Archivo de la categoría: Lectio divina

Sábado 17 de octubre

Sábado, 17 de octubre
San Ignacio de Antioquia, obispo y mártir

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 12, 8-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del Hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.

Pistas: Los que rechazaron al Hijo del hombre, es decir, a Jesús durante su ministerio terreno, serán perdonados y se les dará una nueva oportunidad mediante el don del Espíritu. Pero si alguien rechaza al Espíritu, que ofrece el don del perdón, el arrepentimiento y la renovación ¿cómo podrá ser perdonado? Rechazar el Espíritu Santo es impedir la acción de Dios, es cerrarse a su salvación y amor.
La comunidad cristiana tiene la experiencia de la presencia y el poder del Espíritu Santo. Primero en Jesús. La vida de Cristo estaba llena del Espíritu Santo. Como verdadero hombre, sólo por la fuerza y poder del Espíritu Santo Jesús podía hacer milagros. Necesitaba su luz para tomar decisiones y seguir la voluntad del Padre. Las palabras de Jesús tenían autoridad y convertían los corazones por la presencia del Espíritu Santo. Y, asimismo, resucita por la acción del Espíritu Santo.
Después del día de Pentecostés sus discípulos experimentaron que la promesa de Jesús sobre el Espíritu Santo era cierta. Su cobardía se convirtió en valor. De estar encerrados y escondidos pasaron a anunciar a todos la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte. Y con el Espíritu Santo nada volvió a ser igual. Imagínate: es Dios y sus dones actuando en el corazón del hombre. Y también experimentaron que el Espíritu Santo les enseñaba lo que tenían que decir. Y tantos mártires a lo largo de la historia han dado y siguen dando en nuestros días testimonio de ello.
Pide a Dios que te llene de su Espíritu Santo. También tú estás llamado a vivir de un modo nuevo. Y Dios, siempre, cumple lo que promete.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 16 de octubre

Viernes, 16 de octubre
Santa Margarita María de Alacoque, virgen

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 12, 1-7
En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros.
Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía.
Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis de noche, se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano, se pregonará desde la azotea.
A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más.
Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar en el fuego. A ése tenéis que temer, os lo digo yo.
¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados.
Por tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Pistas: Un poco de levadura en la masa produce un gran efecto. Jesús avisa hoy a sus discípulos: que no se os meta la hipocresía de los fariseos. Porque ello lleva a vivir de apariencias que disimulan intereses ocultos. Su estilo de vida genera corruptelas, mafias, grupos de interés, conspiraciones, injusticias… como sucede en la vida social o incluso en la religión cuando se mete la levadura de la hipocresía: la de consentir el mal, el egoísmo, el pecado, la mentira, fingiendo ser buenos.
Jesús dice a sus amigos: no tengáis miedo a vivir en la verdad, a alejaros del poder que se vuelve mafia y corrupción. A huir de la codicia, de los intereses, de la apariencia… Ni tengas miedo a los que viven de ese modo (que a veces dan miedo por su poder o capacidad de influencia).
Este Evangelio se leía en comunidades donde los cristianos estaban siendo perseguidos. Es un miedo muy real a la muerte física. Pero Jesús les dice: no tengáis miedo, no pueden hacer más. Dicho de otro modo: serás libre, serás feliz, tendrás salvación, entrarás en el Reino y esto nadie te lo podrá robar.
¿Quién es el que puede matar y echar en el fuego? El demonio, el pecado, la mentira, la corrupción, la hipocresía. Son como una manzana de foto por fuera y podrida por dentro.
Este Evangelio dice: no tengas miedo porque la verdad se sabrá, porque no pueden destruirte y porque Dios cuida de ti (“hasta los pelos de vuestra cabeza están contados”). No tengas miedo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 14 de octubre

Miércoles, 14 de octubre
XXVIII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11,42-46
En aquel tiempo, dijo el Señor: ¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar sin descuidar aquello.
¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle!
¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo! Un jurista intervino y le dijo:
–Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.
Jesús replicó:
–¡Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!

