Archivo de la categoría: Lectio divina

Lunes 18 de mayo

Lunes 18 de mayo
Semana VI de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 26-16, 4a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.»

Pistas: Jesús continúa anunciando la venida del Espíritu Santo. Se refiere a Él como el Defensor y el Espíritu de la verdad. Es el Defensor, en primer lugar, de Jesús. Los signos que Cristo realiza son por la fuerza del Espíritu Santo y dan testimonio de quién es Él. El mundo le rechaza -como dice San Juan el “Príncipe de este mundo” tiene su hora- y en la cruz parece es vencido. Pero el Espíritu le defiende y le da la victoria resucitándolo de entre los muertos. Y da testimonio de Jesús hasta el final. Ese mismo Espíritu Santo Jesús te lo ha prometido y dado a ti. Es tu Defensor, te hace vencedor sobre el mundo, sobre el pecado y la muerte.
Es el Espíritu de la verdad que llena a Jesús en su humanidad y le da autoridad: la del Padre que le envió y le llenó del Espíritu. Que le guía y le da fuerzas. Por eso las palabras de Jesús son Palabra con mayúsculas: nos revelan la verdad. La Palabra es Espíritu y vida. Y ese mismo Espíritu Santo Jesús te lo da a ti.
Da igual lo que pase: la persecución, la difamación, la muerte… porque tienes al Espíritu Defensor. En lo que Jesús ha vencido, tú sales vencedor. De lo que Jesús ha dado testimonio, tú puedes darlo. Y puedes hacer obras como las suyas e incluso mayores, porque tienes el Espíritu Santo, que no te dejará tambalearte.
Si crees que estas cosas suenan bonitas pero las ves lejos de tu vida, ten fe en la Palabra de Dios y pídele a Jesús que cumpla su promesa. El Espíritu Santo es como fuego, tu corazón es la brasa encendida desde el día de tu bautismo. Si soplas con la oración y los sacramentos, si quitas obstáculos viviendo como discípulo de Jesús, esa brasa se convertirá en un fuego ardiente y descubrirás que las promesas de Jesús se cumplen.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 16 de mayo

Sábado, 16 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 18-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mi antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: «No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.»
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.»

Pistas: Jesús contrapone, por un lado, el mundo y los que son del mundo –aquellos que no conocen al Padre-. Y por otro, sus discípulos, a quienes ha escogido sacándolos del mundo. Cuántas veces vemos claro que el mal encuentra la manera de “conectarse”, que va formando como una telaraña que envuelve a los que se dejan seducir y cada vez los atrapa más en el pecado. Y eso crea una manera corrupta de hacer las cosas, justificando el pecado y generando estructuras injustas fruto de los pecados personales.
Jesús te dice hoy que te ha elegido, que no eres de ahí. Pero que el mundo te va a odiar y perseguir como a Él (lo decíamos ayer, Jesús va delante). Te ofrecerá caer en esa telaraña. Pero tú no eres suyo. Tú eres de Jesús, eres de la luz, eres de la vida, eres del Amor, de la verdad y la libertad. Lo otro son mentiras atrayentes y seductoras, pero mentiras al fin y al cabo. Si fueras del mundo… quizás todo sería más fácil, aparentemente, pero el espejismo se termina tarde o temprano. Sin embargo, Jesús te ha escogido. Puede que todo sea más complicado, pero es de verdad y vida.
Hay muchos atrapados en lo que San Juan llama el mundo, que están deseando escuchar la verdad –aunque a veces no lo sepan-. Encontrarán en tu palabra (y en tu vida) la luz que necesitan y se cumplirá lo que dice Jesús: “Si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra”. Ser del mundo o ser de Jesús. Él te ha elegido. Él te llama.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 15 de mayo

