pan, sino en la comunidad, en el testimonio de los hermanos, en la oración, en el hermano al que amas y sirves… Jesús va contigo, abre los ojos, que te abra los ojos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.