Pistas: Lo sabemos. Jesús no tiene reparos en denunciar lo que está mal y enseñar cuál es el camino del Reino.
Hoy, fariseos y juristas le recriminan a Él y a sus discípulos que no sigan las costumbres judías para antes de comer. Pero esto le sirve a Jesús para denunciar la hipocresía del fariseísmo, tan preocupados por aparentar y tan poco por experimentar el amor de Dios. Cómo les gustaba a los fariseos hacer un cumplimiento exagerado de costumbres y ritos ante los demás para que los viesen y se lo reconociesen. Sin embargo, en su interior eran egoístas, engreídos y se creían autosuficientes. Por eso Jesús les afea que se ocupen tanto de que la fachada, el exterior, esté lustroso, y tan poco de la verdadera limpieza que importa: la interior.
¿Qué ocurre dentro de ti cuando cumples escrupulosamente con tus deberes de ciudadano, pagas tus impuestos, incluso con tu parroquia o grupo colaboras en lo material pero te olvidas del desvalido, del huérfano, de la viuda, del que no tiene trabajo, del que sufre…? Jesús nos dio su propio ejemplo de entrega total. Hasta la muerte. Y no lo hizo pensando en la opinión de los demás, sino poniendo en práctica el amor que no tiene límites.
Este Evangelio te puede ayudar a reflexionar sobre todas esas veces que nos constituimos en jueces de otros y nos consideramos en posesión de la verdad absoluta. O en cuántas ocasiones no es el amor lo que nos guía. Y nos invita a cambiar lo que llena nuestro corazón y a vivir con coherencia y fidelidad. Puedes pensar en lo que reprocha hoy Jesús en el Evangelio y reflexionar sobre qué hay de ello en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 13 de octubre

Martes, 13 de octubre
XXVIII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 37-41
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.

Pistas: Guardar las formas, lo externo, la apariencia, las tradiciones… Pero y ¿el corazón? ¿el interior? ¿las obras? ¿el compromiso?
Jesús enseña que la apariencia y las formas, si no responden a algo interior, no sirven para nada ¿Qué te aporta ser religioso, cumplir unas tradiciones o aparentar, si no responde a una vivencia? Si el corazón no cambia, es algo vacío, una mentira. Si no vives como piensas, acabarás pensando cómo vives, dice el refrán. Y la fe no será algo que transforme tu vida.
Vivir superficialmente lleva a buscar la manera de justificarse y callar la conciencia. Muchas veces la forma de sentirse mejor es señalar a los demás en sus errores para tapar los propios.
Aprovecha este Evangelio para examinar tu vida y ver lo que hay en ella de fariseo. Si dejas a Jesús entrar en ella, si dejas que el Espíritu Santo habite en tu corazón, todo cambiará. No será una religiosidad vacía, sino la respuesta al amor de Dios que trasforma tu interior y se concreta en tus obras.
“Dad limosna de lo de dentro”. Esta invitación de Jesús sólo la podrás hacer realidad si llenas tu corazón, tu vida de Dios. Dice la filosofía que nadie da lo que no tiene ¿Qué hay en tu interior? Jesús lo puede llenar de su Espíritu, de su vida, de su amor, de su salvación… si tú se lo pides.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 12 de octubre

Lunes, 12 de octubre
Bienaventurada Virgen María del Pilar

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»

Pistas: En España el grito hubiese sido: “¡Viva la madre que te parió!”. Un piropo a Jesús y a su Madre.
En este día de la Virgen del Pilar recordamos este episodio en el que parece que Jesús desmerece a su Madre, pero en realidad es todo lo contrario. Dichosos, felices, bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Como su Madre, con su sí, con su docilidad al plan de Dios. Esto es lo que la hace grande, lo que le permite ser la Madre de Dios y Madre nuestra. Dichosos los que como Ella ponen su vida asentada en algo sólido que no se lleva el viento. Serás dichoso si escuchas a Dios y dices sí. Si te arriesgas verás maravillas, como María.
¿Es el estatus lo que da la grandeza? ¿Por ser la Madre de Jesús es dichosa? ¿Es ser cura, monja, el papa, el obispo, el responsable de catequesis de tu parroquia, el director de Cáritas, el único cristiano en tu grupo de amigos… lo que nos hará grandes, dichosos, felices? El sí de María la hizo grande, la hizo dichosa y bienaventurada.
Ahora ora y piensa: ¿escucho la Palabra de Dios? ¿qué tengo que hacer para cumplirla? Concreta esto en todos los ámbitos de tu vida y entonces la luz de la Palabra de Dios llegará a todas las situaciones y personas que te rodean. El pecado será vencido, las cosas a tu alrededor empezarán a cambiar y podrás luchar contra el mal y vencerlo. Se abrirán nuevos caminos, nuevas certezas, nuevas fortalezas. En estos tiempos de incertidumbre tu vida no estará asentada en el vacío sino en Aquel cuya Palabra no falla.
Mira a la Madre y de la mano con ella pídele al Señor escuchar su voz y decirle: sí.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 11 de octubre