Viernes, 15 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 12-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Pistas: Jesús va delante, va el primero. Va delante en amar al Padre y al prójimo. Es el primero en entregar su vida por los demás (por sus amigos). El primero en demostrar que el amor se expresa amando y obedeciendo al Padre. No como un siervo, por obligación, por miedo o por cumplir un deber o un trabajo; sino como un amigo, con el que se comparte, al que se ama con libertad y por voluntad propia. Jesús va por delante y encontrarse con Él significa atreverse a seguirle y vivir como Él vivió y nos enseñó.
Una historia de amor es también la historia de una elección. Jesús ha elegido que le conozcas, que puedas ser amigo suyo, que tu vida dé fruto, y un fruto verdadero y duradero. Nuevamente habla también del poder de la oración: “lo que pidáis al Padre en mi nombre…”. Pero no es magia. Hay que vivir en el amor. El Amor como Jesús ha enseñado. El Amor que es el Espíritu Santo.
No eres siervo, eres amigo. No se trata de cumplir con un deber, sino de ser amado y de amar. No es voluntarismo, es Dios que te ha elegido para que des fruto, para que le conozcas, para darte su Espíritu Santo. Es lo más grande. Es vivir en el amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 14 de mayo

Jueves, 14 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 9-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.»

Pistas: Todo esto que venimos leyendo es para que la alegría de Jesús esté en nosotros, Para que nuestra alegría llegue a plenitud. Porque el Evangelio no sólo nos enseña ideas sino que nos invita a dar un paso. Y el camino no es otro que Jesús mismo. Encontrarte con Él (en la oración, en los sacramentos) y estar en Él, permanecer en Él. Como el sarmiento unido a la vid, leíamos ayer.
La alegría de Jesús no es la alegría efímera del mundo (sucede con esto algo similar a la paz que leíamos hace un par de días). Es algo profundo, que nace del amor fiel que quiere corresponder al amor incondicional y misericordioso de Dios –por eso dice Jesús que hay que guardar los mandamientos-. Permanecer en el amor es no dejar que el pecado te seduzca con mentiras y engaños. Y si lo hace, ir a la luz y la vida que es Jesús y dejarnos amar y amarle. Y éste, no otros caminos que lo prometen, éste es el verdadero camino hacia la alegría. Una alegría plena, eso es lo que Jesús te quiere regalar.
Jesús mismo te enseña el camino, Él mismo es el camino. Jesús te invita a conocer su alegría. ¿Te apuntas?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 13 de Mayo

Miércoles, 13 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Pistas: Jesús es la vid a la que los discípulos tienen que estar unidos. Es de donde sale la savia que da vida. Ha dicho de muchas maneras que es el Padre el que atrae, el que llama, el que da la fe. Y en este Evangelio usa la metáfora del labrador para referirse a Él.
Vamos a analizar varias de las imágenes que hoy utiliza para hablar de la relación con sus discípulos y con el Padre:
-Ser podado. En las viñas esto hay que hacerlo para que lo superfluo no se lleve la fuerza de la planta, para que el fruto y la planta tengan vigor y no sean sólo hojas sin fruto.
-Permanecer en la vid para dar fruto. Porque si no, el sarmiento se seca y no sirve. Es arrancado y arrojado fuera. Sin Jesús, sus discípulos no pueden nada.
-Dar fruto abundante para dar gloria al Padre y ser discípulos. Porque no basta con estar convencidos o creer en Jesús, esto implica un cambio de vida (ser discípulo) y dar fruto.
Y si permaneces en Jesús y en su Palabra tendrás el poder de Jesús en ti. No es magia, no buscarás tu voluntad sino el camino de Jesús (porque su palabra está en ti). No se trata de manipular a Dios sino de permanecer en Jesús, de estar unidos a Él, de crecer quitando –podando- lo que sobra, y dar fruto.
¿Cuál es este poder, cuál es la savia que da vida, al que está unido a Jesús? Es el Espíritu Santo. Cada vez hablaremos más de Él porque se va acercando la fiesta de Pentecostés. El Espíritu da vida y fuerza para que la Palabra permanezca en ti. Es el que hace desear y pedir con fe. Es el que hace dar fruto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración. y llévalo a tu vida.