Domingo, 11 de octubre
Domingo XXVIII del tiempo ordinario, ciclo a

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda.
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Pistas: Jesús intenta por todos los medios que comprendan su mensaje. ¿Para quién es el Reino? Para todos. Pero los primeros invitados lo han rechazado.
Fíjate que la parábola se dirige a los sumos sacerdotes y senadores del pueblo. Es decir, a las autoridades religiosas de su tiempo. Está todo a punto para el banquete, pero prefieren sus asuntos, sus negocios e incluso les molesta ser invitados. No sólo rechazan la invitación sino que luchan contra ella (por eso no ha de extrañarte que esto siga pasando con los que invitan al Reino). Intenta que se sientan interpelados y se den cuenta.
La conclusión de Jesús es dura: no se lo merecen. No quieren, no se lo merecen.
Todos son invitados. Da igual de dónde vengan y cómo sean. Pero aquí está una clave de esta parábola: en el Reino no se puede estar de cualquier modo. Porque en este banquete todo se hace nuevo. No importa que hayas sido malo o bueno, importa que vayas y te vistas como hay que vestirse.
Jesús explica muchas veces que el Reino es gratis, que el amor de Dios es inmerecido, pero transforma y cambia las cosas. Tiene consecuencias, convierte… Por eso, si entras en el Reino tienes que cambiar. Más bien tienes que aceptar que Dios te cambie y te ayude a cambiar.
Si estás leyendo esto es porque has entrado en el Reino, te sientes llamado por Jesús y quieres seguirle. Orar con la Palabra de Dios, dejar que te transforme y te guíe es ponerte nuevas vestiduras para el Reino. Iluminar tu vida con esta Palabra permite que tu vida sea transformada. Así pues, persevera, ponte la vestidura de fiesta y entra en el Reino.
El reto para esta semana es aceptar la invitación. ¿Te está llamando Dios? ¿A qué te está llamando? Y ponerte el traje: el del amor, el de la misericordia, el del Espíritu Santo y sus dones ¿vas vestido como debes o sigues con harapos?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 10 de octubre

Sábado, 10 de octubre
XXVII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Pero él repuso: Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!

Pistas: Hoy le echan un piropo a la Virgen María. Y Jesús le echa otro más grande aún y nos da una lección. No sólo hace grande a María ser la madre de Jesús –la madre del Hijo de Dios-, sino escuchar la Palabra de Dios y cumplirla.
Esto significa ser fiel a Dios, obedecerle y confiar en Él. Ella es la Inmaculada (la que no tiene mancha de pecado), la Toda Santa, la que siempre escuchó y dijo: hágase. María es la que siempre permanece, no importa cuáles sean las circunstancias.
Si quieres ser dichoso, aquí tienes la clave: escucha la Palabra de Dios y cúmplela. No se trata de un derecho o una herencia, más bien es una llamada, una invitación. María es admirable por ser la Madre de Jesús, pero más todavía porque siempre, siempre, escuchó y cumplió la Palabra de Dios.
Y tú ¿cómo puedes hacer para ser feliz, dichoso? Si estás leyendo estas pistas es porque tienes inquietud por conocer la Palabra de Dios. Deja que Dios te hable. Fíate de lo que te inspire. Obedece, como María hizo, a lo que Dios va poniendo en tu corazón. La Palabra de Dios es viva (da vida, te habla a ti, a tu circunstancia concreta) y eficaz (cumple lo que promete). Por eso ora con la Palabra y conviértela en acción, en decisiones, en compromiso.
Ponte en oración, invoca el Espíritu Santo. Puedes decir algo como esto: Señor, dame la luz y la fuerza del Espíritu Santo para entender y cumplir siempre tu Palabra. Háblame, que te escuche y te entienda… Y piensa en lo que Dios te está pidiendo o mostrando, en la Palabra que ha resonado últimamente en tu corazón. Y reza con ello.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 9 de octubre

Viernes, 9 de octubre
XXVII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 15-26
En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: Si echa los demonios, es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.
El, leyendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino?
Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero como no lo encuentra, dice: Volveré a la casa de donde salí.
Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.