Martes 12 de mayo

Martes, 12 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 27-31a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amárais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el Príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago.»

Pistas: Recordad que las lecturas de estos días se sitúan después de la Última Cena. En la de hoy ¿a qué se refiere Jesús con la paz? No es la del mundo (callarse para no discutir, ceder cada parte, buscar los intereses comunes, adoptar una determinada postura por miedo al más fuerte, conseguir que los demás cumplan nuestros deseos…). Es lo contrario al miedo. La paz que Jesús da tiene que ver con una vida plena y feliz, con el cumplimiento de las promesas de Dios. De ahí nace. Por eso la paz es don de Dios. Por eso vence al miedo y a la cobardía. Esta paz no está ligada a la presencia corporal de Jesús, sino a su victoria sobre el mundo. Por eso Jesús, victorioso de la muerte, dará con su paz el Espíritu Santo y el poder para vencer el pecado. Y además esta paz de Jesús se abre a la eternidad. Es la paz eterna, la felicidad eterna.
“El Príncipe de este mundo” tiene poder. Jesús va a morir en la cruz, va a ser aparentemente derrotado. Desde una perspectiva humana podríamos preguntarnos: ¿Dónde está la paz que Jesús prometió? Pero Dios le da la vuelta dejando el sepulcro vacío. Y Jesús resucitado se convierte en el vencedor y en el que en las apariciones dice a sus discípulos: “Paz a vosotros” (aunque tendrán muchas luchas y precisamente también por ello, para que se llenen de su presencia y no tengan miedo). Porque en Él se han cumplido las promesas de Dios, se ha vencido a la muerte, al mal y al pecado. La paz que nos ofrece Jesús vence al mundo.

Relee el evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 11 de mayo

Lunes, 11 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 21-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»
Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?» Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.»

Pistas: Todo de lo que habla Jesús, todo lo que ha enseñado y revelado, sólo puede comprenderse en plenitud después de su resurrección y por el Espíritu Santo. Él es el que recordará a los discípulos lo que Jesús ha dicho posibilitando que puedan entenderlo. Es quien les inspira y guía para dar los primeros pasos de la Iglesia. Es quien les ayudará a entender y a vivir lo que Jesús revela. El Espíritu Santo permite que se haga realidad el primer versículo que has leído. Permite que aceptemos los mandamientos y los guardemos –sin su fuerza, saber los mandamientos es sólo una carga, porque no tenemos luz para entenderlos ni fuerza para vivirlos-. El Espíritu Santo es el amor del Padre derramado en nuestros corazones. Nos da a conocer a Jesús y nos descubre a Dios como Padre.
Estos días al leer el Evangelio de San Juan nos asomamos al misterio de la Trinidad. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un solo Dios y tres personas. El Hijo hecho hombre que revela al Padre. Jesús es el único camino para creer, para ver, para escuchar, para encontrar verdad y vida. Y todo esto sólo será posible con el Don de los dones, con Dios mismo dándose, como Amor que se derrama: el Espíritu Santo.
Una manera de adentrarte en el misterio de la Trinidad es profundizar en el lenguaje bíblico sobre el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, y fijarte qué explica de cada uno. Realmente sólo podemos saber algo de Dios en sí mismo porque Jesús nos lo ha contado. Y sólo lo podemos “entender” si vamos descubriéndolo en la oración y la contemplación. Lo hace posible el encuentro con Jesús y la experiencia del Espíritu Santo. Si entramos en la dinámica de amor del Padre podremos descubrir que todo esto es verdad y está a nuestro alcance.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 10 de mayo

Domingo, 10 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 1-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