Pistas: Este Evangelio quizás nos resulte difícil. Jesús expulsa demonios. En los Evangelios se nos habla frecuentemente de ello. Forma parte de los signos de la llegada del Reino expulsar el mal y el demonio. Por eso Jesús dice: “Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros”. Aquí nos da la primera enseñanza. Expulsar el demonio es signo del Reino. Puedes ponerle nombre al demonio: mentira, envidia, soberbia, egoísmo, violencia, avaricia… El demonio es tentador, intenta apartarte de Dios, del bien, de la verdad, de la justicia… intenta encerrarte en el egoísmo, en la tristeza, en la duda, en la desconfianza… Intenta influir en tu vida y en el mundo, y traer sufrimiento y frustración bajo falsas promesas de felicidad. Sin embargo, donde está Dios el demonio tiene que marcharse.
Dios es más fuerte que todos los demonios. Lo demostró resucitando a Jesús y lo demuestra venciendo el mal a fuerza de bien. Pero como nos enseña la Palabra de Dios, el cristiano no es un ser débil que busca refugio en la fe. Con el dedo de Dios echamos al demonio. Somos fuertes si estamos con Jesús. Y sólo así tendremos esa fortaleza. No valen medias tintas: “El que no está conmigo, desparrama”.
Por eso, nuestra implicación tiene que ser total. Cuando el demonio se va. Cuando comienza la conversión. Cuando decidas cambiar de vida y dejes al poder de Dios actuar en ti… Entonces tienes que llenar tu vida de Dios. Para que tu casa esté defendida.
Si quieres crecer tienes que desarraigar el pecado de tu vida, cambiándolo por la gracia de Dios. Mete a Dios en tu vida cada vez más y eliminarás el pecado cada vez más. No le dejes el resquicio de las excusas (bueno, es que yo soy así, es que esto es muy difícil, no es para tanto, todo el mundo lo hace…). Por eso Jesús dice que la casa no sólo tiene que estar barrida y arreglada. No sólo vale con un lavado de cara. Para no volver a lo de antes, para que el resultado final no sea peor que el principio, necesitas estar con Jesús. Tiene que estar en tu casa. Déjale entrar hasta el final.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 7 de octubre

Miércoles, 7 de octubre
Bienaventurada Virgen María del Rosario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 1-4
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Él les dijo: Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación».

Pistas: Jesús oraba constantemente y sus discípulos le piden que les enseñe a hacerlo.
Ayer recordábamos la importancia de estar con Jesús y escuchar su palabra. Hoy con Él y a sus pies puedes rezar despacio la oración del Padre Nuestro, parándote después de cada frase, pensando lo que significa. Haciendo oración con ellas. Y en aquella que te haga pensar, detente un poco más.
Tantas veces rezamos de carrerilla el Padrenuestro… Hoy rézalo despacio, saboreándolo, pensándolo, sintiéndolo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 5 de octubre

Lunes, 5 de octubre
Témporas de acción de gracias y petición

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 7, 7-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!»

Pistas: ¿A quién rezas? ¿a un dios a quien no le importas o a uno a quien puedes llamar Padre? ¿a uno que no sabe nada de ti o a uno que se ha hecho hombre, ha muerto y resucitado por ti? ¿a un Dios poderoso y bueno o a uno que se ríe de ti y pasa de tu vida? ¿a quién rezas?
El Evangelio de hoy te invita a mirar quién y cómo es Dios, más allá de tus dificultades, de lo mal o bien que vayan las cosas, más allá de la pandemia, de los políticos, de la economía… Y, así, elevando la mirada, con la confianza de un hijo que habla con su Padre, orar, pedir, buscar y llamar. Con una promesa: recibirás, encontrarás y se te abrirá.
En otras ocasiones Jesús enseña que la oración tiene que ser perseverante. Esto no es magia, es una relación con tu Padre, con Jesús que te hace hijo de Dios, con el Espíritu Santo que llena tu corazón. El Evangelio de hoy te enseña un truco: primero cae en la cuenta de quién es Dios y luego, cuando te sientas en su presencia: pide, busca, desahógate con Dios. La oración siempre será respondida, es una promesa y Dios cumple lo que promete, pero no siempre del modo en que esperamos. Y a veces sólo comprenderemos ciertas cosas de nuestra historia vital cuando veamos a Dios cara a cara.
Por eso, en ocasiones cuando le pedimos a Dios cosas importantes y parece que no escucha, se presenta la sombra de la duda o la no aceptación. Por qué si pido que se sane alguien enfermo no sucede o si pido cosas buenas y necesarias no pasan… Si oras con fe verás la acción de Dios y te permitirá ser testigo de sus maravillas. Repito, no siempre del modo que esperas, ni cuando esperas. A veces pasa por la cruz, pero siempre al final está la vida, la resurrección, la salvación, el amor y el cielo. Y siempre tu oración será escuchada.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.