Pistas: Este año coincide que hemos leído hace nada este pasaje.
Para rezar con Él sitúate en el discurso de despedida de Jesús. Los discípulos están llenos de miedo y Jesús hablándoles de algo que todavía no son capaces de comprender. Ellos lo querían ya, pero hasta que Jesús muere y resucita no podrán entenderlo ni vivirlo. Tal vez nos puede suceder tantas veces a nosotros sentirnos perdidos, sin entender a Jesús. Nosotros también podemos pensar: “Jesús ¿cómo no tener miedo ante la incertidumbre que vivimos?, ¿cómo no preocuparse o dudar?” Y Jesús contesta: no tiemble vuestro corazón, ¡creed!
Y ¿cómo creer?, ¿cómo descubrir lo que Jesús promete? Tomás y Felipe quieren saber, quieren entender. La respuesta es Jesús mismo, acercarse a Él. Es el camino, la verdad, la vida (el Buen Pastor, la Puerta, la Luz, la Palabra…). Es Jesús. Por Él podrás llegar a Dios, por medio de El podrás tener vida y experimentar como se hacen realidad las promesas que Jesús ha hecho. Esto no es una teoría, se trata de vida y nace de una relación con Jesús.
Si tienes dudas, fíjate en las obras de los que creen en Él (no en los pecados) ¿Cuánto bien, verdad y vida han traído los santos a este mundo? O mírate a ti mismo: ¿cómo cambia la vida cuando dejas que la luz de Jesús entre en ella? Las obras de Jesús, son ahora las obras de la Iglesia. Después de su resurrección, el Espíritu Santo actuando en la Iglesia continúa la obra de Jesús. Y esto es una llamada, una invitación. Jesús tiene poder, para abrir caminos en tu vida, caminos que no podías ni soñar, ni imaginar. Caminos nuevos llenos de la vida de Dios. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, dice Jesús ¿te acercas a Él?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Sábado 9 de mayo

Sábado, 9 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 7-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

Pistas: ¿Cómo es posible conocer lo que no se ve? ¿Cómo podemos conocer a Dios? San Juan intenta ayudarnos a entender a Dios haciendo que nos asomemos al misterio de Jesús. Ver al Padre es estar con Jesús, es escuchar su Palabra. Y, por eso, estos Evangelios te invitan a orar, a entrar en relación con Jesús, a aprender a rezar rezando.
Las obras dan testimonio de quién es Jesús. Hoy las obras de Jesús las hacemos los cristianos, con la fuerza del Espíritu Santo y en su Nombre. Las hace la Iglesia: “El que cree en mí, también él hará las obras que yo hago y aún mayores”. Esto tiene una doble lectura: por un lado, saber descubrir la acción de Dios en el mundo y en tu propia vida. Por otro lado, tú y yo que somos Iglesia ¿sabemos el poder que tiene la oración? ¿hacemos las obras del Padre? Así el Padre será glorificado.
Recuerda esta promesa de Jesús: “Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”. Jesús nos enseña a rezar, a comunicarnos con el Padre, de esta manera tan clara y sencilla. Habla con Jesús, rézale y conocerás a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 8 de mayo

Viernes, 8 de mayo
IV Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»

Pistas: Los discípulos están asustados porque la cosa se ha puesto complicada, hay incertidumbre, los judíos y Jesús enfrentados ¿qué sucederá con Él? ¿Será de verdad el Mesías? ¿dónde va? Y la respuesta de Jesús es: creed.
Les está hablando del cielo, de la vida eterna, pero ellos no están preparados para comprenderlo. Irá y preparará sitio, abrirá el cielo, nos abrirá la vida de Dios, nos dará la posibilidad de entrar en presencia de Dios.
Por eso les explica que Él es el camino, la verdad y la vida. Reflexiona estas ideas. El camino hacia Dios. Por medio de Jesús sabemos, conocemos, tenemos acceso a él. La verdad porque Él nos enseña, nos muestra, nos revela quién es Dios. La vida, porque nos regala la vida, nos introduce en ella, nos da plenitud.
Lee este texto mirando a Jesús resucitado y a tu propia vida. Tal vez te sientas un poco perdido como Tomás, o tal vez, hayas empezado a descubrir quién es Jesús. Ésa es una vez más la pregunta, y la invitación de este Evangelio: descubrirlo entrando en oración, entrando en relación con Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.